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El blog de Angel Arias

Temas de cultura

A sotavento: Los toros de Ventas y el derby de Ascot

Me proponía realizar un paralelismo entre el espectáculo de los toros de la plaza de las Ventas, una de las plazas paradigmáticas, con permiso de la Maestranza, de nuestra llamada fiesta nacional, y el derby de Ascot.

Porque, desde una cierta perspectiva, cabría ver en el comportamiento de los espectadores a ambos acontecimientos que tienen lugar en torno a los animales, el reflejo de dos idiosincrasias.

Me podrían objetar que por qué no habría elegido como significantes otras manifestaciones de presunto salvajismo que acercasen más al pueblo británico y al hispano, como pudieran ser la caza del zorro a caballo y el lanzamiento de cabras desde las torres de las iglesias, pero he leído en alguna parte que ambos reflejos de la genuina cultura ancestral europea han sido abolidos. 

Me queda, pues, por la parte insular, la muestra de esa carrera de jinetes montados, con cuya ocasión las inglesas aprovechan para demostrar al mundo y a sí mismas lo que pueden llegar a ponerse en la cabeza, reuniéndose con sus maridos y amantes con la excusa familiar de lo mucho que quieren a los caballos. La imagen me atrae irresistiblemente, como reflejo de lo que interpreto genuino del carácter inglés: elegante, autista, concentrado en su singularidad, estrambótico pero sin perder el aire de "en mi casa hago lo que quiero" y jamás un criado llevará este cucurucho con idéntica elegancia, porque eso es cosa de los señores.

Enfrente tenemos al pueblo machote del botijo con vino peleón y casera, camisa desabotonada, pantalones apretados con cíngulos sobre las orondas tripas, oteando a bellas hembras de justillo apretado, abanico de flores  y sobaquillo algo mojado, mientras lanza gritos al unísono para jalear figuras que tienen en su mayoría uno o varios nombres, (aunque pocos las distinguen realmente). El espectáculo es sabido que lo que componen un hombre vestido como para interpretar ballet y un animal grande y noble al que se le va matando a trozos, y al que se juzga por su forma de morir.

Cómo decir ahora, a renglón seguido, después de estos afilados epítetos que me gusta el espectáculo de "nuestra" fiesta nacional y me dan vómitos las manifestaciones de horteridad de las damas y caballeros de la high británica.

No he ido más que a una sesión en vivo -justamente en la Maestranza, y para ver maltorear a un decadente Curro Romero-, pero me atiborré de ver corridas por la tele, y me ha de creer el lector que se distinguir suertes y faenas, y he pintado varios cuadros con escenas de tauromaquia, cuya fuerza plástica y sensualidad  me parecen  incuestionables.

Estoy a favor de la suspensión inmediata del espectáculo de la fiesta, en la que se provoca el sufrimiento innecesario de un animal de la escala superior, cuya sensibilidad está fuera de duda. No me vale la argumentación de que, si se hace bien esa "faena" (digno nombre), el animal apenas sufre, porque las varas y banderillas se pondrán en todo lo alto y la espada se introducirá hasta la bola rompiendo el corazón del astado, que tendrá una vida de gozo para quince minutos de sufrimiento y gloria.

Termino con unos retazos de unos versos que escribí, hace ya tiempo, y que están integrados en mi libro "No tenemos a nadie". Utilizando una licencia poética, se supone que los autores de la reflexión son los propios toros.

Todos puestos en pie
nos verán con ilusión (qué gozo)
la salida,
disfrutaremos
echando hacia atrás
el pelo de dehesa,
la cabeza muy alta,
hechas nudos muy prietos las nostalgias
del heno y la pajura, ahogaremos
con risas
las congojas, encogeremos
los ánimos
risueños,
mientras las capas nos templan,
serenan con maestría la embestida,
y nos tientan a gritos esos dioses,
que sacuden con picos,
que nos clavan
las espadas en los lomos;
quieren fiesta en nosotros,
quieren guerra. Por fin nos enteramos,
clarines y timbales,
que tenemos
a nuestra total disposición
antes de la muerte
los quince últimos minutos,
qué afición más culta,
sabios entendidos,
exigen colaboración con nuestra suerte
y no vamos a negarnos,
somos nobles
someros somos fieles,
apreciamos educados que se han puesto
para vernos morir sus mejores mantillas,
sus fajines, sus puros, sus galones:
nos contemplan. 

