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El blog de Angel Arias

Dibujo Comentado: Ideas para hacer el amor

Dibujo Comentado: Ideas para hacer el amor

El representado aquí es un dibujo realizado a lápiz y bolígrafo de tinta negra, de pequeño formato (A5), tomado de una de mis "Libretas de campo". Lleva fecha: 20.02.96 y el título parece equívoco, en relación con lo que representa: "Ideas para hacer el amor".

Pretende simbolizar, esquemáticamente, lo que es evidente para experimentados: los enamorados -y más, mucho más, los que lo fueron- se hacen daño a veces. Rota la cáscara del amor, en la que se han tejido tantas connivencias, son capaces de acuchillarse, de intentarlo al menos. Hablo desde la perspectiva sicológica, algo que no es tan fácil de detectar externamente y, por ello, cae fuera del reproche penal.

Así los he dibujado, enzarzados en una pelea íntima que quiero suponer del mejor final previsible: otra vez retornarán a su nido de amor, lo harán nuevamente, recuperarán las sintonías perdidas.

El cuchillo que (¿ella? ¿el?) esgrime no será utilizado, por supuesto, porque no se trata de representar la violencia de género, sino una disputa simbólica de pareja (¿son dos mujeres las que se pelean?). Las marcas de uñas en la espalda de uno de los personajes son solo una indicación de que el arrebato tiene múltiples lecturas.

Por cierto, hace un par de días leía que una de las inconsistencias del español es la referencia a "hacer el amor", que es un eufemismo, como todo el mundo sabe, y que provoca la sonrisa o el estupor de algunos que quieren aprender las leenguas europeas desde otras latitudes. Supongo que nosotros lo habremos incorporado del francés, y no quiero abrir la puerta a los chistes fáciles, aunque to make love, faire l´amour, macht die Liebe, etc, son bien entendidos en estos predios.

Puede que no sea nada preciso decir "hacer el amor" cuando lo que hacemos es practicar el sexo, pero me parece que ser demasiado evidente en la expresión del acto que ejecuta una pareja -o una multitud-, además de introducir un elemento que, para ciertas delicadas mentes, resultaría grosero, sería restringir erróneamente a lo carnal algo que involucra a toda la persona, aunque se haga sin amor.

La pareja que se enzarza en esa disputa entrañable que solo pueden representar dos enamorados con precisión, ellos solamente, saben lo que es, de verdad, hacer el amor. La deliciosa soledad de dos en compañía. Porque nadie hace el amor consigo mismo, por mucho que se idolatre; en ese caso, se masturba.

Al socaire: ¿Es posible ser independiente?

Al socaire: ¿Es posible ser independiente?

Una de las obsesiones del hombre es la de consecución de que se me haga justicia o se haga mi justicia, entendida, por supuesto, como el objetivo individual en el que un ser superior nos confirme que las razones que hemos tenido para actuar de una determinada manera -perjudicial para terceros-, son más valiosas que todas las demás alternativas.

En busca y plasmación de ese ideal, que a veces puede concudir a una valoración bastante espúreo de la Justicia, el ser humano ha construído a lo largo de la Historia una sinfonía de arreglos, normas y componendas. Porque, ya que prácticamente todos los individuos de nuestra misma especie han nacido con la misma preocupación, y ni los más listos ni los que ven aplastado su derecho, suelen ser los más fuertes, la situación nos hubiera llevado a que si tuviéramos que solventar nuestras diferencias a mamporros, -ejercicio posiblemente útil para mantenernos en forma-, junto con el despilfarro de energías, solo se llegaría a la selección de los más brutos para dirigir nuestros destinos.

El "yo, más", o "el mío más grande o mejor", o "yo soy más listo que tú", no son, en fin, sino derivaciones del pensamiento principal de creer que formamos parte del ombligo del mundo. Podíamos solventar las diferencias con otros ante toda la colectividad erigida en juez del caso, no nos lleva a una solución practicable, porque la inmensa mayoría de los conflictos importan un rábano a los no litigantes.

Además, demostrar la solvencia a base de hacer pruebas de acceso continuadas, test de idoneidad, torneos, justas y certámenes, también nos absorbería demasiado tiempo. Por eso, solemos caer en la designación digital de los mejores, con métodos más o menos depurados.  Así es, será y ha sido, en las empresas, gobiernos, escuelas, conventos, organizaciones deportivas, grupos mafiosos, premios literarios, etc.

La Historia muestra, en fin, que a las sociedades que han venido eligiendo convencionalmente -con formas, en los casos más relevantes, muy sofisticadas- a algunos de sus miembros para convertirlos en mejores, no les ha ido tan mal. Príncipes, sabios, jueces, presidentes, obispos o bramanes han salido airosos, por lo general, en la defensa de sus virtudes para el caso y en el desempeño cabal de sus funciones.

En caso de que alguien dudara de la razón del prócer o el prócer se viera obligado a confrontar las suyas con los de otras tribus, siempre se podrá acudir a tomar la decisión a porrazos, cuchilladas, castigos, marginaciones, cañonazos o bombas atómicas. Así se viene haciendo, y justamente en algunos casos muy importantes para la tranquilidad colectiva.

