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El blog de Angel Arias

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Al socaire: Nuevas parejas de hecho en el paisaje urbano

Al socaire: Nuevas parejas de hecho en el paisaje urbano

En el paisaje de las ciudades han surgido muchos nuevos elementos, buenos y malos. Nuestros ojos se acostumbran rápidamente a ellos, y, después de algunos días de adaptación, pasan desapercibidos. La novedad tiene corta vida, aunque en algunos casos, el recién llegado, al incrustarse en nuestro medio, puede causarnos un perjuicio persistente.

Proporcionan ejemplos de esos malignos lares, manes y penates, las innumerables obras que destruyen cada día el pavimento que fue colocado -tal vez incluso con mimo- por el operario que terminó la intervención anterior sobre alguna tubería o canalización; así se han llenado de cicatrices, desniveles y obstáculos nuestros caminos diarios. Podría escribir acerca de esos inútiles armatrostes portadores de anuncios -¿mobiliario urbano?- que cierran el paso de las aceras y nos obligan a descender a la calle, en donde el riesgo de ser arrollados por automovilistas conducidos por su prisa es siempre alto. Podría...

Pero hoy quiero centrarme en dos tipos de parejas físicas, que forman parte también del paisaje visual de la ciudad, y que están casi en los extremos de mi valoración afectiva.

Una de ellas, la que me cae bastante antipática, está formada por un ser humano y un animal irracional, y me provoca esa indignación por causa del comportamiento del dúo, relacionado con la satisfacción de las necesidades fisiológicas del menos inteligente.

La otra está constituída por dos seres humanos sin ninguna relación familiar, y cuyas actitudes me despiertan inquietud, interés y simpatía.

En los extremos de la mañana o de la tarde, cuando la ciudad está apenas despertándose o muchos están ya en sus viviendas, surgen las primeras parejas mixtas de racional e irracional, desde miles de portales. El ser humano suele llevar una bolsa de plástico negro -enrollada en la misma mano con que sostiene la correa del animal-, destinada, teóricamente,  a recoger las "necesidades" sólidas del ser más animal. Solo la inmensa cantidad de cacas de perro que se amontonan en alcorques y jardines, o interfieren nuestro paso pacífico -dándonos, dicen, por consuelo, buena suerte- vendría a demostrar que la bolsa tiene muchas probabilidades de volverse impoluta a casa.

Me interesa mucho más la otra pareja de hecho moderna, a la que ya me he referido de pasada. Se trata del anciano con dificultades para andar, quizá incluso víctima del Alzheimer, y la joven latinoamericana en la que se apoya para avanzar.

Salen con las horas de sol, generalmente, y dan un par de vueltas a la manzana. Todas las combinaciones de sexos son posibles, por supuesto. Solo para fijar la idea, los describo en posición de irse ya de nosotros, de espaldas, mientras ella o él le habla a él o ella, entre el aburrimiento y el cariño, sobre lo que ven o lo que bien le parece.

El anciano (que, por cierto, suele ser una mujer, porque seguramente su anterior pareja, la oficial, estará dando ortigas) se queja o calla, con la mirada perdida, cumpliendo con desgana el rito diario de mover algo las piernas. Si les seguimos, acabaremos viendo como ambos se pierden en la oscuridad de un portal y ya no se sabrá más de ellos hasta el día siguiente, salvo tal vez cuando el hispano salga a hacer las compras o a cumplir un recado.

Este último tipo de parejas de hecho, cuyo alto número es revelador del envejecimiento acelerado de nuestra población y evidencia también la situación personal y afectiva de nuestros mayores, me hace preguntar: ¿cuántos de esos cuidadores de los últimos años reciben en pago por sus desvelos la herencia o una parte sustancial de ella, de los ancianos a quienes han atendido?. ¿Quién soporta las cargas de esos salarios de atención, y cuál es la situación legal de esos emigrantes?. ¿Qué proyecciones existen, qué estudios, qué medidas previstas, ante el crecimiento constante de ancianos que no pueden valerse por sí mismos, o tan solo en una escasa medida?...

Y, en fin, ¿no sería necesaria una regulación, ya que estamos en una sociedad bien repleta de impulsos reguladores, en relación con esas últimas parejas de hecho, tan necesarias y ya muy frecuentes en nuestra sociedad envejecida?

Al pairo: ARCO contará en 2008 con una sección de obras seleccionadas al azar

Al pairo: ARCO contará en 2008 con una sección de obras seleccionadas  al azar

El experimento realizado por Telecinco, colgando un lienzo pintado por niños de dos y tres años entre los seleccionados por las galerías y expositores de ARCO, la Feria de Arte más importante de España, parece que está sirviendo para extraer consecuencias de interés para el mercado de arte.

Como es sabido, la "falsa obra de arte" -falsa, al menos, siguiendo los cánones admitidos hasta ahora por los expertos- recogió elogios de los asistentes a la magna exposición, que no dudaron en resaltar sus valores artísticos, lo acertado de un precio de venta por encima de los 13 ó 15.000 euros, y hasta se atrevieron a vislumbrar desequilibrios o tensiones de naturaleza sexual en el hipotético creativo.

Se concluye que hay un grupo aún no determinado de personas que es incapaz de reconocer una obra artística. Se infiere, además, que, dentro de ese mismo grupo -lo que hace especialmente interesante la reflexión, porque estamos en una sociedad mercantilista- , existen multimillonarios que no tienen ningún problema en comprar supuestas obras de arte con la simple recomendación de quien se diga experto. En realidad, esto ya se sabía, pero, al ser descubierto el pastel y ser ahora de práctico dominio público, los organizadores de ARCO están pensando en cambiar los criterios de selección para el próximo año.

