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El blog de Angel Arias

Temas ambientales

A sotavento: ¿Necesitamos una Ley de Aguas?

Hace unos cuatro años, en una improvisada tertulia de sobremesa en mi restaurante, Josep Borrel me preguntó a sopetón: "Tú estás a favor de los trasvases o de las desaladoras?". Aún no se sabía que Cristina Narbona iba a ser Ministra de Medio Ambiente, y el presidente del Parlamento Europeo no sabía que yo estoy a favor de todo lo que me parece bueno.

"Estoy a favor de las dos opciones", le contesté. "Siempre que sean necesarias". El error del debate, tal como se estaba planteando en España, residía, para mí, en estar asociando los trasvases (se hablaba entonces del trasvase de agua del Ebro) con una política de derechas y vincularla al PP, y las desaladoras como una estrategia de las izquierdas, y asumirla desde el PSOE.

Más aún, plantear la polémica en términos de bueno o malo, necesario o superfluo, en términos maximalistas, me parecía peligroso. Porque significaba también desposeer de autoridad al núcleo duro de los ingenieros de caminos en el Ministerio, que se habían confesado favorables a la construcción del trasvase del Ebro y apoyaban, genéricamente, los embalses y las obras civiles de envergadura.

Por otra parte, la desalación, vista como una opción local, era sentida como una solución acomodaticia, soportada por otras ingenierías -en particular, los industriales, que veían ahí una fuente de trabajo-, y algunas de las profesiones técnicas más versátiles -químicos, biólogos-, completano un grupo en el que no faltaban, desde luego, geógrafos, economistas y sociólogos.

Aunque los costes de la desalación (incluídas las externalidades) no me parecían plenamente considerados, no veía razones para no aprovechar el descenso drástico de los precios de las membranas y del consumo unitario de energía eléctrica, con los nuevos avances tecnológicos. La panorámica que dibujé era una simplificación, una salida improvisada, pero así quedaron las cosas, porque Josep Borrel calló, "caló el sombrero, fuese y no hubo nada".

La mini-Ley de Aguas del Gobierno anterior fue derogada con decisión propia de manu militare. En posteriores ocasiones pude, ya siendo ministra Narbona (y, en general, buena ministra), perfeccionar mi opinión y trasmitir públicamente que no había porqué renunciar a los trasvases, cuantificando, desde luego, previamente las necesidades y los efectos. Era imprescindible fijar una política de precios homogénea, y hacer pagar los verdaderos costes del agua a los usuarios y, si se dedidía subvencionar algún uso, hacerlo de forma completamente transparente para la sociedad y el mercado.

Mi apreciación se fundamenta en que apoyo una ordenación territorial que no fuerce innecesariamente la naturaleza de las cosas. Es decir, no pretenda convertir la España seca en húmeda, y, por desequilibrio forzoso, deducir que sobra el agua allí donde la hay por encima de lo que los seres humanos de la zona usan para sus necesidades. Porque cualquier cambio en un sistema hídrico tiene efectos colaterales que hay que sopesar muy bien, pues siempre se traducirán en perjuicios biológicos que podrían resultar irreparables.

Otro aspecto que debe primar en la Ley de Aguas es la reutilización de las aguas usadas, revisando los índices de contaminación que marcan la tasa de vertidos, en especial, los industriales, y estimulando -por ejemplo, con bonos negociables- las calidades del agua revertida a cauce público.

Se anuncia ahora que, para no empañar el resto de la legislatura con una polémica acre, la nueva Ley de Aguas será aparcada. El Borrador de la misma, que exigiría un análisis más detallado, tiene aspectos interesantes y otros muy delicados, que interferirían sobre algunos Estatutos regionales, -el andaluz y el catalán, en concreto- que ya han proclamado su autonomía sobre el recurso, cuando las aguas superficiales discurren sobre el territorio geo-político.

Ya he dicho otras veces que considerar solamente las aguas superficiales y olvidar la gestión de los acuíferos es un error conceptual, y, también, que estoy a favor de la gestión unitaria, porque el agua es un elemento de la solidaridad del Estado.

La cuestión del precio justo al agua es otro tema sustancial. La desalación, allí donde no hay otras fuentes de aprovisionamiento que el agua salada, es, sin duda, una fórmula adecuada, pero debe matizarse dentro de un marco de ordenación territorial, para impedir el despojo y malversación de la naturaleza de la costa, sometida ya a impresentables especulación y deterioro.

