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El blog de Angel Arias

Al socaire: El Presidente del BBVA opina sobre los altos salarios de algunos ejecutivos

Al socaire: El Presidente del BBVA  opina sobre los altos salarios de algunos ejecutivos

Podía imaginarme que un pequeño número de altos cargos de empresas españolas coincidieran, en la soledad de sus elucubraciones, con mi opinión, emitida el 7 de marzo en este Cuaderno, -aunque fuera considerada por ellos irreverente, inoportuna y hasta malintencionada- sobre las razones por las que, compartiendo esta situación con futbolistas y top-models, los sueldos de los altos dirigentes de ciertas empresas estuvieran inexplicablemente sobredimensionados.

Es decir, interpretando correctamente el sentido de mi frase, mi conclusión era que no podía justificarse con las leyes del mercado -básicamente, las de la oferta y la demanda-, e incluso, bajo ningún fundamento deducible de los conocimientos del mundo y su ordenación de que disponemos las gentes bien intencionadas, que se recompesara con honorarios que superaban la relación 100 veces a uno, a unos profesionales respecto a otros que tenían idéntica, e incluso superior preparación.

¿Qué estaba remunerando el mercado, pues?

Lo que supera todas mis expectativas es que ni más ni menos que Francisco González, Presidente del BBVA, haya reconocido - ante la Junta de Accionistas de su Banco, y a una pregunta de una de las asistentes- que su sueldo, próximo a los 10 millones de euros anuales (que se encuentra en proporción de 400 a 1 respecto a los 25.000 euros en los que estimo el salario medio de los licenciados en económicas con un máster en dirección de empresas, con dos años de experiencia), aunque en línea con el de otros ejecutivos equivalentes, y en valores del mercado, fuera "éticamente" poco justificable, esto es, reprochable. Si a ello le añadimos el bonus del fondo de pensiones, la cifra se duplica y el ánimo de los espectadores y lectores, se nanoreduce.

Supongo que las consecuencias son tan fáciles de extraer, que hasta podría callármelas. Pero, para que aquellos de mis casi incontables seguidores que no tienen tiempo más que para lecturas trasversales, me permito extraer la única posible conclusión las dos partes del silogismo del Presidente del BBVA, al que considero uno de los mejores ejecutivos españoles: "Ergo, el mercado incorpora factores que no son éticos, para calcular los altos sueldos de algunos ejecutivos."

Dan ganas de poner en circulación este meme: "¿Qué porcentaje éticamente poco justificable, pero, al parecer, ajustado al mercado, cree que tiene su sueldo? ¿Qué es lo que está haciendo para equilibrar esa externalidad?. " No me conteste ahora, por favor. Hágalo después de la publicidad y la trasmisión deportiva.

(La fotografía la obtuve en la estación de Metro de Plaza de Castilla a finales de febrero. No me consta la identidad del ciudadano que se toma tanta molestia para buscar bajo las máquinas expendedoras. Tengo varias alternativas, pero este Comentario va ya muy cargado.)

 

 

A barlovento: El arte naïf europeo en las caballerizas del Palacio de Olivares

A barlovento: El arte naïf europeo en las caballerizas del Palacio de Olivares

La galería Eboli, que está ubicada en lo que fueron las caballerizas del Palacio de los Guzmanes, en la Plaza de Ramales, inauguró ayer una magnífica exposición sobre el arte naïf europeo contemporáneo. En el cóctel de apertura, pude ver a algunos de los autores, defendiendo y explicando sus obras.

Allí estaban los responsables de la galería, encabezados por la dinámica Amalia Fernández de Córdoba, excelente pintora ella misma, practicante de un estilo naïf de la mejor escuela.

El local estaba abarrotado, y el buen ambiente prometía un éxito más de esa atípica y arriesgada aventura empresarial que, quincena tras quincena, viene colocando buen arte -fundamentalmente, pictórico-, en el centro de Madrid. Una de las formas más certeras, elegantes y adecuadas para revitalizar un centro histórico que la política municipal mantiene bastante abandonado.

