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El blog de Angel Arias

Temas ambientales

A barlovento: Competitividad y futuro de la energía solar (y 3)

Los colectores de energía solar térmica a baja temperatura tienen como usos principales el agua caliente para usos higiénico-sanitarios, calefacción de piscinas o de edificios. Constan, bien de una caja de aluminio anodizado que contiene un haz de tubos con aislante térmico o de un conjunto de colectores de baja temperatura del tipo -por ejemplo- CPC (Compound Parabolic Concentrator) o TIM (Transparent Insulating Material.

El mercado principal está localizado en la Unión Europea, que tiene instalados los 3,5 mill. de m2, fundamentalmente en Alemania y Austria. En cálculo per cápita, Austria y Grecia tienen 25 kw/hab en tanto que España, con 3 kw/hab presenta un margen de crecimiento importante.

España tenía instalados 1 millón de m2 de placas solares térmicas, y el Plan de Energías Renovables prevé llegar a 4,5 mill., cifra, evidentemente, inalcanzable al ritmo actual. El Código Técnico de Edificación pretende darle un impulso al sector, y entre 2006-2010, con las nuevas reglamentaciones, se confía en instalar 2 mill. de m2 de captadores. (30% en el norte español; 70% en la zona sur).

A barlovento: Competitividad y futuro de la energía solar (2)

Los desafíos tecnológicos actuales, en lo que se refiere a la utilización de la energía fotovoltaica, son superiores a las de otras aplicaciones de la energía solar.

En las tecnologías de silicio cristalino: Se deben desarrollar nuevos métodos de producción de silicio de calidad para la aplicación; mejorar los procesos de cristalización y fabricación de obleas (actualmente de 350 micras, que deberían reducirse a 100); automatizar o perfeccionar los procesos de producción de cédulas y módulas; reducir las materias primas necesarias.

En las tecnologías de lámina delgada: Se debe aumentar la eficiencia desde el 5 a 12% actual hasta, por lo menos, el 15%; desarrollar estructuras multiunión; desarrollar equipamientos para escalado y deposición en grandes áreas: reducir los problemas derivados de la contaminación y de elementos escasos (Cd, con problemas de reciclaje).

Las nuevas tecnologías prometedoras, con la técnica de las células fotovoltaicas supone el desarrollo de sistemas de concentración, como las que se están aplicando en el Centro de Investigación de Puertollano, y el empleo de nuevos materiaels (polímeros, células de óxidos de titanio). No parece que las huertas solares sean la aplicación más inteligente, y el mercado debería desarrollar aplicaciones para la edificación, hoy con menores incentivos.

La energía solar para producción termoeléctrica (aprovechamiento del calor solar para convertirlo en electricidad, concentrando la radiación en focos de calor) tiene, actualmente, tres aplicaciones: en torres, discos parabólicos y cilindros. Como característica importante, admite una cierta capacidad de almacenaje, lo que la hace más manejable para el gestor de la red.

En la actualidad, existen en España una central operativa y cinco en construcción: Solúcar PS10 y 2 de PS20, de torre y campo de helióstatos (Abengoa), Andasol (Cobra) en Guadalix, otra en Puertollano (Iberdrola), a la que hay que añadir la de Nevada, del grupo Acciona, de 50 Mw y colectores cilindro-parabólicos.

A barlovento: Competitividad y futuro de la energía solar

La cátedra Rafael Mariño de Nuevas Tecnologías Energéticas, de la Universidad Pontificia de Comillas, y que dirige José Ignacio Linares, presentó ayer tarde (7 de febrero de 2008) el libro "Energía solar: estado actual y perspectiva inmediata". Es el tercer volúmen de la colección Avances de ingeniería: Análisis de situación y prospectiva de nuevas tecnologías energéticas.

El libro recoge las ponencias de unas jornadas celebradas en mayo de 2005 y, dada la celeridad con la que se mueve el sector, el análisis ha quedado en parte obsoleto, lo que solamente resta un pequeño interés a una publicación cuyo carácter fundamental es el de ser divulgativa, expositiva y clara, lo que se consigue plenamente. La conferencia de presentación del libro, realizada por Fernando Sánchez Sudón, director técnico del Centro de Energías Renovables (Cener), autor de uno de los capítulos, tuvo el carácter de actualizar algunos de los datos, lo que unido a la calidad profesional del conferenciante, convirtió el acto en un repaso excelente a las características del momento de esta fuente energética.

Como es sabido, el término energía solar abarca en realidad tres formas diferentes de energía: la fotovoltaica (cuya manifestación más conocida son las placas que conforman las huertas solares), la termoeléctrica y la térmica.

