Blogia

El blog de Angel Arias

¿Es necesario ser católico para ser Presidente de Gobierno de España?

El magnífico "funeral de Estado" especial que se le tributó al Ex-presidente Calvo-Sotelo, con la presencia de SSMM, Presidente de Gobierno, ministros y ex-ministros, así como el líder de la oposición y múltiples autoridades y representantes del empresariado y hasta del folklore, plantea obviamente la cuestión respecto a la confesionalidad subliminal de nuestro Estado de derecho, constitucionalmente, aconfesional, o, con otras palabras, -preferidas por los burgueses progresistas, incluídos los miembros del Gobierno socialista-, laico.

Era la primera vez que la fórmula de "funeral de Estado" se aplicaba a las exequias fúnebres de un ex-presidente de Gobierno y, por tanto, fue la primera vez que el protocolo tuvo que lucir en todo su esplendor, boato y parafernalia

En anteriores ocasiones -fundamentalmente, en los actos de homenaje póstumo a los funcionarios asesinados en misión de servicio-, mucho más discrtetos, la cuestión de la confesionalidad estatal se pudo mantener soterrada bajo los afectos y solidaridad que se trataba de poner de manifiesto, y , por ello, representantes del Estado y del Gobierno asistieron a los funerales católicos sin que se suscitara la necesidad de muchas explicaciones.

Con gran practicidad, en otros momentos paradigmáticos de nuestra versatilidad confesional, hasta la vicepresidenta se había puesto mantilla para presentarse ante el Pala, y el Sr. Bono comulgó con ruedas de paella sin importarle un ardite la ortodoxia de la religión que dice profesar.

Pero, ahora, viendo a prácticamente todas nuestras fuerzas vivas moviéndose al hilo de la batuta del cardenal Rouco-Varela en torno al ilustre difunto, cabe preguntarse: ¿Sólo era posible un funeral de Estado católico? ¿Hay que ser católico para ser presidente del Gobierno español?. ¿Debe un funeral de Estado acomodarse a las creencias de la persona a la que se pretende honrar, o se tendrán que subordinar esas creencias individuales -respetabilísimas en su  intimidad- a la superior autoridad de un esquema de protocolo estatal? 

Se puede entender así, mientras quedan en el aire las preguntas, la cara de mala leche del presidente de Gobierno español durante el funeral de Estado. ¿Estaría meditando si convendría no levantarse en todo el acto, como realizó, con valentía juvenil, un doce de octubre cuando pasaba ante la tribuna la bandera norteamericana y el estaba en la oposición y había fuerzas españolas en Irak? ¿Tal vez trataba de quitarse de la mente el fantasma de lo que podría suceder en su propio funeral de Estado, -por supuesto, en lo que deseo no suceda hasta dentro de muchos años-?.

Parafernalia, parafernalia, cuántas incongruencias se cometen en tu nombre.

 

Jugando en corto: Moscosos, victorinos, chicuelinas y otras danzas

Javier Moscoso y yo compartimos un buen amigo, y a través de ese testimonio ocasional pude enterarme de uno de los motivos de felicidad del ilustre jurista, que fue ministro de la Presidencia con Felipe González. A este sesentón con fama de socarrón, le enorgullece que su apellido haya pasado a formar parte de los palabros que la Real Academia Española de la Lengua admite como correctos: moscoso, perpetuando así la genealogía familiar por los vericuetos de gramática.

Y es que hace la friolera -que es como hay que referirse al tiempo cuando se quiere hacer notar que pasa deprisa- de 25 años (en 1983), Javier Moscoso se sacó de la manga una instrucción para conceder a los funcionarios seis dias extras de permiso, de libre disposición que, hasta 2005, de forma coloquial, todo el mundo denominaba "los moscosos" y que, a partir de esa fecha, merced al beneplácito de los académicos, pasaron a ser moscosos sin comillas, con toda la fuerza de una ley gramatical autorizada.

Comprendo la felicidad del ex-ministro, aunque imagino su retintín, al hablar de ese motivo de felicidad. Puedes hacer por este país muchas cosas, pero, al final, lo que queda de verdad, es la fuerza de los estómagos agradecidos. Salvo que te dediques a la tauromaquia, me parece, que en este arte controvertido, se ha dado por poner nombres de cada uno de los posibles movimientos del capote al primer torero que se lució con ellos.

