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El blog de Angel Arias

Editorial de Entiba: Nadie al aparato

En diciembre de 1990, el autor de este Cuaderno, por entonces miembro de la Junta Directiva del Colegio de Ingenieros Superiores de Minas del Noroeste de España, publicó en la revista Entiba el Editorial que figura más abajo. Mucho ha llovido desde entonces, y en el terreno antes apacible de la actividad de los colegios profesionales, han aparecido incluso tormentas e inundaciones.

Trasladado a Madrid, este ingeniero-abogado fue también vocal de la Junta Directiva del Colegio de Centro de la misma profesión, aunque dimitió por motivos personales. Expedientado por supuesta infracción de la deontología profesional -mágica invocación a la que siempre tuve absoluto respeto- por sus antiguos compañeros de Junta, en una resolución que el Consejo Superior declaró nula de pleno derecho, su caso se encuentra, junto al de otros compañeros que participaron en la misma candidatura, en los Tribunales de Justicia. Basten estas pinceladas para embocar un escrito que, a pesar del tiempo transcurrido, suscribo hoy plenamente
.

El Colegio del Noroeste ha realizado el pasado mes de diciembre la renovación parcial de su Junta directiva, tal como prevén los Estatutos. El asunto, que se viene repitiendo cada dos años con más apatía que fervor, tenía por tanto más chances en origen de ser tratado en bata y zapatillas que con las ropas y joyas del domingo. Sin embargo, algunos de los cálidos aspectos que se pusieron de manifiesto en las últimas elecciones merecen un cariñoso repaso, un toque de tambor y trompetuelas.  

No tiene este Editorial intención de sacar punta a un acto propio (y menos punta dura), pero quiere recogerse de su asombro ilusionado por la movida que nuestro grupo de ingenieros, tradicionalmente harto apacible y asaz desinteresado por las cosas de la carne del Colegio, ha montado ante un hecho antes vanal (de vano, pues). Así era considerado para muchos el que cada bienio algunos miembros de la Junta dejasen a otros la púrpura y sillones e hiciesen mutis de la ceremonia mensual por la que daban en reunirse para resolver temas oscuros de competencias, seguros de viudedad y menús en Santa Bárbara, asuntos que la mayoría se supone son el plato fuerte de la alta cocina de estos predios. 

Los hechos de final de este otoño han permitido descubrir, al menos, dos cosas cosadielles. La una, deducible por la numerosa presencia de candidatos (nueve para cuatro plazas), básase en que existe un atractivo nuevo en la función de vocal del Colegio de Minas, una voluntad mayor de sacrificio y unas ganas de colaborar más especiales. Conclusiones que para quienes tenían que andar buscando a golpe de teléfono las cabezas dispuestas (que no predispuestas) a soportar el peso de la tiara, suponen cuanto menos un alivio.

Bienvenida sea la voluntad de salir a dar el callo y ponerse a trabajar por el Colegio. Si los tiempos son difíciles, cuanto más hombros, tendremos asegurada más presencia, haremos más camino, alzaremos mayor eco.
 Por otra parte, la masiva afluencia de votantes en una grey que hasta ahora apenas si había participado en sus comicios, confirma los nuevos aires del momento. Si para elegir representantes al Congreso de Diputados se alcanza a duras penas el 60% de participación, conseguir que aquí sobrepasemos el 40% es barrunto de inflexión y ritmo de milagro.

Después de congratularse por la participación en sí, el animus suponiendi se decanta en que las cosas de Palacio en Asturias, 2, Oviedo, interesan cada vez más al personal. Bendita sea.
 El hecho de votar significa también que se está dispuesto a apoyar a los candidatos con algo más que con la palmada en la espalda. Como es sabido, los vocales de la Junta ni cobran, ni perciben dietas ni alcanzan prebenda alguna que no se labren en otros sitios de más rédito. Por tanto, los electores tienen con sus votados el compromiso no sólo de exigir que lo hagan bien, sino de ayudarles a cumplirlo. 

Si en todo cóctel hay un punto amargo, en este lo fue la sospecha que algunos expresaron, por la que existiría una candidatura oficialista, supuestamente apoyada por la Junta actual, una especie de corps de élite de preferidos de los altos sacerdotes, muñidores del caldo, sabios cocineros, que con todo ese tejemaneje no pretenderían otra cosa que el mantenimiento del aparato.  

Esta sociedad está tan sensibilizada por la terminología política que hasta en las esquinas más inocuas se cuelan términos propios del debate periodístico. No cabe forma más ingenua de expresar que quienes se afanan por encontrar más identidad a este Colegio sean vistos desde fuera como un aparato de poder, cuando no solamente no hay tal, sino que a menudo ni siquiera hay mantequilla. 

