Blogia
El blog de Angel Arias

Temas de política general

A sotavento: El voto secreto es un atraso

A sotavento: El voto secreto es un atraso

Ayer se manifestaron en Madrid, en contra de la política antiterrorista de Rodríguez Zapatero -que consiste, sintetizando y aunque no haya sido nunca así exactamente expresada, en estar dispuesto al diálogo con ETA, en propiciar el acercamiento entre el mundo árabe y el occidental y en no provocar tensión con las actuaciones propias-, varios centenares de miles de personas.

Con seguridad, no eran dos millones (yo no estuve allí, pero ya leí cientos de veces que no caben en el espacio ocupado por las manifestaciones que se hacen en Madrid), pero eran muchos. En opinión de algunos, entre los que me cuento, demasiados.

Si me arriesgo a decir que son demasiados, no es porque dude de la cantidad de simpatizantes que tenga o deje de tener el Partido Popular, ni que esté juzgando su capacidad de convocatoria, con o sin plazas gratis de autobús y reparto de bocadillos de tortilla o vales para un restaurante de comida rápida. Por favor...

Pero me resulta difícil de digerir que una fracción de ese pueblo al que, como se viene demostrando en sucesivas convocatorias electorales, cada vez resulta menos sencillo movilizar, no tenga mayores reparos en acudir a expresar que hubiera sido mejor dejar que un individuo de execrable naturaleza se muriera en la cárcel, y, para dar refuezo a esa tesis de odio visceral, atienda a recoger banderas españolas, desempolve la silla de ruedas de la abuela y agarrado a varios niños, incluídos los hijos del vecino y la portera, recorra varios kilómetros, gritando que no nos vamos a rendir.

Santiago y cierra España, pues. Pero es que esta vez, para asombro de propios y ajenos, el enemigo a batir es quien nos dirige a ese presunto ridículo tan sensiblemente detectado por quienes se confiesan libres de toda culpa: el presidente del Gobierno y, por confusión ideal, su séquito de ministros y jueces, una panda de incompetentes ilustados  que, aplicando la ley (y algo acojonadillos por los posibles efectos de una muerte nada deseable), dejan que el fanático etarra se mejore de su huelga de hambre comiendo salchichón en vez de recibiendo transfusiones.

Reconociendo que es muy difícil (imposible, diría yo) mejorar los logros que los gobiernos de Suárez y González aportaron a una España convaleciente de una dictadura, no quiero escandalizar si afirmo, desde mi convicción de observador indpendiente, que España ha tenido buenos gobiernos en los últimos casi treinta años, y también -y pongo énfasis- en los de Aznar y Rodríguez Zapatero. No vengo con ello a significar que todo el mundo es bueno, ni que me vale tanto un roto como un descosido, sino que el nivel de responsabilidad y seriedad de los Gobiernos que, a partir de la Constitución, hemos tenido en nuestro país, ha sido y es, muy alto.

No me gustan las movilizaciones en democracia. No las entiendo, no veo su alcance. Las respeto como una manifestación legítima de pareceres para que las necesidades y peticiones de algunos grupos ciudadanos, que de otra manera no alcanzarían sus propósitos, merezcan más atención, pero creo que se han convertido en una fórmula desigual de presión. Los que no podemos manifestarnos en defensa de nuestros intereses, perdemos en el juego. ¿Cómo nos podríamos manifestar, por ejemplo, los autónomos? ¿Qué harían, por cierto, los parados? ¿A dónde acudirían, santo Dios, los agnósticos?.

Pero, en fin, si las manifestaciones multitudinarias con mensajes tan específicos como "Presidente, dimite", tienen tanto valor para algunos, mi propuesta sería que se suprimiera el voto secreto en las elecciones, porque así podríamos saber quiénes son leales a la Patria y quiénes no. Abundando, propongo que se eliminen los debates parlamentarios y, en consecuencia, los períodos electorales. Al no hacer falta exponer las ideas ni los programas, sería suficiente con que los partidarios de uno y otro grupo, los defensores de cada idea que estuviera en controversia, se manifestaran en Madrid, y aglutinándose en torno a cada líder, fueran contados. Si ello no fuera estimado suficiente, o alguien expusiera dudas respecto a quién es más patriota, cabe siempre permitir que se enzarzaran en una lucha a bastonazos.

Es una opción a la que algunos quieren abocarnos, intuyo. Si no nos valen los cauces legales, y en el Senado o en el Parlamento abucheamos, impidiéndoles expresar sus ideas, a los portavoces políticos; si la concertación, incluso en lo que parecería elemental, es imposible; si el reconocimiento de lo bueno que hace el otro, es tenido por síntoma de debilidad, no nos va a quedar más remedio que decidir quién puede más a puñetazos y palos.