Existirá una sección especial en la que todas las personas interesadas podrán inscribirse, tengan o no experiencia expositora previa y sea cual sea su currículum. Podrán hacerlo los recién jubilados que siguen clases de pintura, las amas de casa que han descubierto su verdadera vocación haciendo punto de cruz sobre láminas de artistas clásicos, las víctimas de alucinaciones creativass, los recolectores con síndrome de Diógenes,... todos, todos. No habrá restricción alguna.

De entre las obras presentadas (para evitar confusiones, será imprescindible advertir que los objetos que se aporten son creaciones artísticas) se hará la extracción, por riguroso sorteo ante Notario, de cien de ellas, que serán expuestas junto a las demás elegidas por los cauces habituales, como genuina demostración de arte moderno. Un apunte más: estas obras serán recomendadas por galeristas y críticos de arte con, exactamente, el mismo énfasis y empeño que las de los llamados artistas consagrados.

Puesto que una parte de la Humanidad ha perdido el concepto de lo que es arte, se trata de dar ahora la oportunidad a todo el mundo a que exprese lo que siente, de rienda libre a su impulso de comunicación de sensaciones, sin que importe su formación ni su relación con las artes.

Arte de puertas abiertas, es como se puede llamar a esta iniciativa, que, según los síntomas, podría revolucionar definitivamente el mundo del arte. De prosperar, puede que el lema del próximo año sea algo así como: "Tú eres el artista" (You are the artist). En concepto, se trata de difundir que basta con que alguien crea que una cosa es arte, para que lo sea. Incluso ese alguien puede ser el propio autor.

En verdad, algo así ya sucede con el fast food: si la gente cree que alimenta, ¿por qué defraudarles?. Hay personas sensibles que podrían estar sufriendo un serio trauma si conocieran la verdad, entendida la verdad como lo que opinan especialistas en dietética, médicos, higienistas y hasta algunos restauradores.

Las protestas no se han hecho esperar. Sobre todo, en el caso del mercado del arte, se perdería la opción para que algunos obtuvieran pingües beneficios con el procedimiento de lanzar como artistas a los que no son más que artesanos de medio pelo.

Y, para aquellos a quienes les sobre el dinero o tengan amplios recursos en la economía sumergida, esta opción vulgarizadora del arte les haría reflexionar sobre uno de los mayores peligros del arte actual: que se utilicen supuestas obras de arte como moneda de cambio ficiticia, pero pactada, en un mercado restringido en el que solamente unos pocos opinan y otros pocos convienen el precio convencional que están dispuestos a pagar por el producto. Así se inventó, hace siglos, el dinero.

Al socaire: Creo que voy a ganar el concurso de 20.minutos al mejor Blog

Al socaire: Creo que voy a ganar el concurso de 20.minutos al mejor Blog

La publicación 20.minutos que dirige el prestigioso periodista Arsenio Escolar ha convocado, como ya hace varios años, un Concurso al mejor blog escrito en español (o castellano) en varias categorías.

Como ando buscando dar mayor difusión a mi cuaderno y ví en este Concurso una oportunidad, me inscribí, sin una preocupación especial por leerme bien las bases. Después de unos días, y al repasarlas, pude enterarme que solamente los blogueros inscritos podían votar y que los inscritos podían hacerlo todos los días a todos cuantos blogs quisieran. También era posible inscribirse con varios blogs, aunque podría emitirse un solo voto a cada blog elegido desde cada uno de ellos.

El período de votación empezó el 8 de enero de 2007 y terminará el 4 de abril de este año. Serán, por tanto, 86 los días en que se podría haber votado.

En este momento, los blogs más votados son: El bastión de los sueños, con 596 votos, Marta de Esparta, con 538 votos y Hay gnomos corriendo por la parte trasera de mi mente, con 512. Este cuaderno, -el mío, quiero decir-, con 44 votos, figura hoy en el lugar 326 de los más de 2.000 inscritos.

Ignoro como están consiguiendo tan alto número de votos los primeros clasificados, y no me voy a arriesgar a emitir un juicio sobre ellos, porque no me corresponde. Están bien escritos, demuestran imaginación y frescura. Coinciden los tres que he citado en que sus autores son personas jóvenes (entre 19 y 26 años), de Madrid, y anónimas. Aunque no actualizados con una frecuencia diaria, sí tienen entradas frecuentes y, por lo que he observado, un grupo fiel de seguidores y comentaristas a sus entradas, en tono, por lo general, elogioso.

Debo suponer que esos admiradores sí conocen quienes se ocultan detrás de los seudónimos, y saben qué rostro tienen las personas que se esconden tras avatares, dibujos alegóricos o fotografías de famosos. Seguramente uno de ellos va a ganar el Concurso, y les doy la enhorabuena adelantada. Salvo...

Mi observación quiere ser, en primer lugar, una indicación a aquellos que deseen también ganar el concurso. Si hubieran conseguido que diez amigos blogueros, inscritos en el Concurso, les votaran cada día, tendrían al final del Concurso 860 votos y, seguramente, se encontrarían entre los primeros clasificados, sin contar con que algún voto adicional les llegaría por otros caminos, incluído el azar o el intercambio de favores.

