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El blog de Angel Arias

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A sotavento: Rusia interviene en el debate sobre la energía nuclear en la Unión Europea

La moratoria en la construcción de centrales nucleares en Alemania es el factor principal  por el que la Unión Europea ha aumentado, en conjunto, su dependencia de las importaciones de gas natural. El debate sobre la conveniencia de autorizar la construcción de nuevas centrales, levantando la moratoria, se desarrolla en un contexto de tensión social y política similar al que se vive en España, si bien (y lo lamento, por lo que nos toca), con una mayor altura técnica y argumental en el país germano.

La presidencia rotativa en la Unión, que corresponde este semestre a Angela Merkel, la canciller alemana, celebraba el comienzo de año con la necesidad de reestructurar, siquiera por breve tiempo, el equilibrio europeo para la distribución de las importaciones de gas con el fin de afrontar los problemas de suministro desde Rusia. Un equilibrio especialmente precario para Alemania, y una situación que, de rebote, aunque las competencias no están delegadas, apremia a toda la federación  de Estados europeos a encontrar una solución, económicamente soportable y con perspectivas de mantenimiento futuro, para su mix energético global. Porque el ansia fagocitadora de energía, arrastrada en particular por el transporte y el consumo eléctrico, prosigue imparable, a pesar de las teóricas buenas intenciones, y la UE necesita importar más del 80% del petróleo que quema y casi el 60% de gas.

La Comisión ha fijado como objetivo para 2020 que el 20% de la energía que se produzca en la Unión provenga de fuentes renovables, un wishful thinking que ya cuenta con el grave precedente del incumplimiento seguro del propósito de alcanzar el 12% en 2010, que se da por imposible. La cuestión de la moratoria nuclear en Alemania y España (entre otros) divide a los países europeos, preocupados por el tema de los residuos más que por la seguridad de los centrales, y las presiones ecologistas -traducidas en bloqueos y, por parte de los grupos más reaccionarios, amenazas de actuaciones incluso terroristas- no ayudan a poner tranquilidad en un debate que, en puridad, no debería prolongarse, porque no hay soluciones alternativas que cumplan las condiciones de ser suficientes, fiables, económicamente razonables y técnicamente maduras.

Las últimas han sido unas semanas llenas de sobresaltos, amenazas, cortes de suministro y la constatación de algunas traiciones y faltas de solidez en el frente europeo. Los expertos de la Unión Europea se sintieron muy felices al conseguir un acuerdo entre Belarus y Rusia, que había amenazado con cortar sus suministros de gas, a menos que se le admitiera una drástica subida de precios.  El 31 de diciembre se firmó un nuevo contrato entre el monopolio ruso Gazprom y Belarus por el que ésta accedía a pagar 100 dólares por cada 1.000 m3 de gas ruso, una subida drástica respecto al precio anterior de 45 dólares.

Posteriormente, Bielorusia (
Minsk), interviniendo por su cuenta en el debate, con un calculado desfase, interrumpió el paso del gas ruso a través de su territorio, exigfiendo que se le abonaran tasas de tránsito más altas, para compensar (dicen) el impuesto que Rusia le había implementado desde el uno de enero. Sus reclamaciones son todavía una herida abierta, aunque, como hay reservas en Alemania y Polonia, la negociación puede aplazarse un tiempo. 

La dependencia del gas ruso por parte de la Unión es tremenda: Rusia suministró el 24 por ciento de las necesidades de gas a la Unión en 2005, del que un 20% transita por Belarus - asociación formada básicamente por Alemania, Lituania y Polonia- y el otro 80% llega a través de Ucrania.

La enseñanza para Europa es de extracción sencilla. Ha recibido un duro toque de atención de lo que va a pasarle, con las dificultades presentadas por Rusia y Minsk y la demostración de las debilidades negociadoras de Belarus y la nula capacidad de autonomía que posee Gazprom, por muy asesorada que esté por el ex-canciller Schroeder. La estabilidad de los suministros exteriores, y no solo del gas, está seriamente afectada, y para siempre. No hace falta ser un lince para vaticinar que las negociaciones se harán más difíciles en los próximos años, y que los suministradores aprovecharán cualquier invierno más crudo, un verano más caliente o un agravamiento de las guerras civiles que se larvan  en el Golfo  para que los precios y los suministros de gas y petróleo se hagan incontrolables por los países deficitarios.

Rusia ha dado, sin pretenderlo, un balón cargado de oxígeno a los partidarios de la energía nuclear, que, no es un secreto, están liderados por las grandes compañías eléctricas europeas. Porque los argumentos ecologistas son muy simpáticos  a todos, pero no es suficiente reclamar a gritos  o con sentadas concienciadoras que se consuma menos y que se utilice más energía solar, vegetal o eólica. Los hechos vienen demostrando que los gobiernos europeos tienen otras prioridades en sus programas, e incluso han surgido dudas respecto al carácter neutro ambiental de las energías alternativas, además de las dificultades de su implementación masiva.

Además, aunque la amenaza del calentamiento global, por culpa del CO2 producido por el hombre o porque toca en este siglo, adquiere proporciones muy concretas, pero no tiene traducción en votos. Todos queremos la comodidad de estar en casa, con toda suerte de electrodomésticos, sentirnos calentitos en invierno y refrescaditos en verano, y nos gusta mucho viajar, conocer mundo, comer bien, en fin, disfrutar de la vida, tanto más si esto parece que se acaba.
  ¿O no?

  

 

A sotavento: ¿Rebajar la edad del voto a los dieciséis años?

Bajo el agresivo titular de "¡Voto a los 16 años, ya!" y adscrito a la advocación general de “Propuestas para las próximas elecciones”, el periodista de El Pais, Bonifacio de la Cuadra, vuelve a tratar el voto de la población adolescente. En todas las democraciones occidentales se ha convertido este asunto en tema recurrente, y el propio comentarista citado lo trató en 1998 en un artículo entonces laureado por Unicef, con parecidos argumentos a los que emplea en su última entrega.