Amalia es una buena amiga y, desde estas páginas, le deseo toda la suerte que merece, y por la que trabaja con ilusión e inteligencia. Con la gran sensibilidad que vienen demostrando ella y su equipo, son una muestra patente de que la cultura y su difusión producen un placer a quienes la promueven que no necesita traducirse en dinero.

En esa línea tenue, pero verdadera, estamos unidos algunos de quienes apostamos por un Madrid que sirva de encuentro ciudadano y ayude a distender los ánimos y comprender al otro. No estoy pensando en la política, sino en mejorar la convivencia ciudadana por encima de ideologías. Y el centro de la capital de España tiene que dar ejemplo de esa vocación de encuentro, que no tiene nada de ingenua, pero que puede tener su expresión en la presentación de algunas de las mejoras muestras del arte naïf de este momento.

A barlovento: Héctor Perea nos trae a Alfonso Reyes de nuevo a Madrid

A barlovento: Héctor Perea nos trae a Alfonso Reyes de nuevo a Madrid

Un poco antes de comenzar la presentación de la Exposición homenaje a ese polifacético universal que fue Alfonso Reyes (1889-1959), algunos empleados del Instituto Cervantes, en la sede principal de Madrid, estaban dispuestos a organizar una cacerolada, reivindicando estabilidad en el empleo. Se trataba de un mensaje dirigido a la ministra Carmen Calvo, que presidiría el acto, quien, hábilmente conducida por manos discretas, entró por otra puerta al edificio.

Como alguien del grupo mexicano comentó que "deberíamos haber contratado a unos mariachis", y unos pasos más arriba, a la entrada del metro de la Puerta del Sol, convertida como se sabe en sucedáneo cutre del Zócalo, justamente había varios músicos ataviados de tales, yo traigo aquí la foto para ilustrar mi comentario y darles gusto tardío, eso sí, dentro del mayor respeto y cariño hacia mis amigos del otro lado del charco, aunque, huelga decir, de la misma orilla de la afición por la cultura.

Ninguna circunstancia exterior podría empañar el trabajo serio del comisario de la Exposición, el brillante periodista Héctor Perea, que preparó una recopilación -diría él- en tres ejes: a) la parte literaria, tan fecunda; b) su vida como embajador, hombre público y -con recuerdo inolvidable para muchos- protector de tantos exiliados españoles, huídos del hambre y del recor que nacían de la guerra y la posguerra inciviles; y c) su afición como coleccionista de arte, siendo el óleo de Diego Rivera sobre la Plaza de Madrid, "el mejor de todos", al decir del profesor Perea. A mí me gustó, además, el fundido que Maru Santos hizo de Reyes, con las manos cruzadas para apoyar la barbilla, y que estaba expuesto enfrente de varias reproducciones de fotos familiares

Por la tarde, en una mal llamada mesa redonda -porque allí solo hablaron los ponentes-, pero que rezumó de erudición, se recordó al gran poeta Alfonso Reyes desde muy diversos ángulos. La parte cercana, emotiva, estuvo muy bien presentada por la nieta del homenajeado, Alicia Reyes, escritora ella misma, y directora de la Capilla alfonsina, que estaba flanqueada por su hijo Philippe Marcillac, experto en restauración (me apetece decir: moi, non plus; Philippe, que es sabio, me perdonará la gracia).

Gabriel Rosenzweig, jefe de la Cancillería en la embajada de México en España, repasó la extensa bibliografía del ilustre, y luego, Sealtiel Alatriste (director de Literatura de la Universidad Autónoma de México) y Javier Garcíadiego (Presidente del Colegio de Médicos de Nuevo León) pusieron luz, con buen tono vital y algunas anécdotas, sobre ese gigante, demasiado desconocido en España, que es Alfonso Reyes.

