Blogia

El blog de Angel Arias

A sotavento: ¿A quién beneficia la prostitución, al fin y al cabo?

Son muchas las veces en que, de camino desde la oficina al restaurante, debo pasar por la calle Montera. Otras, atajo en la vuelta a casa por la Corredera Baja de San Pablo o adyacentes. En ambas zonas, varias decenas de mujeres y algunos travestidos hacen la calle, en grupos o en solitario.

Con la llegada del calor han aparecido nuevas remesas de carne fresca, venida, por lo que deduzco con mi perspicacia de genetista aficionado, fundamentalmente de países del Este, Brasil, Bolivia y Centroamérica. Las jóvenes (aunque hay también algunos rostros vencidos por la edad), enseñan piernas y escotes y esperan, teléfono en mano, al transeúnte necesario.

Digámoslo ya: esta sociedad no tiene excusa. No se puede mirar hacia otro lado, cualesquiera que sean las razones que se aleguen para mantener una situación como ésta, aquí y en cualquier pueblo del mundo.

Ofrecer el propio cuerpo para obtener dinero, como una mercancía, no tiene nada que ver con un trabajo. No produce ningún bien social, no aumenta plusvalías. Pero lo que es más grave, rebaja la condición del ser humano en múltiples sentidos.

Ofrecer para el goce sexual el cuerpo ajeno es ya un delito en muchos sitios, pero el manejo es difícil de descubrir y tiene muchas tapaderas. Chulos, clientes, hospederos, celestinos, intermediarios, conniventes, policías, políticos, publicistas, mirones; también los que fruncen el ceño, pero toleran el asunto. Todos somos -claro que en diversas gradaciones- culpables.

Nuestra sociedad tiene en el consentimiento de la prostitución un ejemplo más, sangrante, de la utilización degradante de la mujer (sobre todo), del desprecio al ser humano en necesidad, de la incapacidad para resolver, de una vez por todas, las contradicciones y las hipocresías con que se intenta tapar la miseria intelectual de los que creen que el dinero lo soluciona todo, compra cualquier cosa.

Cuando escucho a supuestos representantes del colectivo de quienes se dedican a la prostitución -hablo de supuesto, porque hay representaciones cuya legitimidad se puede cuestionar ab initio-, pretendiendo convencer al respetable, que sigue las declaraciones desde casa comiendo un bocata de calamares, de que "la suya"es una profesión digna como cualquier otra, y utilizando como punto de asentamiento del nido de ametralladoras el principio de que cada quien puede decidir libremente lo que quiera hacer con su cuerpo...

Cuando reflexiono que en España como en otros países el ejercicio de la prostitución está tolerado, ...cuando veo los miles de anuncios con textos y fotografías escabrosos que, evidentemente, van dirigidos a un público multitudinario, pienso: ¿Por qué nadie se manifiesta denunciando que la misma raíz sexista, dominadora, desequilibradora, inquietante, es la que mueve a matar a jóvenes mujeres por fanáticos religiosos (?) que alegan nosequé del honor; es la que violenta a miles, millones de deseadas, compañeras, esposas, amantes; es la que discrimina a miles de millones de desigualmente tratadas o remuneradas trabajadoras? 

¿A quién beneficia la prostitución, al fin y al cabo?

Al socaire:El juez Bermúdez, el catedrático Turiel y el derecho de defensa

Creo que el juez Javier Gómez Bermúdez aún no había nacido y Gerardo Turiel ya se ganaba la vida dándonos clase de Formación del Espíritu Nacional en el Auseva, a un grupo de adolescentes revoltosos. Seguíamos como soporte para los mensajes nacionalsindicalistas un libro de aventuras titulado "Luiso (María, matrícula de Bilbao)", escrito por Sánchez Silva y con dibujos de Goñi, que leíamos en voz alta.

No recuerdo si Turiel llegó a darnos mucha doctrina de devoción al régimen, porque aquellas clases me pasaron sin pena ni gloria, a salvo de un incidente. 