Así que cuando vengan
a hacernos la faena
todos al alimón, toros, cuatreros,
el torero mayor, huestes morenas,
banderas y pendones,
no dudarán de nuestra fuerza,
no habrá mofa, no hay ya ruedo
que valga,con nuestro miedo no
se divertirán,
no harán risas del ansia,
donde menos se esperen
un susto les daremos. 

Porque nosotros
vaya si nos divertiremos, les daremos amor
por los pitones
y si nos clavan rejón
para cortarnos la oreja en dos mitades,
van a saber por Dios,
la oreja es nuestra,nos la van a quitar
por los cojones
y si nos quieren matar, venga castigo,
muertes y rejones,
para hacernos la testuz de guata y de madera,
no se moverán -quietas las manos- nuestros ojos,
castigaremos su orgullo
sin piedad,
atentostodos
a los modos. 

Y si muertos,
les estaremos llenando eternamente
el vacío del salón atiborrado
de trofeos vanales,
cuernos, pieles, víctimas, raleas y animales:
con el ojo de cristal
con disimulo
les vamos a dar amor,
mucho amor. Al cambio, millones de problemas,
lo cual les dará mucho por el culo,
por contagio por pasmo por cansancio,
y se les pondrán las manos
las esquinas las palmas las pasiones
todas llenas de amor, noble amor,
santas mujeres, ínclitos varones.   

Jugando en corto: Los distinguidos por Unicef se fotografían con los duques de Soria en los jardines de Lázaro Galdiano

Jugando en corto: Los distinguidos por Unicef se fotografían con los duques de Soria en los jardines de Lázaro Galdiano

Una vez al año, Unicef España concede algunas distinciones, diplomas y medallas a quienes más apoyaron a esta Fundación que figura entre las más prestigiosas del mundo.

Este año tuvo lugar la entrega de estos reconocimientos, el 15 de junio,en el pequeño -para el número de congregados-salón de actos del museo L. Galdiano.

La presidenta de honor de la organización española es la infanta Margarita de Borbón, (la de todos los días es la eficiente Consuelo Crespo) que aguantó toda la ceremonia, prolongados aplausos incluídos para cada uno de los distinguidos, de pie, aplaudiendo ella misma con dedicación.

Después del acto formal, mientras se servía un cóctel en los jardines del renovado museo Galdiano, la infanta y su esposo no se resistieron un ápice a dejarse fotografiar, una y cien veces, junto a cada uno de los premiados. Era una situación un si es no es agobiante, en cierto modo infantil, por parte de los unicéfilos. Los duques de Soria no perdieron en ningún momento la serenidad, mezcla de dignidad y sonrisa triste, que caracteriza a S.A.Rs.

Hace algunos años, me cruzaba a veces con la Infanta, cuando tenía la oficina en Federico Salmón, mientras iba guiada para hacer sus ejercicios de caminar, y yo trataba de bajar algo la tripa yendo a la carrera. Ya me había sorprendido entonces la amabilidad y calmada empatía de la dama. 

Entre los premiados de este año figura el Club de Tenis de Oviedo, y en ello habrá tenido bastante que ver, no solo la generosidad de los socios de esa consolidada institución ovetense -de rancio abolengo y, por ello, con algo de sabor a "núcleo duro" del Oviedo-de-toda-la-vida-, sino también la mano del presidente regional, mi tocayo Angel Naval.

Mi hermano Juan y yo nos hicimos la foto de rigor con los duques de Soria (bueno, aquí yo actuaba de fotógrafo), y, a petición mía, fuimos fotografiados fla(n)queando a Ana Duato, que hacía de imagen guapa de Unicef, después de ser introducidos como "fans" por una gentil intermediaria que movilizó Naval.

