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El blog de Angel Arias

Al socaire: Especulación sobre las características básicas del genoma social humano

Permítame el lector que empiece presentando a las dos partes de esta historia de presuntas incompatibilidades, y para facilitarle la lectura de lo que sigue, lo definiré desde el principio en términos genéticos.

Del lado paterno, están las aportaciones a la criatura (a la que pondríamos el nombre, si naciera, de Verdadero Desarrollo Sostenible) que provienen de las naciones industrializadas, es decir, el llamado Norte Global, que incluye Norteamérica, Europa occidental, Japón y Australia. En esta estirpe social, se sabe que vive en la actualidad la gente más culta del planeta (en promedio, y medida la cultura de acuerdo con baremos que no han sido normalizados aún) y con mayor nivel de vida (lo que se pone de manifiesto, fundamentalmente, ya que se mide la calidad de vida por el número de automóviles, cachivaches portátiles y contaminación) .

Del lado materno, provienen los alelos genéticos del Sur global, en el que se agrupan los países en desarrollo de Asia, Sudamérica y Africa. Estos paisanajes provienen, en su mayor parte, de antiguas colonias de los del primer grupo, hijos putativos que se pretendieron viables -y que, antes de entrar en contacto con los alelos paternos, sin duda, lo eran-, pero que se han demostrado estériles, con perdón. En las zonas en donde se asientan se encuentran hoy las mayores tasas de incultura, desempleo y muy altos déficits industriales (medidos, hay que admitirlo, de acuerdo con lo que entienden por industrialización los países del Norte). 

Los que hemos identificado como los machos del apareamiento simbólico, tienen la mayor parte de los recursos materiales. Los segundos, o sea, las hembras, tienen el 75% de la población mundial. En consecuencia, unos están en situación de aportar, si la coyunda se realiza en términos socioeconómicos, preferentemente,  mano de obra barata y materias primas. A los otros, lo que les viene mejor es obtener el mayor rendimiento a su capital, colocar sus productos acabados a los precios más altos posibles, e incluso, que se les absorbieran sus producciones excedentarias de alimentos,  (situación esta última que, pese a ser casi increíble, es real debido a la capacidad de los padres para obtener altos rendimientos agrícolas con sus técnicas nada sofisticadas).

La reiterada combinación de ambos elementos genéticos ha producido, en cada época, y desde hace ya varios siglos, resultados muy variados, aunque, en general opinión, los hijos que habidos en los diferentes períodos históricos, han salido socioeconómicamente deformes, y,  con mayor o menor rapidez, se evidenciaron como inviables y acabaron muriendo, matándose o destruyéndose mutuamente. El padre y la madre estuvieron al acecho siempre para ahogarlos mientras dormían un plácido sueño, por lo demás.

Cuando Ortega y Gasset analizaba los comportamientos colectivos humanos, ya intuía que las masas no tienen los mismos móviles que los individuos aislados. El se refería a las masas pequeñitas, y yo, que tengo el malhumor algo más evolucionado, hablo de las masas grandes, del mundo global.

Hemos avanzado, entre tanto, mucho en el conocimiento del genoma humano. No parece, sin embargo, que esté igualmente adelantada la calificación del genoma social humano, es decir, el análisis de las características básicas de esa macro-entidad con pretensión de vida propia que es, justamente, el género humano, pero cuya viabilidad está permanentemente amenazada.

Se trataría de encontrar los puntos de coincidencia entre los intereses paternos y maternos que les permitirían al avanzar juntos, aparearse y tener hijos viables. Es decir, tener un futuro común en paz, y crear una filiación estable.

Quizá si estudiáramos en profundidad la estructura de estos bloques, con los actuales métodos de investigación y la dosis de imaginación imprescindible, podríamos obtener consecuencias hasta hoy desconocidas. Los métodos de inseminación derivados de los modelos capitalistas, así como sus antagónicos, los materialistas dialécticos, y sus diferentes variaciones de color, se han demostrado (aunque siempre quedan nostálgicos que repiten obstinadamente el modelo)  insuficientes para tener ese éxito duradero. 

Invito a los investigadores a que hagan sus propuestas y las ensayen en el laboratorio. Creo que podríamos tener algunos clientes particulares dispuestos a pagar por la fórmula: aventuro algunos nombres: Los Clinton, los Kennedy, los Kaczinsky, los Kirchner, los Royal (ahora ex-), los Aznar, los Hilton, los Mubarak, ..., las familias imperiales y reales del planeta, ...etc.