Como era mucho más divertido que seguir el rollo, organizar campeonatos de fútbol de mesa con pelotas de algodón que había que introducir en el tintero ya inútil para otra cosa, -que era el juego intramuros más de moda entonces-, el joven profesor procuraba mantener la disciplina con castigos ejemplares, chivándose a la superioridad de los más revoltosos.  A mí me expulsó un día de clase, privándome de ganar la competición, en la que estaba muy bien situado, porque la desbarató de cuajo, y me recomendó incluso al Capotas para un mal en conducta, que no llegaron a enjaretarme porque yo ya iba para Premio Extraordinario (con perdón).

Llovió mucho desde entonces, y el profesor Gerardo Turiel renegó (es un decir) de la Formación del Espíritu Nacional, pasó por el PCE y se convirtió, académicamente, en un admirado profesor romanista y, luego, catedrático. No tuve mucho trato con él, pero me parece que fue Joaquín Fuertes quien escribió en El Comercio que Turiel ama el teatro. Lo confirmo.

El juez Bermúdez ha pasado de ser considerado un personaje sin apenas mérito, producto singular de la derecha más recalcitrante, y que le estaba robando el puesto de Presidente de la Audiencia Nacional en la sala de lo Penal a otro juez que le centuplicaba el currículum (Garzón), a ser el juez más admirado de España. La nota muy alta se la ha puesto, además, prácticamente, el total de los españoles. Yo, entre ellos: sabe, tiene autoridad y control, es ingenioso, puede ser sarcástico sin dejar de aparecer sensible; y le corta el rollo maniqueo, como demostró, una vez más, ayer, 12 de junio, tanto al lucero del alba como a la comprometida fiscal Olga Sánchez, explicándole tajante lo que corresponde para no regar fuera del tiesto.

El juez Bermúdez le sacudió a la fiscal un mamporro dialéctico, cosechando aplausos entre el público. Aunque lo que pretendía la togada en este caso, tomando posición junto a las víctimas, era apretar la presión sobre el banquillo de los acusados y lanzar un regalo a ciertos periodistas que habían exprimido el limón del proceso como si fuera un culebrón tipo Ama Rosa, con muertos de mentirijillas, y ella, una actriz secundaria americana.

He visto algún vídeo por internet en el que, con ocasión de la defensa del semi-inimputable minero Trashorras que asume Turiel, el juez Bermúdez y el catedrático jubilado se enfrentan con esa terminología procesal que a los legos puede parecer a veces insolente. En una de las ocasiones estaba prestando declaración uno de los policías que detuvieron al imputado con más cargos de todos los del Once-M (qué paradojas), y el polifacético Turiel se interesaba por profundizar en las verdaderas razones, "el factum policial y jurídico", decía, por las que se le había enchironado. El director del juicio, super-juez Bermúdez, le apremiaba a que dejara de dar la tabarra con la misma pregunta y pasara página.

Gerardo Turiel, ágil cual centella, encontró una frase de antología: "No quiero polemizar, pero permítame que insista, Señoría. Porque equivocarse en el derecho procesal es grave, pero equivocarse en el derecho de defensa es gravísimo".

Me dió de repente la impresión de que el profesor Turiel se había imaginado impartiendo clase del Auseva, dispuesto a hacer valer la autoridad de las canas que se le alborotaban en el cogote, porque sus díscolos alumnos estaban metiendo en el tintero las pelotas.  Dejar en ridículo al fiscal en un juicio por asesinato debe ser ya la repera.

 

A barlovento: La Kermese de las Embajadas

A barlovento: La Kermese de las Embajadas

Por invitación de la gentil  Embajadora de Corea del Sur, An Kyesook, Sra. de Chun-Seun Lee, me dí una vuelta por la Kermese de las Embajadas el pasado 10 de junio, acercándome al Hotel de Miraflores. Como tenía prisa -cuándo no- aparqué el coche en el garaje del Hotel, y cuando entré en el hall, me topé casi de bruces con S.M. La Reina Sofía y diversas personas de su séquito. Tuve tiempo de hacer una foto (esta voluntad de hacer de reportero que uno ha adquirido desde los tiempos de la cámara digital) y recibí la sonrisa y el saludo de la egregia dama.

Pude también escuchar algunos comentarios a mi alrededor: "Qué guapa es"; "Es tan guapa porque es muy buena", decían dos enfervecidas admiradoras, procedentes, por el acento, de algún país hispanoamericano. Doy fe, y la instantánea también, que la Reina está de muy buen ver y, desde luego,  derrochaba cordialidad y simpatía, muy bien acogidas por todos los presentes.