La actriz nos preguntó si queríamos la foto por separado o juntos. "Me conformo por ahora con el trío" -contesté con la rapidez con la que se dicen las estupideces". Así quedamos para la inmediata posteridad, esbozando nuestras profesionales sonrisas.

Ya le tengo dicho a Angel Naval y al hijo de Camuñas que en una próxima ocasión me apunten para un diploma, porque cada vez que me llevan al Sheraton me cargan un euro para los niños de Unicef por noche de estancia. Un grano no hace granero, pero si atendemos al nivel económico del donante, mis granos dan para varias hogazas de pan fino.

A sotavento: ¿A quién beneficia la prostitución, al fin y al cabo?

Son muchas las veces en que, de camino desde la oficina al restaurante, debo pasar por la calle Montera. Otras, atajo en la vuelta a casa por la Corredera Baja de San Pablo o adyacentes. En ambas zonas, varias decenas de mujeres y algunos travestidos hacen la calle, en grupos o en solitario.

Con la llegada del calor han aparecido nuevas remesas de carne fresca, venida, por lo que deduzco con mi perspicacia de genetista aficionado, fundamentalmente de países del Este, Brasil, Bolivia y Centroamérica. Las jóvenes (aunque hay también algunos rostros vencidos por la edad), enseñan piernas y escotes y esperan, teléfono en mano, al transeúnte necesario.

Digámoslo ya: esta sociedad no tiene excusa. No se puede mirar hacia otro lado, cualesquiera que sean las razones que se aleguen para mantener una situación como ésta, aquí y en cualquier pueblo del mundo.

Ofrecer el propio cuerpo para obtener dinero, como una mercancía, no tiene nada que ver con un trabajo. No produce ningún bien social, no aumenta plusvalías. Pero lo que es más grave, rebaja la condición del ser humano en múltiples sentidos.

Ofrecer para el goce sexual el cuerpo ajeno es ya un delito en muchos sitios, pero el manejo es difícil de descubrir y tiene muchas tapaderas. Chulos, clientes, hospederos, celestinos, intermediarios, conniventes, policías, políticos, publicistas, mirones; también los que fruncen el ceño, pero toleran el asunto. Todos somos -claro que en diversas gradaciones- culpables.

Nuestra sociedad tiene en el consentimiento de la prostitución un ejemplo más, sangrante, de la utilización degradante de la mujer (sobre todo), del desprecio al ser humano en necesidad, de la incapacidad para resolver, de una vez por todas, las contradicciones y las hipocresías con que se intenta tapar la miseria intelectual de los que creen que el dinero lo soluciona todo, compra cualquier cosa.

Cuando escucho a supuestos representantes del colectivo de quienes se dedican a la prostitución -hablo de supuesto, porque hay representaciones cuya legitimidad se puede cuestionar ab initio-, pretendiendo convencer al respetable, que sigue las declaraciones desde casa comiendo un bocata de calamares, de que "la suya"es una profesión digna como cualquier otra, y utilizando como punto de asentamiento del nido de ametralladoras el principio de que cada quien puede decidir libremente lo que quiera hacer con su cuerpo...

Cuando reflexiono que en España como en otros países el ejercicio de la prostitución está tolerado, ...cuando veo los miles de anuncios con textos y fotografías escabrosos que, evidentemente, van dirigidos a un público multitudinario, pienso: ¿Por qué nadie se manifiesta denunciando que la misma raíz sexista, dominadora, desequilibradora, inquietante, es la que mueve a matar a jóvenes mujeres por fanáticos religiosos (?) que alegan nosequé del honor; es la que violenta a miles, millones de deseadas, compañeras, esposas, amantes; es la que discrimina a miles de millones de desigualmente tratadas o remuneradas trabajadoras? 

¿A quién beneficia la prostitución, al fin y al cabo?