Carmen Calvo había dicho por la mañana, en palabras sencillas, exhibiendo memoria, que con esta Exposición-Homenaje se compensaba un olvido de 30 años a una persona de gran dimensión humana, política y literaria, que fue puente entre las culturas española y mexicana, desde una inmejorable comprensión de ambas. Estaba acompañada por Trinidad Jiménez ("ex-proto-alcaldesa de Madrid"), Sergio Sela (presidente de Conaculta, que recitó un soneto de Reyes compitiendo así en memoria con la responsable de cultura) y mucha gente más, en esas categorías inevitables en los actos públicos de admiradores, estudiosos, lectores, amigos, curiosos, despistados y transeúntes. Héctor Perea estaba radiante, contento de haber puesto una plataforma para que se lucieran otros. Así es el personaje.

Contaba Alicia Reyes que cuando sus abuelos, recién llegados a Madrid, contemplaban un escaparate, alguien se acercó para piropear a Manuela, que era bastante más alta que el ilustre. "¡Guapa y reguapa!", le dijo. El molestado embajador (poeta, sobre todo, poeta)  se dirigió al importuno, exigiéndole disculpas. Pero no consiguió mucho: "Repito: Usted, guapa y reguapa. Y en cuanto a usted, !a crecer, amigo¡".

Como Héctor tenía que hacer el rendez-vous con la ministra y la secretaria de Relaciones Exteriores, y la gente de Nuevo León y del Cervantes, se me concedió un almuerzo inolvidable con Carmen Carrión (esposa del Comisario, como él es esposo de la Secretaria General Ejecutiva  del Comité Norte de la Comiisón Mexicana de cooperación con la Unesco), Rufina Moreno y Lola Martínez, en donde estuvimos recordando o reinventando, que ya no sé, cosas de Oaxaca, de Monterrey, de Granada, de Oviedo, y repasando gracias y desgracias de los amigos comunes. Utilizando, en fin,  lo mucho que nos une a lo que no hemos perdido, qué va, la capacidad de mirar hacia delante sin tropiezos a la espalda. 

Por días como éste merece la pena darle cuerda al vivir y al gusto de dejarse hacer amigos. Qué ratos. De pronto me vino a la memoria aquello de "¿Vós le hablás al Sr. Ministro de tú?. Pós hablále de mi", que era un chascarrillo que le escuché a Oteiza , mira que pasaron años, en San Angel Inn. En esa cena, me acababa de enterar que era el cumpleaños de Adriana Alanis de Peñaloza, y, sin otra cosa que regalarle, le puse en las manos "Absueltos de todo don", con una dedicatoria por lo que me permití flirtear acerca del futuro, ese pozo sin fondo. El embajador me comparó en un momento con Alfonso Reyes, y yo, aparentando estar escandalizado pero henchido de satisfacción, simulé pedirle perdón al autor de Visión de Anagua , en nombre de todos,  argumentando que no le llegaría al tacón de la bota entachuelada.

A barlovento: Sáhara Occidental, Argelia, Marruecos, y la trastienda europea

A barlovento: Sáhara Occidental, Argelia, Marruecos, y la trastienda europea

En 1975, España salió del Sáhara, dejando en bastantes españoles y en los saharauíes la sensación amarga de un abandono en manos del invasor Marruecos, cuyos jerifaltes entendían que recuperaban así un territorio que se les había usurpado.

Mauritania reclamaba también el territorio, pero la astucia de Hassan II, se aprovechó de un desconcertado gobierno español, con un Franco agonizante, y del oscurantismo de la posición concreta de la ONU y de su capacidad para plasmarla. Perdimos así las inversiones realizadas en Fosbucraa (la explotación de fosfatos que el INI tenía en el Sáhara), al mismo tiempo que sacrificamos a la población autóctona en beneficio de las relaciones con el vecino más poderoso, incapacitándonos para hacer de mediadores del conflicto, en una zona en la que habíamos invertido tanto, en medios y simpatía.