La Sra. embajadora tuvo la amabilidad de acompañarnos a mi esposa y a mí hasta la entrada de la Kermese, mientras alabábamos la talla personal de Doña Sofía. La diplomática amiga, con su habitual cortesía, nos elogió nuestro restaurante, en el que estuvo ya varias veces, con amigos comunes.

La Kermese resultó ser un pupurri de stands de muy variados países y algunas asociaciones benéficas, en los que se vendían objetos y cosas de comer, además de solicitarse donaciones para causas justas.

En aquel momento no cabía nadie más, y a riesgo de que me cayera algo encima -había bandejas de comida que iban por los aires desde no sé donde hasta los puestos de venta de las bolleráis y chucherías-, di la vuelta de mi rigor, pregunté un par de cosas, hice varias fotografías de aquel testimonio variado de colores, razas e intenciones y me fui por donde había venido.

Que si bien está uno para bollos, prefiere tomárselos con algo menos de bullicio.

Jugando en corto: Abusos de hecho y de derecho

La terrible lentitud de la Justicia, provocada por el aumento de la judicialización y la complejidad creciente de los casos, está provocando que resulten favorecidos, de forma cada vez más alarmante, quienes recurren a la vía de los hechos consumados para otorgarse ventajas, invadir el derecho de otros (incluído el disfrute social), causar daños y perjuicios al vecino, comunero o copropietario abusando de su tolerancia o ignorancia del derecho, apropiarse ladinamente de lo fue propiedad comunal o afectar con ruidos, cargas, servidumbres, molestias y riesgos a quien vive pacífico.

Los más fuertes económicamente, han acelerado la vía de tomar posiciones de opresión y ventaja sobre los más débiles, abusando de la posición dominante que les da el que el alto coste de los procesos jurídicos que pudieran entablarse puede hacer desistir a priori a los que tienen que subsistir con escasos medios. El matón surge así, con fuerza, en los planteamientos jurídicos, como una figura de nuevo cuño que es difícil de combatir.

Aquellos que disponen de la posibilidad de contar con profesionales de derecho con más recursos, mejores cualificaciones, o más fama jurídica, echan mano creciente de la sensación de impunidad que les da contar con el tiempo a su favor y la posibilidad de que los jueces les den la razón, agobiados por la parafernalia de seudoargumentos legales y jurídicos, acumulándose una variopinta jurisprudencia que permite alimentar la peligrosa sospecha de que cualquiera puede ver consolidada su sinrazón por una sentencia favorable.

Una posición diferente, pero que se entremezcla con esa apreciación, surge de la aplicación de los términos del abuso del derecho. En una sociedad en la que el respeto al otro pierde fuerza, adquiere validez la precisión de una Audiencia Provincial que indica, para aviso de navegantes:

“Lo prescrito en el C. Civil más que un abuso del derecho es un abuso en el ejercicio del mismo, lógica restricción al durante siglos omnímodo e indiscutible principio ''qui iure sue utitur neminen leadit'', que los términos abuso o ejercicio antisocial empleado en los mismos, aun cuando ofrezcan diferencias sutiles o de matiz que carecen por regla general de trascendencia práctica, son clara muestra de la reprobación por parte del legislador hacia aquellas conductas que bajo una aparente acomodación de la norma disimulan o encubren, bien una arbitrariedad, bien una extralimitación; clara consecuencia de ello es que siendo el Derecho positivo forma o expresión normativa de la vida social dirigida a la mejor y más pacífica consecución del bien común, a través de la prescripción del ejercicio antisocial del mismo se está prohibiendo, y en su caso sancionando, todos aquellos actos o conductas que impliquen o conlleven actuación abusiva del mismo, lo que conduce a que quien de esta forma origine un daño o perjuicio venga obligado a repararlo".

Si a los abusos de hecho sumamos los de derecho, la barca frágil de la convivencia pacífica, que debería estar conducida por el respeto a los demás, con consideración especial hacia los más débiles, se va hundiendo cada vez más, agujereada por el desprecio. En esa barca, sin embargo, vamos todos.