Pero,  teniendo en cuenta que aún quedan 41 días de Concurso, incluso aunque aún no tengan ningún voto (y he comprobado que hay algunos blogs buenos y hasta muy buenos que no se han estrenado o tienen solo un par de votos), podrían conseguir más de 1.000 votos si logran que, al menos, 25 blogueros les votasen cada día. Es posible que, si se detecta la maniobra, los expulsen del Concurso. Pero, como también he detectado que hay amplio comercio de votos para ganar el Concurso, también es posible que la operación sea consentida, pues tal vez habría que anular todo el Concurso, si se fuera realmente estricto.

Y ahora vienen las consecuencias de mi elucubración. Mi pregunta es: ¿Leerán este Correo suficientes blogueros -al menos 25- para que, sin necesidad de que yo les haga ninguna propaganda ni propuesta específica y, si les gustase mi blog, tomen la decisión de votarme cada día, igualmente sin que yo tenga que pedirles que lo hagan, sino porque les apetezca hacerlo así?.

Como no necesito el dinero del premio, si gracias a este apoyo sistemático consiguiera ganar el Concurso, me comprometo a aportar el importe del premio, como donación, a una ONG que se ocupe de ayuda al desarrollo de los países más desfavorecidos, elegida atendiendo al deseo que me manifiesten mis lectores.

Me da en la nariz que este Cuaderno ha ampliado sus posibilidades de ganar el concurso de 20.minutos, y puedo pasar a ser uno de los favoritos.

 ¡Cuando lo cuente en casa!

 

A sotavento: La formación ambiental del ingeniero

A sotavento: La formación ambiental del ingeniero

Hace ya más de 3 años, en la Asociación Española de la Calidad, se propuso por algunos de los miembros del Grupo de Trabajo dedicado al Medio Ambiente, mantener una reunión sobre la Formación ambiental en la ingeniería, en la que se invitara como ponentes a varios catedráticos y profesores universitarios relacionados con la cuestión.  La sesión no llegó a celebrarse, porque, al parecer, solamente contó con dos inscripciones, aparte de la previsible casi segura presencia de los propuestos como ponentes. 

Son muchas las ocasiones en que el tema de la formación ambiental de esa profesión multivalente que es la ingeniería, convertida en los últimos años en una subespecie de "chicos listos para todo", y cuajada de interferencias internas y externas, ha surgido en las conversaciones que he mantenido con diferentes colegas. Los elementos más frecuentes de los comentarios se dirigen a las dificultades de conocer la legislación aplicable, a la presión creciente sobre la incorporación de medidas ambientales, y a los riesgos que está corriendo, a veces sin saberlo, el profesional que firma el proyecto o se encarga de su dirección facultativa.

En este comentario pretendo aportar algunas ideas para, si es posible, fomentar la discusión sobre este asunto que es, en mi opinión, tan importante como delicado. En otro caso, al menos, me servirá para exponer lo que pienso sobre el tema.
 La delicadeza a que me refiero como necesaria para el tema, es que, a priori, todas las ingenierías afirman que sus profesionales saben perfectamente cómo abordar las cuestiones ambientales, y, adicionalmente, ya existen algunos "ingenieros ambientales" y "técnicos ambientales", que reclaman para sí el monopolio o la primacía sobre este campo de actividad y empleo.

Sin necesidad de recordar lo que es bien conocido, a saber, que prácticamente todas las intervenciones del ingeniero sobre la naturaleza tienen impacto ambiental, directo o indirecto, se trata aquí de proponer qué es lo que debería saber el técnico al respecto. Y no para que lo aprenda después de finalizar la carrera, con un máster o un cursillo de varios meses, o por su cuenta, sino para que lo incorpore a su acervo de conocimientos durante su plan de estudios.

En mi opinión, la formación complementaria al ingeniero debe dirigirse a dos sectores: lo económico y lo jurídico.

a) En lo económico, ha de permitirle evaluar con suficiente precisión las externalidades de las actuaciones y procesos y el cómputo de los costes y amortizaciones derivados de aquellos. Es decir, ha de saber identificar y tratar las inversiones y los costes que afectan a la contabilidad del proyecto, tanto en la fase de preparación como en la de ejecución.
 Su conocimiento para concretar e individualizar estas partidas, le llevará a decidir cómo incorporar correctamente los costes, haciendo por sí mismo la evaluación de las diferentes opciones, calculando, si fuera necesario, tanto valores añadidos como residuales, manejar tirs y rentabilidades, interpretando balances y contabilidades analíticas sin pestañear, y sin contar con ayuda ajena. Si los cálculos los hacen otros, sabrá cómo supervisarlos, detectar incongruencias y proponer su corrección.

Por cierto, ese conocimiento de prácticas contables -a las que los ingenieros suelen referirse despectivamente- no necesariamente les ha de servir para recargar con costes los proyectos y procesos de los que sea responsable, sino para estar preparado para hacerlo, en su caso, en la medida que la reglamentación o la presión social se lo demanden.

b) En lo jurídico, ha de conocer, no solamente la legislación y reglamentación aplicables, sino, y por la cuenta que le tiene, el efecto que tiene su incumplimiento. Ha de saber lo básico del Derecho civil y administrativo -también del penal-, cómo intervenir en un juicio como perito o testigo, moverse con holgura entre reglamentos y leyes, y conocer la terminología para expresarse con comodidad en términos legales o jurídicos. No está de más que piense que, para la mayor parte de los jueces y posibles demandantes, el ingeniero es un profesional apetitoso como demandado, ya que se le supone una solvencia, un seguro profesional, un Colegio que le defenderá jurídicamente para salvarle el pellejo legal, y, como añadido gozoso, suele actuar con una cierta petulancia y seguridad que le llevará a negar que él pueda equivocarse o que los coeficientes de seguridad o las medidas que él adoptó no eran suficientes, elementos que predisponen a los demás, humanamente, en su contra.

