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El blog de Angel Arias

Linkweak, el antihéroe: Más tiras

Para los amigos de Linkweak, he incluído algunas tiras más (20) de la vida imaginada de nuestro antihéroe.

Disfrutad con sus desventuras, sádicos.

http://alnorte.es/linkweak.php

 

Al socaire: Clases de inmigrantes y política inmigratoria

La cuestión de la inmigración viene preocupando de manera especial en España desde que los negros subsaharianos se han movilizado hacia el norte. La administración ha reforzado las empalizadas de Ceuta y Melilla, haciendo los muros más altos, más electrizados y de puntas más agudas, pero la persistente fuerza atractiva del Eldorado europeo rompe murallas y descubre agujeros. Compitiendo con los cruceros por el Mediterráneo para adinerados, el Africa profunda parece haber puesto de moda el viaje en cayucos hacia las Canarias.

El 12 de septiembre los dos partidos mayoritarios de España se han puesto de acuerdo en no realizar más regularizaciones extraordinarias de inmigrantes. No hay puestos de trabajo para más. En los últimos 20 años se autorizaron permisos de residencia y trabajo para 1,2 millones de personas que habían entrado de forma irregular. Se estima que otros tantos se mantienen sin papeles, ocultos en la maraña de la economía sumergida, el descontrol administrativo, la marginación, el chabolismo, la ignorancia. 

Las asociaciones de empresarios mayoritarias y algunos sindicatos de izquierda también coinciden en sus valoraciones, pero en dirección contraria a lo que se deduce de las declaraciones políticas: este país necesita mano de obra de baja cualificación, y hay aún puestos de trabajo que no se pueden cubrir con la fuerza laboral existente. Se citan incluso sectores concretos: construcción, restauración, servicio doméstico.

Como empresario, coincido con quienes digan que hay puestos de trabajo que no se pueden cubrir, porque no aparecen candidatos. Esta sociedad occidental ha generado un espíritu de dejación, de comodidad, de holgazanería, que ha llevado a un sector de la población a preferir vivir del cuento, o de la seguridad social, o de los padres, o a consumir lo que tienen sin preocuparse de generar nada. Este lamentable éxito de la continua propaganda del carpe diem y del todo para mí y que se fastidien los demás, ha generado, sin duda, multitud de huecos en el mundo del trabajo. Todos queremos ser rentistas.

Supongo que no serán pocos los empresarios y trabajadores que podrán confirmar que crece el número de asalariados que, con la connivencia de una medicina asistencial permisiva, piden bajas alegando padecer enfermedades imaginarias, consumen buena parte de su tiempo de trabajo charlando sobre temas particulares o intrascendentes, se niegan a realizar tareas que reclamen algunos esfuerzos o a salirse lo más mínimo de lo que interpretan es su exacto cometido, emponzoñan el ambiente laboral con críticas al sistema y al empresario sin fundamento cabal, y, finalmente, fuerzan o pretenden pactar el despido tan pronto como se creen con derecho al paro.

Supongo también que los mismos colectivos podrán confirmar que, si bien entre los trabajadores venidos de países menos desarrollados, y, en particular, de Latinoamérica, son muchos los que se comprometen con sus trabajos y empresas, cumpliendo sus obligaciones y agradeciendo la oferta laboral y el encaje social del país de acogida, hay algunos que se aprovechan con desfachatez de las fisuras de un sistema inconsistente, apurando las prestaciones sociales, utilizando las vías, legales o ilegales, legítimas o no, que les ofrece una creciente estructura especializada en crear barullo, generada en torno a la inmigración, en la que se encuentran asentados tanto abogados como falsos letrados, médicos y falsos médicos, explotadores, mafiosos, y delincuentes varios. No serán muchos, pero son.

A mí me caen simpáticos los que vienen en cayucos. Son los que han desencadenado la pretendida solución al problema de la inmigración, porque se les ha visto mucho: llegan en sus lanchas, en grupos de cincuenta o cien, exhaustos, tan sin papeles que ni siquiera se puede saber de dónde vienen y, por ello, no se puede expatriarlos. Dicen que son unos 5.000 los que han llegado en los últimos 2 meses. Serán unos 10.000 los que andan distribuídos por todo el territorio español, ocupando un espacio en la acera, mendigando con indiscutible dignidad mientras pretenden ayudarte a aparcar el coche.

