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El blog de Angel Arias

Al socaire: Cómo no montar un restaurante

Al socaire: Cómo no montar un restaurante

No lo sabe nadie, pero tengo escrito desde hace un año un Librito: "Cómo no montar un restaurante", en el que recojo, con pretendido tono cómico, mi experiencia como restaurador, cebándome en los errores que cometí. Algún día puede que lo publique entero. De momento, copio aquí parte de la Introducción, esperando que guste -intelectualmente hablando- a mis lectores.

La idea de montar un restaurante está entre las obsesiones típicas del ser humano versión occidental. Independientemente de la formación recibida (o quizá precisamente por ello), tanto las gentes de la Academia como los más imponentes garrulos, acarician la idea de montar alguna vez en su vida un restaurante. Si además, se han especializado en hacer fiambre de gallina o bacalao al pilpil, y se ven sistemática y efusivamente elogiados como maestros culinarios cada vez que consiguen reunir en su mesa a seis amigos acostumbrados al filete empanado chorreante de aceite de soja requemado, la tentación puede acabar siendo, en primera instancia, irresistible.

Por fortuna para ellos (y, en muchos casos, también para sus potenciales clientes), la mayor parte de esas ideas no son llevadas a la práctica jamás: la pereza de cambiar un empleo estable, las dificultades económicas, la experiencia cercana de otros que perdieron hasta la camisa en veleidades parecidas, les hace desistir y deja en nonato el íntimo deseo.

A mí, las ganas de montar un restaurante me venían desde niño. Me gusta cocinar, es cierto, pero pertenezco a una de esas familias numerosas en las que las mujeres han monopolizado durante años la entrada al reducto sagrado de la cocina.

Desde “eso es cosa de niñas” o “no quiero verte aquí, que lo ensucias todo”, fueron varias las razones por las que se me impidió durante mi niñez y adolescencia acercarme a los fogones. Tuve, con todo, la suerte de ver cocinar a mi madre mientras me tomaba la lección (la cocina era el punto de desfile obligado para comprobar el grado de aplicación de todos los infantes de la casa, hasta que alcanzaban el grado de madurez suficiente para concentrarse a solas con los libros). Durante el invierno, como la cocina era el lugar más caliente de la casa, allí nos concentrábamos los más frioleros para hacer los deberes, aunque ya hubiéramos sido emancipados de aquel control de calidad.

Así pude saber que la inmensa mayoría de los platos salados se comienzan con una lenta digestión en aceite de oliva de un picadillo de cebollas, ajo, pimientos verdes o rojos y perejil, a los que se puede añadir tomate cuando la cebolla vira del color cristal blanquecino a un suave tostado nuez. También pude valorar la importancia de controlar las combinaciones de harina, huevos frescos, azúcar  y nata para conseguir variados dulces caseros.

Aunque no tiene aparentemente mucho que ver, desde que los lecheros que nos abastecían de una leche magnífica que se hervía haciéndola subir dos veces pactaron con mi madre que durante mis vacaciones yo me convertiría en profesor particular de un hijo de mi misma edad, nuestra casa pasó a estar la primera de su ruta en el reparto, y esas dos o tres horas de docta charla infantil, me eran recompensadas de vez en cuando con mantecas. Ello me permitió desplegar un sentido especial para diferenciar la manteca de leche de vaca alimentada con hierbas frescas, de la margarina que, envuelta en hojas de berzas para dar el pego, mi padre nos traía desde su fábrica de productos químicos, con la esperanza de que algún día dijéramos que era mejor que la de los lecheros.

 

Nada de esto tiene seguramente interés respecto a lo que voy a contar, salvo en lo que respecta a mi vocación por la restauración, que, en realidad, pienso me llegó definitivamente cuando, siendo ya profesor de la Universidad, y recién casado, mi flamante mujer –a la que su querida madre no había tenido tiempo, como maestra que era, en formar en los rudimentos de la cocina- me obsequió un día con unos atractivos filetes a la cayena que me hicieron probar la solidez de mis paredes estomacales durante las penosas cinco horas de digestión atormentada.

El pobre bedel que atendía a la intendencia de aquellas clases tan poco magistrales dada mi bisoñez, sudó aquella tarde como nunca, porque cada diez minutos tuve que llamarle para suplicarle un nuevo vaso de agua. Ni él ni yo podíamos entender la causa del desasosiego de mi estómago, que yo solo comprendí cuando, al volver a casa, supe que la expresión “echar cayena al gusto” habia sido libremente interpretado por mi inocente esposa, deseosa de seducirme también por el gusto, como que había que vaciar, debidamente machacado, el bote de la especie en el, por lo demás, muy delicioso guiso.

Al pairo: La sociedad tiene miedo que le hagan daño los violentos

La sociedad occidental tiene cada vez más miedo, y su crisis de pavor no parece encontrar cauces de contención, más bien se estimula, haciendo el caldo gordo para beneficio de violentos, sádicos, maltratadores, inanes y estúpidos de baba, saña y cuento.

Uno de los últimos ejemplos comentados fue que la Opera de Berlin ha retirado de su programación Idomeneo, la operilla de Mozart, por temor a herir la sensibilidad de algunos islamistas, preparados para realizar actos violentos -según la policía alemana- contra la seguridad de espectadores e intervinientes.

La culpa de la metafórica agresión a la imagen del profeta, al que se corta la cabeza en escena, junto con la de otros símbolos religiosos más señeros y de más antiguo venerados en el mundo, no la tiene Mozart. El genio de la música nos cuenta las desventuras de un héroe que promete sacrificar a Neptuno, tan pronto pise tierra firme, a la primera persona que encuentre, como agradecimiento por haberse librado de un naufragio. Para su desgracia, quien primero le da la bienvenida es su propio hijo, y, juiciosamente, en lugar de matarlo a él, le corta la cabeza a la efigie de Neptuno.

La decisión de hacer cortar en el teatro las cabezas de Jesús de Nazareth, Buda y Mahoma es, por lo tanto, únicamente del escenógrafo, que buscó así darle un toque de escándalo al libreto, haciéndolo más del gusto de estos tiempos, en los que, como todo lo tenemos visto, hay que echarle ketchup a la fabada.

Otro ejemplo: En España, la conmemoración de la Reconquista, celebrada tradicionalmente en varios pueblos valencianos, como enredos y gestas de mocerío en las que el personal se viste de moros y cristianos de pacotilla, y que acababa en muchos lugares con la cabeza de Mahoma estallando en mil pedazos, tuvo que sufrir ciertos retoques, para no herir la sensibilidad de los amigos musulmanes. Supongo que, si hay que seguir dando cuerda al personal, la que estallará será la cabeza de Santiago.  

Ya el último ejemplo. Como es sabido, SS el Papa, después de su lección magistral de Bratislava, ha expresado sus disculpas al mundo islámico por citar a un emperador bizantino de la dinastía Paleográfos, por miedo a que se extendieran por doquier los ataques de los radicales, que incluso mataron a una pobre monja que vivía haciendo el bien a los pobres de Somalia. Que digo yo, que porqué tienen que padecer siempre los más débiles la cólera de los radicales, y a qué diablos han de ser inmolados los mejores para escarmiento del poder, siempre al tanto del "ahí me las den todas".

Nos sobran muchos miedos. La sociedad civil tiene demasiado miedo, y se le nota. Esta actitud conejil da fuerza a los violentos, hace crecer a los radicales urbanos y rurales, proliferar las bandas de nazis, antinazis y neonazis, sarpullir calvas y skin heads, retoñar Latin killers o Kill latines, y tantas cuantas otras especies de descerebrados estén dispuestos a apalear a quien les apetezca, romper lo que les plazca, no ya porque discrepen, sino por su simple aspecto, porque sí, por divertirse. 

Atenazados por nuestro miedo, los ciudadanos de orden no saldremos en defensa del que se vea agredido, cerraremos los oídos para no atender a los gritos del que sea asaltado, cerraremos las ventanas y puertas para que no nos descrubran los violentos, acurrucados en nuestra indiferencia, que es una forma fiel del miedo. No queremos ver, no osaremos dar nuestra opinión para no disgustar a los que esgrimen pistolas, puñales y manoplas, en el lugar de las ideas.
 

A falta de sus enemigos y contenciones naturales, estos depredadores sociales, negadores del diálogo, campan por ello con más fuerza cada día. A falta de mejores argumentos, incendian autobuses efigies y banderas, lanzan cócteles incediarios contra comercios y casas particulares, matan monjas y mendigos, y escriben terribles amenazas en paredes y muros, ocupando la calle con sus gritos de odio. Sí, también ponen bombas en trenes y autobuses, estrellan aviones contra torres, hacen guerras. 

Parece que la expresión de las diferencias con procedimientos democráticos o en cauces normales, no les sirve a los violentos para contarnos lo que piensan cambiar, y con qué procedimientos. Agrupados, vociferan sus consignas de odio, amenazando de muerte o sacrificio a los pacíficos. Sus desafueros se mezclan, con los asaltos de otras bandas que, amparadas en el ruido y en este caso sin necesidad de apelar a otra ideología que la de su enriquecimiento personal, atacan la propiedad privada, sin temor a asesinar al que se resiste, burlan al Estado.

Los violentos se extienden, contagian, se entremezclan. La raiz común que los sustenta es nuestro miedo. Negocian con las pistolas y las amenazas en la mesa, para incorporarse con ventaja a nuestro Estado de derecho. Tienen como comparsas a los que les provocan con bravuconadas para correr a guarnecerse al poco bajo faltriqueras de otros.

Parecido fanatismo al religioso es el político. Tenemos en España varios ejemplos, pero como este Comentario se hace largo, cito solo uno. Batasuna  reclama la autodeterminacion para Euskal Erria para defender que “la autodeterminación es lo que permitirá encauzar por vías democráticas el conflicto armado”. ¿Cómo hablar a este grupo de violentos de solidaridad, de unión para fortalecer y dar más sentido a lo que queramos juntos, quién habrá de pedirles que tratemos de buscar la forma de avanzar en bloque y no a trompicones ni codazos?. ¿Con quién están en guerra?


No me parece que tengamos que llevar tan bien la cuenta de la sensibilidad de los violentos. Por el contrario, hace falta recuperar una verdad más importante: los no violentos también tenemos sensibilidad, y de más peso. Por eso nos importa que nos critiquen sin argumentos y ridiculicen nuestras creencias, nos preocupa que se mancille la propiedad privada y se menosprecien los talentos y méritos que tanto costó conseguir, nos ofende que se hiera a quienes defienden su razón sin aspavientos.   