El 90% de las células fotovoltaicas -semiconductores dopados- siguen estando basadas en el silicio. La producción mundial ha alcanzado en 2006 los 2,5 Gw, en progresión meteórica a partir de los 1,8 Gw de 2005; la capacidad instalada fue de 6,6 Gw en 2006. Los mercados están dominados por Alemania y Japón, que agrupan 4,3 Gw entre los dos), siendo las empresas más importantes: Sharp, Q-Cells, Suntech, Sanyo, Kyocera, BP Solar, Motech, Solarworld y Mistsubishi (por cierto, que la clasificación de 2007 presenta variaciones no irrelevantes en relación con la que figura en el libro presentado, de 2005)

La competitividad de la energía fotovoltaica respecto a las fuentes tradicionales, según la agrupación ASIF-APPA, podría alcanzarse en 2020, con el compromiso de los productores de bajar sus costes desde los 44 c/kwh actuales hasta los 23,5 c/kwh (un 5,4% anual), y una subida de tarifas al consumidor gradual durante el período, desde los 14,7 c/kwh de 2007 hasta esos 23,5c/kwh. El sector pretende que el 20% de la producción energética española sea fotovoltaica, pero reclama para ello las ayudas que le permitan preparar su competitividad.

En España, actualmente, hay 500 Mw instalados de energía fotovoltaica, habiéndose alcanzado los objetivos del Plan (RD 436/2004 y RD 661/2007), que se contentaban con llegar a 371 Mw en 2010.

El sector (fabricantes de placas, empresas eléctricas, y financieras) está muy satisfecho, por supuesto, y los productores quieren colaborar con la Administración para encontrar un nuevo marco. Ideas no les faltan.

Piden que se suba el objetivo a 1.000 Mw en 2010, -y a 3.666 Mw en 2020- y están dispuestos a que se bajen las tarifas desde los 44 a los 37 c/kwh. Es decir, renuncian a 7 c de subvención por kwh, pero sugieren que debe mantenerse una diferencia de 23 c/kwh con relación a la tarifa media cargada a los consumidores (176% superior)

Jugando en corto: Indicadores de sequía

La preocupación por las modificaciones sustanciales en los ritmos de precipitación, que estaría provocando, a los ojos de los observadores, una progresiva desertificación de algunas regiones y sorprendentes inundaciones y tormentas en otras, ha puesto de actualidad los indicadores de sequía.

El grupo de los más conocidos fue desarrollado por Palmer, con el objetivo de medir la pérdida de humedad del suelo y su relación con la disminución de los cultivos. No se trata de índices complejos, sino que están basados en la aplicación del sentido común al tema. Por ejemplo, el llamado índice de severidad de la sequía (de Palmer) permite hacer comparaciones entre las condiciones consideradas normales -determinadas a través de series históricas de duración suficiente- y las del período analizado.

Según un informe del Centro Hadley para la Predicción y lias Investigaciones sobre el Clima, aproximadamente un tercio del planeta estará desertizado para el año 2010. El índice de Sequía moderada aumentará del 25 al 50% durante el siglo XXI, y el de sequía grave, pasará del 8 al 40%, subiendo el de sequía extrema desde el actual 3% a un 30%.

La Unión Europea estuvo hasta hace muy poco preocupada únicamente por reducir el riesgo de inundaciones en las cuencas de los ríos centrales y las zonas costeras del norte, en coherencia con el presunto dominio político en estos temas que pretenden Francia y Alemania. El estudio del European Spatial  Plannig Observatory Network (ESPON) ha servido para confeccionar el mapa de riesgo de inundaciones fluviales en Europa, utilizando datos recogidos entre 1987 y 2002, y se ha incorporado la cuenca mediterránea.

La intervención de la delegación española, se ha polarizado, con éxito relativo, en solicitar la creación de un Observatorio Europeo sobre la Sequía y la Desertificación, siguiendo el modelo  del que se lanzó en nuestro país en 2006.

Porque, como ha puesto de manifiesto el Informe de Ecologistas en Acción y lo avala la experiencia directa de los amigos de la naturaleza, el 60% de los humedales españoles han desaparecido. Existen 63 humedales protegidos (acogidos al Convenio de Ránsar de 1971), con más de 282.000 Ha, y el Ministerio del ramo ha dedicado 2,5 Mill. de euros a la restauración de algunas zonas húmedas. Pero a pesar de esos esfuerzos (no muy intensos), la pérdida de áreas húmedas y el aumento de los índices de desertificación básicos es constante.

