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El blog de Angel Arias

Jugando en corto: Educación para la ciudadanía, también obligatoria en los Seminarios (y madrasas e ikastolas)

Seguramente, para los españoles de mi generación, uno de los valores más apreciables de la iglesia católica, es el haber sabido adaptarse velozmente a las exigencias de una sociedad que se había hecho en muy pocos años mucho más igualitaria y tolerante.

No debió ser fácil, ya que los antecedentes estaban llenos de ominosos desprecios hacia los avances científicos, la libertad de pensamiento y acción, y jalonados con persecuciones implacables de disidentes, infieles, agnósticos y apóstatas, sin perjuicio para alinearse con el sol que más calentaba en el momento.

En España, la estrecha relación de la Iglesia católica con la cúpula económico-política de la pre- y post-guerra civil,  la arrastró a la represión de los movimientos sociales, y le supuso un lastre gravísimo. Por no hablar de otros casos en Europa y el mundo, como el apoyo al régimen nazi que le dispensó el Papado de entonces.

A mí me ha atraído desde niño la constatación de la existencia de dos iglesias -por lo menos- entre las huestes católicas y, en especial, entre los conductores de la grey creyente. He conocido y conozco, a sacerdotes y monjes católicos que son un ejemplo de comportamiento ético, de entrega y de compromiso por la fe. No será por casualidad que, al menos tal como yo los aprecio, son también modelo entre los suyos de comprensión hacia quienes, no habiendo sido distinguidos con la caída del caballo, son marginados por la iglesia ortodoxa: por ejemplo, homosexuales, rojos, infieles, abortistas, agnósticos; por poner solo ejemplos de ciertos colectivos.

El revuelo que se ha organizado en la cúpula episcopal española por la obligatoriedad en las escuelas de la asignatura Educacíón para la Ciudadanía, cuyo objetivo es "construir una conciencia moral y cívica acorde con las sociedades democráticas, plurales, complejas y cambiantes que vivimos",  no tiene ni explicación ni justificación en estos tiempos, al menos, para quienes defendemos la necesidad de que se eduque a todos en una ética universal, que incluya la tolerancia hacia las posiciones de los demás, cuando han sido construídas desde la honradez del posicionamiento personal, y no implican daño para terceros.

Una educación que debería ser obligatoria, en mi opinión, en los Seminarios, en las madrasas, en las ikastolas, en cualquier sitio en donde alguien pretenda formar a niños y jóvenes para asumir su compromiso de futuro con la sociedad en la que ya viven y de la que, pónganse como se pongan los obispos, solo podrán salir con los pies por delante y, sería de desear, con la satisfacción de haber cumplido.

Al pairo: Los conceptos de usabilidad y accesibilidad aplicados a la Unión Europea

Los conceptos de usabilidad y accesibilidad son de uso común en el mundo de las webs, como parámetros útiles para medir sus virtudes o defectos.  La usabilidad de una web sería la facilidad con la que el usuario accede a la información que busca, medida, por ejemplo, en el número de clics necesarios para obtenerla ("Ley de los tres clics").

Para conseguirla, es importante la gestión de los archivos, que deben estar estructurados y jerarquizados adecuadamente. Para las webs de organismos públicos y grandes empresas, que ofrecen miles de páginas de información, interconectadas con otros servidores, y que tienen muchas visitas simultáneas realizadas en su mayoría por usuarios que no disponen de conocimientos informáticos (tal vez el 90% de los visitantes), una alta usabilidad es clave. Las tecnologías para gestión y actualización de archivos (tipo Fatwire, el socio de Indra) se encargan de que las webs cumplan adecuadamente su objetivo de informar e interrelacionar los contenidos.

La accesibilidad de una web, por su parte, puede entenderse tanto como por la capacidad de suministrar información a los colectivos con problemas de visión, auditivos u otras discapacidades (quizá el 3% de la población), como por la posibilidad de hacer las consultas a la web desde una plataforma móvil -por ejemplo, un teléfono portátil- .

Ambos conceptos están de moda, y, por ejemplo, el comunicólogo Enrique Dans revela en su blog que la web del Congreso de los Diputados español, no tiene ni usabilidad ni accesibilidad. Vamos, que por muy orgullosamente que la presente en portada el presidente Manuel Marín, desde el punto de vista tecnológico es un fiasco, "un ridículo espantoso". Y eso que costó alguna cantidad entre los 200.000 euros que afirman desde el Congreso y los 14 millones de ídem que especulan los malvados, aunque esta última cifra debe incluir, además, la renovación del mobiliario y el artesonado.