Efectivamente, la Junta actual podría haber realizado legítima campaña para incorporar sus pretendidos candidatos idóneos a soportar el peso de la corona de espinas y la púrpura. Si no se ha ejercido este derecho/deber suponemos que fue porque, desde el momento en que se vió que había más candidatos que sillas, y siendo todos por igual tan compañeros, se limitó a esperar confiada que la buena intuición del colectivo eligiera las espaldas más sufridas y las mentes más tolerantes y plurales.

Y esperando también que las leyes de los grandes números distribuyeran equilibrios: no todos los elegidos de la misma empresa, no todos públicos ni todos muy privados, no todos docentes ni todos funcionarios, ni demasiado mucho ni demasiado poco.
 

Suponemos además que la Junta remanente desearía en secreto, coincidiendo en ello con el pensamiento de la mayoría, que el debate colegial se mantuviera ajeno al debate político, máxime cuanto que no estábamos eligiendo un decano -es decir, un programa- sino vocales, esto es, los currantes.  

Tranquilos, pues, si hay almas despistadas. No hay aparato de poder en el Colegio de Minas del Noroeste, ni intención ni posibilidad de que suceda. El Colegio seguirá siendo lo que quiera la mayoría, por más que una minoría diligente, renovada cada dos años, haya de sentarse al menos mensualmente en torno a la mesa de reuniones del Colegio para decidir desde lo pequeño a lo importante con la seriedad y honestidad que son atributo de los buenos gestores, y con el ánimo de los mejores compañeros.  

Hay que aprovechar la ocasión para resaltar la generosidad de quienes han ocupado alguna vez cargos directivos en los Colegios profesionales. Estos compañeros, después de cuatro años de servicio, han salido enriquecidos espiritualmente con la convicción de haber servido en algo a los demás, con el mismo bagaje material con el que entraron, salvo una modesta metopa o una placa cuyo valor sentimental honrará la sala de estar de sus casas, junto a los otros regalos preciados por su contenido inmaterial que todo profesional va acumulando a medida que peina canas.  

E igualmente, debemos agradecer a aquellos compañeros que se presentaron y no salieron elegidos, el gesto de haber dado el paso al frente de ofrecerse al servicio de los demás, deseándonos que esta actitud que les honra se mantenga siempre, y se presenten nuevamente dentro de dos años, (junto a otros muchos que ahora tal vez dudaban), y que empiecen ya hoy a hacer por el Colegio, si es que aún no lo han hecho.

En este Colegio no hay nadie al aparato, somos todos los que hacemos de la voluntad, el instrumento.

Al pairo: Ni Benedicto XVI es infalible, ni cuando escribió Mahoma el Corán escaseaba el petróleo tanto como ahora

Las elucubraciones sobre lo que nos espera más allá de la muerte, han conducido a través de los siglos de ejercicio de actividad cerebral –y me apresuro a decir que realizada de forma más intensa en unos seres humanos que en otros- a dos tipos de solución a la incógnita existencial:

a) después de nuestra parálisis cerebral total no hay nada;
b) después de nuestra definitiva parálisis cerebral  se producirá una nueva actividad, que adoptará, según las creencias, diversas formas, más o menos imaginativas: ascenderemos o descendemos de nivel cognoscitivo, nos esperan seres superiores para premiarnos o castigarnos, nos confundiremos con la energía cósmica o con la naturaleza, recuperaremos o alcanzaremos nuestra plena madurez y nuestro cuerpo se hará eterno, etc. 

La relativa tranquilidad con la que algunos seres menos afortunados en la distribución de los talentos de percepción extrasensorial observamos cómo algunos creyentes e iluminados intepretan designios, dogmas, mandamientos o leyes cósmicas y extrasensoriales, mezclando mártires, doctores, imames, reencarnaciones, avatares, móviles, inventos y voluntades varias, se torna en grave inquietud cuando advertimos que nuestros compañeros de viaje según naturaleza se muestran dispuestos a matar a sus semejantes porque les lleven la contraria en lo que creen. 

Mi apreciación personal sobre el conflicto generado por la brillante lección magistral del papa Ratzinger en la Universidad de Bratislava el pasado 13 de septiembre –ya muy debatido- tiene dos matices principales.  Por una parte, estoy en línea con los que opinan que Benedicto XVI, responsable de un Estado marcadamente confesional y con vocación ecuménica, que ha subsistido por más de veinte siglos a muy variadas épocas y contradicciones internas, tenía que haber refrenado sus cultas apreciaciones sobre la oportunidad de una alianza entre civilizaciones,  pasando de puntillas por la lógica (para él y los creyentes católicos) premisa de que todo ha de suceder bajo la superior capucha de la verdadera religión, a saber, el catolicismo, que él mismo representa, impulsa y ordena.