El riesgo de sequía en algunas áreas es posiblemente importante, pero no bastan las apreciaciones subjetivas, y, por ello, debería establecerse una metodología de actuación y un análisis científico. Porque una cosa son los indicadores y otra, diferente, las medidas necesarias para atajar o disminuir el alcance del riesgo, arbitrando -además- el marco jurídico adecuado.

A sotavento: Desalar, trasvasar, o no hacer nada

Las discrepancias sustanciales en relación a la política hidrológica española, en el debate electoral previo a las anteriores votaciones generales, se centraron en la preferencia acerca de las desaladoras o los trasvases, para resolver los déficits de agua.

Como todo debate de oportunidad, el trasfondo no era técnico, sino conceptual, es decir, ideológico. Por ello, el PSOE defendía las desaladoras (rectius, desalinizadoras...pero no será fácil enderezar la terminología habitual) , ya que el PP se había inclinado por el trasvase. Porque lo que se dilucidaba era la autorización para llevar agua desde el Ebro a Cataluña y, más concretamente, a una ciudad que ha crecido por encima de sus posibilidades hídricas: Barcelona.

El Gobierno socialista aprobó la creación de 26 desaladoras, que con una capacidad media de unos 30Hm3/año, deberían aportar del orden de 650 Hm3, compensando así sobradamente las previsiones del trasvase. Aunque la mayoría están en construcción, el caudal aportado por las que estén en funcionamiento antes de marzo de 2008 difícilmente podrá superar los 120 Hm3/año.

Por otra parte, la desaladora de Carboneras (Almería), con capacidad para 40 Hm3/año, aprobada en la última legislatura del PP e inaugurada en mayo de 2005, se encuentra con una utilización inferior al 20%: los agricultores no quieren pagar un agua tan cara y está situada a contramano (en la cola de los sistemas de abastecimiento) de los municipios que podrían necesitarla.

El agua desalada producida en la actualidad en España está, -teóricamente al menos-, cercana a los 1,2 Hm3/día. En Alicante, el 40% del consumo proviene de una desaladora cuya capacidad nominal es de 163 Hm3/año. Los Programas vigentes han aprobado una inversión de 3.900 Mill. de euros, para aportar 1.100 Hm3/año más. O sea, triplicar la producción.

Desde diferentes sitios se ha advertido que lo importante no es para crear las infraestructuras, sino ponerlas en producción y mantenerlas en uso, para lo que hacen falta nuevos recursos. Se estima que mantener una depuradora que ha costado 200 Mill de euros (habrá que calcular que por cada Hm3/año se necesita invertir 5 Mill. de euros), elevará los costes anuales -amortizaciones aparte- a 20-25 Mill. euros, que no todos los municipios pueden permitirse y que no todos los usuarios están dispuestos a verlos repercutidos en su tarifa o precio.

En Torrevieja, Acciona está construyendo -desde febrero de 2007, y contra dificultades de variado carácter- la que será la mayor desaladora de Europa, con técnica de explotación por ósmosis inversa, en una adjudicación que combina la construcción y la explotación por 15 años (BOT), que producirá 80 Hm3/año. La empresa ha hablado de una adjudicación de 300 Mill de euros, a la que se deberá añadir -supongo- los años de explotación, que pueden suponer 400 Mill de euros más a sumar a su cartera de pedidos. Es de desear que no suceda lo mismo que con la de Carboneras, que adjudicada por 85 Millones de euros, costó 354 Mill. de euros y tiene la mitad del tamaño.

Con todas las críticas y la problemática a resolver que quiera verse, lo que está fuera de duda es que la peor opción sería no haber hecho nada. Aunque no se debe olvidar que las grandes desaladoras cuentan con una fuerte oposición de expertos ecologistas y conservacionistas, ya que la concentración de las salmueras destruye o afecta gravemente las praderas del alga poseidonia y, con ellas, la vida animal y vegetal que se sustenta de ellas.

Jugando en corto: El Gobierno plantará un árbol por cada español

Entre las muy diversas cosas que promete hacer el PSOE en su Programa, con el objetivo de ganar las próximas elecciones generales, se encuentra la de plantar un árbol por cada español, en los próximos cuatro años. Nada se dice de escribir un libro o tener un hijo (a lo segundo, con todo, el Gobierno ya trata de animarnos con dotaciones económicas).