Hay que recuperar la voz de los que queremos paz, sosiego, triunfo de inteligencia y de cordura. Que se oiga la voz de los que no nos dejamos amedrentar, no aplaudimos tonterías, queremos unidad y no rupturas.  Porque preferimos estar con Velázquez y con Mozart, antes que aplaudir a Piero Manzoni, o  a Hans Neuenfels  cuando lo que pretenden es solo provocar, llamar la atención de los violentos, para echárnoslos encima.

Fragmento de la Novela Contra Elias (Capítulo de Esperanza)

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La casa de Esperanza en Sevilla creo yo que le será fácil de encontrar, sobre todo si no conoce hoy bien la ciudad, porque las cosas de las que se tienen pocas referencias son menos esquivas a los que las pretenden. Así que, una vez traspasado el Puente de Triana, le bastaría por ejemplo girar en la plaza del Altozano, entrando por el camino de San Jorge, y continuar luego paralelo al canal, en dirección al río, hacia el recinto que fue de la Exposición.

Claro que también hay otros modos de llegar hasta allí, y tal vez hubiera sido mejor tomar la autovía del Alamillo, pero en fin.
 Deje el vehículo cerca del recolector de residuos autoincinerables o arrímelo al descuido en el recodo que queda junto al control del parquing en la parcela de aerotaxis, advirtiendo a la celadora que va para poco rato, y avance a pie -dando casi toda la vuelta a la rotonda- unos doscientos metros por la carrera que dicen del Comercio de los Santos y que corta casi al principio a la del Divino Retorno, que antes era de la Revuelta de los Aparceros; tuerza a la derecha sin esperar que la calle se termine.

Guíese si las ve por las torres de la Cartuja, que le deben quedar un poco a mano izquierda. Doble una esquina, siempre siguiendo por la sombra de tanto edificio nuevo, rascaloscielos, cochina especulación, para volver inseguro sobre sus pasos y ya algo cansado llegar hasta un sitio donde le sirvan un fino muy seco y frío, me lo ponga con unas aceitunas sin hueso. Recuperado de la calor, salga a la calle para detener a un transeúnte cualquiera de los pocos que deambulan a esta hora de la tarde, cómo agota caminar al sol. Pregunte por ella o por una calle sin nombre, ¿La Esperanza?, ¿En el recinto de la Cartuja?. Siga las indicaciones sin entenderlas, porque en Sevilla todas las calles conducen a lo que busca.
 

-¿Esperanza?. Aquí la mitad de las hembras se llaman así.
-Una chica de dieciséis años, que hace la carrera con un ordenador.
-¿Una puta, pues?
-Una señorita informatizada, tenga cuidado con las palabras.
-Perdone, no quería ofender. ¿Tiene la dirección?
-Me la dió, pero el papel en donde estaba impresa debió caérseme al sacar el inhalador. Sólo recuerdo que estaba cerca de la Cartuja.
-Puede ser la Espe, tiene que ser ella. 

Esperanza vive en un ático que compensa sus pocos metros construídos con una terraza amplia, en donde alguno de los anteriores inquilinos debió olvidar -hace décadas- varios tiestos que quizá contuvieron azaleas enanas y geranios, y que hoy sirve de almacén para los trastos inservibles, una impresora láser de punto convergente, el vídeoteléfono portátil, un trozo de automóvil desechable y varios ejemplares de revistas, preservativos caducados y unas botas rotas de montar.

Allí estaré durante una semana o mejor, un par de meses, teniéndola de mantenida, yo feliz y ella sin poder prácticamente salir de aquella casa, que te quedes, que si hay que salir salimos juntos, que cómo nos van a ver así hechos una pareja tan cómica, que qué tiene de malo, pues iremos fuera solo de noche como los caracoles y las babosas, ay, eso no.

Así, hasta que se me agote el dinero, yo pensando todavía en escribir una novela fantástica, una historia de desamor y de cariños, un invento para justificar que había vivido, encerrado con el ordenador portátil en el cuarto de baño, no me molestes, Espe, ahora no puedo.

Conectado estérilmente a los bancos de datos de todo el mundo, voy llenando páginas y páginas de un cuento maravilloso que debería ser como el que se me borró del todo cuando se fue la luz pero desapareció sin huella porque lo estaba dictando en memoria virtual, qué pena, y ya nunca fue igual ni tan bonito lo que se me ocurrió desde entonces.
 

-¿Memoria virtual? ¿Y por qué escribes en memoria virtual?
-Me parece mucho más emocionante. Así, hasta que no has terminado de escribirlo todo, nada está seguro.
-Pues qué gracia. Un apagón y se te va todo al garete.
-La inmensa mayoría de los mortales vivimos en la zona de memoria virtual. No queda ni vestigio de lo que hacemos.
-¿Para qué quieres permanecer en pantalla?. Es mejor pasar desapercibido. Como individuo anónimo, puedes hacer lo que te apetezca: vestir de forma extravagante, hacer el tonto, conducir un motogiro por rutas prohibidas...
-Esperanza, nena, yo no he dicho que quiera dejar una señal de haber vivido para la posteridad. Al contrario. Intentar ser trascendente me parece una terrible petulancia, una agresión a las futuras generaciones. Pero, sobre todo, creo que es inútil. Cuando tengas más experiencia -no, si no me refiero a la experiencia del sexo- comprenderás que el mejor consuelo de un viejo es destruir su propio pasado. Eso es lo que estoy haciendo yo.
-¿Tan poco te gusta tu pasado?
-No es eso. Me gusta. Pero el pasado es siempre un lastre para un enamorado. 

Tendré el mundo sobre las espaldas, la inseguridad de haberme perdido en muchos templos de fatal devoción, la mente dispuesta para recordar montones de historias cuajadas de hechos verdaderos y falsos, oscuros sucedidos en lugares remotos los unos para otros, tanto sitio llano en donde anduve llenándome las manos, los sentidos, todo en fin, de mucho amor a juventud, sexos y vicios, y ahora ya viejo convencido de la fuerza única, de que lo que único que vale la pena es la potencia de saberse vital sin remedio, devorador, monstruo ciego ávido de impulsos. Paradojas cuando tengo las baterías para poco. 

-Arturo, ¿y si hoy de noche nos dejamos caer por el Giraldillo, que igual encuentras gente como tú que anden de paseo?
-Chiquilla, tú llévame donde los tuyos.
-Pero mis amigos dicen que los agotas con tanta pregunta y tanto mirar.
-Eso no les hará daño, digo yo.
-Ya, pero la Nieves se queja de que a la primera ocasión le metes la mano entre las piernas.
-Con los de mi edad no se puede ser más exigente. 

A mis años tiene justificación querer de muchas formas, pero no me imagino con un amor apasionado, aunque hace ya mucho que Mercedes, Adela o Pilar -tal vez no fue ella, después de todo- me dijo incluso que la pasión es el núcleo del amor.

Por eso tengo a Esperanza prisionera, chiquilla, con grilletes de dinero tan poco durable, desnúdate para mí otra vez, o mejor, no, anda todo el tiempo en cueros por la casa, déjame que te vea el pezoncito rico, acércame el culito a la boca, estás hecho un degenerado, vejete. Riéndose.
 

Desconozco si los mayores de mi generación, incluso los que sobrevivan para entonces, me entenderán lo suficiente, pero para la juventud, aquí están las claves del truco con el que me habré mantenido las ganas de salir airoso en esta guerra, un desafío prefijado, puesto que fui abandonando a las personas de mi edad cuando me di cuenta de que se hacían algo viejas.

Héme por eso ahora, casi completamente adolescente, enamorado ciegamente de Esperanza, una putita informatizada, quince o diecisiete años, qué coño importa que ella no me quiera, si la tengo cabe mí y sin ella saberlo (pero lo sabe, lo intuye seguro) me sumerjo en su juventud, le chupo la sangre, me hago su vampiro por mi gusto.
 

Esperanza dice alguna vez, mientras lee unos cómicos desnuda sentada a la jineta sobre una silla de montar argentina que le regaló un admirador hace un año, (desde cuándo estás tú en este negocio, si parece que has nacido ya ofreciendo tu cuerpo por dinero), su melena castaña alborotada, los ojos verdes de gitana fina y la boca hecha un mohín de dulzura, ideas que me recuerdan a alguien que pudo ser su abuela: "Háblame de tí, venga, cuéntame cosas".

La miro sin cansarme, porque me quedan áun unos miles de pavos y no quiero creer que el tiempo que le he comprado se me acaba. "Te pareces a tu abuela en esa manera de trasladar a otros la responsabilidad de entretener el tedio", le digo y así provoco más preguntas, dónde conociste a mi abuela, qué sabes de ella, por qué me hablas siempre como si fueras de la familia, no, si a tu abuela no estoy seguro de haberla conocido, pero estoy convencido que esa mujer de la que te hablo era alguien de tu familia.
 

-Y tú, ¿quién eres?
-Un anciano que está a punto para morir.
-No digas éso, que a la muerte no se la debe nombrar ni jugando.-Pues, aquí donde me ves, yo ya lo tengo todo andado.
-Nadie lo diría, viendo cómo te gusta estar siempre detrás de mí. Pareces un adolescente.
-El mérito de mi pasión está en tus nalgas, no en mi cabeza.
-Conozco gente rara, pero hasta ahora no me había echado a la cara un tipo como tú.
-Debe ser por mi vena intelectual. Algunos intelectuales cuando enrancian se convierten en obsesos sexuales, que son como el vinagre al buen vino. 

Pero no te preocupes, adolescente de la calle, huérfana de todo cariño que no se te pueda comprar, hecha para el sexo desde que te parieron: tampoco yo he conocido a nadie como tú.

Puedo intuir sin gran margen de error que tu bisabuela fue la mujer decente que quiso imaginar tu bisabuelo que fuera, una bella hembra morena de ojos negros, amplio escote y nalgas apretadas, que vivió muchos años con total decencia cuidando a sus hijos y que, llegada a los cuarenta, encontró por casualidad, en una fiesta, a un hombre que era completamente distinto a su esposo y no resistió las ganas de hacer el amor con él un par de veces, aunque siempre cuando su marido estaba fuera de la ciudad y siempre después de haberse emborrachado con cava o haber reñido y llorado de despecho.
 

Con esos antecedentes, pierdo la pista de tu abuela, pero me la puedo imaginar como la hija pequeña de aquella familia casi rota, enganchada tempranamente a la droga deambulando por la Universidad junto a un yonqui terminal que la dejó abandonada y embarazada de tu madre. Sacando adelante una gestación difícil, cada vez más débil porque estaba enferma de sida, tu abuela extremó su locura, y antes de morir de parto, con apenas veintidós años, insensible al dolor gracias a los calmantes, pero eufórica por la cantidad de morfina que habían tenido que darle, cantaba pregonando que si la hubieran dejado hubiera sido la capitana que mejor haría el amor de toda su generación.  