Pero, en realidad, creo que todos deberíamos aportar algo para fomentar la investigación y premiar a los descubridores, si es que la investigación se emprende y, por supuesto, si se alcanzara alguna vez el éxito. Habría que formar equipos de trabajo humano que procedieran de ambas zonas del planeta azul, representantes del padre y dela madre que solamente estuvieran dirigidos por el afán de encontrar la solución, no una componenda. Y el laboratorio, por supuesto, solo debería instalarse en los terrenos de la Etica. Primero, en fin, hay que encontrarlos.

A sotavento: O Courel: paisaje, piedras y dinero

ADEGA, la Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galiza, viene solicitando apoyo popular para impedir lal explotación a cielo abierto en los montes de O Courel, entre Lugo y Ourense, España. ADEGA, que en gallego y portugués significa bodega, que es lugar en donde se elaboran y guardan los vinos y, también, el espacio del barco en donde se transporta la carga, es una activa y señera organización ecologista que trata de mantenerse como políticamente independiente en el mar siempre proceloso del ecologismo practicante. Desde hace unos dos años está presidida por la catedrática Adela Figueroa, geo-bióloga, por dimisión de Xuan Duro, de militancia confesada.

La batalla principal que libra ADEGA en la actualidad se desarrolla allá por las montañas de la Galicia profunda, en mi segunda tierra, en el Courel (o Caurel), porque parece que, como su nombre indica, sigue todavía albergando oro en sus entrañas. Desde hace siglos, todo el mundo lo había ignorado, menos las meigas, que seguían haciendo su labor entre fragas y frondas, y algunos -pocos- hombres y mujeres.

Los habitantes de esta comarca, olvidados entre los olvidados de España, vivían arrastrando su marginación y su mísera vida, cuidando aquellos bosques en mancomún que les daban castañas y fuego para el duro invierno, criando cuatro reses,  bravas por su resistencia al frío, y unos cerdos que veían poca luz en su vida, y que se sacrificaban para San Martiño y en honor del condumio, haciendo jamones y chorizos que los apresurados viajeros que venían de la meseta hacia la costa solían decir que les sabían a gloria en los bocatas que engullían en Fonfría o Piedrafita do Cebreiro.

Pero resulta que el Courel es una montaña que los misterios y complicaciones de la orogénesis hicieron en buena parte pizarrosa de alta calidad. Así sucede también en otros muchos de los viejos montes gallegos, que albergan esquistos, neis, anfibolitas y cuarcitas, producto de la deformación de los materiales volcánicos y sedimentarios del comienzo de los tiempos, allá por el Paleozoico.

El Courel es uno de las más bellos paisajes de España. Pero si se quita la escueta capa de humus vegetal, donde se agarran árboles centenarios, se descubre el precio que cobijan los, hoy, invendibles y por lo tanto, sin valor económico de cambio, bosques de castaños: está formada por muy aceptables lajas de piedra, que lucen mucho cuando cubren las insulsas construcciones europeas, aunque no tanto como lo hacen en los musgosos teitos lucensesvu orensanos.

La cantera "La Campa", por ejemplo, instalada en Folgoso do Courel y explotada hoy por Cupire-Padesa (CUPA), tenía un problema: después de años de sacar piedra más o menos de estrangis, que es una técnica minera que a veces se utiliza -sobre todo, en los países dejados de la mán de Deus- aunque no se aprende en los libros, necesitaba con urgencia ser legalizada. No podía seguir comiéndose el monte sin contar con la preceptiva licencia, ni con el imprescindible estudio ambiental. Por imagen empresarial, por vergüenza propia.

La Xunta de Galiza está dispuesta a regularizar esa situación, porque las piedras traen riqueza y empleo a la sociedad, y la explotación de un monte abandonado, de belleza difícilmente igualable, (como casi todas las cosas que se mantuvieron alejadas de la mano del hombre sabio, ay), no habrá de contar con dificultades, por mucho que cuatro campesinos aletargados protesten y ADEGA y otras asociaciones de ecologistas con (para sus detractores, uy) oscuros intereses políticos hayan reunido, por ahora, apenas diez mil firmas.