Por supuesto, creo que la emigración no es más que la búsqueda de una vía de compensación socio-económica que los más osados han pretendido desde que el mundo es mundo. La perspectiva de mejorar, ha atraído siempre a los pobres hacia el terreno donde se mueven los ricos. Las barreras físicas, por sí solas, ya no funcionan. Los muros se pueden superar, los mares y el aire surcar rápidamente. La diferencia entre los países pobres y los ricos ha crecido, crece sin parar.

Me da en la nariz que el acuerdo verbal entre los dos partidos mayoritarios españoles de no regularizar más inmigrantes, aunque no se vaya a plasmar en papel, es papel mojado si los países ricos no se ponen de acuerdo para ayudar a los menos desarrollados a crear actividad y riqueza. No basta enviar ejércitos de élite para derrocar a los dictadores de los países que tienen petróleo o gas natural, o amenazar con hacerlo con cualquier motivo sino colaboran. Hay que preocuparse también por los que solo han proporcionado esclavos para las plantaciones de azúcar, o minerales que el progreso ha convertido en innecesarios.

Al socaire: Más sobre el Estatuto Básico del Empleado Público (Proyecto de Ley)

Hace un par de días, realizaba algunos comentarios generales sobre el Proyecto de Ley del Estatuto Básico del Empleado Público. Quisiera hoy resaltar las modificaciones más importantes definidas en el mismo, aprovechando también para completar mi visión personal sobre el mismo.

El Estatuto dice tener en cuenta la descentralización administrativa española, en la que la mitad de los empleados públicos trabajan en las autonomías. La Administración central, que tiene incluso menos empleados que la local, ha consolidado así su carácter residual.  Para la coordinación de ese complicado aparato administrativo, la Ley opta por la Conferencia sectorial de la administración pública y crea la Comisión de Coordinación del Empleo Público, dependiente de ella (art.s 99 y 100) suprimiendo el Consejo Superior de la Función Pública, al que califica de escasamente operativo.

Ligeramente confuso aparece el capítulo en el que se definen las clases de empleados públicos, divididos en funcionarios de carrera e interinos, personal laboral y eventual, (Título II), al contener un subtítulo I dedicado al personal directivo (art. 13), cuyo régimen jurídico se dice que "se podrá establecer por leyes de Función Pública que se diceten en desarrollo de este Estatuto". 

Esta nueva figura del "personal directivo" que "está llamada a constituir un factor decisivo de modernización administrativa", es la única que aparece claramente sometida a criterios de eficacia y eficiencia, responsabilidad y control en función de los objetivos. Puesto que los objetivos quedarían fijados por los escalones superiores de la Administración pública, que son los estamentos políticos, resultar ser ésta una categoría vulnerable a las veleidades partidistas. El procedimiento de selección de este personal directivo, que podrá ejercer potestades públicas, reservadas en el art. anterior de la propia Ley "exclusivamente a los funcionarios públicos", será realizado atendiendo a "criterios de mérito y capacidad" y a "principios de idoneidad", en un procedimiento con publicidad (ar. 13,2).

La "evaluación del desempeño" (art. 20) se quiere ligar en el estatuto a la carrera profesional. La Ley es muy prudente a la hora de introducir este elemento, cuyo establecimiento difiere en términos de futuro, indicando que "se adecuarán, en todo caso, a criterios de transparencia, objetividad, imparcialidad y no discriminación", pero también que "se aplicarán sin menoscabo de los derechos de los empleados públicos". Abre así, en mi opinión, un amplio frente de conflictos: el párrafo 4 de ese mismo artículo, por ejemplo, vincula "la continuidad en un puesto de trabajo obtenido por concurso" a la evaluación del desempeño.

 

 

A sotavento: Comentarios al Proyecto de Ley del Estatuto Básico del Empleado Público

El pasado 8 de septiembre, La Mesa de la Cámara del Congreso de Diputados español encomendó a la Comisión de Administraciones públicas aprobar el Estatuto Básico del Empleado Público que, como proyecto de Ley, se somete ahora a un período de enmiendas que terminará el 26 de septiembre de 2006. El texto completo puede encontrarse en el Núm. 94-1 del BO de las Cortes Generales de ese día, págs. 1 a 37.