Desde entonces, El Frente Polisario y Marruecos están enzarzados en algo más que una batalla dialéctica, con varios dirigentes políticos todavía encarcelados durante el régimen de Mohamed VI, manteniéndose uno de los focos de tensión más graves de Africa, y que tiene importantes similitudes con la situación que se vivió, y en parte, aún se vive, en los Balcanes. El diputado europeo Antonio Masip, que se convirtió en defensor de la causa saharaui, no pierde oportunidad de hacer preguntas al Parlamento de la UE sobre la protección y cuidados que reciben los refugiados del Sahara en Argel o sobre el cumplimiento de los acuerdos de la ONU y su seguimiento por Europa, que, si no estoy mal informado, se amontonan sin respuesta, o con evasivas.

En esencia, se trata de las consecuencias de una descolonización no efectuada, que dejó a esa zona a expensas de la voracidad anexionista de Marruecos, suscitó los recelos de Argelia, siempre atenta y celosa a la expansión de su vecino y obligó a las Naciones Unidas a intervenir -sin pasión- ante los síntomas claros de genocidio. 

Pero la descolonización no debería haberse efectuado nunca, porque el Sáhara Occidental, no era un país colonial, sino que España lo protegía y administraba. Así lo refleja el Dr. Ingeniero de Minas, J. M. Ríos, en su apasionado: "¡Sáhara!¡Sáhara!. La aventura de los fosfatos. Un episodio inédito", escrito en 1988, los saharauíes no compartían con los marroquíes ni la religión (eran muy creyentes, y consideraban a los marroquíes como descreídos), ni su lengua (hablaban el hassania, diferente del chelja marroquí), ni, claro está, su historia.

Abdelaziz Buteflika, presidente de Argelia, en una entrevista que se publica  el 13 de marzo en  El Pais, se refiere a las diferencias con España respecto al tema, si bien la visita oficial de los Reyes de España no incluye este espinoso asunto en el programa.

En lenguaje diplomático muy cuidado, el gobierno de Zapatero acaba de expresar su apoyo a la propuesta que Marruecos presentará a la ONU en abril, y que parece ser matiza las condiciones de autonomía, pero sigue manteniendo la negativa de Rabat a realizar un referendum que clarifique la voluntad de independencia y autodeterminación que, sin duda, subsiste en el cansado pueblo saharauí.  No es posible, por tanto, conocer cuáles son esas “propuestas novedosas” a que se refiere el gobierno español puesto que la ONU ya había dejado claro su posición: referendum de autodeterminación.

Argelia compara su apoyo a la independencia del Sahara occidental con el que se prestó a otras situaciones de descolonización mal realizada en el mundo: Belice, Brunei, Timor, Surinan, y tranquiliza a los menos enterados de que en ningún caso el tema del Sahara será un casus belli con Marruecos.  

Pero no nos engañemos: aunque la cuestión del Sáhara occidental no será motivo para una guerra armada en sentido estricto, está siendo utilizado como elemento de negociación para con la Unión Europea y, muy concretamente, contra España, que está, sigue estando, en el centro de la disputa. No como mediador ni como referencia, sino como pelota de pinpón, cuando no de chico de los recados.

El aumento del precio del gas argelino, del que tan dependientes somos, me parece que es uno de los peajes que nos hacen pagar, en ese camino simbólico que conduce a un final nada sencillo. La ausencia de nuestros faeneros en los caladeros marroquíes, -y el ridículo de la invasión del islote Perejil- fue otro; el comportamiento de Argelia ante las invasiones pacíficas subsaharianas en Ceuta y Melilla, y las variables respuestas de "colaboración" marroquí, unos síntomas más.

Al socaire: ¿Cómo te gustaría morir?

Al socaire: ¿Cómo te gustaría morir?

Vaya pregunta. Realizada en nuestra sociedad occidental, tan volcada hacia el hedonismo, la pretensión de hablar de la muerte, además de ser considerada siempre inoportuna y acusada injustamente de atraer mal fario, encuentra escasos interlocutores, salvo, quizá entre sacerdotes, sepultureros y médicos internistas.