 

Nuestra civilización occidental ha quemado en los últimos cien años diversas etapas por la igualdad de derechos ciudadanos: incorporó a los varones pobres y a los oficialmente menos listos al voto electoral y, ya tomada carrerilla, -no sin reticencias, incluso de las mismas feministas- a las mujeres; eliminó -aún con ciertos roces vigentes- la discriminación por motivos de raza, religión u orientación sexual; proclamó -con desigualdades celosamente ocultadas- el derecho general a la educación, la sanidad o las prestaciones sociales...

No quiero centrarme demasiado en el cinismo, a veces demasiado evidente, de la postura de quienes dirigen la sociedad para conseguir sus móviles. En las democracias modernas, el sufragio universal figura en casi todas las Constituciones, aunque se exige a los votantes una edad mínima, que, por masiva mayoría de los Estados, ha sido fijado en los 18 años, en un abanico que abarca desde los 15 años de Irán a los 21 en ciertos países menos proclives, a lo que parece, a reconocer la madurez de sus ciudadanos.

Como a nadie se le había ocurrido inventar una prueba de madurez para poder votar, se argumenta -en concreto, por los defensores del voto juvenil-, que si a los 16 años se supone responsabilidad penal, se pueden conducir coches, o se les considera capaces para el mundo del trabajo y la milicia, en reciprocidad, los mismos jóvenes han de ser reconocidos como ciudadanos de pleno derecho, con todas las consecuencias. Es decir, habrán de poder dedicarse a la política, como si este oficio fuera un premio especial para los niños, que, a diferencia de las restantes opciones que suelen enumerar, no precisara de ninguna prueba de madurez para obtener ese carné.

Pedir la reducción de la edad para votar no es una propuesta inocente. Puede ser que los adolescentes de hoy adquieran más madurez que sus padres a su edad -lo que yo dudo-, pero un votante económicamente dependiente, con un conocimiento de su entorno socioeconómico limitado, y más impresionable ante los argumentos que se le ofrezcan, podría desplazar el voto a uno u otro partido, en especial, de los mayoritarios. No se está defendiendo aquí que sean los adolescentes tempranos más proclives a la izquierda o a la derecha, sino más tiernos para inclinarse a un lado u otro de la tendencia política, sin la misma capacidad de crítica que ejercería un adulto, más avezado en distinguir galgos, podencos y patrañas.

Claro que un argumento demoledor fue ofrecido en El Pais Digital (cito a De la Cuadra), por un lector, ya en 1998: "Si los políticos se portan como niños de 7 años, ¿por qué no podemos votar los niños a partir de esa edad?".  

A mi el debate no solo me parece sesgado, sino inútil en sus consecuencias prácticas para la sociedad. La posibilidad de voto juvenil solo beneficia a los políticos profesionales. El hecho de votar tiene muy poco significado real en nuestra sociedad civil, en la que la participación en la vida pública es notoriamente escasa. Si los muy jóvenes quieren participar, de veras, en la vida de la polis, lo pueden hacer, y serán bienvenidos, como lo serían los más adultos que quisieran colaborar.

Podrán, así, sin que nadie se lo impida, ayudar en cualesquiera obras sociales, participar con sus ideas y propuestas en los debates políticos de asociaciones, clubs, entidades sociales y, por supuesto, de los partidos, podrán, y se lo agradeceríamos todos, estudiar seria y concienzudamente para formarse mejor.

No todos los jóvenes son iguales, obviamente. No voy a aparentar ser tan estúpido como para negar la evidencia de que la formación sexual se adquiere hoy desde la cuna, y la experiencia en ese terreno es infinitamente superior, más intensa y precoz que la que teníamos los jóvenes de hace treinta años.

Pero, que se me permita decir que nuestro respeto a los mayores, nuestros sentido de la responsabilidad, nuestra curiosidad por saber, y saber bien, nuestra ilusión por la vida, ... nuestro conocimiento de las teorías políticas y filosóficas, nuestra voluntad de participar constructivamente en la vida social, ...nuestro civismo, eran algo -seeguro que por muy poco, y además no tengo datos- superior al de estos niños actuales. Puestos a sugerir peticiones de principio, a lo que todo el mundo parece muy proclive, aquí  va la mía.

Yo daría el voto selectivo, a aquellos jóvenes que demostraran su capacidad y su voluntad seria de querer participar. Los seleccionaría, a base de una combinación de notas por sus buenos estudios, su aplicación, sus antecedentes de comportamiento cívico. Construiría con los que superan ese corte, una vez juzgada su aptitud por una comisión local mixta de educadores y otros agentes sociales, un ejemplo para la concienciación de otros jóvenes y niños, y, también, de los más adultos. A los que aprueben ese examen de aptitud,claro que  les permitiría votar. Incluso votaría por ellos.

Lo que ya no me atrevería a garantizarles es que su voto, como el de todos los demás, sirviera para algo en nuestra polis. Habría que modificar otras cosas, pero no parece que haya prisa para cambios importantes.

Al socaire: Bolsa de las ilusiones: Reyes Magos suben; Papá Noel baja

Al socaire: Bolsa de las ilusiones: Reyes Magos suben; Papá Noel baja

Algo me hacía sospechar que las cosas ya no eran como antes. Me dí cuenta al intentar pasar en mala hora por delante del más bien cutre espectáculo multimedia que cada año el Corte Inglés monta cada quince minutos en la calle del Maestro Victoria durante las fiestas navideñas. El tránsito peatonal estaba totalmente bloqueado por una multitud entregada de papás, mamás y niños de menos de tres años, que contemplaban arrobados las evoluciones de los títeres y muñecos de plástico y que no se inmutaron ante mis peticiones de que me dejaran, por favor, seguir mi camino. No podían entender que yo no quisiera disfrutar, como ellos, de aquella genuina manifestación de cortydad mental. Hasta aquí, todo normal.