El Estatuto viene a llenar el hueco legislativo abierto desde la Constitución del 78, cuyo art. 103.3. establecía que "la ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos". La Ley de Funcionarios Civiles del Estado, de 1964 y la Ley de Bases 109/63, aunque modificadas parcialmente por diversas reformas legales (entre ellas la Ley 30/1984 de Medidas para la Reforma de la Función Pública), permanecía como el referente final, dentro de un maremagnum legislativo al que estamos acostumbrados en este país, tanto por el afán legiferante y regulador, como por la multiplicidad de autoridades competentes y la dificultad de consensuar entre partidos. En 1999, como es sabido, el PP intentó tramitar un Proyecto de Ley con el mismo fin, y el propósito reventó por varios costados.

He leído el documento, consciente del gran interés e influencia que poseerá para un colectivo numeroso de trabajadores. Pero también, preocupado por ver si respondía al deseo de muchos ciudadanos de contar realmente con una Administración pública motivada, diligente, moderna y que, aunque provista de la imprescindible autoridad para el correcto ejercicio de sus funciones relativas con el control general, no apareciese refugiada en sus privilegios, algunos tan injustificados como antiestéticos.

Quise por ello, buscar en el documento las líneas de conexión entre la sociedad civil y el funcionariado, como elementos que se alimentan recíprocamente, aunque no se pueda dejar de tener presente que es la sociedad plural y democrática la que decide, en última instancia, lo que quiere hacer y cómo desea que se controle, cuando delega el control, la eficacia de sus mandatos.

En este primer comunicado, me voy a referir a dos aspectos que no encuentro suficientemente tratados en el Estatuto, y que considero fundamentales: la posibilidad de incorporar profesionales provenientes de la experiencia privada a la función pública, y la deontología de los funcionarios.

El proceso de selección de funcionarios que, en todas sus formas -ya sean Administraciones centrales o locales, Universidades u Hospitales-, se ha consolidado en la sociedad española, por democrática que la adjetivemos, con una buena dosis de nepotismo, endogamia, proselitismo, favoreciendo una valoración curricular muy específica, destinada a favorecer la incorporación de candidatos formados en los grupos de poder internos. Eso es así, y no puede ser rebatido más que con la presentación de concretas estadísticas de los currícula, genealogía, ideolgía e interrelaciones entre funcionarios. Como no las hay, yo me guío por mi apreciación personal y mi conocimiento, sin duda sesgado pero afirmo que desapasionado, de la situación.

Me parece que un Estatuto de la Función Pública moderna debiera reconocer la experiencia profesional de los candidatos, tratando de sustituir las pruebas concursales por las de valoración de méritos. En primer lugar, no puedo entender que si la reforma universitaria ha servido para generar una proliferación de títulos y especialidades, no se haya aprovechado la oportunidad para reconocer créditos curriculares de acuerdo con las disciplinas seguidas en las diferentes carreras, ya sean de máster o de grado.

No se puede admitir que la propia Administración pública no quiera reconocer el valor de la formación universitaria, obligando a los aspirantes a funcionarios a estudiar un par de centenares de temas, antes de encomendarles cometidos específicos que, en general, poco o nada tendrán que ver con esos programas.

¿No sería mejor, en fin, apoyar la creación de una Escuela Superior de la Función Pública, obligando a todos los que quieran ser funcionarios de carrera a pasar por ella? ¿No se podría reconocer, de acuerdo con la formación universitaria previa de los aspirantes, distintos créditos? ¿Da lo mismo estar licenciado en Derecho o en Economía que en Geología o Historia del Arte?. O, en otro orden de cosas, pero en la misma dirección, ¿Por qué se siguen planteando sistemáticos problemas de competencia entre las ingenierías -pongo por caso- a la hora de cubrir las vacantes públicas? ¿Ha de seguir utilizándose la valoración de la formación universitaria, tan obsoleta, como único baremo de calidad?

