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El blog de Angel Arias

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A barlovento: El balance energético, la energía nuclear y el riesgo de esconder la cabeza

A barlovento: El balance energético, la energía nuclear y el riesgo de esconder la cabeza  

La falta de una decisión política respecto al balance energético español, está propiciando movimientos especulativos por parte de  grupos empresariales potentes del sector, y esa toma de posiciones guiada por simples intereses mercantiles, complica, en mi opinión, la adopción posterior de una estrategia consistente y equilibrada, corriendo el riesgo de que se aumenten a corto plazo los precios que deberán pagar los usuarios por la energía y puede suceder que hasta se comprometa la estabilidad del suministro.

En el debate energético, los temas abiertos no se resuelven con el paso del tiempo, sino que se emponzoñan, agrían y empeoran. La demora en aceptar lo que para los expertos del sector es evidente, y es la necesidad de prolongar la vida de las centrales nucleares existentes y autorizar la instalación de dos o tres más, definiendo, por otra parte, la ubicación adecuada para el almacenamiento de los residuos nucleares de mayor actividad, no ayuda en absoluto a clarificar el panorama. No será con ayudas apuradas a la investigación de energías alternativas o con subsidios desmesurados a las energías eólica y solar, aprovechados hasta ahora hábilmente por eléctricas y bancos, como se va a despejar el panorama, porque los consumos crecen y nadie está dispuesto a ahorrar comodidades.

La posibilidad de que E.ON se haga con el control de Endesa, una vez que Gas Natural ha anunciado que se retira de la puja por la antigua empresa pública, debería obligar a realizar un análisis serio y completo de las consecuencias para la estrategia energética española. Ya.

Me sorprende la escasez de opiniones fundamentadas acerca de ese tema, y mi sentido profesional me lleva a estar en desacuerdo a que el asunto se demore o se encubra con silencios más o menos conniventes, al estilo de lo que ha sucedido en otras ocasiones y en otros temas importantes. Pretender que el mercado es una panacea que va a resolver las contradicciones o indecisiones del panorama político, jamás se ha evidenciado como una teoría inteligente, desde la perspectiva de lo que es mejor para mantener una capacidad de decisión aceptable en los temas importantes para el país.

Me permito citar, en apoyo tangencial de esta tesis, la reciente la compra por Mittal de la mayoría de control de Arcelor (después de diferentes etapas de integración en la que la siderúrgica española, concentrada internamente tanto en la producción como en la distribución, pasó por un período de gestión  a manos francesas y luxo-belgas, con una testimonial presencia de ejecutivos españoles). El inexplicado intento de dejar caer el grupo siderúrgico en manos de su competidor ruso Severstal "antes que dejarlo en las manos especuladoras" del magnate indio, argumento empleado por su antigua cúpula, según cabe deducir ahora, con el solo objetivo de aumentar el precio de venta, es una muestra de los factores fundamentales que dominan los productos estratégicos cuando se confía a intereses privados.

Muchos son los ejemplos del efecto de un mercado revuelto en torno a las mayores empresas españolas, algunas de ellas con importantes fondos de comercio y atractivos flujos de caja. Los movimientos especulativos sobre las empresas constructoras,  de servicios o de distribución españolas, muchas de ellas ahora bajo estricto control extranjero -que no hay que confundir con control privado, por favor-, son muestras evidentes de que, al abrigo de las palabras mágicas liberalización y mercado, los más avispados grupos internacionales han ido tomando posiciones. Creer que "nuestras" empresas están bien colocadas en esa carrera tiene un componente sustancial de utopía, pues su crecimiento y consolidación escalonada, está siendo observado con interés y contenido placer fagocitador por las mayores multinacionales, atentas a que engorde su pieza.

Defender el patriotismo empresarial no está de moda en el contexto europeo, obsesionado oficialmente por defender los valores de comunidad, integración, mercado único, globalización. La experiencia ha demostrado la habilidad de los gobiernos dominantes en la Unión Europea, y de sus principales empresas nacionales, -que no hace falta definir como estratégicas para tratarlas como tales- en cantar en un lado y poner los huevos en otro. Un documento tan necesario para robustecer la Comunidad como es la Constitución europea no ha merecido la aprobación de un "convencido" defensor de la unidad de mercado europeo, como es Francia, por ejemplo.

En este contexto, se ha de entender que la oferta de compra de Scottish Power por Iberdrola haya generado una fuerte preocupación en el Reino Unido. Se han desatado las opiniones respecto a los riesgos de comprometer la autosuficiencia, o de externalizar un mercado en el que están ya muy introducidos los grupos alemanes E.ON and RWE, y la francesa EDF. El Grupo de Usuarios de consumo intensivo energético (EIUG) del Reino Unido, que representa los sectores industriales acero, químicos y papeleras, opina que la consolidación del mercado energético allí  ha ido demasiado lejos. No denuncian la propiedad extranjera de las empresas, sino a la concentración del mercado en pocas manos, es decir, apuntan a la insuficiencia del propio mercado para garantizar un suministro fiable y a buen precio.