Por ello, quienes han fallado –si de errar se trata- son sus asesores comerciales que le tendrían que haber advertido de las posibles consecuencias de unas manifestaciones hechas fuera de su cátedra divina, expurgando citas de emperadores del siglo XIV, ilustrados, sin duda, para su época, pero nada proclives a admitir sin lucha, ni física ni verbal, que Mahoma hubiera dado con una fórmula de éxito para amenazar el dominio conseguido por el impulso cristiano. El imperio bizantino estaba en su agonía, reducido a mínimos por los seguidores islámicos lanzados a una guerra santa, expansiva y sometedora. También me apresuro a escribir que, en principio, la revelación que hizo profeta al de Medina tenía bastantes similitudes y raíces coincidentes, simplificándola, con la que había alimentado magníficos santos y santas, y muy venerables actuaciones, pero también césaropapismos, cruzadas, inquisiciones, vasallajes y exterminios desde la parte cristiana.
 

La segunda vertiente de mi apreciación es que, en este momento de crispación mundial –tan torpemente alimentada por el actual gobierno norteamericano, la ambición económica y la escasa diplomacia internacional-, en el que la inmensa incultura de las masas marginales de los países pobres (islámicos como cristianos, paganos como animistas o  budistas, etc), hay que saber que el odio de los desplazados necesita muy poco para encenderse, porque todos los días reciben su ración de descontento y la globalización no oculta, sino magnifica, las crecientes desigualdades económicas entre los seres humanos.

Esas gentes que vociferan hoy contra el Papa, que ayer quemaron monigotes con la caricatura de Bush, y mañana seguirán una orden de asesinato contra cualquiera que se les cruce en el camino, están calentadas diariamente por una cadena de intereses económicos y fanáticos a los que les importa un ardite poner bombas en un mercado, explotar trenes, tirar rascacielos, quemar periódicos o amenazar periodistas, justificándolo todo porque se haya publicado una caricatura de Mahoma o se haya copiado mal un versículo de una sura. Tienen las mismas raíces de cretinez, incomprensión, odio visceral, y parecidos móviles de fondo que los que ostigan guerras civiles, crean inestabilidades, defienden las revoluciones como única panacea, aúllan por el final de la propiedad privada mientras ellos se enriquecen, defienden la igualdad para todos desde sus altos pedestales, o prometen un cielo con huríes y mucho alcohol, citando si les apetece a sus intereses el Corán, la Biblia, el Talmud, el Capital o la piedra de Roseta, y hasta serán capaces de llamar texto sagrado u orden divina a cualquier tontería que se les ocurra.


Tengo amigos musulmanes, católicos, jansenistas, agnósticos o ateos. Por ejemplo. Lo que me une a ellos es la tolerancia, el entendimiento de que el ser humano individualmente es frágil y que nuestra fortaleza está en unirnos en la comprensión de nuestras razones.

Por eso quiero citar una cita incluída en la conferencia del Papa Benedicto XVI que merecía, en mi opinión, haber sido difundida con preferencia a la frase del intercambio epistolar que Manuel II Paleólogo (1325-1425) mantuvo con un erudito persa, mientras la ciudad de Constantinopla estaba asediada por los musulmanes -hacia 1391-, y que él mismo recogió en su obra “Conversaciones con un musulmán”.
 

Aquí recuerdo algo que Sócrates le dijo a Fedón. En conversaciones anteriores, se habían vertido muchas opiniones filosóficas falsas, y por eso Sócrates dice: «Sería más fácilmente comprensible si a alguien le molestaran tanto todas estas falsas nociones que por el resto de su vida desdeñara y se burlara de toda conversación sobre el ser, pero de esta forma estaría privado de la verdad de la existencia y sufriría una gran pérdida».  (párrafo de la lección de Benedicto XVI en Bratislava, 13 de septiembre 2006) 

Cito al Papa que cita a Séneca porque estoy de acuerdo en que la verdad de la existencia incluye entender de todas las nociones sobre el ser, religiosas como impías, agnósticas como creyentes. Y, por supuesto, tanto los católicos como los miembros de las otras religiones verdaderas o falsas, como los no creyentes en fuerzas divinas y designios mesiánicos, tendríamos que reflexionar por qué la religión mahometana cuenta hoy con más de 1.500 millones de seguidores en todo el mundo. Item más, algunos de ellos, dispuestos a inmolarse para matar creyentes de otras religiones por ganar un cielo que promete lo que algunos disfrutan indolentes aquí abajo.  

A muchos nos gustaría que se corrigiera, y de inmediato, el sustento de tanto desatino. Detectando a quienes están detrás de los que asesinan monjas, inmolan rehenes, queman librerías y efigies, o salen a la calle para vociferar  contra gentes y por argumentos que no conocen ni sabrían analizar. Quitando razones a sus más radicales imames y clérigos fanáticos, shiítas o tal vez también suníes, reyes o presidentes tanto como iluminados de la más modesta esquina o perdida jaima. Dando cultura a los iletrados, y apoyos, medios, ganas, a los muchos sabios y prudentes que, cristianos como no cristianos, buscamos la verdad del ser, luchando entre la razón, la fe y el desconsuelo.  