Me parece interesante, además, que los funcionarios puedan pasar a la empresa privada para conseguir mas experiencia, sin necesidad de perder su condición,  y, por supuesto, que la experiencia conseguida en la empresa privada sea tenida por mérito. Igualmente, es importante profundizar en la posibilidad de que los funcionarios puedan cumplir misiones en otras Administraciones por necesidades generales, definidas a través de acuerdo entre las mismas, estableciendo escalas de méritos por esas misiones especiales.

Es igualmente imprescindible el nombramiento de una Comisión de Control de la Deontología, con objetivos y formas de actuación claras, y que tenga la capacidad para emitir informes de compatibilidad, vinculantes y eximentes de responsabilidad para el funcionario que haya seguido sus dictados. La fijación de un período suficientemente largo (al menos, de cinco años) para aquellas personas que hayan tenido responsabilidades públicas de alto nivel, debiera suponer una garantía de incompatibilidad entre las funciones de responsabilidad y control públicos y la actividad privada, de forma que la información conseguida por el alto funcionario en lo que debe redundar en beneficio de todos, no sea utilizado de forma particular.

Pero también comprendo la posibilidad de mantener por un período limitado la compatibilidad entre la actividad pública y la dedicación del funcionario a la creación o apoyo a una empresa en un sector que nada tenga que ver con su responsabilidad pública, siemrpe que disponga de la correspondiente autorización para una dedicación parcial a esa actividad particular.

Me hubiera gustado, en fin, ver en el Estatuto Básico del Empleado Público un deseo de mayor participación de los agentes sociales en la definición de sus actividades, en su control, selección y promoción. Lo que no me impide reconocer que se ha hecho un gran esfuerzo -con los habituales vicios de técnica legislativa de dedicar demasiado espacio a las razones y fundamentos, algunos de los cuales no se reflejan en el articulado, de repetir innecesariamente principios generales o normas en el articulado, sin remitirse a las leyes originales y, en fin, dejar abierta, con fórmulas "en blanco", la interpretación de algunas cuestiones (entre otras, la definición de daño grave, la valoración de las faltas leves, etc).

Volveré con más detalle sobre el Proyecto de Ley en los próximos días.

Carta desde Europa: Apagones, viticultores, académicos y espejuelos

Según mis notas, el 21 noviembre de 2004 envié al periódico El Imparcial, de Oaxaca, (en donde hoy se están viviendo momentos de gran tensión que contrastan con la placidez que entocnes quería reflejar en mis cartas de un personaje inventado hablando sobre crónicas de actualidad), esta Carta, una más de la colección de 20 Cartas desde Europa que componen un testimonio de mis. seguramente, pretenciosas ocupaciones literarias.  Qué le voy a hacer, qué se le va a hacer.  
Mi querida amiga, me quedé atrapado cinco minutos en el metro de Madrid y esto me dió cierto tiempo para observar a los demás. No tengo claustrofobia, aunque creo que ese era el síntoma de algunos de los viajeros con los que tuve que hacer a pié el camino hasta la estación más cercana, siguiendo los rieles. Por segunda vez en este año ardió un transformador en esta ciudad y durante un par de horas rozamos el caos. Mientras nos quejábamos, reflexioné sobre las fragilidades de nuestro bienestar, tan vinculado a la energía, el fluído que es la sangre de nuestra economía.  

Hace unos años hubiéramos podido creer que la inexplicable avería era un aviso del más allá, puesto que estábamos en la víspera del aniversario de la muerte de quien se autollamó  El Generalísimo, artífice por reacción de nuestra actual realidad desatada y bien desatada.  Pero los tiempos han cambiado. Pocos se atreven a defender hoy la oportunidad de mantener los cuatro símbolos (estatuas, efigies o medallones) que aún nos restan en lugares públicos de quien fue durante cuarenta años el centro de todos los tactismos políticos y económicos en mi país, y que, a cada ocasión, contradiciendo el dicho de que “muerto el perro, se acabó la rabia”, está siendo oficialmente denostada.

 

Ignoro si más fácil que limpiar todos los restos de ese pasado, pero tengo la impresión de que también será harto difícil, es el propósito de quitar los rastros de contaminación radioactiva de la costa de Palomares, en Almería, en donde subsiste parte del plutonio de cuatro bombas nucleares que cayeron allí pacíficamente en 1966, desprendidas de dos aviones que chocaron cuando se abastecían de combustible. Un momento histórico cuya atención quedó desviada por los ridículos bañadores Meyba –me pregunto si con refuerzo protector de plomo- que llevaban tanto Fraga, entonces Ministro de Interior, como Míster Angier Biddle Duke, el embajador gringo-.