Los altos precios de los servicios de agua, electricidad y residuos que pagan los europeos y las altas tasas de cobranza (prácticamente del 100% en la UE)  han provocado que las compañías de servicios europeas tengan un músculo financiera muy sólido. Por agrupaciones y fusiones las empresas han ido consolidando y ampliando su poder adquisitivo, y se ha aumentado la voracidad de los grupos mayores hacia los pequeños, buscando optimizar sus estructuras de capital. En el mercado alemán la situación actual no permite considerarlo como un ejemplo de liberalización, y la inquieta E.On controla las tuberías que llevan el gas ruso a otros países, incluído el Reino Unido.

En fin, el precio de la energía en España es barato en comparación, y eso aporta muchas opciones atractivas de incrementar la carga recaudatoria sobre los usuarios de servicios imprescindibles, como ya se hizo con el agua por parte de las empresas francesas, cuando se repartieron el mercado español. La tarifa media eléctrica de los consumidores españoles es el 0,83 de la de Francia, el 0,70 de la de Alemania y el 0,57 de la del Reino Unido. La razón de esa diferencia de precios hay que verla en la mayor proporción de la energía nuclear o hidroeléctrica en relación con los que utilizan gas o carbón casi exclusivamente (El Reino Unido, por ejemplo,  utiliza el 40% de gas en su mix). La perspectiva de un aumento de tarifas a corto plazo, con el objetivo de "uniformizar precios en la UE", la puede comprender cualquier observador.

Los movimientos de Iberdrola y de E.On son apenas una muestra del interés de las mayores compañías eléctricas europeas en consolidarse dentro de los mercados europeos. Pero la voluntad de ambas empresas de crecer parece tener ritmos y dimensiones muy distantes. E.ON, ya había hecho un acercamiento fracasado a Scottish Power, y no tuvo ningún problema en presentar a Gas Natural como un caballo blanco de intereses gubernamentales españoles. Por el contrario, cuando la italiana Enel se aproximó a Suez, inmediatamente intervino el gobierno francés para apoyar una fusión entre GDF y Suez para hacer al grupo galo impermeable a cualquier oferta de terceros.

Parece que la costumbre en Europa es tratar los temas con diferentes raseros, pero en España seguimos con la armadura de Quijote encasquetada, bajo un sol de castigo y con la vista puesta en los molinos de viento. Interpréteseme bien la imagen, por favor, que viene al pelo.

(La fotografía que ilustra este comentario se la tomé prestada a mi amigo e ilustre colega Rafael Fernández Rubio y, para curiosos, es también el avatar que utilizo en esa diversión del mundo de la webmanía que es Menéame.net)

Al pairo: Los controles de seguridad de los aeropuertos aumentan el riesgo de infarto del viajero no terrorista

Al pairo: Los controles de seguridad de los aeropuertos aumentan el riesgo de infarto del viajero no terrorista

No apostaría porque los viajes en avión sean más seguros, con las medidas de indudable procedencia neurótica que se han implementado en los aeropuertos. Pero jugaría mi hipotecado patrimonio a que lo que sí provocan, indubitadamente, es una subida de la adrenalina del viajero, sometido a un control que pretende ser exhaustivo, pero cuyo objetivo real y resultados finales son -para algunos, entre los que me apunto- bastante confusos.

¿Cuál es la probabilidad de encontrar un terrorista, con muestreos al azar, entre la población mundial? ¿Uno entre diez millones?. ¿Cuánto se reduce esa estimación al introducir la hipótesis de que los terroristas viajarán en avión el día en que decidan poner de manifiesto su vil condición? ¿Cero coma cero cero dos entre un millón?. ¿Merece la pena reducir esa probabilidad -obvio es que no me he molestado en calcularlo, ni sabría cómo hacerlo- con un análisis muestral completo?

El tema es delicado, y sería una lástima que mi comentario fuera visto como una simple intención de herir sensibilidades, despreciando otros fundamentos. Me he convencido de que los teóricamente intensivos -en la práctica, heterogéeos y  vacilantes (miles de lugares, decenas de miles de funcionarios de seguridad, millones de casos diferentes)- controles de seguridad, solo sirven para tranquilizar a torpes políticos asustados con argumentos de imaginativos e histriónicos expertos en vigilar a los pacíficos.

Cualquiera que viaje en avión en la actualidad, será testigo de escenas que bordean el ridículo, y asistirá a momentos de generación de evitables tensiones entre pacíficos ciudadanos y cansados revisores de equipajes. Son bastantes los viajeros que no entienden porqué son considerados como presuntos delincuentes y, a pesar de los rasgos de delicadeza que tratan de introducir los encargados de la seguridad aeoportuaria en controles que pretenden ser intensivos y completas, se provocan reacciones desagradables.