Vivan las cadenas, Juan Español. La historia se repite...y no me siento feliz al recordar el viejo proverbio castellano.

A sotavento: Insostenibilidad, cambios climáticos y empujones

A sotavento: Insostenibilidad, cambios climáticos y empujones Este Cuaderno se me está politizando, pero no veo forma de sustraerme a la tensión que se acumula sobre este país. Me gustaría escribir más sobre el ambiente (natural), en especial sobre la gestión del agua y de las energías, o sobre derecho ambiental, y que hubiera muchos interesados en estos temas cruciales, en conocer mi opinión, como en escuchar la de los que tienen soluciones y criterio sobre ellos.

Debe ser porque son demasiados los que se dedican con mayor autoridad que la mía a esos menesteres, por lo que mis Comentarios sobre temas ambientales no suscitan el interés que hubiera deseado provocar. Por eso publico de vez en cuando, para compensar mi búsqueda carencial de afectos, algunos de mis dibujos y relatos  e incluso saco a la luz viejas poesías que desempolvo con infantil emoción de mi cajón de recuerdos, ése en el que mi esposa mete a veces también la mano para expurgarlo, con el argumento de que ocupan demasiado sitio en nuestro ajuar doméstico.

La realidad me viene demostrando que las cosas que más interesan a mi grupito de seguidores, conocidos como desconocidos, son las del día a día, y que si me entrometo en lo que es presente, la curiosidad de esos lectores se traduce en más entradas, que es tanto como decir, más alimento para mi ego.

Sobre el ambiente que da la actualidad, lo que marca la tónica, es la atmósfera política. Deteriorada hasta límites terribles la convivencia mundial, la crispación que vivimos en España, parece imitar, reproduciéndolo en caricatura, ese escenario de confrontación. No se entienden, no quieren entenderse. Lo que hacen los otros está siempre mal, se cambian a su antojo los baremos.

El espectáculo que ofrecieron esta semana los senadores representantes del partido mayoritario en la oposición al Gobierno, abucheando al Presidente del mismo mientras comparecía para explicar la actuación de su Gabinete, era una muestra clara de la contaminación ambiental, de la insalubridad con que vivimos, de que el cambio climático ya está subiendo la temperatura corporal y, al parecer, como efecto secundario, ablandando las seseras.

La comparecencia no trataba una cuestión sustancial para la vida ciudadana. El Presidente explicaba –o pretendía explicar- su posición, en relación con lo actuado con uno de los miembros de la banda terrorista ETA, en riesgo de morir por huelga de hambre.

Había, siempre en mi opinión, otros temas cruciales, con más alcance para todos, de mayor enjundia, y muy necesitados de apoyo de la oposición y de mejor proyección desde el Gobierno, que no merecieron hasta ahora tanta atención. En la comparecencia, incluso, y restringiendo el nivel de interés del debate, no se estaba discutiendo sobre estrategia frente a los terroristas, de seguridad ciudadana, sino que se enjuiciaba una simple decisión –humanitaria, nada estrafalaria, legalmente fundamentada, incluso estratégicamente aceptable-.

Habría temas mucho mejores, y más útiles para todos, con los que ofrecer nuevas ideas, y apoyar o criticar al Gobierno. Cito solo algunos: El análisis de las causas y alcance de la corrupción descubierta en muchos sitios de nuestra geografía –punta del iceberg, sospecho-;la corrección de las desigualdades, deterioros y riesgos de quiebra en la administración de la sanidad pública; las dificultades de plasmar un modelo regional solidario y homogéneo; el lejano propósito de consensuar una política coherente frente a la inmigración -regular e irregular; el desigual comportamiento de la economía y sus activos según sexos, edades, niveles de formación y emplazamientos; el paro; la resolución de la crisis universitaria y la política educativa; la definición de un modelo energético sostenible y sólido...

Pero resulta que lo que no moviliza los debates que nos interesarían a todos, se pretende conseguir convirtiendo en símbolo y moneda de cambio a un asesino que no está arrepentido, desde luego, pero que se comporta más como un fanático enajenado (hay tantos) que como un ser racional. Ha pagado formalmente su culpa con el cumplimiento de la condena legalmente prevista, y se ha demostrado de paso la insuficiencia de nuestro sistema carcelario para conseguir la regeneración del delincuente. Pero vive en un país en donde hemos abolido la pena de muerte y respetamos y defendemos el derecho a la vida, incluso la del nonato y la del que pretende acabar con la suya o con la nuestra, aunque no tengamos claro siempre lo que es morir dignamente.

