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El blog de Angel Arias

Dibujo Comentado: Tres tristes tigres gateando en un salón (1998)

Dibujo Comentado: Tres tristes tigres gateando en un salón (1998)

Se trata de un dibujo sencillo de factura, en formato DIN A-1. Representa, de forma esquemática, a tres personas: dos mujeres desnudas, y un hombre vestido, aunque la observación más atenta permitiría ver que los contornos de las figuras están entrelazados, siendo imposible dilucidar a quién pertenecen las piernas situadas en medio del grupo.

Como en la mayoría de mis dibujos y pinturas, el título pretende dar una clave poética o añadir una sugerencia para la comprensión de la escena. Aquí, "los tres tristes tigres" se mueven en un espacio reducido, "un salón", y están haciendo algo que disminuye notalemente su calidad de fieras: "gatean". La referencia al trabalenguas infantil o a la conocida novela de Cabrera Infante parece ser casual: los tres personajes del dibujo están, sencillamente, tristes de verdad, y su fiereza presumible está domeñada por el aburrimiento.

Las figuras se han convertido, en fin, en objeto estético del salón por el que se mueven: el sofá que los une forma parte también de sus cuerpos, que se abren como ventanas en las que unos hacen la prospección del porqué de los otros. Las manos de todos ellos, en un juego de señales cuya interpretación dejo a la imaginación del espectador, componen una estructura de paralelismos y vías de escape que me ha parecido sugerente.

Es un dibujo a lápiz y tinta china, realizado con muy pocos colores. Podría parecer un apunte.

Jugando en corto: Master universitario español busca

Hace ya algunos años que se firmaron los acuerdos de Bolonia, por los que los gobiernos de la Unión Europea se comprometieron a hacer realidad la plena movilidad de sus graduados universitarios dentro del espacio de esta agrupación de comerciantes con ideas de grandeza.

Se trataba, ciertamente, una revolución. Hasta entonces, al menos en lo que afectaba a España, nuestros titulados no tenían ningún problema en trabajar en las más prestigiosas universidades extranjeras, integrándose en los equipos de investigación más afamados, en donde se les acogía, por lo general, con los brazos abiertos. Esto ha de cambiar, y ahora los egresados alemanes, franceses, ingleses o polacos (por ejemplo) no tendrán problemas en competir con nuestros, si no lo remedia nadie, cada vez más ignorantes, titulados; eso sí, con equívocos nombres con los que enmascaran su inferior ciencia.

Como ingeniero, e incluso como jurista, puedo afirmar por mi propia experiencia que no tuve ningún problema para ser Gerente en una empresa alemana, pertenecer a la Deutsche Ingenieur Verein o a la Association des Laminoirs, colaborar con abogados norte- y sudamericanos, realizar auditorías en Túnez o en Chile y hasta pude hacer mis pinitos como investigador de un cierto empaque, cuando estaba de moda analizar los índices de embutición de hojalatas y chapa fina. 

No es por presumir. Si alguna vez tuve problemas, fue más bien para que me reconocieran mi cualificación en la variopinta fauna española, en donde compiten, alardeando de tener las mismas plumas, ingenieros técnicos con superiores, graduados sociales con licenciados en derecho, periodistas de Universidad con simples aficionados a combinar letras, etc, etc.

¿Y qué decir del título de doctor?. Los ingenieros de mi generación lo tuvieron más difícil, porque, con el cambio de plan, el legislador decidió hacer doctores, a cambio de una redacción técnica, a todos los que habían sufrido el Plan antiguo. A los que terminamos en 1970 nos exigieron tres años más de discencia y realizar una tesis que, además de suponer dedicación prácticamente absoluta, solo garantizaba, a la postre, poder añadir las letras Dr. en la tarjeta de visita, y aún ese alarde de presunción estéril debías de ahorrártela frecuentemente, porque si tu jefe no era universitario, daba instrucciones generales de que debería figurar solo el cargo.

La Universidad parece que ha descubierto, entre tanto, su verdadera función social, que sería la de fabricar títulos baratos para que los egresados se las arreglen luego como puedan. Por eso, creo que tampoco merece la pena consumir mucho tiempo en decidir si bastará ser master para tener acceso al ejercicio profesional o será necesario optar al grado, o sería mejor llamar directamente al primo de Zumosol para que nos emplee.