Gracias a la civilización, los humanos hemos sabido incorporar múltiples y sofisticados arreglos a la idea inicial, -que, recuerdo al lector, era tener razón y justicia por narices-, dando progresivamente facultades a interlocutores intermedios (juzgadores) entre los supuestos seres superiores y sucesivos niveles de seres inferiores. Siempre habrá discrepancias sobre el método, pero la cosa funciona. Así se han robustecido los poderes de reyes, jefes de gobierno, ministros, papas y ayatolás, magistrados, árbitros, jueces, catedráticos, universitarios, policías, mecánicos de taller, abades, monjas de clausura, peritos, guardias, ayas, etc.

Podría aparecer como ácrata con lo que estoy escribiendo, pero no quiero que se me vea radical, sino gracioso. Los métodos usados para seleccionar interlocutores intermedios por la sociedad no han venido tan mal, y especialmente a quienes han sabido aprovecharse de las circunstancias.

Si hubiera tiempo, cabría hablar por ese camino de cómo las religiones han servido para satisfacer las inquietudes de justicia de los buenos muy buenos y de los más pobres, (al menos, mientras estuvieran vivos...), controlando los ímpetus de unos y la desilusión de los otros. Pero ese camino está ya bastante trillado por mentes más claras que la mía, y hay importantes tratados sobre las consecuencias, sus razones, y la vigencia del concepto.

También sería factible referirse a la administración de Justicia (esta vez, con mayúsculas). Nunca nos acostumbraremos, -en especial, cuando perdemos un pleito-, a que una persona que ha superado diferentes exámenes con los que ha dejado probada su capacidad memorística ante un par de predecesores en su iter hacia el mismo signum, haya entendido nuestras razones y las de nuestro abogado, negándonos la pretensión que habíamos sometido a su buen juicio.

Si ganamos el pleito, el juez será para nosotros un figura, dios, un tipo inteligente y ecuánime. Si lo perdemos, no dudaremos en ponerlo a caldo, es un inepto, está corrupto, carece de experiencia. Al fin y al cabo, solo se le ha elegido por saber repetir como un loro resúmenes de dudoso valor literario cuyo sentido solo entienden plenamente sus propios redactores. No hay, en suma, argumentaremos, porqué correlacionar su capacidad memorística, con la capacidad de abstraerse de todo lo que es ajeno al caso que se le presenta, aplicando con libertad y objetividad una colección de leyes, principios, usos y costumbres cuyo conocimiento e interpretación completa es humanamente imposible... A fastidiarse tocan, pues.

No te complico más el argumento, querido lector. Hoy quiero referirme únicamente a la independencia de quienes han sido elegidos para un cargo relevante por el  partido en el Gobierno (el que sea) y reclaman su plena autonomía para actuar sin interferencias, de acuerdo con sus solos personales criterios, dejando al descubierto algunas tripas del sistema.

La España política reciente ha generado, por lo menos, dos personajes entrañables de este insólito objetivo: Manuel Conthe y Baltasar Garzón. La voluntad de ambos ejemplares de excepción en querer convertir un procedimiento bastante falseado para su selección -la designación digital- en un éxito del sistema, por haberlos elegido precisamente a ellos, levanta mi admiración. Su empeño en sentirse paladines en defender su independencia, especialmente contra quienes los escogieron, habría de ser objeto de meditación universal.

Qué valiosa información nos dan, qué recuerdos avivan en nuestra memoria colectiva. Porque, aunque ya ha sucedido otras veces, se estaba convirtiendo en algo muy raro que uno de los escogidos por la rueda de convenios, falsedades y ritos que la sociedad ha tejido para obtener intermediarios entre los seres superiores y los tipos de a pié, nos devolviera a nuestros orígenes, anunciando urbi et orbe que no eran libres, que estaban siendo mediatizados  por el poder y que, por ello, se les impedía tomar decisiones de forma independiente.

Habrá que escuchar lo que nos cuenta Conthe, habrá que seguir oyendo a Garzón. Ambos se conocen desde dentro el Sistema, y tienen, por ello, mucha más y mejor información que los demás. Han sido alimentados con el polen y la jalea real que solo reciben los que están previstos para abejas reinas. Se han escapado de la colmena cuando se dieron cuenta que solo les dejaban jugar el papel de marionetas, y que sus evoluciones tenían un guión.

Hace años, los hubieran arrojado a la hoguera o asaeteado con varas envenadas. Hoy pueden celebrar ruedas de prensa, dar conferencias y contarnos lo bien que podían haberlo hecho por nosotros, por la objetividad absoluta, por la Justicia como desideratum supremo, de haberles dejado seguir. Lo malo es que ya no tienen el mismo poder que antes para liberarnos de este enredo, si es que hay tal enredo.

Mientras aguardamos, impacientes, a que nos expliquen sus razones, y por si acaso los perdemos en la hoguera, habrá que desear que existan muchas otras larvas de abejas reina con adns mutantes que estén trabajando dentro de nuestra colmena enderezando los mecanismos para implementar su idea de orden, que es el orden absoluto.