Creo que sí, que necesitamos una Ley de Aguas. El consenso en esta materia es imposible, porque los intereses en conflicto son variados y, en muchos aspectos, inconciliables. Se exige, pues, un criterio político, una ordenación superior, que mire por encima de los objetivos particulares. Una patata caliente, por supuesto, que habrá que digerir, sin tardanza, en la próxima legislatura.

Al pairo: La tecnología siempre acude

La frase exacta con la que intitulo mi Comentario es de Hegel, y dice así: "Cuando el hombre convoca la técnica, la técnica siempre comparece". Representa el recurso multivalente al que confluyen, cuando la discusión sobre lo que habría que hacer para solventar las dificultades del presente se complica, gentes de variopinta formación académica. Allí se reúnen, dialécticamente,  tanto legos muy lerdos en cuestiones técnico-científicas como profesionales muy sabios en formación económica y técnica.

Juan Velarde Fuertes, catedrático de Economía y Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, recuerda la frase, una vez más, (le gusta citarla, sin duda) en el prólogo a la revista "Mitos y realidades del cambio climático", editada por el Instituto de Estudios Económicos y la Real Sociedad Geográfica de España.

Un resumen de ese prólogo ha visto acogida en el periódico La Nueva España del 26 de agosto de 2007, bajo el título: "Cambio climático, ¿un riesgo manejable?", y es un refrito actualizado y mejorado de otro anterior del mismo autor, publicado en el ABC hace algunos meses, "El clima como pánico", en el que, -menos cauto entonces-, apoyaba la energía nuclear.

El artículo-prólogo de Velarde hay que leérselo completo para juzgarlo con justicia. Está escrito con la erudición que caracteriza el trabajo de este economista ilustre, y no le falta un empeño velardiano por pasar revista a toda la Historia de la Humanidad para llevar el argumento a la conclusión que le apetece.

Conclusión que, en este caso, sería -asumo aquí mi responsabilidad- ésta: El pánico a la globalización, último logro del capitalismo, ha generado críticas que buscan refugios argumentales. El más extendido deriva del ecologismo y se concreta en el temor al calentamiento global. Pero la técnica ya está demostrando que tiene recursos para deshacer este pánico (el "sexto") moderno.

A mí la argumentación del respetable catedrático me recuerda el cuento del robusto caballo al que su amo cargaba cada vez con un saco más, viendo satisfecho cómo aguantaba el peso. Creía así que, a poquitos, el animal no se enteraría del fardo creciente que ponía sobre sus espaldas, pero el equino acabó desfondándose, reventado.

No quiero comparar la técnica con una acémila, y no seré yo quien tenga desconfianza en el poder de la técnica, y de la sabiduría humana concentrada en la investigación, en particular. Pero, para que las piezas encajen bien, quienes acuden a la técnica como quien llama a la necesidad, debieran tener presente que se necesitan tiempo y recursos para encontrar las soluciones.

El profesor Velarde lo sabe, por supuesto, y al hacer apología de las soluciones que hipotéticamente la técnica guarda en su chistera, sin subrayar las dificultades, está provocando dos efectos colaterales peligrosos: a) estimula la carrera por el beneficio a las empresas que se mueven en el sector energético, y b) anima a los insensatos a que sigan contaminando y haciendo más complejo el hallazgo de las soluciones.

A mí me hubiera gustado recordar a Martin Heidegger, al que cito libremente: "Es posible que un día, a través de lo técnico, descubramos la esencia de la verdad". Y ahora, sí, textualmente (con ligeras modificaciones a la traducción de E. Barjau): "Nosotros, con tanta técnica, aún no experimentamos lo esencial de la técnica; y, con tanta estética, ya no conservamos lo esencial del arte. Sin embargo, cuanto mayor sea la actitud interrogante con la que nos pongamos a pensar en la esencia de la técnica, tanto más misteriosa se nos convertirá la esencia del arte." (Versión en español de "La pregunta por la técnica", Heidegger, M., Conferencias y artículos, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994).

A barlovento: Los cursos de la Granda (Avilés), y la energía de Teodoro López-Cuesta

La Residencia de La Granda, en Avilés, está en un idílico lugar, que antes era aún más idílico -relativamente-, porque estaba rodeado de humos por todas partes. Se construyó para que el generalísimo Franco tuviera un lugar representativo en el que estar y recibir a sus admiradores, cuando le apeteciera venir a visitar una de sus obras cumbres (y del marqués de Suanzes), la Ensidesa. Allí, en los entreactos, los directivos de la fabricona también organizaban recepciones y comidas para obsequiar a ilustres huéspedes.

