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El blog de Angel Arias

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Al socaire: Libertad para la Guardia civil, por favor.

Al socaire: Libertad para la Guardia civil, por favor.

La mañana, por culpa del cambio climático o de Rodríguez Zapatero, estaba magnífica. Hacía un sol propio del otoño, y yo tenía un par de horas libres, así que me fui a pasear por la Plaza Mayor. Ya de camino, me encontré con un desfile en formación de marcha tumultuaria, constituída por Guardias Civiles. Subían por la calle Mayor, por lo que supuse que estaría programado algún acto oficial en la sede del Gobierno regional.

 No. De lo que se trataba era de una manifestación de beneméritos, reivindicando, al más puro espíritu sindicalero, sus derechos. Gritaban consignas variadas, pero las más recurrentes eran: "Zapatero, mentiroso", "Contra la intolerancia" y "Libertad para la Guardia Civil". Varios uniformados, al estilo de junta constituyente, encaramados sobre una tarima, daban respaldo a una pancarta en la que se reclamaba: "Derechos, ya".

Me quedé un rato a escuchar los discursos que pronunciaron varios de los organizadores del acto (AUGC) y otros simpatizantes. Buscando algún lugar resguardado de las posibles inclemencias verbales, me puse detrás de varios números de la Policía Nacional que, a pie de sus vehículos oficiales, vigilaban pistolas y porras al cinto, la evolución de los miembros del otro cuerpo de las fuerzas de seguridad del Estado.

Hasta hace unos años solía decir, porque la frase me parecía plena de contenido, aquello de Terencio: "Hombre soy, y nada de lo humano me es ajeno". Ahora, con eso de haberme convertido en envejeciente, la expresión me parece que hace agua por todas partes. Mientras atendía -con disposición de salir corriendo con las manos en la cabeza a la primera insinuación de conflicto de pareceres- a los oradores, reflexionaba para mis adentros, madurando cuatro ideas que quiero compartir con mis lectores:

1. En caso de que se hubiera detectado alguna irregularidad respecto a lo, supongo, previsto en la manifestación y acto autorizados, ¿los policías nacionales se hubieran empleado con sus armas reglamentarias para disolver a los guardias civiles alborotadores?. De haber sido así, ¿hubieran respondido los guardias civiles, siendo los espectadores testigos de una histórica ocasión para valorar de primera mano para lo que servirían varios cuerpos de seguridad con diferentes mandos e intereses?-

2. Los turistas que en la soleada mañana visitaban la Plaza Mayor y alrededores, y tomaban, atónitos, fotografías del evento, ¿qué se imaginaron? ¿Que nuestro folclore había sido llevado al centro de la capital de España, para que todo el mundo pudiera valorarlo sin necesidad de desplazarse? ¿Volveremos a ver corridas de toros en la histórica Plaza?

3. Había una persona que, cubierta de barro, aguantaba, impertérrita, los discursos, solicitando una caridad. El cuadro era extraordinario, porque la figura me recordaba a Francisco Franco. Mientras tomaba una foto para concurso, maduré otra pregunta: ¿No tienen los guardias civiles otras vías de manifestar sus reivindicaciones, -por supuesto que acepto que pertinentes y justas-, más que apostarse en un mitín en la Plaza Mayor de Madrid?

4. Los guardias civiles presentes, uniformados de gala en su mayoría, acompañados en algún caso de familiares y amigos, podrían ser unos mil. Pedían claramente la dimisión del presidente de Gobierno, por "mentiroso". Había una pancarta muy explícita, que, ya puesto a convertirme en testimoniador de un acontecimiento histórico, también fotografié. Una caricatura de Zapatero-niño explicaba que no había que fiarse del Jefe del Ejecutivo.