Como ingeniero de minas, como amante de la naturaleza, como emocionable ante el paisaje, creo que debemos exigir que las autoridades administrativas no se dejen obsesionar por el presente. El presente pasa muy rápido, y lo que nos queda, después, entre las manos, si no lo hacemos bien, ya sabemos qué es: el vacío, lo destruído, el abandono, el caos. Hay que saber mucho, tener la cabeza muy limpia de injerencias y contar con muchas opiniones, para valorar adecuadamente los activos y los pasivos de la minería.

Salvemos O Courel. Hay muchos otros sitios donde extraer unas cuantas láminas de pizarra para que la utilicen como decoración en las casas de quienes podrán pagarse un par de toneladas de piedra, pero no pueden pagarnos lo que cuesta el paisaje de Galicia, si lo destruímos para siempre.

Jugando en corto: Eso del orgullo gay me suena a old-fashioned

Desde hace unos días, y hasta el domingo 1 de julio, se celebra en Madrid  -en torno a la fecha del 28 de junio, en que se produjeron en 1969 los disturbios en el Stone Wall, un tugurio del barrio homosexual de Nueva York-, la exaltación del orgullo gay europeo.

Vengo de las cavernas del tiempo, en las que no había homosexuales; quiero decir, no existían de forma reconocida. Pero, si repaso las crónicas y apelo a mi memoria, es que tampoco había muchos, en realidad. Con el paso de los años, me enteré, generalmente por  casualidad o porque me lo dijeron ellos mismos en una noche de copas, que un par de aquellos jóvenes con los que había compartido estudios y deportes, tenían esa "tendencia". Jamás nadie de mi propio sexo se me insinuó, y he vivido satisfecho de mi condición heterosexual nunca puesta en duda, sin que se me pasara por la cabeza sentirme orgulloso de serlo.

Lo digo ya: Nunca entendí eso del orgullo gay (gay pride), así que mal voy a entenderlo ahora, en el declinar de la edad. He admitido, porque venía avalado por sesudos estudios, que la mayoría de los homosexuales, hombres y mujeres, lo son por tendencia natural, por pura esencia genética. Sigo creyendo, en mi fuero interno, y coincidiendo con mucha gente, que en el trasfondo de muchas de las manifestaciones homosexuales, hay un problema grave de afectividad, un trauma infantil no resuelto. Por eso, los homosexuales -más los gays que las lesbianas- tienden a exagerar, quieren que se les quiera.

¿A qué diablos viene esto?.  Pues a que a mí, como a casi todo el mundo ya, tanto los crecidos en la tolerancia como los trasladados a ella, las manifestaciones de cualquier tipo de tendencia sexual me traen al pairo, siempre que no afecten a terceros. Puedo tener mis ideas, y mi apreciación, al respecto de las raíces, influencias y entresijos del poder homosexual (gay power). Puedo hablar de un cierto tufillo a dominación y selectividad por parte de algunos homosexuales frente a otros. Pero no diría nada original, no se me ocurre nada que no pueda detectar cualquiera por sus medios. Así que me callo en este punto.

Como observador de la realidad que me rodea, conozco, por tanto, acerca de las presiones, los goces, las sombras, las manifestaciones de exarcebada sexualidad y culto al cuerpo de algunos homosexuales. También valoro la sensibilidad, la creatividad, la capacidad de desprendimiento de muchos de ellos, que colocan al colectivo de gays y lesbianas, en esos aspectos, y sin haber hecho estadísticas, por encima de la media de los seres humanos.

Por supuesto, tengo amigos en esos "colectivos", amigos y amigas a los que quiero. Las comillas las pongo para significar que no los considero, en realidad, un colectivo, porque no acabo de encontrar las razones de su homogeneidad. No sé apreciar en qué son diferentes, si les quito el barniz y los afeites sentimentales que una parte de ellos se esfuerzan en ponerse. Veo a seres humanos iguales a los otros.

No se me ocurre, por ejemplo,  cómo habría que interpretar el mensaje "de gastar el tiempo de estos días haciendo todo lo posible para ganarse la condenación eterna", como aconsejó a los homosexuales Mariola Fuentes -¿solo a los homosexuales? y ¿cómo se gana la condenación?... ¿no es un mensaje old-fashion?-. 