-Eso que cuentas puede ser cierto. Mi madre me dijo que la había adoptado una de las enfermeras que atendieron a mi abuela en el parto.
-¿Ves? ¿Y por qué abandonó a su familia adoptiva?
-La entregaron a la Asistencia Social cuando se comprobó que la droga había deformado su sensibilidad sexual y se había hecho ninfómana irrecuperable.
-No me creo una palabra.
-Eres tú quien ha empezado. 

Entre tus piernas, aunque ya no estoy para esos trotes, si tú te tomas mucho empeño para conseguirme una erección, yo pienso para hacerlo más fácil en alguna de las mujeres que he poseído, porque el presente no me basta para que mi juguete mecánico responda, ni tus dulces caricias consiguen excitar la sensibilidad de mis células rendidas, pero no es culpa tuya, pequeña, tu vales un Potosí, tus juegos amorosos resucitan muertos y hacen que el tiempo se estire como los espacios para Aquiles, ¿Aquiles el de la tortuga del otro día?, ¿ése que nunca llegaba a alcanzar la meta porque se paraba a pensar?.

Así, gracias a tí, mi placer dura más porque mi deseo se queda detenido en el aire, engolosinado por la pericia de tus manos, la intuición insolente de tu boca, justo un instante antes del orgasmo inútil. Yo, que he venido a Sevilla tantas veces a enseñar, soy ahora discípulo de una niña que sólo ha vivido la quinta parte que yo, dónde me he metido, si debe tener las muñecas guardadas en el aparador, entre la fusta y los preservativos de eucalipto.
 

Esperanza también me pregunta mientras me da besos en el bigotito blanco, y me acaricia el cráneo con sus manos de niña: "Abuelo, ¿pero tú me quieres?", que seguirá siendo una pregunta de las pocas que no exigen respuesta, no me llames abuelo, aprendiz de putita. Yo afirmaré cruel que "Amo a Sevilla", y pondré el aire del que no quiere que le molesten porque acaba de tener una idea mágica. 

-Tengo una idea mágica.
-¿Una idea de esas que te dejan pensativo y enfurruñado para el resto de la tarde?. Qué lata.
-No, una idea feliz, un hallazgo.
-¿Una idea graciosa, de las que me hacen reir?
-Una idea llena de ideas que se rompen en pedazos cuando se piensa en ellas.
-Si no me pones un ejemplo me quedo en ascuas.
-Será en ayunas, pequeña.
-Ya empezamos con las correcciones. ¿Quieres decirme la idea, sí o no?.
-Acaba de ocurrírseme que todo lo que he vivido es producto de la imaginación de las mujeres que he amado. Cada vez que conocí íntimamente a una hembra, he caído desde ese momento en las garras de su creatividad.
-No parece muy original.
-Pero es sugerente. Ahora, por ejemplo, yo soy invento tuyo.
-Ayer dijiste justamente lo contrario: que yo no existía, porque era sólo un producto de tu imaginación.
-Estaría borracho.
-Siempre estás borracho. Como ese señor Jémingüei del siglo pasado que te gusta tanto.
-La embriaguez es una manera respetable de comunicar nuestra derrota, y si se convierte en costumbre, pasa a ser una forma coherente de vida. Yo bebo para que mi memoria del pasado desaparezca. Cuando vuelvo a estar consciente, puedo así construir mi vida sobre el presente, robándole el tiempo perdido a una mujer muy joven con la que intento hacer el amor.
-Machista.
-Puta. Bendita puta. 

Eso no le gustará, porque ella desearía que yo por lo menos inventase una frase bonita para ella, qué se yo, te quiero porque eres la hembra más bonita del serrallo, (qué es serrallo), te quiero porque tienes un cuerpo de cariátide, (que es cariátide), te quiero porque tus nalgas son las puertas del paraíso, (ya), pero pasará todavía un ratito y tendré que responder a "¿Qué le encuentras a Sevilla, qué tiene para atraerte tanto?", y en el silencio se imaginará cosas graciosas, que he tenido de joven una novia en este lugar pero que anda casada con otro, que mi madre sería de aquí, que ella me recuerda a alguien. 

Otra vez se habrá leído y releído un periódico ya muy atrasado de esos que se bajan por internet con los resúmenes de las noticias de la semana agrupadas por temas, y si se aburre entonces accederé por fin a pasear por la ciudad, expuesto a que el aire de bullicio me derrumbe y me mate, como a esas momias que cuando se las expone al aire se volatilizan pronto. 

-En el geriátrico nos obligan a trabajar porque dicen que el trabajo hace libres. Nos han jubilado de nuestro trabajo de intelectuales y nos tienen haciendo figurillas de madera para venderlas a los turistas.
-¿El trabajo hace libres?. ¿No era ese el lema de los campos de concentración para judíos en Alemania?
-Sí. Veo que no estás tan desinformada. Pero, anécdotas aparte. ¿Qué opinas? ¿A la libertad por el trabajo?
-Qué quieres que te diga. No lo veo mal, todos los miembros de la sociedad tienen que ser útiles. Además, seguro que es bueno para el resto de la sociedad. Hay que probarlo todo. Hasta las ratas usan a sus viejos para probar el efecto de los venenos.
-Esperanza, no se si los jóvenes os dáis cuenta de que esta sociedad se ha hecho muy sutil. No quiere que los ancianos de la tribu pensemos, ignora los argumentos de los jóvenes, vive obsesionada con lo que produce placer pero ignora cómo hacerlo duradero.
-¿En tu época las cosas eran diferentes?
-No me acuerdo. Aunque, como no me gusta que me ordenen, estoy traduciendo al alemán una novela sobre la política en los años noventa del siglo pasado.
-¿A quién interesa eso? 

Habrá que hacer un esfuerzo para imaginarse Sevilla dentro de casi treinta años, con las grandes antenas de los comunicadores móviles presidiéndolo todo, como minaretes de las nuevas deidades, y una arquitectura de edificios de Bancos, multinacionales de la alimentación, del ocio y de las comunicaciones cercando a la torre del Oro, reconstruída en holograma después de la última remodelación. La mayor parte de las iglesias habrán sido desacralizadas para que no sea malaje bailar sobre las criptas, y la ciudad se ha llenado de placas con la inscripción de “aquí estuvo”.  

Nuestros cuerpos, como desde la cuarta dimensión, avanzarán entre los restos del barrio de Santa Cruz que ahora llevará entre paréntesis el nombre de la Santa Campaña.

Todavía existirá El Giraldillo, quiero decir el local de jaleo y virtudes junto a la Catedral en donde habrá cerveza fresca y seguro que una tapita de calamares, menudos o pescaíto, saltamontes de sobre, esencia de bacalao confitado, algo que empujar hacia dentro mientras observamos a los demás, apoyados como todo cristo en la barra o contra la pared o jugando seducidos por las máquinas electrónicas que ahora sí que lucen sofisticadas y hermosas y dan premios que son viajes virtuales, aparentado que necesitamos poco para sostenernos en pie, aunque yo sí que lo necesito, Esperanza, tú no has hecho más que empezar a vivir tus cientocincuenta años, y yo estoy consumiendo mi esperanza de vida, siento el juego de palabras.
 

Ella repetirá preguntas, porque yo hablo de muchas cosas pero le parece el asunto como irreal y no acabará de creérselo antes de que todo termine. Si estamos con otros, hace gestos que me encienden de celos, te digo que no me dí cuenta que estaba mirando, si mi tiempo es tuyo, Arturo, para eso te pago, eres peor que un novio.

Cuando por fin yo pronuncie una frase habré dejado pasar tanto rato que no le parecerá ya una respuesta sino una afirmación para esculpir en piedra, una máxima dimanante del oráculo que hace esfuerzos para sonreír a través de la dentadura de cerámica tenaz y que mantiene en los ojos algo de fulgor del láser con el que me operaron de cataratas:
 

-Sevilla tiene la fuerza de la eterna juventud.
-Entonces tú eres como Sevilla, que a tus años todavía quieres guerra.
-Vénte para aquí, poetisa, que te toque un poco.
-Me vas a dejar pulida como un canto rodado.
-Tonta, si tu piel es ya tan fina como la de un lechoncillo lavado y listo para el horno.
-Vaya ejemplos que buscas.

Esperanza hará bien en fingir casi siempre que ignora que soy ya setentón, no te sientes de sopetón sobre mis rodillas que me vas a tirar y además tienes las posaderas frías. Habré hecho mucho esfuerzo para que me perciba seguro del sí y del no  y, porque le apetece creerlo, piensa que mi dinero no se acabará nunca, como si el dinero fuese lo único importante de la existencia, todavía a los quince, a los diecisiete años.

Aunque otras veces voy y me pongo melancólico, es que soy muy mayor. Pero me recupero pronto, porque para mí Sevilla tendrá siempre, si no la malean, la fuerza de la hembra, el estallido de la aventura posible, un estímulo para resurgir del olvido, pues nos vamos de vuelta a casa, ahora ponen un programa precioso por la televisión independiente del nuevo Estado de Uruguay, y reponen en vascuence la película de La historia interminable, y me van a llamar los fontaneros sin fronteras de Calcuta para un programa en abierto sobre la vida en otros planetas, no corras tanto Esperancita, mejor tomamos el intratren, no se si aguantaré hasta la próxima cita con el hematólogo sin cambiarme la mitad de la sangre.

Conecto mi tarjeta electrónica en la primera estación médica móvil, pongo la mano sobre el pulsador y dejo que me hagan un chequeo remoto solo para tranquilizarme. En tiempo real me dicen que estoy como un reloj.
                                                                                                                                                                                                                                                               

A sotavento: Un relato para micófagos autosuficientes

A sotavento: Un relato para micófagos autosuficientes

Desde hace muchos años, estoy convencido de que el otoño es la estación más adecuada para sacar a pasear a mi carácter. Sin aportar las trilladas frasezuelas acerca del encanto del comienzo de la decadencia, la caída tenue de las hojas vestidas de colores glaucos o pardinos, el otoño me pone en efervescencia gustativa por culpa de los hongos. Cuando advierto que las tardes ya enfrían y que han caído algunas lluvias, me lanzo al monte con la cesta.