Cuando el dictador pasó a mejor (?) vida, se propusieron varias opciones para rentabilizar el edificio. A Teodoro López-Cuesta, catedrático emérito de la Universidad de Oviedo, rector perpetuo de la misma, activista incansable con mensajes de paz, sonrisa permanente, amigo de todo el mundo, omnipresente, -Dientéfano como mote cariñoso, también para sus amigos-, se le ocurrió organizar allí cursos de verano, para reunir a profesores y gentes de la empresa, eruditos, entendidos y aficionados, con el objetivo de que se conocieran entre sí y discutieran sobre lo que nos importa.

Lleva la idea viva 30 años, y esto es prueba suficiente de que el invento cuajó y sobrevivió a la envidia de sus detractores. Por allí han (hemos) pasado centenares de personajes y personajetes, teorizando sobre lo que había que hacer y polemizando sobre lo que los otros habían hecho mal o regular.

Teo estuvo siempre detrás y por delante de los Cursos de La Granda. Supo apoyarse en los flancos más débiles por amigos del peso de Juan Velarde Fuertes, otro infatigable, que vale para un roto como para un descosido. A Velarde me lo encontré -por ejemplo- como asesor del alcalde de Navia y, abiertas las plicas, decía con convicción: "Ardo en deseos de leer todas estas ofertas" , en un proceso que, si no recuerdo mal, se adjudicó a Asturagua.

En La Granda conocí personalmente a Severo Ochoa. Me senté a su mesa, y, aprovechando un hueco entre los que le hacían la pelota, le conté una anécdota que de vez en cuando sacaba a relucir mi padre, por la que nos convencía a sus hijos de que estuvo a punto de ser colaborador del Premio Nóbel, pero no se atrevió a irse a los Estados Unidos. "Hizo bien", fue el diagnóstico indulgente del sabio. 

En La Granda hablé de la reindustrialización de Asturias, allá por los finales de los 80, cuando la cosa ya empezaba a estar difícil, y yo acababa de leer una tesis sobre el tema.

Estas últimas semanas, en La Granda se discutió sobre la energía. Faltaron los representantes del carbón, supongo que no porque carecieran de cosas que decir, sino porque no está el asunto para airear en público lo mucho que necesitamos de esta fuente de energía que pasa por un mal momento, en el que todo el viento sopla a favor de las llamadas energías limpias. (Y no solamente quiero con ello significar la energía eólica, sino de todas las consideradas alternativas). Estuvo el Presidente del Foro de la Energía Nuclear, Eduardo González, que defiende a la nuclear no solamente porque le pagan por ello, sino porque está persuadido de que seguiremos necesitando a esta desgraciada.

Pero, como fuente de energía limpia, la que más me gusta es la de Teodoro López-Cuesta. Mantiene su ritmo en toda situación, propone, hace, crea, construye siempre. Y no destruye jamás, si presiente que lo que el otro ha hecho, lo hizo convencido de su valor. 

A barlovento: Algunos efectos de los biocombustibles en la dieta energética y en la cesta de la compra

En este comentario se analizan algunos de los efectos colaterales de la utilización de biocombustibles como fuente energética, cuyo objetivo principal es reducir la producción de CO2 equivalente causada por la combustión de gasoil y gasolinas en los vehículos a motor. El tema es importante, y complejo, por lo que ahora simplemente proporcionaré un par de reflexiones básicas, que iré completando en días sucesivos. El comentario del día 21 de agosto puede servir, por otra parte, como introductorio de éste.

La forma de comenzar mi análisis puede parecer propia de un arabesco mental, pero me gustaría recordar que la especie humana monopoliza prácticamente el 25% de la capacidad productiva de los ecosistemas de la Tierra. El hombre ha venido alterando la biosfera de muchas maneras. En los dos últimos siglos, el aumento de la población mundial ha provocado el aumento de las plantaciones agrícolas y masivas talas de árboles, efectos a los que hay que añadir los incendios provocados en los biosistemas.