¿Qué es lo que hace hoy a los homosexuales en España y en los países en donde se admite esa tendencia sexual, que se sigan considerando un colectivo?. ¿Qué es lo que no pueden hacer, qué les une, en qué son marginados? . 

Como es sabido, se han casado hasta ahora, regularizando su situación legal, -y, no en última instancia, protegiendo mejor su futuro ecónómico como parejas de hecho-, más de 3.000 parejas de homosexuales en España. Tampoco me parecen muchas, aunque se afirme que hay unas 10.000 parejas en trámites de casarse en  nuestro país. Qué pocas son, ¿verdad?. Reflejarían una escasa estabilidad afectiva dentro de una tendencia que afectaría al 15 o 20% de la población (¿5 a 7 Millones de personas adultas en España?)

Ni qué decir tiene que me parece abominable que en algunos países( 70, dice Amnistía Internacional ) se siga persiguiendo por ley a la homosexualidad, incluso en alguno de ellos, con la pena de muerte. Pero esa es otra batalla.

Por eso, me temo que eso del orgullo gay está ya pasado de vueltas. Los heterosexuales, y casi todos los homosexuales (si no me equivoco en mi vocacíón de demógrafo aficionado), agradeceríamos que, ahora que ya hemos admitido todos que los homosexuales son seres normales, se comportaran como tales, y, una vez salidos de los armarios, se pongan la ropa de andar por casa, y se sientan cómodos, sin exagerar ya sus notas y sus trinos. Planteémonos conjuntamente, heteros y homos,  prioridades. 

A sotavento: Organismos multilaterales en crisis

En todas las grandes organizaciones, se aprecian dos fenómenos muy generales: tanto los mastodontes públicos como los privados se parecen, tendiendo a parecidos excesos de burocratización; y, desde un cierto nivel jerárquico hacia abajo, los empleados actúan de forma bastante autónoma, identificándose frecuentemente con principios que conformarían una entidad distinta a la que creen dirigir (a veces ni éso) las cúpulas directivas.

Inercia, saber hacer y pundonor profesional de la plantilla operativa son los grandes baluartes del aceptable funcionamiento de las empresas y organismos. También, por supuesto, de los organismos multilaterales.
 El principio de Dilbert, por su parte, encontraría igualmente aplicación, al menos por los analistas maliciosos.

Una peculiaridad de los organismos multilaterales es que están influenciados por las tensiones político económicas mundiales mucho más que las entidades locales. Son objeto de críticas –y apoyos- que no tienen que ver exactamente con su eficacia, sino con los intereses en juego, considerados a niveles macroeconómicos.

En el caso de las instituciones gemelas creadas en Bretton Woods -el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional-, el rigor con el que se cumplen los vaivenes del prestigio/desprestigio es fruto, tanto de su origen keynessiano como de la huella de la política exterior norteamericana. Suben a los cielos (en donde estaban, hasta hace poco tiempo, muy bien asentados) y entran en crisis de identidad (como en el caso actual)  al unísono.

Otras organizaciones, como es caso de la Corporación Andina de Fomento (CAF), se mueven a niveles económicos y regionales más discretos y, por ello, aunque están también inmersas en graves dilemas internos y tengan quizá aún más problemático que sus hermanos mayores recuperar sus fondos -el primer accionista y destinatario de fondos de la CAF es Ecuador-, ofrecen menos interés para los medios.
 

Roberto Savio, prestigioso consultor internacional, ha realizado hace un par de días un análisis estupendo de la situación, cuyos argumentos comparto.  Las crisis de los organismos multilaterales surgen, en el fondo, por el fracaso del modelo de globalización neoliberal que suponía la revisión de las políticas monetarias y apoyaba ajustes estructurales que minimizaran el poder del Estado, y que se venía aplicando como un catecismo. 

Llevados por la devoción a ese lema genérico, y siempre en beneficio de la diosa libre iniciativa, se aconsejó privatizarlo todo; obligar a que la gente pagase por cada servicio público; reducir gastos sociales a los servicios mínimos; y, en fin, se postuló que había que abrir de par en par las puertas a la inversión extranjera. Las recetas del FMI, según se reconoce hoy, provocaron la crisis asiática, de la que solo se salvó Malasia, por no seguirlas.
 

Porque una cosa es predicar y otra dar trigo. La implementación de una rígida política económica chocaba con las estructuras débiles de los países receptores, los entramados de corrupción e inoperancia y, desde luego, se encontraron con una fuerte protesta social, que llevó a la quiebra económica de muchos modelos. 

