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El blog de Angel Arias

Jugando en corto: Lo que votan mañana los franceses

Jugando en corto: Lo que votan mañana los franceses

Si las encuestas no fallan, mañana el candidato Sarkozy será votado como presidente de Francia. Ganará por un par de puntos, pero será suficiente. No se temen interferencias ajenas: ambos están en desacuerdo con la intervención en Irak. 

La derecha y la izquierda francesa son, hoy por hoy, particulares. El espíritu de mayo del 68 ha cuajado hondo, hecho su labor revulsiva y las opciones se han movido hacia el sitio más caliente: el centro.

Por eso, aunque la derecha se identifica con la continuidad, Sarko ha prometido en un programa de quince puntos que todos los franceses podrán acceder a su vivienda, que eliminará el paro, y que les hará sentir el orgullo de ser franceses.

Segolene Royal ha prometido casi lo mismo, incluído el control de la inmigración y la reforma universitaria. Lo ha hecho con muchas más palabras, porque por algo es un poco más de izquierdas. Lo más interesante podría ser que Sego cree que puede situar el SMIC (salario mínimo) en 1.500 euros mensuales. También ha dicho -en su defensa- que después de 30 años de trabajo es normal que se tenga un sueldo de 5.000 euros al mes, como ella. 

Nos hacen sentir a los españoles envidia estos franceses. Ya lo decía Asterix: Ils sont fous, ces francaises (¿o eran los romanos?)

Tertulia en AlNorte: Participación política y responsabilidad ciudadana

Tertulia en AlNorte: Participación política y responsabilidad ciudadana

El lunes, 7 de mayo, se celebrará en el restaurante AlNorte, en Madrid, una cena-tertulia sobre la Participación de los ciudadanos en la vida política. El guión pretende dirigir el debate hacia los cauces no partidistas. Encontrar fórmulas que permitan la captación, promoción y plasmación de ideas e inquietudes que ayuden a mejorar el bienestar social y la economía colectiva.

Participación que tendría un origen especial: aquellos que, sin estar vinculados a partidos políticos, quieren participar activamente en la dinámica de sus municipios. No solamente manteniéndose como independientes, sino también, siendo libres para captar opiniones de los demás y reflejarlas en las actuaciones de las entidades públicas.

La reunión hace el número 46 de las que se vienen realizando en AlNorte. La fórmula de la discusión es singular. Mientras se cena, y procurando ir de lo general a lo particular, entre 25 y 30 contertulios, opinarán sobre el tema elegido.

En torno a la mesa se reúnen especialistas y legos, involucrados o solamente interesados. En una proporción importante, no se conocían antes entre sí. Después, es probable que se hayan hecho amigos.

Las actas de las tertulias anteriores se pueden encontrar en www.alnorte.es

 

Al socaire: Todos (bueno: casi todos) a la cárcel

Al socaire: Todos (bueno: casi todos) a la cárcel

Le tomo el título prestado de este comentario a la película -por lo demás, olvidable- de Luis García Berlanga, en la que se nos descubría, en clave de farsa esperpéntica, el entramado de corrupción, trampas y chanchullos de la España postfranquista -o sea, la democrática-, utilizando como pretexto la celebración del Día del Preso de Conciencia.

La prisión preventiva de nuestra tonadillera más conocida, Isabel Pantoja, involucrada al parecer en el tinglado de sobornos, pactos, infracciones de la ley, extorsiones y distorsiones de Marbella, ha dejado a la España inocente, compungida; y a la España culpable, acongojada.

A la detención de La Pantoja ha precedido, no solamente la de su compañero sentimental, -ex-alcalde de la ciudad y no por un casual-, sino la de media Corporación, varios policías, ciertos notarios y un tuntún de abogados, funcionarios, empresarios, etc. El número de presos que actualmente penan en las cárceles españolas, que supongo debe andar por los 70.000, se verá notablemente incrementado, en la medida en que el batallador Juez de instrucción del caso siga tirando del hilo conductor.

Porque parece altamente seguro que las causas abiertas se irán cerrando en sentencias de culpabilidad sobre los habitantes de ese avispero de confiados en su patente de corso que fue destapado -si la memoria no me falla- por el Basta ya de los dos partidos principales de nuestra piel de toro que supieron utilizar, sabiamente, como escarmiento, una situación en la que ambos grupos no estaban involucrados.