Tengo que advertir que para micófagos autosuficientes el área de Madrid es bastante dura, en comparación con los montes del norte, siempre proclives a ofrecer descubrimientos mágicos del producto natural que tanto nos encandila, en cada sotobosque, en cada pradería. 

En el camino hacia Asturias desde la meseta, a veces me he desviado de la autopista A-6 para revisar las explosiones de Melanoleuca Grammopodia en los prados del Pajares, siempre cerca de ciertas frondosas. Ya emplazado en mis tierras preferidas, he subido una y cien veces por vericuetos, restos de rutas abandonadas, que fueron antes incluso Caminos reales o -más probablemente- útiles caleyas por donde las carretas locales bajaban el heno seco para alimentar el ganado en el invierno, hasta llegar a zonas donde retoñan castaños y fagáceas, restañándose de las heridas del último incendio acaso provocado.

Entre las cenizas y el humus, puede haber Cantharellus Cibarius o Cinereus, explotando inconfundibles entre la quietud que solo pueden romper las yegüadas semisalvajes, cuando vuelven a beber del hilo de agua que mana del roquedo o a pacer la hierba jugosa que ha nacido en los claros. Qué decir de la profusión de Hydrocybes Punicea, de Lyophyllum Decastes, Agaricus Bisporus, o Lepiotas Proceras que, en ordenada eclosión, pueden sucederse desde final del verano al avanzado otoño en mis lugares preferidos de observación y golosa caza al encuentro...

Otra cosa es la sierra de Madrid, en la que a veces, he vuelto a casa con la cesta vacía, porque los Lactarius Deliciosus o los Marasmius Oreades se resistían todavía, o los siempre solícitos Boletus Luteus aguardaban el mejor momento entre las aún secas laderas a donde me había conducido mi recuerdo de otras recolecciones. Pero sería injusto si no hablara también de las cestas rebosantes de Tricholoma Gausapatum o Terreum con las que recompensó mi persistencia la naturaleza. También, también encontré entre los rastrojos, en competencia feroz con otros buscadores más ágiles, restos de setas de cardo o de psaliotas.

De las varias decenas de libros de setas que tengo en mi biblioteca, recomiendo uno para aquellos que quieran iniciarse con buen pie en la micologia: "El gran libro de las Setas de España y Europa (y cómo reconocer las comestibles de las venenosas), de L. La Chiusa, Editorial de Vecchi (2003). Con magníficas fotografías y comentarios, es de esos libros escuetos y bien construídos que hace que los amantes de la naturaleza y, entre ellos, los que gozamos poniendo el nombre exacto a las cosas, disfrutemos de un paseo por el campo incluso sin movernos del sofá, envueltos en el humo de la pipa o en los pensamientos leves de las soledades reposadas.

 

Al socaire: Comunicación y contenidos. Pirámide de autoridad

Ayer, 28 de septiembre, los miembros de la Comunidad empresarial Thursday se reunieron para cenar en AlNorte, después de la conferencia de Ismael El-Qudsi, ‘Search Manager’ de MSN y responsable de Live.com en Microsoft. Hemos hablado sobre muchas cosas. Algunas de las cuestiones suscitadas giraban en torno a la comunicación de información a través de la red, su fiabilidad, y la posibilidad de generar negocio y valores añadidos.

El ambiente informal y distendido que se genera en este intercambio de opiniones,  es terreno propicio para que se susciten reflexiones que no es tan fácil generar en los debates formales.

Algunas opiniones se centraron en la aún insuficiente madurez de internet para ofrecer de forma rápida una respuesta integral y fiable a algunos de las demandas del ciudadano normal: agencia de viajes virtual adaptada a las necesidades concretas del viajero que hace la demanda, compraventas fiables entre particulares, etc.

En la información que ayer mismo pude leer en el Eurobarómetro, los consumidores europeos han aumentado su confianza para realizar compras on-line, y más de la mitad de quienes tienen internet en casa han hecho alguna adquisición el pasado año (que equivale a un 27% de ciudadanos habiendo realizado al menos una compra en el período). Sin embargo, solamente el 6% de esos compradores se arriesgan a hacerlo a proveedores de otros países de la Unión distintos del suyo. La razón es, sin duda, la desconfianza en las webs de otros países, y el 68% creen que es muy posible que quien lo hace así pueda ser víctima de un fraude.

Otra de las líneas de discusión derivó hacia la información contenida en la red, y su fiabilidad. Esfuerzos como el de Wikipedia tienen alto interés y valor, pero carecen de entidad cuando se trata de obtener información especializada o tecnológica seria, y los datos están a menudo contaminados de opiniones políticas, errores interesados o versiones no contrastadas. Pero fue atractivo anotar que, si todo el mundo tuviera acceso a internet, y opción de comunicar libremente su información, al cabo de algún tiempo, podría alcanzarse un equilibrio dinámico, en el que los múltiples enlaces entre las páginas webs, y la clasificación de autoridad natural que los millones de opiniones y datos entrelazados formaran entre sí, acabaría construyendo una pirámide social de autoridades.

Algo de eso ya se empieza a vislumbrar cuando se está valorando el número de enlaces que se dirigen a un cuaderno de opinión, el número de entradas, o la cantidad de los comentarios que incluye y la autoridad relativa de los autores que los hacen.
Sin intención de resumir la informal tertulia, dejo igualmente constancia de la inquietud que algunos manifestamos sobre el excesivo tiempo que niños y adolescentes dedican a jugar con máquinas informáticas, y a resolver problemas ficticios y juegos sin relevancia cultural. Docentes de muy variados ámbitos han denunciado la escasa calidad de los conocimientos con la que la mayoría de los jóvenes acceden a la Universidad española.

Sin dejar de apuntar como principales culpables a la debilidad de la Logse, a la baja motivación del profesorado y a la crisis cultural del momento, las preguntas que quedaron en el aire podrían enunciarse así:

¿El gran potencial las redes telemáticas, en lugar de servir para transmitir preferentemente informaciones relevantes y contenidos culturales a los jóvenes, no se está limitando a poner en circulación fundamentalmente contenidos anodinos, e incluso perniciosos para la formación?.

¿Estamos ante una nueva manera de expresar la necesidad de amistad, comunicar, de relacionarse, que los niños y adolescentes estarían sintiendo de distinta manera a sus mayores, y sin que la trascendencia de los contenidos les importe?. Ello equivaldría a reconocer la banalización de la sociedad, la inmediatez de sus principios, y puesto que el homo sapiens informaticus no parece presentar ninguna mutación genética, habría que estar atentos a la evolución de ese desprecio sobrevevenido hacia su cultura e historia.

¿Nos hemos olvidado, en fin, de que, igual que no hace mucho se distinguía claramente entre ingeniero de sistemas e informático, sique siendo más importante tener algo que comunicar que saber cómo comunicarlo urbi et orbe?. Porque parece que lo más relevante no es ya saber quién lo sabe, sino que en un universo de confusión en el que se valora tanto al que sabe bien como al que sabe mal, los contenidos informativos corren el riesgo de ordenarse progresivamente al azar.

Al socaire: Los grandes petroleros y la contaminación de la mar: una visión

En la reunión mensual del Comité de Ingeniería y Desarrollo Sostenible, el ingeniero naval Carlos Álvarez Cánovas hizo una presentación muy interesante acerca de la problemática de los grandes petroleros.

La reunión de los representantes de las ingeníerías españolas tenía caracter interno, y el administrador de este Cuaderno, que figura en el Comité por designación del Consejo Superior de Ingenieros de Minas, no pretende realizar un resumen de la brillante conferencia, ni, por supuesto, atribuirse ideas ajenas.

Pero el interés de lo expuesto le anima, bajo su exclusiva responsabilidad, a expurgar algunas reflexiones acerca de la problemática del transporte de petróleo en grandes buques, que expondré sintéticamente. :

1.       El transporte marítimo es un elemento causante de fuerte contaminación en el medio. Esta se produce por la limpieza incontrolada de sentinas, descarga de lastre contaminado y transporte indeseado de especies, pinturas venenosas en los cascos para prevenir incrustaciones de seres vivos, accidentes, vertidos varios  (desechos de la tripulación y ocupantes, restos de aceites y fueles, pérdidas parciales de carga en la manipulación), etc.

2.       El transporte de petróleo por vía marítima tuvo un punto de inflexión en 1886, con la botadura del Glúckauf, que encalló en Nueva York en 1893 (en la página web: http://www.cetmar.org/DOCUMENTACION/dyp/mareas_negras_catastrofes.htm,

hay una buena relación de catástrofes de petroleros, con otros datos de interés sobre el transporte marítimo). En España, se construyó en 1961 el Bahía Gaditana. (ver un resumen de la historia de AESA en el período en http://www.buques.org/Cadiz/Construcciones/AESA/Construcciones%20AESA.htm).

3.      En 1971 se construye el petrolero Barcelona, con capacidad para 230.000 t,  momento decisivo de una época en la que empezó a apostarse decididamente por el tamaño de los buques petroleros, que se estaban construyendo en todo el mundo con tecnologías constructivas poco probadas y del tipo monocasco.

4.       En 1976 se construyó el Viking, con casi medio km de eslora (458m) y con capacidad para 564.768 t. Necesita puertos de 24,6 m de calado para atracar. Incluso existieron proyectos para construir buques petroleros capaces para 1 millón de t.

5.      La carrera por construir buques cada vez mayores trabajaba con un grave hándicap técnico, y era la inexperiencia en la construcción de grandes buques y de los problemas estructurales que podían presentar. Pero, además, presentan graves dificultades de maniobra: necesidad de puertos especiales (no es posible hablar de puertos refugio para esos grandes buques, más que en zonas muy específicas, de gran calado); inexistencia de remolcadores adecuados para aguantar el buque con vientos, por ejemplo, de 80 km/h).

6.      Los problemas constructivos se evidenciaron en el caso del Barcelona cuando en el 81, inopinadamente, comenzó a hundirse de proa mientras navegaba por el golfo Pérsico. Cuando navegaba con los tanques 1 y 3 llenos de crudo, la presión hidrostática de este líquido parecía que había hecho soltarse el mamparo del fondo y comenzó a entrar agua en el tanque de lastre. La estructura se había calculado y, sobre todo, soldado mal, pero los defectos no resultaron detectables en las inspecciones previas. Un análisis exhaustivo del CENIM vino a demostrar que el mamparo no estaba correctamente soldado y que, por fortuna en la adversidad, un trozo de aproximadamente 1 m2 sí estaba bien soldado al casco, por lo que éste se agrietó y empezó por el agujero a entrar agua de mar, lo que impidió que el buque explotara. La actuación del primer oficial y el maquinista jefe salvaron el buque, que se llevó a encallar y pudo repararse.