El objetivo de esta oferta de plantación arbórea, cuyos detalles aún no se han dado a conocer, parece ser la contribución a paliar los previsibles desastres del cambio climático. Desde luego, es más que nada una contribución simbólica. La masa forestal española actual, aunque algo decadente cada verano por culpa de pirómanos e incendios espontáneos o causados por las fuerzas de la naturaleza, es más de 100 veces superior. La captación neta de CO2 por árbol es solo un aspecto marginal de la aportación ambiental, paisajística y económica, que los bosques suponen para el hombre.

Queda también por concretar, dado que las competencias ambientales están transferidas a las autonomías, dónde se plantarán esos árboles. Es deseable que lo sean en zonas donde haya agua suficiente, y en terrenos adecuados a las especies elegidas (autóctonas). También, sería aconsejable que ese cumplimiento del programa no supusiera el olvido del Plan Forestal vigente, que ya propone 150 medidas con un coste de 35.000 millones de euros, con la pretensión de aumentar un 14% la superficie forestal española, multiplicando por dos la cifra de árboles por habitante (de 125 a 250). Tenemos unos 5.000 Millones de árboles en España.

El Ministerio de Medio Ambiente había calculado en 2002 que este incremento de la masa forestal permitirá descontar, en los próximos 30 años, 60 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono. Dos millones de t de CO2 al año, o sea, 400 g de CO2 equivalente por árbol, para un total de 330 millones de toneladas anuales; como dicen en mi pueblo, menos da una piedra.

Jugando en corto: Aplicación del método inductivo al cambio climático

La Humanidad ha creído generalmente ver en lo que los científicos y escépticos llaman fenómenos naturales violentos, fundamentalmente los atmosféricos, la manifestación de la ira divina. No han cambiado mucho las cosas con el avance de la civilización. La mayoría sigue pensando lo mismo: fuerzas superiores, portadoras de designios catárticos, tejen o destejen a su antojo nuestro manto de Penélope.

Incapaces de explicar las razones de los hechos de la Naturaleza que no podemos controlar, se las atribuímos al azar, a curvas con forma de palos de hockey que amañamos cuando hace falta, o a espíritus superiores. Todos esos elementos fuera de control humano castigan a los que andamos por este valle, nos dicen, por nuestros muchos pecados: hemos fornicado mucho, contaminado demasiado o comido la raiz del árbol de la vida. En cosecuencia, las fuerzas incontroladas ponen a prueba nuestros diques, la proximidad de nuestras casas al mar, y la resistencia de nuestras granjas a la lava ardiente.

No hay mejor epifanía (en su acepción griega directa) que una buena tormenta encima de nuestras cabezas o un desbordamiento del río que sirvió de eje para construir, desde inmemoriables tiempos, el pueblo que habitamos.  La fe que mueve montañas nos hace caer de rodillas ipso facto, al primer rayo.

Los síntomas de que algo grave nos está ocurriendo en el planeta Tierra parecen hoy evidentes, incluso para el observador más palurdo. Las noticias hablan de catástrofes todos los días: inundaciones, tsunamis, granizadas que ni los más viejos recuerdan, sequías que ni en las plagas de Egipto. Los tipos de a pié no tenemos medidas de la temperatura media del planeta, pero tendemos a admitir que llueve menos por estas latitudes y que, cuando lo hace, nos descalabra los alcantarillados.

Que miles de estudiosos del cambio se hayan puesto de acuerdo ayer mismo, como quien dice, y, para colmo, hayan tenido que recurrir a encontrar la correlación entre un llamado gas de invernadero y el aumento de temperaturas en el globo, para predecir desequilibrios imparables, suena a fácil ejercicio. Hasta el más modesto de los que opinan en las tertulias tiene claro que, por su propia experiencia, estamos en vísperas de un cambio climático. "Hace veinte años llovía más", seguro.

La aplicación del método inductivo se queda, sin embargo, en la apreciación de los síntomas. Estupendos para realizar el diagnóstico, no sacamos nuestras conclusiones; ni a nivel individual ni, mucho menos, a niveles colectivos. ¿Debemos vender la casa en la costa a precio de saldo, retirarnos a las zonas más húmedas, movernos en bicicleta por la ciudad en lugar de comprar un feroz cuatro por cuatro?. Ah, no, eso no va con nosotros.

Tal vez pensamos que, como en cualquier historieta contada por los supervivientes, se salvarán siempre los justos y, por supuesto, que figuraremos nosotros entre ellos.

Jugando en corto: Gas argelino: volátil, necesario y peligroso

En el pasado 9 de abril de 2007, reunido en Doha (Qatar), el Foro de Países Exportadores de Gas (FPEG), nacido en 2001, estuvo a punto de crear una OPEP del gas. Este Foro lo componen Rusia, Irán, Argelia, Indonesia, Brunei, Venezuela, Malasia, Qatar, Omán, Trinidad y Tobago, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Libia, Bolivia y Nigeria. Controlan el 70% de la producción del gas mundial y el 40% de su comercialización.