A pesar de todo, los funerales son un acto social por excelencia. Después de las bodas, lo admito. Pero es que a una boda te invitan solo si eres de la familia o amigo de los padres de los novios, y a un funeral vas sin neces¡dad que te inviten, y, además, te lo agradecen siempre. "Cómo me alegra que hayas venido", te suele decir un desconocido o desconocida, cuya relación con el difunto has de suponer estrecha.

Generalmente, casi todos quienes van a un duelo, lo hacen para que los vean, pero no los miembros de la familia del finado, a quien no suelen conocer. Si se ha muerto alguien famoso o un capitoste de tu propia organización, el situarte cerca de aquellos a quienes quieres dar el mensaje de proximidad al difunto es muy importante para encontrar una proyección utilitaria del fallecimiento del otro. "Eramos prácticamente íntimos amigos", puedes decir. O, según el contexto: "Era un cabrón con pintas. Te odiaba, pero yo siempre te defendí." El muerto no te va a contradecir.

Cuando era adolescente, me gustaba decir que mi muerte ideal sería morir octogenario, en la cama, junto a una mujer joven, de un disparo certero en el corazón, realizado por su marido ultrajado. Me parece que se lo había oído decir a un republicano, o se lo habría leído a Bukovski.

A medida que me aproximo a la frontera indicada en el burdo chascarrillo, la pretensión, lejos de parecerme sublime, la juzgo como una solemne estupidez. En las circunstancias de esa edad provecta, lo más probable es que la mujer joven fuera una enfermera que te estuviera poniendo la sonda, y el hipotético marido ultrajado, resultara transmutado en el enajenado furibundo de la cama de al lado, que a saber con quién te habría confundido por culpa de la metadona.

Así que, si me dan a elegir, prefiero morirme de repente. Ya sé que se me objetará que no es una enfermedad, sino un síntoma, y que los que se mueren de repente o tienen un accidente de tráfico (especialmente aéreo) o se han visto vinculados a las arbitrariedades de un corazón hasta entonces sano como una malva.

Preciso, pues, ya en ajuste fino, que me gustaría que mi tránsito hacia el agujero fuera de repente y de inmediato, esto es, sin opciones de que utilizaran mi cuerpo para una exhibición de sus trabajos de reanimación o se esforzaran en la prolongación artificial de mi existencia. Doy por seguro de que los avances médicos podrían llevarme casi a la eternidad, convertido sin embargo en una mojama vegetativa artificialmente sostenida a una vida sin delicias, pero renuncio a que se haga en mí ese ejercicio de exhibición por parte de los dignos sucesores de Hipócrates. Si no pueden curarme, que me dejen pasar a la siguiente fase sin experimentar conmigo sus máquinas eléctricas.

Para el caso de que no entrara en las estadísticas el que yo pudiera morirme de repente, y dando por descartado que no van a enviar un carro de fuego a arrebatarme para los cielos -basta pensar en lo que costaría un transporte así, y para solo un pasajero, o sea, que ni Bill Gates-, (además, me falta el manto que dejarle a un Eliseo), pediría a los que manejan nuestros hilos desde arriba, que me dejen salir por la puerta de la locura.

Salirse de este mundo por la puerta de la locura es, sin duda, una forma muy airosa, elegante y barata, de dejar de hacer compañía a las últimas evoluciones del cambio climático.

Lo que me produce alarma, es que, cuando observo en rededor, tengo la impresión de que los que se quieren salir por esa misma puerta son cada vez más, y que, si no me doy prisa en encontrar la llave de esa puerta, solamente quedaremos unos pocos como referentes de cordura. Tenga Vd. una buena idea y resulta que no puede aplicarla.

A sotavento: El voto secreto es un atraso

A sotavento: El voto secreto es un atraso

Ayer se manifestaron en Madrid, en contra de la política antiterrorista de Rodríguez Zapatero -que consiste, sintetizando y aunque no haya sido nunca así exactamente expresada, en estar dispuesto al diálogo con ETA, en propiciar el acercamiento entre el mundo árabe y el occidental y en no provocar tensión con las actuaciones propias-, varios centenares de miles de personas.