No pude entender bien el conjunto de mentiras que se le atribuían a Rodriguez Zapatero (la megafonía era pésima), pero parecía ser un pupurri de muchos conceptos y revelaba graves disgustos: el cuerpo de la Guardia Civil ha sido engañado con promesas incumplidas, no tiene derechos plenos, goza de menos libertad que otras fuerzas del Estado, no se sienten respaldados en su estrategia antiterrorista, ganan poco para el riesgo y trabajo que asumen, sus cuarteles son indignos... Mi pregunta: Si tienen una posición tan claramente contraria al Gobierno legítimo, ¿prepararían otra marcha sobre el Congreso -o sobre la Moncloa- para hacerse con el poder y obligar a los representantes democráticos a cambiar la orientación que les disgusta?.

Ufff...

 

Al socaire: Por cada trabajo en economía sumergida hay hasta nueve ocupados indirectos

Al socaire: Por cada trabajo en economía sumergida  hay hasta nueve ocupados indirectos

La foto la he tomado ayer, en la Puerta del Sol. La escena recupera una vieja imagen que muchos ya considerábamos abolida. La del limpiabotas que lustraba por unos céntimos nuestros zapatos y los de otros, y los hacía brillar como no era posible conseguirlo en casa. Nuestro padre nos hacía sentar en aquel trono de circunstancias, donde reinábamos por un par de minutos, y lo hacíamos encantados, porque podíamos leer un TBO o El Capitán Trueno de la colección que estaba a disposición de los clientes. 

Los limpiabotas de mi infancia ovetense tenían su lugar como realquilados  en el Café Peñalba, situado en calle Uría, y el inolvidable cafetón estaba entonces junto a un carbayón que era un hijo bastardo del árbol-símbolo.

Mientras yo me absorbía en la lectura de las aventuras de la familia Ulises y de Crispín y Goliat, uno de aquellos señores del maletín con betunes, laminillas de cuero y grasas de caballo para el toque final, se esmeraba, escupitajos incluídos, en dejar mis cueros, -que estaban hechos una lástima de jugar al balón y dar puntapiés a las piedras-, tan relucientes como el sol. Se que siempre era domingo por la mañana, y recuerdo que mi padre se tomaba un vermú con una aceituna servida dentro de la copa, planificando negocios imposibles con los amigos que tenían los padres, y de los que los niños siempre supimos muy poco. "Hay que ayudar a este pobre hombre, que no tiene otra forma de ganarse la vida", era la justificación.

En la instantánea que saqué a la carrera, cuento hasta nueve personas (y hay otras que han quedado fuera de objetivo), todas ocupadas.

No sé cuantas de ellas tendrán un trabajo remunerado (evidentemente, en otra parte). Enumero: Está el joven que se hace limpiar sus zapatos, en evidente edad de poder hacerlo por sí mismo; no lee, sino que observa la operación con juicio crítico . Está el limpia, en edad de estar jubilado y con apariencia de querer ganarse unas pesetillas extra aprovechando el buen tiempo. Están los asesores, amigos seguramente del joven que se deja querer los pies, y que parecen estar dando consejos a uno de ambos protagonistas principales. Están los que miran a los asesores, y que tienen cara de dudar acerca de la calidad del producto final. Está el transeúnte, que también valora el trabajo ambulante, quizá para ser cliente en otra ocasión, pues sus zapatos de hoy relucen...

Lo dicho: la creación de puestos de ocupación del tiempo de ocio en nuestra sociedad avanza a ritmo acelerado. ¿Quedará alguien que trabaje, de verdad, en algo útil? ¿Qué se puede hacer?.  La palabra del toldo que corona la escena, escrita en inglés, sugiere la solución-respuesta: "Change". Será por dinero...

A barlovento: La naturaleza de la caza y la de José María Blanc

A barlovento: La naturaleza de la caza y la de José María Blanc

Hace un par de horas, en el salón de actos de la Fundación Gómez Pardo, se presentó un libro de José María Blanc, con el título "De la Naturaleza y de la Caza".

José María Blanc es un personaje de excepción, respetado por gentes de todas las ideologías, con una cultura en la que no se ven lagunas ni tierras de nadie. Abogado de élite, laureado en mil batallas dialécticas, miembro del Club de Roma, vicepresidente del Club Español de Medio Ambiente, (...), es un amante de la naturaleza como no conozco a nadie que lo sea más y a muy pocos que lo sean tanto, y un cazador apasionado, que defiende la caza sostenible desde las asociaciones (Federación Española de Caza), el sentido común, y un inteligente respeto hacia los animales.