7.      Aunque el caso del Prestige alcanzó gran difusión mediática otros desastres fueron más contaminantes. Tal el caso del Castillo de Bellver (300.000 t), el Amoro (230.000, en el canal de La Mancha), Elcano. .. El Exxon Valdez, con 300.000t vertidas en Alaska causó un daño ecológico muy superior a otros desastres. En los 70 y 80 se hundieron o explotaron muchos buques petroleros.

8.      Las técnicas constructivas, como consecuencia de estas experiencias, han evolucionado hacia los principios siguientes:

a.      Aconsejable no superar los 100.000/120.000 t de capacidad

b.      Fabricar los buques con doble casco. Se hace notar, sin embargo, que esta solución no es definitiva respecto al riesgo de contaminación, ya que entre ambos cascos existe una cámara de 1 m de aire (aprox.) que hay que mantener muy limpio de residuos, pues puede formarse una atmósfera explosiva.

c.       Extremar las técnicas de soldadura y control, con parámetros muy restrictivos.

d.      Se ha revisado el diseño general de los buques, para que aguanten los esfuerzos a los que se verán solicitados.

e.      Perseguir y controlar los barcos piratas. En los puertos de USA, por ejemplo, antes de permitir acercarse a puerto, se revisa la documentación y estado del buque por personal especializado.      

9.      Por otra parte, se subraya que el importe del flete es marginal en cuanto al precio del combustible, cuando se consideran todos los componentes del coste sufragado por el consumidor. Por ello, el pretender abaratar esta partida con buques muy grandes se ha revelado como un error conceptual. 

Dibujo: Campesinos con los restos de su Granja

Dibujo: Campesinos con los restos de su Granja

Uno de los miles de apuntes, esquemas pictóricos e ideas para cuadros o dibujos de mayor tamaño que realicé.
Este se titula "Campesinos con los restos de su granja" y es un dibujo a lápiz de 1996 (tamaño bloc de notas)

Tertulias en ALNORTE: Turismo: viajeros, nativos, operadores

Hoy es el Dia Mundial del Turismo. Por eso, deseo trasladar aquí algunos párrafos del Acta de la Tertulia que realizamos en marzo de 2004 sobre el tema. El Acta completa puede leerse en www.alnorte.es (apartado Tertulias)   

1. Orígenes y características del turismo. Turismo clásico y moderno. 

Santos fue el primero en intervenir, para decir que en esta ocasión no iba a citar a Platón (aunque advirtió nuevamente que las citas de este filósofo podrían tener carácter perverso para nuestra época; previamente, en la copa de recepción, con fina ironía, había manifestado que el Acta de las tertulias poseía un señalado carácter virtual, y que a veces le parecía que los tertulianos reales eran habitantes de una cueva que las Actas transformaban en tertulianos ideales). La ausencia de citas de Platón, no nos debería impedir reconocer que los viajes no nacieron por invento del siglo XVIII. La curiosidad por el conocimiento del otro, de lo distinto, es muy antigua. Aparece recogida, por ejemplo, dijo, por Homero, en su Odisea, e ilustrada ampliamente por Herodoto en sus viajes. Los relatos de Herodoto, en el siglo V a.de C. reflejan la admiración por aquellos a quienes sus contemporáneos tenían por bárbaros, poseedores sin embargo de  interesantes culturas (ya fueran etruscos, egipcios, cartagineses, persas, lidios o escitas). Santos citó también a Tácito, en el siglo II-I a. de C., como otro historiador clásico que compagina en sus relatos reflexiones sobre las formas de vida de los enemigos, sus ideas religiosas, etc. En todos estos escritos antiguos se detecta una admiración y un respeto por el otro, incluso aunque se le tuviera por enemigo, que hoy no existe.

 

María Jesús, sin dejar de valorar estas actitudes del viajero clásico, recordó que, en buena parte, esos relatos son recursos literarios, historias inventadas. Ella creía que las raíces y características actuales del turismo son otras, y que no provienen de tan antiguo. En concreto, señaló que la facilidad para viajar y el turismo masificado son las principales características del turismo actual.

 

Curro incorporó una nueva característica al viaje turístico, y fue la condición de que el viaje no surgiera como algo obligatorio para al viajero, sino que se hiciera sin necesidad, eliminando así los viajes realizados por compromisos empresariales, presiones sociales, o necesidades familiares. El turismo para él era un viaje realizado en libertad, por placer, algo querido. No importaba el lugar a donde se fuera, podía ser un viaje a un punto muy cercano, pero el motivo había de ser no impuesto. Angel pretendió que se tuviera en cuenta que si solo se atendía al placer del viaje, podría ser turismo un viaje a Alcobendas para conocer a los futuros suegros, pero se le contestó que el ejemplo no era idóneo para ilustrar un viaje placentero.

 2. Turistas y viajeros. Actitudes frente al viaje. 

Begoña opinó que debería rechazarse que los viajeros de la época clásica hicieran turismo, sobre todo, porque la situación actual, la actitud frente al viaje, es muy diferente, y defendió la diferenciación entre turistas y viajeros. Viajero es quien descubre, está abierto a la admiración, predispuesto a reconocer lo diferente, olvidar las costumbres propias y tiene intención de integrarse en el entorno que visita, aunque sea temporalmente; en tanto que el turista carece de esa apertura, no está predispuesto a entender, dispone de poco tiempo y quiere ver tal vez muchas cosas, pero sin integrarse.

 

Curro defendió la pluralidad y carácter integrador del vocablo turistas. Son turistas tanto los que van a la búsqueda de satisfacciones sexuales inconfesables a Santo Domingo, como aquellos que en el siglo XVIII se deleitaban en un largo recorrido ilustrativo e iniciático por Europa. Los primeros podrán y deberán ser criticados por su pobreza cultural, pero no dejan de ser turistas, ya que se van por placer, exactamente como hacían los insignes intelectuales. Citó a Salvador de Madariaga por su libro “Ingleses, franceses y españoles”, como apoyo de que existen muy diferentes tipos de turistas viajeros. Los franceses, antes de viajar, estudiarían minuciosamente lo que iban a ver en las guías, parta poder comprobar después si lo que veían en destino era o no coincidente, pero hacían tanto turismo como los otros dos grupos de nacionales. Naturalmente, el nivel cultural del viajero dará un carácter diferenciador a cada viaje, pero se trata de un adjetivo calificativo.

 3. Razones para viajar. El Grand Tour. 

El moderador pidió que se profundizara en las actitudes del viajero y que, aún reconociendo lo importante que es caracterizar al viaje turístico como algo no impuesto, no dejáramos de analizar y juzgar las razones del viaje. Rodolfo apoyó esta reflexión, juzgando que era una posición más honesta intelectualmente, porque “si lo mezclamos todo, perderemos finura en el análisis”. No es lo mismo realizar una peregrinación a la Meca, seguir el camino de Santiago, hacer un crucero por el Mediterráneo o introducirse en la selva virgen con un machete. En este sentido, los viajeros del Grand Tour estaban imbuídos de una intención cultural, de un ansia por mejorar sus conocimientos, que los diferenciaba del actual turista de consumo, que va a satisfacer una necesidad individual desprovista prácticamente de cualquier alcance cultural.

 

Aquí, seguramente sin ser necesario, pero para que nadie perdiera el hilo de los argumentos, el moderador hizo una breve reseña del Grand Tour, que definió como el viaje que ciertos aristócratas ingleses (en el siglo XVIII) realizaban por Europa –básicamente con destino Italia-, como parte final de su formación académica, en una gira concertada y planificada entre aristócratas y gente de alto nivel cultural, que les permitía ver y comentar costumbres ajenas, obras de arte, museos, edificios arquitectónicos, y hasta convivir con extranjeros cultos, todo ello con la intención de conocer mejor y de primera mano la cultura extranjera.  

 

Pero en este momento, los contertulios no parecían haber calentado suficientemente motores para hablar de todas las razones del viajero, que serían comentadas más adelante en la tertulia.

 4. Ventajas económicas del turismo. 

Santos tomó nuevamente la palabra para hacer notar que el turismo es un sector generador de mano de obra y riqueza (por ejemplo, el 12% del empleo español), y que la mayor parte de ese turismo nada tiene que ver con el viaje a la búsqueda de baratos placeres sexuales ni con el peregrinaje a las fuentes de la cultura. El modo y la actitud han cambiado en el siglo XXI. Curro insistió que la línea conductora sigue siendo la misma: variará la tecnología del transporte, los puntos de origen y de destino, pero no que el turista viajará siempre por placer. Tampoco estuvo de acuerdo en que se interpretara que los viajeros del siglo XVIII tenían una intención cultural más sana que muchos viajeros de este siglo o de finales del pasado. Como ejemplo, citó los viajes a ciudades y poblados del altiplano peruano, o la de grupos de observadores ecológicos para estudiar la evolución del buitre leonado, que le parecían con idéntica actitud exploratoria que la de los caballeros ingleses en período de formación.

Rodolfo, en este punto, declinó darle demasiada importancia a la distinción entre turista y viajero, ya que una misma persona puede ser las dos cosas, dependiendo de la actitud o circunstancias. Advirtió que quien hace un viaje en solitario no es por ello más viajero. La industria turística actual, expresó, da a todo el mundo extraordinarias posibilidades de convertirse en viajero, realizando algo que por sus propios medios no podría hacer, confeccionando su propio viaje con la agencia turística. Otra cosa es que lo quiere hacer, ya que, como reforzó Angel, nadie querrá exponerse a ser mordido por una Anaconda o comido por un caimán ni caer enfermo de fiebre amarilla por no haberse vacunado, en la búsqueda de un viaje “puro”. Por tanto, no se reduce todo, en su opinión, a hacer alabanza del siglo XVIII y menosprecio del turismo actual. Rodolfo confesó haber visitado recientemente Benidorm, y juzgó la experiencia “interesantísima”. Pero, aclaró, no por sus valores turísticos, si no, por lo que le había aportado como viajero. A la vista de aquellas moles de cemento, de aquél canibalismo del paisaje, se había preguntado porqué las cosas habían evolucionado así, y encontró esa reflexión muy ilustrativa.  

5. La versión del nativo. El turista depredador. El turista creador de riqueza. 

El moderador pidió a los compañeros de tertulia que, abandonando momentáneamente la visión del viajero, nos trasladáramos a comentar la perspectiva del nativo: “de aquél que ve afectada su intimidad, su entorno vital, por gentes que le preguntan por la iglesia, dónde se come bien que no esté en las guías, si hay cerca un alojamiento cerca o una casa de citas, etc”.