Infiltrados que, felices y activos, todavía no se habían visto obligados hasta ahora a elegir entre su independencia y la idea de verdad, oportunidad o justicia que les querían imponer sus seres superiores, que son, también los nuestros. Me refiero a los que los nombraron para el cargo. Qué lío, qué regalo.

Al pairo: Tenemos a la naturaleza bastante confundida

Al pairo: Tenemos a la naturaleza bastante confundida

Cuando la vejez asoma sus narices, el ser humano tiende a repasar las raíces, y, al menor descuido, encuentra a sus recuerdos anidando en el pasado de su niñez y adolescencia, que suelen ser épocas vinculadas a la felicidad.

Yo no soy de natural especialmente nostálgico, pero como he dado tantas vueltas por el mundo -ay, canto rodado no cría musgo-, a veces me entretengo en recuperar viejos conocidos, algunos, incluso, amigos muy verdaderos, que el tiempo y las circunstancias han dejado arrumbados de mi irregular y nómada existencia. Suelo fracasar en el reencuentro, es decir, me decepciono: ellos han seguido otros caminos, han cambiado, no me es posible recuperar (ni a mí, ni a ellos), la vieja sintonía.

Hace un par de días, pude reencontrarme con un compañero de adolescencia, al que no veía desde hace muchos años, aunque, por supuesto, seguía sus andanzas. Su nombre viene al caso, porque es uno de los especialistas mundiales en álgebra computacional, catedrático de Matemáticas en la Universidad de Cantabria, y, seguramente, uno de los mejores poetas que pudieron ser en España. Me refiero a Tomás Recio Muñiz, hombre de conversación fácil y sincera, pipa aún en ristre, ágil e inteligente como pocos.

Tomás me explicaba, en cierto momento de la apasionante charla en la que ambos redescubríamos que habíamos evolucionado pero seguíamos siendo muy amigos, que trabaja desde hace tiempo en perfeccionar -con un equipo de varias decenas de especialistas en computación y en topología- un programa informático que define las condiciones imprescindibles para que problemas geométricos imposibles tengan solución; se cumplan.

Me puso un ejemplo para legos: "Si unimos las bases de las alturas de un triángulo, el programa puede definir de inmediato las condiciones para que el tríangulo así formado sea equilátero. En problemas más complejos, se puede determinar, dadas unas condiciones de contorno, las premisas geométricas para que se cumplan los resultados topológicos que deseemos, haciéndolos posibles. La aplicación al diseño de estructuras complejas es imaginable, como ayuda para trabajos de ingeniería y delineación."

No quiero abrumar al lector con una falsa erudición (por mi parte) de lo que comprendo que es trabajo de especialistas. Pero las reflexiones de Tomás, ya reintregado yo a mis torpes quehaceres, me han planteado esta cuestión: ¿Cuáles son las condiciones de contorno en las que el ser humano cifra, en la actualidad, su búsqueda de la felicidad?. ¿Cuáles son, hoy por hoy, nuestras premisas?.

Creo que nos hemos hecho más egoístas, más inmediatos, más insolidarios. Nuestra sociedad contemporánea ha tendido al ser humano, muchas trampas, y hemos caído en ellas. Antes se oía mucho, por ejemplo, que "la naturaleza es sabia". En esta época de agnósticos, dudo incluso que haya homogeneidad en asignar este atributo a nuestra madre indisputable.

La tarea de la búsqueda solitaria de la felicidad encuentra su apoyo en la permisividad, la dejación y la tolerancia, cobijadas bajo el paraguas del llamado talante democrático. Esas falsas virtudes se han hecho fuertes en nuestro hogar común, y ya no es fácil echarlas de nuestra sala de estar.

Queremos enriquecernos pronto, disfrutar al máximo y lo antes posible, consumir sin importarnos los efectos. Todos somos testigos del grave deterioro de la naturaleza, pero pensamos que es una consecuencia inevitable del progreso. Asistimos a la pérdida de valores educativos, pero  nos hemos convencido de que es un efecto inevitable del cambio de tendencia. Le ponemos precio a nuestra honradez, a nuestro cuerpo, a nuestra tranquilidad familiar, al respeto debido al otro. Todo vale, porque todo es materia de comercio.

¿Son correctas nuestras conclusiones, es acertada la definición de nuestras condiciones de contorno?. Mi opinión, poco autorizada, pero leal, es que serían posibles otros fundamentos, otras actuaciones, para llegar a un objetivo más satisfactorio. Al fin y al cabo, la felicidad individual tiene cortas las patas. El tiempo se acaba rápido y las opciones a probar son infinitas y muy pocas conducen a soluciones verdaderas.

Tenemos, aventuro, a la naturaleza bastante confundida. Olvidamos que el cauce no lo ponemos nosotros, que el camino de la evolución está trazado desde fuera, por una fuerza muy superior a nuestra capacidad de controlarla. Habrá que gritar otra vez, pues, Vivan las caenas. El verdadero problema está en concretar cómo y por quiénes se ejerce el liderazgo. Y para qué les permitiremos ejercerlo.

