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El blog de Angel Arias

Temas ambientales

Jugando en corto: El Ambiente está contaminado, ¿quién lo descontaminará?

Jugando en corto: El Ambiente está contaminado, ¿quién lo descontaminará?

He leído el Comentario que publiqué, para conmemorar esta efemérides, hace dos años y, de momento, no se me ocurre nada mejor.

Felicidades, Ambiente. Dejemos para los ambientalistas el sufrimiento.

A sotavento: La energía nuclear aporrea la puerta con un bagaje conveniente

Los responsables de las empresas eléctricas con intereses en la energía nuclear están nerviosos. La incertudimbre respecto a la estrategia energética del gobierno socialista tiene fecha concreta. El Consejo de Seguridad Nuclear hace ya algún tiempo que tiene preparado su informe sobre el estado de la central de Santa María de Garoña, y aunque no está obligado a entregarlo hasta el día 5 de junio, todo el mundo sabe que propone prolongar su vida útil por diez años.

Pero no hay seguridad de que el presidente Zapatero asuma la propuesta, porque la decisión es, se dice, política. Y la Fundación Ideas ha lanzado una andanada en la línea de flotación de las expectativas, al indicar que las energías llamadas renovables una manera posible y mejor de garantizar el idílico futuro ecológico con el que soñaron los creadores de la niña Heide y su abuelo. Ellas solas serían capaces de producir el 100% de la energía, siguiendo las directrices de los informes de Ecologistas en Acción y la letra pequeña de un informe del IMT de 2003.

La línea argumental de las empresas eléctricas con intereses en el sector nuclear, especialmente, Endesa, es muy otra. Utilizando como ariete el Foro Nuclear , cuenta con el apoyo masivo y en su mayor parte, desinteresado, de prácticamente todo el sector profesional, tanto técnico como económico, de España. Que todo el mundo entienda del tema, es, por supuesto, harina de otro cantar; pero ya nos hemos acostumbrado a que no haga falta saber bien para gritar muy alto.

La energía nuclear ha sido presentada en estos últimos meses, en un esfuerzo muy bien orquestado, como una forma de energía totalmente controlada, rentable, con máxima seguridad de funcionamiento, en vías de solución a los problemas bien conocidos que plantean sus residuos de alta radioactividad, etc.

Una energía producida por empresas nacionales bien imbricadas en el sector industrial, generadoras de empleo y alta tecnología, de suministro garantizado y estable, con ventajas, aunque compatible con otras energías más simpáticas, pero de más elevados costes de producción.

Se comprende el enfado de Juan Velarde Fuentes, brillante expositor de la reciente Historia tecno-económica de España -desde la llamada revolución industrial-, en el foro que le brindó la Cátedra Rafael Mariño, de la Universidad de Comillas.

En el coloquio de la mesa que le tocó moderar, dos espectadores se empeñaron sucesivamente en hacer resaltar que no teníamos en España mineral de uranio y que su extracción provocaba graves efectos a los esforzados mineros del Africa profunda (Níger), amén de que la proliferación de centrales en construcción acabaría creando subidas de precios y problemas de suministro.

Velarde se enfadó y trató de reventadores a los demandantes, con voz tronante y ánimo convulso. Con un tono apacible, y sin haber oído las razones de quienes mantienen que las centrales nucleares no tienen garantizado el suministro a largo plazo, en la clausura, Carlos López Jimeno, el director regional de Industria y nergía, expresó que "en España tenemos uranio en abundancia, y lo puedo afirmar porque soy ingeniero de minas".

No digo que no, pero con menos contundencia, pues no quiero ocultar mi ignorancia, casi esférica, sobre el tema. Aunque también soy ingeniero de minas, aprecio a López Jimeno, y anduve metido en eso de la extracción de minerales cuando era algo más joven.