¿Corremos el riesgo de que la mitad de la España neomoderna tenga que pasar algún tiempo en chirona, para penar sus pecadillos cometidos en tiempos, presuntamente, más tolerantes?. Pues eso parece. Si comparamos las declaraciones de puridad e inocencia anteriores a que descubran que los sospechosos ahora practicaban luz de gas, con las pruebas que se van acumulando contra ellos, estamos ante una conspiración muy amplia para delinquir, en la que un montón de gentes con apariencia de dignidad tenían su lugar en los pesebres.

El espectáculo no resulta muy agradable -más bien, es indignante- pero esperemos que produzca efectos ejemplarizantes allí donde los tiene que producir con más provecho. Que todos los que han construído las raíces de su riqueza sobre la falacia, la trampa, el expolio de lo público y el contubernio entre elegantes con esqueletos de miseria en los armarios, tiemblen, se arrepientan, y enmienden sus propósitos.

¿Son muchos? Sin atreverme a contestar sin circunloquios a la pregunta, tengo la sospecha de que si se siguen deshaciendo todas las madejas de corruptelas en España, habrá que habilitar tantas nuevas cárceles para mantener a todos los pecadores cogidos in fraganti bajo vigilancia penitenciaria, que el país entraría en bancarrota. 

 

 

Al pairo: O existe infierno, o nos deberían descontar el tiempo dedicado a ganar indulgencias.

Al pairo: O existe infierno, o nos deberían descontar el tiempo dedicado a ganar indulgencias.

Quienes hemos sido educados en la teoría judeo-cristiana sobre las razones de la existencia y el sentido del cosmos, agradecemos que el Papa Benedicto XVI esté recuperando el valor de algunos de los principios dogmáticos de la religión católica.

Si bien era disculpable que no existiera el limbo, las dudas sobre la existencia del cielo y del infierno son impresentables.Para los más castigados en este valle de lágrimas, no resulta admisible que el infierno carezca de ubicación física, con fuegos y tridentes afilados, ni, por supuesto, que el cielo no tenga su cohorte angélica dispuesta a complacer los deseos de los bienventurados. No era justo que se estuviera apelando a la filosofía y a la metafísica para entender lo que nos espera después de la muerte.

La falta de aproximación a lo que verdaderamente capta adeptos en nuestra sociedad hedonista, era, -incluso al decir de algunos inexpertos entre los que me cuento-, la razón de la pérdida de confianza en los postulados cristianos, lo que estaba favoreciendo el crecimiento del numero de fieles a las teorías islámicas sobre el Más Allá.

Porque es más atractivo asistir a un partido de fútbol en que se marquen muchos goles, que mirar una partida de canasta. Quiero decir, es más convicente y apetitoso -al menos, para el sexo dominante aún- un cielo aderezado con huríes, malvasía y placeres carnales, que no hablar de un lugar de imprecisa ubicación cuya gracia consistiera en la contemplación eterna de seres estáticos.  Había que recuperar la contundencia tanto de la recompensa como del castigo finales.

Porque, a falta de demostración en contrario, tiene más gancho un Programa de Gran Hermano o verse un Barcelona-Madrid televisado que un estado impreciso de bienventuranza en el que sepamos que los que nos han fastidiado en este mundo no estén siendo cosidos a pullazos en el fuego eterno.

Había, pues, que poner coto a las dudas sobre la existencia del cielo y del infierno. Mientras se ponen de acuerdo los expertos en las cualidades del cielo y del infierno extraterrestes, y ante la sospecha razonable de que el más seguro cielo y el infierno "está" aquí (en singular, recordando la construcción de un magnífico poeta), me apunto a la relación provisional de perjudicados.  Formo parte del grupo de crédulos que nos empeñamos, en su momento, en generar millones de indulgencias con las que a) salvar a las almas del Purgatorio, b) forzar la conversión de los chinitos, c) acumular bonos para un mejor tratamiento en la otra vida y d) conseguir la beatificación de varios Honorables.

Por si las moscas, no defiendo que el tiempo que pasamos de rodillas en nuestra niñez lo tengamos que dar por perdido del todo, pero no me resigno a que no se me valoren las muchas horas dedicadas a obras pías, genuflexiones y oraciones, en la esperanza de que fueran contabilizadas en los libros de los activos eternamente cotizables.

Si no existe Purgatorio, si la conversión de los chinos se ha evidenciado imposible (tanto por crecimiento desmesurado de su población como por la dura resistencia de los monjes concentrados en el Tibet), y si la santificación o beatificación de Honorables está, según parece, oscuramente contaminada por la posesión del dinero en ciertos grupos, ¿qué nos queda?. ¿Quién va a responder por habernos transmitido la confianza en que los mejores premios y castigos se repartirán en el más allá?. 