 

A barlovento: Reflexiones previas sobre Agua y Territorio

Hoy celebraremos la Tertulia sobre "Agua y Ordenación del territorio" en el restaurante AlNorte. Repasando diferentes notas sobre este tema de gran actualidad (se ha difundido hoy, por ejemplo, que más de 300.000 viviendas aprobadas para nueva construcción en España no tienen garantía de agua), he encontrado un artículo, del que soy autor, publicado con ocasión del Dia del Agua hace ya cuatro años.  Como sucede con otras reflexiones, el tratamiento sigue vigente. El mérito no es mío, sino de los bien informados colegas que participaron en aquel otro debate, que tuve el honor de dirigir.

Por eso, creo interesante incorporar aquel artículo a mi Cuaderno, para que sirva como información previa al debate que hoy, con nuevos elementos pero con parecido espíritu, trataremos de actualizar.

Sostenibilidad, agua y Medio Ambiente en España.  

1.    Introducción

El pasado 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, dedicado al Agua Dulce, el Club Español del Medio Ambiente realizó, como cada año, su particular celebración. Contando con la colaboración de la Fundación José María Blanc para la Defensa de la Naturaleza, en el marco excepcional de Cañada Real (El Escorial),  el Club reunió a un grupo de expertos para debatir, de forma abierta y distendida, durante un almuerzo-coloquio, la situación del agua dulce en España.

Bajo el lema “Sostenibilidad, agua y medio ambiente en España” se abordaron durante dos horas, algunos de los temas cruciales que ocupan la atención de los expertos y, por supuesto, de la opinión pública.  Esta comunicación no es, exactamente, la reseña del debate.

Se había indicado a los contertulios que no era necesario que preparasen notas o ponencias, y ello hizo que algunos de los datos manejados no  fueran del todo lo precisos que exige una publicación posterior. Pero lo importante eran las ideas y opiniones que se expresaron, decantadas a partir de una experiencia profesional rica y variada, y de la realidad que los profesionales reunidos están viviendo.

A partir de este contexto y glosando algunos de los puntos de atención detectados, se elabora este documento, que pretende ordenar el debate a posteriori y  reflejar el grado de diversidad de los temas abiertos. Se incluyen algunas cifras y comentarios que encuentran su justificación en el carácter divulgador que tiene el documento.

El Club Español de Medio Ambiente está agradecido a todos los intervinientes que, cumpliendo plenamente con el objetivo propuesto, analizaron con toda naturalidad los puntos candentes del panorama medioambiental de nuestro país. Su carácter multidisciplinar permite comprender mejor, cómo en un tema tan sensible es imprescindible huir del dogmatismo y mantener enfoques globales y abiertos. El agua nos atañe a todos, y el tiempo perdido juega en nuestra contra. 

2. Panorama mundial del agua 

El tratamiento del tema del agua dulce en España no puede comenzar sin una referencia a las dramáticas cifras que perfilan el problema a escala mundial. Diversos organismos, entre ellos el Banco Mundial, han calculado en 50.000 Mill de $ la inversión necesaria en infraestructuras de agua en los próximos 12 años, para los países en desarrollo.

Más de 1.200 Millones de personas carecen actualmente de acceso al agua potable, y una cifra quizá superior a 1.000 Mill de personas no disponen ni siquiera del mínimo esencial para la vida (20 a 50 litros/día de agua pura).

En este contexto, la denominada buena gestión del agua tiene, si nos mantenemos a escala global, límites muy importantes que afectan directamente a la aplicación de los principios de la ética y la solidaridad humana. No es posible desplazar tranquilamente a las reglas del mercado ni a la libre iniciativa privada la solución a un problema mundial que de forma directa afecta al derecho a la vida de seres humanos e involucra principios de derecho natural. Las fronteras de responsabilidad y compromiso pueden aparecer con algunos bordes difusos, pero las naciones más desarrolladas han de mantener un compromiso de apoyo técnico y económico a los países menos favorecidos.  

Dentro de esa escala de valores de respeto a un bien comunitario, la responsabilidad por tratar bien el agua incluye situaciones muy cercanas a nosotros, como el de la responsabilidad social de cuantos contaminan el agua potable. Una perspectiva plural que, además del acceso equitativo al agua, supone la correcta educación ambiental y, como ha quedado puesto de manifiesto en el debate, se relaciona directamente con la disponibilidad de fuentes de energía.     

(El texto completo lo enviaré por correo a quienes me lo soliciten. Si se desea indicar el correo electrónico, para evitar spam, no olvidar indicar el signo arroba por sus letras, y no como tal signo)

sigue en la dirección: www.cema.es) 

 

A sotavento: El pozo María Luisa cubrió de humo Langreo

A sotavento: El pozo María Luisa cubrió de humo Langreo

La palabra "pozo" tiene, para la mayor parte de los hispanoparlantes, una connotación peyorativa en la actualidad. Nadie piensa en agua, sino en agujero, en sima, en oscuridad.