Apunto solamente hay que encontrarlo y, después, extraerlo de forma rentable. De momento, Enusa tiene su explotación de Saelices clausurada y las empresas canadienses  que estuvieron realizando sondeos en Extremadura y Salamanca -entre otros lugares- parecen haber tenido resultados contradictorios y, en todo caso, no comunicados a la opinión pública.

Las perspectivas de que se encuentren compuestos de uranio en las cantidades y condiciones adecuadas son, según tengo leído, halagüeñas, pues existen múltiples puntos en la geografía española en donde se encuentran mineralizaciones.

Tal vez, por fin, como apuntó Velarde, cuando estaba más tranquilo, la naturaleza no se muestre esquiva con España en este siglo y se tenga, al fin, la oportunidad de sanear nuestra deteriorada balanza de pagos con el apoyo de una energía barata.

Con energía nuclear de tercera generación, por supuesto, para las nuevas instalaciones. Y con la prórroga de la vida útil de las centrales existentes, claro. Empezando desde mañana mismo, para que los cedros crezcan cuanto antes.

Cuando cierro los ojos, puedo soñar en mundos imposibles, con ahorros de energía importantes, alta participación de la energía solar, centrales de ciclo combinado distribuídas de forma equilibrada por la geografía y no apelotonadas en unas pocas regiones con las poblaciones más sufridas.

Pero, cuando me despierto, no puedo evitar utilizar la razón y atender al sentido de oportunidad. Entre otras cosas, prefiero una central nuclear controlada por técnicos españoles -o europeos- que no en lugares lejanos, regidos por gobiernos corruptos y sistemas jurídicos inseguros, regidas por técnicos egresados en Universidades de excelencia desconocida y con aficiones, acaso, a ingerir cantidades excesivas de bebidas alcohólicas, antes, durante y después de comenzar su peligroso trabajo, sometido a estrictos controles de seguridad que pueden saltar por los aires por un "fallo humano".

El bagaje de la energía nuclear es conveniente; el inconveniente está en que la necesitamos.

A barlovento: La gasificación de biomasa y neumáticos para generar energía

Escribir que una conferencia ha sido interesante, parece un tópico. Aunque pocas crónicas periodísticas atribuirían este calificativo a una disertación técnica, se debe reconocer que algunos ponentes saben ser didácticos y, al mismo tiempo, ofrecer información desconocida o poco divulgada.

Juan José Cerezuela Bonet, actualmente presidente de Maxam Energy -antes Unión Española de Explosivos-, ofreció ayer una charla sobre "Gasificación de biomasas y otras materias primas para la generación de energía", en el claustro de la Escuela de Ingenieros de Minas de Madrid. Fue presentado -no hacía falta, ya que se encontraba entre compañeros y alumnos- por el director, Benjamín Calvo Pérez, que hizo también de moderador de un coloquio de gran altura, a tono.

Cerezuela es uno de los ingenieros de minas de mayor prestigio de España. Ha tenido una trayectoria profesional amplia y fecunda, que le llevó desde Endesa, Hunosa o Auxini a la Dirección General de Minas y, entre otras actividades de un currículum denso, a evaluar el riesgo de proyectos ambientales en la Banca Mayorista de Banesto.

Para enmarcar su conferencia, trazó su visión del panorama energético español. Apoya Cerezuela tanto la diversificación (se refirió a "vulnerabilidades", discrepando en la terminología de otro minero ilustre, Pepe Sierra),  como la mejora de la eficiencia del sistema energético; no ve factible eliminar la energía nuclear del mix, y está convencido de la necesidad de potenciar el transporte por ferrocarril. Ni siquiera, dijo, podemos permitirnos prescindir del carbón, "que volverá a tener otra primavera".

Pero el objetivo de su ponencia era hablar de los biocombustibles y, de las experiencias de Maxam Energy, empresa que, como se sabe, tiene (y tenía) una gama de productos amplia y diversa.