Hoy mismo, he visto cómo una señora de aspecto poco sospechoso (algo sobrada de peso, quizá) se metía a la trágala entre pecho y espalda una botella de agua de más de medio litro, delante de las narices del guardia de control en el aeropuerto. "Peligrosísima, ya ve", fue su frase final, poco antes -supongo- de acudir con urgencia al servicio de señoras, digna en su ridículo.

Los viajeros soos invitados a desposeernos de todos los objetos metálicos, en especial, relojes, cinturones y zapatos con añadidos metálicos. Habría que quedarse en camisa, además, lo que en más de un caso obligará a alguno a sujetarse los pantalones con una mano, mientras con la otra soporte en precario equilibrio el abrigo, la chaqueta y él maletín de cuero. Habrá protestas ante la confiscación de artículos de belleza, botellas de licor, agrias reacciones de sorpresa de los que no entiendan el razonamiento que convierte en sustancia peligrosa la leche edesmaquilladora y, en fin, todos sufriremos las demoras que destruyen definitivamente el mito de que el transporte aéreo era rápido y cómodo.

Actualmente, viajar en avión no es rápido, ni cómodo. Se han eliminado detalles de confort como si un sádico estuviera en los controles. En vuelo, no te dan ni café, no se si para conseguir que las azafatas tengan mucho menos que hacer que antes, y, como no se sirven más bebidas que las que el viajero desee pagar, nadie pide nada.

Los vejados viajeros, aturdidos después de pasar esos controles casi en porretas portando a duras penas las exigüas bandejas donde ha depositado sus prendas de abrigo, chaquetas y bolsos, y enseñando bolsitas de plástico con los peligrosos líquidos de la toilette personal entre los dientes, aguardan más silenciosos que nunca el final de su viaje, adivino que atentos a cualquier ruido sospechoso. No sabrán nunca qué es lo que se persigue con esa investigación concienzuda de sus equipajes en busca de objetos metálicos que no tengan forma de ordenador, máquina fotográfica o reproductor de cds, y qué se podría hacer para explosionar líquidos inofensivos con la condición de que no quepan en una botellita. 

No sé si los terroristas estarán inventando nuevos procedimientos para volar aviones. Ignoro cómo hacen sus cálculos de rentabilidad. Sería más productivo, canallescamente elucubrando, ocuparse en colocar bombas en aparcamientos, en trenes, vagones de metro,  autobuses, edificios públicos. No faltarán sitios en donde esos degenerados puedan fastidiar nuestra tranquilidad e invocaciones para justificarlo a posoteriori. Incluso es posible que ni siquiera se molesten en buscar argumentos para explicar por qué quieren matar a los pacíficos.

Considerar a todos los viajeros en avión como terroristas potenciales, me parece un error de concepto y una inútil incomodidad para los buenos. Lo único que consigue es aumentar el riesgo de infarto, provocar subidas del colesterol y choques de adrenalina en el pasajero. A los viajeros frecuentes, que tratamos de poner indiferencia y hasta humor en una ceremonia inútil, nos cuesta mucho tiempo y dinero y, además, algunos pensamos que no aumenta un ápice la seguridad real con que contamos.

Ojalá que no venga a demostrarnos lo acertado que estoy ningún descerebrado. 

Al socaire: Los niños de Nairobi invitados a conocer Davos

Al socaire: Los niños de Nairobi invitados a conocer Davos

El Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula de Silva ha vuelto a proponer en el Foro Mundial de Davos la integración de Latinoamérica como elemento de contrapeso a los países ricos, o sea, a Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Francia. Por supuesto, Brasil habría de ser el gran eje de esa coalición imaginaria.

Es una idea de realización imposible. El Presidente de México, Felipe Calderón, manifestó paladinamente su desacuerdo, pues prefiere que sea su país el que actúe de enlace entre Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, aprovechando su situación geográfica y su mejor sintonía ideológica.  Desde la lógica de la resistencia a una globalización solidaria, el razonamiento es impecable.

La situación política de Latinoamérica se ha complicado sobremanera, con un grupo de paleo-marxistas (de las diferentes opciones posibles) defendiendo ideas de nacionalización de la economía, expropiación, y lanzando mensajes revolucionarios ingenuos, pero de indudable arraigo entre las poblaciones pobres. La enfermedad de Fidel Castro pone un acento inquietante sobre el futuro político de Cuba, pero las manifestaciones de devoción a esa figura mítica por parte de los dirigentes amigos añaden apenas  una nota de angostura cuando se relacionan con las muestras de connivencia que se demuestran a cada paso Almadineyah y Chavez, en especial cuando Estados Unidos parece a punto de invadir Irán en busca de sus fábricas de bombas atómicas bajo  patente rusa (¿o alemana?).