Para los mineros del carbón, por el contrario, un pozo significa trabajo, tarea, dinero que llevar a casa. Pero también son conscientes de que un pozo entraña riesgo, peligro, sufrimiento, y si la mala suerte acompaña, muerte. Muy conscientes, porque la tierra se encarga de recordárselo de vez en cuando, a pesar de toda la prudencia y de la técnica que se pone en el trabajo de extracción de lo que la naturaleza no regala.

El pozo María Luisa es el símbolo de la minería del carbón asturiana, que vivió, desde luego, tiempos muchos mejores. La visita a las explotaciones de María Luisa, Sotón y al lavadero de Modesta formaba parte del rito iniciático de las promociones de ingenieros de minas en la asignatura de Laboreo de Minas, y era el primer contacto de los jóvenes estudiantes con la dura realidad de la explotación minera, más allá de los téoricos planes de labores y de los cálculos de geofísica.

Mi vida profesional ha tenido relativamente poco que ver con la minería subterránea. Pero mis relaciones personales con los colegas -algunos de mi familia- que trabajan en y con las minas, y con las restantes gentes de la mina, me han hecho entender y admirar una categoría de ser humano, que es la del minero.

Hoy los periódicos recuerdan una canción muy triste, que se canta, sin embargo, en todas las fiestas de las cuencas, porque es la más conocida de la minería del carbón. Se refiere a un accidente en la mina en la que murieron cuatro mineros, a principios del siglo pasado.

Nel pozu María Luisa,
murrieron cuatro mineros.
Mirai, mira Maruxina, mirai,
mirai como vengo yo.

Traigo la camisa roxa
de sangre d´ un compañeru.
Mirai, mira Maruxina, mirai,
mirai como vengo yo.

Ayer, un incendio en la cinta transportadora que lleva el carbón del Pozo María Luisa al lavadero de Modesta, a 500 m bajo tierra, sembró la alarma en Sama y Ciaño, que se vieron envueltas en humo durante varias horas. Se difundieron oscuros auspicios, se albergaron serios temores sobre el alcance del accidente.

Mi compañero Juan Ramón Secades, presidente de Hunosa, acostumbrado a lidiar con situaciones difíciles, dió la cara desde el primer momento para tranquilizar a la población, al Gobierno y a cuantos seguían la noticia, haciendo de Langreo su centro de operaciones. Tiene buenos asesores y, sobre todo, cuenta con un personal esforzado y valiente, que no se arredra, sino se crece, ante las dificultades. 

Muy pronto, cuando todo empezaba a estar en vías de control, anunció la decisión de inundar las galerías de la explotación a partir de la planta séptima. Una solución drástica, factible gracias a la peculiaridad de la explotación de María Luisa, y acertada, frente a otras opciones de mayor riesgo. Prima la seguridad.

La medida provocará el cierre circunstancial de los pozos de María Luisa y Sotón, así como del lavadero de Modesta, durante uno o dos meses, significando una regulación temporal de empleo para los trabajadores de estos talleres. Las pérdidas materiales serán importantes, pero soportables. El retraso  en el cumplimiento de los planes de Hunosa, posible. Los comentarios críticos respecto a las conveniencias de mantener abiertas las explotaciones mineras, que tantos quebraderos causan, seguros.

El incendio del pozo María Luisa, que se comenzó a difundir con tintes de grave alarma ("riesgo de incendio en todo el pozo"; "posibles varios muertos"; "evacuada la población de Sama") ha quedado apenas en un susto y, sin haber hecho cálculo alguno, en algunos millones de euros perdidos. Pero apuesto a que, cuando se disipe el humo y se vayan los olores a goma quemada, volverán a cernirse pájaros de mal agüero sobre los pozos de las cuencas. Tienen como presa predilecta los mineros.

No tienen que ver con los accidentes ni con las muertes en la mina. Tienen que ver con la incapacidad de nuestra sociedad para distribuir el trabajo disponible, recolocar a sus efectivos cuando algún sector se vuelve obsoleto, progresar con el esfuerzo de todos y no desperdiciar el de ninguno. Y reconocer que algunos -por ejemplo, los mineros- están asumiendo riesgos altos en sectores imprescindibles, soportando, a veces, el lastre adicional de la baja estimación social de ese sacrificio. 


(La foto que acompaña este Comentario corresponde a madrigueras de conejo de campo que viven -en grave peligro, desde luego- en uno de los laterales de la autovía A-6, cerca de lo que fueron otrora las lagunas de Villalfáfila, refugio ancestral de avutardas y otras especies amenazadas o perdidas.

El terreno está minado por el trabajo desordenado, pero eficiente, de aquellos roedores, y, en toda su extensión, el viajero puede encontrar centenares de cartuchos usados, testimonios de las matanzas que los humanos vienen provocando en sus colonias, supongo que en tiempos de paz -léase, veda- como de guerra.)
 