Al socaire: Algunas reflexiones sobre desarrollo local en América Latina

No será una novedad para quienes están trabajando en los sectores de agua y residuos en relación con los países en desarrollo, expresar que el esquema que venía favoreciendo la incorporación de las empresas privadas a la gestión de los servicios públicos presenta grietas por varios costados.

En primer lugar, la pretensión de trasplantar, sin adaptarlo suficientemente, el "saber hacer" europeo en la administración pública de las utilities a la idiosincrasia política de las economías emergentes, se ha encontrado con la debilidad de sus estructuras administrativas, la ausencia o deficiencia de los marcos legales, la escasa preparación funcionarial y, por supuesto, la escasez de recursos.

En segundo lugar, el modelo simplemente mercantilista de las empresas de gestión con las mejores tecnologías, convertidas en multinacionales necesitadas de avanzar en la facturación y mantener los márgenes económicos como fuera, ha chocado con las necesidades sociales, la escasa capacidad de pago por los servicios, la ausencia de regímenes tarifarios y, en fin, la falta de una planificación urbana que marcara las guías de preferencia para las inversiones necesarias.

Aunque la presentación del problema que hago aquí es, conscientemente, simplista, la confrontación de la realidad con la petulancia ha llevado a la desconfianza recíproca, y al fracaso sonado de muchos de los modelos adoptados como plataforma de salvación para mejorar rápidamente las características de los servicios públicos en las poblaciones ubicadas en los países menos desarrollados. Hoy día, pocos creen, éspecialmente en Latinoamérica, en las ventajas de la gestión privada de los servicios públicos. Sin que sea necesario citar casos concretos, se habla de escandalosas subidas de tarifas que motivaron respuestas sociales airadas, inversiones comprometidas y no efectuadas, quiebras del modelo de gestión por falta de cualificación en los envíos de personal desde las empresas matrices.

Ni qué decir tiene que abogo por encontrar un modelo intermedio, en el que se utilice la cualificación tecnológica de las empresas especializadas en gestión de agua o residuos -que resultaría imposible obtener desde los municipios, especialmente los de tamaño menor a 100.000 habitantes- y se garantice suficiente control de la administración pública y de sus representantes democráticos, para evitar el enriquecimiento injustificado de los actores o la venta como nuevos de viejos burros ya inservibles. 

En mi próximo comentario precisaré estos aspectos.

Al socaire: Carta desde Venezuela

La informática tiene comportamientos misteriosos, desde luego. Al abrir mi correo, encontré lo que a primera vista tomé por un virus informático, y, cuando estaba a punto de borrar el supuesto engendro, comprendí que era una carta. Un documento actual de autor desconocido, -al parecer, profesor universitario-, que estaba dirigido a una mujer. La leí con atención y aunque me parece que tiene un estilo meloso y trasnochado, impropio de esta época activa y agresiva, he créido que su contenido polémico puede ayudar a dinamizar este cuaderno. En cualquier caso, no se me ocurre mejor manera de hacerla llegar a su destinataria que ponerla a disposición de las ondas, allí donde se entremezclan los deseos, las aspiraciones, las ideas, las afirmaciones más sabias y las tonterías más rechazables, en un totum revolutum apasionante.

Querida amiga:

Las vicisitudes de este intrépido profesor universitario que soy me han llevado a Caracas, en donde fui invitado a dar una conferencia sobre Globalización y derecho internacional, que, finalmente, fue anulada porque la atención intelectual del país está desplazada hacia Nueva York.

Le estoy por eso escribiendo disfrutando de un tiempo libre extra, desde el Hotel Tamanaco, que, aunque no es mi lugar de residencia -a los profesores invitados no nos envían a lugares en donde podamos compadrear con representantes del capital internacional que sigue especulando con los beneficios del petróleo- en mi opinión, sigue siendo uno de los mejores del mundo. Qué placer tomarse una Margarita mientras veo el cielo encapotarse, porque acá andamos en esa estación dual que no es sino el anuncio del comienzo del invierno, cuando no se ha dejado aún atrás el verano. Lleva toda esta semana lloviendo a palos, a ratos, y después se queda la atmósfera limpia como el culito de un bebé después del baño al que le sometiera su cuidadosa mamá. Qué chévere, ¿no?.

Ya hace algún tiempo que no se nada de Vd. (si es que alguna vez vivió en otro lugar que no fuera mi imaginación), por lo que me va a permitir, decididamente, que la traicione, y esta vez, voy muy en serio. No le escribo, pues,  porque le haya conocido en Oaxaca, ni porque Vd. sea la mujer mexicana de la que me enamoré platónicamente por razón de una noche con demasiado tequila en honor de la Guelaguetza. No, qué va.