Han sido muchas las investigaciones que cuantifican los efectos de esta realidad. Cito como estudio reciente el realizado por el equipo del Dr. Helmut Haberl, de la Universidad de Klagenfurt (Austria) publicado por la revista PNAS de la National Scientific Academy (USA). El Dr. Haberl y su equipo atribuye el impacto humano sobre la biosfera en la siguiente proporción: un 53%, debido a cultivos y plantaciones, un 40% por cambios en uso del suelo (incluído el urbanismo) y un 7% a incendios forestales intencionales.

Esta actividad de nuestra especie cambia los ciclos naturales de renovación. Tiene, desde luego, el efecto positivo para la subsistencia de conseguir una mayor productividad en las áreas de agricultura intensiva, y en esas zonas se aumenta la generación natural de bioenergía por la función fotosintética de la vegetación.

Se estima que las plantas superiores y el resto de los seres fotosintéticos producen anualmente una cantidad de biomasa equivalente a 170 Gigatoneladas de materia seca, con un contenido energético estimado en 2,85 . 1021 J, muy superior a las necesidades energéticas y alimenticias mundiales (estimadas respectivamente en 0,377 . 1021 J  y  0,0549 . 1021 J, para una población de    6.000 Millones de  habitantes).

Pero el estudio del resultado completo del proceso de obtención de los recursos necesarios para nuestra subsistencia, comprendidas la eliminación y absorción por la naturaleza (allí donde es posible) de los desechos producidos, conduce al concepto de "huella ecológica". Nuestra "huella" parece haber sobrepasado en la actualidad el 25% de la capacidad regenerativa natural, lo que quiere decir que la Tierra necesita más de 15 meses para reproducir los recursos que consumimos en un año.´

Descendiendo ahora el nivel de nuestra reflexión, traigo a consideración la propuesta de Orden Ministerial que el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio ha enviado a principios de julio a la Comisión Nacional de Energía, para su informe preceptivo, y que apoya un mecanismo especial para fomentar el uso de biocarburantes y otros combustibles renovables en el transporte. Está prevista la entrada en vigor el 1 de enero de 2008.

La O.M. introduce, consecuente con la filosofía imperante, un  "certificado de biocarburantes", que será extendido por la propia C.N.E., mediante el cual las empresas obligadas (las productoras) podrán acreditar el porcentaje de biocarburante que entreguen a cada consumidor (las gasolineras) anualmente. Los biocarburantes estarán separados en dos grupos: los que se empleen como aditivos al gasóleo de automoción (biodiesel) o a las gasolinas (bioetanol).

Los certificados considerarán, entre otros aspectos, el origen del biocombustible y la valoración ambiental de los cultivos, según baremos que deberán ser definidos, y por los que se pretende orientar la producción de biodiesel hacia aquellas vegetaciones que afecten menos al consumo humano o animal. Se deberá alcanzar el 1,9% de mezcla en el 2008, y, progresivamente, el 5,83% en 2010.

Si no se acreditan estos porcentajes mínimos (que podrán, en caso de exceso, ser aplicados al año siguiente, hasta un 30%), tendrán que pagarse cantidades compensatorias, que se decicarían a beneficiar a los productores que quieran vender sus excedentes de cupo, o podrán ser trasferidos entre los sujetos obligados.

A la espera de que se regulen las compensaciones en el mercado interior español, las empresas productoras de biocombustibles han venido exteriorizando sistemáticamente su descontento. Abengoa Bionergy y Acciona Energía, que sostienen las apuestas más arriesgadas en el sector, han sido especialmente claras con las razones: hay oscuridad y falta de diligencia. 

La clarificación les urge, pues Abengoa ha construído un centro para bioetanol en Salamanca -para el que reclama una fiscalidad especial, y no su tratamiento como derivado del vino- y Acciona produce biodiesel para ser mezclado en el gasóleo. Como no se han cumplido las previsiones de estímulo al mercado, se está exportando la producción, pero también hay movimientos de compra de la producción forrajera para exportación a Alemania y Holanda.

La cosa tiene miga, y los interlocutores o no son muy claros en lo que quieren o no tienen aún las ideas totalmente definidas. En febrero de 2007, la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA) se mostraba satisfecha porque la Mesa de Biocarburantes había conseguido "fijar el contrato tipo" para los cultivos de girasol y colza como materias primas para producir biodiesel. La fórmula abierta respondía al sistema mixto, con una parte fija, y otra variable de acuerdo con la evolución tanto del mercado del gasóleo como del conjunto del mercado alimentario.