Con este jaleo, no se estaban acordando mucho de Africa en Davos. Por eso, la reunión que varios ministros de países en desarrollo y países ricos han mantenido para tratar de desbloquear la situación en la Organización Mundial de Comercio, paralizada desde 2001 en Qatar (ronda de Doha), por el desacuerdo en liberalizar el mercado agrícola, reduciendo las subvenciones a los productos agrarios en Estados Unidos y en la Unión Europea, tiene un valor especial.

No tengo aún la foto de familia de los representantes que acudieron en Davos. Por eso, me ha parecido relevante incluir esta foto de niños de Nairobi (¿o de Tanzania o de Ghana?), sonriendo ante la posibilidad de recibir unas monedas de un turista europeo. Me gustaría haberles invitado a conocer Davos. Pero habíamos ido a fotografiar animales y paisaje, y además, no entendían nuestro idioma.

Al socaire: Morir con dignidad

Al socaire: Morir con dignidad

Advierto que no pretendo en esta reflexión ofrecer ni un bosquejo de tratado, ni siquiera una síntesis sesgada, del tema que enuncio en el Título de mi Comentario. El asunto es excesivamente complejo y admite amplios considerandos, incluso sobre cada uno de los dos términos que aparecen a uno y otro lado de la preposición "con". ¿Qué entenderíamos por dignidad, concepto que entremezcla sentimientos individuales y colectivos?. ¿Qué es morir, y qué es lo que muere, en una sociedad en la que las construcciones religiosas han influído en la mayoría de los esquemas puramente racionales?.

La cuestión de "una muerte digna" ha surgido en los últimos días, varias veces en los media. Lo ha sido con ocasión de la muerte por ahorcamiento de Saddam Husseim, después de un enjuiciamiento acelerado, al hilo de las expresiones y comportamientos de sus verdugos en el cadalso. Se habló también del derecho a una muerte digna en el caso del suicidio asistido de Madeleine  Z, víctima del ELA, posición personal que encuentra siempre amplio eco en nuestra sociedad, ya sensibilizada por la fuerza mediática del caso del tetrapléjico Sampedro, narrada con acierto y pasión en "Mar adentro".

Y se habla ahora del derecho a morir o de la obligación de la sociedad de impedírselo, en relación con el terrorista De Juana, en huelga de hambre que le llevó a la alimentación asistida, por protestar contra una petición fiscal de condena por varios artículos defendiendo la posición de la banda armada ETA, a la que pertenece, situación penitenciaria que prolonga su permanencia en prisión cuando le correspondería obtener la libertad, al haber cumplido las penas a que fue condenado por 25 asesinatos.

Por supuesto, este último caso tiene importantes matices, que relacionan culpabilidad y presunción de culpa, búsqueda de la ejemplaridad o el efecto demostración, -dada la notoriedad del personaje-, procedencia de la excarcelación o prisión atenuada a la vista del estado físico del recluso preventivo, y otros más, animados todos ellos por la disputa política acerca de la decisión jurídica adoptada por el Pleno de la Sala de lo Penal Audencia Nacional, que me voy a permitir dejar a un lado, no sin afirmar que el razonamiento de la mayoría me parece impecable.

Los enunciados son solo tres aspectos de las infinitas caras que tiene la muerte, y cómo se le presenta su fin al ser humano. La puede elegir, se la pueden imponer. Se puede convertir en símbolo de una idea -sublime o estrafalaria-. Puede causar impacto tremendo a sus semejantes (desde su estupor a su propia muerte), o pasar desapercibida para todos, salvo para el que la sufre.

Si me arriesgo a reunir los elementos comunes a cualquier posición en relación con la muerte, observándolos desde el prisma de mi visión personal, concluyo provisionalmente que:

1) Nadie puede alegar derecho para disponer de la vida de otro ser humano, -ni siquiera el Estado ni el Gobierno que se presuma más democrático y legítimo del mundo-, porque la vida es un bien indisponible por terceros;

2) Todos deberíamos tener la disponibilidad sobre nuestra propia vida, dentro del límite de no causar ningún daño a terceros. La libertad para el suicidio ha de ser entendida como una consecuencia coherente con la capacidad del ser humano para decidir sobre su vida, y, en consecuencia, sobre el momento de su propia muerte.

3) Si alguien manifestara inequívocamente su disposición para morir, pero no puede llevarla a cabo por sus propios medios, no sería admisible la eutanasia activa, pero, dentro de unos supuestos que solamente puede valorar el propio individuo interesado en morir, cabría facilitarle los medios para un fin lo más indoloro y rápido posible.

4) Para evitar cualquier influencia exterior y garantizar la plena capacidad del sujeto que adopta una decisión de tal importancia sobre su formade morir, el testamento vital se convierte en la pieza fundamental que ha de guiar el comportamiento de los demás en ese momento. Si no existe y no hay otra posibilidad de adivinar la voluntad que tendría el sujeto, solo cabe la eutanasia pasiva -con la importante matización que el Consejo General de Médicos estableció en su momento- , cuando exista certeza clínica de la imposible recuperación del enfermo terminal.