José María no habló, salvo para agradecer las intervenciones de quienes fueron, por el estilo del acto, sus hagiógrafos, todos convencidos de lo que decían. Yo estaba en primera fila, al lado de mi querido compañero Emilio Llorente, y aproveché para hacer fotos, como si estuviera encargado de la cobertura oficial del evento.

Los intervinientes estuvieron muy bien, entreteniéndonos, contando anécdotas sobre las actividades de la Fundación que lleva el nombre del escritor homenajeado y sobre su cariño a los animales y a la naturaleza. Destacó, donde era muy difícil destacar, por su simpatía y buen decir, la charla de José Baragaño, actual Director de la Fundación Blanc, que nos ilustró sobre la gran capacidad de trabajo de su jefe, al que definió como una combinación de alondra y búho, capaz de mantener el ritmo tanto de día como de noche.

La intervención de Ramón Tamames, se desarrolló en otra galaxia. Fue el comentarista principal, y se tomó el tiempo que le pareció bien, para deleite de todos. Estuvo erudito a la par que cariñoso con José María. Empezó hablando del Homo sapiens, se refirió a Carl Sagan y a su Calendario de la vida ("estamos viviendo los últimos nanosegundos de una historia de 14.000 años"), citó a Montagut y leyó a Ortega y Gasset. "La vida es un gran cazadero en el que se mezclan cazadores y piezas", recordó. Hasta tuvo tiempo para decir algo de los vascos y los bosquimanos del Kalahari ("la lengua en la que mejor se cuenta la historia del cazador")

Ramón Tamames nos contó la historia de la Humanidad desde la perspectiva de la caza, en sabias pinceladas. En esa historia de hombres recolectores primero y luego cazadores, que habían aprendido el método de la observación de los animales, la caza ha pasado a ser un privilegio y, por tanto, debe sujetarse a reglas en las sociedades democráticas. Para poder conservarla, para proteger a las especies de su aniquilación, es necesario regular el ejercicio de la caza, y proteger a los cazadores, que no tienen el derecho a cazar, sino que deben comprarlo.

"El furtivismo no tiene reglas, y por eso, el Homus Keniata ha puesto en peligro de extinción, con la prohibición absoluta de cazar, a los animales y a su propia especie. En cambio, en Botswana, con una legislación reguladora de la caza, se ha creado riqueza, empleo, y los animales prosperan en buena salud".

Ramón Tamames se sentó a mi lado cuando se proyectó la película con la que se conmemoraban los 25 años de la Fundación José María Blanc (había un sitio libre), ya para finalizar el acto, realizada con un guión al estilo de "Planeta Tierra". Cuando casi terminaba el documental, después de las terribles escenas de destrucción en Doñana y las palabras amargas con las que el narrador se refirió al desastre de Aznalcóllar, que destruyó la joya de la corona de la labor proteccionista de José María Blanc, -la zona de Lucio del Cangrejo, que fue utilizada como balsa de contención de los lodos-, Tamames me susurró: "Se entiende que José María leyera por las noches a Nietzsche" (José Baragaño nos lo había contado antes). Han pasado diez años, y aún no se ha recuperado Doñana del todo, pero la pujanza de la obra de Blanc se muestra en muchas otras realizaciones, actividades, documentos. El documental refleja ese optimismo, inherente al ciclo de la vida.

Hay que leerse las anotaciones de José María Blanc, escritas entre 1976 y 1994. Todas son actuales, de ayer mismo. El tiempo no ha pasado por ellas, porque él siempre ha tenido las ideas muy claras, y sobre todo, las ha puesto en práctica. Los nombres de quienes vociferaron sobre lo que había que hacer y no hicieron nada, o destruyeron lo que otros estaban haciendo, no están en ninguna memoria, ni merece la pena rescatarlos del olvido.