En cuanto al bioetanol, el contrato tipo y la fórmula mixta parecieron desaconsejables, debido a los altos precios de los cereales en esta temporada, por lo que los contratos firmados para este producto no fueron homologados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, y se actuó conforme a los intereses del mercado de biocombustibles, en los que los países centroeuropeos llevan la cabeza de la competición.

Si se admite que el valor energético de 2,5kg de paja es equivalente a 1kg de petróleo, para producir 1 Mtep necesitaríamos 2.500 t de paja. No es necesario romperse mucho la cabeza para saber cuántas Ha. de secano se necesita dedicar a ese cultivo para obtener las cifras deseadas.

Quedémosnos pues, de momento, con la idea de que, en el mercado español, la falta de un acuerdo estable en relación con la producción de biocombustibles ha sometido a los precios de los cereales, forrajes y otros vegetales usados para alimento del ganado a tensiones nuevas, provocando en consecuencia el aumento del precio de los piensos.

No quiero ser ave de mal agüero, pero vaticino que estos desequilibrios de mercado, perjudiciales para el ganadero, se multiplicarán en el futuro, a pesar de la satisfacción que han mostrado en su momento algunos de los representantes de las cooperativas agrícolas.

Parece, pues, que, si no hay nuevos inputs en el horizonte, pagaremos la carne más cara, aunque contaminemos algo menos. Las medidas de ahorro energético y de incentivación al transporte colectivo esperan en el cajón, entre tanto. Porque a lo que no parecemos dispuestos es a renunciar a nuestro nivel de bienestar. Bienestar que nos estamos obsesionando obsesionando en traducir tanto en el movimiento frenético desde un sitio a cualquier otro (por turismo o por avidez de cambiar), y en una incontenible piromanía.

A sotavento: Cuidado con lo que quemamos junto al biodiesel

Parece que vamos enterándonos que el precio del heno ha subido, ya que los empresarios concienciados ecológicamente por la vía del biocombustible lo están acaparando para quemarlo en sus centrales subvencionadas. Los ganaderos han protestado, porque no pueden pagar precios tan altos, y la estabilidad de los precios de la carne y la leche corre peligro. Así que ya empezamos a decir que "no es eso, no es eso", puesto que, una vez más, hemos puesto los bueyes sin haberlos zunchado al carro, ya cargado.

Que se trate de empresarios alemanes, españoles o medio-pensionistas es lo de menos, en realidad. El capital -internacional y autóctono- tiene empleados muy inteligentes que reciben salarios altos (superiores a los de los funcionarios que los deberían controlar, en todo caso), que dedican su tiempo, entre otras cosas, a buscar los agujeros a la legislación.

Normalmente, el beneficio debiera provenir de la eficacia y de la innovación, Pero los márgenes también pueden venir por la vía de la reducción e incluso la evasión de los impuestos o la contaminación y el uso privativo de los bienes públicos. Otras veces, los capitales en busca de rentabilidad encontrarán la manera de conseguir que las subvenciones rentabilicen mejor sus aventuras empresariales. 

Soy partidario de la utilización del biodiesel como combustible, no tanto por sus características ecológicas, sino por la inmediatez y facilidad de su producción. Coincido, por utilizar un argumento ya empleado por un político -Lula da Silva, presidente de Brasil, a principios de julio de 2007, en la cumbre del G-8+5, que tuvo lugar en Heiligendamm-. que "los biocombustibles tienen una relevancia especial en los países en desarrollo", porque son "alternativas económicas, sociales y tecnológicas para países pobres económicamente, pero ricos en sol y tierras de labranza".

Pero la moda del biocombustible tiene muchas aristas. La Directiva 2003/30/CE, transpuesta en España por el RD 61/2006, establece que cada Estado miembro deberá controlar la comercialización de un mínimo de biocarburantes, junto con otros combustibles de los considerados renovables. Se permite incluir hasta un 5% en volumen de biocarburantes en gasóleos y gasolinas, y cantidades superiores si se etiqueta de forma específica. El objetivo indicativo para finales del 2010 es que se utilice, al menos, el 5,75% de biocarburantes (medidos en su contenido energético) en el transporte de los Estados miembros.