Pero, en cambio, la imposibilidad de hacer lo que quería, me concedió tiempo para percatarme de algo a lo que, en otra circunstancia, no hubiera dedicado atención: el tenderete en donde un cansado Rey Mago, bajo mustio palio, esperaba recibir las cartas de los pequeños, no tenía público. Los niños que estaban junto a él, ni le miraban, absortos en el mensaje propagandístico de la gran cadena mercantil. El Rey y su paje, por lo demás, evidenciando su naturaleza carnal, hablaban por sus sendos móviles. Mickey Mouse, Goofy y los vendedores de globos inflados al hidrógeno tenían mucho más éxito.

Caí en la cuenta de que tampoco había visto estas navidades muchos Papá Noel, y los que me crucé, lucían los mismos trajes que el año pasado; qué digo, los mismos que hace décadas: deslucidos, raídos, sosos. Me alarmé. Hasta el cojín que serviría para potenciar la panza del vejete inventado por la Coca Cola me pareció en algunas representaciones fuera de sitio, demasiado caído hacia las ingles, puesto con evidente desgana.

Tuvo que venir el Ayuntamiento de Madrid para reavivar la situación y colocar las cosas donde deberían estar, demostrando que los Reyes Magos y, en especial, la cabalgata de la víspera de su festividad, que es un producto típicamente español, deben mantenerse.  No nos quedan tantas tradiciones, al fin y al cabo. Si nos van a suprimir los toros, si nuestras ciudades cada vez parecen más cosmopolitas,( hasta los clochards del Sena apelan a Don Quijote), y si el calentamiento global ya no nos pone las pilas como antes, es lógico que el equipo municipal dedique una parte del presupuesto a mantener la ilusión de los más pequeños.

No se recuerda en la capital nada parecido. Qué despliegue. Oropeles, figurantes, luces, carrozas, danzantes, pajes, músicos, autoridades y pasmaos, contribuyeron a dotar de absoluta credibilidad al desfile de fantasía. Cuando la policía municipal hizo sonar sus sirenas para dar paso a los coches oficiales, conducidos a toda pastilal, en los que se adivinaba la efigie de los Reyes del más allá, para conducirlos -se debía suponer- a la recepción oficial, niños y adultos se convencieron definitivivamente de que todo aquel despliegue iba de verdad.  Aunque me parece haber leído que desde hace ya un par de años sus SSMM de Oriente vienen de una sola formación política -y ni siquiera ha trascendido este año quién ha sido el munícipe encargado de corporeizar a cada etérea majestad-, el dinero que se gasta en la Cabalgata de Reyes proviene de todos los bolsillos,  y a los Reyes de la ilusión seguro que no se les puede engañar con monedas que no sean de curso legal y contabilizadas en los presupuestos públicos como es debido.

Supongo que el alcalde de Madrid, que es un lince, habrá analizado la posibilidad de que, si los Reyes de Oriente consiguen convencer a los pequeños madrileños que este año vienen más cargados de regalos y juguetes que nunca, sus papás también estarán de acuerdo en que la economía general está siguiendo una tónica parecida, y se les pondrá difícil encontrar razones por las que a sus hijos les van a er menos cosas que a los niños del vecinoron peor, que se porta. Por lo tanto, a comprar. Todo lo cual aumenta las transacciones comerciales, el endeudamiento familiar, la burbuja económica y, subsidiariamente, el beneficio de las grandes cadenas comerciales, es cierto. Aunque también alimenta la ilusión de los compradores y, sobre todo, de los beneficiarios de los regalos, al menos, hasta que los primeros tengan que hacer cuentas.

Un argumento adicional es que, si los científicos no se ponen de acuerdo sobre una cuestión tan importante como el calentamiento global, deberíamos confiar más en las fuerzas sobrenaturales. Y entre Papá Noel, que tiene solo un par de lustros de existencia, y los Reyes Magos que han aparecido en la Historia de la Humanidad hace dos mil años, no hay duda de a quién confiarle la ilusión. Apostemos, pues, por el valor seguro.

Al socaire: Sobre la coeducación y menéame (.net)

Al socaire: Sobre la coeducación y menéame (.net)

Ayer envié a ese invento de participación colectiva en la elaboración de la primera página inestable de un periódico virtual con noticias que combinen interés y actualidad, -y que se llama en español Menéame-, un apunte extraído del Telegraph.news en el que se comentaba el último Informe realizado para el Gobierno británico sobre la coeducación. En el se concluía -y de aquí el título que dí a mi comentario- que: "Niños y niñas deberían ir a clases separadas (al menos, en Inglaterra) para desarrollar mejor sus capacidades".

En el Informe, realizado por el Organismo que supervisa el sistema educativo en el Reino Unido, se aconsejaba la separación de niños y niñas en las escuelas. Con la actual educación mixta, se decía, los chicos alcanzan a la postre un nivel que las chicas ya han logrado siete años antes. En consecuencia,  propone el grupo de asesores áulicos que las clases de los varones pongan mayor énfasis en lecciones competitivas y en la lectura de libros cuyos temas no sean de ficción, para estimularlos más, conseguir que se acostumbren a concentrarse y se esfuercen en ser los mejores, pero en igualdad de condiciones, es decir, con los demás niños.