A barlovento: El último jueves de cada mes, Thursday eleva el networking a categoría

A barlovento: El último jueves de cada mes, Thursday eleva el networking a categoría

Existen pautas para la concreción de negocios que la sociedad moderna ha sancionado con la práctica y dos de los elementos para aumentar las posibilidades de éxito con los que, supongo, casi todo el mundo estaría de acuerdo,  son la pertenencia a un grupo influyente, y disponer de información privilegiada. Aunque no estoy apelando a la imaginación de mis lectores para que incluyan otras, sí quiero apuntar que, a mí, la más importante me parece tener buenos contactos, disponer de relaciones importantes que permitan canalizar y ejecutar con ahorro de tiempo, esfuerzos y dinero, el proyecto.

Trabajar los contactos se llama ahora por parte de los jóvenes empresarios, hacer networking, una palabra importada para designar el esfuerzo por incrementar la red de conocidos. Tentados por el sector de servicios, y más específicamente, de los productos que mueven o se mueven por las telecomunicaciones y la informática, las reuniones que giran en torno a estos negocios, gozan de un excelente poder de convocatoria.

Hacer networking fue el elemento común de dos sesiones de trabajo en las que me asomé ayer un rato, gentilmente invitado por sus promotores.

Por una parte, se presentaba en sociedad Networking y redes sociales SL, que supone el intento (que ya cabe vaticinar como un éxito) de rentabilizar las Comidas de Negocio Marqueze, haciéndolas más sectoriales y más específicas. La capacidad de trabajo de ese grupo de jóvenes, su imaginación, es una permanente fuente de iniciativas. El nuevo proyecto responde a la idea de seleccionar los asistentes a las reuniones de negocio, de manera que los intereses comunes aparezcan más patentes y próximos, y, por tanto, se llegue antes a la concreción de objetivos.

Por otra, tenía lugar la reunión mensual de la agrupación de empresarios Thursday, que se prolongaba, como viene siendo habitual, en una cena con varios de los asistentes en mi restaurante. El asunto que reunía a cerca de doscientos interesados era: "Los buscadores de internet", y los ponentes eran cualificados representantes españoles de los buscadores más potentes. Ildefonso Mayorgas, preparó el encuentro y dinamizó el debate. Yo llegué cuando estaba en plena efervescencia la discusión, y los asistentes polemizaban sobre la forma como los buscadores realizan la selección de las webs para que figuren en la primera página (donde el 80% de los ususarios ya se contenta o desiste), de algoritmos, de autoridad, contenidos, métodos, y de las formas de burlar a Papá Google y potenciar la oferta propia en la red.

 

 

Editorial de Entiba: Un año entretenido (1993)

Editorial de Entiba: Un año entretenido (1993)
Hace 13 años, a principios de 1994, escribí para Entiba el Editorial que incorporo a este Cuaderno, en esa labor -algo ególatra, reconozco, pero espero que sea juzgada con indulgencia sociológica- de rescatar del cajón del olvido lo que, en su momento, escribí con pasión, para que fuera leído con placer.
Buena parte de lo que vemos, de la información que recibimos y de lo que nos emociona, lo extraemos de una caja rectangular que generalmente ocupa el punto más importante del salón. En ese formato reducido, nos hemos enterado de casi todo lo que no hemos protagonizado en 1993.

Por un mismo conducto hemos visto decenas de películas (o trozos de ellas), debates políticos, el vídeo con la efemérides de algún allegado, las explicaciones sobre un crimen siniestro, la propaganda audiovisual de la competencia,  testimoniado el ridículo de concursantes innumerables y jugado con el más pequeño de nuestra familia a descabezar extraterrestes y corpulentos matones.
 

Desde esa perspectiva cuadrangular, no siempre es sencillo diferenciar lo que forma parte del mundo real de lo que pertenece al terreno inventado. La ficción supera a la realidad, como decía uno de esos personajes de seudoficción después de haber sido víctima de una inocentada, preparada con esmero por un equipo de periodistas y comparsas, de esos que son especialistas en trasvasar la frontera de lo real y lo imaginario.

El gigante exterminador que con sofistificadas armas se liquida soldados en la selva tiene el mismo tamaño, en la pequeña pantalla, que los dirigentes serbios y su argumento parece a veces hasta más creíble. ¿Por qué se están matando gentes que eran tan simpáticas y tan entrañables cuando fuimos allí de veraneo? ¿Hemos sido nosotros los que tomábamos las uvas mientras sonaban las doce campanadas en la Puerta del Sol, o eran artistas, locutores y cómicos los que nos rodeaban, alzando las copas y deseándonos felicidad?. ¿Hemos estado personalmente en la revuelta de Chiapas, saludado con la mano a la cámara desde la Plaza del Campoamor en la entrega de Premios Príncipe de Asturias, ganado el Jacobeo caminando con venera desde el monte do Gozo hasta el Obradoiro?.