En la UE, el consumo de biocarburantes en 2006 fue de 5,38 Mtep, que equivale al 1,8% del combustible total utilizado, alejada aún del objetivo del 2% para 2005. Alemania consume más del 60% del biocombustible, con 3,35 Mtep. España no ha superado las 0,18 Mtep. (0,11 Mtep de bioetabol y 0,06 de biodiésel). En producción, en cambio, España produjo 0,24 Mtep de bioetanol y 0,07 de biodiesel.

La fiebre de la producción está provocando ya graves desequilibrios. La ONG Amigos de la Tierra ha denunciado que la multinacional Wilmar, la mayor empresa distribuidora de aceite de palma, está destruyendo las selvas de Indonesia. La OCDE estima que para sustituir el 10% de los combustibles que demanda actualmente la UE habría que dedicar el 70% de la superficie agrícola europea.

Habrá que tener, pues, cuidado, con lo que quemamos junto al biodiesel. Por citar solo una voz autorizada, Daniela Rusi, de la Universidad Autónoma de Barcelona, advierte de las "modestas ventajas ambientales del biocombustible". Si se sustituyera la gasolina diesel con la mezcla prevista del 5,75% de biodiesel, los óxidos de nitrógeno (NOx) - a falta de análisis precisos, puede que aumenten incluso significativamente en algún caso-, y, a cambio, la producción de hidrocarburos y el monóxido de carbono disminuiría solo al 6 y 3%, respectivamente. "Estas pequeñas ventajas -reconoce la Dra. Rusi- quedarían empequeñecidas por las desventajas de la producción a gran escala: enormes requerimientos de tierra para cultivar, sustitución de cosechas alimenticias por monocultivos, y deforestación."

Al socaire: Los derechos de superficie rústica y el mito de Casandra

El ABC del día 14 de agosto de 2007 publica, en su sección de Opinión, una magnífica reflexión de Aura Esther Vilalta, Profesora de Derecho Civil en la Universitat Oberta de Cataluña, titulado "El cambio climático o el mito de Casandra".

Casandra tiene el don de la profecía, y predice las cosas que van a suceder, pero nadie la cree. A diferencia del joven pastor del cuento, que grita que pide ayuda porque viene el lobo sin que sea cierto, movilizando varias veces a los demás para reirse de ellos, pero acaba siendo víctima de su mentira, cuando su rebaño de ovejas es atacado de verdad, Casandra adivina el futuro, y son los otros quienes se mofan de ella.

La profesora Vilalta analiza los ejes en los que -escribe ella- "no le cabe ninguna duda de que la acción internacional acabará descansando". Uno de ellos será el reforzamiento de los bosques como sumidero de CO2, por lo que se debería incrementar la superficie forestal y se tendría que apoyar, en consecuencia, con medidas jurídicas, la cesión a largo plazo de las masas arbóreas. Entre ellas, apoya la existencia de un "derecho de limpieza", por el que se podría recompensar a los que limpian y cuidan los bosques, de la misma forma en que existe un "derecho de emisión" que tiene su mercado específico.

Me parece una magnífica propuesta. Casandra cuenta, esta vez, con el apoyo de muchos que creemos necesario hacer caso de sus voces, anunciando que el peligro a que nos está conduciendo nuestro afán pirómano y nuestra dejación medioambiental está ya demasiado próximo. Pero, si mi apreciación es correcto, son mayoría los que se obstinan en confiar en que la naturaleza corregirá el desequilibrio que le hemos causado, sin que tengamos que adoptar medidas importantes. Esa mayoría insensata está capitaneada, como no podía ser de otro modo, por sus gobiernos.

El mito de Casandra ha sido tratado varias veces, adulterando su final trágico, para acomodarlo al gusto de los tiempos. ¿Deberíamos hablar del mito de Jeffrey Goines a los jóvenes?

Al socaire: Altura de las viviendas, urbanismo y política

La novísima ministra de Vivienda, Carme Chacón, a la que la oposición ha calificado de Ministra florero, porque no tiene competencias, se ha estrenado en la palestra mediática con una dura crítica a la exótica (extravagante, ha dicho ella) decisión del gobierno de Esperanza Aguirre de obligar a que las nuevas viviendas que se realicen en la Comunidad de Madrid tengan, como máximo, cuatro alturas y ático.