Comprendo que rectores y profesores, decanos de colegios profesionales y, por supuesto, las administraciones públicas -en donde andan empleados tantos titulados de grado medio- anden a la greña para decidir si los llamamos galgos o podencos, pero la sociedad civil hace tiempo que se ha dado cuenta que un título en España vale poco, salvo los que se emiten por cuatro o cinco centros de prestigio. Así que, jóvenes que no mancháis vuestros libros de estudio ni con sangre ni con bilis, si vienen los egresados de casi cualquier lugar de Centro Europa  hablando inglés, dad por seguro que os birlarán el puesto con un par de sonrisas, superando la selección cum laude.

No sería necesario, además, sino observar los títulos universitarios de los presidentes, consejeros delegados y directores generales de las más importantes empresas españolas. Triunfan por goleada los licenciados en Derecho, con un máster en Administración de Empresas, combinado con el prestigio de ser hijos de familia. Se cuela algún perito -habrá que preguntarse cómo llegó ahí- y, excepcionalmente, puede que llegue a la alta cima un intitulado, aupado se supone en los ladrillos.

Los que acumularon títulos de un obtener más trabajoso, los que se estudiaron los programas de cabo a rabo con empeño, debieron quedarse en los filtros inferiores de la pirámide de autoridades y salarios. Quizá andan por los sótanos investigando cosas raras, defendiendo nuestros índices de creatividad, que, según voz común, es lo que les gusta a los crédulos más listos del sistema.

Habría que impedir que los cerebros piensen durante los próximos veinte años (se lo aplicaron a Gramsci, con parecidas palabras; eran otros tiempos, claro). Prueba superada.

A barlovento: La inteligencia como introducción a la noosfera digital en la visión de Jose Antonio Cobeña

Hay un universo, que algunos dicen virtual, que se está construyendo con los sólidos ladrillos de la necesidad de comunicar, de saber e interactuar. En sus espacios, muchos aún por explorar, se van afincando las tiendas de campaña de los que va llegando, y a menudo los asentamientos se realizan al margen de lo trillado, allí donde pocos se aventuraron a estar, y si lo fueron, vagaron por sus respetos como les vino en santa gana. 

Quien se adentra en ese espacio, no va buscando el oro, ni se trata de descubrir ninguna tierra prometida. No hay planos -en todo caso, vagas indicaciones-, no hay promesas de Paraísos ni goces terrenales -aunque no faltan quienes sueñan con hacerse algo menos pobres excavando en los acotados virtuales, buscando raras monedas de oro publicitarias, que otros desdeñan sin dudar-.

Para tranquilidad de escrúpulos, no hay indígenas a los que arrebatar sus propiedades; si acaso, merodea algún alienígena buscando comida entre los restos, canivalizando lo que otros idean. Eso sí, hay que batallar contra millones de virus, cada vez más potentes, para los que hay que renovar a diario las mosquiteras, y, aún así, estamos todos infectados de un paludismo crónico. 

Es  difícil explicar el atractivo de este espacio. Porque si el riesgo es alto, el premio es improbable, indefinido, tardo ; incluso, impretendido. La amenaza de amanecer con el campamento destruido está siempre presente; la gloria, si llega, será probablemente efímera.

Mientras tanto, imparable, esta comunidad de esforzados no solamente crece, sino que mejora sus calidades, genera interacciones, se afianza. Se producen sindicaciones robustas entre ellos y, desde algunos lugares, a modo de montículos, se alcanza a ver más lejos y mejor lo amplio que es el horizonte: la libertad.

Ese espacio del que escribo es la blogosfera, que no es, por supuesto, coincidente con el conjunto de la noosfera digital, pero con el que tiene un subconjunto intersección la mar de interesante. Entre las satisfacciones que me ha producido este espacio virtual, la mayor, es haber descubierto nuevos amigos, gentes a las que solo conozco (de momento) por lo que escriben. Almas casi gemelas a las que no necesito poner cara ni ojos.

Uno de ellos, entre los mejores, es José Antonio Cobeña,  y hoy quiero rendir homenaje especial a su manera de juzgar la realidad, inteligente, sincera, libre. José Antonio ha publicado en internet un libro sobre La inteligencia digital y la noosfera. Solo he podido bajarme una parte, porque por algún problema del soporte de las comunicaciones, el envío se frusta sin llegar al final. Pero si aún no he podido leerlo por entero, por culpa de esas dificultades ajenas al creador, lo recomiendo ya; lo recomendaría incluso a ciegas.