Porque ni siquiera en cosas de toros, el fervor popular pondrá tu nombre si el asunto no tiene que ver con la muleta. El Cordobés se inventó el salto de la rana, pero a ese ejercicio de agilidad, nadie dió en llamarlo ni beniteceña ni cordobesina. Aunque ahora que lo medito mejor, hacer el Don Tancredo, viene de un zapatero valenciano de ese nombre que para saciar el hambre se quedaba quieto en el ruedo sobre un pedestal. Murió, se cuenta, de un bacinillazo, porque en el siglo XIX aún no se registraba a los asistentes a los espectáculos públicos.

Seguro que el Gobierno de Zapatero que ahora comienza, podrá propiciar la incorporación de bibianas, chaconeras, vegueras, bermejeras al lenguaje popular. Promesas en trámite de cumplimiento, ya hay unas cuantas. Aunque a mí, me da en la nariz que la que tiene más éxito de prosperar es la bernatina. Una bernatina sería la metedura de pata en aceite de girasol ucranio, pasada por el recuerdo del bichito sanchorofsiano que si se cae de una mesa, se mata, el pobre.

 

Jugando en corto: Técnicos, políticos y cómicos

Ha fallecido Leopoldo Calvo-Sotelo, ingeniero de caminos, ex-presidente de Gobierno, ministro varias veces, hombre ideológicamente tenido por conservador con rasgos de humor de la derecha liberal, y del que se dice ahora, -época de elogios-, que jugó un papel fundamental en la transición, pero que, en verdad de la buena, contó con pocos apoyos cuando los necesitaba más.

Su votación de investidura estuvo trapaceramente adornada por una asonada cuartelera impropia de lo que  se estaba ventilando, un intento chapuza de golpe de Estado en el que estuvieron involucrados hasta el cuello varios personajes importantes, unos prestamente desenmascarados y otros, seguramente, ocultos todavía y puede que ya para siempre.

Lo que me mueve a escribir este comentario se aleja de lo necrológico, porque traté poco a Calvo-Sotelo. La última vez, con ocasión de la celebración del centenario del Instituto de la Ingeniería de España, en la que me acerqué a él para saludarlo, aprovechando que estaba solo entre tanta gente importante, y ambos esperábamos a que se nos devolviera el abrigo.

Sin embargo, he leído bastante de lo que ha escrito, y analizado su actuación desde mi modesta opinión. Por cierto, le acabo de oir la misma expresión -"mi modesta opinión"- a Alfonso Guerra, justamente hablando del papel que, para él, jugó don Leopoldo en la transición, y que definió como singularísimo, como líder de circunstancias de aquel falso partido, la UCD. Coloso que, desde la soledad del sitial al que le encumbrara la dimisión de Adolfo Suárez, fue capaz de concitar simpatías desde otros ángulos ideológicos muy diferentes, dígase, Felipe González o José María Aznar, hoy todos amigos en su pasado común.

Son pocos los técnicos que se han dedicado a la política, y, entre ellos, escasos los que han durado entre los profesionales del "váyase, señor X"; camaleones capaces de hablar catalán en la intimidad e inglés en Georgetown; tipos de acero aptos para enfrascarse leyendo teletipos sobre lo que pasa en el mundo mientras los colegas le ríen justo al lado sus gracias al que hace que pasen; y mentes versátiles y suficientemente adaptativas como para saltar del ministerio de Sanidad al de Cultura o de Vivienda a Defensa y de Defensa a una empresa privada de fabricación de aviones.

Algunos ingenieros, como mi coetáneo y paisano Francisco Alvarez Cascos, han llegado a ser más conocidos incluso por sus verosímiles capacidades amatorias o la gestión supuestamente visceral de una crisis que le sería difícil lidiar hasta el más pintado, que por sus indudables éxitos de gestión. Otros, como el tan admirado como infumable escritor Juan Benet de Volverás a Región, pasaron sin mucha gloria como funcionarios de poca monta, a pesar de sus interesantes confesiones sobre lo que había que hacer con el agua en este país, hoy muy citadas.

Como soy ingeniero de minas y es conocida la rivalidad permanente con los camineros, no voy a citar a más ingenieros de caminos de los que se entrometieron por las aguas de la política, a salvo de José de Echegaray, liberal y dramaturgo, premio nóbel de literatura, envidia de propios y extraños.