A barlovento: Paseo trasversal por el hayedo de Montejo

A barlovento: Paseo trasversal por el hayedo de Montejo

Vengo de tierra de árboles, entre los que abundan las hayas, y he tenido ocasión de andar por muy diversas naturalezas, así que no estaba muy predispuesto a dejarme impresionar por un bosque de algo más de un centenar de hectáreas, a menos de cien kilómetros de Madrid, por mucho que viniera recibiendo las alabanzas sistemáticas de naturalistas, domingueros y amantes ocasionales de la naturaleza.

La entrada del Parque me ofreció una fácil confirmación de esa opinión preconcebida. A pesar de las rígidas restricciones de visitas, y de que se rechazaron delante de nuestras narices a algunos pretendientes a penetrar en el protegido recinto, el ruido de un motor perturbaba de forma sistemática la supuesta tranquilidad del área. Era un sonido anómalo, estruendoso para el lugar. Había a la izquierda de la cancela de entrada un par de placas solares, así que debo suponer que el motor extraía agua del río hacia destinos desconocidos, que no tendrían nada que ver con el riego de las hayas y robles del bosquete.

Me pude mover a mis anchas por el hayedo-robledal, porque yo iba de lugareño, gracias a un amigo. No me separé de los senderos, y si lo hice unos pasos fue para tomar algunas (pocas) fotografías. La estación primaveral se acaba, los animales estaban amodorrados o ausentes (quiero decir, los de tamaño mayor a insectos, porque había muchas cochinillas, mariposas, hormigas, coleópteros,...).

Se advertía, lejana, la voz de un cuco (¿o era un búho real algo aburrido?); se oía el trinar de pájaros invisibles, ya supongo que conseguido con éxito el beneficio de las nidadas; una lagartija, que tomaba el sol junto al río Jarama, se escabulló sin prisa, serpenteante. Atisbé, tímidas, algunas truchas al acecho de larvas de libélulas o quizá ninfas de maravallos. Fotografié, junto al camino dos montículos con excrementos de zorro.

Los cerezos silvestres dejaban asomar sus todavía verdes frutos. Estaban las viejas hayas, -algunas, como se sabe, con nombres: La de la Roca, la Primera, la del Trono, la del Ancla-; impresionantes, únicas, inmensas en su singularidad amenazada por doquier. Las reinas de los bosques, las generadoras de humus y sustrato, estaban, impávidas en su impotencia, viendo cómo su terreno era comido por robles, brezales, serbales y hasta acebos. Había un grupito de lacarias, algo resecas; aquilegas; margaritas, amentos de lavandas, hipéricos, saxífragas, camomilas, rosas caninas, botones y piececitos de la virgen, culantrillos del pozo; asfódelos, belladonas...

Los jóvenes que enseñan el Parque me parecieron animosos, enterados y dispuestos a dar información, que procuran adecuar al interés demostrado por los visitantes. Desgraciadamente, sospecho que la mayoría de los excursionistas simplemente buscan poder decir "estuve allí".

Si el cambio climático, como parece casi inevitable, se produce, estamos ante una reliquia, un retazo de la Historia paisajística de España,  que será uno de las primeros en caer. Está mal situada -qué paradoja-, ha quedado aislada, y ha sido descubierta por la voracidad curiosa de los comedores de paisajes. Es una  Venus hotentote en versión arbórea.

Cuando caminaba en soledad por los senderos ahora hollados por excursionistas apresurados, acogido por el silencio de aquellas hayas centenarias, seguramente ya heridas, me pareció advertir un mensaje de adiós desde el recinto. Pero quizá solamente era una advertencia, fruto de un espejismo, nueva torpeza del ciclotímico que me parasita.

Para muchos posibles visitantes, el hayedo lucirá mejor en fotografía, y se podrían ahorrar el viaje (ida y vuelta de Madrid, 200 km, por ejemplo, es la producción de unos 46 kg de CO2 equivalente), o, como mal menor, ir directamente a comer cordero, chuletón o judiones a alguno de los restaurantes de la zona. Me voy decantando por el turismo virtual, porque me temo que ese es el consuelo que nos irá quedando, y si queremos reducir nuestra contribución al holocausto, deberíamos mentalizarnos para modificar algunos hábitos.

Al socaire: ¿Se puede elegir energía nuclear a la carta?