Es, desgraciadamente, cierto, que en el inclemente despojo de competencias desde la Administración central a las organizaciones regionales, el Estado central tiene poco que decir en el campo de la Vivienda. Las críticas de la recién llegada "ministrina" a las disposiciones autonómicas del Gobierno de Madrid (sección autonomía regional) se enmarcan, por tanto, dentro de los fragores de la contienda política, pero no pueden entenderse como surgidas de la aplicación del principio de autoridad, y ni siquiera de la invocación del bienestar general o de las reglas previstas para solucionar un conflicto de competencias.

Lo nuclear del tema es, en mi modesta opinión, otra cosa, y no es asunto para hoy. La responsabilidad en la ordenación del territorio, que han asumido por imperativo legal, las administraciones regionales, se ha venido concretando en el terreno de la praxis, con la aplicación preferente de dos criterios peligrosísimos, que no están en ningún catón de las buenas conductas políticas. A saber, a) la ignorancia, la tolerancia e incluso el menosprecio a los planes urbanísticos de las administraciones locales (práctica del avestruz), y b) la extrema y exótica rigidez de algunas medidas puntuales (práctica del hámster), por las que se obliga a paralizar proyectos en pretendidas aras de la protección ambiental o de la conservación de patrimonios presuntamente valiosísimos, todo ello en beneficio de no se sabe muy bien de qué o de quienes, aunque alguna sospecha se va clarificando.

La falta de normas urbanísticas generales y, por ello, la ausencia del necesario control desde el origen, ha traído monstruos, ahora muy difíciles de destruir, hacia el sector. A muchos nos parecería excelente que para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, se construyeran viviendas de pocas alturas, con terrazas orientadas al sur en la zona norteña y hermosos recovecos umbríos, con tililantes fuentes, si la edificación se lleva a cabo en el sur hispano. Preferiríamos, además, que las casas tuvieran todas ático soleado y, ya puestos, vistas al mar o a la montaña.

La realidad urbana que hemos (han) construído en los últimos cincuenta años (por poner una limitación temporal) es muy otra, y se han primado los intereses más egoístas y utilitarios. Se ha desquiciado y agotado el disfrute pacífico de la costa, incluso las muy queridas por mí -y por otros, desde luego- de Llanes y Salas (Asturias) y de San Antonio y San José (Ibiza), plantando primeras líneas cada vez más próximas al mar, a despecho de toda previsión legislativa, control social, inspección policial y lógica urbanística. Hemos (han) dejado caer o demolido con la piqueta del oportunismo, hermosos palacetes, edificios singulares y casas de solera y, por el contrario, hemos  (han) protegido estúpidamente, fachadas sin el menor interés arquitectónico, paralizando sine die edificaciones y equipamientos necesarios. Hemos (han) rebuscado en las ruinas subterráneas descubiertas justamente porque hace menos de cien años no tuvimos (tuvieron) empacho en destruir joyas arquitectónicas, no se qué vestigios de valor histórico muy cuestionable...

Por favor, políticos. Ábrase completo el botellón del debate del urbanismo, no solamente el frasquito de las viviendas deseables. Concentráos, si así os parece percibir que lo que demanda el pueblo sensato -como creemos algunos-, en mejorar la forma de vivir la ciudad, y no os lancéis dardos envenenados sobre la conveniencia de las casas de cuatro pisos o los chalets con piscina, por alto que estiméis el nivel de vida de vuestros súbditos. Por cierto, habría que explicar los matices de vuestras preocupaciones cuando estos debates se realizan en el mismo territorio en que se han autorizado rascacielos de cuarenta pisos con aire de espútnik barato.

Hagamos la vida de las ciudades más agradable, reorganizando y acomodando el transporte, peatonalizando, dotando de verdaderas zonas verdes cada barrio, dinamizando la vida urbana de proximidad con comercios, lugares de diversión y recreo, comunicaciones digitales, ofertas para el trabajo doméstico intelectual.

Y, claro está, abaratemos la vivienda, para lo que habrán de deslocalizarse las ciudades y crearse infraestructuras urbanas con visión de futuro.

¿Qué significa ésto?. Que hay que incentivar que las aglomeraciones grandes se adelgacen, recuperando espacios públicos, y apoyar el crecimiento de las ciudades intermedias y períféricas. Unido todo ello, por supuesto, a la protección del habitante del territorio, que es aquel que lo habita (perdón por la redundancia terminológica), o sea, que es quien trabaja y vive en él, no quien utiliza el espacio para fagocitárselo en sus días de asueto y dejarnos a los autóctonos las inmundicias de su ocasional disfrute.