Decir que los ingenieros están capacitados, por lo mucho que han estudiado, para resolver cualquier problema que se les presente en su vida profesional, es una simpleza. La complejidad de los elementos puestos en juego en muchas actuaciones, no permite ni su improvisación ni es posible extraer consecuencias o tomar decisiones rápidas una vez que el problema se ha presentado. 

Creo que los planes de estudio de todas las ingenierías deberían abordar, de inmediato, la incorporación de una selección de temas económicos y jurídicos, aplicables a la cuestión ambiental, para que nuestros ingenieros supieran cómo tratar los asuntos ambientales con la seriedad, la sensibilidad y la profundidad que la sociedad está exigiendo de este asunto. Y no corrieran riesgos, ellos mismos, de que lo que desconocen les cayera sobre la cabeza, cuando sea demasiado tarde para ellos o para los que resulten afectados de su desconocimiento.

No estoy diciendo que ahora no sepan cómo hacerlo, estoy afirmando que ningún ingeniero debería ser egresado sin saber cómo hacerlo.

A barlovento: Las renovables, al salón

A barlovento: Las renovables, al salón En el imaginario partido de pelota de la categoría energética que se está jugando ahora en el patio de escuela de nuestra aldea global, el balón detrás del que corremos todos, se llama energías renovables. Ante la obligatoriedad de cumplir en los plazos estipulados los acuerdos de Kyoto, y dada la escasa voluntad para restringir el crecimiento del consumo energético, tan vinculado a nuestro desarrollo, las administraciones han concentrado la atención pública en el incremento de la producción con energías renovables.

El mix energético de la Comunidad tiene un grave déficit y quedan muchas cuestiones abiertas. Es crucial aumentar la producción autónoma, para conseguir mayor independencia ante el previsible endurecimiento de las condiciones de suministro exteriores. Las variables a analizar son el incremento de energías renovables, la revisión de la drástica reconversión del sector del carbón europeo (realizada en un escenario diferente) y el replanteamiento de las moratorias a la energía nuclear que, por presiones de seguridad y ecologistas,  están vigentes en algunos países europeos.
 

Aunque no hay un consenso absoluto sobre la definición de energía renovable, la idea central se basa en la sostenibilidad de su producción. Se hace necesario matizar su condición de fuente inagotable, y tampoco cabe admitir sin matices su carácter gratuito, pues al ser difusa su forma de aparición en la naturaleza, son necesarias importantes inversiones para concentrar y canalizar su producción y aprovechamiento. 

La característica más importante atribuida a las energías renovables es que en su producción o concentración no se forman los gases causantes del efecto invernadero, o lo hacen en proporción insignificante en relación con los procesos de combustión, a los que la opinión científica ha terminado considerando de forma prácticamente unánime, culpables de acelerar el calentamiento natural de esta fase térmica del planeta.

Así que, las energías renovables que, -aunque conocidas por el hombre desde la Antigüedad-, habían ocupado escaso interés hasta la historia reciente, al ser mucho más barato y cómodo echar mano a los recursos fósiles, han pasado a protagonizar el debate energético, favorecidas por las más importantes agrupaciones ecologistas, que defienden su empleo masivo.
 

Las cosas casi nunca son de un solo color –y pocas veces de aquél con que se mira-, y lo cierto es que el apoyo a las energías renovables ha supuesto una importante canalización de recursos y una reorientación parcial del mercado eléctrico. Según un informe de la Comunidad de hace pocos años, sería necesario invertir  en la UE entre 10.000 y 15.000 millones de euros anuales para llegar a un 12 % de energías renovables en 2010.

El elemento dinamizador es la Directiva para producción de electricidad con fuentes renovables, 2001/77/CE, que responsabiliza a la Comisión de analizar el cumplimiento de la Europa de los Quince de los objetivos para 2010.
  La movilización de tales cantidades cuenta con un importante apoyo público, para disminuir los riesgos de la inversión, reduciendo la amortización y costes financieros soportados, y bonificando  estas energías respecto a la tarifa media eléctrica.

Fruto del apoyo, centrado en el mercado eólico, este creció en la UE un 23% en 2006, con casi 8.000 Mw de nueva instalación, y una inversión que supera los 9.000 millones de euros, polarizada a los dos países que representan más de la mitad de la producción europea, Alemania y España. La Unión Europea tiene actualmente casi 50.000 Mw instalados produciendo en media anual 100 TWh, el 3,3% del consumo eléctrico de la UE.
 Por su parte, la Directiva 2003/30/CE, estimula el uso de biocarburantes en el transporte, que deberán aportar el 5,8% de los combustibles empleados en el transporte.

También se debe incorporar a este contexto de refuerzo de la autonomía energética comunitaria,  la Decisión 1229/2003/CE, por la que se establecen las orientaciones sobre las redes transeuropeas en el sector de la energía. Esta Decisión tiene una aplicación del mayor interés para España, dado su carácter peninsular y geográficamente marginal.
 

En el marco legal español, el Plan de Energías Renovables (PER) 2005-2010 (RD 436/2004) plantea que el 12,1 % (20,5 Mill. tep) de la energía consumida en 2010 consista  en energías renovables, y que la producción de energía eléctrica con ellas alcance el 30% de la demanda eléctrica. El avance que prevé el Plan es sustancial, pues implica un incremento del 150% respecto a 2005.  Para estimularlo, se dedicarán más de 8.600 mill de euros (entre ayudas públicas, incentivos fiscales y primas o bonificaciones) en el período 2005-2010. 