Al socaire: Cómo no montar un restaurante/Elección de la primera Carta o Menú

Al socaire: Cómo no montar un restaurante/Elección de  la primera Carta o Menú

(Como hoy tengo muchas cosas atrasadas de las tareas que me dan de comer, discúlpeme el lector de este Cuaderno por endilgarle una página de mi Libro "Cómo no montar un restaurante") 

Aquel grupo de aventureros culinarios carecíamos de una noción preconcebida respecto a lo que queríamos hacer, ignorábamos dónde ubicarlo y hasta se podría  cuestionar el valor de los medios con que contábamos -entre los que sobresalían grandes dosis de capacidad de improvisación y voluntarismo-.

Por eso, no dudará el lector de mi sinceridad si le confieso que no teníamos tampoco la menor idea acerca de los platos que integrarían la carta que ofreceríamos a los hipotéticos clientes.

¿Qué sería preferible?. ¿Cocina española o exótica? ¿Especialidades regionales o el amplio cuenco de la llamada cocina internacional? ¿Tal vez una tasca elegante o una freiduría con extractor de humos, en donde la clientela se tomara de pie unos pinchos mientras sorbía un falseado vermú de solera?

La elección de la Carta dependería, obviamente, de la competencia que encontráramos en la zona de influencia del local. Por eso, hasta que no tuvimos claro el sitio en donde se ubicaría no estimamos prioritaria la definición de los Menús.

Para abrir boca, y dada mi condición de meritorio en términos del capitalismo no intelectual, cuando se nos ofrecía por alguna inmobiliaria, o detectábamos en nuestros paseos por Madrid, algún espacio, yo hice de chico aplicado. Me agencié algunos mapas a escala del distintos barrios, y trazaba con un compás, -extraído de una caja que conservo de mis tiempos de estudiante, y en la que faltan varias piezas-, círculos concéntricos que correspondían a radios de 150 m, 250m y 500m.

Eran las distintas categorías del área de influencia del restaurante, que modificaba también teniendo en cuenta la situación de las bocas de Metro que quedaban incluídas dentro de las circunferencias.
Así nos hacíamos una idea de la densidad de población circundante al foco de atracción.

Después, ya personado en el sitio, me pateaba el área, e iba ubicando con paciencia los restaurantes y empresas de entidad que me encontraba al paso. Si llovía, las anotaciones se llenaban de chorretones molestos; pero, aunque no lloviera, como nunca fui demasiado ordenado, no resultaba fácil poner después en claro unas inscripciones tomadas a la carrera que incluían otros datos de interés: tipo de cocina y capacidad del restaurante, por ejemplo.

En cuanto a la especialidad que íbamos a dar al nonato, una primera reflexión conducía al criterio de que, independientemente de la ubicación, si nos decidíamos por la cocina exótica, podríamos avanzar en borradores de Carta.

Carencias en Madrid no parecía haber muchas, y bastaba echar un vistazo a la relación de restaurantes para darse cuenta que lo íbamos a tener crudo de todas las maneras y que, puestos a eliminar riesgos, era mejor centrarse en terrenos gustativos que fueran, al menos, conocidos por los aventureros.

Reconozco, sin embargo, que mantuve algunas conversaciones con un amigo sirio que pretendía convencerme de las posibilidades de hacer negocio con un restaurante que implantara a Madrid las exquisiteces de Damasco, sin darse cuenta que, mientras él hablaba, una voz interna me persuadía de que Alá no me llamaba por este camino lleno de trampas adicionales para un neófito, ya que estaba jalonado por el waraq el enab, y la okra seca. Yo me había quedado en los cuscús y el cordero con almendras marroquíes.

Como se trataba de discutir, hicimos brainstorming acerca de si sería más conveniente trasladar a la capital la idea del chigre de San Martín del rey Aurelio o la de los mesones de Oviedo o Gijón, con mesas altas y sillas algo incómodas para que la gente estuviera poco tiempo y así tuviéramos mucha rotación.

La carta vendría obligada a una clientela apresurada, y se trataba de que pudiera elegir platos en donde se combianaran  croquetas, tortillas españolas, albóndigas, empanadas y embutidos ibéricos. La decoración no tendría que ser crucial. Habría papeles y pepitas de aceituna tirados por el suelo, y podríamos traer algunos rastrillos y ruedas de carro desde la tierrina para colgarlos de la pared como amuletos. 

Me encantaba la propuesta de ser co-dueño de una tasca. Por entonces me atraían esos elementos del campo norteño que tanto proliferaban en los Rastros y que me recordaban los tiempos de vacaciones infantiles. Ventanas sin marco, madreñas, tridentes y picas de arado podrían decorar las paredes de un restaurante asturiano, y darle el tono regional al ambiente que complementara o reforzara los impulsos de una comida sin pretensiones en la que, si faltaba un cocinero, Marcela y yo vendríamos a ocupar el sitio de los fogones sin problemas.