Personas como José María Blanc son un regalo para sus coetáneos: persona de exquisita educación, amplia cultura, cálida hospitalidad desinteresada. Que, además, haya sabido hacer dinero, disfrutar de la vida, tener un montón de sinceros amigos, y mantenerse sonriente ante las dificultades, es una prueba menor de la naturaleza de ese estupendo ser humano que es José María Blanc.

 

Al socaire: La Comunidad de Madrid reduce gastos

Al socaire: La Comunidad de Madrid reduce gastos

Los altos precios de las inserciones publicitarias en los periódicos de mayor difusión, han animado, por lo que parece, al equipo de la diligente Esperanza Aguirre a aprovechar la fachada del edificio de la Puerta del Sol conocido por el reloj desde el que se difunden las campanadas de final de año en España, para colocar en ella el anuncio de la nueva estación de metro abierta en Pinar del Rey.

No es la primera vez que esta excelente plataforma visual, antes conocida como Palacio de Correos, es utilizada por las autoridades. Ya sirvió como soporte para apoyar a Madrid como ciudad olímpica, si bien en aquel caso el mensaje resultó muy empañado por la multitud de obras que se estaban haciendo en la capital, lo que no permitió valorar serenamente la candidatura a los miembros del comité de selección. 

Se espera que con esta sábana informativa, situada justo bajo el balcón principal del edificio, allí donde lucen las banderas oficiales, todos los transeúntes -fundamentalmente, de nacionalidad ecuatoriana y subsahariana, pero también venidos de otros países y zonas- que, por diversas razones, se vean obligados a circular por la deteriorada Plaza central de España, puedan tomar conocimiento de esta ampliación de la red metropolitana, si es que no lo han hecho por otras vías.

No me consta fehacientemente, pero es incluso posible que las empresas que colaboran en las muchas obras que caracterizan la situación actual de Madrid, también alquilen espacios publicitarios en la fachada de la sede de la Presidencia de la Comunidad (y, en sus laterales, si bien la proyección en este caso sería menor).

Se producirían así ingresos extraordinarios en las arcas de esta Administración, que muy probablemente podrían ser empleados para poner en marcha alguna de las iniciativas y propuestas que, por falta de dotación presupuestaria, no han podido ser emprendidas aún, a pesar de la necesidad, y la correspondiente demanda ciudadana.

A sotavento: Entre el falso desnudo de Gandhi y el verdadero de Ana María, yo no tengo dudas

A sotavento: Entre el falso desnudo de Gandhi y el verdadero de Ana María, yo no tengo dudas

Leo que hay malestar entre los veneradores de esa figura emblemática de la austeridad que fue Gandhi por la publicación en youtube.com de una sátira visual en la que un cómico desvergonzado se va despelotando hasta quedarse, no exactamente como su madre lo trajo al mundo, sino con ese calzoncillo revirado que usan por aquellas tierras para tapar las partes pudendas y andar más a cobijo.

Casi simultáneamente, otro escándalo relacionado con desnudos, ha sacudido los cimientos solidarios de la población gallega de Arcade, la de las famosas ostras. Vive allí una moza que había pasado a la posteridad local y nacional por haber sido maldetenida en México, y conducida a la cárcel de los descendientes de aztecas y españoles, en donde se la retuvo como presunta terrorista (aunque, utilizando una indulgencia digna de asombro y estupefacción, se le permitió estar acompañada, dicen, de su madre): Ana María.

Probado que a la joven le habían gastado una broma o utilizado de elemento de distracción por alguien que le había colado un par de balas de fogueo en su maleta de recién casada, la dejaron libre, le pidieron disculpas, y, en fin, -mal adaptando al poeta-, se caló el sombrero, se enfundó la rabia,viniese, y no hubo nada. Pero ella, que tanta solidaridad y expectación había suscitado, cuando se encontró en seguro, meditó y quiso traducir su notoriedad en algo de pasta.