En una concepción de la charla muy atractiva, presentó, ante todo, algunas cifras de equivalencia: Para compensar, afirmó, el CO2 producido por una central de carbón de 500 Mw, trabajando 7.500 h/año (3.750 Gwh/año) se precisarían 196.000 Ha dedicadas a cultivo de biomasa(68.700 Ha si la generación se ha realizado por ciclos combinados). Es decir, para neutralizar los 81.000 Gwh/año actualmente producidos en España con centrales de carbón se precisaría poner en valor 4,2 MHa, o 3MHa si se consideran ciclos combinados.

Se puede: en todo el país hay 16 MHa consideradas áridas.

Por su parte, para cumplir los objetivos de la UE para 2020, España debería dedicar a biomasa, anualmente, 120.000 Ha, que son apenas el 4% de los 3 MHa que se han dejado de cultivar en los últimos 25 años. Producir un 3% de la energía necesaria a partir de biomasa requeriría, en fin, 1,2 MHa, y se evitaría o compensaría el CO2 resultante de la producción de 15.500 Gwh/año en centrales de carbón, incrementándose la captura de CO2/año en 2,5 Mt.

Con estas cifras, la suma de CO2 capturado/evitado podría alcanzar los 32,5 Mt, con una inversión de 1.400 M€ para una instalación capaz de producir 1.055Mw. Una planta nuclear equivalente exigiría una inversión de 2.000 M€.

Las ventajas de la planta de biomasa, por lo demás, prosiguió Juan José Cerezuela, son claras en cuanto a generación de empleo directo e indirecto y a la ausencia de los problemas que se derivarían del tratamiento -aún imperfecto- de los residuos nucleares. En España más del 30% del suelo está en vías de desertización, espacios estériles a los que se deben añadir las explotaciones mineras a cielo abierto agotadas o abandonadas.

El ejemplo de Maxam Energy en este sector fue resaltado por el conferenciante:1,6 millones de árboles plantados -de doce especies- y producciones de biomasa de 160.000 t/año, con más10.000 Ha plantadas de centeno (rendimiento 10 t/Ha) y dactilo (6 t/Ha) fundamentalmente. Algunas soluciones especialmente brillantes/sorprendentes, como el de la de Mina de Touro, en la que se compensó la acidez de la anfibolita de la mina abandonada (pH de escorrentía 1,5) con las conchas de mejillones desechadas por las enlatadoras gallegas, consiguiendo un suelo magnífico.

Para no alargar esta reseña, recogeré únicamente dos de las varias experiencias que expuso el conferenciante. Una, en Páramo de Masa (Burgos) en donde la Fundación Cartif pondrá en servicio una planta piloto para gasificación de neumáticos y caucho en la que se invirtieron 3,5 M€, con una potencia eléctrica de 1 Mwe (3,94 Mw de potencia térmica), como paso previo a la construcción de una instalación capaz para 140.000 t/año.

En otro proyecto, con la promoción de Ubierna Bioenergía, y un presupuesto de 2,9 M€, en Toledo, se trabaja en la gasificación de bioglicerol, subproducto en la producción de biodiesel, obtenido en la gasificación de la biomasa obtenida de los residuos de producción agrícola y de la industria del aceite de oliva.

Cerezuela aconseja que desde la Administración se favorezca la plantación de cereal y dactilo frente a la plantación de árboles (12-14 t/Ha/año de captura de CO2 frente a las sorprendentes 20 t/Ha/año de los primeros) y defiende el futuro de la biomasa frente a la solar fotovoltaica. A la primera, con costes de producción de 0,6 a 0.14€/kw, la definió como "la más barata de las energías alternativas".

Una magnífica disertación, estupendo elemento para la reflexión y una demostración patente, focalizada en los trabajos de Maxam Energy, de que la investigación tecnológica dirigida con sentido rinde frutos económicos en cualquier coyuntura.