Mi relativamente inocente envío, motivado sobre todo por la curiosidad de probar -hasta donde mis conocimientos lo hacen posible- el mayor número de resortes de comunicación de internet, tuvo dos efectos. Uno, de alcance estrictamente personal, que fue el incremento importante de entradas a mi Cuaderno. Cierto que la mayoría solo fueron clics a la noticia, de frenéticos meneadores obsesionados fundamentalmente con darle al dedo y conseguir más karma, pero nadie puede esperar en estos tiempos que lo mucho que se escribe, además, se lea. Lamento haber sido críptico en la descripción del fenómeno, pero quien quiera saber de lo que hablo, debería hacerse socio virtual de Menéame.


Otro efecto mucho más interesante, fue la apertura espontánea en la red de un debate sobre la coeducación, en el que se escribieron frases tan sugerentes como las que copio a continuación, por supuesto, entremezcladas con un par de incongruencias y algunos sutiles improperios sobre el ser o no ser de la cuestión:

#4   "Este informe está basado en que el colegio es un centro de formación puro y no es así. Somos personas y también necesitamos socializar. El colegio no es solo para aprender matemáticas, historia y ser muy bueno en Química. Que más da que los niños no sean excelsos en la materia. El que tenga interés luego ya irá a por ello. En serio: ¿Es necesario que los niños sean todos unos cracks si luego además el mercado laboral no lo necesita? "

#8   "Esta noticia podia mover a la reflexión. No tiene que ver con posturas sexistas, al contrario. Estoy de acuerdo con #4 en que el colegio no debe ser un centro de formación puro, sino que tiene funciones de relación social y de adaptación a la convivencia, en la que la co-educación juega un importante papel. Sin embargo, hay una creciente opinión entre educadores y expertos de que la co-educación no es una panacea, y que niños y niñas adquieren su madurez en momentos diferentes, y tienen cualidades, actitudes y predisposiciones que pueden quedar inhibidas si no se estimulan en el ambiente adecuado. Si las niñas maduran antes, los niños pueden quedar retraídos o considerarse más estúpidos, sin serlo."

#9   "Me he leido el articulo pero no veo donde esta el problema de la educacion mixta. No niego la posibilidad de que la educacion mixta no ayude a alcanzar todas las potencialidades en niños y niñas pero sigo sin entender el por que. Quizas necesitariamos otro articulo redactado con mas profundidad.    

#11   A los niños ya se les discrimina por edades. ¿Hay algún estudio sobre el rendimiento educativo de una clase donde se mezclen, por ejemplo, niños de 9,10 ,11 y 12 años? Lo digo porque la segregación por años igual también es poco eficaz, y funcionaría mejor en grupos separados por 3 o 4 años. "

 #13   "Tampoco todos las niñas maduran a la misma edad. Hay niñas que maduran antes que otras, las separamos también? Hasta que límite de precisión quieres llegar? Las que maduren de la semana del 15 al 22 una clase, las que maduren la semana del 23 al 30 a otra... Es que además eso provoca que los crios se piensen que su desarrollo academico es lo más importante para triunfar, cuando todos sabemos que no es así. El desarrollo social es bastante más importante para triunfar incluso en el trabajo. Y el que sea bueno academicamente y también quiera triunfar que espabile y aprenda como es el mundo. "

#29   "La separación educativa propuesta no es por orientación sexual, ni "genero" abstracto, si no conforme a estudios y realidades que demuestran que niños y niñas tienen estrategias de aprendizaje diferentes en ciertas materias. No van a dejar de jugar en el recreo juntos/as ni a entrar en una guerra de sexos. Como alguien ha indicado, las niñas mejoran bastante sus resultados en matemáticas y ciencias, y los niños en lengua, con una notable disminución del fracaso escolar, que les afecta en mayor medida que a las niñas. La socialización, comunición y adquisición de destrezas sociales no se ve afectada; aumenta la autoconfianza y autoestima de ambos, según indican numerosos estudios."

(...)

No voy a copiar aquí todos los comentarios suscitados, pero sí recomiendo a los lectores de este Cuaderno interesados que se den un paseo por la dirección de Menéame y, como yo, reflexionen sobre la necesidad de abrir foros en donde se debatan, de forma ágil, desinteresada y dinámica, cuestiones de trascendencia social. La educación es, tal vez, el más importante. Somos muchos los que tenemos ganas de opinar, disponemos de ideas, experiencias, conocimientos. Faltan plataformas.

Enhorabuena, creadores del Menéame. Sé que el objetivo de la iniciativa no es forzar debates, pero a veces las ideas, cuando se desarrollan, adquieren formas que sus impulsores iniciales no imaginaron. Y aunque la evolución no fuera así, cuántos debates necesarios, sobre los asuntos más diversos, deberían abrirse, ya, ¿verdad?

 

(Nota: La fotografía retocada que incluyo como ilustración de este Comentario apoya justamente lo contario de lo que insinúo en él, pero no pude resistirme: me ha hecho gracia)

Al socaire: Póngase a la cola

Al socaire: Póngase a la cola

La teoría de colas me ocupó profesionalmente en los tiempos en que yo trabajaba en el Departamento de Investigación de Operaciones, de un complejo siderúgico muy apañado, que entonces se llamaba Ensidesa  (cuyas dos primeras letras correspondían al acróstico de empresa nacional). Sus restos, requetetransformados hasta casi la miniatura, han sido engullidos sucesivamente por peces más grandes y son teledirigidos hoy desde un lugar remoto de la India o de Estados Unidos, por una familia que se apellida Mittal y que, por lo que han pagado, se diría que le ha encontrado el punto a los temas controvertidos de la rentabilidad y al carácter si estratégico o trivial del acero.