Le escribo con la licencia de pensar que Vd. se hubiera transformado en una mujer de cualquier lugar del mundo, sin que me importara ni el color de sus ojos ni su estado civil, incluso me da un ardite que se me haya puesto novicia a punto de adoptar órdenes eternas, porque me basta que tenga la sensibilidad suficiente para entender de las desventuras y las alegrías humanas, y que sea capaz de tolerar que un hombre algo cansado se apoye en su regazo maternal, sin permitirme, por supuesto, que me propase lo más mínimo como no sea con los arrebatos de mi imaginación.

Pero necesito contarle cómo me siento hoy, contagiado por este momento tan especial que se está viviendo en esta parte del mapa cósmico, contada desde el puesto espléndido de expectador, no comprometido, pero sensible; crítico, pero condescendiente; alarmado, pero comprensivo.

Le hago un preámbulo tan extenso, porque voy a hablarle de la situación política de Venezuela, y, vaya, si me da la extensión suficiente esta cuartilla, de todo el cono sur americano, e, incluo, si me aguanta aún más el papel con lo que escribo, de todos los pueblos pobres de la tierra, bolivarianos o no, islámicos como católicos, creyentes tanto como agnósticos...

¿Cómo empezar?. Pues admitiendo como premisa que Vd. se hubiera dado cuenta, digamos que por pura sensibilidad femenina, que se está formando una conexión internacional de oposición al llamado imperialismo americano. Aunque no parece probable que esta revolución dialéctica, cuya base ideológica es, de momento, improvisada, vaya a cambiar el orden mundial, ha introducido algunos elementos de crispación que no están ayudando nada a la felicidad de este mundo global. Es más, ni siquiera parece que esté haciendo más felices a los seguidores de este mesianismo, porque yo veo cada vez más ranchitos, más pobres, más jaimas superpobladas, más harapos y miseria.

Por supuesto, querida amiga, que al escribir eso del "imperialismo americano", utilizo las mismas palabras de los que lideran la reacción, sin entrar en valoraciones históricas ni en la oportunidad del término, porque me he convencido hace tiempo que los imperialismos estatales tienen un carácter más nominal que real. Creo mucho más en el poder económico de las empresas multinacionales, que en las decisiones tomadas en los foros políticos por funcionarios no siempre muy motivados. Las empresas se guían por el interés del dinero, utilizan elementos sutiles y emplean a directivos muy bien pagados que saben qué hacer con los códigos deontológicos oficiales. O sea que no voy a  personificar al mal en rostro humano, por apetitoso que parezca a algunos ponerle ingenuamente al diablo la cara de Bush, o pensar que el tío Gilito, el capitán Veneno y el Dr. No dirigen esta fiesta.

Frente al capitalismo americano, se está construyendo una opción que se me antoja muy masculina que pretende construir líneas de apoyo recíproco, intercambiando debilidades entre los países de la tierra, y lanzando bravuconadas confiando en que el primo de Zumosol (¿se emplea por ahí el concepto?) no va darles una sonora bofetada. Para dar al discurso agresivo una coherencia, los nuevos seguidores de esa corriente de ingenuidad internacional que pretende cambiar el mundo haciendo gritar más alto a los pobres, dicen defender los valores de la familia, la devoción religiosa, la abolición de la propiedad, la amistad, mezclándolo con las palabras Patria, Ejército, revolución, Dios, Alá, Corán, Biblia, Bolívar, energía nuclear, petróleo, etc.

Vd. se preguntará: "¿A qué viene todo esto? ¿Tengo que aguantar las elucubraciones seudopolitizantes de este personaje, aparentemente algo beodo, que me larga una tal perorata?."

La decisión es suya. Si cree que esta carta no es para Vd., y no aguanta mi estado de ánimo, mejor la arroja inmediatamente a la basura. Pero es que tengo mucho tiempo para pensar y escribir, y estoy solo en esta ciudad que se me ha llenado de muros por doquier. Desde que llegué a Caracas, la mitad de la gente me aconseja que no asome demasiado la gaita por ahí, que me pueden asaltar a la primera, aunque no tenga cara de gringo ni aspecto de tener muchos chavos, y que, sobre todo, en ciertas zonas de Caracas, ni se me ocurra acercarme a la policía, porque serían, por lo que cuentan, los primeros interesados en saquearme. La otra mitad me insta a que no me obsesione, que haga como si nada, que me mimetice, pero dónde voy yo con esta cara, que parece una invitación a que cualquier descontento enardecido me pregunte en qué lugar del imperialismo tengo mis posaderas.

Veo, pues, mucha televisión, y cuando no estoy en el Museo de Bellas Artes empapándome de realismo histórico decimonónico, tomo taxis hasta para ir al servicio. En la caja tonta bolivariana, nunca había oído citar tantas veces a Simón Bolívar, cuyos escritos vienen a ser como la Biblia de la revolución generada en torno al presidente Chavez.