Jugando en corto: El reto es saber con qué prioridades actuar

Se ha inaugurado hoy por la mañana, día 1 de diciembre de 2008, bajo la presidencia de Elena Espinosa, Ministra del Ambiente y de los medios rural y marino, el IX Congreso Nacional de Medio Ambiente (Conama). El salón de actos del palacio de Congresos de Madrid, en el Recinto Ferial, presentaba una considerable presencia de público variopinto a una hora difícil -las 10 de la mañana-, todos reunidos por el poder de convocatoria de ese mago del ambiente, físico de profesión, que es Gonzalo Echagüe, creador del invento.

Este año, el lema del Conama es "El reto es actuar". En la ceremonia inaugural, todos los intervinientes -fueron nueve, en alocuciones algo plúmbeas, pero es díficil ser original en un tema tan manido- alabaron la pertinencia de este eslógan. Lo importante es, dijeron por activa y pasiva, dejar los análisis y obrar: el ambiente no admite espera; su deterioro es tan evidente que no cabe polémica; etc. Fueron escuchados mientras las primeras filas de butacas leían sus correos y mandaban sms desde sus móviles.

(Por cierto, ¿no sería mejor referirse, simplemente, al medio o a los medios que al medio ambiente?)

Ya. Pero, además, es que hay que saber con qué prioridades. Los ecologistas de sartén y tentetieso dirán, complacidos, que hemos avanzado mucho en la implementación de la energía eólica, que la producción fotovoltaica ha alcanzado antes de lo previsto sus metas o que la concienciación ambiental está ahora más extendida.

Por supuesto, para los ecólogos, esos pesimistas crónicos, preocupados por la falta de sintonía entre los países para adoptar medidas drásticas para contención de ese despilfarro ilícito de la naturaleza, nunca serán suficientes las medidas y, para todos, subsistirá el temor, que persistirá ya durante varias de las próximas generaciones de humanos, de si no habremos llegado demasiado tarde a diagnosticar el problema.

Seamos sin embargo, optimistas aunque cueste. Conscientes de que sigue habiendo dos velocidades en la valoración, dos tendencias que pueden ir en la misma dirección pero cuya distancia relativa es cada vez mayor. Disgustados porque la crisis económica haya puesto al desnudo que, para los que mandan, salvar los dineros está antes que las preocupaciones ambientales.

Optimistas por más que los países menos desarrollados -¿emergentes aún o hundidos todavía?- no parecen estar dispuestos, así como así, a renunciar a su evolución económica si para ello tienen que dejar en desuso su ambiente, que es donde están los recursos. Reclaman su derecho a cortar árboles, contaminar aires y ríos, mantener industrias competitivas aunque para ello tengan que ser menos restrictivos en el control de gases, terrenos y efluentes.

Porque necesitan consumir ambiente para subir algo el poder adquisitivo de los míseros salarios de sus ciudadanos, disminuir la incultura en que están sumidos, y hasta para poner un mínimo de orden en sus administraciones públicas, en donde la corrupción ha hecho brechas que se miraron y se siguen mirando con mucha indulgencia desde el pedestal del desarrollo.

Seamos optimistas y fijemos prioridades. ¿Con qué prioridades, pues, actuar?. Sin duda, la primera prioridad para los países más desarrollados está, hoy por hoy,  en detener su propio dispilfarro, cambiar la metodología, dedicarse más a la investigación que al consumo. Hay que ser mucho más espléndidos con los países pobres. Es necesario, incluso, utilizar la humildad, para sentarse a su lado, no para enseñar dogmáticamente "lo que es correcto", sino también para aprender de ellos, de su cultura, de su pobreza, de sus silencios y gritos de justicia.

La primera prioridad para los países en desarrollo es abandonar la idea de que la felicidad está en el uso individual de la tecnología: menos equipos electrónicos en cada casa, menos aislamiento, y más salir a la calle, comunicar en grupo, disfrutar de la naturaleza sin tocarla, viajar más con la imaginación, amar más al otro. Reexplicar las religiones, desde el agnosticismo, incluso.