Aquellas colas que entonces me centraban la atención eran bastante prosaicas, que se puede traducir aquí, sin ofender a nadie, como ingenieriles de andar por casa. Las formaban, por poner un decir, los torpedos que servían para repartir el arrabio entre las factorías de Avilés y Veriña, mientras esperaban para vaciarse ante los convertidores LD; o las provocaban los camiones en donde descargaban la caliza los dumpers de la cantera del Naranco, y que luego tenían que subir la cuesta de la Miranda, causando más colas, éstas de vehículos "ligeros"; o eran las de los desbastes que se amontonaban para ser recalentados a la temperatura idónea de laminación a la entrada del semicontinuo. 

Yo hacía simulaciones de estas y otras colas con un programa americano para Propósitos Generales, muy versátil y apañadito, que me permitía ocupar mi tiempo laboral y hacer méritos. También me provocó, como daño colateral, desconfiar de la capacidad de los técnicos de proceso de datos para que no se les saltara alguna ficha perforada de la interminable secuencia de fichas a que obligaban aquellos programas de la edad de piedra informática. Pero, para mi satisfacción juvenil, aquellas colas simuladas me servían para realizar decenas de informes prácticamente ininteligibles y con varias páginas, que, tengo entendido, llegaban hasta la Dirección General.

Aunque para esto ya no utilizaba ningún simulador, eran igualmente objeto de mi atenta observación las colas que formaban los trabajadores (entonces se llamaban productores) que aguardaban a que el reloj marcase la hora en punto para fichar su salida de la fabricona. De esas situaciones hacía chistes en las hojas de mi almanaque Mirga y alguna vez incorporé un comentario cáustico sobre el asunto en mi semanario irreverente El Lucero de Ensidesa, de muy restringida difusión.

Las colas que hoy traigo aquí, más de treinta años después, son de facturas actuales y de creación moderna, por más que sus protagonistas sean españolitos de todas las edades. Se generan a diario en nuestro entorno, y las convoco en este cuaderno porque, como las que yo estudiaba cuando ingeniero recién destetado, se me antojan igual de evitables, con planificación y medios adecuados. No me refiero a la manera conocida y utilizada por algunos privilegiados para saltárselas, ésos que conocen al policía de la entrada, son primo-hermanos del director del Hospital General o se han hecho amigos de la funcionaria que extiende los visados de extranjería. No, estoy convencido de que si los responsables de cada lugar en donde se forman colas se propusieran eliminarlas, y si tuvieran más respeto por el tiempo y el dinero que se pierde con ellas, la mayoría se esfumarían.

En estos días, he sufrido muy variopintas colas. Me voy a referir solo a algunas de ellas. He tenido que renovar el carnét de identidad, y tuve que aguantar a la intemperie, con otros cientos de ciudadanos en igual necesidad, más de tres horas de espera, ante las oficinas de la Policia Nacional -omito el nombre de la dependencia, para no centrar mis iras sobre ella, ya que he podido comprobar que el mal es general-, mientras decenas de uniformados pululaban sonrientes y jacarandosos de aquí para allá sin aparente destino. Cuando fui admitido, número en ristre, tuve acceso a una sala vacía, y muy bien calefactada, en donde una señorita, con exquisita amabilidad, me atendió en solo dos minutos. Todo lo que había que hacer conmigo como con la inmensa mayoría de los que esperamos horas, era confirmar nuestros datos, manchar nuestro dedo índice de la mano derecha con tinta (comprobando así que nuestras huellas eran las mismas que hace diez años) y darnos un papel-resguardo para que recojamos el nuevo carnet...en un mes. 

Otra cola. He tenido que recoger varios sobres certificados, porque, al parecer, el repartidor de Correos de mi zona prefiere rellenar al papel diciendo que no estoy en casa, en lugar de molestarse en tocar al timbre y subir a entregarme la correspondencia, y allí estaba, independientemente de la hora del día, la correspondiente cola, aguardándome. Las vicisitudes que demoraban lo indecible el proceso de entrega variaban, en este caso, desde la búsqueda infructuosa de algún paquete, la parada para el desayuno del único atendiente, o la inadecuada cumplimentación de los requisitos para recoger el certificado por parte de alguno de los predecesores en la cola.

También hice colas para pagar en el supermercado Día (en plena política de ahorro de personal), para salir del centro comercial de Alcobendas con el coche (nadie se movía durante horas), para entrar en el metro (Sol y Opera, con puñetazo a un joven que intentó colarse por parte de un guarda teóricamente de seguridad), para visitar el Belén de la plaza de la Villa, para ver la exposición de Sorolla-Sallent (mereció la pena), para que me atendieran de un esguince en el ambulatorio que me correspondía (desistí), para... Algunas de ellas, lo fueron porque me apeteció; en otras, adiviné la mano de la falta de planificación; en muchas, culpabilizo a una Administración Pública con mal control, desmotivada y sin autocrítica.

Estoy hasta el gorro de las colas. Siempre encuentro en ellas a las mismas personas, además. La pareja que se queja de lo mal que funciona el gobierno de turno (hoy Zapatero, ayer Aznar, mañana quién lo sabe), el niño incontinente, el trío que acaba de descubrir que son gallegos, la joven que volverá mañana, el anciano cojo al que no dejarán colarse, el aprovechado que me pide que le guarde la vez mientras va a otros asuntos...Cuando llevo dos horas en la cola me convierto en un funcionario ejemplar: indico cuál es el tiempo de espera aproximado, lo que hay que hacer en cada vicisitud, la ventanilla adecuada, los impresos necesarios.

Deberían pagarme por mis esfuerzos ciudadanos para mejorar el humor de los que guardan cola. Dinero no va a faltar. He calculado, por ejemplo, y solo para el DNI, que si 30 Millones de españoles renuevan cada 10 años su carnet y se les hace perder en media unas tres horas, esos 9 Millones de horas anuales corresponden, al menos, a unos 100 Millones de euros/año, que darían para crear unos 5.000 puestos de trabajo estables. Sin contar con los que se crearían si consiguiéramos echar a todos los funcionarios incompetentes, indolentes, malhumorados, incomprensiblemente extresados o enchufados cuando su partido estaba en el gobierno o su papá tenía mano en algo de la Administración.