A barlovento: La Kermese de las Embajadas

A barlovento: La Kermese de las Embajadas

Por invitación de la gentil  Embajadora de Corea del Sur, An Kyesook, Sra. de Chun-Seun Lee, me dí una vuelta por la Kermese de las Embajadas el pasado 10 de junio, acercándome al Hotel de Miraflores. Como tenía prisa -cuándo no- aparqué el coche en el garaje del Hotel, y cuando entré en el hall, me topé casi de bruces con S.M. La Reina Sofía y diversas personas de su séquito. Tuve tiempo de hacer una foto (esta voluntad de hacer de reportero que uno ha adquirido desde los tiempos de la cámara digital) y recibí la sonrisa y el saludo de la egregia dama.

Pude también escuchar algunos comentarios a mi alrededor: "Qué guapa es"; "Es tan guapa porque es muy buena", decían dos enfervecidas admiradoras, procedentes, por el acento, de algún país hispanoamericano. Doy fe, y la instantánea también, que la Reina está de muy buen ver y, desde luego,  derrochaba cordialidad y simpatía, muy bien acogidas por todos los presentes.

La Sra. embajadora tuvo la amabilidad de acompañarnos a mi esposa y a mí hasta la entrada de la Kermese, mientras alabábamos la talla personal de Doña Sofía. La diplomática amiga, con su habitual cortesía, nos elogió nuestro restaurante, en el que estuvo ya varias veces, con amigos comunes.

La Kermese resultó ser un pupurri de stands de muy variados países y algunas asociaciones benéficas, en los que se vendían objetos y cosas de comer, además de solicitarse donaciones para causas justas.

En aquel momento no cabía nadie más, y a riesgo de que me cayera algo encima -había bandejas de comida que iban por los aires desde no sé donde hasta los puestos de venta de las bolleráis y chucherías-, di la vuelta de mi rigor, pregunté un par de cosas, hice varias fotografías de aquel testimonio variado de colores, razas e intenciones y me fui por donde había venido.

Que si bien está uno para bollos, prefiere tomárselos con algo menos de bullicio.

Jugando en corto: Y mi clamor llegue hasta tí

Jugando en corto: Y mi clamor llegue hasta tí

Contaba ayer el cardenal arzobispo de Madrid, Monseñor Rouco Varela, en un distendido ambiente con gentes de la Universidad, que hacía unos días, un niño de muy corta edad se le acercó, cuando andaba de visita pastoral por esos pueblos de Dios, y le pidió, en latín: "Benedícite, pater reverende" (a tal vez, reverendissime, que resulta más adecuado a la dignidad eclesiástica del destinatario). "Aquel renacuajo se veía que estaba formado por un sacerdote ilusionado, por un buen educador", concluía. Como yo, cada uno de los asistentes habrá sacado también sus conclusiones.

Yo no pertenecía al grupo de destinatarios previstos ni de la anécdota, ni, claro está, de las respuestas que dió Rouco a varias preguntas, -algunas bastante retorcidas, todas muy formales y algo ampulosas, que los profesores universitarios son así-, y que se le hicieron durante un toma y daca, a modo de las simultáneas del ajedrez, en la que el que devolvía desde el fondo de la red era S.E.

Se trataba de una cena-tertulia sobre el compromiso de los católicos y la Universidad, en la que, aunque encontré a varios colegas y bastantes amigos, mi presencia, que era aconsejable y hasta imprescindible, resultaba completamente marginal al evento. Un servidor estaba de pié (bueno, tampoco iba a estar de rodillas) , porque era el encargado de la megafonía (el cardenal tiene poca voz, pero no parece tener pelos en la lengua) y, sobre todo, porque era el propietario del restaurante al que mis amigos de la Universidad Pontificia de Comillas habían distinguido como lugar de la reunión.

Pertenezco a la generación de aquellos que hemos sido educados en la fe y la hemos perdido. La de veces que yo habré ayudado a Misa, ni se sabe. No me enorgullezco ni de lo primero, ni tampoco me avergüenzo de lo segundo. Forman parte de mi formación intelectual, y configuran, con otras vivencias, mi actual manera de "ser humano", respetuoso con los demás, incluso connivente con aquellos a los que capto convencidos, y bastante implacable con los que aparentan para aprovecharse de su aspecto, avasallando a los demás.