El protagonista de la jornada celebrada el 7 de junio de 2007, organizada por la Sociedad Nuclear Española, el Consejo asesor de Tecnoambiente y el Comité de Ingeniería y Desarrollo Sostenible del Instituto de la Ingeniería, bajo el atractivo lema de "La energía nuclear frente al reto de un futuro energético sostenible", fue Joaquín Nieto, secretario Confederal de Medio Ambiente en Comisiones Obreras.

Nieto, a quien conozco de varias intervenciones públicas, en algunas de las cuales me tocó incluso compartir panel, me recordó al joven del martillo del cuento de Andersen, al que me referí otras veces. Hubo que darle el primer premio, no porque reflejara los mejores argumentos, sino porque causó el estupor general. Dedicó sus escuetos quince minutos a desglosar una construcción filosófica que en esencia, era la siguiente:

No cabe hablar de la energía de fisión, porque aún no está desarrollada. En cuanto a la energía nuclear de fusión se encontraba en fase terminal, y ha sido reactivada ahora por oscuros intereses económicos que reclaman subvenciones y apoyo sociopolítico, porque, como no hay parón nuclear, no hay justificación para que no inviertan si lo ven tan claro. En todo caso, la nuclear es una opción insuficiente, de miras cortoplacistas, porque el uranio se agota. Para mayor abundamiento, el problema de la seguridad y los residuos no está resuelto. Conclusión, hablemos de otra cosa, en lugar de marear la perdiz.

Ahora bien, el argumento tenía, por lo menos, un fallo formal, sin necesidad de salir de la propia construcción lógica de su autor. Nieto dijo también, sin inmutarse, que, como había unas cuantas centrales en funcionamiento, que no estaban dando problemas y cuya vida útil podría prolongarse, que se hiciera por otros 30 años o así, y que, puesto que ya estaban amortizadas, los beneficios se destinaran a energías alternativas. ¿Así que no confía en la seguridad, pero ya le vale para las que están construídas?

La intervención de mi amigo Aurelio Ulibarri, con el que comparto consejo editorial en Tecnoambiente, única a que hubo lugar mientras Nieto se marchaba por la puerta, con prisa por asistir a otra reunión, reflejaba que el discurso parecía extraído del tunel del tiempo, con sus diez o más años de antigüedad, y no era coincidente con el más autorizado, se supone, del Secretario general de CCOO, que había expresado que no se debería descartar en el conjunto energético a esta controvertida fuente.

Por la mañana, habían desgranado poderosos argumentos en defensa de la energía nuclear, María Teresa Domínguez, (de Empresarios Agrupados), Eduardo González, (Presidente del Foro de la Industria Nuclear), Luis Yagüe, (Presidente de la Sociedad Nuclear), Joaquín Sánchez, (brillante cientítifico del Ciematy uno de nuestros mejores expertos en energía de fisión), Simon James, (de la Nuclear Industry Association del Reino Unido), Jesús Horcajo, Javier Zarzuela, Luis Giménez-Cassina (Presidente del IIE), etc.

Nieto se fue con el premio y el martillo, y su falso silogismo, sin apearse todavía de la burra. Como es inteligente, seguró que lo acabará haciendo. Pero, dada su capacidad de influencia, esperemos que no sea demasiado tarde para ayudar a difundir un mensaje que es de interés público: la energía nuclear es necesaria, segura y de inmediata aplicación. A mí y a otros no nos vuelve locos, pero, desde el pragmatismo y la necesidad de atender a un consumo creciente de energía -a escala doméstica, pero sobre todo mundial- y ante las perspectivas de tensiones graves en los mercados a corto-medio plazo, no tenemos otra opción. No la defendemos, nos conformamos.

¿Podrán dedicar Joaquín Nieto y otros serios detractores de lo nuclear más de quince minutos a analizar un tema tan importante, hablando con todas las personas enteradas, y sin miedo a actualizar sus argumentos, abandonando la apetitosa vocación de cosechar aplausos manejando los martillos?.

Pero también tengo otras dos preguntas: ¿Podrán esas personas enteradas explicar sin ambigüedades, y poniendo por delante su credibilidad absoluta y sus propios conocimientos y no lo que han leído en los libros o escuchado en la última conferencia mundial, cuáles son los riesgos técnicos de la energía nuclear de fisión, tanto si las centrales son manejadas en Ohio como en Kuala Lumpur? ¿Podrán las personas enteradas decirnos dónde va España a guardar los residuos radiactivos de muy alta radiación y cuánto nos va a costar, y por cuánto tiempo?.