La parte del león del PER la absorberá la energía eólica (20.155 MW),  seguido de la biomasa (1.695 MW), la energía solar termal (500 MW, equivalente a 4,9 millones de m2), y la energía fotovoltaica (400 MW). Un apasionante escenario, en el que no faltan cuestiones abiertas, para el desarrollo del mercado de las energías renovables. España tiene en ello un doble interés, tanto por su situación fuertemente dependiente de las exportaciones, como por la disposición natural, en todos los sectores de las renovables, para que su desarrollo e investigación le reporten claros beneficios.

La solución al desafío de disminución la dependencia exterior, tiene incluso más importancia, en mi opinión, que el propio cumplimiento de los objetivos de Kyoto.
         

Al socaire: Antecedentes de hecho y fundamentos de derecho de la Justicia en España

Al socaire: Antecedentes de hecho y fundamentos de derecho de la Justicia en España

En nuestro ordenamiento jurídico, la Justicia es fundamentalmente rogada, por lo que la actividad de los jueces se encardina en el imprescindible impulso procesal de la partes. Esto quiere decir que un proceso civil no se abrirá si no existe una demanda del particular, y que su avance, vicisitudes y final, regulados por las correspondientes normas procesales, se realizarán, cumpliendo plazos concretos, con base en las demandas, contestaciones, contrademandas o reconvenciones, alegaciones, manifestaciones, súplicas, y peticiones de las partes.

A su debida vez, y de acuerdo con una compleja regulación procesal, estas actuaciones de las partes, van siendo comunicadas a las otras, otorgándoseles el plazo correspondiente para contestar lo que crean conveniente a su derecho,mediante las correspondientes diligencias, actos de ordenación, providencias, incidencias, pronunciamientos, autos y sentencias, acumulándose masas ingentes de papel, mientras va pasando inexorable el bien preciado  más escaso que tenemos, que es el tiempo. 

Cualquiera que se haya dado una vuelta por un Juzgado habrá quedado asombrado de la sensación de saturación  que se obtiene, al ver amontonados cientos de legajos, carpetas y archivadores, que parecen distar bastante de haber sido sometidos a un orden estricto, y que lo ocupan todo. Estanterías, armarios, suelos, huecos y altillos, rebosan de documentos, ofreciendo la incómoda impresión de que allí se habrá de perder por seguro alguno de ellos, o de que alguien podría llevarse un fajo sin que nadie lo advirtiera. Funcionarios aprisionados en estrechos cubículos atienden a sus ordenadores en posturas incómodas o teclean con legendarias máquinas de escribir, con las mesas igualmente infestadas de papeles, haciendo gala de un humor y una paciencia variables según quien los visite. 

Las opiniones sobre el aumento de litigiosidad en España varían entre quienes opinan que estamos inmersos en una sociedad de agresividad imparable, en el incremento de la falta de disciplina general y un sentido pragmático y a corto plazo de la existencia, y aquellos que argumentan que si bien crece, lo hace a un ritmo razonable, y que lo que está sucediendo es que se está concentrado en ciertos sectores, debido a la reagrupación o dislocación de las materias legales. En lo único que se está de acuerdo es que ha crecido desmesuradamente la litigiosidad administrativa. Como existen publicaciones en donde se reúnen los datos relevantes de los más de 2.000 juzgados españoles (con más de 4.000 jueces), no entiendo de donde proceden las discrepancias. 

¿A qué se debe la litigiosidad civil y en donde se concentran los supuestos litigiosos?. En primer lugar, a la existencia de una idiosincrasia que nos hace pensar solo en nuestro derecho y no en el de los otros. Después, y acercándonos a los conflictos de propiedad, al excesivo minifundismo de nuestro campo, a pesar de los esfuerzos de concentración parcelaria y forestal, unido a una escasa tradición de clarificar por la vía del testamento las sucesiones hereditarias, o de reflejar servidumbres y actualizar lindes y operaciones en escrituras.

También, la litigiosidad surge del abuso de posición dominante en multitud de circunstancias de la vida, ahora sometida a la réplica del antes tenido por subordinado y fácil otorgante: relaciones de vecindad y extranjería, discusiones sobre los títulos de propiedad, tensiones emponzoñantes de ámbitos familiares y empresariales, amplia contestación, dudas y equívocos en la mayor parte de las relaciones laborales, en donde el trabajador vuelve a no sentirse identificado con la empresa. Podría poner más ejemplos, pero el lector me eximirá de ser exhaustivo en la relación de las grandes áreas de litigio en España.

Finalmente, y aplicándome a la letra pequeña del incremento de la litigiosidad, de mi propia experiencia profesional como abogado, estoy convencido de que existen algunos colegas cuya ética profesional no está a la altura, que andan a la caza del cliente afectado por cualquier estafa multitudinario o perjucio colectivo del que hayan tenido noticia por los medios de información, urgiendo a que se les den poderes y se les acredite una provisión de fondos. Así se conforman asociaciones de afectados, grupos de reclamantes por los más variados objetos, tengan la apariencia de legitimidad que tengan y las posibilidades de prosperar que se les quiera dar: socios disidentes de clubs deportivos, miembros descontentos de asociaciones y colegios, pacientes afectados por negligencias hospitalarias, estafados por cursos de idiomas, viajeros sufridores de demoras aéreas, etc. 