Que nos dejen en su sitio el cielo y el infierno. No tenemos ya tiempo, ni cuerpo adecuado, para recuperar el que dedicamos a ganar indulgencias. No es cosa tampoco de pasarse a valorar las ventajas del cielo estilo islámico, haciendo apostasía. 

Estas reflexiones las realizo a salvo de lo que nos vayan descubriendo y contando los teólogos, siempre más ilustrados para desentrañar las voluntades de nuestros seres superiores. Pero que no nos quiten del haber lo no bailado. 

 

Al socaire: ¿Para cuándo un día del desempleado?

Al socaire: ¿Para cuándo un día del desempleado?

Hace algunos años, cuando comentaba con la alcaldesa de una población que ahora no viene al caso, sobre la creación de empleo en su municipio, ella me explicaba que lo tenían resuelto. "Todas nuestras calles tienen adoquines. En lugar de utilizar alquitranadoras, mantenemos el mismo sistema de pavimentación desde la época de la conquista española. Cada  pocos años lo cambiamos totalmente. Así se crean muchos puestos de trabajo, para que los que no tienen estudios ni cualificaciones reciban su salario".

Esta sagaz munícipe estaba convencida de que el trabajo era, al fin y al cabo, la manera de distribuir dinero de los que lo tienen a los que no, para que los más pobres y menos preparados pudieran atender a sus necesidades y no organizaran revoluciones. Si estos últimos lo único que sabían hacer era colocar adoquines, pues se les contrataba para hacer esa labor, y así se justificaba el pagarles un salario con el que alimentaran a sus familias, y se les mantenía sujetos por las cadenas de la devoción.

Hoy que se celebra el día del trabajo, -y se festeja como corresponde, es decir, vacando ese día, para lo que es imprescindible tener trabajo-, pienso en los parados. No quiero ser aguafiestas ni enfadar a los sindicalistas, que tanto han hecho por la mejora de las condiciones de los que tienen curro (por eso se habla de condiciones laborales), -en los países desarrollados- cuidando de que no lo pierdan cuando las crisis y las reconversiones amenazan, pero diría mucho en su favor que antepusieran a sus necesidades propias, las de los que no tienen trabajo.

Pero los desempleados son un colectivo de dimensión variable, cuyo poder de convicción es muy escaso. Su núcleo duro, si existiera, estará realmente encallecido por la marginación y el desespero. ¿Cómo y en qué condiciones aparecen en la escena ciudadana?. No se plantean realizar manifestaciones públicas, porque sus necesidades son individuales, su formación, sus pretensiones, no son coordinables para un mensaje común, fuerte y colectivo. No pueden ir a la huelga, la gran herramienta de persuasión del factor trabajo.

n, no tendrían a quién dirigirse de forma eficiente. ¿Al empresario o a las multinacionales? ¿A los Gobiernos? ¿A los que tienen empleo? ¿A los poderes económicos, donde quiera que estén?. En particular, es poco probable que reciban apoyo -como colectivo- de quienes tienen trabajo. Trabajadores y parados son competidores.

No deberían serlo. Me parece que una sociedad inteligente no tendría que permitir que hubiera desempleados. Es un despilfarro social, pero también debe ser interpretado como un menosprecio hacia la capacidad de cada uno, un insulto a la cualidad humana, un desprecio a la voluntad que hay que suponer en todo ser humano para aportar lo que sabe a los demás.

Bien está que se arbitren prestaciones al desempleo, que se doten pensiones no contributivas y que se conceda asistencia social a todo el mundo, incluso a los inmigrantes de allende los mares. Pero resulta éticamente muy duro, tecnicismos aparte, que se admita la necesidad de un paro estructural para que la oferta y la demanda laboral se mantengan en equilibrio.

El derecho a un trabajo, y digno, está prácticamente reconocido en todas las Constituciones de los países avanzados. No vendrá mal, como un toque a las conciencias, tener un Día del Desempleado en el que se nos recuerde que la sociedad no tiene derecho a negar el acceso al mundo laboral a todo el que desee trabajar. Sin contar con que, además, la mayor parte de los que desean trabajar, lo necesitan, y mucho. Económica y sicológicamente.

Deberíamos de convencernos de que también los necesitamos a ellos, los demás. Los que tenemos trabajo.

Perdone el lector una puntualización final. Estoy hablando desde el mundo global: los desempleados a los que me refiero están, fundamentalmente, en los países en vías de desarrollo, que son un colectivo mucho más numeroso que el que formarían los desgraciados con que nos encontramos, pidiendo limosna, al doblar esa esquina.