Jugando en corto: Y mi clamor llegue hasta tí

Jugando en corto: Y mi clamor llegue hasta tí

Contaba ayer el cardenal arzobispo de Madrid, Monseñor Rouco Varela, en un distendido ambiente con gentes de la Universidad, que hacía unos días, un niño de muy corta edad se le acercó, cuando andaba de visita pastoral por esos pueblos de Dios, y le pidió, en latín: "Benedícite, pater reverende" (a tal vez, reverendissime, que resulta más adecuado a la dignidad eclesiástica del destinatario). "Aquel renacuajo se veía que estaba formado por un sacerdote ilusionado, por un buen educador", concluía. Como yo, cada uno de los asistentes habrá sacado también sus conclusiones.

Yo no pertenecía al grupo de destinatarios previstos ni de la anécdota, ni, claro está, de las respuestas que dió Rouco a varias preguntas, -algunas bastante retorcidas, todas muy formales y algo ampulosas, que los profesores universitarios son así-, y que se le hicieron durante un toma y daca, a modo de las simultáneas del ajedrez, en la que el que devolvía desde el fondo de la red era S.E.

Se trataba de una cena-tertulia sobre el compromiso de los católicos y la Universidad, en la que, aunque encontré a varios colegas y bastantes amigos, mi presencia, que era aconsejable y hasta imprescindible, resultaba completamente marginal al evento. Un servidor estaba de pié (bueno, tampoco iba a estar de rodillas) , porque era el encargado de la megafonía (el cardenal tiene poca voz, pero no parece tener pelos en la lengua) y, sobre todo, porque era el propietario del restaurante al que mis amigos de la Universidad Pontificia de Comillas habían distinguido como lugar de la reunión.

Pertenezco a la generación de aquellos que hemos sido educados en la fe y la hemos perdido. La de veces que yo habré ayudado a Misa, ni se sabe. No me enorgullezco ni de lo primero, ni tampoco me avergüenzo de lo segundo. Forman parte de mi formación intelectual, y configuran, con otras vivencias, mi actual manera de "ser humano", respetuoso con los demás, incluso connivente con aquellos a los que capto convencidos, y bastante implacable con los que aparentan para aprovecharse de su aspecto, avasallando a los demás.

Quiero dejar constancia aquí de que me sentí bastante identificado con lo fundamental de lo que se estaba tratando allí. Que era, al fin y al cabo, aportar ilusión, empuje, fe, en el futuro, a la Universidad española. A partir del intercambio de opiniones, el ejemplo, el compromiso. Si eso se hace desde el respeto a las creencias o agnosticismos del otro, a partir de la convicción de que lo que nos mueve tiene más valor si nos sirve a todos, me parece estupendo.  Nos servirá para mejorar, porque no nos detendremos en demostrar al otro que está equivocado, sino que nos concentraremos en lo que puede unirnos.

La traducción (evidentemente, equivocada) que algunas versiones españolas dan de la frase de la misa tridentina a la que se refirió el cardenal es la de "Y mi clamor llegue hasta tí".  Qué casualidad. Sin mucho esfuerzo, podría interpretarse que algunos de los mensajes expresados en la cena-tertulia, con sutil carga política, tenían como destinatario al gobierno del Presidente Zapatero, que a esa misma hora (más o menos) contestaba con bajo tono vital (la SER dixit) a las certeras preguntas de Iñaki Gabilondo.

Al salir, varios de los asistentes dejaron en el libro de honor de mi restaurante unas frases muy cariñosas, y Rouco nos regaló a cada uno del equipo del restaurante un alfiler con la reproducción de la imagen de la virgen de la Almudena. "Es lo que regalo a los niños", explicó, justificando así la presencia en su bolsillo de unas cuantas decenas de pines esmaltados.  

Ojalá todos pudiéramos rescatar al niño que hubo en nosotros, y volver a hacerlo caminar desde la impresión de sabiduría que nos ha dado la madurez. 
 