Sepultado el recuerdo propio bajo toneladas de imágenes ajenas de idéntico tamaño, no es extraño que tengamos dudas acerca del protagonismo que realmente nos corresponde. A veces, todo parece una inocentada. Se justifica que confundamos lo que hemos vivido directamente, con la película que hemos proyectado del videoclub y la historia de los personajes reales que, interpretándose a sí mismos, parecen increíbles. ¿Cuántas veces nos ha sucedido el 28 de diciembre, día de los Inocentes, el que nos creyeramos que era inocentada lo que era realidad cruda y dura?.
 

No es tan sencillo, por ello, valorar el año que se ha terminado y mucho menos llegar a un acuerdo acerca de si los diosecillos de la fortuna a los que hemos conjurado a finales de 1992, combinados con los buenos deseos de felicidad de familiares, amigos, proveedores, subordinados, despistados, interesados, metódicos, tópicos, etc, han tenido el efecto pretendido. Juzque cada uno respecto a cómo le haya ido. Para la mayoría, seguramente, cabrá decir que si 1993 no ha sido un año bueno, al menos, si ha sido un año entretenido. 

No debemos, sin embargo, caer en la frivolidad de ignorar que, para muchos, ha sido un año difícil. Han crecido las dificultades para encontrar el primer empleo, se han hecho monumento megalítico los problemas para encontrar el último o el penúltimo a partir de los cuarenta años, han suspendido pagos más empresas, ha habido más problemas para el campo y los sectores de servicios y tecnologías parecen haberse tomado un respiro.

A nivel internacional, hemos tenido que sobrevivir de guerras, catástrofes, quiebras, inundaciones y terremotos. Se han quemado algunos palacios, pero son más preocupantes los bosques que han ardido. En la parte del annus horribilis, se encuentran los vestigios de la creciente degradación de la vida pública, algún superviviente lesionado de los petromochos, oyentes atónitos de las confidencias de alcoba de los magníficos, testigos de la crisis fulgurante  de los engominados, ayudados de la proliferación de Gilas, Faeminos, Cansados, Martes, Cruces, Lagos y Carrás, 1993 ha sido un año divertido.
 

Desde esa perspectiva relajada, y supervivientes de las crisis, la enseñanza del 93 ha sido la confirmación de un mensaje ya histórico: todo lo que sucede a quienes dirigen el cotarro corre el riesgo permanente de formar parte de un gran reality show que, tarde o temprano, acabaremos viendo en todo o en parte en la televisión.

Para esa máquina de la verdad que presenta sucesivamente Tangentes, Filesas, Delates y dislates, Condes y Mateos, pueden corresponder todavía apenas unos actores secundarios de la gran tragicomedia del mundo; pero no habrá más que sentarse a esperar para ver a las primeras figuras proclamar su inocencia, ponerse verdes por un quítame allá esas pajas o discutir con el mayordomo como verduleras de patio de vecindad. Se empeñan en no contradecir a Schopenhauer, cuando filosofaba -tal vez, en otro contexto-que una parte del mundo es estéticamente una taberna de borrachos, intelectualmente un asilo de locos y moralmente una cueva de ladrones.
 

La macroeconomía se acerca mucho al ciudadano medio, que ya comprende de la relación entre el ipc y la creación de empleo, que ha sabido bastante de lo que significa que los sindicatos se metan a empresarios y los empresarios a políticos y, en general, que unos jueguen al papel de los otros.

Juan Salvador Gaviota ve, desde su cortedad, la subida fulgurante a las alturas de la biutíful pípol y la caída estrepitosa, como en el mito de Icaro. No se inmuta ante los anuncios de bombones protagonizados por antaño poderosos empresarios, apenas tuerce un ojo para atisbar en una revista especializada las intimidades menos confesables de señoras y caballeros a quienes conoce por la tele y, en ámbito local, apenas sale de su asombro cada vez que se anuncia que una multinacional va a implantar un centro de transferencia o una destiladora de petróleo, ni le importa una gaita que falte algún gaitero en el advenimiento de césar a su tierra.
 

El año 1993  ha sido, si se mira bien, un año divertido. No faltó el guiño final de que uno de los principales banqueros del país tuviese su Waterloo el día de los Inocentes.  La gran teoría de la casualidad se consolida como la más sólida para predecir nuestro comportamiento colectivo. ¿Es el más inteligente el que alcanza la máxima capacidad de decisión?. Raramente. ¿El político más honesto tiene la máxima credibilidad?. Pocas veces. ¿Es más feliz quien más lo persigue? Ni pensarlo. Por el contrario, al que Dios se lo de, san Pedro se la bendiga.  