Como es sabido, no existe en la actualidad un mercado libre del gas, que funciona con contratos a largo plazo entre proveedores y clientes. El precio del gas está, en la mayor parte de esos acuerdos, que fueron firmados con visión de largo plazo y en una situación menos inestable, vinculado al del petróleo.

El consumo energético se disparó, aparecieron nuevos competidores y a falta de una planificación consistente en algunos países consumidores, afectados por el miedo a la energía nuclear de fisión, los altos precios del barril del petróleo benefician actualmente a los exportadores. Siempre, por supuesto, que sus contratos de suministro dispongan de esa fórmula de relación entre los precios del barril y las termias gasistas para facturar sus entregas.

Para aquellos contratos con precios más o menos fijos, animados por las subidas de las materias primas, los países productores creen llegada la hora de su revisión, atentos a liberarse de compromisos anteriores, y echan a mano de los argumentos más variados, mirando con lupa el cumplimiento de su contraparte. Además, los mayores ingresos que les proporcionan sus suministros al mercado abierto o los contratos a precio variable, les han dotado de capacidad financiera y, por ello, de nueva potencia negociadora.

España depende de una manera formidable de las importaciones de gas natural de Argelia (34,3% del gas que consume). No es una servidumbre a la baja. El consumo español es de unos 30.000 Mill de m3 de gas al año, pero la demanda se puede disparar. Ya fue anunciado por los expertos, que el consumo de gas natural puede subir un 30% en los días más crudos del invierno, superando los 2.000 GWh.

Entre las medidas propuestas por Enagas, ya el año pasado, se cuenta la limitación de las exportaciones a Francia, la contratación de buques como almacenes complementarios y la necesidad de que el gasoducto de Argelia tenga disponibles 13 GWh por encima de su capacidad habitual.

Los deseos de perfilar un panorama tranquilo se están encontrando con creciente oposición por parte de los suministradores. Argelia y Rusia mantienen firmado un acuerdo de "cooperación", calificado de poco transparente por la UE. Argelia, por su parte, modificó a finales de 2005 la Ley que rige Sonatrach, la compañía estatal que ejerce el monopolio en este país, para que controle el 51% de los proyectos, en lugar del 20 a 30% anterior.

El gobierno español ha tratado de debilitar el panorama de dependencias, suscribiendo un acuerdo en abril de 2007 con Marruecos para suministro de gas desde el Sáhara Occidental. En búsqueda de estabilidad, en el aspecto práctico, Gas Natural y Repsol YPF comenzaron en 2004, después de un concurso internacional, un proyecto para exploración, extracción y comercialización del gas en Gassi Touil, con expectativas de producir al año hasta 7.000 Mill de m3 de gas. Este contrato fue roto unilateralmente, según se conoce ahora, por comunicación a la CNMV, por la compañía argelina, alegando incumplimientos en los plazos previstos para las inversiones.

El asunto está ya en camino de los tribunales internacionales. Pero la dependencia energética española del gas argelino invita a ver con especial preocupación esta nueva toma de posición, preludio de mayores dificultades. De poco valen sonrisas entre jefes de Estado, palmadas en la espalda y promesas de firme cooperación política, cuando la realidad del negocio acaba imponiendo su ley y son varios los comensales dispuestos a participar en la misma mesa del producto escaso.

No quiero extraer consecuencias rápidas, sino llamar la atención nuevamente sobre la necesidad de robustecer nuestra muy débil autonomía energética, y vincular la planificación estratégica de nuestras fuentes con los demás países líderes de la Unión Europea que, me temo, juegan su propio juego, cantando en un lado y poniendo sus huevos en otro.

No soy nostálgico, pero la inseguridad sobre los productores de hulla y lignito españoles, merece también una precisa revisión, porque aquella drástica reconversión se realizó en un contexto cuyos parámetros han cambiado.

Más que afirmaciones vistosas negando la implantación de nuevas centrales nucleares, lanzando mensajes de ahorro que no se siguen, vistiendo de colores brillantes las posibilidades de cuantas energías hemos calificado de limpias e inocuas, o expresando la solidez y garantía de contratos internacionales que pueden romperse coyunturalmente, la sensatez obligaría a analizar con sumo cuidado todas las opciones, sus costes, y sus riesgos. Por gente que sepa de qué habla, por supuesto.