 

Si se pudiera borrar de la historia de la Humanidad todas las afrentas e infamias, y de paso, abominar de todos los dictadores, descubrir las sinrazones de todos los tiranos, posiblemente nos quedaríamos con pocas líneas que enseñar en los libros de texto. Hemos avanzado en muchos campos, pero los problemas principales –qué, por qué, para qué de tanto caminar entre lo oscuro - carecen de respuestas convincentes. Tampoco parece ser esa la preocupación de los que más tienen, mi querida amiga.

 

Un rico inteligente y  pragmático (le acepto que piense que me corroe la pura envidia), Bill Gates, descendió de su Olimpo para pasar unas horas con nosotros, en la lejana Europa. En Madrid, en un programa apretado, pronunció siete discursos en diez horas, se fotografió con la mayor parte de los grandes empresarios españoles, y nos predijo un poco del futuro. Pidió que los poderes públicos le defendieran del software libre,  (el software que se disfruta sin pasar por caja) y contestó las preguntas de tres cibernautas elegidos entre miles (mi propuesta no fue seleccionada: “¿tiene algo que ver la cibernética con la felicidad?”). Hasta presentó un programa informático por el que los bodegueros podrán controlar el ciclo del vino, de pé a pá, desde la vendimia, hasta el descorche. Yo, parapetado en mi ignorancia, lo escuchaba cruzando los dedos y repetía a Garcilaso de la Vega: “no me la toquéis, así es la rosa”.

 

Los atractivos de Barcelona –entre los que cabe incluir el vino- no han sido suficientes para convencer a Juan Villorio de quedarse. Vuelve a México, con los 18.000 euros del premio Herralde 2004 de novela, no sin haber lanzado algunos dardos contra la “carnavalesca realidad política mexicana”, que debe ser una manera de prepararse el adecuado regreso. En su novela El testigo tiene como protagonista subyacente a Ramón López Velarde, (“yo perdono tu flaqueza, y esclavo de tu hechizo, de tu primer hijuelo, dulce amiga, celebraré en mis versos el bautizo”) el magnífico poeta que murió en 1921 de pleuresía por pasear en la noche del México DF hablando sobre Montaigne sin abrigo.

 

No hay que extrañarse demasiado, al fin y al cabo, de que la realidad nos parezca caricatura, y más desde el prisma de la política, porque “la tele es una casa de cristal que nos permite ver la ropa sucia y la basura de todos”. La frase no es mía, querida amiga, sino de su presidente de Vds., y  es una forma indirecta de reconocer que  es difícil que le vean a uno su genialidad cuando está en batín y zapatillas. Pero como ahora la televisión nos permite a cualquier mortal deducir las consecuencias de unos gestos, nos ha parecido a muchos que el Rey Juan Carlos y el presidente Vicente Fox se tienen sintonía positiva. Así lo parece en las fotos que se dejaron hacer en Costa Rica, apadrinando a un neófito que se está situando muy bien en nuestras encuestas de simpatía, Rodríguez Zapatero. Los tres, posando juntos, trataban de demostrar que no tenían razón quienes pensaran que la Cumbre de Estados Iberoamericanos andaba devaluada por las ausencias, y es que, quien más quien menos, todos andan afanados en achicar el agua de sus propios feudos.

 

Ha sido, sin duda, una semana con olor de hispanidad. Lo hubiéramos pasado bien en Rosario, en donde el Diccionario Panhispánico de Dudas fue presentado oficialmente en el III Congreso de la Lengua española. Allí estaba, entre otros ilustres de la pluma, José Moreno de Alba,  que tuvo unas palabras para el efecto Tatarstan, que yo bien creí en un primer momento que sería una clave para entender la situación en la antigua URSS, pero se refería a que la idea del hiperdiccionario surgió en Zacatecas, cuando los académicos comprobaron que no había acuerdo sobre cómo escribir el nombre de esa república soviética. Por cierto, que yo no veo la misma sintonía a la que antes aludí antes, cuando comparo los gestos en torno al presidente argentino Kirchner, que no solo hizo esperar casi dos horas a sus invitados, sino que cerró los ojos cuando un grupo de personas se acercó a la representación española para regalarle unos espejuelos de colores con los que querían recordarles lo que pasó hace quinientos años aunque también les reclamaban ayuda inmediata para empleo, alimentos y mejores condiciones.