No soy el primero en afirmar que el libre mercado en una economía poco desarrollada favorece el aumento de las desigualdades.

Quedaba así, por otra parte, minimizado el papel controlador de las organizaciones internacionales. Porque si éstas defendían que el mercado era el rey, y que había que cobrarlo todo y devolver el dinero que se les prestara, los gobiernos de los países receptores no entendían la ventaja de permitir esa intromisión en sus vidas. Podían conseguir dinero menos exigente en otros lugares, favorecer sin tapujos a sus amigos locales, y concentrar las inversiones en lo más fácil y vistoso, sin atender a grandes planificaciones de dudosa eficacia electoral. Optaron, además, por hacerse los remolones para devolver el que le habían prestado los páises ricos.

A mí me da en la nariz que Rato, que es una persona inteligente y a la que profesionalmente admiro, ha dimitido de la presidencia del FMI, no solo para estar más cerca de su familia, sino para estar más lejos de la chamusquina. Siempre que se comparta, claro, que las fogatas que tenemos aquí, en España, se podrían apagar con extintores que están más a la mano.

Pero como no deseo que este comentario parezca frívolo, debo concluir que deseo que la crisis de los organismos multilaterales sea cerrada con seriedad y firmeza. Porque la aplicación del saber hacer de muchos de los profesionales de estas entidades, empleado en tutelar que se empleen de forma eficiente  los dineros que se presten -o incluso, regalen- para crear y remodelar infraestructuras en los países en desarrollo, me parece imprescindible y de muy difícil sustitución por otra alternativa. 

Al socaire: El rie(s)go de los campos de golf

La mención de los campos de golf, en especial en los debates sobre la demanda de agua en países con escasez, levanta ampollas. Un campo de golf de 18 hoyos y 40 Ha. que esté ubicado (o pretenda serlo) en la cotizada área mediterránea, tendrá un consumo anual en torno a los 210.00 m3, distribuído aproximadamente entre un 40% en los rafts y el resto (60%) en los greenes, calles y tees.

A mí me parece que el golf es un deporte muy singular para gente muy especial. Reconozco que no lo practico, pero en lo que veo, combina de forma peligrosa un ejercicio violento de los músculos de la espalda (riesgo de hernia discal), repetido unas 80 o 90 veces, con un paseo reposado por un campo semillano, de unos seis o siete km, y con unas cien agachaditas. Si se trata de hacer ejercicio para mantenerse en forma, conozco formas mejores.

Dicen orgullosos desde la Federación española de Golf que hay  casi 400.000 federados en España en este momento (más que futbolistas) pero esta afirmación conduce a un espejismo: la gente no se federa para jugar al fútbol. Cualquiera puede ver en no importa qué lugar a niños, adolescentes o adultos jugando a la pelota. A muy pocos golfistas (seguramente, a ninguno en su sano juicio) se les ocurriría sacar su palo y golpear la bola para meterla en el ojo de una alcantarilla o en un agujero de los que deja la máquina tomamuestras del asfalto.

Los partidarios del golf, incluídos los alcaldes de las localidades que quieren disponer de uno de ellos como segura fuente de riqueza, por su atracción del turismo de élite al municipio, se deshacen en elogios respecto a las ventajas de esta actividad que califico de mixta: "deportivo-otracosa".

Hay quienes dicen que es un  medio estupendo para hacer negocios mientras se camina de forma relajada; otros dicen que es una forma de obligarse a hacer ejercicio; no faltan quienes lo califican de algo apasionante hasta la obsesión. Incluso afirman que es una forma de recuperación de paisajes, crear estética, fijar o atraer fauna y recuperar y aumentar la vegetación. Todo estaría bien si el acceso a esos idílicos parajes fuera público y la densidad de ocupación de los mismos alta, pero hay que preguntarse: ¿cuántas personas visitan a diario estas 40 Ha? ¿De qué nivel socioecónómico provienen?

Aunque -¡ay!- todavía hay unos cuantos campos de golf en España que tienen concesiones para utilizar aguas subterráneas o fluviales, se impone la obligación de utilizar agua reciclada de las depuradoras para el riego de estos campos. Me parece esta condición, que incluye la Ley de reutilización de aguas residuales en los campos de golf, no solamente muy bien, sino éticamente obligada.