Seguro que el recorrido de José Antonio por la noosfera que se manifiesta a través de las pantallas cibernéticas, hará disfrutar. No siempre se puede ir de la mano en el mundo de las días, conducidos por un guía lúcido, sereno, prudente, sabio.

A sotavento:Metáforas para después de votar

Cuando las diferencias ideológicas entre los partidos eran más señaladas y la inexperiencia con respecto a la participación ciudadana, más profunda, lo normal (hoy diríamos, lo cool) era manifestar desinterés por la política. En particular, empresarios, directivos y técnicos, proclamaban, a poco que se les implicara, su neutralidad, es decir, su aversión a que se les tomara por gente de izquierdas. "Yo soy un profesional; a mí no me importa quién gobierne, con tal de que me dejen actuar". Así hemos vivido algunos años.

Las declaraciones de indiferencia eran, sin embargo, falsas. Claro que importaba cómo se gobernara. A impulsos de la presión por cambiar las cosas, por actualizar y modernizar las instituciones, por abrir la economía, la cultura y los estamentos sociales a las mayorías, tenemos hoy en España una de las sociedades más tolerantes del orbe conocido, un sistema educativo de baja intensidad pero muy distribuído, y fórmulas de prestaciones sociales, sanitarias y hasta jurídicas, novedosas; caras, algo caóticas, pero democráticamente muy avanzadas.

Había, entonces -hablo de los setenta y ochenta, jóvenes-, miedo, por parte de algunos -los que cuidaban de no manifestar su opción para no arriesgar el condumio, puesto que se entendía que los que controlaban la economía real eran gente de derechas-, y ambición, por parte de otros -los que, sin importarles fundamentos, se arrimaron al ascua calentorra, modificando sus pelajes según soplaba el viento-; no faltaban, claro, los convencidos y leales a los principios, que los hay, tanto a las reglas del conservadurismo como de la evolución... La Historia muestra que han caído muchos, unos en brazos de Decepción y otros desaparecidos en beneficio de Desfachatez, Incuria, Envidia y Ambiciones Desmedidas.

Los políticos se han hecho profesionales al tiempo que los ciudadanos nos hemos convertido en escépticos. Si hay que manifestarse ideológicamente, a salvo de los militantes que han encontrado acomodo laboral, generalmente en las Administraciones públicas, lo aconsejable es hablar del tiempo.

Como resultó cada vez más difícil diferenciar izquierdas y derechas, los contendientes políticos se han refugiado en el calor de sus correligionarios y simpatizantes irreductibles, ya que los pesebres aportan plazas suficientes para llenar cualquier salón de actos, y tratan de llamar la atención del público que los ve por televisión a base de gritar y aparentar que se dan bofetadas, como en los combates de lucha libre americana.

En las elecciones municipales se nota mucho la dificultad por diferenciar los programas. Casi todos se copian, prometen el oro y el moro, e insultan al contrario, sacándole trapos sucios de la trastienda. No digo que no queden muchas cosas por hacer, pero las dificultades económicas para cumplir programas ambiciosos son evidentes.

Necesitamos gestores que trabajen en beneficio de los demás y no en el suyo, que movilicen equipos, creen ilusiones, y no tengan afán de notoriedad, sino -simplemente- capacidad y ganas de hacerlo bien.

Si estuviéramos en una travesía, ¿utilizaríamos solamente la mitad de la tripulación?. Si se levantara tormenta, ¿emplearíamos la mayor parte del tiempo en discutir si habría que dar media vuelta o encarar el temporal?. Si el barco tuviera una vía de agua, ¿nos preocuparíamos de colocar los adornos para celebrar el aniversario de su botadura?.

No soy tan estúpido para no tener claro que debemos seguir mejorando, o ignorar que los avances se consiguen principalmente a base de mejorar la productividad de todos y arrancando dineros y poder de decisión unilateral a los que los tienen, procurando encontrar fórmulas de distribuir los resultados del esfuerzo común, en mejorar la calidad de vida de los que más lo necesitan. El cumplimiento de ese programa elemental no debiera ser patrimonio de ningún partido político. Controlar que se cumpla es responsabilidad de todos. Como hace tiempo que no creo en las revoluciones, mantener la presión del cambio es fundamental para que avancemos, sin estrellarnos. 