Comprensible. El cariño y el afecto públicos hacen bien, pero no se compra un piso con ellos. Puesto que una mujer joven y agraciada tiene pocas posibilidades de hacer fortuna en forma rápida de otro modo que dando de comer al morbo de la gente -sensu contrario, las que no cumplen estas condiciones, lo tienen harto crudo-, fuérase a donde más pecado había y púsose delante de una cámara fotográfica, pechos al aire, cual la Libertad guiando al pueblo, de Delacroix. Así aparece, nalgas prietas, con  varias poses, en un número reciente de Interviú, la revista política que sazona los razonamientos de la izquierda moderada con desnudos atrevidos de las hembras más populares.

Por supuesto que a mi no me escandalizan ninguna de las dos opciones de ejercer la libertad de expresión corporal. Aunque si tengo que escoger cuál de los dos desnudos merecería mi voto, no tengo duda alguna. Ana María me suscita muchas más y mejores reflexiones que Mâhatma cuando observo ambos en cueros en la pantalla de mi portátil.

A la hora de valorar el impacto mental que me producen las opiniones de ambos sobre el mundo y sus móviles, la verdad es que mi voto varía completamente.  El líder independentista y maestro de la no-violencia me hace más tilín en el cacumen. "Cuando perdiz, perdiz, y cuando penitencia, penitencia", como escribía Teresa de Avila, antes de ser santa, regalando a la posteridad una conseja que vale tanto para un roto como para una descosida, quiero decir, para una despelotada.

(Nota: Tengo otro collage en el que he pegado la cabeza de Candhi al cuerpo semidesnudo de Ana María, pero he preferido esta composición, porque, de las dos aberraciones corporales, es la que menos hiere mi sensibilidad estética.)



A barlovento: Hay más ETA que la que arde.

A barlovento: Hay más ETA que la que arde.

No se puede aceptar la negociación con ETA ni se pueden pactar condiciones con los representantes de los terroristas, porque hay más ETA que la que arde, aunque, si no se tiene en cuenta el sentido de la frase hecha, por mí, como por la inmensa mayoría de los españoles, ETA podía arder entera sin que la echásemos de menos.

No sé cuántos serían los que acudieron a la manifestación de ayer en Madrid. Dicen que PP y Batasuna no apoyaban oficialmente la convocatoria, porque faltaba una palabra en el lema adoptado, y no se qué dirigente expresó que había ambigüedad en los objetivos, y ya no me acuerdo quién estimaba que el protagonismo de los unos era excesivo respecto al de los otros.

Yo no conté ni a los presentes ni a los ausentes. No entiendo, además, de filiaciones. No me interesan las cifras, cuando se trata de contar los adeptos para defender una posición de vida, de paz, de ausencia de violencia.

Por eso, estoy seguro que presentes físicamente o con el corazón, estábamos todos allí. Lo que internamente nos hacía matizar esa presencia, tampoco me parece relevante. Estaban tanto los que creían que la negociación con ETA hubiera significado una oportunidad de llegar a la paz, como los que pensábamos que había sido un error de apreciación y una ingenuidad.

Estábamos comunicando a las víctimas y a sus familiares que nuestra distancia con los asesinos era total, y estábamos expresando a los terroristas que nuestra naturaleza era de otra especie a la suya. Humanidad contra abominación y sangre; cordura, contra insensatez; serenidad y firmeza, frente a odio y enajenación .

Faltaban muy pocos. Faltaban solamente los cuatro enloquecidos que defienden sus propios intereses terroristas, un grupúsculo de fanáticos que, aprovechándose de la tolerancia y de las ganas de vivir en paz que tenemos todos, utilizan el hueco de nuestra hospitalidad para intentar amedrentarnos, colocando bombas sobre las infraestructuras necesarias y costosas y matando, adrede o por casualidad, a cualquiera que no esté del lado del detonador.

Me parece indecente que se dude  de la unidad de los demócratas en defender la paz, la seguridad, la libertad y la vida. Es que ni siquiera tiene que ver con la democracia, sino con el sentido común, con la ética, con la esencia del hombre, que es su inteligencia. Todos los sensatos queremos vivir en paz y en buena compañía.