A sotavento: O Courel: paisaje, piedras y dinero

ADEGA, la Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galiza, viene solicitando apoyo popular para impedir lal explotación a cielo abierto en los montes de O Courel, entre Lugo y Ourense, España. ADEGA, que en gallego y portugués significa bodega, que es lugar en donde se elaboran y guardan los vinos y, también, el espacio del barco en donde se transporta la carga, es una activa y señera organización ecologista que trata de mantenerse como políticamente independiente en el mar siempre proceloso del ecologismo practicante. Desde hace unos dos años está presidida por la catedrática Adela Figueroa, geo-bióloga, por dimisión de Xuan Duro, de militancia confesada.

La batalla principal que libra ADEGA en la actualidad se desarrolla allá por las montañas de la Galicia profunda, en mi segunda tierra, en el Courel (o Caurel), porque parece que, como su nombre indica, sigue todavía albergando oro en sus entrañas. Desde hace siglos, todo el mundo lo había ignorado, menos las meigas, que seguían haciendo su labor entre fragas y frondas, y algunos -pocos- hombres y mujeres.

Los habitantes de esta comarca, olvidados entre los olvidados de España, vivían arrastrando su marginación y su mísera vida, cuidando aquellos bosques en mancomún que les daban castañas y fuego para el duro invierno, criando cuatro reses,  bravas por su resistencia al frío, y unos cerdos que veían poca luz en su vida, y que se sacrificaban para San Martiño y en honor del condumio, haciendo jamones y chorizos que los apresurados viajeros que venían de la meseta hacia la costa solían decir que les sabían a gloria en los bocatas que engullían en Fonfría o Piedrafita do Cebreiro.

Pero resulta que el Courel es una montaña que los misterios y complicaciones de la orogénesis hicieron en buena parte pizarrosa de alta calidad. Así sucede también en otros muchos de los viejos montes gallegos, que albergan esquistos, neis, anfibolitas y cuarcitas, producto de la deformación de los materiales volcánicos y sedimentarios del comienzo de los tiempos, allá por el Paleozoico.

El Courel es uno de las más bellos paisajes de España. Pero si se quita la escueta capa de humus vegetal, donde se agarran árboles centenarios, se descubre el precio que cobijan los, hoy, invendibles y por lo tanto, sin valor económico de cambio, bosques de castaños: está formada por muy aceptables lajas de piedra, que lucen mucho cuando cubren las insulsas construcciones europeas, aunque no tanto como lo hacen en los musgosos teitos lucensesvu orensanos.

La cantera "La Campa", por ejemplo, instalada en Folgoso do Courel y explotada hoy por Cupire-Padesa (CUPA), tenía un problema: después de años de sacar piedra más o menos de estrangis, que es una técnica minera que a veces se utiliza -sobre todo, en los países dejados de la mán de Deus- aunque no se aprende en los libros, necesitaba con urgencia ser legalizada. No podía seguir comiéndose el monte sin contar con la preceptiva licencia, ni con el imprescindible estudio ambiental. Por imagen empresarial, por vergüenza propia.

La Xunta de Galiza está dispuesta a regularizar esa situación, porque las piedras traen riqueza y empleo a la sociedad, y la explotación de un monte abandonado, de belleza difícilmente igualable, (como casi todas las cosas que se mantuvieron alejadas de la mano del hombre sabio, ay), no habrá de contar con dificultades, por mucho que cuatro campesinos aletargados protesten y ADEGA y otras asociaciones de ecologistas con (para sus detractores, uy) oscuros intereses políticos hayan reunido, por ahora, apenas diez mil firmas.

Como ingeniero de minas, como amante de la naturaleza, como emocionable ante el paisaje, creo que debemos exigir que las autoridades administrativas no se dejen obsesionar por el presente. El presente pasa muy rápido, y lo que nos queda, después, entre las manos, si no lo hacemos bien, ya sabemos qué es: el vacío, lo destruído, el abandono, el caos. Hay que saber mucho, tener la cabeza muy limpia de injerencias y contar con muchas opiniones, para valorar adecuadamente los activos y los pasivos de la minería.

Salvemos O Courel. Hay muchos otros sitios donde extraer unas cuantas láminas de pizarra para que la utilicen como decoración en las casas de quienes podrán pagarse un par de toneladas de piedra, pero no pueden pagarnos lo que cuesta el paisaje de Galicia, si lo destruímos para siempre.