Porque una creación corporativa virtual como la del Congreso va a ser muy visitada y sus contenidos deben poder actualizarse y priorizarse con rapidez y facilidad. Si además no es fiable, para qué os cuento. Porque parece estar afectada por terribles vulnerabilidades que esos destructores de barreras virtuales, que son los hackers, ya habrán descubierto y ridiculizado, para escarmiento del ego de sus creadores y mejora del malestar de la Humanidad.

Bueno, pues si dejando el mundo virtual me acerco al real, y aplico ambos conceptos a la reciente reunión mantenida por los altos mandatarios de la Unión Europea en Alemania, por los que se negociaron las bases para un nuevo Tratado que sustituya a la no-nata Constitución Europea, resulta que, en mi opinión, esta Unión de Comerciantes y políticos tiene escasa usabilidad y poca accesibilidad, al menos, para la mayor parte de los ciudadanos europeos, a los que les gustaría contar con un espacio común de verdad, seguramente asentado más sólidamente en las regiones que en los Estados.

Los motivos que mueven la maquinaria europea y la fiabilidad de la información copiosa que se pone a disposición del ciudadano interesado (¿el 3%?), son cada vez más oscuros, y es casi imposible enterarse con pocos clics mentales de los motivos y razones por los que se discute tanto en esas graves y fatigosas (por lo que parece) reuniones de los representantes de los Gobiernos. Así que de accesibilidad vamos muy mal.

Pero es que la usabilidad es prácticamente nula. Cuando leo las crónicas de los debates, llenas de anécdotas vanales, tensiones inextricables y enfados incomprensible, entiendo que las fotografías que reflejan el evento se esfuercen en mostrar la buena sintonía personal que existe entre los Presidentes y Primeros Ministros, capaces de sentarse al sol para intercambiarse chascarrillos en mangas de camisa, mientras esperan el momento de volver a casa con los éxitos que se habrán inventado entretanto para convencerse de que la reunión no ha sido inútil. 

Alguna razón tendrá Rajoy, presidente de la oposición española y seguramente futuro presidente de Gobierno, para afirmar que los intereses españoles han sido defendidos por Polonia, quiero decir, por los gemelos Kacsynski. Los mismos que han ordenado mostrar limpieza de sangre y prohibido el top less en su territorio, entre otros avances de claro tufo antidemocrático. 

A sotavento: Los toros de Ventas y el derby de Ascot

Me proponía realizar un paralelismo entre el espectáculo de los toros de la plaza de las Ventas, una de las plazas paradigmáticas, con permiso de la Maestranza, de nuestra llamada fiesta nacional, y el derby de Ascot.

Porque, desde una cierta perspectiva, cabría ver en el comportamiento de los espectadores a ambos acontecimientos que tienen lugar en torno a los animales, el reflejo de dos idiosincrasias.

Me podrían objetar que por qué no habría elegido como significantes otras manifestaciones de presunto salvajismo que acercasen más al pueblo británico y al hispano, como pudieran ser la caza del zorro a caballo y el lanzamiento de cabras desde las torres de las iglesias, pero he leído en alguna parte que ambos reflejos de la genuina cultura ancestral europea han sido abolidos. 

Me queda, pues, por la parte insular, la muestra de esa carrera de jinetes montados, con cuya ocasión las inglesas aprovechan para demostrar al mundo y a sí mismas lo que pueden llegar a ponerse en la cabeza, reuniéndose con sus maridos y amantes con la excusa familiar de lo mucho que quieren a los caballos. La imagen me atrae irresistiblemente, como reflejo de lo que interpreto genuino del carácter inglés: elegante, autista, concentrado en su singularidad, estrambótico pero sin perder el aire de "en mi casa hago lo que quiero" y jamás un criado llevará este cucurucho con idéntica elegancia, porque eso es cosa de los señores.

Enfrente tenemos al pueblo machote del botijo con vino peleón y casera, camisa desabotonada, pantalones apretados con cíngulos sobre las orondas tripas, oteando a bellas hembras de justillo apretado, abanico de flores  y sobaquillo algo mojado, mientras lanza gritos al unísono para jalear figuras que tienen en su mayoría uno o varios nombres, (aunque pocos las distinguen realmente). El espectáculo es sabido que lo que componen un hombre vestido como para interpretar ballet y un animal grande y noble al que se le va matando a trozos, y al que se juzga por su forma de morir.