Cuadro comentado: Los repartidores de cristales (2001)

Cuadro comentado: Los repartidores de cristales (2001)

En la escena pintada, una madre y un niño, cogidos de la mano, avanzan llevando unos estrambóticos cristales. En otras versiones de la misma idea, he dibujado a la pareja siendo sometida a una lluvia intensa de peligrosos trozos de vidrio. 

El caminar de ambos personajes, a pesar de la aparente  despreocupación con que avanzan, sin embargo, no parece pacífico. Al menos, el de la persona adulta, que porta su cristal -más grande- de una forma totalmente inverosímil: su mano izquierda ha conseguido penetrar el cristal para coger la mano de su hijo. Incluso, la manera de soportarlo es muy incómoda, pues está prácticamente en el aire. Si nos fijamos en su rostro, contraído, sus ojos acechan peligros. Contrasta, con la desocupada atención del chiquillo respecto a su carga.

Tal vez estas someras explicaciones sirvan para vislumbrar que los cristales representan la vida: un vulnerable vidrio a medida que avanzamos y que solo la maternidad ha conseguido traspasar, por la descendencia. Una metáfora sencilla, pues, representada de la forma esquemática a que acostumbro en estos apuntes de viaje.

El dibujo, realizado en DIN A5, forma parte de uno de los Cuadernos que me acompañaron durante los meses en que mantuvieron alguna hoja en blanco y que ahora son, un poco (ya lo tengo escrito) el Diario ilustrado de mi vida y de lo que ví en ella.

Desde el punto de vista de la composición, las figuras están recortadas como si, ellas mismas, fueran también cristales, reforzando la idea de la fragilidad. He empleado pocos colores, y todos ellos sauves. El rojo del pelo de la mujer y una ¿herida? ¿cuchillo? en su muslo son las dos únicas notas vivas en en entorno de verdes olivas y azules celeste. La madre se cubre con una gigantesca pamela que ayuda a componer, un tríptico aéreo, en el que su cuerpo sería la hoja central y la charnela principal.

Por otra parte, el paisaje que se intuye a través de los cristales no es prolongación ni guarda referencia con el que dibujé encima de ellos. El mundo real, se insinúa, es diferente al que esos repartidores de cristales dejan tras sí.

Y, en fin, ahora cabe preguntarse: ¿Por qué son repartidores? ¿A quién reparten sus cristales?. Mi respuesta hubiera sido: reparten su propia vida, su esperanza de futuro, y la proyectan hacia el espectador, el hombre que las mira. A partir de esta confesión, seguro que el observador, si le apetece, puede seguir elucubrando sobre otras consecuencias. Porque las hay. Mis dibujos no son simples, aunque a veces lo parezcan.

 

Al socaire: Queda inaugurado este destrozo

Al socaire: Queda inaugurado este destrozo

Como en España estamos en época electoral -los pueblos eligen el 27 de mayo a sus concejales, es decir, indirectamente, a los alcaldes-. los que tienen el poder actualmente, inauguran mucho. Es ley de vida representativa.

Llevados de un furor interino, cuando se aproxima el momento de la reelección, los mandatarios se apresuran a cortar cintas, colocar piedras, plantar árboles, visitar barrios marginales (ay, tal vez, hasta entonces marginados), y hacer todo tipo de cabriolas por las que se puedan arrancar devociones de última hora. Tanto unos como otros, gobiernos como opositores, jalonan nuestro espacio vital con sus grandes fotos de sus caretos en las que se los ve sonrientes, o sea, ufanos. Cabría preguntarles: ¿De qué se ríen Vds., señores y señoras compromisarios?. Y de refilón, espeto: ¿Es tan importante para Vds. que se les vea jóvenes, emprendedores, y dinámicos?

Este es el juego: A un lado de la línea del fragor, los opositores a los actuales equipos de gobierno, argumentan que la gestión de los que ahora terminan su mandato ha sido desastrosa. Expresiones más usadas: "se han aumentado las desigualdades", "las obras realizadas no funcionan", "la corrupción ha crecido", "los despilfarros han sido cuantiosos" y "las medidas adoptadas, inútiles".

Al otro lado del percal, todos estos argumentos son cuidadosamente replicados, por lo genérico y por lo particular, desde las filas del gobierno: "las obras eran imprescindibles", y las que no lo eran se han realizado para dotar de un impulso copernicano que "el pueblo demandaba" a gritos, los gobiernos anteriores -en los que la oposición regía- sí que "han sido malos", "la continuidad con lo que se ha hecho es ahora imprescindible", y, en fin, los que critican "no tienen ideas ni programas".