Hoy está convocada una manifestación en Madrid -colofón de las que ayer se hicieron en otros lugares-, en la que el lema aglutinante será "España por la libertad. No más cesiones a ETA". La exhibición central es el propósito de debilitar al presidente del Gobierno. Está convocada por el Partido Popular, y figurará a la cabeza el líder de la oposición, el candidato a sustituir a Rodríguez Zapatero, Rajoy.

Se han fletado desde distintos puntos de nuestra geografía, autobuses para traer a los simpatizantes del mensaje de poner presión en la caldera democrática, y se confía en que las calles madrileñas bullan, con la emoción por la defensa de valores patrios, con lujo de banderas, crespones negros y azules y sonrisas de oreja a oreja.

No voy a estar en la manifestación. Tengo mucho que hacer esta tarde, y ganar los garbanzos se nos ha puesto cuesta arriba, a los que decimos sin algodones lo que pensamos que es mejor. Pero es que además, no entiendo la razón de la movilización, ni a quién o qué se destina. ¿A provocar elecciones anticipadas?. ¿A descalificar al Gobierno? ¿A envalentonar a los etarras? ¿A lanzar un mensaje de folclór hispánico al mundo occidental?.

He recibido, además, un mensaje anónimo en mi móvil: “Rajoy, ¿sabes contar?, pues conmigo no cuentes. Pásalo”. Me ha hecho gracia. No se lo he pasado a nadie, sin embargo. Aunque no soy indiferente, me voy notando más cansado con los años para hacer el caldo gordo tanto a unos como a otros. Si alguien me llama para trabajar en un proyecto colectivo serio, me tendrá sin reservas, pero para manifestarme o contramanifestarme, haciendo número, para éso, estoy ya  viejo.

Al socaire: No es la primera vez que la democracia se hace un lío

Al socaire: No es la primera vez que la democracia se hace un lío

El lenguaje político, como estructura gramático- lógica para contarnos las cosas, que utilizan quienes se dedican profesionalmente al arte del gobierno de la vida de sus ciudadanos, me asombra a veces.

La forma peculiar con que los portavoces de los partidos pretenden llamar la atención, la manera de presentar resultados o explicar contrariedades por parte de quienes detentan cargos de responsabilidad en las administraciones públicas, ha merecido ya algunos comentarios, de cuantos se preocupan por la pureza del lenguaje. Porque no son infrecuentes los lapsus, las distorsiones del lenguaje, las elipsis inadecuadas, las sinécdoques y los barullos.

El actual Presidente del Gobierno de España, Sr. Rodríguez Zapatero, es un maestro en descubrir expresiones verbales, algunas de indudable singularidad, por las que pretende crear una expectación en el oyente, para llevarlo luego a las aguas tranquilas de la solución que pretende aportar con su discurso. Lo consigue, normalmente, con la repetición de latiguillos que comienzan todos de la misma forma, cambiando el complemento circunstancial o la oración subordinada. Para la oposición, el efecto puede parecer adormecedor e irritante, pero para sus partidarios, la construcción oratoria permite prodigar los aplausos o los vítores, subrayando algunas frases.

Por supuesto, ni los Sres. Rajoy, Aznar, Cabanillas ni cualquiera de quienes deben hablar mucho en público desde la derecha como desde la izquierda, y no desean arriesgarse a quedarse con la mente en blanco,  dejan de utilizar estos, digamos, recursos expresivos.

Pero nuestro Presidente es un maestro. La última perla de su manera de decir la dejó caer en el Senado, con motivo de su comparecencia para explicar por qué el Gobierno había decidido aplicar un régimen penitenciario más atenuado, de entre los legalmente admisibles en su situación penal, al etarra De Juana Chaos.

Dijo: "No es la primera vez que el Gobierno ha cedido al chantaje de ETA", para darle la vuelta a la crítica del Partido Popular que afirmaba, justamente, que era la primera vez. Rodríguez Zapatero, en realidad, no es que creyera que esta fuera la primera vez, sino que nunca el Gobierno -y, en especial, el suyo- había cedido a las pretensiones de ETA, cuando expresadas con presión bajo amenazas. 

La frase causó estupor entre todos cuantos la escuchamos, y levantó una marea de improcedentes y descorteses gritos, pitorreos y gesticulaciones aparatosas desde los escaños de la oposición conservadora. El Presidente prosiguió diciendo: "Es la primera vez que un partido político responsable se atreve a decir que un partido ha cedido a un Gobierno de Eta".

No es la primera vez, desde luego, de muchas cosas que no han sucedido ni, ojalá, sucedan nunca. El título de mi Comentario de hoy deja abiertas todas las opciones, y no voy a resolverlas. Imaginemos el efecto de llegar tarde a casa y decirle a nuestra esposa (o, en paridad, que fuera ella quien empezara a explicarnos a nosotros): "No es la primera vez que te engaño con otr@"...