Cómo decir ahora, a renglón seguido, después de estos afilados epítetos que me gusta el espectáculo de "nuestra" fiesta nacional y me dan vómitos las manifestaciones de horteridad de las damas y caballeros de la high británica.

No he ido más que a una sesión en vivo -justamente en la Maestranza, y para ver maltorear a un decadente Curro Romero-, pero me atiborré de ver corridas por la tele, y me ha de creer el lector que se distinguir suertes y faenas, y he pintado varios cuadros con escenas de tauromaquia, cuya fuerza plástica y sensualidad  me parecen  incuestionables.

Estoy a favor de la suspensión inmediata del espectáculo de la fiesta, en la que se provoca el sufrimiento innecesario de un animal de la escala superior, cuya sensibilidad está fuera de duda. No me vale la argumentación de que, si se hace bien esa "faena" (digno nombre), el animal apenas sufre, porque las varas y banderillas se pondrán en todo lo alto y la espada se introducirá hasta la bola rompiendo el corazón del astado, que tendrá una vida de gozo para quince minutos de sufrimiento y gloria.

Termino con unos retazos de unos versos que escribí, hace ya tiempo, y que están integrados en mi libro "No tenemos a nadie". Utilizando una licencia poética, se supone que los autores de la reflexión son los propios toros.

Todos puestos en pie
nos verán con ilusión (qué gozo)
la salida,
disfrutaremos
echando hacia atrás
el pelo de dehesa,
la cabeza muy alta,
hechas nudos muy prietos las nostalgias
del heno y la pajura, ahogaremos
con risas
las congojas, encogeremos
los ánimos
risueños,
mientras las capas nos templan,
serenan con maestría la embestida,
y nos tientan a gritos esos dioses,
que sacuden con picos,
que nos clavan
las espadas en los lomos;
quieren fiesta en nosotros,
quieren guerra. Por fin nos enteramos,
clarines y timbales,
que tenemos
a nuestra total disposición
antes de la muerte
los quince últimos minutos,
qué afición más culta,
sabios entendidos,
exigen colaboración con nuestra suerte
y no vamos a negarnos,
somos nobles
someros somos fieles,
apreciamos educados que se han puesto
para vernos morir sus mejores mantillas,
sus fajines, sus puros, sus galones:
nos contemplan. 

Así que cuando vengan
a hacernos la faena
todos al alimón, toros, cuatreros,
el torero mayor, huestes morenas,
banderas y pendones,
no dudarán de nuestra fuerza,
no habrá mofa, no hay ya ruedo
que valga,con nuestro miedo no
se divertirán,
no harán risas del ansia,
donde menos se esperen
un susto les daremos. 

Porque nosotros
vaya si nos divertiremos, les daremos amor
por los pitones
y si nos clavan rejón
para cortarnos la oreja en dos mitades,
van a saber por Dios,
la oreja es nuestra,nos la van a quitar
por los cojones
y si nos quieren matar, venga castigo,
muertes y rejones,
para hacernos la testuz de guata y de madera,
no se moverán -quietas las manos- nuestros ojos,
castigaremos su orgullo
sin piedad,
atentostodos
a los modos. 

Y si muertos,
les estaremos llenando eternamente
el vacío del salón atiborrado
de trofeos vanales,
cuernos, pieles, víctimas, raleas y animales:
con el ojo de cristal
con disimulo
les vamos a dar amor,
mucho amor. Al cambio, millones de problemas,
lo cual les dará mucho por el culo,
por contagio por pasmo por cansancio,
y se les pondrán las manos
las esquinas las palmas las pasiones
todas llenas de amor, noble amor,
santas mujeres, ínclitos varones.   

Al socaire: Del 16 de julio al 3 de agosto expongo en Oviedo, Sala del BBV

Al socaire: Del 16 de julio al 3 de agosto expongo en Oviedo, Sala del BBV

Si alguno de mis lectores tiene ocasión de darse una vuelta por Oviedo, que lo sepa. Está invitado a tomar una copa conmigo durante la última quincena del próximo mes de julio y hasta el 3 de agosto, en la que expondré una colección de unos cincuenta cuadros en la Sala del BBV, en la calle San Francisco de Oviedo.