Tal vez este Conama nos ayude a comprender cuál es el reto y de qué lado está la verdad. Porque, queridos amigos intervinientes en la mesa -técnicos, políticos de acá y de allá, representantes de las ongs, público en general- es cierto que con la estrategia ambiental se han generado algunos empleos (se habló de 170.000 personas trabajando en esta encomienda, solo en España, solo en agua y depuración...). (1)

Pero no nos engañemos ni nos quieras engañar, apreciada ministra, la preservación y mejora de la naturaleza, genera ingentes costes, que alguien tiene que pagar, y los estamos pagando con más impuestos, cierre de empresas, más paro al hacerles perder competitividad por la internalización de esos costes.

Si queremos naturaleza, y creo que aunque no la queramos más que para disfrutarla individualmente, necesitamos conservarla para generar una sostenibilidad efectiva, colectiva, total, tenemos que asumir que hay que cambiar de paradigma. No es solo una frase hecha, es la realidad de que, por el camino en que hemos llegado aquí, ni vamos todos juntos, ni el final previsible es lo agradable e idílico que se nos había pronosticado.

Va a ser que el cambio climático era solo una excusa imprescindible para cambiar de metodología.

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(1) Teniendo en cuenta que en el sector de gestión de agua limpia, se puede calcular 1 empleado cada 500 habitantes, es posible que este subsector emplele en España a unas 90.000 personas, en cometidos directos.

A sotavento: Las minas huérfanas y sus padres adoptivos

El 5 de noviembre de 2008 el Club Español de Medio Ambiente, del que soy desde hace años vocal de su Junta Directiva -por sublimación condescendiente, desde los tiempos en que fui su gerente-, organizará la III Jornada sobre Temas Varios Ambientales. Lo hace en colaboración con la otra Escuela de Minas, la de Madrid.

Ese cajón de sastre, como lo evidencia el título, en el que se han venido reuniendo intervenciones singulares, pero interesantes,  sobre el Ambiente, presentará con esta ocasión las ideas sobre "Las minas huérfanas"  de Gonzalo Martín Morales de Castilla, Jefe del Servicio de Asesoramiento Jurídico Administrativo de la Consejería de Industria y Empleo del Principado de Asturias.

Gonzalo es hijo de Paco Martín Diego, compañero de varias fatigas -y éxitos- en el Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste, y de Mari Carmen Morales de Castilla, un soporte inteligente y sensible para una familia que ha producido magníficos frutos, entre los que se cuenta, también, nuestro colega Francisco jr., Director General de Energía en Duro Felguera.

Como hacen en los programas de televisión, aprovecho para saludar a Juan Carlos Torres Inclán, presidente de D-F, un grupo asturiano que está pasando por un bache que espero recupere ritmo, por el bien de mi economía, ya que tengo algunas -pocas, obviamente- acciones en el invento que creó ese paladín del desarrollo local que fue Pedro Duro.

Las minas huérfanas -vocablo que, proveniente de Canadá, ha hecho fortuna- son las antiguas explotaciones mineros que, hoy, no tienen dueño, porque dejaron de ser rentables y fueron abandonadas por sus dueños. No son una res nulius, sino un pasivo ambiental, a la espera tal vez de tiempos mejores.

Los años han hecho de las suyas, y las han convertido en un peligro y una amenaza para los curiosos, además de pasar a la categoría de destrozo paisajístico. Se han ido depositando sobre ellas, polvo, maleza, tierras, combinados con caídas de testeros y mampostas, rotura de castilletes, anegamiento de pozos, rapiñas de hierros, y otros deterioros. Muchas de ellas quedaron muy visibles, como niños de la calle que reclaman atención inmediata, muestras de pasados más espléndidos y de iniciativas voluntariosas que sucumbieron en manos del progreso.