Al socaire: Bin Laden, manifiéstate

Al socaire: Bin Laden, manifiéstate

Había pensado en titular este comentario como "Zapatero, manifiéstate", que tiene una doble connotación que me resultaba muy atractiva, por aquello de hacer referencia expresa a las múltiples manifestaciones en contra del Presidente del Gobierno de todos los españoles en las que se le pide que dimita, orientadas, obviamente, desde la oposición.

Que Rodríguez Zapatero se manifestara en solitario, -portando en una mano la bandera española, bocata de chorizo al cinto, vestido con el uniforme de guardia civil, ayudaría a la solidaridad del país y nos llevaría a entender mejor a este personaje de nuestra política, al que todos sabrían identificar por su rostro pero del que muy pocos se pueden jactar de conocer lo que piensa.

Se podría complementar el attrezzo de ese imaginario desfile presidencial, haciéndole sujetar en la otra mano una pancarta múltiple defendiendo la modificación al alza de la tarifa mínima para los taxistas y la revisión completa de la enseñanza universitaria. Cabría solicitarle, con el debido respeto institucional, que profiriera gritos sincopados y sucesivos, a favor de las energías verdes, en contra de lo nuclear, pidiendo la vuelta de las tropas de Afganistán, la reforma judicial, agua para el campo y cuidado para los humedales, más seguridad ciudadana, un estatuto moderno para Galicia, Extremadura, La Rioja y Asturias, y, en fin, todas cuantas revindicaciones del momento actual tengan algún partidario-.

También me apetecía -como segunda variante interpretativa- utilizar el "Zapatero, manifiéstate", por otra razón. Ese es el conjuro que, según tengo entendido, se utiliza en los ritos de vudú para convocar a cuantos están en el más allá, para que nos den una señal de que existen, haciéndonos ver que se encuentran bien y son felices. No es que crea que ZP sea un incompetente, y más bien tengo muestras de su eficiencia, pero me alineo con el grupo de quienes desearíamos que el presidente español tuviera más presencia en el debate político y actuara con mayor claridad en aspectos cruciales para el país.

Pero creo que la situación tiene ahora otra prioridad, y el juicio que se está librando por encontrar las culpabilidades del once-eme demanda que sea Bin Laden y no ZP quien se manifieste, confesando de una vez por todas, con su superior credibiliad, que fue él y no cualquier otro, y en especial, que no fue ETA, quien estuvo detrás de los antentados que sembraron tanta muerte y tanto desconcierto en Madrid (y consternación en España, que algunos transmutaron después en rencor, porque perdieron, según creen, las elecciones para gobernarnos unos cuantos años más).

De nada vale lo que digan los peritos judiciales, algunos de los encausados, las evidencias encontradas, los expertos en explosivos, un amplio grupo de comentaristas, analistas y responsables de los media, ni siquiera vale lo que diga  la banda terrorista ETA (que lo hizo a su vulgar y perniciosa manera, colocándonos a los madrileños otras bombas unos años después en nuestro aeropuerto insignia).

De nada vale, porque otros peritos de parte, la defensa de algunos encausados, cierto partido político -al menos, sus responsables-, almas cándidas, vehementes, visionarios, neo-expertos en interpretación de señales y símbolos, crédulos, investigadores por su cuenta, desconfiados, víctimas de otros atentados, rencorosos y faunos, etc, piensan que no ha sido Al Quaeda quien provocó la mayor masacre terrorista de la historia de España, y que todo esto se hizo para que no gobernara el PP.

Los que queremos que se juzgue en paz y sin interferencias a los culpables, a los que deseamos tranquilidad y justicia para las víctimas, y desearíamos que no se utilizaran los atentados en beneficio de nada ni de nadie, porque aborrecemos el uso de la vida humana a favor de ningún pretexto, pedimos: "Bin Laden, manifiéstate." 

Reconoce que has sido tú, fanático criminal enfurecido, y deja que la Justicia española siga su camino sin más interferencias.

 (N.B. La fotografía irreverente con la que ilustro este Comentario, la tomé en una manifestación de guardias civiles y simpatizantes de sus controvertidas reivindicaciones, que tuvo lugar hace algo más de un mes en Madrid y a la que ya hice referencia en este Cuaderno. He suprimido de la pancarta las frases, en mi opinión injuriosas o cuanto menos, impertinentes, que se vertían contra ZP. No porque en este blog yo haga censura previa, sino porque no me parecía que venían a cuento en relación con lo que aquí digo, y ni siquiera me parecen a cuento en relación con lo que no digo. Ah, y le he añadido por mi cuenta el nombre del asesino más cotizado del planeta)

A sotavento: ¿Sirven los programas electorales para movilizar el voto ciudadano indeciso?