He tenido ocasión de seguir una buena parte de su discurso ante las Naciones Unidas (a las que ha  puesto, como decimos en mi país, a parir), le he seguido tanto en los elogios propiciados al presidente iraní, al que se le otorgó una banda tricolor que es de gran mérito, y se le llamó hermano y aliado hasta hacerle llorar a él y a su séquito sorprendido. Dá no se qué ver a ese gigante de la representación que es el Sr. Chavez, apretujando al hombre pequeñito y de aspecto de no romper ni un huevo pasado por agua que es el Sr. Mahmun Almadineyah, y que, para mayor debilidad, se vino a Venezuela camino de Nueva York, acompañado de su esposa, que seguro que es muy bella,  pero a la que no pudimos identificar más que por un velo y una túnica negros, enmarcando unos ojos de mirar algo triste.

Para completar el cuadro, hoy me encontré con un alto miembro de la embajada china, y estuvimos hablando sobre los dos temas predilectos del momento en estas tierras: el temor a salir a la calle y a que te asalten para llevarte la platita, el reloj o vayan a secuestrarte por unas horas, y, por otra parte, lo caro que se ha puesto vivir en Caracas para los que tienen más miedo, -gentes de las multinacionales y delegaciones internacionales, funcionarios de los organismos multilaterales y la clase media-alta veenzolana- porque los alquileres andan por las nubes y los supermercados del centro venden las mercancías al precio que les da la gana.

Pero cuando entramos en la amigable conversación a la cuestión de la heterodoxia marxista de Chavez, el diplomático me dejó solamente hablar a mí, asintiendo con la cabeza, mientras yo le argumentaba que construir una política internacional para Venezuela alejándose de Colombia y México, cuestionando a Brasil, pegando patadas a plena luz pública en las espinillas de Estados Unidos (aunque dicen que hay más entendimiento tras bambolinas), aceptando médicos y ciertas directrices de papá Fidel de Cuba, regalando petróleo para hacer política de alianzas y financiando a los ayatolás de Irán, me parecía algo ... antinatural. "¿Sobrenatural, dice Vd.?... Tampoco hay que exagerar".

En diciembre se producirán aquí unas elecciones presidenciales, y todos dan por supuesto que las ganará Chavez por un amplio margen. La campaña no tendrá cuartel. Para la oposición, que se rehace de las graves heridas infligidas por el popular presidente que maneja la retórica como un guante de cabritilla, la cuestión ha pasado a ser si las promesas de bienestar a la población podrán sostenerse mucho tiempo sin grandes realizaciones. De momento, las palabras y el alto precio del barril de petróleo, ayudan a mantener el discurso, pero poner a andar un país, contando con pocos técnicos cualificados en el gobierno y sin el apoyo del empresariado, es un ejercicio imposible. ¿Qué pasará si el barril baja a 60, a 50$?...

Incluso, con los ltos precios actuales, si los países ricos dejan de comprar petróleo a Chavez -por ejemplo, apoyando los programas de reactivación de la energía nuclear, propiciando el ahorro y las energías alternativas-, y la generación de valores añadidos tuviera que descansar en la productividad nacional, la gente se preguntará de qué vale ser un voluntarista bolivariano revolucionario con ideas de principios del siglo XiX. Se trata de comer y vivir para el ahora.

Estas reflexiones que le escribo mientras apuro la tercera margarita, me llevan a augurar unos próximos años moviditos.

Pero como se me está haciendo tarde, me vuelvo a mi hotel en Chacaíto y ensayaré de aclarar si me dejarán mañana dar la conferencia en la Facultad de Ciencias políticas bolivarianas, aunque sea en el pasillo. No necesito proyector. 

Le doy, en fin, las buenas noches, querida amiga. Pida conmigo a San Simón Bolívar que otorgue mayor sentido práctico internacional y reste agresividad al discurso del presidente Chavez, porque si el futuro de este hermoso y alegre país pasa porque ha de ganar democráticamente las elecciones de diciembre, es mucho mejor para todos que olvide la heterodoxia y se aplique en gobernar para todos los venezolanos, incluso los que tienen el dinero y los que poseen conocimientos para sacarle rentabilidad con proyectos para el siglo XXI..

Poemas de encargo (10)

Este es uno de los poemas del Libro titulado Poemas de Encargo, del que soy autor. El libro tiene una continuidad y una coherencia que resulta, sin duda, rota por la presentación de poemas de forma separada, pero confío en que, a los amantes de la poesía, el conjunto de los que vengo publicando en este cuaderno les de una idea de mi creación literaria.

X

  

La necesidad de vivir podrá ser una fuerza banal

que aflora en todas partes, carcoma que perfora

el cerebro, las ingles, el estómago.

 

Sus avances se notan.