Incluso lanzo algunas sugerencias adicionales:

a) que el precio de las aguas recicladas sea un precio establecido por el mercado en relación con otros usos alternativos a las mismas, y que se priorice, en este caso sin tener en cuenta el mercado, la recarga de acuíferos o la obtención del caudal ecológico en ríos y lagos;

b) que las calles de los campos se estrechen, ajustándolas a las medidas inglesas, ya que no se entiende por qué las de los campos españoles tienen que ser, en general, más anchas;

c) que los diseños de los campos sean realizados por golfistas y greenkeepers españoles y se utilicen cespitosas autóctonas y de bajo consumo de agua;

d) que se elimine la obsesión por obtener un campo verde, porque no debe primar la estética si pensamos en términos de un deporte que, en general, no tiene público, es decir, que no constituye un espectáculo (aunque aquí se me puede objetar que hay gente que mira hasta las cartas de ajuste);

e) que se estudie un campo de golf adaptado a climas semidesérticos y

f) que se procure el acceso libre a las zonas recuperadas para campos de golf y entorno, convenientemente protegidas para evitar pelotazos (en sentido real, no figurado).

Cuadro comentado: Cliente americana y servicio a la carta en Panama

Cuadro comentado: Cliente americana y servicio a la carta en Panama

La escena la sorprendí en el Hotel Hilton, en Panamá, en donde yo estaba esperando a unos amigos. La cliente americana leía indolente una guía sobre la ciudad, mientras el camarero le servía una bebida refrescante. Yo había visitado en la mañana el entorno del lago de agua dulce del que se alimenta el canal de Panamá (lago Gatún). 

Era el año 1995, y como mis amigos se demoraban algo, fui tomando un apunte detallado de una escena que se repitió varias veces (algo no le gustaba a la cliente, la idea de perfección del camarero le exigía niveles incomprensibles a terceros; el empleado trataba de seducir a la americana...). Lo que más me apetecía era plasmar que aquel morenito solícito aportaba, sin conseguir llamar la atención de la absorta americana, una combinación creciente de paisajes y atenciones en su bandeja.

No veía yo las casas heterogéneas que se alineaban descuidadas sobre la -entonces, al menos- muy contaminada Bahía. Me apetecía situar a ambos en un paisaje más acorde con mi estado de ánimo, y quise también reflejar dos stuaciones que parecían vivirse independientemente. El camarero miraba ora la copa impoluta, arreglaba una esquina del mantel, traía más snacks y ofrecía más atenciones. Mantenía una actitud que era simultáneamente, diligente y profesional, pero también personal, física (servía desde el corazón). La turista, solitaria,  solo tenía ojos para su diminuta guía de bolsillo. Aparentemente.

¿Qué pensaban ambos sobre cómo terminaría la escena? ¿Qué podría unirlos?. Tal vez mi pintura. Cuando regresé a mi estudio, realicé el cuadro, trasladando del apunte, con cuidado y profusión de colores, mi impresión de la escena. La chaqueta de colorines del empleado, muy vistosa, se confundía con el fondo del cuadro y con el trasfondo de naturaleza a la carta que también me transportó a mí, que me recordé sorbiendo mi daikiri y dibujando con mis lápices de colores un par de silencios llenos de palabras.

El cuadro será expuesto en Oviedo, en la exposición que tengo programada para el día 15 de julio y es significativo de mis pinturas de la época 1994-2000.

Le he puesto un precio de 1.500 euros, aunque para mí tiene un valor sentimental incalculable. Pero los pintores sabemos que desprendernos de las obras que amamos es una manera de comunicar a otros las sensaciones que nos hicieron estar vivos.

Jugando en corto: Hagan ruido, señores

La Ley 37/2003, conocida como Ley del Ruido, apelando entre otros, a los derechos constitucionales de protección a la salud (art. 43) y medio ambiente (art. 45), por no decir a la intimidad personal y familiar (18.1), se ocupa de "prevenir, vigilar y reducir la contaminación acústica".

Ya la propia Ley se cura en salud (acústica) al dejar fuera de su ámbito a los ruidos domésticos, con la larga cambiada de que habrán de someterse a las reglamentaciones y usos locales. Como muchos Ayuntamientos andan ocupados en cosas más urgentes que la salud de sus vecinos, son muchos los municipios españoles que no tienen ninguna ordenanza al respecto.