A sotavento: ¿Sirven los programas electorales para movilizar el voto ciudadano indeciso?

Para quienes preparan los programas electorales de las candidaturas políticas, no admitirá discusión que la pregunta que me formulo en el epígrafe de este comentario tiene una respuesta obvia, y que esta es . Incluso puede que los candidatos mismos estén convencidos de que sirven, de que la gente se mueve a votar por los programas. Lo dudo, viendo el énfasis que ponen, por lo general, en tirarse los trastos a la cabeza y descalificar al contrario, por lo que cabría deducir que tienen más confianza en el exabrupto que en la dialéctica.

Análisis conductuales aparte, desde unos cuantos meses con anterioridad a las elecciones, bien sean éstas municipales, autonómicas o generales, los responsables de los partidos políticos y sus asesores están concentrados en provocar tormentas de ideas para que entre manifestaciones de rayos y truenos ideológicos, surjan como arco iris las propuestas mágicas que sean capaces de movilizar el voto ciudadano.

Hablo de atraer el voto de quienes no pertenecen a ningún partido, claro, y que, por lo tanto, solo pueden esperar a que los gobernantes lo hagan lo mejor posible, porque no se pretenderán aspirar a ocupar un puesto público o recibir prebendas y tratos especiales, ya que esos dulces parecen estar, por naturaleza del asunto, destinados a recompensar a los militantes del partido que gane.

Permítaseme, en fin, que dude del efecto cautivador de los programas.

Podía empezar refiriéndome a los resultados de la votación por el último Estatuto andaluz, que fue presentado como bueno y saludable para todos los andaluces (obviando que resulta algo perjudicial para los extremeños, y una pizca inconveniente para el resto de los españoles, especialmente para los catalanes, que podrían ver en este competidor surgido casi de la nada, una demostración de que la creatividad en política tiene ágiles imitadores que se apuntan al culo veo, culo quiero). Como es sabido, en Andalucía, a pesar de la campaña y de la creencia casi general del estamento político, la mayoría del electorado prefirió no manifestarse.

Podía seguir comentando, ya metido en honduras, que la obsesión de los partidos por individualizar sus programas, les lleva a desechar visceralmente las opciones que presentan sus opositores, y a criticarlas con desdén, ocultando que pueden ser tan buenas para la ciudadanía como las suyas propias.

Incluso esa obsesión por diferenciar como si fueran apestosas sus cosas de las de los otros, les hace rehuir cualquier integración de las propuestas que vengan del otro lado, aunque pareciera, técnicamente, del todo aconsejable combinar todas las opciones. Pongo por caso, ¿quién gana apoyando los aerogeneradores, como si fueran la piedra filosofal del debate energético, y vituperando, como si no la necesitáramos, a la energía nuclear?, ¿qué necesidad hay de defender las desaladoras como una opción del PSOE y los trasvases como la alternativa del PP, cuando todo viene bien para la España desertizable y heterogénea?. ¿No sería mejor dejar los debates técnicos fuera de la pugna política?

Por supuesto, habrá quien me argumente que todo en la urbe es política, y que cualquier decisión que afecte a la colectividad, por muchos fundamentos técnicos que presente, entra dentro del contexto político. No discuto esto, me refiero a la polarización de los debates en asuntos que no deberían ser discutidos, porque si alguien tiene una buena idea sobre ellos, aquel a quien se elija como gestor de la cosa pública debería tener la obligación de asumirlo.

No acabo de asimilar que, en nuestra democracia, y con partidos ideológicamente ya muy próximos (ah, la búsqueda del centro electoral), los Programas y su cumplimiento electoral sean la clave para elegir a nuestros mandatarios. Si eso fuera así, habría que aplazar las elecciones hasta que madurasen las ideas algo más. 

Ayer han sido conocidos los elementos de los programas electorales de los partidos políticos mayoritarios, cara a las elecciones municipales del 27 de mayo.  No me es posible distinguir exactamente como política de derechas o de izquierdas en las propuestas de los dos partidos con más militantes en España. Solo percibo la crispación que se pretende trasladar a la ciudadanía en relación con las propuestas de contrario. Así se, como todo ciudadano de este país, que la derecha es para la izquierda, montaraz, corrupta y mentirosa y que la izquierda es para la derecha, utópica, corrupta y mentirosa. Pero, ¿por qué no consigo ver esa diferencia en los programas?.