 

(texto del dibujo, realizado en Hoja de almanaque Mirga el 30 de enero de un año de los 70, y que representa una cola de productores, con su ficha en la mano, esperando que el reloj marque la hora para fichar la salida del trabajo: "Dicen que en el extranjero fichan cuando les sale del pito y asi evitan aglomeraciones". "¡Toma!. Como nosotros a la entrada"
Otro: "Me realizo en esta cola" "Yo me meo"; Se ven al fondo unos individuos que ya ficharon, corriendo hacia los coches en marcha en donde algún compañero les espera -y por el que han fichado- gritando: "¡Vooooyyy!")

Al pairo: Cultura de la convivencia y Justicia por la mano

Hay días en que podría parecer que los pacíficos, pese a ser clara mayoría, lo tenemos cada vez más crudo. Porque uno mira la prensa y cunden los ejemplos de gentes de variados pelajes que se animan, solos o en compaña, a tomarse la justicia por su mano. Otros casos de aprendices de legisladores-jueces y verdugos, todo en un paquete, ni siquiera trascienden a los media. Los padecemos, más o menos en silencio: son los que no respetan el ceda el paso o el turno de la cola, los que ponen petardos para festejar que un equipo ganó cualquier liguilla, o nos plantan un ascensor cortando vigas y forjados comunitarios porque se les antoja que así dan mejor servicio a su clientela. Son solo unos ejemplos, por supuesto.

El día de fin de año, este impulso desordenado, anárquico, que nada tiene que ver con la educación y si con los bajos instintos del ser humano, floreció en varios sitios. No hace falta ser un lince para atribuir a las libaciones de alcohol el descarrío incontinente de tan improcedente conducta justiciera, no por ser adoptada en colectivo menos reprobable que cuando se administra en solitario.

El ejemplo más sobresaliente en nuestras tierras fue el de Villaconejos, que fue capaz de desorganizarse en una turba de unos 400  individuos para pasar a cenizas las pertenencias de la familia de un fulano que los importunaba, según dicen, amedrentándolos con sus bravuconadas y, además, se iba a veces sin pagar su consumición en el bar del pueblo. Después de manifesarse unánimente contra ETA, pedir a ZP que dimita y desearse felicidad para el año que estaba a punto de comenzar, se fueron, aprovechando que estaban ya agrupados, a la casa del foráneo. Hubo disparos, intervención permisiva de la Guardia civil y abstención total de los bomberos, a quienes los vecinos jueces no dejaron pasar más que para mojar los rescoldos.

No faltaron en el pueblo de los buenos melones (vegetales) las declaraciones incongruentes del alcalde, enterado porque su hijo le fue con el chivatazo de que la juventud preparaba una gresca en represalia por las actitudes del bravucón. ¿Quién era este?. El personaje que provocó tanto encono era un malhumorado ex-presidiario, con almorranas por seguro, que a pesar de llevar  unos cuantos años en el municipio, no había conseguido evidentemente integrarse en el pueblo y que, por la enumeración de todo lo que les quemaron, debía ser él o su familia persona de cierto estándin, porque tenían varios coches, motos y otros aparejos. "Si nos preguntan, diremos que hemos sido todos juntos", aclaran ahora los vecinos. Fuenteovejuna, esta vez, sin objetivos.

Tenemos en España una indudable tradición de dejar las cosas en el sitio que más queremos, saltándose las reglas, que algunos no quieren que se acabe. Florecen por ello grupos de individuos que, al abrigo de los más variopintos argumentos, quieren torcer las leyes y procedimientos previstos, para ahorrarse todo esfuerzo, en especial el de razonar, y así llegar por la brava a la conclusión que les beneficia, administrando la verdad.

La mayor lacra que en este momento vive entre nosotros, comiéndonos esencia, tiempo y ganas, alimentada por la cerrazón de creerse en posesión de la verdad y, en puro desatino, con autoridad para matar como les venga en gana, es ETA. Ese grupúsculo de visionarios de lo que conviene -dicen- a su pueblo y no quieren darle a los que no pertenecen -dicen- a su árbol genealógico ficticio, pretenden que a base de colocar bombas que causen mucho daño y -por favor, que nadie dude, sin pretenderlo ellos- hasta provoquen unas cuantas muertes, van a alcanzar sus objetivos. A fuerza de matar y violentar, defienden estos delincuentes de la peor estopa que los pacíficos les acabaremos otorgando la razón.

Ya me imagino cómo sería el mundo ideal perseguido por los elementos integrantes de la banda terrorista. Cualquiera que crea tener razón en algo, quedaría autorizado sin problemas a poner una bomba bajo el coche del que le importune; da igual que sea el maestro que haya suspendido a su juvenil retoño, o el jefe que se resista a subirle el sueldo. Las diferencias se ventilarán a bofetadas o a machete, y, si algún vecino se insolenta, no hay que dudar en quemarle la hacienda, con la familia dentro, a ser posible, para que aprenda por siempre jamás.

En Villaconejos, en donde hasta ahora eran conocidos por cultivar los mejores melones del mundo, ya se han declarado partidarios de tomarse la justicia por su mano. Las cosas de los Tribunales van para ellos muy despacio, las fuerzas del orden son unas timoratas, y los bomberos solo tienen sentido para apagar los fuegos cuando ardan las casas de los que juzgan, no de presuntos ni sospechosos ni implicados.

Hay, salvando las distancias, un cierto parecido con las pretensiones de los villaconejinos y los etarras: el juego democrático, en este caso, se les antoja lento e inútil a la banda terrorista. Como tienen razón sin paliativos, no encuentran problemas en ir por el atajo de las bombas y pistolas. Ellos ponen las normas.