Claro que no hay que pensar únicamente en las minas de carbón, sino también en las metálicas -scheelita, magnesita, caolín, wolframita, pirita, rejalgar, ...- Y no hay tampoco que limitarse a las explotaciones subterráneas, sino también a tajos a cielo abierto, canteras, cortas, etc.

Esas minas huérfanas reclaman análisis específico para su recuperación paisajística, y pudieran ser incluso adaptadas para su contemplación segura por el visitante curioso o para ser convertidas en parques de recreo o puntos de enseñanza. Martín Morales de Castilla tiene un plan y, por ello, se ha convertido en el padre adoptivo de muchas de las que quedaron en Asturias, como testimonio de tiempos mejores para ellas.

He leído varias de las conferencias y escritos sobre el tema de este alto funcionario de la región asturiana, y me atraen sus propósitos. Hay que darle medios, para que se pueda completar el inventario, seleccionar los objetivos y ponerlos en valor.

A barlovento: Apuntes desde el Centro de la Naturaleza de Peralejo

La Junta Directiva del Club Español de Medio Ambiente (CEMA)  cuenta entre sus miembros a varias personalidades de extraordinario perfil profesional. Ya otras veces me he referido en estas páginas a algunos. Rafael Fernández Rubio, su Presidente, es Premio Jaime Primero a la Protección de la Naturaleza; distinción que también fue otorgada, en la especialidad de Arquitectura y Desarrollo Sostenible, a Antonio Lamela, uno de los mejores arquitectos de España, ideador del concepto y consecuencias del Geocosmoísmo.

El vicepresidente del CEMA es José María Blanc -que no se anda a la zaga en méritos con los dos anteriores, desde luego- y que, desde hace años, es el anfitrión de la reunión preparatoria de la Junta General, en el Centro de Defensa de la Naturaleza que posee -a través de la Fundación que lleva su nombre- en el término de la Cañada Real en Peralejo de la Sierra.

Las medallas del CEMA, con un diseño de Lamela, fueron entregadas este año a Fernández Rubio, al propio Lamela, a José Luis Tejera, director de Desarrollo Estratégico y Corporativo de Aenor y secretario del Club y a Juan Carlos Mampaso, director general del SIGRE (Sistema integrado de Recogida de Envases) y uno de los socios fundadores del CEMA. El logo del Club, que representa una rama de brezo, con los colores de la tierra, el mar y el aire -además de figurar un hombre y una mujer abrazados- fue imaginado por otro ilustre, Emilio Llorente.

Merecidos galardones, desde luego, para estas personas que se distinguieron, en sus campos de trabajo, por ser respetuosos con el ambiente, aunque mi naturaleza discrepante había desaconsejado que estas medallas se concedieran a miembros de la Junta Directiva, con lo que se continuaba la iniciativa del año pasado. Me recordaba aquello que comentaba en el Café Gijón un elocuente Eduardo Haro Teclen de que los creadores del Premio Café Gijón, la mayoría escritores de mérito, discutieron largo tiempo si no convenía concedérselo, en primer lugar, a ellos mismos. 

Al margen de la reunión de la Junta, y durante el almuerzo, hubo ocasión para hablar de múltiples temas relacionados con el ambiente, en el que la alta densidad de personalidades provenientes de diferentes campos, propició un atractivo intercambio de opiniones.

Se comentó, por ejemplo, acerca del Reglamento Reach y las dificultades de poner en práctica la Ley de responsabilidad ambiental, por su carácter -en ciertos aspectos- instrumentalizador del medio ambiente. Se expusieron algunas razones por las que la cobertura de los riesgos ambientales no agrada a las compañías aseguradoras (aunque la implantación y rápido crecimiento de Willis en nuestro país parece haber sido motivada por esta perspectiva de negocio), lo que ha obligado ya a alguna empresa a hacer depósitos bancarios para poder continuar la explotación.