Me parece un despilfarro asignar un policía local a cada centro escolar; no veo cómo se podrá rebajar el Ibi sin conocer exactamente la forma de financiación de las obras que se están realizando y de los muchos proyectos urbanos que siguen siendo necesarios; siento como una utopía, y ni siquiera atractiva, que los taxis puedan compartirse,, en un país en el que cada ser humano sigue utilizando el vehículo de forma unipersonal hasta para ir a comprar un paquete de cigarrillos al quiosco de la esquina; no me explico por qué presumimos de país desarrollado al mismo tiempo que reconocemos que el Padrón está lleno de errores y ni siquiera alcanzo a ver la relación que tiene esta situación con mi voto; no puede entender qué diablos aporta de novedad hacer una declaración de bienes de los concejales, si creía que eso se venía haciendo desde el principio de la democracia...

En fin, que no le va a faltar razón a aquella ciudadana que me comentaba: "No me importan los programas; yo voto a X porque tiene cara de buena persona". Puede que resulte más útil hacerles un test de personalidad a los políticos que perder tiempo leyendo sus programas.

(Nota: He puesto diferentes enlaces a este Comentario que conducen a otros publicados con anterioridad en este Cuaderno. Yo también quiero hacer así mi contribución al brain-storming (tormenta de ideas, para los que prefieren, como yo, el uso de la hermosa lengua española entre españoles)

Al socaire: Clases de inmigrantes y política inmigratoria

La cuestión de la inmigración viene preocupando de manera especial en España desde que los negros subsaharianos se han movilizado hacia el norte. La administración ha reforzado las empalizadas de Ceuta y Melilla, haciendo los muros más altos, más electrizados y de puntas más agudas, pero la persistente fuerza atractiva del Eldorado europeo rompe murallas y descubre agujeros. Compitiendo con los cruceros por el Mediterráneo para adinerados, el Africa profunda parece haber puesto de moda el viaje en cayucos hacia las Canarias.

El 12 de septiembre los dos partidos mayoritarios de España se han puesto de acuerdo en no realizar más regularizaciones extraordinarias de inmigrantes. No hay puestos de trabajo para más. En los últimos 20 años se autorizaron permisos de residencia y trabajo para 1,2 millones de personas que habían entrado de forma irregular. Se estima que otros tantos se mantienen sin papeles, ocultos en la maraña de la economía sumergida, el descontrol administrativo, la marginación, el chabolismo, la ignorancia. 

Las asociaciones de empresarios mayoritarias y algunos sindicatos de izquierda también coinciden en sus valoraciones, pero en dirección contraria a lo que se deduce de las declaraciones políticas: este país necesita mano de obra de baja cualificación, y hay aún puestos de trabajo que no se pueden cubrir con la fuerza laboral existente. Se citan incluso sectores concretos: construcción, restauración, servicio doméstico.

Como empresario, coincido con quienes digan que hay puestos de trabajo que no se pueden cubrir, porque no aparecen candidatos. Esta sociedad occidental ha generado un espíritu de dejación, de comodidad, de holgazanería, que ha llevado a un sector de la población a preferir vivir del cuento, o de la seguridad social, o de los padres, o a consumir lo que tienen sin preocuparse de generar nada. Este lamentable éxito de la continua propaganda del carpe diem y del todo para mí y que se fastidien los demás, ha generado, sin duda, multitud de huecos en el mundo del trabajo. Todos queremos ser rentistas.

Supongo que no serán pocos los empresarios y trabajadores que podrán confirmar que crece el número de asalariados que, con la connivencia de una medicina asistencial permisiva, piden bajas alegando padecer enfermedades imaginarias, consumen buena parte de su tiempo de trabajo charlando sobre temas particulares o intrascendentes, se niegan a realizar tareas que reclamen algunos esfuerzos o a salirse lo más mínimo de lo que interpretan es su exacto cometido, emponzoñan el ambiente laboral con críticas al sistema y al empresario sin fundamento cabal, y, finalmente, fuerzan o pretenden pactar el despido tan pronto como se creen con derecho al paro.

Supongo también que los mismos colectivos podrán confirmar que, si bien entre los trabajadores venidos de países menos desarrollados, y, en particular, de Latinoamérica, son muchos los que se comprometen con sus trabajos y empresas, cumpliendo sus obligaciones y agradeciendo la oferta laboral y el encaje social del país de acogida, hay algunos que se aprovechan con desfachatez de las fisuras de un sistema inconsistente, apurando las prestaciones sociales, utilizando las vías, legales o ilegales, legítimas o no, que les ofrece una creciente estructura especializada en crear barullo, generada en torno a la inmigración, en la que se encuentran asentados tanto abogados como falsos letrados, médicos y falsos médicos, explotadores, mafiosos, y delincuentes varios. No serán muchos, pero son.