Pero, a medida que nos decantábamos desde lo desconocido a lo trillado, ibamos descartando opciones. Nada de ambiente popular. Abierto a todo el público, sí, pero que resultara disuasorio para quien pretendiera comer con las manos lo que no fueran cigalas y percebes. Una vez que Javier abandonó el barco, perdimos al mayor defensor de la idea de que lo mejor era montar un mesón y, ya metidos entre la opción de competir con Arzak y Horcher o movernos en niveles medio-altos, elegimos, en fin, la posición más cuerda. 

Para seguir avanzando, era necesario utilizar, claro está, el parecer de los expertos. Pusimos en movilización a las familias, y un servidor, como más viajero, se encargó de recoger cartas de todos cuantos restaurantes tenía ocasión de visitar, en comidas de negocio o de placer. No perdíamos comba, y con los sentidos abiertos a la crítica de los que serían competidores, procedíamos a anotar las sensaciones con un rigor que para sí quisieran los críticos de la Guía Michelín.

Preparé ad hoc un esquema que recogía el análisis de cada plato, y amontoné fichas con las opiniones que rellenábamos los comensales, y que abarcaban desde la Textura, a la Temperatura, pasando por la Composición Estética, la Calidad de los ingredientes y la Complejidad del plato. Era una lata. Salir a comer fuera dejó de gustarnos, y a todo le encontrábamos defectos.

Recordé que hacía tiempo había solicitado a los delegados que trabajaban conmigo en aquella gran empresa de servicios en la que estuve de director de actividad un trabajo extra cuando me pasaban a la firma los gastos de representación. Además de indicar en hoja aparte los nombres concretas de las personas de las administraciones públicas con las que habían comido, me debían hacer constar una valoración específica de los platos de la Carta del restaurante de postín en el que habían estrechado los lazos entre proveedor y cliente. Desempolvé la libreta en donde guardaba la fotocopia de las facturas y las inocentes notas de mis otrora subordinados, y a las que había concedido hasta entonces poco interés, pues había conseguido el efecto pretendido, que era reducir gastos.

Tengo que reconocer que repasar aquellas antiguallas me resultó decepcionante. Salvo excepciones inexplicadas -algunos casos de menú infantil, puntuales ejemplos en que era mayor el número de postres, copas de guiski que el de comensales y ciertas cenas en domingo-, prácticamente, mis colaboradores siempre pedían lo mismo: jamón de bellota, pimientos del piquillo, solomillos y cogotes de merluza, regado con vino Rioja Reserva o Gran reserva.   

A barlovento: Ponerse las pilas, pero todavía no las de hidrógeno

A barlovento: Ponerse las pilas, pero todavía no las de hidrógeno

La Cátedra Rafael Mariño de Nuevas Tecnologías Energéticas de la U.P. de Comillas ha presentado el libro "El hidrógeno y la energía", del que son autores José Ignacio Linares y Beatriz Yolanda Moratilla. Es un estupendo resumen del estado actual de situación de los usos energéticos del hidrógeno, recopilando, de una forma clara y didáctica, los diferentes empleos posibles del hidrógeno y clarificando, de paso, algunos puntos oscuros de la llamada "economía del hidrógeno".

El libro no se limita a presentar los avances científicos del área, sino que expone un análisis crítico del uso real de ese vector energético que, como la electricidad, no es fuente, sino portador, vehículo, para la transmisión de energía.

Por ello, el sector en el que podría ser razonable -al menos, incorporo yo por mi cuenta, en el estado actual de las investigaciones- utilizar las pilas de hidrógeno, de las que tanto se habla, sería el del transporte. La baja densidad energética de las baterías actuales, confiere a los vehículos híbridos -con alimentación eléctrica y dotados de pilas de combustible- un gran interés técnico-económico, por las amplias opciones de generación de hidrógeno que se derivan de su disponibilidad en la naturaleza y de la versatilidad de su obtención, desde las fuentes solares térmicas o fotovoltaicas, a las nucleares.

La presentación fue magníficamente reforzada, además de por la intervención de uno de los autores del libro, José Ignacio, por la conferencia magistral de Antonio González García-Conde, un ingeniero aeronáutico que preside en la actualidad la Asociación Española del Hidrógeno, en la representación de INTA.

Esto que cuento sucedió en el Instituto de la Ingeniería de España, el 12 de abril de 2007, y contó con la asistencia de un público numeroso, que, como regalo y acicate para la asistencia, al margen del cóctel con pinchitos para la satisfacción gustativa, recibimos un ejemplar del libro que se presentaba.

Casi doscientas páginas que yo devoré con fruición, como quien lee una novela, a pesar de su densa calidad técnica. Su capítulo IV "Aspectos sociopolíticos" merece ser repasado por quienes ordenan la política energética española y por todos aquellos que confían en la investigación tecnológica como la panacea para resolver los problemas de nuestro voraz desarrollo, que tanta energía necesita. No basta decir Fiat Lux, hay que ganarse el final de los túneles con mucha trabajo, inteligencia y medios abundantes.

Presentaciones como la que reseño nos transmiten confianza en que algunos saben por dónde se andan.