No es el caso de la ciudad de Madrid, que dispone de una magnífica Ordenanza, pero que no parece estar en disposición de hacer cumplir.

Los ejemplos de vulneración de los niveles de ruido son, en esta ciudad en donde vivo, infinitos. No hay ni siquiera problemas en hacerlos ostensibles, pues en algunos lugares se han colocado incluso medidores acústicos que revelan a las claras los niveles de agresividad en decibelios a los que estamos sometidos.

Cada uno tiene su cruz particular. Desde hace ya un par de semanas, y bajo el sugerente lema "Trabajamos por tu ciudad", unos operarios de alguna de las muchas empresas contratistas que trabajan, en realidad (según sospecho) para incrementar sus beneficios con los impuestos ciudadanos, está perforando por enésima vez y con un ruido incalificable, pero por encima de lo estruendoso, las aceras y calles de mi barrio.

No sé lo que pretenden. Ignoro por qué emplean martillos perforadores y maquinaria de la edad de piedra. Me pregunto porqué no se molestan lo más mínimo en reducir sus molestias. Está claro que han pasado a mandar en este barrio, con el aval de la autorización municipal para hacer unas obras que nadie que yo conozca ha pedido. Empiezan su trabajo puntualmente a las ocho de la mañana y lo abandonan a las siete de la tarde (o incluso después), cuando los oídos de los residentes y de quienes trabajamos aquí están deshechos.

Tienen muchos colaboradores, estos y aquellos emperadores del ruido. Espoleados por la falta de atención municipal, y utilizando la técnica de la pinza acústica, dos clínicas concertadas, sobre todo entre sí mismas, y cuyo nombre silencio porque estoy en proceso judicial con ellas, se dedican a hacer continuas y, en mi opinión, caprichosas, obras de demolición y remodelación de sus dependencias -supongo que en buena parte con dineros públicos-. Incluyen estas elucubraciones arquitectónicas, la ejecución de ascensores para minusválidos, a los que me pregunto, conociendo sus especialidades, a qué procedimientos y tratamientos pretenden someter.

Esto, por supuesto, si han conseguido llegar hasta unos lugares asistenciales que son, por encima de todo, máquinas de hacer dinero privado, pues los destinatarios de los ascensores habrán de sortear una ciudad que está llena de trampas para todos sus habitantes (y no digamos,por ello, el martirio que supone para los handicapados), Parecen también estar obsesionados los realizadores de esas obras aleatorias en provocar el máximo ruido posible, a los pacientes (sufridos dolientes que supongo no estarán precisamente encantados de contar con esa tensión emocional suplementaria) y a los vecinos (ignorados aún más, precisamente por estar próximos).

Por las noches, mis vecinos ruidosos, por supuesto y hasta donde tengo conocido, sin contar con las licencias preceptivas -porque no hará falta molestarse por minucias, supongo-, nos obsequian con una parafernalia acústica de lo más variada: descarga de oxígeno líquido infringiendo varias medidas de seguridad, accionamiento de ruidosas torres de refrigeración situadas a la altura de viviendas vecinales e incumpliendo las distancias mínimas, sonidos de alarmas y ulular de sirenas de ambulancias.

A mi me apetecería, en medio del ruido, alzar mi voz para reclamar más respeto hacia los demás, pero ¿me oiría alguien?  

Jugando en corto: Lo que nadie nos dice sobre las desaladoras

Tendré que empezar este comentario, indicando lo que resulta conocido: España tiene más de 1.500 km de costa y, como la mayor disponibilidad de agua en la Tierra existe en los mares y océanos (prácticamente el 97% del agua total), nuestro país está bien situado para aplicar las tecnologías de desalación.

A lo largo de los últimos 40 años, el consumo energético del proceso de desalación ha disminuído drásticamente: desde los 22 kwh/m3 de 1970 (tecnología MSF) a los 3,5 kwh/m3 (tecnología RO) en 2005. Desde la instalación de la primera desaladora en España en 1965, en Lanzarote, hasta las que se encuentran ahora en construcción, ha habido un importante cambio cualitativo.