A mí me caen simpáticos los que vienen en cayucos. Son los que han desencadenado la pretendida solución al problema de la inmigración, porque se les ha visto mucho: llegan en sus lanchas, en grupos de cincuenta o cien, exhaustos, tan sin papeles que ni siquiera se puede saber de dónde vienen y, por ello, no se puede expatriarlos. Dicen que son unos 5.000 los que han llegado en los últimos 2 meses. Serán unos 10.000 los que andan distribuídos por todo el territorio español, ocupando un espacio en la acera, mendigando con indiscutible dignidad mientras pretenden ayudarte a aparcar el coche.

Por supuesto, creo que la emigración no es más que la búsqueda de una vía de compensación socio-económica que los más osados han pretendido desde que el mundo es mundo. La perspectiva de mejorar, ha atraído siempre a los pobres hacia el terreno donde se mueven los ricos. Las barreras físicas, por sí solas, ya no funcionan. Los muros se pueden superar, los mares y el aire surcar rápidamente. La diferencia entre los países pobres y los ricos ha crecido, crece sin parar.

Me da en la nariz que el acuerdo verbal entre los dos partidos mayoritarios españoles de no regularizar más inmigrantes, aunque no se vaya a plasmar en papel, es papel mojado si los países ricos no se ponen de acuerdo para ayudar a los menos desarrollados a crear actividad y riqueza. No basta enviar ejércitos de élite para derrocar a los dictadores de los países que tienen petróleo o gas natural, o amenazar con hacerlo con cualquier motivo sino colaboran. Hay que preocuparse también por los que solo han proporcionado esclavos para las plantaciones de azúcar, o minerales que el progreso ha convertido en innecesarios.

Al socaire: Manejando hechos o ideologías (2)

Merece la pena analizar las razones del interés con que ahora se pretende revisar los hechos del pasado en los que han participado nuestros antepasados, y en especial, nuestros mayores más próximos. No me parece que, en realidad, tenga como objetivo verdadero dignificar la memoria de quienes se han visto involucrados en hechos de extremada tensión, defendiendo posiciones que resultaron perdedoras. Hablo de la guerra civil española de 1936-1939, sobre todo, pero no podemos olvidar que la historia de la humanidad está llena de guerras civiles, levantamientos militares, persecuciones, limpiezas étnicas, colonizaciones explotadoras, invasiones, etc. En todas ellas, ha habido perdedores: alanos, suevos, visigodos, republicanos, judíos, cristianos, musulmanes, aymará, flamencos, españoles, ...

 Hoy, ahora, debemos ser conscientes de que se siguen cometiendo injusticias, ignominias, se están produciendo guerras, desplazamientos de pueblos, expolios, que en alguna parte son sufridos con terror o alentados con avidez o deseos de venganza o dominio.

Me parecería magnífico si fuéramos capaces de revisar los comportamientos históricos, escudriñando en los entresijos de las razones de quienes tuvieron que vivir esos momentos críticamente duros que van conformando una de las dos historias de la Humanidad. Si fuera absolutamente posible realizar el análisis desde la neutralidad, sin apasionamiento, y, sobre todo, sin que el juicio que emitiéramos tuviera efectos sobre los vivos.
 

Pero no
es así, jamás ha sido así. Tenemos miles de ejemplos en la actualidad diaria; y otros tantos en la interpretación de los hechos que nos dejó la historia: allá donde miremos, hay más de un interés, que es lo que hace que la independencia de las colonias españolas de América no sea la misma vista desde la vieja metrópoli o desde los emancipados; que la llamada por algunos pueblos opresión del centralismo sea tenido por afán independentista antisolidario por otros; que la guerra de los Cien años...

Pretender poner medallas y dar premios a los herederos de las víctimas, diciendo que así rehabilitamos a aquellas o corregimos la desproporción de los hechos, no responde, en mi opinión, más que al deseo de situarnos lejos de los verdugos, y dar prestigio a los vivos.  

Pero si queremos hacer las cosas bien y completas, h
ay trabajo para todos aquellos que quieran limpiar la historia de la humanidad de sus páginas más tristes. Somos supervivientes de una evolución, en la que han proliferado los expolios y robos, los comportamientos injustos, las apropiaciones indebidas, los asesinatos alevosos, las violaciones de los dominados, la destrucción de los disidentes, el martirio de los visionarios por herejes, el asesinato de los más inteligentes por molestos, etc.