Con seguridad, no eran dos millones (yo no estuve allí, pero ya leí cientos de veces que no caben en el espacio ocupado por las manifestaciones que se hacen en Madrid), pero eran muchos. En opinión de algunos, entre los que me cuento, demasiados.

Si me arriesgo a decir que son demasiados, no es porque dude de la cantidad de simpatizantes que tenga o deje de tener el Partido Popular, ni que esté juzgando su capacidad de convocatoria, con o sin plazas gratis de autobús y reparto de bocadillos de tortilla o vales para un restaurante de comida rápida. Por favor...

Pero me resulta difícil de digerir que una fracción de ese pueblo al que, como se viene demostrando en sucesivas convocatorias electorales, cada vez resulta menos sencillo movilizar, no tenga mayores reparos en acudir a expresar que hubiera sido mejor dejar que un individuo de execrable naturaleza se muriera en la cárcel, y, para dar refuezo a esa tesis de odio visceral, atienda a recoger banderas españolas, desempolve la silla de ruedas de la abuela y agarrado a varios niños, incluídos los hijos del vecino y la portera, recorra varios kilómetros, gritando que no nos vamos a rendir.

Santiago y cierra España, pues. Pero es que esta vez, para asombro de propios y ajenos, el enemigo a batir es quien nos dirige a ese presunto ridículo tan sensiblemente detectado por quienes se confiesan libres de toda culpa: el presidente del Gobierno y, por confusión ideal, su séquito de ministros y jueces, una panda de incompetentes ilustados  que, aplicando la ley (y algo acojonadillos por los posibles efectos de una muerte nada deseable), dejan que el fanático etarra se mejore de su huelga de hambre comiendo salchichón en vez de recibiendo transfusiones.

Reconociendo que es muy difícil (imposible, diría yo) mejorar los logros que los gobiernos de Suárez y González aportaron a una España convaleciente de una dictadura, no quiero escandalizar si afirmo, desde mi convicción de observador indpendiente, que España ha tenido buenos gobiernos en los últimos casi treinta años, y también -y pongo énfasis- en los de Aznar y Rodríguez Zapatero. No vengo con ello a significar que todo el mundo es bueno, ni que me vale tanto un roto como un descosido, sino que el nivel de responsabilidad y seriedad de los Gobiernos que, a partir de la Constitución, hemos tenido en nuestro país, ha sido y es, muy alto.

No me gustan las movilizaciones en democracia. No las entiendo, no veo su alcance. Las respeto como una manifestación legítima de pareceres para que las necesidades y peticiones de algunos grupos ciudadanos, que de otra manera no alcanzarían sus propósitos, merezcan más atención, pero creo que se han convertido en una fórmula desigual de presión. Los que no podemos manifestarnos en defensa de nuestros intereses, perdemos en el juego. ¿Cómo nos podríamos manifestar, por ejemplo, los autónomos? ¿Qué harían, por cierto, los parados? ¿A dónde acudirían, santo Dios, los agnósticos?.

Pero, en fin, si las manifestaciones multitudinarias con mensajes tan específicos como "Presidente, dimite", tienen tanto valor para algunos, mi propuesta sería que se suprimiera el voto secreto en las elecciones, porque así podríamos saber quiénes son leales a la Patria y quiénes no. Abundando, propongo que se eliminen los debates parlamentarios y, en consecuencia, los períodos electorales. Al no hacer falta exponer las ideas ni los programas, sería suficiente con que los partidarios de uno y otro grupo, los defensores de cada idea que estuviera en controversia, se manifestaran en Madrid, y aglutinándose en torno a cada líder, fueran contados. Si ello no fuera estimado suficiente, o alguien expusiera dudas respecto a quién es más patriota, cabe siempre permitir que se enzarzaran en una lucha a bastonazos.