Se habló de la influencia positiva de los reglamentos de responsabilidad social corporativa respecto a la opinión pública de las empresas, en especial, de la industria química. Alberto Carbajo invitó a visitar el Centro de Control de Energías Renovables de La Moraleja, "única forma de integrar con seguridad la producción de energías renovables", y realizó una propuesta muy atractiva para compensar a las empresas que estén dispuestas a no consumir energía en los momentos de máxima demanda, reduciendo así la necesidad de que entren en producción las centrales más contaminantes del sistema.

No es este el Acta de la reunión. Simplemente, un esbozo sesgado de la capacidad de intercomunicación y buen espíritu que se concentran en el CEMA, que tiene cada vez mayor proyección exterior y reconocimiento. El Premio de la Comunidad de Madrid al Ambiente en 2007 es testimonio de ello y de la labro que realiza su actual Director, Guillermo Koerting, que sucedió a quien escribe estas líneas, responsable del día a día del Club durante los años 2004 a 2006.

No me duelen prendas al afirmar con orgullo que mi actuación económicamente desinteresada en ese tiempo sirvió para dotar por esa vía excepcional al CEMA de un mínimo fondo financiero que le permitiría mejorar algo el músculo que tienen más débil las ONGs, o sea, el del dinero. Porque los pobres también tenemos nuestros momentos de quijotismo.

Jugando en corto: De quién es el agua

No estoy haciendo con el titular de este Comentario una pregunta, porque, para mí al menos, no admite dudas. El agua es de todos, es un derecho de cada ser humano disponer de  agua suficiente para la vida, equiparable a disponer de aire, o alimentos para cubrir las necesidades energéticas, o disponer de un entorno seguro para poder desarrollar sus capacidades de ser feliz.

Claro que esta argumentación es utópica, porque la realidad nos muestra que no se cumplen estos supuestos para millones de personas. Conocemos algunas cifras, gracias a nuestro falso mundo global. Millón y medio de niños mueren cada año por enfermedades derivadas de consumo de agua no apta para la ingesta. Más de mil millones de seres humanos carecen de agua suficiente -y, obviamente, también de comida- para satisfacer lo que estiman serios estudios como "cantidades aconsejables mínimas". En el fondo de muchas guerras cruentas, con millones de muertos, de desplazados y de víctimas de odio y hambruna, está el agua. La falta de agua, la disputa por la propiedad del agua.

Pero en España tenemos un debate más fino, como corresponde a un país desarrollado. Nuestra guerra del agua enerva ánimos pero no ha matado a nadie, al menos que se sepa. Tiene varias vertientes, esta disputa hídrica, desde la cuestión del precio, pasando por la distribución de la existente, terminando en la autorización para reutilizar la sobrante o producir agua potable allí donde se pueda.

¿Cuánto cuesta el agua? ¿Uno, dos euros el metro cúbico?. No hay problema, podemos pagarlos, sería la respuesta más frecuente. Una factura mensual de 15 a 30 euros no nos hará prescindir de otras ventaja, y es muy agradable disponer de agua para ducharse, regar las plantas, poner la lavadora y el lavavajillas. Así piensa, o podría pensar si se lo planteara, el ciudadano que vive en una población cualquiera de nuestro país. Poblaciones que, como es bien sabido, se asentaron preferentemente a la orilla de los ríos. Y que, por el atractivo de conseguir empleo "más digno", fueron sustituyendo el campo por el asfalto, el cultivo propio por la frutería.

Esos precios para el agua tan asequibles, sin embargo, no pueden ser abonados por el sector agrícola, el gran demandante de agua. Aquí y en cualquier lugar del mundo. Los agricultores, desde inmemoriables tiempos, han venido utilizando las aguas sobrantes que, en abundancia, corrían por la España húmeda y podían derivarse sin problemas de las cercanías de los ríos de nuestra España seca. Algunos, incluso, como el Ebro, muy caudalosos. Y, en general, los que llevaban sus aguas a la vertiente mediterránea, con amplios deltas, periódicamente inundables, en los que se acumularon, durante siglos, depósitos muy fértiles.