 

Para la mayoría de los contertulios que se expresaron en este punto, el turismo aporta puestos de trabajo y dinero a la colectividad. Bien es cierto que, dependiendo de la educación del turista, dejará residuos, deterioro ambiental, malestar. El turismo tiene para el receptor, aspectos negativos y positivos, pero serían más importantes los segundos.

 

Enrique defendió ya en este momento de la reunión, el concepto de turismo sostenible, sobre todo como una solución para América Latina. Es cierto, dijo, que en las reservas no se permite ni tocar un árbol, pero hay mucha gente que está dispuesta a viajar para conocer zonas poco afectadas por el desarrollo del hombre, y ello proporciona recursos a los países pobres, que de otra forma no obtendrían.

 

María Jesús no cree que la solución al tema del desarrollo turístico sea cosa sencilla. El turismo de masas destruye, consume y deteriora. Puso el ejemplo de las Islas Baleares que inicialmente se enfocó hacia una oferta indiscriminada y que, una vez que se fue consciente del deterioro que producía la masificación, ahora se pretende hacer evolucionar a un turismo de calidad, cobrando hasta una tasa turística, pero el deterioro ya es en muchos puntos irreversible (por ejemplo, en San Antonio, Ibiza)

 

Para Enrique, ello es un ejemplo más de que las leyes van siempre detrás de las necesidades. En Benidorm o en San Antonio, como en otros lugares, unos especuladores se han hecho con suelo barato, y lanzado una oferta de sol y playa para turistas incultos y de pocos recursos, lo que provocó el deterioro del paisaje natural. Maria no estuvo de acuerdo, sin embargo, en atribuir a la gente sin cultura, sin más, el deterioro del paisaje. Recordó que la Antártica o el Himalaya tienen miles de toneladas de basura, abandonada por expediciones científicas, montañeros de élite, o viajeros de alto nivel cultural o económico. 

 6. Turismo sostenible y aportación cultural al nativo. Visión colectiva. 

Carmen entendía como muy positivo que las cosas estén cambiando y que se esté planteando la crítica al turismo de consumo y se vuelva a plantear un turismo sostenible, en el que el viajero no causa daño al entorno, pero disfruta.

  Angel, bajándose de su pedestal de moderador, dijo que no creía que ningún turismo fuera sostenible, de la misma manera en que no creía en un desarrollo perfectamente sostenible. Lo que estaba en cuestión era el trozo de naturaleza que se estaba dispuesto a sacrificar a cambio de dinero, y, también, quién sería el destinatario de esa compensación. Pero, entendiendo que quedaban argumentos por poner en evidencia, pidió que se continuara analizando la influencia del turismo para los nativos. 

Santiago subrayó como una aportación nada desdeñable el intercambio cultural, e, incluso, la aportación ideológica del turista al nativo. Puso como ejemplo la influencia que tuvo sobre una España retrasada y aislada el turismo de los años 70, en la que los nórdicos aportaron, no solamente dinero, sino cambio y apertura cultural, con nuevas formas de vestir e incluso de pensar. Catalogó este fenómeno de muy positivo, como lo está siendo en la actualidad para muchos países cuyos nativos no pueden permitirse aún viajar. La actitud del país receptor es muy importante, dijo, influyendo en la sociología y en la política. Por ejemplo, no le parecía –considerando el conjunto de los países árabes- que se pudiera comparar la situación para Egipto, que recibe masivamente turistas, con la del Yemen, todavía desconocido. Y terminó esta intervención defendiendo una visión colectiva, no individual, del fenómeno turístico. 

Begoña no se  mostró del todo convencida del valor de esa aportación cultural. Quienes viajan a los países más pobres, con menores infraestructuras, son los más ricos, que no tiene por qué coincidir con los intelectualmente mejor preparados. Por supuesto que el viaje en esta época no supone para el viajero lo mismo que en el siglo XVIII, y no le parece que la actitud del turista sea, en general, la de alguien que está preocupado por captar la cultura del nativo, ni tampoco ofrecer a cambio la suya. Postura real que, sin embargo, le parece debe corregirse. Habría que aprovechar el viaje no solo para conocer sitios nuevos, sino otros interlocutores. Ese es el turismo que hay que fomentar, y, además, debería de mantenerse esta curiosidad durante toda la vida, no solamente en ciertos períodos.

 7. Turismo a medida de la persona. 

Javier O. ofreció una variante de la aportación turística, haciendo ver que cada persona demanda un turismo diferente, y que la oferta es por ello, correspondientemente diversa. Se puede defender un turismo de alto contenido cultural, que aporte a los pueblos receptores la visión de otras formas de ver el mundo, junto a un turismo de masas, de simple evasión para el turista y sin necesidad de que este aporte otra cosa diferente de la contraprestación económica por el servicio.

 María Jesús opina que debe tenerse cuidado en no vulgarizar la cuestión de la aportación cultural del que viaja, ya que le parece muy respetable la cultura del nativo, que puede quedar destruída ante costumbres y modos impuestos por el desarrollo.  

María G., al margen de que existan puntuales intercambios culturales, cree que esta es una cuestión subsidiaria. Ve difícil disociar en la actualidad turismo y aventura: el viajero busca cosas que le sorprendan, algo que no tiene en su lugar de origen, y la carrera por lo insólito es cada vez más frenética y difícil.

 8. Impacto del turismo. Turismo de naturaleza. 

Eloy quiso referirse al impacto sobre la naturaleza de los países visitados por el fenómeno turístico. En la actualidad, vivimos la obsesión por presentar ciertos elementos de los países destino turístico como algo intocable, p. ej., referido a los ámbitos cultural, ambiental, monumental, etc. Parecemos dispuestos a reconocer que cuanto más genuinamente se conserva algo, más valor turístico posee, y que si se homogeneiza perdería su atractivo. El Tíbet, o el glaciar Perito Moreno, puso por caso, se han convertido en objetivo turístico deseado por la masa turística, porque son únicos. Según Eloy, se conecta la actitud de estos viajeros singulares con la que poseía Herodoto, muy posiblemente, pero como actualmente hay tantos, los destinos acaban inexorablemente perdiendo su valor singular y se deteriorará la inquietud tanto como el paisaje. Los viajeros van buscando siempre nuevos lugares (serán lugares recónditos de Africa, será el Machu Pichu, lo que sea), y se descubrirá al visitante el interior más recóndito de las selvas, como respuesta a ese deseo de conocerlo todo, del que habla, citó,  Manu Leguineche (autor, junto a María Antonia Velasco de un “Viaje prodigioso” sobre las cruzadas y que publicó más de 30 libros de viajes, guerras y conocimientos de viajero). (v. Nota 1) 

José María se refirió a la actitud del viajero poco o mal informado, con expectativas equivocadas, y que, una vez que ha llegado al sitio deseado, se pregunta: “¿Para esto he venido?”Cree que el turismo a gran escala puede y debe, sin embargo, aprovecharse como fuente de conocimiento, pero bajo nuevas coordenadas. Defiende algo que –dijo- “resulta antiguo entre ingleses, pero nuevo para españoles”: el turismo de Naturaleza. Para algunas agencias de viaje inglesas, el objetivo fundamental no es viajar, sino descubrir: por ejemplo, viajar a hábitats de aves o animales salvajes.   José María se refirió a su experiencia personal en la recuperación de la Cuenca de Cameros (La Rioja), delta que fue habitado por dinosaurios, y al Centro Paleontológico de Enciso –antigua fábrica de alpargatas- en donde hay reproducciones de dinosaurios, maquetas, paneles, fotografías, fósiles y una sala de audiovisuales. Citó “el descubrimiento del paraíso de Doñana por Chapman y Buck a finales del s. XIX, hoy casi destruído por Boliden”. Habló de sus experiencias en la OI del Turismo como representante de España junto a Iberia –en su caso, como promotor de una Fundación en defensa de la naturaleza, Iberia como agencia de viajes turísticos-. En una apretada visión de su propia experiencia, se refirió también a que el turismo cinegético “dejaba entonces 300.000 Mill Ptas” (hoy, en todo caso, se calcula que un turista cinegético deja en promedio 2.000 dólares por estancia de diez días en su lugar de destino). 

Santos cree que el problema serio del turismo de naturaleza es su influencia en los ecosistemas, y la terrible sensibilidad que tiene ese disfrute en cuanto al número de participantes: “36 turistas de naturaleza no causan daño, pero la incorporación del 37 provoca un daño irreversible”. Esta intervención llevó a analizar las alternativas conocidas, con varias referencias, desde el duplicado de las Cuevas de Altamira al de Disneylandia o Fort Aventura, y otros escenarios o réplicas seudo-naturales para evitar el daño al entorno real de una masa de turistas. “Pero, en fin”, dijo Santos, “poco turismo cinegético se puede hacer con solo 2000 ejemplares de cabra hispánica”, en las Sierra Madrona y Sierra Quintana (Ciudad Real - Jaén).

 

Jose Maria concretó más su propuesta de crear Centros de Naturaleza, presentando los que su Fundación ha creado, en el Escorial, y Doñana (entre otros), en donde se pueden encontrar animales en estado semisalvaje, libros y documentos ambientales, y que reciben unas 40.000 visitas anuales. El modelo de gestión es idéntico, dijo: la representación del ecosistema natural próximo, en un recinto en donde viven animales que han sido recogidos heridos o donados, preservando y protegiendo a los verdaderos animales salvajes que, de otra forma, acabarían perdiendo el miedo al hombre, y serían fácil presa de furtivos. Centros en los que, sobre todo, los niños y adolescentes, puedan ver y familiarizarse con el comportamiento de especies naturales, algunas amenazadas. José María dijo estar de acuerdo en que existen variadas categorías de turismo (rural, de naturaleza, cultural, sexual), y que todos pueden coexistir, pero en defensa del turismo de naturaleza, subrayó que es el que mejor valoriza el entorno. Comentó que, el valor de una especie silvestre tiene tres componentes: ver y oir cantar a un ave silvestre, pueden ser valorados simbólicamente en 50 Ptas; cazarla, en 20.000 Ptas, y de ahí puede deducirse la mayor entidad del turismo cinegético respecto al de turismo de naturaleza convencional como fuente de recursos inmediatos.

 

Angel, que alabó la iniciativa de los Centros de Naturaleza, y que dijo conocer personalmente, expuso sus dudas sobre su generalización. Expresó, por lo demás,  la opinión de que a la opción de matar cualquier especie de animal salvaje no se podía poner precio. El turismo de naturaleza salvaje debe limitar drásticamente el número de quienes pueden disfrutarlo, y, en el caso del turismo cinegético, era partidario de eliminar la opción de matar al animal salvaje, salvo en concretos casos de sobrepoblación.