Quiero dejar constancia aquí de que me sentí bastante identificado con lo fundamental de lo que se estaba tratando allí. Que era, al fin y al cabo, aportar ilusión, empuje, fe, en el futuro, a la Universidad española. A partir del intercambio de opiniones, el ejemplo, el compromiso. Si eso se hace desde el respeto a las creencias o agnosticismos del otro, a partir de la convicción de que lo que nos mueve tiene más valor si nos sirve a todos, me parece estupendo.  Nos servirá para mejorar, porque no nos detendremos en demostrar al otro que está equivocado, sino que nos concentraremos en lo que puede unirnos.

La traducción (evidentemente, equivocada) que algunas versiones españolas dan de la frase de la misa tridentina a la que se refirió el cardenal es la de "Y mi clamor llegue hasta tí".  Qué casualidad. Sin mucho esfuerzo, podría interpretarse que algunos de los mensajes expresados en la cena-tertulia, con sutil carga política, tenían como destinatario al gobierno del Presidente Zapatero, que a esa misma hora (más o menos) contestaba con bajo tono vital (la SER dixit) a las certeras preguntas de Iñaki Gabilondo.

Al salir, varios de los asistentes dejaron en el libro de honor de mi restaurante unas frases muy cariñosas, y Rouco nos regaló a cada uno del equipo del restaurante un alfiler con la reproducción de la imagen de la virgen de la Almudena. "Es lo que regalo a los niños", explicó, justificando así la presencia en su bolsillo de unas cuantas decenas de pines esmaltados.  

Ojalá todos pudiéramos rescatar al niño que hubo en nosotros, y volver a hacerlo caminar desde la impresión de sabiduría que nos ha dado la madurez. 
 

Jugando en corto: Master universitario español busca

Hace ya algunos años que se firmaron los acuerdos de Bolonia, por los que los gobiernos de la Unión Europea se comprometieron a hacer realidad la plena movilidad de sus graduados universitarios dentro del espacio de esta agrupación de comerciantes con ideas de grandeza.

Se trataba, ciertamente, una revolución. Hasta entonces, al menos en lo que afectaba a España, nuestros titulados no tenían ningún problema en trabajar en las más prestigiosas universidades extranjeras, integrándose en los equipos de investigación más afamados, en donde se les acogía, por lo general, con los brazos abiertos. Esto ha de cambiar, y ahora los egresados alemanes, franceses, ingleses o polacos (por ejemplo) no tendrán problemas en competir con nuestros, si no lo remedia nadie, cada vez más ignorantes, titulados; eso sí, con equívocos nombres con los que enmascaran su inferior ciencia.

Como ingeniero, e incluso como jurista, puedo afirmar por mi propia experiencia que no tuve ningún problema para ser Gerente en una empresa alemana, pertenecer a la Deutsche Ingenieur Verein o a la Association des Laminoirs, colaborar con abogados norte- y sudamericanos, realizar auditorías en Túnez o en Chile y hasta pude hacer mis pinitos como investigador de un cierto empaque, cuando estaba de moda analizar los índices de embutición de hojalatas y chapa fina. 

No es por presumir. Si alguna vez tuve problemas, fue más bien para que me reconocieran mi cualificación en la variopinta fauna española, en donde compiten, alardeando de tener las mismas plumas, ingenieros técnicos con superiores, graduados sociales con licenciados en derecho, periodistas de Universidad con simples aficionados a combinar letras, etc, etc.

¿Y qué decir del título de doctor?. Los ingenieros de mi generación lo tuvieron más difícil, porque, con el cambio de plan, el legislador decidió hacer doctores, a cambio de una redacción técnica, a todos los que habían sufrido el Plan antiguo. A los que terminamos en 1970 nos exigieron tres años más de discencia y realizar una tesis que, además de suponer dedicación prácticamente absoluta, solo garantizaba, a la postre, poder añadir las letras Dr. en la tarjeta de visita, y aún ese alarde de presunción estéril debías de ahorrártela frecuentemente, porque si tu jefe no era universitario, daba instrucciones generales de que debería figurar solo el cargo.