Para los asesinos de ETA, como para todos los asesinos, la lógica es otra, es la simulación, el engaño, para que los inocentes -sus víctimas- les tomen por lo que no son. Por eso, los asesinos de ETA y los partidarios de negociar con las pistolas sobre la mesa, quieren disimular sus condiciones. Llevarán una vida lo más discreta posible, harán como que entienden y compartennuestros argumentos de paz, y, puesto que sus ideales son otros, se sentirán libres para salir de sus guaridas de falsa honestidad para recibir instrucciones, recoger armas o bombas, ponerlas en los lugares elegidos o para matar a sus víctimas. Después, se pondrán sus capuchas y nos contarán desde su oscuridad mental frases incoherentes para explicarse porqué lo han hecho.

Estoy con los que defienden que no se puede negociar con los canallas, que no se puede tener tregua con ellos, y que la única negociación posible es la de que entreguen las armas, abandonen cualquier idea de lucha que no sea la dialéctica, y que, los que hayan cometido delitos y hayan sido indentificados como presuntos autores, se sometan a la disciplina del Estado de derecho. La justicia ha de juzgarlos, y absolverlos o condenarlos en juicio justo, con las garantías que nos hemos esforzado en consolidar para proteger nuestros ideales comunes.

Porque si no se hace así, el mensaje de la sociedad hacia los terroristas quedará adulterado. No se entenderá cómo ese mismo Estado encontrará la coherencia para aplicar la ley al que roba unos cientos o miles de euros, al que defrauda al Fisco por un par de declaraciones mentirosas, o al que atropella a un peatón y se da a la fuga. Ya se, son solo ejemplos al azar. Pero si instauramos la filosofía de la negociación con el delincuente, no podremos pretender que defendemos el estado de derecho, y, por supuesto si los delitos de terrorismo, asesinato o pertenencia a banda armada admiten negociación con sus autores, la sociedad civil perdería autoridad para  estimar la justa proporcionalidad entre los delitos y sus penas.

Ayer, en las manifestaciones que se celebraron en España, estábamos todos. Solo faltaban cuatro descerebrados, que no pertenecían ni al PP ni a Batasuna, ¿no queremos creerlo así? ¿no es mejor así?

Al socaire: Madrid consolida su atractivo para desarraigados

Al socaire: Madrid consolida su atractivo  para desarraigados

Favorecida, sin duda, por el clima más suave de toda Europa en la actualidad, España se está consagrando como el lugar preferido para los desarraigados de Europa.

Tengo que aclarar de inmediato, para los que leen deprisa, que no me estoy refiriendo a quienes vienen en cayucos, carromatos, autobuses, fondos de camiones o charters con billete unirideccional, desde las lejanas Bolivia, Ecuador, Brasil Bangal Desh, China o Colombia, o las vecinas Marruecos, Mauritania, Sudán, ... ni siquiera a los provenientes de Ucrania, Rumania o Kazakstán, ... ni en general a todos cuantos llegan aquí con una mano delante y otra atrás, pero con buena disposición para trabajar en aquellos puestos que los españoles ya no consideramos que están a nuestra altura, y que conforman una inmensa bolsa de ilegales hasta la próxima regularización. Todos esos ciudadanos que se ocupan de los enfermos y ancianos, realizan labores de jardinería y guardería, son criados y porteros, camareros u obreros de la construcción y chapucillas varios...., son base fundamental de nuestra economía sumergida y seguramente ya no podríamos vivir sin ellos

No. Me refiero a los desarraigados genuinos, una buena parte de ellos, españoles, pero últimamente también venidos de todos los lugares de la Unión Europea. Son muchos los que, atraídos por la llamada de los ya presentes, se incorporan cada año para llenar de una nota folclórica, maloliente, cutre, -no estoy hablando de falta de dignidad humana, sino de higiene física- nuestras calles más céntricas y nuestros lugares más emblemáticos.

En especial, Madrid ocupa un sitio preferente, superando con mucho la posición que antes mantenía París. A la anteriormente citada cualidad climática, se añade la estupenda variedad y cantidad de locales abandonados, la excelente pasividad del personal y la solícita atención de la policía municipal, que, en estricto cumplimiento constitucional de la libertad de circulación y residencia, se encarga de que nada perturbe el sueño de estas personas que, por razones no siempre comprensibles, han decidido hacer de la calle el salón de su casa, y de la intemperie su aire acondicionado.