Por otra parte, el aumento de jueces y la juventud e inexperiencia de muchos de ellos, estudiosos que han sido sin duda de complejos temarios pero ayunos de la formación y medios de valoración que da la edad y el conocimiento de las cosas de la vida, ha dado lugar a una menor calidad en las sentencias de primera instancia y a un encrespamiento de las relaciones entre jueces y abogados. Su falta de experiencia, unida a la tensión por la cantidad de temas acumulados y la complejidad de algunos, provoca a veces situaciones molestas en los Juzgados.

He asistido a vistas en las que el mal humor injustificado del titular del Juzgado dirige reconvenciones fuera de tono a los letrados que representan a las partes, y que, no ha de olvidarse, actúan delante de sus clientes y cobran de ellos, a diferencia de los jueces, que son funcionarios. Jueces personales inamovibles, sometidos únicamentre al imperio de la ley, como reza el art 117.1 de la Constitución, pero cuyo carácter de seres humanos y no divinos podría (en esos casos minoritarios a los que me refiero) debería hacerles ser más sensibles hacia lo endeble de su pedestal. De la misma manera, la sociedad no debería confiar al juez la resolución de conflictos que podrían, incluso deberían, resolverse por otras vías.

Esta sociedad necesita utilizar con más frecuencia la facultad de transar. Los acuerdos extrajudiciales son, no ya la clave para evitar el planteamiento del conflicto ante los órganos jurisdiccionales, sino una forma muy atractiva de ahorrarse costes y tiempo y llegar a una solución más satisfactoria, posiblemente, incluso para ambas partes litigantes.

Los abogados debemos hacer mucho más de lo que se está haciendo hasta ahora en la labor de encontrar los puntos de acuerdo entre nuestros clientes, actuando de verdaderos consejeros, ilustrando sobre las posibilidades, riesgos y dificultades de un proceso, en lugar de concentrarnos en la visión de un escenario de éxitos y ocultando los puntos oscuros a la natural creencia del cliente de que va a ganar porque tiene razón.

El sometimiento del litigio a órganos arbitrales, mejorada la regulación ya prevista para hacerla más ágil, pero también utilizando cláusulas pactadas entre las partes, es una manera excelente de agilizar el proceso que debe conducir a un acuerdo entre personas. Se acude al Juez con excesiva frecuencia, aumentando la presión sobre este órgano y concentrando expectativas, enjuiciamientos de valor y diatribas desmesuradas sobre su figura. También se puede y debe solventar una discrepancia, eludiendo el orden jurisdiccional, acudiendo a aquellos profesionales-árbitros con experiencia concreta en el objeto que se dispute. 

Pongo por caso, las cuestiones matrimoniales. De las 150.000 rupturas de pareja que se producen cada año en España, (casi 500 al día), una mayoría conducen a litigio entre las partes, y prácticamente todas suponen la intervención procesal de cuatro letrados, dos por cada parte (abogado y procurador), y un consumo jurisdiccional de horas y dinero, que, por cierto, no pagarán los litigantes, ni mucho menos, en su totalidad.

Qué importante es que los responsables procesales ayuden a sus clientes a encontrar la solución a sus diferencias por la vía del entendimiento pacífico, en lugar de animarlos a litigar, lo que solo engordaría su encono y el bolsillo de sus, mal llamados, asesores jurídicos y lastra el coste fiscal de los ciudadanos que pagamos impuestos.
 

Al pairo: El dilema de las Pasarelas, vestir o desvestir a las mujeres

Al pairo: El dilema de las Pasarelas, vestir o desvestir a las mujeres El dibujo que ilustra este Comentario, "Mujer despojándose de su piel", desarrolla una idea que me sugieren, con frecuencia, los desfiles de moda (o de modelos, como también suele decirse). Esta semana se celebra en Madrid el acontecimiento propagandístico más importante de la moda española La Pasarela Cibeles, y, simultáneamente, tiene lugar en Londres la London Fashion Week.

En los últimos 15 años de la moda, vestir a la mujer parece que "dejó de estar de moda", para concentrarse la creatividad de los modistos en cómo desvestirla. Fruto de esa preocupación por desvelar algunas partes del cuerpo femenino -dentro de un esquema general que parecía haberse desplazado a dejar al descubierto ciertas zonas corporales que en la mayor parte de las ocasiones las mujeres se habían esforzado durante siglos en mantener ocultas a la vista de quienes no fueran sus amantes-, ha sido el progresivo redescubrimiento de las piernas y muslos, de los senos, del vientre, de las nalgas.

La contemplación de un desfile de modelos se convirtió así, para deleite de una mayoría masculina, en la visión complaciente de bellas mujeres enseñándolo casi todo, pasando a muy segundo plano valorar lo que llevaban, porque lo que vestían parecía tener como principal objetivo resaltar sus desnudeces.

Por eso, que la nueva generación de modistos vuelva a centrar su atención en vestir, en lugar de desvestir, a las mujeres, ha de ser una buena noticia para aquellos que seguimos creyendo que el vestido, en las relaciones interpersonales, además de servir para dar cobijo y calor al cuerpo humano, ha de ayudar a la ceremonia de la seducción, llamando la atención sobre lo que ellas (y ellos) guardan debajo.

Es decir, en su papel de reclamo sexual para captar el interés de aquellos con quienes nos gustaría compartir y a los que dedicar nuestros mejores afectos, el vestido no habría de descubrir impúdicamente lo que guardamos a la vista de la generalidad, reservándolo para la intimidad de dos en una alcoba.