Entre los mineros, cuento con compañeros que se están dedicando a la política o lo fueron hasta no hace mucho, como Gabino de Lorenzo, que pasa por ser uno de los buenos alcaldes de España -y yo creo que lo es, o, por lo menos, lo fue hasta que se propasó con Calatrava-, o como Julio Gavito, que tuvo una actuación destacable como consejero de Industria del Principado de Asturias, o como Adriano Garcia-Loygorri, hoy presidente del Consejo Social de la UPM y antes concejal del Ayuntamiento de Madrid.

Los ingenieros de Minas-Políticos crecen más fácilmente en Asturias, por razones que se podrían explicar. Son buenos ejemplos -pongo por caso- Juan Ramón G. Secades, presidente de lo-que-queda de Hunosa, que acumula un largo itinerario en la Administración de la cosa pública, y Víctor Marroquín, cabeza máxima del Enstitutu pa Emburriar les Asturies (IDEPA).

Dando saltos en la historia, lucieron con luz propia en otras épocas, colegas en los estudios de minas como Casiano de Prado, gallego progresista que se pateó la cordillera cantábrica y otras más, confeccionando planos geológicos que hoy día siguen siendo referencia (aunque los confeccionó en las primeras décadas de 1.800), y que supo de la dureza de pasar más de un año en las cárceles de la Inquisición, que es moco de pavo incalificable para quien hoy es venerado como laico patrón de los ingenieros de la tierra.

Félix Aranguren, el emisor de la frase "no me la toquéis, así es la rosa" -copiando a Garcilaso para defender una fábrica de acero de un tamaño más de andar por casa-, fue otro ingeniero de minas de postín, creador de la Ensidesa en los cincuenta y autor de otras iniciativas más privadas, polifacético incansable, que, incapaz de estarse quieto, incluso se licenció en derecho al jubilarsecomo funcionario.

En cuanto a lo cómico, todos hemos tenido nuestro momento gracioso. Lo difícil es asumirlo sin empacho. El mío -uno de ellos-, lo fue cuando me llevaron de conejillo de indios para que se pudiera inaugurar bajo mi gorro un centro de CAD-CAM al que le faltaban solo por un par de semanas bastantes de sus equipos electrónicos, lo que, al ser filtrado por la oposición interna de Pedro de Silva, marcó para siempre una de las mejores ideas tecnológicas que se tuvieron para Asturias.

Hay políticos que construyen, generalmente sin pretenderlo, un personaje cómico. Como Manuel Pizarro lanzándose a recoger la moneda de 20 céntimos que se le cayó del bolsillo a de la Quadra Salcedo, mientras éste hablaba del otro dos de mayo. Aunque más cómica aún fue la cara que puso Rajoy transparentándosele lo que pensaba del arrebato, y, tal vez, del arrebatado. (Ya se sabe: "No quiero dinero, pero no merezco que me traten así")

Cómico  resultó José María Aznar, tanto hablando en mexicano como cuando lo hizo en inglés, o lo que a él le parecía que así era. Cómico, Bernat Soria cuando emuló a Sancho Rof metiendo la pata en el aceite de girasol ucranio. Cómico -y dramático- fue Rodríguez Zapatero hablando de su éxito de las negociaciones con ETA mientras los terroristas se felicitaban, de lo suyo, poniendo las bombas que mataron a dos infelices y destruyeron el aparcamiento de la T-4, ...

Fuera de nuestras fronteras, la palma de la comicidad se la lleva Berlusconi, que es un cómico profesional -aunque Alfonso Guerra lo defina de otra manera-. Saltando varias cifras del pib, en los países en desarrollo, son muchos los ejemplos que demuestran la relación entre la farsa y la política, entre la charanga y el disimulo.

Si se mira con ánimo proclive, hasta  puede parecernos objeto de risa la bicefalia de ese objeto virtual indefinible que componen José María Fidalgo y Cándido Méndez cuando responden a las mismas preguntas, como un eco uno del otro, en nombre de la teórica unidad sindical.

En fin, también hay cómicos que, en la vida real, se hacen dramáticos. Andrés Pajares es un ejemplo muy de actualidad, digno de respeto en el diagnóstico seguro de su patente enfermedad y admirable por su trayectoria pasada como actor. Al envejecer, pocos son los que no dejan la piel de su personaje colgando en el empeño de seguir reclamando fama y méritos, como si eso no fuera flor de días. 