Los que no hemos vivido la guerra incivil española, habíamos conseguido aparcarla como una página desgraciada de nuestra historia de odios entre las dos Españas. 
 Una época precedida por años de terrible tensión, falta de autoridad, diferencias de criterios recalcitrantes, indudable anarquía, peligrosa inseguridad ciudadana, etc. Los adolescentes iban armados a las escuelas. Se alimentó temerariamente la idea de que había dos actitudes irreconcialiables se perfilaron dos bandos: los defensores del orden y los que aspiraban a romperlo.

En un país bastante inculto, atrasado y desconectado, sin respeto hacia la cultura y la ciencia, falsamente religioso, harto pobre y con la riqueza desigualmente repartida, era relativamente simple dividir al pais en dos mitades. Estoy seguro de que la mayor parte de los combatientes no sabían por qué luchaban, salvo porsalvar el pellejo.
 Por eso, todos perdieron en esa guerra.

Ayer, retirando trastos viejos del desván de la casa de mis abuelos, una casona de indiano que fue primero cuartel de milicianos y después cobijo de las llamadas tropas nacionales, saqueada y prácticamente destruída dos veces y por ambos bandos, encontré una bandeja rota que en la parte trasera tenía una  inscripción a lápiz escrita en la madera: “Elamo de esta casa es un mariquon, 1936”.

Supongo que la mano anónima se refería a mi abuelo, hijo de una de las familias más pobre de su pueblo, emigrante a Cuba por necesidad absoluta de sobrevivir, con una mano delante y otra atrás. De haber estado aquí cuando la revuelta, hubiera sido de los primeros en caer. Fusilado por la derecha o por la izquierda. 

  

Al socaire: Manejando hechos o ideologías (1)

 Ayer asistí a una de esas falsas discusiones en los que  ambos discrepantes exponen sus razones sin escuchar las del otro. Se trata, en rigor, de dos monólogos paralelos, cuyo fundamento puede ser el que los interlocutores están convencidos a priori de que son poseedores de la verdad, y, en consecuencia, utilizan la ocasión como excusa para demostrar su erudición y sus convicciones ante un tercero, que, incapacitado para terciar en la conversación –no le dejarían- se limita a sonreir como un imbécil.

Hablaban de España, esto es, de lo que está pasando en este país, de  la explicación que ambos encontraban para que las cosas estuvieran evolucionando de una determinada manera y no de otra.
 Sobre todo, los discrepantes no escatimaban el reproche a las posiciones de los otros, culpándoles de su falta de ayuda, atribuyéndoles torpeza intelectual, aficiones a la corrupción  y, en suma, todos cuantos desmanes se pueden pensar del más reprobable de los humanos.

En las casi dos horas de conversaciones paralelas, yo adopté la posición del observador, siempre cómoda, pero es que no quería desnivelar la balanza, interesado en que la conversación se mantuviera, por ver si llegaban a un final distinto del mutuo agotamiento.

No había, a la postre, mucho que hacer aquella tarde. 
 Así que les dejé que pasaran revista a una buena proporción de los temas en los que  los dirigentes de los partidos políticos mayoritarios han concentrado últimamente su búsqueda de las dos Españas. 

La situación vivida en mi diminuto banco de pruebas no hacía sino repetir, a escala reducida, lo que es lugar común en los debates que ahora se producen. No se pretende, el intercambio de pareceres, ni el enriquecimiento ideológico, ni mucho menos la búsqueda de la verdad que pueda estar en el otro, sino declamar en voz alta lo bien que se entiende el mundo en que vivimos. La escenificación de las diferencias de criterio parece más  enfocado a juzgar la actitud y talante de los líderes políticos que a deslindar las razones que podrían sustentarlos.

Como si los conocieran de cerca, los tertulianos hablan hoy de los personajes que pueblan nuestro mundo exterior, utilizando solo sus nombres de pila, definiendo sus caracteres con firmes pinceladas. El uno será pusilánime, el otro descarado, la una no era nada inteligente; se mezclan circunstancias personales, íntimas algunas, con anécdotas de pacotilla.
 No hay debate sobre reformas sociales, mejora de las prestaciones sanitarias, impulso al desarrollo económico o análisis de la gestión de los recursos a escala internacional, por poner algunos ejemplos de los que, quizá con idénticos interlocutores, hubieran alimentado las discusiones universitarias de los años sesenta y setenta. No. 

En un momento dado, uno de los protagonistas, pretendiendo ser demoledor definitivamente, dijo: “No nos entendemos,  porque yo manejo hechos y tú ideologías.”  

Esta frase me hizo pensar que hace tiempo que incluso quienes nos damos de intelectuales, no manejamos ideologías, sino hechos. Nos interesan tanto los elementos concretos que  hemos perdido interés por la perspectiva.