 (La fotografía con la que ilustro el Comentario, la tomé en la Exposición de arte Naïf de la Galería Eboli, que está abierta hasta mediados de mayo, y a la que ya dediqué unas líneas en este Cuaderno)

Al socaire: Técnicos, lo que se dice Trénicos

Al socaire: Técnicos, lo que se dice Trénicos

Hay un chiste viejo en el que se cuenta -esta es una de sus múltiples variantes- que dos reclutas de la España profunda (cuando la había; quiero decir, la mili) discutían sobre el nombre correcto de un animal que habían encontrado en el campo, a saber, si era un legarto o ligarto. Como no se ponían de acuerdo sobre la exacta denominación del bicho, acudieron con él al sargento, un hombre no mejor instruído, pero que, no queriendo comprometerse, y, al mismo tiempo, atento a reafirmar su autoridad, les resolvió la duda a su manera: "Puede dicirse indistintamente legarto o ligarto. Pero la palabra, trénica, trénica, es sipiente."

Empiezo así este Comentario porque acabo de leer las declaraciones atribuídas al decano del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Aeronáuticos, a raíz de la polémica sobre la supresión de los actuales dos grados de ingeniería, que el Gobierno ha levantado para distraer algo más al personal. Como el sargento del chascarrillo, explica la diferencia entre ingenieros técnicos y superiores con un sencillo lenguaje para andar por casa, pero muy directo: "Por ejemplo, que un ingeniero técnico en Obras Públicas está especializado sólo en obras civiles (carreteras, puentes); sin embargo, en Ingeniería de Caminos (la superior) se estudia además, ingeniería eólica, nuclear, hidráulica o de transporte".

Le doy al Sr. decano de tan ilustre institución colegial el beneficio de la falsa asunción de paternidad. Tal vez no fue el, y tal vez si fue el no dijo eso, y el periodista (J.A. Aunión, EP, 11 de marzo 2007) ha puesto en sus labios la frase con la insana intención de aprovechar su nombre para encender fuegos y provocar más incendios que quemen muchos bosques. Pero quiero indicar que no es posible decir en tan pocas palabras más desatinos sobre el tema. No solamente se estupidizan las funciones de los ingenieros, y se ignoran las competencias -teóricas y regladas- de los actuales grados, sino que, además, y al paso, se lanza un obús al tejado de las relaciones entre las ingenierías.

Porque ni es cierto que los titulados superiores y medios tengan iguales campos de actuación, ni han estudiado lo mismo, ni todos los ingenieros que pasaron por las Escuelas Técnicas Superiores tienen saberes en todas las áreas de la ciencia. Que las energías, la hidráulica o del transporte, sean algunos de los muchos aspectos transversales del ejercicio de la ingeniería, y que haya inmensas tierras de nadie -o de todos-, creadas por el avance tecnológico, no quiere decir que todos los profesionales puedan poner su bandera en ellas.

Cuando era yo un ingeniero recién licenciado, un director general de la fabricona en donde  obtuve mi primer empleo, me aconsejó: "Angelín, lleva siempre corbata y trata de usted a todos los peritos; en lo demás, el buen sentido te dirá como actuar".

Me pareció una gracia del abuelo, así que lo tomé justamente al pie de la letra contraria. Procuré llevar pocas veces el lazo que convierte a algunos patanes en presuntos elegantes, y traté de tú a todos los que se cruzaban en mi camino, a poca cordialidad que me mostraran, sin parar mentes en si eran doctores, facultativos, técnicos medios, peritos, capataces y productores de todo pelaje.

Reconozco que, en cambio, la experiencia me deparó ocasiones de tratar de Vd. y en la distancia a algunos ingenieros superiores, no por respeto, sino por diferencias insuperables de criterio, y hasta -en muy pocos, poquísimos casos- me ví obligado a no tratarme de ningún modo con algún especímen que no parecía humano.

Sin necesidad de profundizar en más ideas, entiendo ahora un poco mejor el mensaje subliminal de aquel ingeniero avezado, y la experiencia que pretendía transmitirme. Si te acercas a alguien objetivamente menos cualificado, tratándolo de colega, rebajando lo que tú sabes y ensalzando lo suyo, es posible que se crea que eres tú un ignorante y él el sabio. Se convencerá rápido que sabe hacer lo mismo que tú, e incluso mejor. Así que, sé prudente como sipiente en acercarte sin corbata y poner la mano al hombro a quien puede valorar la cercanía como debilidad y darte una dentellada.

Porque, no estoy de acuerdo en absoluto con el decir del titular de esa noticia a la ya que hice referencia: "Los técnicos apoyan que todas las ingenierías sean de 4 años". En verdad, el titular correcto hubiera sido: "Los trénicos apoyan que todas las ingenierías sean de 4 años". Porque los técnicos de verdad, los convencidos del valor y necesidad de la ingeniería, no solo opinarán que no bastarían 6 años de estudio, sino que, para ser un buen ingeniero, hay que seguir estudiando toda la vida.

Con el permiso del decano del Colegio de Ingenieros Técnicos Aeronáuticos, y, por supuesto, de los Ayudantes de Obras Públicas, entre los que tengo, en fin, muy buenos amigos.