Presentaré una colección retrospectiva de aproximadamente 25 dibujos y acuarelas y otros tantos óleos y acrílicos, seleccionados de lo que pinté en los últimos 15 años.

Ni qué decir tiene que aguardo con ilusión esa presentación de una muestra de mi actividad pictórica en mi ciudad natal. Nunca antes había expuesto allí de forma individual, y aunque ya sé que nadie es profeta en su tierra, creo que me debía a mí mismo hacer una presentación en sociedad de esta forma de expresarme que ha ocupado tantos momentos de mi vida.

(El cuadro que reproduzco aquí, un acrílico, pintado en 2007, representa: "Un escultor y su modelo")

 

Jugando en corto: Manual para negociar con nacionalistas o con terroristas

Mi argumento es muy sencillo: si alguien defiende que debe ser tratado con atención especial, por origen, por etnia, por su superior coeficiente intelectual, por mayor poder económico o fáctico, por su elevada tradición cultural,...; en fin, por cualquier imaginable o imaginario principio de cuantos la inventiva del ser humano se ha obstinado, generalmente, de forma burdamente interesada, en proclamar que su diferencia lo hace superior al resto de los mortales, pues, qué se le va a hacer, aunque no me será fácil deshacerme de la idea de que está equivocado, o de que persigue su propio beneficio a costa del de otros, negociaré con él. Yo le ofreceré comprensión a su petulancia a cambio de que el me apoye en mejorar el destino común.

Pero si alguien organizara una banda para, con los mismos o parecidos argumentos, matar y lesionar a unos, extorsionar a otros, amedrentar a aquellos, insultar a todos los que no son de su grupo, pretendiendo que debemos darle la razón porque tienen las pistolas y los puños de hierro con los que hacerme daño, no negocio. No tienen nada que darme a cambio.

Los perseguiría implacable cuando detectase que han cometido un delito, vigilaría sus guaridas, sus contactos y movimientos, airearía lo desleal de sus argumentos y actuaciones para con la colectividad que representara, y defendería y protegería a sus potenciales víctimas, asumiendo el fracaso de haber fallado en la salvaguarda de quienes hubieran sufrido un atentado.

Por favor, que no se confundan nacionalistas con terroristas. No son del mismo pelaje. En una situación de guerra, -incluso nosotros, los que abominamos de la guerra- entendemos que se defienda con las armas y con todos los medios posibles, que el enemigo no nos avasalle.

Quienes arropan sus pretendidos argumentos nacionalistas o separatistas colocando bombas a los pacíficos y matando a diestro y siniestro a semejantes, con el único objetivo de elevar la cuota de sus extorsiones y continuar viviendo de su delincuencia, no pueden pretender tener ideales, y no hay nada que puedan ofrecernos a cambio.

No es posible negociar con ellos, porque no son iguales a nosotros, y sus argumentos (los que tengan) se mueven en un paraje que no tiene que ver con la dialéctica. El hipotético manual para negociar con ellos está manchado para siempre con las páginas sangrientas de sus víctimas y han de saber que todas sus hojas estaban en blanco, sin argumentos ni propuestas por nuestra parte.

Otra cosa es, como mi querido compañero de bachillerato Angel Aznárez, -hoy afamado notario- argumenta en un artículo brillante que leo en Tribuna en la Nueva España del 17 de junio ("En aquel tiempo y en este momento"), es que nos influyan los terroristas, que se hayan entrometido en nuestra democracia, y quieran retorcer nuestra libertad juzgando a nuestros gobernantes o dando argumentos a los opositores. De ese peligro adicional debemos también saber curarnos.

A sotavento: Los lunes, a la sombra

Tengo que empezar disculpándome por haber elegido un título tan obvio, en relación con el asunto. Sucede que dos sindicalistas asturianos, Cándido González Carnero y José Manuel Martínez Morala, que se distinguieron de una forma particular en la defensa de los astilleros de Naval Gijón, han sido ingresados en la cárcel de Villabona, para cumplir tres años de cárcel.

Ellos fueron los inspiradores de la película "Los lunes al sol", de Fernando León de Aranoa, en la que, con aires patrios, se recogía la vieja historia de la masiva pérdida de puestos de trabajo que provocan las grandes empresas cuando los avances industriales las hacen inviables. Una historia que también se llevó al cine, por ejemplo, en Full Monty, y que se repite y repetirá cada vez que se decida cerrar una factoría que, hasta entonces había dado vida y riqueza a una población.