Por eso, a la hora de votar, algunos vienen (venimos) eligiendo apoyar a minorías. No conseguirán gobernar en solitario, pero cabe la opción de que se mantengan vigilantes para guiarnos por la niebla entre los vítores y aplausos. Y cuando vemos que uno de los elegidos por los partidos mayoritarios lo hace bien, no nos cuesta ningún trabajo dejar lo que tenemos entre manos, y tenderle, con nuestra admiración, la alfombra de respeto y brindarle la colaboración más leal, el esfuerzo desprendido.

Jugando en corto: Leyendas urbanas y Asturianos en Madrid (ASMA)

Ya se sabe que las poblaciones que han crecido abigarradas, en donde llueve mucho y se sale con paraguas, y harto endogámicas por lo que casi todos son familia, son más dadas a especulaciones, dimes y diretes. Asturias es pequeña y está bien dotada de materia gris, así que es zona propicia para que crezcan los rumores, que, además, tienden a ofrecerse como productos elaborados, esto es, con muchos detalles, tablas, gráficos y referencias cruzadas.

El natural imaginativo del asturiano llega incluso a poner nombres y motes a las cosas que parecen inventados por el mismo Clarín. Cuando alguien hace circular sin mucho fundamento una especie y la hace moverse con garbo entre el asfalto, siguiendo la vía del boca-oreja, se dice que ha creado una leyenda urbana. Uno de los rumores que desde hace poco circula por Asturias, tomó el nombre de la Leyenda urbana de la nueva emigración.

Viene a decir esta especulación documentada que no existe un número alarmante de universitarios asturianos, nacidos entre 1970 y 1980, que hayan tenido que abandonar Asturias, después de haber estudiado su carrera, a causa de que no hubieran encontrado empleo en la tierruca. El punto de partida del silogismo es que, al fin y al cabo, los que se han marchado lo hicieron por cuestiones de simple movilidad: les apeteció viajar con el petate.

Lo que defendían (defienden) los opositores a la leyenda, que son, como puede colegirse de su simple enunciado, principalmente gentes empeñadas en demostrar que la cosa va bien (frase sin patente ideológica, porque la dice igual el de un lado que el de enfrente, con tal de que tenga el mando en plaza), era que de Asturias se marcha solo quien quiere. Hay suficientes puestos de trabajo para todos, o -para no parecer tan insolente-, el sitio de los praos y la picona anda por la mitad entre las regiones españolas en cuanto al paro universitario.

Hubo muchas voces críticas, y las más fundadas provinieron justamente de la Asociación de Asturianos en Madrid, ASMA, que agrupa a buena parte de los jóvenes inmigrantes en la capital, muchos de ellos con nivel universitario. 

Pablo Madariaga, artista al que aprecio, propuso un gran fotomontaje con las fotografías de personajes reales que cumplieran esa condición de edad y formación y hubieran tenido que marchar de la tierrina, para restregárselo en las narices a los que opinaran que no existía el problema. 
 

La polémica respecto a la existencia real o virtual de esa bolsa de inmigrantes forzados por la escasez de oportunidades en el Paraíso, nació de un estudio de la Universidad para el Principado de Asturias, dirigido por Joaquín Lorences, por el que se cifraba en 66% la tasa de empleo de los titulados, y se concluía que  «aguantamos cualquier comparación», ya que  47 de cada 100 universitarios trabajaban en Asturias.

Con esta base académica, el Presidente del Principado, Tinín Álvarez Areces, consideró que había que «acabar con la leyenda urbana de la emigración», lo cual fue interpretado en un primer momento por la dirección de ASMA, colectivo de gente dinámica y creativa, como que para los capitostes del Principado no existían como emigrantes, sino que eran una simple consecuencia de la movilidad y del dinamismo económico, y que se estaba haciendo política con ellos.

Tampoco parecía importar que un 33% de los trabajos que tenían los egresados de la alta docencia no correspondera al nivel de sus estudios. Cuando las aguas se hacían turbulentas, Juan Vázquez, rector casi perpetuo de la Universidad de Oviedo y presidente de la CRUE,  intervino en la polémica para poner unas notas de respeto a la situación de esos asturianos inmigrantes en Madrid.
 