Como otro hatajo los veo, y bien pongo la hache: de cobardes. La cultura de la convivencia tiene otros valores

 

 

 

Al socaire: Balance de un año dual

Al socaire: Balance de un año dual

En este mi primer año como bloguero, no querría dejar de hacer un Balance que me permita cerrar la relación de Comentarios que he venido realizando desde junio pasado en este Cuaderno informático. Es evidente que he presentado una visión sesgada y personal de la realidad de cada día, por limitaciones obvias, intelectuales, espaciales y temporales.

He publicado del orden de ochenta artículos originales -agrupados bajo los epígrafes de Al socaire, Al pairo, A barlovento y A sotavento, según el grado de mi implicación con la noticia o el apunte que me pareció más oportuno-, además de varias decenas de pinturas y dibujos, relatos, poemas, reproducciones de otros artículos ya publicados y algunos capítulos de mis novelas. Procuré repartir mis opiniones entre artículos ambientales, jurídicos, técnicos y políticos, sincerándome en los planteamientos, puesto que, como ya expuse en algún momento, escribo para los amigos: los antiguos, y los nuevos.

El año termina, a escala nacional, con un atentado de ETA en Madrid, con descomunales daños materiales, el destrozo de multitud de vacaciones largamente esperadas, y dos personas desaparecidas (muy probablemente, fallecidas en la demostración de la barbarie). Mi interpretación de las consecuencias políticas del atentado es que ha quedado descalificada la estrategia negociadora del gobierno con la banda terrorista. Es evidente que ese monstruo de varias cabezas que es ETA, no solamente tiene unos objetivos aberrantes, sino que, además, carece de una dirección única.

En lugar de anunciar la paralización de las negociaciones, el presidente Rodríguez Zapatero debiera haber indicado que habían estado siendo sometidos a una trampa incalificable por quienes no representaban completamente a la desorganización terrorista. No de otra forma puedo entender el desajuste que significa que ayer, el máximo responsable del Ejecutivo expresara su voluntad de seguir negociando, y hoy se produjera la destructora explosión en el aparcamiento de la Terminal 4 de Barajas, con un coche bomba cargado con más de 200 kg de explosivos.

A escala mundial, ha crecido en 2006 la sensación de inestabilidad y descontrol. La falta de un liderazgo global -que no está cualificado para asumir Estados Unidos, por su persistencia en manifestar una concepción utilitarista y egocéntrica de la política internacional-, se nota. El ahorcamiento de Sadam Hussein, además de significar una acción que genera un reproche para el justiciero, desde la concepción contraria a la pena de muerte que han asumido todos los países de la Unión Europea y la mayoría de los seres humanos instruídos en el respeto a la vida, incluída la de los asesinos más innominables, no tranquiliza el panorama conflictivo del terrorismo internacional. No hace falta una bola de cristal para vaticinar que servirá para incrementar la tensión y el odio entre las diversas etnias y grupos tribales, más o menos teñidos de devociones religiosas, con las que Occidente ha estado jugando a redentor-explotador en Asia y Africa.

No estoy animado, pues, al analizar estos dos recientes hechos que cierran el año, respecto a las perspectivas para 2007. Pero sería injusto no reconocer que 2006 nos ha dejado una carga saludable de esperanzas. Cito también solo dos. Por una parte, el desenmascaramiento de algunos de los tejemanejes que, al abrigo de una muy mal entendida potestad administrativa y del apoyo de emprearios sin escrúpulos, se habían construído, mezclando especulación inmobiliaria, corrupción, destrucción de hábitats naturales y ambiciones particulares o de partido. Es decir, llevando al bolsillo de unos pocos la riqueza de todos.

También es una buena señal que haya crecido la sensibilidad ambiental, apoyada en las manifestaciones del cambio climático (coyunturales o estructurales, pero ya advertidas por casi todos). Ello propiciará el aumento del uso de las energías menos contaminantes, la contención del despilfarro energético, y, quiero creerlo, la solidaridad internacional.

Para mí, lo más importante de 2006 ha sido el robustecimiento en la amistad con la que me honran amigos de una esplendidez  a toda prueba. Ellos saben que les quiero, y todos me perdonarán que no les cite aquí, porque parecería una petulancia enumerar a todos los que me dispensan su amistad. Ha sido un año pleno de buenas sintonías, que me han hecho olvidar, prácticamente en todo momento, que tengo algunos enemigos, de cuyo nombre hoy no me quiero acordar y que, estoy seguro, sufren más desazón de la que me provocan.

En fin, si queréis verme bailar -nunca al sol que más calienta, sino al que me pete-, podeís visitar la dirección que figura más abajo. En la vida real no soy tan ágil, pero si la ocasión lo merece, aún puedo dar un par de saltos. 

http://www.elfyourself.com/?userid=2454f4dffc15ae3faa084afG06122414

Al socaire: El otro discurso de Navidad del Rey

Ignoro quien le escribe los discursos al SM El Rey Juan Carlos, y ni siquiera se si está resuelta la muy pertinente cuestión de quién se los lee. Desde luego, que oigan el discurso de Navidad tiene que haber muchos, dada la difusión mediática del mismo, y la hora elegida para su retransmisión, con las gentes ya en sus casas, esperando que en cocina anuncien que las viandas están listas para la mesa.

Particularmente, lo que dudo es que la mayoría escuchen -en el sentido de "pongan atención a"- lo que dice el Monarca.

Por una parte, está el escollo de las insalvables dificultades expresivas de Don Juan Carlos –rotundamente demostradas en lo que respecta a la dicción en absolutamente todas sus apariciones institucionales formales, aunque desmentidas en cuanto a Su talante por muchos que han tenido ocasión de compartir algunos momentos distendidos con El-.