 

Empleo y mejores condiciones no se si serán fáciles de obtener por arte de birlibirloque, pero fueron muchos los que se subieron a la tribuna de oradores en Argentina para obsequiarnos con una ración de hermosas palabras, que es barata y sirve de alimento para el espíritu. Lo hizo Carlos Fuentes,  que estaba acompañado de su esposa la periodista Silvia Lemus y, sin duda, del recuerdo emocionado hacia Carlitos, el hijo pintor y poeta que se murió de hemofilia hace unos años en Puerto Vallarta. Me siento cómplice de compartir algunas buenas noches con el maestro mexicano sabiendo que tiene en la mesita de noche El Quijote y el Crátilo, porque eso quiere decir que estamos preocupados, aunque sea a tan diferente nivel, el y yo, Sobre la exactitud de las palabras (que ya usted sabe es el subtítulo de la obra de Platón). Desde esa complicidad inesperada, le veo más sentido, incluso religioso,  a su frase de que “los conquistadores se llevaron nuestro oro pero nos dejaron el suyo, el lenguaje.” 

 

Porque estamos viviendo una época de declive religioso. Me parece que sobre esa apreciación ya hablé con Vd cuando la conocí en Oaxaca, aunque lo que no se me hubiera ocurrido es ligar esa idea con la prohibición de cazar al zorro con perros. Pero Roger Scruton, profesor de filosofía inglés, agricultor y aficionado a perseguir aromas vulpinos con jaurías, por lo que deduzco, ha traducido de esa forma su desacuerdo con la votación que acaban de hacer los plebeyos en la Cámara de los Comunes. “La gente ya no tiene punto de referencia para sus sentimientos, que crecen sin control”. Un tema sustancial para la sociedad británica, seguramente, puesto que hasta la familia real está dividida sobre el particular, ya que el eterno príncipe Carlos discrepa de su madre la reina Isabel, (God save the queen), y no duda en invitar a la desobediencia civil, asegurando que seguirá cazando.

 

Tenga usted muy buenas noches, querida amiga. Permítame antes que le recuerde aquí una parte del mensaje del casi centenario Francisco Ayala, quien también estuvo en Rosario, si bien en este caso  por videoconferencia. Dando otra vuelta de tuerca al lenguaje, afirmó que “poner el nombre a las cosas es transformarlas y crearlas”. No se si la fórmula se puede aplicar al nombre de las personas, pero si yo fuera capaz de recordar el suyo, la recrearía para ponerlo en mi paisaje, y creerme que puedo estar al mismo tiempo en su mundo y en el mío. Suyo atentamente.

 

Al pairo: Campeona de salsa

Que en nuestra Feria de Vanidades el dinero se reparte y concentra con criterios bastante diferentes de los de la capacidad y el trabajo, no admite mucha discusión. En cómo ganarlo, consumimos la mayor parte de nuestro tiempo, porque nuestras necesidades superan siempre a los ingresos. Para algunos desgraciados, sin embargo, el problema es cómo gastarlo.

Nos podemos imaginar la situación, y, para entrar en sinrazón, interpretarla como embarazosa y cruel. Independientemente de cuanto se haga, no importa cuanto se idee para consumir algo de esa fortuna que el destino puso en nuestras manos, nuestras cuentas corrientes crecen sin parar. Acumulamos réditos, revalorizaciones, rentas, vales, intereses...las ampliaciones de capital gratuitas nos aturden...los regalos de promoción de las entidades de Crédito se amontonan sin abrir... Sencillamente insoportable.
 

Ese problema parecía tenerlo Monica Wong, 61 años, viuda, hija de un magnate de Hong Kong que se había forrado en la construcción naval. Había pasado algunos años de insulsa viudedad, haciendo obras de caridad a desconocidos e intercambiando recetas de cocer arroz que nunca pondría en práctica, cuando comprendió que debería dar un mensaje al mundo. Después de pasar revista a distintas posibilidades, decidió que lo que mejor correspondía a sus cualidades, era llegar a bailar perfectamente salsa.