El Programa AGUA prevé completar la instalación de 852 desaladoras en el período 2005-2010 (es decir, 105 nuevas construcciones). El parque español era de solo 140 instalaciones en 2005; es decir, el auge de esta tecnología es muy reciente, y tiene su abrigo en el cambio de estrategia respecto a los trasvases aplicado por el gobierno de Rodríguez Zapatero, cuya portavoz ambiental es la ministra del Medio Ambiente, -y hoy también responsable de la agrupación del PSOE en Madrid-, la polifacética Cristina Narbona.

El número actual de desaladoras en funcionamiento es de 700 unidades, de muy variados tamaños, totalizando la producción de 1,2 Hm3/día (esto es, unos 430 Hm3/año,  equivalente a un promedio de 0,6 Hm3-año/depuradora), de los que un 65% trata agua marina (el resto, aguas salobres). La inversión estimada en las nuevas desaladoras es de 3.900 Mill. de euros (un promedio de unos 38 Millones de euros por planta), y supondrá la aportación adicional de 1.100 Hm3/año (10 Hm3-año/depuradora, aproximadamente veinta veces el tamaño de las ya instaladas).

¿Qué supone, pues, la aportación total de las desaladoras, respecto a la demanda total de agua en España?. ¿Qué perspectivas tiene esta tecnología en cuanto al futuro? ¿Justifica su empleo el cambio en las directrices de ordenación territorial de la costa?. Y finalmente, ¿quiénes son los beneficiarios?.

La demanda total de agua en España es de unos 35.000 Hm3/año, de los que el 65% se destina actualmente a la agricultura. El consumo aparente en nuestro país es, por tanto, inferior a los 1.000 m3/hb-año y, para tratarse de un país con base agrícola tan elevada, no me parece excesivo, aunque, por supuesto, se puede disminuir modificando el tipo de riego (pasando, donde sea posible, del riego a manta, por el riego por goteo). Habría que estudiar cómo afectan esos cambios a la recarga de los acuíferos.

Con agua desalada se pretende cubrir, en fin, el 4% de las necesidades globales de agua. Una cantidad muy reducida, referida al contexto global, y forzosamente concentrada en algunos lugares. El coste de adquisición e instalación de tuberías para aproximar el agua tratada a los centros de almacenaje próximos al consumo puede suponer los 600.000 euros/km (para transportar, siempre en grandes cifras, 1 a 2 m3/s), a lo que hay que añadir el coste de la distribución en baja.

Considerando la recuperación de las inversiones en períodos máximos de 10 años, el coste de m3 de agua producida por desalación, es, actualmente, superior todavía a 1 €/m3, acercándose, sin embargo, al precio medio del agua en España que, según datos de la AEAS fue de 1,17 €/m3 en 2005; no se incluyen los costes de gestión de las desaladoras, ni el beneficio y gastos generales. En otras ocasiones he cuestionado la utilización de los datos de AEAS como representativos de la media de precios en España (porque ha de ser bastante menor, pues hay muchos servicios, particularmente en poblaciones pequeñas, que no llevan aún el control de sus gastos correctamente), pero esta es la información más aceptada y difundida.

Solamente el abastecimiento urbano y las industrias pueden permitirse pagar estos precios. En el caso de las industrias, la recuperación del agua contaminada a niveles de admisión en la red pública puede suponer, sin embargo, multiplicar por 4 (y aún más) los costes de la depuración de aguas residuales urbanas típicos.

La tasa por el uso del agua para usos agrícolas que prevé el borrador de la ya atrasada "Nueva Ley del Agua" es de 0,002 €/m3 (que supondría un extracoste para el campo de unos 40 Mill €/año), y la representación de regantes a nivel nacional ya anunció que esa carga producirá desequilibrios. Qué decir si el campo tuviera que pagar el mismo precio, en competencia con el agua para otros usos.

Digámoslo claro: la desalación es un procedimiento técnicamente viable, muy interesante para solucionar problemas de abastecimiento en la costa o sus proximidades, pero su ubicación incontrolada favorecería una ordenación caprichosa del territorio, consolidando por otra parte las aberraciones urbanísticas que se han producido en la costa.

Urge un modelo de gestión integral, solidario, del agua, y la introducción y subsecuente control de unos pocos elementos básicos: el apoyo a la deslocalización territorial, la protección del medio ambiente a ultranza, la penalización por usos suntuarios, y el mantenimiento de la actividad agrícola como factor de asentamiento poblacional.