 Santos expresó también su inquietud respecto a la difícil determinación de la carga cinegética adecuada o de la presión de observación que puede soportar una especie salvaje e ironizó respecto a los duplicados del mundo real.  Se refirió al argumento del libro de Julian Barnes (“Inglaterra, Inglaterra”), en el que se recrea la ficción de un magnate que construye un parque temático en la isla de Wight, en la que se reproducen todos los hitos geográficos e históricos de la "verdadera" Inglaterra (desde el Cambio de Guardia hasta los autobuses de dos pisos) sin ninguno de los inconvenientes de la Inglaterra de verdad. En la novela, hasta la Familia Real se traslada a vivir a la isla, que es rebautizada como "Inglaterra, Inglaterra", y que se independiza de la de verdad. Corremos el riesgo con esta obsesión por duplicar los modelos reales que ya no sepamos cuál es la realidad. “Estamos consumiendo sucedáneos como turismo cultural o natural”, dijo Santos.  

José María Blanc volvió a insistir en que, críticas aparte, no se trata de proponer un turismo de élite, puesto que cada año aproximadamente 4 Mill de ingleses se desplazan dentro de Inglaterra para ver pájaros en libertad, y que “si las expectativas son allí de ver solo 15 especies al día, cabe imaginar qué posibilidades tiene España en donde se puede llegar a atisbar 180 especies diferentes”. Sin embargo, convino en la necesidad de ordenar todo ese flujo de visitantes para no perturbar a las especies en su intimidad.

 
9. El nativo como actor ante el viajero. Las condiciones sociológicas. 

Carmen puso su acento de que lo que es aplicable a los animales, lo es con mayor medida respecto al hombre. Debemos tener aún mayor consideración hacia, puso como ejemplo, los indígenas de Asia o América, porque el turismo de masas destroza los lugares que visita, que son sus hábitats. Animados por la reflexión, algunos contertulios recordaron momentos de sus viajes, en los que las representaciones “naturales” del folclor o de los métodos de vida, eran simplemente representaciones de los nativos, convertidos en actores.

 

Eloy  trajo a colación la creciente sofistificación en la ordenación del territorio, que afecta al turismo, a los hábitats, y a su concepción. Cabe preguntarse, dijo, porqué nos interesa más oir a los pájaros que preocuparnos por el bienestar de los nativos. No solamente el turismo se ha masificado, sino que ha aumentado la falta de preparación media de los viajeros, que no tienen tiempo para entender, ni ganas para conocer en profundidad, ni suficiente formación.

 

Ramiro expresó que encontraba en el desarrollo del turismo dos factores que actuaban simultáneamente: por una parte, el relacionado con la evolución de las sociedades, tanto promotoras como receptoras del turismo, y por otra, el relacionado con la sensibilidad de las personas, para la captación de los niveles culturales de cada país. Según el nivel cultural de receptores y viajeros, el turismo es distinto. En España, los niveles son aún bajos. Pero la esencia de cualquier turismo, recordó, es huir de la propia realidad, relajarse de la dureza de las condiciones de vida y trabajo habituales y no hay que perder de vista las estadísticas: un 10 a 12 por ciento de los españoles no se han movido de su lugar de residencia. Para los que viajan, no se trata solo de conocer entornos nuevos, sino de hallar otros interlocutores, en otras colectividades, y ese es el turismo que hay que desarrollar, teniendo en cuenta las condiciones sociológicas.

 10. Diferencias entre lugares receptores de turistas. Turismo de masas y de élite. Turismo por internet. Ejemplos de creación de destinos turísticos. 

Ramiro pretendió también establecer una diferencia entre los lugares receptores que disponen de sitios más genuinos y primitivos, los cuales están presentes prácticamente solo en países pocos desarrollados, y que son los que aún protegen poco su entorno; y aquellas colectividades con un nivel de desarrollo mayor, que saben proteger sus cualidades de atractivo turístico, pero que ya no tienen una naturaleza tan agreste. Citó como contrapunto el caso español de Soria (su patria chica), que dispone de uno de los mejores ecosistemas españoles, producto en buena parte de la marginación secular de los gobiernos, que no dispone de autopistas ni grandes industrias. “Hay que conseguir un equilibro entre los que van y los que los reciben, y desarrollar una sensibilidad individual que permita respetar la imagen y la realidad de los receptores”. El desarrollo tecnológico, en fin, no deberá sacrificar esa situación, sino mejorarla.

 

Enrique entendió que no estábamos concediendo suficiente atención al turismo de masas, y que no podíamos dejar de lado el factor económico del turismo, que era tan importante para los países, especialmente para los países en desarrollo. Otras intervenciones pusieron de manifiesto que los dos grandes focos turísticos del mundo (Paris y Nueva Yrork) no tenían que ver con valores paisajísticos naturales, sino con el comercio, aunque la creación de una infraestructura de esta entidad exige también importantes recursos y una industria manufacturera de soporte.

Carmen quiso volver al análisis del intercambio cultural, convertido en factor de cambio social, como un elemento determinante que había que potenciar en el turismo moderno. Dijo que hoy también se podía hacer turismo por internet, visitando ciudades, monumentos o museos, y se preguntó si hubiera sido posible “la globalización de la que todo el mundo habla ahora, sin el turismo generalizado, incluído el turismo informático”. El turismo supone también una apertura del espíritu, y el desarrollo alcanzado por los medios de información está en la base de la globalización y es uno de los elementos del desarrollo capitalista. Como ejemplo de las diferentes actitudes que pueden darse en una zona, puso a Chile como ejemplo de la apertura, por razones capitalistas, a la influencia de otros países, incluído el sector turístico.

 

Begoña trajo un ejemplo diferente, contraponiendo el modelo de Costa Rica, como defensa de la posibilidad de potenciar los propios valores culturales y de naturaleza con una perspectiva económica, pero sin causar daños. Este país, dijo, constituye un modelo muy interesante de turismo sostenible. Sus Parques naturales protegidos son un ejemplo de turismo de naturaleza, “y desde Estados Unidos vienen miles de turistas en viajes de sólo dos días dispuestos a pagar lo que sea por ver un quetzal”. Rodolfo puso el punto nostálgico de que debería promocionarse algo así en Asturias para ver un urogallo, aunque inmediatamente matizó que haría falta disponer de muchos más días para encontrar uno y pagar mucho más dinero del imaginable.

 

José María se refirió también a su experiencia en la recuperación de la transhumancia (que ya había comentado en la reunión relativa a la arquitectura sostenible), que reconstruye el itinerario de las ovejas con las Mestas desde Riaño a Extremadura, y que mueve a muchos curiosos e interesados. Defendió la reconstrucción de viejas tradiciones, con la repetición hasta de los gestos históricos (por ejemplo, la entrega de 100 maravedíes en nombre de la Mesta). No dejó de señalar las paradojas en los comportamientos, citando que había conocido a un matrimonio (él, notario de Barcelona), que se confesó encantado con la experiencia, que dijo repetir cada año, por su pureza. Cuando les preguntó en dónde residían, le contestaron que “En el hotel Villamagna”.

 11. El mercado como regulador. Falsificaciones turísticas.  

Santos retomó la cuestión de la falsificación de los valores culturales destinada al turista, y abogó por “soluciones diplomáticas” (no se refería, claro está, a la intervención de los embajadores, sino a un compromiso entre lo genuino y lo falsificado). La visión de la película Memorias de Africa había creado en muchas personas la ilusión por conocer este continente. Cuando él, acompañando a un grupo familiar, pasó unos días en Burkina Fasso, las experiencias inéditas y asombrosas que les ofrecía el guía se acabaron evidenciando como puras falsificaciones. Los nativos se disfrazaban “solo para Vd.”. Pocas cosas hay auténticas y la mayor parte de lo que se ofrece está destinado al turista paleto. Referido a nuestro país, la España de hoy no es la Prospero Merimée en sus “Viajes a España” del siglo XIX. Casi todo el encanto espontáneo y natural está arrasado o perdido. Tenemos que asumir, en fin, que las perdices que nos quedan son las de granja, aunque las matarán con perdigones para crear la sensación de autenticidad.

 

Ya lanzados, los contertulios se contaron otras experiencias de falsedad. Enrique y Mechela refirieron algunos detalles de su reciente viaje a  Egipto, que habían realizado justo la semana anterior. Desde Asuan les trasladaron a las localidades de origen del pueblo nubio, y en una escuela local, un grupo de nativos los cantó y bailó el Aserejé.

 

Rodolfo, que se refirió a sí mismo como “frustrado antropólogo”, contó sobre la adulteración de las costumbres para los otros, que, cuando visitaba una Universidad en los Estados Unidos, vió un poster en el que un grupo de aborígenes, reunidos en su cabaña, bien provista de vídeos, televisiones y otros avances tecnológicos, se apresuraban a esconder todos aquellos frutos del progreso al grito de “¡Que viene el antropólogo!”.

 

Curro quiso desdramatizar. “Asumamos que hay pocas cosas genuinamente naturales, primitivas”, y que hasta en el Corral de La Morería se baila un flamenco adulterado para turistas. Los valores económicos en un mundo capitalista mandan, y “como empresarios y gente culta, ninguno de nosotros puede ignorar los elementos de los que se compone” nuestra sociedad. Es el mercado quien fija el valor de las cosas y los bienes. Si “matar una cabra hispánica está valorado en 1,2 Mill ptas será porque ese es el punto de equilibrio” entre lo que alguien está dispuesto a pagar y lo que la sociedad desea recibir.

 

No estuvo todo el mundo de acuerdo en que el mercado fuera el mecanismo para fijar el precio al consumo de la naturaleza, aunque fuera el de una naturaleza bastante adulterada. La mayoría fue especialmente crítica, pero también se reconoció que resolver la cuestión no era fácil, y menos desde la posición de los ciudadanos de los países más ricos,  porque negar valores económicos al consumo de naturaleza, significaba impedir la afluencia de recursos a zonas necesitadas, que carecían de otras formas de activar sus economías.