Todavía quedan algunos sitios muy aceptables, pero está claro que los más atractivos ya se encuentran adjudicados. No tengo la más remota idea de cuál es el precio medio del alquiler de un metro cuadrado de baldosa, pero, por algunas peleas callejeras que a veces sorprendo, hay lugares por los que parece merece la pena enzarzarse en una disputa a navajazos.

Así, en la Plaza Mayor y sus alrededores mora un grupo estable de unos quince vagabundos, que se aprovechan de las estupendas vistas de ese lugar emblemático de la capital, y que, como lugar de residencia marginal, cuenta con especiales ventajas. Dispone este rectángulo de oro de un gran tránsito de público, y sus amplios soportales ofrecen huecos protegidos del ocasional vientecillo de madrugada; y, para más comodidad, se ubican en la zona multitud de tiestos de los restaurantes de la meca gastronómica de la villa del oso y del madroño, con plantas de variadas especies, que siempre agradecerán un poco de abono natural.

En la zona del conocido mercado de San Miguel, en importante remodelación urbana, para potenciar ese enclave del Madrid modernista, los interesados pueden tomar conocimiento, obtener fotografías, dar limosna y hasta discutir con violencia, con un grupo mixto e incluso heterogéneo y multinacional de desarragaidos, que integra diferentes animales de compañía. Con alguno de sus componentes -si el estado mental lo permite, lo que dependerá de la hora del día- se podrán intercambiar ideas sobre la situación mundial, la política en general, el pasado que fue mejor o las posibilidades de compra de bebidas alcohólicas o droga.

Son muchos los lugares que ya están ocupados, siendo muy solicitadas las clásicas cabinas bancarias, resguardadas de miradas curiosas, las entradas a los portales y garajes (aunque deberían tenerse en cuenta las posibilidades de ser arrollado por algún vehículo), y los solares a la espera de la autorización para ser rehabilitados. Ningún barrio de Madrid (como de otras ciudades españolas, pero me refiero a la capital por su singularidad), en especial, los llamados residenciales, deja de tener sus inquilinos callejeros, y, aunque no me dedico a hacer estadísticas ni censos de esa población (que no es flotante, aunque algunos flotan), su número aumenta regularmente.

En fin, debemos felicitarnos todos por convertir, con paso firme y seguro, la capital de España en un excelente refugio para borrachos, drogadictos, desarraigados, locos, y enfermos mentales de todo tipo. La tolerancia y consideración ciudadana hacia estos congéneres de categoría (digamos) B es ejemplar, y destaca, entre todos los habitantes de categoría A (es un decir), la ciudad de Madrid, por su completa apatía respecto al problema, su absoluto desprecio hacia lo que está sucediendo, su perfecta asunción de que el problema es de todo punto insoluble.

Nadie parece haberse dado cuenta que esos personajes que forman parte de nuestro paisaje urbano, y a los que vemos como animales de la calle, y a los que, cuando se ponen pesados, tiramos unas monedas, son seres humanos y cada uno de ellos, con certeza, tiene un problema verdadero y cada uno de ellos, por supuesto, tiene una solución.

 

Al socaire: Kafka se hace con el control de Jazztel y Telefónica

Al socaire: Kafka se hace con el control de Jazztel y Telefónica

Cuando me dirigía ayer del restaurante a mi despacho, me sorprendió ver a un joven arrodillado ante una cabina telefónica. Me pareció una muestra de veneración desmesurada ante el artilugio, pero, como tenía prisa, seguí mi camino.

Poco más tarde comprendí que, en realidad, el joven estaba implorando a la compañía Telefónica que, por favor, le atendieran. No se si lo consiguió, finalmente. Lo que puedo decir es que, por mi propia experiencia y la de miles de usuarios, cuando tienes un problema con cualesquiera de las hipotéticamente eficientes y competitivas compañías telefónicas, da igual que te pongas de rodillas, de nalgas o te acuerdes de los padres de cada uno de los empleados y socios de esas empresas, que no tendrás más probabilidades de que te lo resuelvan.