Técnicos, políticos y  cómicos configuran, ya queda dicho, las principales parcelas de la vida misma. Saber moverse por todos esos campos sin perder ninguna de las composturas, brillando en todas sin caer en ningún ridículo, está solo reservado a gentes excepcionales.

Leopoldo Calvo-Sotelo, ingeniero ilustre, político notabilísimo, cómico de excepción en la intimidad, descansa en paz. Maestro. Puede que nos volvamos a ver recogiendo los abrigos, escapando de las conmemoraciones del pasado que pretenden servir a la mayor gloria de presentes.

A sotavento: Cómo no montar un restaurante: La financiación (3)

A sotavento: Cómo no montar un restaurante: La financiación (3)

Con sus proyecciones de ingresos y gastos para los próximos diez años, incluída la financiación que necesita su proyecto, puede empezar su periplo entre los bancarios. Recuerde que la financiación propia ha de ser de, al menos, una tercera parte, bastante mayor si su negocio parte de un traspaso y no puede acreditar la propiedad del inmueble.

Si dispone de capital suficiente, lo mejor sería que adquiriese el local en donde va a ubicar el restaurante. El momento específico quizá no sea el idóneo -siempre escuchará argumentos para todos los gustos-, pero la propiedad inmobiliaria, por sí misma, constituye un negocio posible. Así, si crea dos sociedades limitadas -la fórmula más barata y adecuada al objetivo-, una como tenedora del inmueble y la otra como restauradora que alquila el local a la primera, tendrá una mejor cobertura ante las vicisitudes de su aventura.

Recuerde, en todo caso, que a los bancarios les gusta hablar de rentabilidades superiores al 15%, así que peine su evolución del negocio para garantizar sobre el papel esta situación. Un tir del 17% les encandilará. Calcule una financiación externa del 40 al 60% (máxima), y comprométase a que la sociedad restauradora pague un alquiler que permita amortizar el coste de compra del local en unos diez a quince años, no más. Sé que todo esto le sonará a fantasía, pero es lo que el mercado financiero desea ver.

En otro capítulo de este libro me refiero a los aspectos concretos de nuestra propia decisión. Me remito allá si quiere conocer los detalles. Aquí le voy a  aconsejar, únicamente, que huya de los amigos bancarios. No le van a ayudar mucho, porque las decisiones de financiación se toman en comité por los Bancos y Cajas de Ahorro, así que calentarán la cabeza, a cambio de muy poco y, en los casos peores (el nuestro), le harán abrigar falsas esperanzas.

El mercado es, siempre, el mercado, y se comporta como lo que es: despiadado con los advenedizos y contemporizador y alegre con los que son juzgados como de excelente capacidad crediticia porque, dada su "solvencia teórica" no necesitan el dinero, y que, son, a la postre, los causantes de los grandes descalabros finacieros.

A sotavento: Cómo no montar un restaurante: La financiación (2)

Antes de acudir a una entidad financiera para contarles su proyecto, (y, si me quiere hacer caso, antes incluso de meter un solo euro en él), debe hacer una previsión de cómo se imagina que va a evolucionar.

La mayor parte de la gente cuando coge lápiz y papel para calcular sobre un negocio en el que tiene puesta su ilusión, echa a volar su imaginación y, pensando que todo va a salir a pedir de boca, llega a cifras muy favorables, y, lo que es peor, se las cree. Versiones del cuento de la lechera.

Sería conveniente que admita que lo más probable es que Vd. pierda todo el dinero que ponga en el futuro restaurante. Estoy escribiendo para personas que no van a vivir del restaurante, que no van a estar de forma permanente al tanto del negocio. Si el proyecto de restauración lo emprende con varios amigos, de los cuales uno en especial es quien dice saber del negocio, lo más probable es que pierda el dinero y los amigos.

Por eso, será imperdonable que Vd. se embarque en una aventura de este calibre sin haber calculado con suficiente seriedad lo que puede suceder. Y será un terrible error si Vd. no dedica a la inversión en el restaurante un dinero que no le sea imprescindible para vivir. Recuerde que lo que Vd. busca con esta decisión es pasarlo bien, divertirse como emprendedor, dar satisfacción a un sueño de niñez.

Como cualquier empresa, un restaurante solo merece la calificación de negocio si la diferencia entre los ingresos y gastos es positiva. Los gastos son seguros, y se pueden calcular con bastante exactitud. Se componen de gastos de personal, materias primas, gastos financieros y amortizaciones.