Es una opción a la que algunos quieren abocarnos, intuyo. Si no nos valen los cauces legales, y en el Senado o en el Parlamento abucheamos, impidiéndoles expresar sus ideas, a los portavoces políticos; si la concertación, incluso en lo que parecería elemental, es imposible; si el reconocimiento de lo bueno que hace el otro, es tenido por síntoma de debilidad, no nos va a quedar más remedio que decidir quién puede más a puñetazos y palos.

Vivan las cadenas, Juan Español. La historia se repite...y no me siento feliz al recordar el viejo proverbio castellano.

Dibujo Comentado: En torno al 11-M 2004

Dibujo Comentado: En torno al 11-M 2004

De pronto, la consternación, el dolor y el miedo se adueñaron de Madrid. Un atentado, varios atentados. Otra vez la capital de España elegida como objetivo para una exhibición de barbarie.

Como atentado terrosrista y responsabilidad de ETA eran entonces sinónimos, de aquella masacre inconcebible, que iba tomando características más dramáticas a medida que pasaban los minutos, la autoría fue atribuída inmediatamente a ETA. Los teléfonos transmitían las primeras opiniones: "Qué horror, qué canallada". Y desde las líneas dispersas de la izquierda, dispuestas entonces a ofrecer un frente común de contención a una derecha muy robusta, se razonaba: "Hemos perdido las elecciones. El PP ha ganado". Era un sentimiento prácticamente unánime el entender que, hostigados por el dolor y la rabia, los españoles debería apoyar a su gobierno de forma masiva y se aglutinaran en torno a él para defender la democracia, la seguridad, el orden, la libertad.

Las informaciones oficiales no permitían desmentir esa impresión. Al contrario, la investigación policial parecía consolidar la intuición de que detrás de la barbarie estaba ETA. Pero empezaba a difundirse otra forma, casi clandestina, mucho más coherente, de interpretar lo que había pasado, y porqué se había hecho. Se borraban las niebles y las nubes de los disparos de salvas que impedían ver quién estaba detrás de aquel asesinato masivo de trabajadores, tan cruel, y tan estúpido.

Tenía un amigo en el Pozo del tío Raimundo, y me cercioré de que estaba bien. Mientras varios aguardábamos noticias más concretas, y las imágenes de los inexplicables atentados se desarrollaban ante nosotros, comprendimos por neustra cuenta que, por la evidente intención de causar daño indiscriminado, simultáneo, por la furia descontrolada de matar sin importar a quién, sin avisar de la intención  ni haber calculado la dimensión de los asesinatos, quien estaba detrás, manejando los hilos de las bombas, estaba persiguiendo un objetivo que no tenía lectura en el escenario político español.

Era obra de alguien que nos veía desde fuera, sin intención de rentabilizarlo políticamente, actuando solo con la intención de dañar. Y en todo caso, de dañar a quienes habían estado en las Azores.

Soy de los convencidos de que el PSOE no hubiera ganado las elecciones sino hubiera sido por la mala gestión política de los dos días que siguieron a los atentados, de cómo se fue controlando la información, para que pareciera que, contra todas las evidencias que se acumulaban, había sido ETA.

Yo seleccioné, a lo largo de las dos semanas siguientes, más de cien recortes de revistas y periódicos que, sin que pudiera realmente precisar de qué manera, entendí que se relacionaban con lo que sentía, con lo que iba sintiendo, respecto a Madrid, a la evolución de la sensibilidad política de mi país, a la incomprensión de los móviles de venganza de los fanáticos islámicos contra el pueblo inocente de la capital de España. Estos sentimientos estaban también en relación con mi respeto y afecto a mis amigos islámicos, y a mi conocimiento de la filosofía árabe, y encajaban con las muestras de condolencia, sinceras, que provenían de las gentes normales que creen en Alá y en la paz universal.

Al lado de cada una de esas fotografías que yo fui seleccionando para esa libreta, inspirándome en ellas, pero distorsionándolas a veces hasta hacerlas irreconoscibles, dibujé mi interpretación. Al conjunto, que formó un libro sin resquicios, sin apenas palabras -salvo los títulos de los dibujos, todos de formato 25x15-, lo titulé: "Otras miradas en torno al Once Eme".