Aquí van los hechos, pues como dice el bocardo romano, Da mihi factum.

A última hora de la tarde, descubrimos que uno de los teléfonos del restaurante no tenía línea. Llamamos al teléfono de averías de Telefónica, la compañía con la que tenemos contratado el servicio, y -obviamente, después de un período de larga espera en el que se nos informaba machaconamente que "todos nuestros teléfonos de averías están ocupados", y que debíamos mantener hiriendo nuestros oídos con horrenda música-, una amable voz latinoamericana nos indicó que no podía comprobar el estado de la línea ni actuar en cualquier sentido, porque nuestro número ahora pertenecía a Jazztel.

De nada sirvieron nuestras argumentaciones, y, manifiestamente cansada de aguantar el tono crecientemente airado que tomaba la defensa de la incontrovertible realidad de que nunca habíamos realizado ninguna acción para darnos de baja en Telefónica y, por supuesto, nunca nos habíamos dado de alta en Jazztel, la voz lejana que se había presentado al principio de nuestra conversación indicándonos su nombre y primer apellido, decidió interrumpir la comunicación.

Seré breve: Al cabo de media hora de espera, y de tantear los diferentes números que la página web de Jazztel indica para Atención al cliente, (empresas o particulares), o Atención técnica (que remite a uno de los anteriores), una amable voz con acento latinoamericano nos aclaró que no figurábamos como clientes de esa compañía, y que deberíamos acudir con nuestra reclamación a Telefónica.

Como prometí ser conciso, ahorro al lector el relato de los contenidos de las posteriores llamadas a variados números de Telefónica y Jazztel para tratar de dilucidar cómo podía suceder que se nos hubiera dado de baja de un servicio sin haberlo solicitado. O porqué había sucedido que la compañía prestataria del servicio hubiera admitido que, con desconocida autoridad, se le arrebatara, sin más, un cliente. O porqué, si no había sucedido así, no podría, sin más, corregirse el error de inmediato.

Al final, ya prácticamente vencidos, agotados de hablar en vano con medio Latinamérica y parte del norte de Africa, lo que pedíamos era simplemente que se nos arreglase la avería. Solicitud de atención imposible, se nos explicaba en cada sitio, porque no éramos clientes ni de Telefónica ni de Jazztel. Nuestro número existía, pero había pasado al limbo de las operadoras.

Lo que me resultó definitivo para entender que Kafka se había hecho, por fin, con la mayoría de las acciones de ambos operadores, fue escuchar el consejo de la cansada funcionaria que, después de preguntar por el jefe del jefe del jefe, nos atendió. Esta vez, con voz y talantes totalmente españoles.

"Vayan Vds. a Colón, y dénse de alta en Telefónica. Lleven los papeles de la empresa y el número de identificación fiscal, y en 48 horas tendrán Vds. otra línea".

Les aconsejo que vendan urgentemente acciones de las operadoras de telefonía. Van a caer en picado, al menos hasta que se establezca un mercado alternativo para masoquistas.

Ya saben Vds. cómo actúa Kafka. Implantará la lógica de la incongruencia y el caos, en todos los departamentos, utilizando la amplia base de desidia, desconocimiento e informalidad que, desde años, ya se ha venido ejercitando en ellas. Aunque al principio tal vez no se advertirá la diferencia, a medida que los clientes vayan teniendo problemas, reales o inventados, el mercado lo procesará. No se puede pretender que los clientes hablen por teléfono de rodillas.

Me apetece volver al tan-tan. De la segunda generación o de la tercera. Espero que Kafka todavía no haya comprado acciones de Blogia ni de Orange, para que este Cuaderno funcione. Pero, por si acaso, he puesto las páginas del blog a remojar, he impreso algunos de mis posts y me salgo a dar un paseo a ver si me encuentro por casualidad con el joven ese de la foto. ¿Qué le estaría pidiendo a Telefónica?