No me importan ya mucho las estadísticas que puedan hacer mis ex-colegas de la Universidad, aunque sean amigos míos, obligados a hacer estudios sociológicos para sobrevivir, cuando la realidad que constato es que hay cientos, quizá miles, de jóvenes asturianos que se han venido a Madrid, porque no tienen empleo en Asturias. Tengo en mi propia casa varios ejemplos. 

Se podrían poner sobre la mesa muchas otras leyendas urbanas. Hay una que ha perdido actualidad, pero que la he sufrido en mis carnes, junto a varios nostálgicos que, con 30 años recién cumplidos, fuimos llamados a Asturias en los ochenta, después de haber vivido la primera juventud en el extranjero, con el irresistible señuelo de un magnífico panorama de futuro.

No fueron muchos los que se quedaron, porque, cuando nos dimos cuenta de lo que había y del lugar que debíamos ocupar los repatriados, bastantes hicimos el petate nuevamente. Creo que a alguno le hicieron hasta la cama, con su colcha de puntillas y todo. Sic transit Gloriae de quienes abandonan Asturias esperando volver algún día creyendo que la región les va a guardar el sitio y ponerles sillón de terciopelo.

Al socaire: Gómez-Acebo y Pombo y las implicaciones jurídicas de los negocios en Internet

El pasado 23 de mayo, en una Jornada con el tema "Negocios en la red, el gigante despierto", la firma de abogados Gómez-Acebo & Pombo, ha reunido a algunos de los más destacados promotores del negocio en la red: Jesús Encinar, (de Idealista.com);  Ignacio Tamarit, (Ebookers-Octopustravel); Bernardo Hernández, (nosequé de Google y algo también de idealista.com); y Javier Cebrián, (de Bonsai Venture Capital, socio de Antonio González Barros, con el que me intercambio spam selecto casi todos los lunes).

Fernando Pombo los ha mezclado con los socios del despacho, Luis Casals (organizador del evento) y Francisco Gil y, en conjunto, han analizado el futuro de los negocios que se hacen en la red digital, la forma de financiarlos y algunas de sus principales implicaciones jurídicas.

Este Comentrario no es una reseña de la reunión, porque no me invitaron, y, si lo hubieran hecho, no hubiera podido asistir. Me enteré de refilón, que es una manera un tanto modesta de estar al loro, casi al borde de me pasó desapercibo. A lo peor, con eso de la responsabilidad de las Bases de Datos, me han borrado de los archivos, y eso que tengo amigos y conocidos en el gigantesco bufete, con el que compartí Torre de Europa -cada uno en sus pisos- cuando yo trabajaba para FCC-Dragados Internacional de Servicios. Si leéis esto, colegas, actualizad mis datos.

Recuerdo que hace unos años, por acuerdo verbal con Francisco Peña, socio de Gómez-Acebo y antiguo letrado de la Sociedad regional de Promoción de Asturias, preparé una charla sobre La responsabilidad de los directivos de empresa desde la perspectiva técnico-jurídica, que no llegué a pronunciar. Por ahí debo tener el guión.

Habría que darle alguna mano nueva de pintura, claro.

Jugando en corto: Perder el juicio

Nuestra impetuosa democracia nos ha dejado, junto con su carga espléndida de libertades, unas cuantas rémoras y ha servido para introducir algunos peligros, de los que el más importante tiene mucho que ver con la dificultad práctica de definir los límites para el ejercicio de las libertades.

No hace falta acudir a los Juzgados para darse cuenta de la fuerte tensión pre-litigiosa de la que está imbuída nuestra sociedad. No es un fenómeno único de España, pero tiene que ver con la dificultad para reconocer, de forma autónoma, el daño que nuestras actuaciones pueden hacer al otro. Se complementa esta falta de sensibilidad con el aumento de las dosis de prepotencia por las que, quien además de suponer que tiene el derecho posee los medios económicos, está dispuesto a emprender el camino de la litigiosidad sin importarle lo que vaya a costarle.