Para ello, contrató a la mejor pareja mundial de profesores, y les ofreció un bonus de 6 millones euros por su exclusividad, mantenida durante 8 años. Trabajarían solo para ella; en contrapartida, ella sería alumna únicamente de la pareja. Garnor Fairweather, ex campeón mundial de danza latina  y su esposa Mirko Sakani aceptaron el reto. La señorita Wong fue una alumna aplicada y, sin duda, poseía, a pesar de su edad, capacidades para el baile.

Tomó parte en competiciones internacionales (matizo, de mi cosecha, que destinadas a seniors)  y ganó el deslumbrante título de “Chica Guay de Oro”(Top Gold Lady)  en los Angeles,  en 2003, en el concurso Baile Esmeralda.
 No consta con quién hacía pareja la millonaria, o si se presentaban los tres a los concursos abriendo así nuevas opciones al ritmo trepidante. Miro la foto de Monica Wong y la encuentro igual a tantas otras orientales: bella con edad plastificada en un intrigante aspecto juvenil, ojos pequeños y algo tristes, sonrisa de sumisa disposición, seductora apariencia sugiriendo placeres consentidos. No tengo la instantánea de Mirko Sakani, pero apostaría que ambas deidades son intercambiables.

En cualquier caso, la relación del trío era óptima, acumulando clases y éxito. Sus vidas proseguían, dedicados en cuerpo y alma a llevar a Monica Wong a la perfección en ese baile sublime que a otros mortales nos seduce igualmente, aunque no a tales cotas.

Hasta que un día, cuando la clase se desarrollaba en un restaurante –no se aclara la modalidad de salsa que estaban practicando en el lugar, aunque pudiera tratarse de la difícil salsa bearnesa, siempre proclive a cortarse...¿o sería quizá la salsa rubia, que tantas variedades tiene?- el Sr. Sakani- Fairweather la llamó “vaca burra perezosa” y le exigió que “moviera el culo”.
 

Esta humillación insoportable en lugar público movió a la alumna, doctamente asesorada, a llevar a sus profesores a los tribunales, por insultos y a rescindir inmediatamente el contrato, alegando que había perdido la confianza en sus mentores y que la vejación sufrida le imposibilitaba en adelante para recobrar el talante necesario para seguir buscando la perfección salsera.

Los maestros del baile alegaron, por su parte,  que no había tal intención, sino que pretendían estimular a la madura danzante, porque la notaban algo remolona. Y, para animar el cotarro, pusieron una contrademanda, exigiendo el pago de los 3 millones de dólares que restaban. El asunto está pendiente de decisión judicial, pero yo ya tengo el veredicto: Si el diablo cuando no tiene nada que hacer con el rabo espanta las moscas, las tai tai lo aprovechan bailando salsa sobre la tumba de sus difuntos.
 

Tai tai : 1.  A term used in Chinese circles for  supreme wife (implying situation where a man is  wealthy enough to have several "wives')  but no longer strictly interpreted.  Term now applies to citizens of the world with an Asian viewpoint  who have bounds of time and money.   A Tai Tai is a privileged lady of means.  
2.   Supreme of the Supreme is its literal translation. 
The term  implies respect.  To qualify as a Tai Tai, one has to have lots of leisure time, lots of money to spend and lots of gossip to exchange. 

(más en: http://www.geocities.com/hellotaitai/ )

Al socaire: Las modelos de pasarela y la teoría del valor

Al socaire: Las modelos de pasarela y la  teoría del valor

En un programa de una cadena de televisión española que no sigo habitualmente (porque, en verdad, no sigo programa alguno), pero de cuyas peculiaridades fui informado inmediatamente para ponerme al tanto, varias candidatas a modelos de pasarela se dejaban cortar, peinar y maquillar por expertos. La gracia consistía en que las chicas soportaban la operación con los ojos cerrados, y solo cuando la transformación estaba ultimada, se les descubría el antifaz para que valoraran su nueva imagen.