 

Perderíamos tiempo

en confirmar lo evidente: que nos vamos,

que cuanto más disfrute, menos queda,

que pueden más las lágrimas.

 

Al mirar de cerca nuestra obra maestra,

detectamos

cuánta debilidad persiste en lo que hacemos muy bien,

y qué peligro tiene mostrar a los otros fortaleza;

de nada sirve claudicar ni vencer,

si bien comunicar estas carencias

nos permite un poco de descanso.

 

Cuando miro a otros lados

veo que me muevo junto a chinescas sombras ciertas

que mueren dando a luz,

y a pesar de todo voy poniendo huevos

con los mismos efectos destructivos

que la madurez causó en nosotros,

infectando todo cuerpo extraño

con ilusiones, ganas, postres y canciones

y esperando, muerte, el resultado.

  

Tertulias en AlNorte: "La libertad de expresión: sus contenidos"

En la página web del restaurante AlNorte, en la lengüeta Tertulias, puede verse el Acta de la tertulia que mantuvimos el 11 de julio sobre "Los contenidos de la libertad de expresión".

Los interesados deberán dirigirse a:

www.alnorte.es

En este blog agradezco opiniones y comentarios sobre lo que allí hemos comentado.

Al pairo: La prima donna está fingiendo su papel

Günter Grass, el icono del pensamiento antinazi, el fustigador de la conciencia racista alemana, el azote de lo reaccionario y ejemplo de liberalismo y cordura, tenía un esqueleto en el armario. Algo terrible, inconcebible y turbio, que seguro que por las noches le hacía levantar sobresaltado a tomarse un vaso de agua en la mesita: había militado en las SS, y se había codeado con los que enviaban judíos a los campos de concentración, les confiscaban sus bienes, mataban a familias enteras porque ya les habían juzgado de antemano: pertenecían a un grupo impuro, desleal, mafioso, antigermano.

Mi idolatrado Günter estaba mejor calladito. Por supuesto, le creo que era muy joven cuando tomó la decisión de pertenencia a un grupo de descerebrados a los que la pureza de la raza y la superioridad de sus raíces les animaba a conquistar el mundo. También le creí cuando me leía, como otros pertenecientes a la generación de las postguerras, sus alegatos contra la injusticia, su defensa encendida de la solidaridad internacional, su diatriba contra los nazis que, siguiendo sus coherentes argumentos y la más pura lógica, no representaban, ni mucho menos, el carácter alemán.

Como no soy sicólogo, no me siento capaz de analizar las razones liberatorias de su sique que hayan podido causar esta confesión que nadie le pedía. A diferencia del papa Ratzinger, su trayectoria juvenil estaba fuera de toda sospecha. Pero héte aquí que el asesino era él, y al pobre papa los mandamases del Seminario le habían metido en las juventudes hitlerianas junto a todos los educandos para ser propagadores de la buena nueva del amor al prójimo , sin contar con que eran menores, y sin preguntarles ni a ellos ni a sus padres.


Soy de los que opinan que  es mejor que el devoto párroco  silencie a sus fieles sus dudas  acerca de la existencia real de la patrona del pueblo; o que el marido adúltero oculte a su amante esposa sus escarceos fuera del lecho conyugal; incluso es preferible para mí que el político paladín de la lucha anticorrupción silencie que, alguna vez se dejó tentar por beneficiarse de una recalificación de poca monta; por supuesto, defiendo que los escritores se mantengan al margen de sus creaciones literarias, sin crearse un personaje de sí mismos, para que los juzguemos por sus obras escritas y no por sus obras cuando se quitan el gorro de las musas.

Porque, ¿acaso no hemos pensado a veces que la prima donna finge su papel y aunque canta de primeras, su excesiva dimensión corporal no es la más adecuada al grácil cuerpo que debiera tener la joven enferma que representa ?. La sangre que mana de su pecho, ¿no parece salsa de tomate? ¿Son fingidos sus amores con el barítono y, en la realidad, se pirra por la tiple? . Puede que sí, pero abrir esas interrogantes que no están en el libreto nos distorsionaría el mensaje de la obra, creando un ruido inquietante alrededor de su pleno disfrute, y, por ello, enseguida abandonamos nuestras dudas y nos volvemos a sumergir en la representación.

No toleraríamos que la donna interrumpiese su representación, y dirigiéndose al público, increpara: Imbéciles, ¿ cómo no os habéis dado cuenta de que no puedo ser lo que represento? ¡Soy demasiado gorda para encarnar a una joven asténica!.

La otra opción sería que, si ninguno de los actores que interpretan esta representación mantiene su credibilidad hasta el final, y acaban reconociendo que todo es una farsa, para que nosotros, su público, pasáramos por alto su falta de adecuación a los papeles, yo propongo que subamos nosotros también de vez en cuando al escenario, y que ellos hagan de público. A ver cómo les sienta que les digamos que la admiración que sentíamos por ellos era también pura mentira, que la farsa estaba también de nuestro lado.