Será conveniente que suponga un 10% de imprevistos. Las materias primas tendrán una componente variable, relacionada con la cantidad de comidas que sirva, pero no se fíe mucho de la idea. Uno de los misterios de la restauración es que no existe una relación directa entre ambas, porque, cuanto menos facture, mayor será la cantidad que vaya a parar a la basura... o a la bolsa de sus empleados.

Los ingresos son la parte insegura, y normalmente se sobreestiman. Pero, además, no serán constantes, sino que evolucionarán desde un valor bastante bajo hasta alcanzar un cierto punto, a partir del cual no será fácil que incrementen. Esta curva de evolución de ingresos tiene forma de “S” estirada, como el signo de una integral matemática.

Calcule que la ocupación del local será de un 40 a 50%, como máximo, durante varios años y, en los dos primeros, incluso menos. Pero no todo han de ser malas noticias: un restaurante medio lleno parecerá, a los ojos de los visitantes, muy concurrido.

Si, por poner un ejemplo, su local tiene 30 mesas, acepte -para empezar a elucubrar- que a mediodía solo tendrá entre 30 a 42 personas, que consumirán el menú. Por las noches, salvo el viernes y sábado, su querido restaurante estará prácticamente vacío. Es duro pensar así, pero más vale apechugar con esa perspectiva. Ya conseguirá después, con el concurso del boca-oreja y una publicidad bien dirigida, llenar el espacio.

Si ha estimado que cobrará por el menú diario 15 euros (más iva), y que comer a la carta, en media, supondrá para sus clientes 25 euros (más iva), los ingresos mensuales es posible que en los primeros meses se repartan de la siguiente forma:

Martes a Jueves:  30 personas a 15 euros, hacen 450 euros de ingresos diarios, es decir, en los 4 días útiles de su semana: 1.800 euros

Viernes y sábado: (suponiendo que los viernes y sábado por la noche tiene una ocupación del 60-70% de las mesas, con la maravillosa cifra de 3 personas por mesa: 60 personas en el local, a 25 euros per cápita): 1.500 euros diarios, por dos días: 3.000 euros

Domingo y lunes, cerrado. 

Es decir, en 4 semanas, podrá contar con unos ingresos de 7.200 + 12.000= 19.200 euros. Le parece poco, ¿verdad?. Pues es lo que hay. Si consigue mantener este ritmo durante los seis primeros meses después de la apertura, puede darse -con perdón- con un canto en los dientes. Calcule, en relación con ello, el personal que le será necesario. Le será más rentable contratar extras para los fines de semana, en lugar de mantener fijo a todo el personal en plantilla.

Por supuesto, si las cosas le van mucho mejor, siempre tendrá la opción de incorporar más personal a medida que lo necesite, y, desde luego, los proveedores estarán encantados de aumentar sus entregas de inmediato.

(sigue)

A sotavento: Cómo no montar un restaurante: La financiación (1)

Algunas leyendas urbanas sobre los medios financieros de quienes abren un restaurante o un hotel, sugieren que resultan excelentes métodos para blanquear dinero.

Según estas especulaciones, cuando un complejo hotelero o una casa de comidas con pretensiones se yerguen en un paisaje inadecuado, en lugar de achacar la circunstancia a un lamentable error del emprendedor, la imaginación popular especula sobre el origen del dinero: "Este se ha forrado con la droga", "Fulano está trayendo el dinero que ganó en Venezela" o "Lo que pasa es que Menganito ganó mucho dinero como corredor de galgos y ahora tiene que aflorarlo de alguna manera", son los comentarios malévolos que suelen hacerse.

Por supuesto que ése no es su caso. Vd. ha venido analizando los pros y los contras de dar rienda suelta a su vocación restauradora, ha elegido un sitio que le parece adecuado, en un lugar de tránsito importante dentro de su localidad y tiene ya bastante decididos la carta que servirá a la clientela y apalabrados al maitre y al jefe de cocina. Le falta únicamente completar los ahorros de su vida con un complemento financiero para lanzarse a la aventura.

Una primera decisión afectará a la posibilidad de alquilar el local o comprarlo. Dentro de la primera opción, puede que haya encontrado un establecimiento interesante que ya esté funcionando como restaurante, y que el inquilino actual le pida un traspaso.