Miren Vds., señores que defienden con uñas y dientes sus gestiones o señores que maldicen las obras de los demás. Para mí, la forma de medir la credibilidad de sus posiciones -de unos y otros- debería tener otros baremos.

La cuestión de este pazguato se centraría en su capacidad de demostrarme, a priori, dos cosas: 1) que han llegado a una época de su vida en que no les importa ya el dinero que puedan acumular y 2) que tienen conocimientos, equipo y actitudes para entender con perspectiva lo que necesitamos para mejorar nuestro bienestar. Me refiero al bienestar colectivo. En conjunto, la idea que expreso es que me deberán garantizar que no van a utilizar lo que aprendan desde la res publica para beneficiar a ningún particular, y que acceden al puesto no como medio, sino como fin de sus vidas profesionales. 

No es necesario que me concreten su programa, basta con que me convenzan que serán capaces de adaptarlo cuando los ciudadanos decidamos, con los procedimientos de participación adecuados, que, en aras de la oportunidad, queremos modificar lo que tenemos.

Cada vez que leo que un antiguo ministro, alcalde, concejal o presidente de Gobierno está ahora asesorando a una compañia privada, y cobrando cien veces más que lo que le pagábamos por defender lo que es de todos, me pregunto por qué dejamos que eso sea posible, y cómo se sentirían los grandes grupos si un antiguo presidente o consejero delegado estuviera actuando ahora como asesor privado de un ministro, enseñándole al pueblo las cosas íntimas de la res privata.

Queda inaugurado, en fin, este destrozo. Los cabos de la cinta están en nuestras manos.

Al pairo: Señor, ¿quiere sentarse?

Al pairo: Señor, ¿quiere sentarse?

Pasará algún día. Por suerte, dado el bajo nivel educativo de nuestra juventud -y la falta de consideración general hacia el prójimo de la que es necesario hacer alarde para sobrevivir en la jungla social-, el momento tiene pocas probabilidades de suceder. Pero sucederá, así que prepárate.

La escena es la siguiente: transporte público con todos los asientos, incluídos los previstos para personas con algún hándicap (minusválidos, embarazadas, ancianos), ocupados. La mayor parte de los que están sentados, jóvenes.

Observando quizá mejor la personalidad de quienes realizan el viaje con sus posaderas venturosamente apoyadas en los bancos, se encontrará desde algún atlético joven que apoya negligentemente una de sus piernas sobre la plaza de al lado, inutilizándola, hasta adolescentes aparentemente absortos con sus móviles, o niños y niñas de seis a diez años a los que sus mamás ( o algún amante de la infancia) han cedido generosamente su plaza. Etc.

La mayor parte de los envejecientes estarán de pie. Habrá un par de gentes especialmente invisibles que, incluso, puede que lleven muletas, o porten pesadas cestas de la compra, o, simplemente, su penosa/digna vejez a cuestas. Si, como supongo, estás en el metro, no faltarán en tu vagón, pasando raudos como exhalaciones, en oleadas sucesivas, la menor rumana llevando en bandolera un bebé, -quizá propio, quizá de alquiler, siempre verdadero-, el par de músicantes estridentes maltratando tus oídos y lo que tocan, el borracho que pretenderá ilustrar a su vecino sobre el pecado de leer mientras se viaja, apestando él a calimocho. Acaso, un grupo de portalibros habrá organizado una timba en el suelo.

Tú, como haces siempre, esperas apoyado en la pared de la cabina a que te conduzcan a la estación de destino. Procuras no mirar a nadie, porque en los transportes públicos no se debe mirar, bajo pena de sonrojo capital. El tiempo pasa, inane, hasta que, de pronto, una voz de mujer interrumpe tus meditaciones: "Señor, ¿quiere sentarse?".

¿Es a tí?, dudas. Levantas la vista del suelo, y observas que una joven sonriente te ha hecho la pregunta. Puede que el primer pensamiento sea, qué linda. Pero, pronto,recapacitas en que, con ese interés educado, te acaba de echar encima todo el peso de la edad. La realidad de los años que, hasta entonces, tratabas de ocultar.

Mientras replicas, azorado, algunos balbuceos sin sentido, declinando la oferta, el pudor de que te hayan descubierto las ojeras, el tiempo adosado, las desganas y rotos de la vida, te hará enrojecer, irremediable, hasta las cejas.

La educación te ha jugado esta vez una mala pasada. Que te sea leve, compañero. Has entrado por la puerta de la vejez, y de allí no se sale más que por otra nada angosta.