Sé que a algunos puedo parecer un anticuado, pero no considero que la moda pueda tener bula para tratar a las mujeres como objetos, ni para que los llamados creativos en ese negocio del vestir lancen por intermedio de sus modelos, seudomensajes acerca de lo que piensan del mundo, de otros hombres, de las mujeres, de sí mismos.

La pasarela no es un periódico de masas, aunque el esfuerzo dedicada a la difusión mediática, las inmensas cantidades de dinero que mueve la moda y la indudable belleza de las modelos (sobre todo, de las que tienen talla superior a 40), nos hagan a veces creer que lo que se ofrece allí es increíblemente original, tribal, étnico, sexual, guerrero, andrógino, techno o nativo (utilizo, como se advertirá algunos de los adjetivos que dedican a un vestido los comentaristas especializados en calificar lo que muchos ni siquiera vemos, obnuvilados por la fuerza de la exposición corporal).

Por algo será que cuando una de esas chicas que ganan tanto dinero por ser hermosas, andar de forma peculiar y convertir a su cuerpo en plataforma de las elucubraciones de los sastres, y que dedican su primera juventud a pasar semidesnudas por la pasarela, cuando descubren el arcón con la ropa de sus abuelas, creen haber llegado al Paraíso y se ponen justillos, faldas de vuelo, chaquetas sastre, jerseys de pico, enaguas con pespuntes, acumulando capas de distancia entre su cuerpo y el otro, para que se detenga a verlas como mujeres y se las juzgue, sobre todo, por su personalidad e inteligencia.

Al socaire: Instrucciones para torpes sobre cómo arreglar una persiana

Al socaire: Instrucciones para torpes sobre cómo arreglar una persiana

Podría acompañar este Comentario con un esquema o dibujo, en el que se indicaran con letras o números los diferentes elementos y equipos que se han de utilizar en el proceso. Pero después de haber estudiado cientos de catálogos, folletos explicativos y manuales de operación y mantenimiento editados por prestigiosos fabricantes de toda gama de productos y maquinarias para intentar ilustrar desde cómo cambiar bombillas o bolsas de aspiradora, hasta desatascar hornos de convección o manejar grúas pórtico, pasando por ajustar motores de combustión y ensamblar muebles, he llegado a la conclusión de que no sirven para mucho. Incluso, la mayor parte de las veces, confunden al misionero.

Los modelos cambian rápidamente, las traducciones del japonés, coreano o chino a nuestro propio idioma o al inglés-tipo resultan casi ininteligibles, particularmente si están realizadas por un nativo de aquellos sitios lejanos que haya aprendido un español latinoamericano de otro chino, o al parecer, por correspondencia. Tampoco ayuda mucho guiarse por las traducciones a otros idiomas y comparar lo que se dice en ellas, porque frecuentemente parecen estar pensadas para aparatos o equipos diferentes.

Lo mejor sería tener ocasión de observar a algún profesional con práctica, que nos dejase meter la nariz en lo que hace sin enfadarse mucho. No será, por lo general, posible. Además, no todos los días va tener uno que cambiar la lámpara de cruce al coche, así que no hay mucho estímulo en aprender a hacer cosas que no se van a utilizar más que un par de veces en la vida, y por eso, la mayor parte de la gente cree que lo mejor es confiar que no se tenga la mala suerte de que se vaya a fundir la bombilla o romper la correa del ventilador antes de que se le de el pasaporte al utilitario, pongo por caso.

 

¿Cómo interpretar, por ejemplo, la expresión “emulación de legado de teclado/ratón USB”? (expresa en el manual Toshiba, epígrafe Setup y passwords, pag 7-11) ¿Cúal sería la utilidad prevista de la indicación “Introduzca la placa pastelera orientando su lado inclinado hacia la puerta del horno y deslícela hasta el fondo”?  (Horno Bosch , “instrucciones de manejo”, HBN 216 TEU; Etc

 

Lo que pretendo, por eso, en este Comentario, es simplemente trasladar a mis lectores la posible satisfacción de corregir un desarreglo doméstico de los que, con toda probabilidad, se han de producir unas cuantas veces en la vida, y siempre que aparecen, causarán  malhumor y sensación de desgracia en las mejores familias. ¿De qué hablo?. Me propongo explicar cómo arreglar una persiana.

Una persiana de las más tradicionales, de esas que se necesita tirar de la cinta para que se vayan enrollando en el cajetón. Si contamos el número de persianas tenemos en casa, y añadimos las de nuestros familiares y amigos, y quizá -si escribo para lectores de fortuna- añadimos las de las segundas y terceras residencias (qué curiosa denominación), llegaremos a la cifra de un par de centenares. Es, por ello, muy probable que una vez cada año (sobre todo, durante las vacaciones) tengamos ocasión de demostrar nuestra habilidad.

Pongámosnos en escena. Un día llegas a casa y tu desconsolada pareja te comunica que se ha roto la cinta de la persiana. Observas el caso, y diagnosticas que, además, las varillas de la persiana se han encasquillado. Cosa grave, pero con solución. Riñes a tu pareja por el desaguisado, para robustecer tu autoridad y también ganar algo de tiempo, y te vas al lugar donde guardas tu caja de herramientas.

Te proverás de varios destornilladores -con cabeza plana, al menos, la mayoría, porque quizás necesites uno de estrella-, un martillo, lápiz, regla, cartabón o escuadra, una sierra manejable (para madera), puede que unos guantes. Pueden ser convenientes algunos clavos y tornillos. No quiero ser gafe, pero podrías necesitar un poco de mercromina o alcohol, para curarte los rasponazos de los brazos por la condenada correa de la persiana que gira a toda velocidad cuando se suelta, y alguna vez se te acabará escapando.