El proceso dura desde 2005, cuando en una manifestación de los trabajadores de Naval Gijón, fueron detenidos estos dos cabezas visibles de una serie de actos, algunos con violentos enfrentamientos con la policía, con los que los perdedores exigían que no se cerraran los astilleros, y que se les encargaran más barcos a la que fue una de las joyas de la corona de espinas asturiana. 

Los hoy encarcelados fueron condenados por dos sucesos diferentes, aunque el móvil era el mismo. La rotura de la caja de conexiones del sistema de control de tráfico en marzo del 2005  y el incendio de una furgoneta.

En un país en el que miles de impunes delincuentes destrozan mobiliario urbano, realizan estúpidas pintadas en lugares variopuntos, inclusive monumentos nacionales, destruyen obras artísticas, queman vehículos y contenedores o agreden a quienes les increpan, a muchos les parece injusto que a dos trabajadores se les meta en la cárcel porque defendían su puesto de trabajo y el de sus compañeros, llamando la atención sobre su desgracia con los medios de que disponían, agotadas todas las demás vías de negociación.

Si, además, se han infringido normas -como argumentan sus defensas jurídicas- que debilitan su derecho a probar su inocencia o justificar sus móviles, se entiende mejor porqué en múltiples manifestaciones de Asturias se está pidiendo la libertad para Cándido y Morala. Pero una cosa es pedir y otra que la máquina de ajusticiar se detenga en el sitio que uno quiere.

Ay de tí si te identifican como culpable, porque el sistema también se nutre de machos cabríos expiatorios, de bucos emisarios con los que aliviar la incapacidad colectiva para defender a los que nos defienden, incluso -o especialmente- cuando pierden con ello la cabeza.

 

Jugando en corto: Los distinguidos por Unicef se fotografían con los duques de Soria en los jardines de Lázaro Galdiano

Jugando en corto: Los distinguidos por Unicef se fotografían con los duques de Soria en los jardines de Lázaro Galdiano

Una vez al año, Unicef España concede algunas distinciones, diplomas y medallas a quienes más apoyaron a esta Fundación que figura entre las más prestigiosas del mundo.

Este año tuvo lugar la entrega de estos reconocimientos, el 15 de junio,en el pequeño -para el número de congregados-salón de actos del museo L. Galdiano.

La presidenta de honor de la organización española es la infanta Margarita de Borbón, (la de todos los días es la eficiente Consuelo Crespo) que aguantó toda la ceremonia, prolongados aplausos incluídos para cada uno de los distinguidos, de pie, aplaudiendo ella misma con dedicación.

Después del acto formal, mientras se servía un cóctel en los jardines del renovado museo Galdiano, la infanta y su esposo no se resistieron un ápice a dejarse fotografiar, una y cien veces, junto a cada uno de los premiados. Era una situación un si es no es agobiante, en cierto modo infantil, por parte de los unicéfilos. Los duques de Soria no perdieron en ningún momento la serenidad, mezcla de dignidad y sonrisa triste, que caracteriza a S.A.Rs.

Hace algunos años, me cruzaba a veces con la Infanta, cuando tenía la oficina en Federico Salmón, mientras iba guiada para hacer sus ejercicios de caminar, y yo trataba de bajar algo la tripa yendo a la carrera. Ya me había sorprendido entonces la amabilidad y calmada empatía de la dama. 

Entre los premiados de este año figura el Club de Tenis de Oviedo, y en ello habrá tenido bastante que ver, no solo la generosidad de los socios de esa consolidada institución ovetense -de rancio abolengo y, por ello, con algo de sabor a "núcleo duro" del Oviedo-de-toda-la-vida-, sino también la mano del presidente regional, mi tocayo Angel Naval.

Mi hermano Juan y yo nos hicimos la foto de rigor con los duques de Soria (bueno, aquí yo actuaba de fotógrafo), y, a petición mía, fuimos fotografiados fla(n)queando a Ana Duato, que hacía de imagen guapa de Unicef, después de ser introducidos como "fans" por una gentil intermediaria que movilizó Naval.

La actriz nos preguntó si queríamos la foto por separado o juntos. "Me conformo por ahora con el trío" -contesté con la rapidez con la que se dicen las estupideces". Así quedamos para la inmediata posteridad, esbozando nuestras profesionales sonrisas.