Aunque, en general, las jóvenes no se mostraron muy contentas con el cambio, las cámaras se cebaron especialmente con una de las aspirantes a top-model, a la que habían cortado el pelo "a lo garçon" y que, cuando se vió en el espejo, rompió a llorar desconsolada. Entre sollozos, argumentaba que no podía entender porqué le habían hecho eso a ella, que tenía un pelo tan bonito, que se veía mucho más fea. y que no le gustaba nada, pero nada, la imagen que le habían prefabricado los expertos.

Mientras trataba de imaginarme el tipo de consentimiento que habían firmado las jóvenes para dejarse manipular, y elucubraba mentalmente acerca de la naturaleza del impulso que les habría llevado a poner su cabeza en manos de desconocidos, oí con asombro creciente cómo ex-modelos y otro personal experimentado en esas lides, argumentaban que las chicas deberían entender que se trataba de obtener rostros singulares con sus materias primas y que, ya que iban a dedicarse al mundo de la moda, tendrían que acostumbrarse a ser vehículo y no conductoras. No lo decían exactamente así, pero así lo entendí yo y de esa forma puede expresarse lo que exteriorizaban.

Dejé mi inmersión en el programa (en el momento en que las jóvenes deambulaban medio desnudas realizando pruebas que probaban no se qué otra faceta de su capacidad de sufrimiento), y comprendí que, al ritmo en que nuestra sociedad está cada vez más idiotizada, algunos van perdiendo grados de respeto a la persona. Nunca entendí las razones del éxito económico de las variaciones hasta el agotamiento que el mundo de la moda realiza con los pocos elementos que utilizamos para  vestirnos, y que conducen, a la postre, a la llamada moda de los años 20. No sé porqué a algunas modelos se les ha de pagar millones por fotografías en las que aparecen deslumbrantes, con sus rostros angulosos, sus cuerpos efébicos demasiado delgados y harto andróginos, todas prácticamente idénticas para este profano al que le gustan -es natural, pienso yo- otros cánones de belleza femenina que a los homos que, mayoritariamente, controlan el cotarro.

Ahora entiendo menos. Se trata de seleccionar a jóvenes que, cuando no estén arregladas para la exhibición, cuando nos cruzamos con ellas por la calle en nada se diferencian de las otras. Se busca materia prima básica para que los expertos puedan perfilar con ella sus ideas paradivinas de lo perfecto. A despecho de lo que opinen los seres humanos que se hayan sometido a sus manos, buscando hacer carrera.

Hay un peligro. Sospechábamos que los que controlan el mundo de la moda, determinan como un clan, lo que está bien y mal, deciden lo que es chic moviendo una industria con ingentes medios y poderes de presión, no tenían escrúpulos para absorber la personalidad de los modelos, jugueteando con la imagen que les hacían proyectar al exterior. Ahora sabemos que si se atreven a cortan el pelo al cero y a ciegas a las chicas que se someten a sus manos en la búsqueda de un empleo, es solo para probar su capacidad de ser impersonales, dóciles, anónimas. 

Me ha asustado imaginar que estos seres privilegiados que deciden por los demás, no estén solo en el mundo del fashion, se estén colando por todas partes. Sin que nos demos cuenta, porque, de momento, solo nos están rasurando el terreno de las ideas, para implantarnos tranquilamente luego sus criterios, en una nueva y peligrosísima teoría del valor.

 

(El dibujo que ilustra este Comentario se titula: "Viajeros devorando oportunidades"; tiene tamaño DIN A5, está dibujado a lápiz y acuarela y lo realicé en octubre de 1998)

Linkweak: Historias de un antihéroe (80 tiras)

Recuerdo aquí que, para los interesados en la evolución de este personaje de ficción, he completado en la dirección:

http://alnorte.es/linkweak.php

las primeras 80 tiras (20 hojas din A4) con la historia de Linkweak. Tengo bastantes más dibujadas, pero prefiero recoger algunos comentarios antes de proseguir con su publicación, ya que pretendo que sus vicisitudes tengan la mayor generalidad posible, dentro del marco peculiar en el que el personaje se desenvuelve (despedido de su empresa), y sus propias características personales y profesionales (cincuentón y con una alta cualificación técnica).

Comprenderán los lectores de este cuaderno que la concepción del personaje esté amparada por mi copyright y que, en este caso, se entienda prohibida expresamente su reproducción... pero no su disfrute.