La Universidad parece que ha descubierto, entre tanto, su verdadera función social, que sería la de fabricar títulos baratos para que los egresados se las arreglen luego como puedan. Por eso, creo que tampoco merece la pena consumir mucho tiempo en decidir si bastará ser master para tener acceso al ejercicio profesional o será necesario optar al grado, o sería mejor llamar directamente al primo de Zumosol para que nos emplee.

Comprendo que rectores y profesores, decanos de colegios profesionales y, por supuesto, las administraciones públicas -en donde andan empleados tantos titulados de grado medio- anden a la greña para decidir si los llamamos galgos o podencos, pero la sociedad civil hace tiempo que se ha dado cuenta que un título en España vale poco, salvo los que se emiten por cuatro o cinco centros de prestigio. Así que, jóvenes que no mancháis vuestros libros de estudio ni con sangre ni con bilis, si vienen los egresados de casi cualquier lugar de Centro Europa  hablando inglés, dad por seguro que os birlarán el puesto con un par de sonrisas, superando la selección cum laude.

No sería necesario, además, sino observar los títulos universitarios de los presidentes, consejeros delegados y directores generales de las más importantes empresas españolas. Triunfan por goleada los licenciados en Derecho, con un máster en Administración de Empresas, combinado con el prestigio de ser hijos de familia. Se cuela algún perito -habrá que preguntarse cómo llegó ahí- y, excepcionalmente, puede que llegue a la alta cima un intitulado, aupado se supone en los ladrillos.

Los que acumularon títulos de un obtener más trabajoso, los que se estudiaron los programas de cabo a rabo con empeño, debieron quedarse en los filtros inferiores de la pirámide de autoridades y salarios. Quizá andan por los sótanos investigando cosas raras, defendiendo nuestros índices de creatividad, que, según voz común, es lo que les gusta a los crédulos más listos del sistema.

Habría que impedir que los cerebros piensen durante los próximos veinte años (se lo aplicaron a Gramsci, con parecidas palabras; eran otros tiempos, claro). Prueba superada.

A barlovento: La inteligencia como introducción a la noosfera digital en la visión de Jose Antonio Cobeña

Hay un universo, que algunos dicen virtual, que se está construyendo con los sólidos ladrillos de la necesidad de comunicar, de saber e interactuar. En sus espacios, muchos aún por explorar, se van afincando las tiendas de campaña de los que va llegando, y a menudo los asentamientos se realizan al margen de lo trillado, allí donde pocos se aventuraron a estar, y si lo fueron, vagaron por sus respetos como les vino en santa gana. 

Quien se adentra en ese espacio, no va buscando el oro, ni se trata de descubrir ninguna tierra prometida. No hay planos -en todo caso, vagas indicaciones-, no hay promesas de Paraísos ni goces terrenales -aunque no faltan quienes sueñan con hacerse algo menos pobres excavando en los acotados virtuales, buscando raras monedas de oro publicitarias, que otros desdeñan sin dudar-.

Para tranquilidad de escrúpulos, no hay indígenas a los que arrebatar sus propiedades; si acaso, merodea algún alienígena buscando comida entre los restos, canivalizando lo que otros idean. Eso sí, hay que batallar contra millones de virus, cada vez más potentes, para los que hay que renovar a diario las mosquiteras, y, aún así, estamos todos infectados de un paludismo crónico. 

Es  difícil explicar el atractivo de este espacio. Porque si el riesgo es alto, el premio es improbable, indefinido, tardo ; incluso, impretendido. La amenaza de amanecer con el campamento destruido está siempre presente; la gloria, si llega, será probablemente efímera.

Mientras tanto, imparable, esta comunidad de esforzados no solamente crece, sino que mejora sus calidades, genera interacciones, se afianza. Se producen sindicaciones robustas entre ellos y, desde algunos lugares, a modo de montículos, se alcanza a ver más lejos y mejor lo amplio que es el horizonte: la libertad.