De todas las opciones, y aunque en otro lugar de este libro le indico los trámites completos para abrir un restaurante partiendo de cero, la más aconsejable es la de decidirse por un local que tenga salida de humos y permiso de la Comunidad de propietarios para funcionar como restaurante. Cerciórese también de que ese local, si aún no lo tiene, podrá disponer de la licencia municipal para poder abrir en él un negocio de restauración. Porque puede suceder que en esa zona o distrito la corporación municipal opine que ya hay bastantes bares y restaurantes y no le autorice una actividad de ese tipo.

Al socaire: Los últimos premios Cervantes de teloneros del Instituto de Estudios Latinoamericanos en Alcalá

Asistí hoy, en la hermosa ciudad de Alcalá, al acto de alumbramiento del Instituto de Estudios Iberoamericanos, que apadrinaron tres premios Cervantes: Juan Gelman, Antonio Gamoneda y Gonzalo Rojas. Los tres, poetas, leyeron algunas de sus obras y reflejaron, también su estilo personal: Gelman, austero y serio; Gamoneda, próximo y socarrón; Rojas, surrealista y longevo.

En realidad, en el Paraninfo de la Universidad vieja, hubo dos momentos muy diferenciados. Primero fue la presentación del Instituto, que hicieron el rector Virgilio Zapatero y la vicerrectora, María José (Pepa) Toro, seguidos por el profesor Daniel Sotelsec y el gerente de la nueva institución; no me aclaré muy bien de lo que se pretende con el recién nacido, pero malo no puede ser, tratándose de estudiar, verbo que con el tiempo se ha hecho maldito.

Después, cambió el decorado, y nos llegó una fiesta literaria de difícil catalogación, en la que los otrora galardonados nos obsequiaron con una selección azarosa de sus poemas, en un recital de digestión posible solo desde el cariño hacia quienes se sentaban en el estrado. Formas muy distintas de entender la poesía, de ser, de comunicar vivencias.

En la presentación de los cervantinos, un para mí desconocido presentador (me soplaron que es catedrático de Lengua o Literatura en una de las facultades de Humanidades), leyó un pupurri con versos encadenados de los poetas de la mesa, a la manera -dijo- de Gaston Vaquero. Lo tituló "Empréstame" y me dejó boquiabierto, de asombro y tedio.

Yo estaba allí por hacerle la pelota a Pepa Toro, que me tiene prometida una exposición de mis cuadros en Alcalá, la cual se demora por diversas circunstancias. Tomé notas de lo que allí se dijo y se leyó, como un neófito, para disimular.

Los que leyeron no son poetas que se prodiguen en metáforas o juegos florales, y por ello, a viva voce no son proclives a levantar pasiones desmelenadas, pero el público los envolvió con aplausos cariñosos, en especial a Antonio Gamoneda, que se flageló al catalogarse de solo "medio poeta" junto a los otros y sirivió un vaso con agua a Juan Gelman a mitad del monólogo que parecía no terminar de Gonzalo Rojas.

Gamoneda leyó cosas sobre la luz, la desnudez,  la eternidad ("no sé morir") y un poema más extenso con el tema tan actual de "Ha de llover", enfocado, por supuesto, desde otra perspectiva, y teñido de color rojeras zapaterianas, que es lo que se lleva ahora.

Juan Gelman propuso, antes que nada, que se constituyera la Cátedra Carlitos Gardel y que la presidiera Marco Antonio Campos, cosechando risas, y después leyó seis o siete poemas cortos. Caían gotas de poética en vena: "la muerte que adolece de tantos defectos"..."qué hago aquí al pie de una palabra que no se deja decir"...)

Gonzalo Rojas estuvo sublime en el comienzo, citando el encuentro reciente con Hawking y sus hoyos negros ("no les teman a los hoyos negros", contó que les dijo el sabio astrofísico en su conferencia en Santiago de Chile). Leyó su poema "Sábete, Sancho", otro sobre un pie (que dijo haber soñado) y, luego, estuvo excesivo, parecía lo suyo inacabable, y resultó algo cómico, por contraste, que es muy malo para la poesía lírica.

Parece que Rojas había encontrado un libro suyo en la biblioteca de la Universidad, publicado sobre el setenta y tantos, y por momentos pareció que nos lo iba a leer entero...Le aplaudieron, por eso, varias veces, cuando parecía que lo que acababa de leer era ya lo último.