Te pondrás la camisa más vieja que tengas, y te colocarás una gorra en la cabeza, que te cubrirá del polvo y de la suciedad general que se acumula en los sitios a donde no llega jamás la aspiradora, y que son donde proliferan y tienen su residencia principal las especies animales y vegetales que conviven con la especie humana
. Pides una cerveza, para irte animando y empiezas tu trabajo, sin desfallecer ni un momento.

Orientado hacia la ventana, verás encima de ella un cajetín de madera, que habrá sido pintado y repintado cientos de veces. Mal asunto. Podría bastar con meter uno de los destornilladores bajo la tapa del cajetín y hacer fuerza, -hacia tí-, para conseguir liberarlo de sus abrazaderas. Pero como alguien habrá puesto el aire acondicionado de pared impidiendo la apertura total del cajetón, será necesario cortarlo para permitir el acceso a la persiana rota.

Con el  lápiz y la regla trazas una línea recta - o casi-, paralela al lateral del cajetín y salvando el obstáculo que presenta el módulo de refrigeración, y, guiándote por ellas, sierras son cuidado la madera, hasta conseguir liberar todo el giro del cajetón. La parte final del aserrado tiene su complicación, y a lo mejor necesitas adoptar posturas inconvenientes. Nuevo trago de cerveza.

Puede ser que alguien haya puesto un tornillo o un clave, más o menos hacia la mitad de la tapa, en la creencia de que nunca más habría que abrirlo, o para hacer más estanca la misma, o, sencillamente, para putear. Deberás descubrir donde está, raspando la madera un poco, y, una vez descubierto, desatornillarlo o sacarlo. 

Por fin, habrás conseguido quitar la tapa, y ante tu vista aparecerán algunas varillas torcidas, y seguramente confirmarás que están rotas las cintas o cables que unen la persiana al cilindro sobre el que debe enrollarse y desenrollarse, y puede que incluso esté rota la correa que sirve para tirar de la persiana, y que se enrolla a su vez en un cajetín más pequeño, provisto de un muelle tensor, que está abajo, a la altura de tus rodillas. ¿Lo ves?.  

No hay problema. Tomas un trago de cerveza, y con la cabeza (en la que te habrás puesto la gorra) sostienes la tapa del cajetón. Seguidamente, vas alineando las varillas (también llamadas lamas por los expertos) con cuidado de no destrozarte los dedos, para que puedan pasar por el hueco por donde se ha de deslizar la persiana recompuesta. Es conveniente empezar por las que sean/estén más fáciles de mover, ayudándose de uno de los destornilladores.

Cuando lo hayas conseguido, deberás comprobar que el cilindro polea en donde se enrollará la persiana no está desencajado. Si es así, encájalo. A la derecha (o izquierda, según los casos) del cilindro está el disco en donde se habrá de enrollar la correa que sirve para subir o bajar la persiana. Clavados en la madera del cilindro, habrá dos o tres cintas - en el caso más grave, sueltas, porque se habrán roto las hendiduras de la última lámina de plástico de la persiana; esas cintas sirven para unir la persiana al cilindro, y por eso, debes hacer que pasen, cada una de ellas, por una hendidura de la lámina; si la más próxima a la perpendicular está rota, pues únela a la vecina.
 

Será la hora de recordar cómo funciona una polea. Para que la persiana pueda elevarse cuando tires de la correa será necesario que, estando colocado el cajetín en el hueco adecuado, y cuidando de que no esté retorcida, el resto libre de la correa esté enrollado en el disco.

Para que eso suceda, con la persiana completamente bajada, deberás atornillar los dos o tres clavos-tornillo que sostienen las cintas, pasándolas antes por la parte trasera del cilindro de madera, y clavándolas, en fin, por la parte delantera. Solo así conseguirás que cuando se tire de la correa de la persiana, para ir desenrollando la parte que está en el disco del cajetón, el rodillo de madera gire y las cintas que están clavadas a él vayan enrollando simultáneamte la persiana al rodillo.
 

(Atención: para que la polea funcione, la correa de la persiana debe estar totalmente enrollada (o casi) en el cilindro plano que quedará tapado por el cajetón de madera; y si, entre tantos tejes y manejes, has desmontado esa correa, debes engancharla a ese cilindro y enrollarla, girando el cilindro siempre hacia fuera (hacia la ventana), haciendo algo de fuerza (contra el muelle), y de manera que la parte visible desde tu posición de la correa enrollada sea el lado plano, no el hendido; esto es, el palo de la "q")

Bueno, otra opción es que llames a un arreglador de persianas. Suelen tardar unos dos o tres días y quizá el que venga tenga  a la mano estas indicaciones. Tú podrás dedicar tu tiempo libre a cosas seguramente más provechosas, no te mancharás las manos, la camisa ni la cabeza, y, sobre todo, no te pondrás de mal humor si no consigues nada de nada. 

Pero si sigues estas indicaciones, y tienes éxito, te aseguro una gran satisfacción, en nada comparable a cualquier otra que hayas tenido en tu vida. Arreglar un elemento casero produce una inmediata secreción de adrenalina, aumenta la estima de tus próximos, refuerza el yo.

Para terminar de animar a los indecisos, afirmo que si alguien no entiende lo que he escrito y el tono irónico de este comentario, el problema es suyo.

Mi autoestima también come, caramba.