Jugando en corto: Buenas vibraciones en Cañada Real

Jugando en corto: Buenas vibraciones en Cañada Real

El 6 de junio, en el Club de Medio Ambiente (CEMA), -cuyo símbolo es un brezo de tres colores que diseñó, hace años, el polifacético Emilio Llorente-, celebramos , con un ligero retraso, el Día Mundial de Medio Ambiente. Lo hicimos contando con la magnífica hospitalidad de José María Blanc, vicepresidente del Club, que nos abrió las puertas del Centro de Defensa de la Naturaleza de Cañada Real, como muchas otras veces, y nos obsequió con un almuerzo muy bien servido por su empresa de catering.

Estaban allí, entre otros insignes, Rafael Fernández Rubio y Antonio Lamela (Premios Jaime I), los ya citados en el párrafo anterior, Pedro Martínez Arévalo, Gonzalo Echagüe, ...

No cito a todos los miembros de la Junta directiva del CEMA, cuya lista puede encontrar el curioso en su página web, sino únicamente a los galardonados con las Medallas que este año otorgó el Club a quienes se distinguieron por su trabajo en defensa del Medio Ambiente y en apoyo a las actividades de difusión de los objetivos de esa ONG. No está de más recordar que es una Organización sin ánimo de lucro,porque el nombre es equívoco, y, aunque sonoro, parece indicar que allí se reúnen solo unos cuantos diletantes de algún deporte de minorías...

Los vocales presentes leímos unas notas sobre el Ambiente. Tuve que acortar la mía, demasiado larga. Pero como este es mi blog, no me encuentro ningún problema en publicarla entera.

"La sostenibilidad ambiental apela directamente a la solidaridad 

Las telecomunicaciones han generado la sensación de globalidad, pero las prioridades se mantienen aún a escala local. El problema ambiental está en todas las agendas, pero no es el origen, sino la consecuencia de razones más profundas. 

Los países menos desarrollados ven en la utilización de sus recursos naturales y en la incorporación libre a la producción industrial, -factores tan relacionados con el deterioro paisaje y el aumento de la contaminación atmosférica-, la condición irrenunciable para potenciar su crecimiento y mejorar el nivel de vida.  
 

Por su parte, los países desarrollados se enfrentan a la necesidad de modificar su modelo económico, bajo la presión del coste creciente de la mano de obra propia y el incremento de las exigencias de bienestar, instalado éste último sobre valoraciones frecuentemente individuales y, por tanto, egoístas. 

La cuestión no se resuelve, obviamente, con el intercambio de turistas por emigrantes. Ni tampoco se reduce al esquema simple de repartir zonas de producción y de consumo.  Mientras tanto, el occidental premia su capacidad adquisitiva disfrutando de la naturaleza y el patrimonio cultural de los países pobres, al tiempo que los habitantes de estos últimos abandonan masivamente sus lugares de origen, buscando en los países ricos, el empleo y la prosperidad que no encuentran en ellos. 

La creciente presión emigratoria hacia las zonas con mayor PIB y la incapacidad de algunos países pobres para modernizar sus estructuras, instalando comportamientos democráticos en ellas, pone una nota de urgencia sobre la necesidad de revisar las pautas de deslocalización del crecimiento tecnológico.

La producción física de las empresas industriales pierde peso frente al empleo, y los países industrializados deben conceder mayor valor a la formación en creatividad, revisando, entre otros, sus modelos universitarios.
 Ese mundo nuevo, cambiante, en equilibrio inestable, está plagado de desafíos tanto para el científico como para el hombre de la calle, y el tiempo para tomar las decisiones parece corto.

Necesitamos más energía, adaptar las nuevas tecnologías, controlar el deterioro ambiental, producir mejores bienes y servicios a precios más bajos... Todo ello supone revisar nuestro concepto de calidad de vida, renunciando a algunos de los viejos paradigmas y consiguiendo una mejor distribución de la riqueza, para la que el factor trabajo sigue jugando un papel relevante.
 

Ante la Humanidad se abre un panorama apasionante, desde luego, pero también inquietante. Los retos no son únicamente tecnológicos, sino, sobre todo, sociológicos. La solidaridad, la investigación, la coordinación en el esfuerzo conjunto, y el ejercicio sin barreras de la inteligencia, tendrán que constituir la base sobre la que aportar nuevas soluciones, incluso ante desafíos aún desconocidos. "