En tiempos más modernos, al homo sapiens versión occidentalis ya no le interesaron tanto los ríos y empezó a sentirse atraído por el mar y la montaña, conquistando, gracias a la técnica, todo el espacio. Disponer de un chalet en primera línea de playa o de una casa "de campo" en una ladera boscosa a la que se pudiera llegar con un todo terreno, era -sigue siendo- el deseo de cualquier satisfecho militante en las clases altas (y medias) de nuestra sociedad.

Pero un desarrollo sin otros límites que la libertad de mercado, genera monstruos. No hace falta, por favor, acudir a los clásicos marxistas. Monstruos derivados que pueden atrapar a ciudades como Barcelona, cercada por el mar y los municipios limítrofes, deficitaria de agua. Monstruos originarios, como tantas poblaciones y barrios que se generaron, por la incuria de unos y la avidez de otros, allí donde no había garantía de servicios de agua, transporte y recogida de residuos.  Monstruos satisfechos, como algunas zonas de la España seca que confiaron en que nunca les faltaría el agua para hacer más ricos a los que habían descubierto que la alta producción agrícola es combinación de agua e insolación, y que la primera puede desplazarse.

 

Jugando en corto: La virgen del Pilar y la Expo

Acabo de llegar de Zaragoza en donde, invitado por la revista Tecnoambiente y el Instituto de Ingeniería de España -a través del Comité de Ingeníería y Desarrollo Sostenible-, tuve ocasión de presentar mis ideas sobre los Indicadores de sequía y su utilidad para la planificación hidrológica en épocas de estrés hídrico.

Un privilegio encontrarme entre ilustres colegas, tanto del CIDES como de las Confederaciones Hidrográficas. El acto estuvo presidido por Rafael Fernández Rubio, batallador infatigable y una de las autoridades reconocidas en el sector de la hidrogeología, que me honra con su amistad y me enorgullece con el aprecio que sé que me profesa.

Estaban allí también, Rafael Ceballos, actual presidente del CIDES, Milagros Couchoud -siempre valiente y cualificada en sus opiniones-, Enrique Fagúndez, presidente del Comité de Defensa del Instituto de la Ingeniería y Guillermo Castañón, Dr. Ingeniero agrónomo con el que tengo pendiente un libro de autoría compartida sobre Cómo ahorrar agua, dirigido a enseñantes y discentes; y otros compañeros y amigos. Como siempre, Vicente Lara y Sagrario Vidales ordenaron el Congreso con una ilusión que merece el premio del reconocimiento geneal.

En otro momento haré -si el tiempo no me arrolla- la reseña del Congreso. En estas líneas quiero referirme a mi preocupación porque la Expo de Zaragoza, con fecha de inauguración ya inminente, no llegue a tener todo listo para ese momento, incluso en aspectos sustanciales. Me consta el esfuerzo que está desarrollando Roque Gistau -compañero en varias batallas acuosas- y todo su equipo.

La preocupación no proviene de la altura del trabajo que se está desarrollando, para mí indiscutible, sino de la cantidad de cosas que aún quedan por terminar y las dificultades de coordinar intereses y empresas, algunos contrapuestos.

Zaragoza tiene en la actualidad un déficit hotelero terrible, y la ciudad da el aspecto de estar un tanto patas arriba, con multitud de obras a medio hacer: puentes, viaductos, edificios, los propios futuros pabellones de la Expo, muchos aún solo en proyecto.

Como diría un mañico: "Virgen del Pilar, échales una mano, porque, a ojo de buen cubero, la impresión es de que no van a llegar. Con el tinglado que hay allí montado. O, por lo menos, haz que me equivoque en esta apreciación." "Que azí zea", parece que contestó un sevillano que pasaba por allí. "Pero pídele también que zus ayude despuéz, que ezo fue lo que ze noz orvidó pedirle a la Vírge de Triana"