Ese espacio del que escribo es la blogosfera, que no es, por supuesto, coincidente con el conjunto de la noosfera digital, pero con el que tiene un subconjunto intersección la mar de interesante. Entre las satisfacciones que me ha producido este espacio virtual, la mayor, es haber descubierto nuevos amigos, gentes a las que solo conozco (de momento) por lo que escriben. Almas casi gemelas a las que no necesito poner cara ni ojos.

Uno de ellos, entre los mejores, es José Antonio Cobeña,  y hoy quiero rendir homenaje especial a su manera de juzgar la realidad, inteligente, sincera, libre. José Antonio ha publicado en internet un libro sobre La inteligencia digital y la noosfera. Solo he podido bajarme una parte, porque por algún problema del soporte de las comunicaciones, el envío se frusta sin llegar al final. Pero si aún no he podido leerlo por entero, por culpa de esas dificultades ajenas al creador, lo recomiendo ya; lo recomendaría incluso a ciegas.

Seguro que el recorrido de José Antonio por la noosfera que se manifiesta a través de las pantallas cibernéticas, hará disfrutar. No siempre se puede ir de la mano en el mundo de las días, conducidos por un guía lúcido, sereno, prudente, sabio.

Jugando en corto: Los alelos paternos en la sábana santa de Oviedo

No quiero aparecer irrespetuoso, pero los alelos paternos que se detecten en las manchas de sangre de la sábana santa de Oviedo, tienen que ser, de acuerdo con las Sagradas Escrituras en las que hemos sido educados, los de Dios.

La curiosidad humana y los avances científicos van provocando la destrucción de muchas creencias, mitos y especulaciones. Aunque lo que no sabemos es muy superior a lo que conocemos, el camino recorrido por la investigación anima al ser humano a seguir analizando las huellas que tenemos de la actividad del cosmos, producidas hace cientos, milllones o miles de millones de años.

Algunos descubrimientos tienen apariencia modesta. En el Congreso de Sindonología celebrado en Oviedo este mismo año, se habló de las coincidencias entre el Sudario de la ciudad asturiana y la Sábana Santa de Turín. Parece confirmarse que las manchas en los lienzos pertenecen al mismo individuo. El siguiente paso es analizar el ADN de esas muestras de sangre y determinar la dotación genética de ese hombre, o sea, Jesús. 

Reliquias no faltan para obtener, teórica-especulativamente el  material genético de Jesús. Las más estrambóticas serían los prepucios, de los que existen unos 15, uno de ellos en Burgos. También se venera su Sangre en Girona  y en Lugo, e incluso hay unas 51 Sábanas, todas presuntamente santas, fundamentalmente ubicadas en Italia y en España.

Demostrado como parece que la Sábana Santa no fue una falsificación medieval, y mientras se determina el ADN de sus fibras de lino y su procedencia, el trabajo más interesante parece ser el que no está aún muy avanzado. Se ha podido ya determinar que la sangre del hombre que fue cubierto con la sábana de Turín era del tipo AB, que tiene el cromosoma XY, o sea, pertenece a un varón, y que la morfología del difunto era la de un hombre de 1,80 de altura de unos 80 kilos de peso, que fue flagelado y crucificado antes de morir por asfixia. 

Mientras un grupo de entusiastas, posiblemente blasfemos, pretende provocar una Segunda Venida clonando a Cristo, para lo que quieren comprar una gota de Su sangre como sea (ya han sido advertidos que podría emerger un monstruo, o el mismísimo Anticristo: Profesor Garza dixit), otros opinan que la clonación es el primer paso serio del ser humano para convertirse en Dios (secundum el teólogo Mr. Seed).

Mi sugerencia, respetuosa, al que mande en estas cosas, es que se anuncie lo antes posible que la sábana santa de Oviedo es del siglo III o IV, que cobijó a un pobre hombre que no tenía nada que ver con el Encarnado de Palestina, y que, por tanto, el ADN que se obtenga de él corresponde a un individuo normal y corriente.

Porque todas las demás opciones me conducen al conjunto vacío, y no está el horno para bollos.