Ya le tengo dicho a Angel Naval y al hijo de Camuñas que en una próxima ocasión me apunten para un diploma, porque cada vez que me llevan al Sheraton me cargan un euro para los niños de Unicef por noche de estancia. Un grano no hace granero, pero si atendemos al nivel económico del donante, mis granos dan para varias hogazas de pan fino.

A sotavento: Padres y educadores, a la escuela

Hoy celebra España 30 años de las primeras elecciones democráticas. El país ha cambiado tanto, en su comportamiento sociológico, que resulta imposible reconocerlo y reconocernos. No solamente los individuos anónimos, quizá menos conscientes de la piel de serpiente que han (hemos) dejado atrás. La evolución ha quedad plasmada en las hemerotecas.

Por ejemplo, todos quienes entonces se dedicaban ya a la vida pública, salvo algunas excepciones, han evolucionado y adaptado sus ideas y comportamientos, liberándolos de los pelos de la dehesa franquistas y de aquellos extremismos que hoy lucirían mal en la vitrina de ambigüedades y crispaciones de teatro que buscan los votos más que las voluntades.

Por otro ejemplo, en relación con la consideración prestada a la mujer, la apertura democrática se movió en dos direcciones nada coincidentes: el destape, que sacralizó , hasta conseguir banalizarlo, el cuerpo femenino; y la ruptura del esquema de mujer esposa y madre, sometida hasta entonces a la autoridad del varón y dedicada al cuidado de la casa, los hijos y a procurar a éstos su primera educación.

Parece increíble, pero hasta 1975 las mujeres no podían abrir solas una cuenta bancaria, comprar un piso o aceptar una herencia; debían contar con el permiso marital o, en su caso, el parental, para casi cualquier cosa. La legislación civil, administrativa o penal, las consideraba, con sesgada interpretación romanista, débiles mentales.

Esto no impedía que al legislador le parecieran naturalmente proclives las féminas a los desmanes licenciosos, por lo que era aconsejable mantenerlas con la pierna quebrada. Se cumplía así un principio que la historia y la costumbre de los pueblos han hecho creer que es algo atávico: la estupidez femenina: "A tu mujer y a tu caballo, pégales; ellos sabrán por qué".

No sé bien analizar las razones concretas, pero me da que la libertad de la mujer y su (casi) igualdad con el hombre, ha traído como consecuencia la pérdida de autoridad en las escuelas, un efecto mariposa que se trasladó de los hogares a las aulas.

Los maestros se quejan de que no pueden domeñar a sus alumnos, convertidos por lo general en díscolos rebeldes, sin otra causa motivadora que cambiar la sintonía de sus ipods. Los padres se muestran dispuestos a saltarle a la yugular al profesor/a que ose poner por escrito que su hijo/a no es merecedor del aprobado general, aunque no sepa distinguir el Duero de Constantinopla, o un triángulo obtuso de lo obtuso que es defender que para tener buen curro no hace falta más que ser simpático y ser de buen rollito.

Mi propuesta es que, aprovechando la celebración de tantos años de progresiva libertad, se lleven a los padres con chavales (da igual que los hayan obtenido por las técnicas in vitro o como acto de placer) y a los educadores (particularmente, los que superen los cuarenta y cinco tacos), a las escuelas, para que vuelvan a ser alumnos. Y les pasen, comentadas, algunas películas de lo que sucedía en las aulas hace no más de 30 años. Porque la dictadura y la transición estaban mal, pero algo se puede aprender incluso del enemigo vencido. Especialmente, en la disciplina, el respeto y el aprendizaje educativo.

Los jóvenes lo tienen todo, pero no han podido apreciar el valor de lo que poseen, solo conocen su precio. Los jóvenes del 75 no teníamos casi nada, pero apreciábamos hasta la caja de cartón en la que guardábamos los zapatos que nos compraban cada dos o tres años (los más afortunados).

No añoro casi nada del pasado, pero me gustaría que a estos jóvenes que, por lo leído y creído, nos tendrán que pagar la pensión cuando nos vayamos jubilando, se les enseñara lo antes posible a distinguir la diferencia entre el saber que da satisfacción y el saber que sirve para comer. Para eso, padres y educadores tienen que ponerse antes de acuerdo en el mensaje. En mi opinión, merecería la pena.