Este es uno de aquellos dibujos, prácticamente apuntes, de escenas imaginadas, imposibles,  transfigurando la realidad. Un niño muerde a otro, que a su vez, trata de morderse los pies -aún inconsciente del dolor que el otro le está causando-, mientras dos personas adultas asoman sus brazos -una mujer y un hombre, igualmente desnudos-.  Se titula: "Hambrientos".

La mano femenina quiere apartar a uno de los infantes, el mordedor; la masculina -delatada por el color más oscuro de su piel-, intenta pellizcar al otro. Ambos infantes miran al frente, con ojos perdidos, inquietos, tal vez asustados.

Es una escena irreal, imposible. Las cuatro figuras, superpuestas, interdependientes, prendidas en el aire, expresan, sin embargo, diferentes ideas: autocontemplación, agresión, protección, provocación.

El dibujo tiene muy pocos colores -rojo, sobre todo rojo bermellón-, es espontáneo, rápido. Algo hace sosprechar que su equilibrio es inestable. ¿Qué miran los rostros inocentes? ¿Qué expresarán los rostros adultos que no vemos?

Dibujo Comentado: Mensaje para Elías

Dibujo Comentado: Mensaje para Elías

Se trata de un dibujo a lápiz, pluma y bolígrafo, realizado el 31 de mayo de 1996. El título de la composición -"Mensaje para Elías (3)"- es el mismo que el de la novela que había escrito años antes, y el dibujo, de pequeño formato (apenas 15cmx10cm) corresponde a una de las numerosas variaciones que realicé, bien ilustrando diversos pasajes de la obra literaria, o pretendiendo sintetizar el espíritu de la misma.

La simbología presente en el dibujo es compleja -a pesar de la simplicidad esquemática de la composición-, y recoge varios de mis iconos. A saber: la pareja fusionada (aquí, con los dos sexos apenas diferenciados); los poros que permiten ver a través de los cuerpos; las tensiones manieristas en la representación de las figuras; la negación de la perspectiva, pero con líneas geométricas que son utilizadas para resaltar determinados aspectos del mensaje.

Una gran mano, surgida de lo que parecen surcos sobre la tierra, sostiene lo que podría ser una gran tira azul, que estuviera recién desgajada del misterioso sembrado, en el que una figura agachada, con sombrero, y grandes alfileres a la espalda, parece recoger algún fruto, o a lo mejor, está sembrando los propios alfileres. El campo por donde la pareja camina, si nos fijamos ahora algo más, puede ser, efectivamente, el resultado de la siembra, con las puntas de las afiladas agujas hacia arriba. Quizá ahora comprendemos mejor el cuidado con el que la pareja avanza, sobre un campo así aviesamente preparado.

La inscripción lateral, Gran Merdé, utilizada coloquialmente en España para significar la "gran cagada", "el gran desastre", aporta un elemento intrigante más, resaltado, en una segunda lectura del dibujo, por la silueta de pez que se adivina sobre el horizonte... símblo sexual, y también de la identidad de la pareja.

La importancia del color en mis pinturas es sustancial. Con él, con los colores, resalto algunas figuras, y pretendo ayudar a conseguir la homogeneidad visual del conjunto. Aquí llamaría la atención sobre el valor de la línea verde esmeralda, que se ancla sobre la cúpula protectora del mundo en donde se mueven las figuras humanas, y el retazo azul celeste que, si lo admitimos así, sería el resto que queda sobre los surcos de aquella cinta que la gran mano está sacando del falso sembrado.

Claro que descifrar el cuadro por completo exigiría remontarse al relato literario. Pero aquí y ahora estamos contemplando solamente un dibujo, y lo que cabría desearle es que consiguiese abrir la puerta a la imaginación del espectador y, en su caso, permitirle valorar desde el punto de vista estético la composición coloreada.