Solo queríamos que sirvieran de modelo, que nos ayudaran a ser mejores, que hicieran de ejemplo de valores para los más jóvenes. La actitud iconoclasta de Günter poniendo sobre la mesa su pasado nos hace mucho daño. Le hubiéramos dado otro papel, pero no el que ha representado.

 

Al socaire: Las dos Españas. ¿Hay alguien más ahí?

La imagen del grabado de Goya en el que dos personajes, enterrados hasta la rodilla en el suelo, están ventilando a garrotazos sus diferencias, me ha venido a la memoria varias veces a lo largo de mi vida, que ahora las canas van aceleradamente recordando que se acaba.

También tengo presente aquel otro cuento de los libros de fábulas con los que los niños de mi generación aprendíamos a leer (y, algunos, al mismo tiempo, a pensar): dos cabras se encuentran en direcciones opuestas sobre un tronco que permitía salvar un precipicio, e incapaces de ceder su paso a la otra, se enzarzan en una pelea que termina con las dos cayendo juntas al vacío, hermanadas en su estupidez.

Completa el escenario de mi imaginería respecto al tema del desentendimiento, los conocidos de versos de Antonio Machado: "Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios: una de las dos Españas ha de helarte el corazón". Esta persistencia de las diferencias irreconciliables entre facciones, caracteriza, interna y externamente, este país. Nos caracteriza y nos limita. Subsisten las dos Españas, ciertamente, superponiéndose a la experiencia desastrosa de guerras civiles -y una tan reciente-, a los escarceos de un responsable ejercicio democrático -siempre afectado por odios y afectos personalistas que no tiene que ver con los programas-, al ejemplo de otros países más prósperos.

Una y otra vez, en el trabajo, como en la diversión, como en la política, surgen dos grupos irreconciliables, adversos, siempre dispuestos a decir que no si adivinan que el otro está por afirmar que sí, a negar el color blanco si los de enfrente ya lo han adivinado, a dejarse arrancar un ojo si existe la más remota posibilidad que al otro lo dejen ciego, a morir en el empeño de demostrar que el otro no tiene ninguna, ni la más mínina, razón.

No importará a ese esquema irracional del "envido más", ir de farol, estar fuera de juego o tener las posaderas con síntomas de la descomposición que los acarrota. En ese empeño por no ceder paso al otro, cada grupo que lidera las dos Españas presentará batallar hasta despeñarse con el otro. 

Compro con regularidad  los dos periódicos de mayor tirada en España, porque me he convencido que, en algún lugar entre ambos, está la verdad. Ni El Mundo ni El País han conseguido liberarse, muy al contrario, de unas posiciones que, más que ideológicas, yo califico de sectarias. Defenderá el uno las posiciones del PP como defiende el otro las de la cúpula del PSOE, en el vano de empeño de convencer a sus lectores (me temo que, sin embargo, a priori convencidos), de que la verdad está solamente de un lado.


Valga un ejemplo: El debate sobre los atentados del 11-M se ha centrado en la cuestión de la autoría de los mismos, sin importar que Al Queda los haya reclamado y ETA negado y, lo que es más importante, saltándose a la torera la investigación policial, las conclusiones sumariales o lo que la razón dictaría. A mí me parece más importante el respeto y solidaridad con las víctimas, la solidaridad con sus familiares, la mejora de la seguridad ciudadana, el refuerzo y motivación de las fuerzas de seguridad del Estado, la coordinación única contra el terrorismo. Me interesa muy poco ventilar el grado de verdad de las declaraciones de un delincuente en cuestiones apreciativas o la intencionalidad de unos partidos y otros en la difusión de lo que se iba sabiendo sobre la autoría del atentado.

Vengan otros casos: Me parece importante, siguiendo por el camino de desbrozar algunos de los puntos de desencuentro de los dos partidos mayoritarios, el acuerdo sobre un Plan Energético, en vez de retrasar la toma de decisión sobre el mantenimiento de la opción nuclear (¿Y de dónde vamos a sacar la energía, si no?); me parece necesario, incorporar las estrategias de desalación a las del trasvase y a una política agraria que tenga en cuenta las singularidades y diversidad del territorio español; me parece imprescindible, la persecuciónsistemática de la corrupción en la vida política, tan vinculada a la gestión del suelo municipal, y no solo concentrarla en municipios en donde la alcaldía esté en manos de terceras fuerzas o disidentes de los partidos mayoritarios...

Tal vez me anime a incluir otros ejemplos algún día. Pero la pregunta que hoy me apetece hacer es: ¿Hay alguien más allí?. ¿Estamos todos conformes en que las dos tendencias mayoritarias de este país consuman su tiempo, y el dinero que les pagamos para que nos representen, en profundizar en las diferencias de las dos Españas?.