Lo mejor de la tarde fue, después, tomarse una cerveza en una terraza alcalaína, con l@s amig@s. Pero eso ya lo guardo para mi propio placer, cuando se trate de recordar los buenos momentos de la vida propia, sobre los que no hace falta escribir ni una letra para que crezcan en uno.

Dibujo comentado: La lectora impenitente

Dibujo comentado: La lectora impenitente

Hoy, día del libro, 23 de abril de 2008, lo propio sería glosar la figura de Cervantes, Shakespeare, o de algún otro de los miles de autores literarios que han alcanzado la fama universal. Lo lógico hubiera sido, en todo caso, hablar del libro, de la lectura. O publicar un relato, apuntándose a un homenaje a uno mismo, como si fuera el portavoz de todos los autores.

Yo he seleccionado un dibujo. Uno de mis muchos dibujos. De acuerdo con el título, debería tratarse de alguien leyendo. Aún más concretamente, una lectora empedernida, una lectora impenitente.

Tengo ya en este espacio publicado un dibujo que encaja mejor con la fiesta del día, bajo el título: "El libro de poemas". También dispongo, amigo lector, de un apunte que, representando a una joven leyendo en un aeropuerto, fue titulado por mí de aquella manera.

Pero, buscando hoy esa pintura, encontré esta otra que, de forma alegórica, me parece que representa también la misma idea. Es un "Arbol florido",. Fue dibujado en Ibiza, en 1995. Mi lectora impenitente de hoy es, pues, un "árbol florido".

¿Por qué?. Sin duda, para los escritores varones, conseguir captar la atención de una hembra a la que deseamos seducir representa un atractivo insoslayable. Así hemos empezado todos en nuestra adoleslcencia: escribiendo para seducir.

Cuando uno es un escritor profesional, se escribe para mucha gente, pero es posible que se piense en una sola persona. ¿Qué pensará ella/el de lo que hemos escrito? ¿Le gustará?. Es decir, ¿conseguiré seducirlo?.

El dibujo representa a una joven de espaldas, desnuda, que parece llevar atado a sus antebrazos un árbol frondoso. Pero el título sugiere que la interpretación debe ser contraria: un árbol que tiene por tronco una mujer sensual -lleva ligas, incluso-, a la que está unido por raíces aéreas, por venturosas lianas que entrelazan a ambos. El cabello rojizo de la joven se descompone en nuevas figuras, sugiere otras escenas dentro del cuadro...

La joven es, hoy, la imaginación, y la copa del árbol que ella alimenta con su sangre es la creatividad.

El dibujo está hecho a lápiz, en pequeño formato, aunque lo he ampliado -fotocopiándolo- muchas veces, y lo he regalado a muchos amigos y amigas. Alguno sé que lo tiene, enmarcado, en su cuarto de leer, que es el cuarto de estar -aunque ahora quien reina en esos espacios suele ser la televisión.

Desde el punto de vista pictórico, no hay mucho que reseñar: se busca la simbología, y, como boceto extraído de la imaginación, los contornos son algo imprecisos, la figura, esquematizada e idealizada con aires de cómic. En mis apuntes, ya tengo escrito, tiendo al affiche, al dibujo-póster, resaltando con colores fuertes, brillantes, el mensaje, en el que tanto tienen que decir las figuras.

Una amiga me preguntó qué quería decir con el rectángulo amarillo al que se sobrepone la figura femenina. No supe qué contestar. No ofrece luz al cuadro (la iluminación parece provenir del espectador y no de ese foco luminoso). Tampoco se trata de una ventana (aunque en muchos cuadros en los que he representando parejas, él o ella, se escapan por una ventana abierta); pero está demasiado baja, para ser una ventana. El rectángulo enmarca los pechos y el vientre de la joven,que no se ven, sin embargo.

Lo miré atentamente, desde la distancia temporal, y me pareció las manos extendidas ofrecían un soporte real, físico, al árbol. El rectángulo amarillo representaba. por tanto, la tierra, su misión era hacer creíble lo que no era sino un engaño visual. La joven desnuda, en verdad, no estaba atada a ningún árbol; se había plantado ante él y el espectador. El encanto inicial se rompía, así, considerado desde lo factible, descendidos desde la escalera de la fantasía...

Teatro, en suma. Esa forma de literatura que no pretende engañar, porque se construye desde el mismo engaño de la representación, a base del esfuerzo de los actores por acercarnos a una realidad falsificada.