Galbraith escribió que lo único que es seguro en política como en economía es que los que no saben harán firmes predicciones. Alguien con carisma ha acuñado la frase inspirada de que a la operación de Banesto dicen que le ha faltado arquitectura y sobrado ingeniería (financiera). Es decir, le ha sobrado imaginación y le ha fallado el armazón. También podría haber dicho que muchos actúan con mala economía y no les falta un buen derecho. O que no se pueden poner puertas al campo ni les sobra medicina de curar, para mal definir los grandes misterios de la vida. Un Banco forma parte de la macroeconomía de un país, y por lo tanto no se puede juzgar con el manual del buen empresario en la mano. 

Hace falta mucha iusión para creer que todo esto puede enderezarse, y sin embargo, creemos que esto se va a conseguir. Primero, por la propia fuerza de lo vital, y después porque alguna vez nos tocará tener más suerte. A ver si alguien descubre la combinación para sacar algo en limpio del casino de la historia.

A barlovento: Davos prevé un final económicamente saludable

A barlovento: Davos prevé un final económicamente saludable

El 24 de febrero, el Foro Económico Mundial comenzará una de sus sesiones plenarias en Davos, para seguir dándole vueltas a eso de la globalización y sus efectos, sobre todo, sociales y económicos. La localidad suiza se convierte así, por unos días, en centro intelectual de los estudiosos del comportamiento de la especie humana, desde una perspectiva, digamos, utilitaria para ella misma.

Buscando un titular para el evento, los organizadores han difundido que la situación general del planeta Tierra ha sido definida por los participantes como esquizofrénica, según los datos de una encuesta que pretende reflejar el espíritu actualizado de la convención. Un esfuerzo de acercamiento a todos, porque aunque el Foro de Davos ya ha dejado de ser visto como una reunión exclusiva de representantes de la riqueza, -y contrapunto a su hermano putativo, el Foro de Montelaegre, ahora también en Nairobi-, y aparece como más integrador de los países más y menos solventes, aún quedan muchas grietas. 

Por otra parte, v
arias prestigiosas instituciones han preparado un Informe para presentar y desbrozar los escenarios más pesimistas para 2007, o sea, el presente. No parece que lo hayan dudado al escoger los colores con que pintar el cuadro. De entre las múltiples opciones posibles para una catástrofe global inmediata, se han elegido tres, y, por lo que me suscita lo que he leído, los autores no se han ahorrado imaginación literaria propia de las crónicas negras.

El cambio climático, con inundaciones, desastres ambientales, hambruna y mayores desequilibrios económicos, está allí. El terrorismo, combinado con el ataque a varios petroleros, lo que hace subir el precio del crudo, también. La informática, ligada con una especie de gripe aviar perfeccionada, por la que se propaga, en puro efecto mariposa el mensaje de un brote que no es tan importante pero que acaba siendo terrible, asímismo.
 

Lo que me parece más relevante es que el optimismo económico con el que se acude a Davos resulta, por el contrario, prácticamente generalizado. Aquí es donde hay que encontrrar la esquizofrenia: los Gobiernos son más optimistas que los ciudadanos de los países que rigen. Los gobernantes de los países desarrollados, las multinacionales que financian el Foro, los profesores de mayor relieve universitario, la gente con indubitable matiz conservador que domina en Davos, están muy satisfechos del avance económico en el mundo global. Hay más comunicación e intercambio de información relevante, los mercados funcionan de forma más abierta, las posibilidades de poner en pie nuevos negocios con buenas ideas en tecnologías emergentes son más altas, etc. 

La mayor parte de los ciudadanos de esos mismos países piensan lo contrario. Dicho de otra manera, el mismo medio da para dos opiniones contrarias: los que dirigen ven motivos para felicitarse; los que son dirigidos, creen más bien que la evolución es a peor.

Es decir, que el mundo global ha servido para concentrar más la riqueza y el poder, y el pueblo llano tiene que contentarse con las migajas de creerse informado, pero con limitadas capacidades de actuación. La interpretación es mía, pero me da la impresión de que, si combinamos la reflexión económica con los escenarios pesimistas,  esta sociedad se puede extinguir en plena generación de mayor riqueza, pero sin haber aprendido a distribuirla mejor ni, ay, a ponerse de acuerdo sobre sus prioridades.

A sotavento: Hay quien opina que el cambio climático afectará solamente a los que crean en él

A sotavento: Hay quien opina que el cambio climático afectará solamente a los que crean en él

La verdad es que dudé en el título de este Comentario, porque pretendía llamar la atención, y se de lo difícil que es conseguir que mis coetáneos se fijen en algo que no esté directamente relacionado con los placeres inmediatos y su disfrute personal. No es una crítica, es una constatación, en la que -dispuesto a autoinmolarme en la reflexión- me incluyo.