Creo que es necesario revisar, de forma urgente, varias cosas. En primer lugar, tendríamos que hacer un esfuerzo más eficaz por educar a la infancia y a la juventud en la tolerancia y en la comprensión del otro. En segundo lugar, hay que incrementar los filtros -no necesariamente jurídicos- por los que se eliminen litigios basados en pretensiones que no tienen viabilidad, para evitar la sobrecarga de las Administraciones de Justicia. En fin, se debería ampliar la formación de los Jueces de Primera Instancia, en especial, en la práctica socio-jurídica, incluso reformando la forma unipersonal de administrar Justicia, permitiéndoles la asistencia, como asesores o consultores, de expertos en Derecho. La figura del perito judicial, además de responder a otro esquema, está frecuentemente viciada por situaciones que los que pisamos los foros y vivimos en la realidad conocemos muy bien.

No puedo entender por qué, en un mundo en el que prácticamente todos los profesionales acuden a decisiones colegiadas, consultorías externas, dictámenes de terceros, etc, hemos dejado a los Jueces de Primera Instancia, la mayor parte de ellos con envidiable juventud pero una inexperiencia vivencial enternecedora, a solas con su Libro de Enjuiciamiento Civil y la última versión del Código. ¿Iura novit curia?

¿Qué tienen enfrente?. Muchas veces, -y no siempre a ambos lados de la mesa de litigios- bufetes y abogados de colmillos retorcidos, que tienen mucho más tiempo que ellos para analizar demandas, contestaciones y reconvenciones, que se han analizado la abundante y variopinta Jurisprudencia para torcerla a las pretensiones de su cliente, y que estarán encantados de continuar en Segunda Instancia la contienda.

Hemos perdido el juicio, señores.

Jugando en corto: Los alelos paternos en la sábana santa de Oviedo

No quiero aparecer irrespetuoso, pero los alelos paternos que se detecten en las manchas de sangre de la sábana santa de Oviedo, tienen que ser, de acuerdo con las Sagradas Escrituras en las que hemos sido educados, los de Dios.

La curiosidad humana y los avances científicos van provocando la destrucción de muchas creencias, mitos y especulaciones. Aunque lo que no sabemos es muy superior a lo que conocemos, el camino recorrido por la investigación anima al ser humano a seguir analizando las huellas que tenemos de la actividad del cosmos, producidas hace cientos, milllones o miles de millones de años.

Algunos descubrimientos tienen apariencia modesta. En el Congreso de Sindonología celebrado en Oviedo este mismo año, se habló de las coincidencias entre el Sudario de la ciudad asturiana y la Sábana Santa de Turín. Parece confirmarse que las manchas en los lienzos pertenecen al mismo individuo. El siguiente paso es analizar el ADN de esas muestras de sangre y determinar la dotación genética de ese hombre, o sea, Jesús. 

Reliquias no faltan para obtener, teórica-especulativamente el  material genético de Jesús. Las más estrambóticas serían los prepucios, de los que existen unos 15, uno de ellos en Burgos. También se venera su Sangre en Girona  y en Lugo, e incluso hay unas 51 Sábanas, todas presuntamente santas, fundamentalmente ubicadas en Italia y en España.

Demostrado como parece que la Sábana Santa no fue una falsificación medieval, y mientras se determina el ADN de sus fibras de lino y su procedencia, el trabajo más interesante parece ser el que no está aún muy avanzado. Se ha podido ya determinar que la sangre del hombre que fue cubierto con la sábana de Turín era del tipo AB, que tiene el cromosoma XY, o sea, pertenece a un varón, y que la morfología del difunto era la de un hombre de 1,80 de altura de unos 80 kilos de peso, que fue flagelado y crucificado antes de morir por asfixia. 

Mientras un grupo de entusiastas, posiblemente blasfemos, pretende provocar una Segunda Venida clonando a Cristo, para lo que quieren comprar una gota de Su sangre como sea (ya han sido advertidos que podría emerger un monstruo, o el mismísimo Anticristo: Profesor Garza dixit), otros opinan que la clonación es el primer paso serio del ser humano para convertirse en Dios (secundum el teólogo Mr. Seed).

Mi sugerencia, respetuosa, al que mande en estas cosas, es que se anuncie lo antes posible que la sábana santa de Oviedo es del siglo III o IV, que cobijó a un pobre hombre que no tenía nada que ver con el Encarnado de Palestina, y que, por tanto, el ADN que se obtenga de él corresponde a un individuo normal y corriente.

Porque todas las demás opciones me conducen al conjunto vacío, y no está el horno para bollos.