Por otra, están los contenidos de sus mensajes, preparados cuidadosamente para que no digan nada relevante. Porque, a pesar de los esfuerzos de los exégetas del día después, las frases que hilvana una tras otra en Su monótona lectura, son una invitación permanente a descartar la opción de profundizar en  la interpretación de Sus palabras. Son lo más parecido a una insulsa declaración de buenas voluntades.

En justa reciprocidad, siempre que tuve ocasión de asistir al seguimiento del Mensaje navideño desde cualesquiera locales publicos, vengo constatando que los súbditos asisten a la retransmisión con una respetuosa indiferencia, habiendo sido completamente asumido por el personal que El no va a decir nada relevante.

Podría no ser así.

Ante todo, cabría preguntarse porqué quien escribe los discursos del Rey mantiene una obsesión por navegar en la obviedad, o acumular frases de inocuos consejos y vacuas llamadas a la convivencia pacífica, a la cooperación general o al mantenimiento de los objetivos comunes, en un diálogo sereno y esforzado. Nadie sensato pondrá en duda que es necesario actuar en este entendimiento, pero tampoco es necesario esforzarse en señalar la trivialidad. Todos queremos el progreso, el final del terrorismo nacional e internacional, el discurrir pacífico de la convivencia, y la integración sin traumas de la inmigración, pongo por caso.

No alcanzo a imaginar porqué ha de antojársele al ilustrado negro que le escribe los discursos al Monarca que El no puede referirse a la necesidad de eliminar toda corrupción en la vida política, de perseguir como prioridad los enriquecimientos ilícitos antes que los pequeños hurtos, de agilizar y homogeneizar el funcionamiento de las instituciones o de revisar, para contenerlos, los planteamientos desestabilizadores de la unidad de España, movidos según podría estimarse por oscuros sentimientos de insolidaridad regional.
 

Puede ser algo más problemático, pero sería visto como un elemento rejuvenecedor de la institución monárquica, el que el propio Monarca reafirmase su papel de garante de la democracia, entendida como manifestación de pluralidad y de justicia distributiva, y la preminencia de la figura que encarna como parte del equilibrio entre los intereses nacionales, incluídas las facciones republicanas. No se trata de mantener abierto permanentemente el debate sobre la forma de gobierno que preferírían los españoles, sino de consolidar la referencia a la monarquía como una manera perfectamente moderna de incorporar la jefatura del Estado, actuando por encima del debate político y  siendo permanente regulador de las tensiones prioritarias de la vida nacional. 

Me parecería también muy atractivo que el Monarca hubiera hecho una referencia a la cuestión de la ley sucesoria, expresando Su inquebrantable conformidad constitucional por la que la continuidad de la realiza española se concreta hoy en Don Felipe, pero lanzando el guante blanco de que, de acuerdo con los tiempos y la igualdad de sexos de la que El se ha convertido en primer defensor, la infanta Doña Leonor debería ser educada como futura Reina de España, y, por ende, la reforma constitucional, en ese aspecto al menos, no debería demorarse.

Sería interesante que el Rey expresara Su voluntad de involucrarse activamente en la solución al conflicto entre las civilizaciones cristiana y musulmana, desde el respeto a las creencias, desde luego, pero en coordinación con otros jefes de Estado, y particularmente los europeos, para incrementar la cooperación internacional y acelerar la eliminación de las desigualdades económicas, utilizando para ello Su indudable carisma personal y, en concreto, la relación afectuosa que mantiene con homólogos de los países árabes .
 

Y, en fin, me parecería especialmente imprescindible que el Monarca aprovechase ese momento de atención generalizada para hacer un repaso a las actuaciones más relevantes realizadas durante el año que termina, tanto por El mismo, como por su sucesor. Ello ayudaría a eliminar la creencia, pienso modestamente que muy extendida, aunque alimentada con muy variados intereses -incluídos los desestabilizadores-, de que se trata de una mera figura decorativa, y por tanto, prescindible y costosa.

 

Incluso, para reforzar los rasgos humanos de un personaje que merece seriedad en la atención mediática pero que necesita ser comprendido como un ser de carne y hueso que vive y siente como los demás humanos, se agradecería que ofreciera un par de pinceladas de su visión personal, incluso familiar o de sus relaciones. 

No pretendo -válgame Dios-  que el Monarca explique urbi et orbe cuáles son sus intereses económicos o las razones por las que miembros de su familia aparecen involucrados en Consejos de Administración de sociedades mercantiles. Pero, en fin, para empezar, una referencia al riesgo de que se suprimiera la fiesta nacional de los toros, a la que se le sabe aficionado, o al tiempo que los españoles dedican semanalmente a ver partidos de fútbol, paralizando el país, podría ayudar en horas de máxima audiencia, a acercar la figura humana de un personaje que se protege como si se tratara de un personaje de ficción.

Si quedan huecos en el tiempo de discurso navideño, tampoco estaría de más el lanzar algunas consejas generales, sobre la necesidad de respetar seriamente el ambiente y no solamente de boquilla, cuidando de no destruir especulativamente los parajes naturales y, más en particular, nuestras costas, ... 

Un par de frases bien elegidas podrían hacer recapacitar, incluso a los más reacios, de lo erróneo de la apreciación de que el Rey no vive la realidad nacional que se ventila más allá del refugio de la Zarzuela, de lo que le cuentan de vez en cuando los presidentes del Gobierno de turno o algún político relevante de su leal oposición, o de lo que le cotillean sus vecina/os de mesa en las cenas oficiales. Una realidad que tampoco le van a trasladar en las audiencias reales las series clónicas de envarados personajes que le proponen retahilas de presidencias de Honor y le regalan placas de plata mientras se fotografían con El para sus ménsulas de despacho.