 12. La factura turística. El momento “después del viaje”. Cifras del mercado turístico. 

Maria G. aportó el análisis del coste de la factura de los viajes turísticos. Cuando se habla de los recursos que el turismo canaliza hacia los países pobres, generalmente, se oculta la verdad.  La mayor parte de los viajeros solo gastan en el avión, el hotel y en comida basura, y dejan muy poco en manos de los nativos. La mayor parte se queda en  los tour operadores, que suelen ser extranjeros al país visitado. También se refirió a que los viajeros buscan la evasión, y las agencias locales deberían preocuparse más en de dar contenidos de aventura al viaje, experiencias que se pudieran contar por el viajero al volver a sus hogares. Santiago incidió también en el “momento después del viaje”, para poner de manifiesto que la mayor parte de los turistas disfrutan, no ya en el viaje mismo, sino después, contando sus aventuras, reales o inventadas. Enrique recordó el chascarrillo de que los argentinos no solo disfrutan por estar de vacaciones, sino sobre todo, porque los demás se piensen que han estado.

 

Se manejaron algunas cifras. Si bien la mayoría de los turistas provienen de estratos sociales de bajo nivel económico, el sector mueve en España de 50 a 60.000 Mill de dólares y mantiene 200.000 empleos directos. España es el tercer receptor mundial de turistas después de Estados Unidos y Francia.  También aumentan los turistas españoles que viajan al extranjero, dando mayor peso al sector en el intercambio de divisas. Con todo, aún se viaja poco relativamente. Se recordó que Bush solo había salido a Mexico antes de ser presidente de EEUU, y que la mitad de la población de los Estados Unidos no ha salido nunca del país, y no por falta de medios, sino del interés. La situación se presentó como diferente en Europa, en donde la curiosidad por los otros es un valor cultural, y en ese contexto hay que situar el retraso español, y tener en cuenta que el 10% de los españoles nunca han salido de su pueblo, y  muchos de nuestros conciudadanos no conocen el mar. Como destino turístico y ahora como viajeros, el turismo afecta y ha afectado a España profundamente.

 13. El turismo como búsqueda del yo 

El viaje turístico mantiene, dijo Rodolfo, una forma idealizada, como concepción de “viaje para conocer la naturaleza, combinando los grandes ideales del hombre”. En realidad, ya no es así: hay pocas cosas que la mayoría de la gente quiere compartir con el viajero. El motor del turismo sigue siendo el deseo de viajar, pero su significado ha cambiado. Aunque todavía, al que puede y no viaja, lo seguimos considerando como “un tío raro y antipático”, el número de los que no sienten esa necesidad de desplazarse crece. ¿Qué significado tiene hoy la pasión por el viaje?, se preguntó. Rodolfo se contestó diciendo que el sentido es el buscarnos a nosotros mismos, la prospección simulada al interior del propio yo. En realidad, todo lo que queremos ver ya lo hemos visto en la televisión, nuestra mirada está condicionada por lo que ya se nos ha presentado mientras estábamos sentados en un sillón cómodamente.

 

María Jesús reforzó esa imagen, con un matiz: viajar es buscarse a uno mismo, y a la vuelta de un viaje bien realizado, nos sentiremos mejores.  Pero no quiso quedarse en esa dignificación del viaje por sí mismo. En realidad, no nos estaríamos buscando, sino que con el viaje estamos huyendo de nosotros mismos.

 14. Experiencias modernas de recreación turística. La recuperación de los parajes naturales por el Estado. 

El moderador advirtió de que el tiempo previsto para la tertulia se acababa, y le parecía interesante que tratáramos más intensamente, la cuestión del turismo como generador de recursos económicos, la forma de creación de actividades turísticas y la influencia de los operadores. Recordó que el Camino de Santiago había sido una gran invención turística, y que una vez consolidado como fenómeno viajero, habían surgido rutas alternativas que rivalizaban por el flujo de peregrinos.

 

Santos descendió a la anécdota, y confesándose maragato, se refirió a la degradación del peregrinaje a Santiago, romería que se ha visto afectada por los cambios en el transporte y en el gesto de los viajeros, que despobló, entre otros, su comarca. Por ello, le parece significativo que en Rabanal del Camino, tres monjes procedentes de Silos (ahora afiliados a los Santos Otilianos de Alemania), antiguos peregrinos,  hayan abierto una sucursal en el 200 , recuperando una ermita al lado del refugio Gaucelmo y se dediquen a ganarse la vida cantando gregoriano a los peregrinos, aprovechando a lo que parece el impulso del gusto por el canto religioso puro. Para subrayar lo flexible de las costumbres, contó también que en su pueblo, que tenía por tradición tocar con estruendo tambor y flauta durante la consagración en la misa patronal, se estuvo a punto de un cisma cuando las autoridades eclesiásticas pensaron en prohibir esa costumbre poco respetuosa con el recogimiento de un momento tan místico, llevando a una transacción: se deja de tocar solo cuando el sacerdote levanta la Hostia.

 

Curro defendió nuevamente al empresario turístico. Los empresarios no crean el mercado: la ley mercantil, inexorablemente, provoca que quien intente vender falsedades, fracasará. Las falsificaciones, serán sancionadas por el mercado. Para él, era necesario estimular a empresarios capaces de montar nuevos negocios turísticos atractivos para las necesidades de los nuevos turistas, y que permitan que los países puedan seguir desarrollándose y dotarse de las estructuras necesarias. Enrique expresó sus dudas respecto al papel regulador del mercado, influído por factores como los medios de información, muy poderosos. Rebeca apuntó hacia la necesidad de una reglamentación y control eficientes, y, volviendo la vista hacia el mercado interior, dijo que la riqueza turística natural de países como España era aún muy grande, y que se demuestra así que el desarrollo turístico no lo devora todo, pero, desde luego, había que elevar la categoría de los operadores, y obligarles a que sus actuaciones fueran comprensivas con el hábitat y las necesidades de los nativos, respetuosas con el medio ambiente, y, además, satisfacieran el impulso de viajar del turista.

 

Para Eloy, no puede extrapolarse, sin más, la experiencia de un país a otro. El mercado tiene sus razones, variables, pero si en cada momento se identifican bien las necesidades siempre se encontrará quien las satisfaga. Lo que debe lograrse es priorizar las preferencias, debatirlas, y actuar en consecuencia. Frecuentemente, por ejemplo, los llamados compromisos medioambientales no son más que una disculpa para conseguir mayores márgenes o nuevos ingresos por parte de los que controlan el mercado.

 

Santos dijo que, en esa búsqueda de fórmulas, había un punto en que no se debería transigir. La sostenibilidad es un principio irrenunciable, y debería figurar en el frontispicio de toda promoción turística. Ser respetuoso con el comportamiento del mercado no puede significar trasladar los deterioros y los problemas de la iniciativa privada al sector público y en absoluto, tolerar que el turismo siga siendo depredador de los valores naturales y patrimoniales de la colectividad. Poniendo de manifiesto que Inglaterra es también paradigma de otro turismo no naturalista y nada respetuoso, dijo que había que, por ejemplo, se deberá penalizar el turismo de los hooligans, de todos los depredadores. La ganancia de los operadores extranjeros no interesa en absoluto al país receptor. Negó que el mercado tuviera un valor por sí mismo, y, declarándose partidario de la propiedad privada, abogó por entenderla como un instrumento de la gestión.

 

Angel, en este punto,  se refirió al fracaso de la iniciativa pública en la gestión de buena parte de los bienes naturales expropiados con el objetivo de “devolverlos al público disfrute”, y manifestó que el argumento de poner en manos del uso general zonas de valor ecológico que han sido conservadas hasta los tiempos actuales por aristócratas o capitalistas, no ha de significar su deterioro final, y que hay que mantener una baja presión y un control sobre esas áreas sensibles.

 15. El Real Madrid, la promoción y más sobre sicología de viajeros. 

Sin que este redactor del Acta sepa muy bien las razones, en ese momento se habló del Real Madrid, y de la imagen del club como publicidad turística. Alguien alabó a Florentino Pérez en su incesante actividad de alimentar la imagen de marca del Madrid, utilizando hoy a Beckhan, y mañana a quien haga falta. Rodolfo, implacable, dijo que el Real Madrid era la típica empresa que externaliza una buena parte de sus costes, que son pagados por todos: utilización de espacio ciudadano, publicidad gratuita en los medios públicos y privados, deterioro del medio, contaminación, etc). José María puso de manifiesto que en torno al Real Madrid se mueven 125 Millones de seguidores, que tienen una amplia versatilidad: pueden ser seguidores de flamenco, amantes de la música o de la danza, y también ambientalistas. El Re-alma-madrid tiene, dijo,  muchas opciones.

 Ramiro vino a decir que la respuesta del viajero a la oferta del viaje será la propia del carácter individual de la persona. Habrá turistas nerviosos, sentimentales, coléricos, apasionados o apáticos, por ejemplo. Pero, además, la respuesta será distinta en función de su nivel cultural, económico y también del tipo de sociedad en la que se encuentre cada individuo.  Estados Unidos, en su opinión, no presenta altas cifras relativas de turismo exterior porque en el interior los turistas disponen ya de todo lo que la mayoría de los viajeros pueden desear, independientemente de que, además,  el nivel cultural medio real sea bajo. Como ya habíamos detectado, el trasfondo sociológico de la comunidad de donde parte el viajero es determinante para fijar su sensibilidad, unida a su voluntad de escaparse del ritmo del día ya día y el deseo de encontrarse a sí mismo, huyendo de la rutina. Es en este contexto en donde hay que valorar el proyecto turístico, y distinguir que habrá personas que no serán capaces de planificar de forma autónoma su viaje, y otras que se negarán a participar en un viaje predefinido por un tour-operador. 

16. Conocer a otros. La vida como viaje. 

Javier O. hizo observar que de los viajes se nos quedan en el recuerdo, con más intensidad que los lugares visitados, las personas que hemos conocido. Y esto es, dijo, porque lo que busca el viajero, la persona, es conocer a otras personas. Ese conocimiento es el que señala el verdadero éxito de todo viaje turístico, y es lo que no se puede ver en la televisión, ni deducir de los libros. 

Angel, dado que ya se habían consumido las dos horas, antes de dar por terminada la reunión, quiso indicar que no nos habíamos referido a viaje individualmente inevitable, personal e íntimo,  que la literatura había definido eufemísticamente como “el último viaje”, y que algunos escritores (Goethe, Dante), habían presentado, con variados ropajes, como un viaje compensatorio, complementario de lo que, en vida, se habría podido descubrir, y que era un viaje a las profundidades del alma humana que se producía con la muerte. La vida se presentaría así, toda ella, como un gran viaje, un conjunto de muchos viajes. Brindó esa reflexión como punto final. El comentario pareció demasiado filosófico a algunos de los reunidos. Como ya habían traído el cava con el que se brindó, se levantaron las copas augurando un buen futuro al restaurante, a las tertulias, y a la amistad del grupo.