Estamos a finales de enero, y en Madrid ha comenzado el otoño. Normalmente, habría nieve en la Sierra. Eso es lo que, año tras año, hemos venido apreciando y disfrutando. Ha llovido algo en la mañana, y ahora luce un sol espléndido. En estos días pasados, gentes satisfechas nos ilustraron desde diversos lugares, algunas de ellas en bañador, acerca de la excelente climatología que luce en la mayor parte de los rincones playeros de España. En mi querida Asturias este invierno se pueden hacer en camisa de verano las rutas de montaña recomendadas. Brotan los narcisos, no se han podido podar los manzanos aún, no se han visto arceas. Me dicen que los gansos aún no han aparecido por Doñana, calentitos como deben estar por el norte.

Nuestro mundo global se fragmenta a voluntad cuando se trata de no querer juzgar en conjunto lo qué ocurre. Las opiniones negativas o positivas sobre cualquier tema se contra-restan eficazmente con otras de signo contrario, creando la necesaria confusión para que nadie sepa a qué atenerse.

Hemos leído de vientos huracanados en las lejanas Alemania e Inglaterra, que han causado algunas muertes y múltiples destrozos. Suponemos que no han sabido guarecerse a tiempo de las inlcemencias. Puede que algún que otro tsunami vuelva a asolar las costas de la recóndita Indonesia. Fenómenos atmosféricos nunca vistos en esta época maravillan a los residentes de ciertas regiones de Canadá, Estados Unidos o Argentina. La sequía parece impulsar a exóticos seres de países centroafricanos que seríamos incapaces de situar correctamente en el mapa, a subirse a frágiles embarcaciones con la esperanza de vendernos DVDS falsificados, en nuestras calles más céntricas, con canciones o películas que nunca han llegado a escuchar ni a ver.

En las conversaciones particulares, todos tenemos opinión al respecto. Están los que creen que el calentamiento global es una realidad, y que el causante fundamental ha sido nuestra piromanía de la época industrial. Están los que aseguran haber leído que la Tierra sufre calentamientos cíclicos, y que estamos en los prolegómenos de una subida de temperaturas, y que nada podemos hacer por evitarlo. Están, en fin, quienes defienden que hemos vivido períodos peores, que lloverá y que hará frío, y que la naturaleza sigue un curso implacable; adornan este pensamiento fatalista con la conclusión de que hay que aprovechar lo que tenemos, no alarmarse innecesariamente, y seguir haciendo como si nada.

El lector interesado en encontrar el desarrollo de estas ideas esquemáticas puede dirigirse a los centros de investigación y creación de opinión, y, si le apetece, robustecer su idea apriorística como mejor le plazca. En un restaurante de Madrid, varios partidarios de las diversas tendencias se reunieron a cenar mientras debatían sobre el tema. El Acta de esa cena-tertulia ya figura en este cuaderno.

Si vuelvo a incidir sobre este asunto, es porque me parece que, a medida que pasa nuestro tiempo, y los gobiernos se dan cuenta de los costes y dificultades de implementar una política energética sólida, me temo que crece la opinión de que el cambio climático solo afectará a los que crean en él. Expresada de esta forma, parece un aforismo estúpido, y para convencerse de que, en efecto, se trata del avance de una estupidez, no hay más que constatar que crecen las discrepancias sobre lo que hay que hacer y no es posible un consenso internacional para establecer un mínimo frente colectivo de actuaciones (no con propósitos, sino actos).

La contaminación de nuestros mares y ríos, crece sin parar. El deterioro atmosférico, continúa. El consumo energético no se detiene. Los países desarrollados no pueden controlar más que testimonialmente el consumo de fuentes energéticas que incrementan el CO2 equivalente de la troposfera. Prosigue imparable el aumento de la demanda de equipos y artefactos sofisticados que hacen inservibles o antiestéticos las anteriores generaciones de esa instrumentalia, y que anima a arrojar a la basura de inmediato los viejos elementos, que ya nadie se preocuparía de reparar o reutilizar.

Para qué utilizar el transporte público o aprovechar las cinco plazas de nuestro utilitario para ir de compras o al trabajo, si la gasolina es tan barata. Por qué no aprovechar para hacer un viaje de fin de semana a Cancún o a Marrakech si las compañías aéreas son tan competitivas...

He pasado ante un equipo de empleados municipales que recogían las hojas recién caídas de los árboles, algunos de ellos, con los brotes primaverales apuntando, confundidos por las señales de la naturaleza. A lado, alguien había tirado un bote de pintura sobre un alcorque, adornado, además, con algunos excrementos de perro. 

Tuve que pensar -otra vez- en el crecimiento incontrolado de las ciudades, en el desprecio de aldea y alabanza de corte, en los campos de golf de nueva construcción, en los terrenos de cultivo abandonados, en los montes cubiertos de maleza que nadie elimina, en la cantidad de parados, prejubilados y pensionistas de este y otros países que desearían colaborar, pero no saben cómo, dónde, ni, ya rizando el rizo, por qué. No tengo voluntad de profeta, no quiero ser agorero de nada. También me alineo con aquellos que están convencidos de que el cambio climático no les afectará, porque no quiero creer en él hasta que no tenga remedio.