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El blog de Angel Arias

Cómo no montar un restaurante: Aplicaciones de las gramáticas, incluso de la parda

A continuación, transcribo algunos párrafos de mi libro "Cómo no montar un restaurante". Otros capítulos se pueden encontrar en este blog, y el resto, los seguiré publicando poco a poco, para no indigestar a nadie.

Gramática para restauradores

Me propongo en este capítulo, ayudarle a Vd. a seleccionar la forma de presentar los platos en la carta. Ha leído bien: presentar en la carta, no en la mesa. No le voy a comentar, pues, acerca de los toques mágicos con que tanto los sabios de la cuchara como los jetas de la tijera actualizan las recetas culinarias de la abuela, ni este es momento para contarle los secretos de alcoba y sartén que harían que sus guisos estén de rechupete o levanten la inmoral.

Para esos menesteres he previsto otros lugares de este Manual. Si tiene urgencia para emborronar cuartillas, empiece a llenar de posits y notas marginales, por orden de izquierda a derecha, alguno de los miles de libros que, a no dudar, estarán llenando los anaqueles desde la temprana edad en que Vd. ya se barruntó como cocinilla. 

Aunque en este momento, quizá lo más útil sería ilustrarse en la base culinaria de las que habrán de ser sus más feroces críticas. Porque,  si quiere saber dónde tienen su mano derecha en gastronomía los verdaderos expertos en cocina, compre revistas del corazón. En su sección de recortables, encontrará, si es verano, todas las combinaciones imaginables de productos hortofrutícolas, que le servirán tanto para hacer ensaladas higiénicas, como de las otras, las comestibles. Si es invierno, hallará la receta del pavo relleno a la americana y fórmulas para decorar la mesa, que no van a serle tan útiles pero le acompañarán el tedio.

Me voy a referir en este capítulo, sencillamente, a la óptima descripción escrita de los platos, tal como deberían figurar en la Carta o Menú. ¿Se sonríe?. En absoluto es un tema baladí.

La selección de los términos adecuados es fundamental, desde una doble perspectiva. La del cliente, que encontrará en una sugerente descripción la ayuda necesaria para iniciar la secreción de los jugos gástricos digestivos que le harán disfrutar plenamente de la comida. Desde su posición de propietario , acertar con la terminología, le ayudará a atraer a sus clientes, convirtiendo los peatones en comensales al curiosear el panel que Vd. mantendrá colgado a la puerta de su local, precisamente como reclamo.

No pretendo hacer de Vd. un experto en gramática, si es que no lo es ya, quiero decir. Sería conveniente, en cualquier caso, que aplicase la gramática parda, además del idioma o idiomas de uso cotidiano. De la sabiduría popular hay mucho que aprender, porque el oficio de comer y dar de comer, como se tiene dicho, es antiguo como el mundo.

Por ejemplo, es importante saber definir el género y la forma de confección de los productos con las palabras adecuadas y con el tono justo. Ese tono variará en relación con el restaurante y la clientela, aunque valen unos cuantos principios generales.

Si sus parroquianos son gente de obra civil y se sientan a la mesa con botas y mono de trabajo, la denominación de "bonito con patatas", bastará. Si son oficinistas, empleados de la administración y técnicos de informática, que le van a pedir agua con el menú y solicitar luego un chupito de la casa, mejor escriba "marmitako". Si capta a esas mismas gentes cuando vienen de sábado o en parejas, lo adecuado sería describirlo como "marmitako a la manera de Ondárroa". El guiso no habrá de variar, obviamente.

Otra cosa. No es lo mismo presentar un gallo a la plancha que un pollo al ajillo. Puede que traducidos al inglés obtengan idéntica vérsión, pero Vd. ha de saber distinguirloso de lejos.

En primer lugar, porque el gallo es ahora siempre un pescado. A nadie se le ocurre llevar un gallo de corral a la mesa, en estos tiempos que corren. Olvidadas las celebraciones populares de antaño, en la que las familias más pudientes invitaban a yantar al párroco y a algunos de sus amigos presbíteros, después de la misa cantada solemne, el día del santo o santa del lugar, a comerse al bicho que había sido el amo del gallinero hasta entonces, los gallos de corral no existen más que como proyecto inalcanzado de los tiernos pollitos que se crían en las jaulas de las granjas avícolas por millones.

Pero es que tampoco le aconsejo que llame gallo al pez plano de la familia de los soleidae, que goza de fama injusta en muchos cerebros españoles, aunque ha alcanzado precios equiparables al lenguado en los mercados de abastos. El acercamiento hacia la formación en lingüistica gastronómica de que disponen sus clientes, le debería obligar a llamarlo lenguado. Si Vd. no tiene muchos escrúpulos para la precisión gramatical, y ya entrando en ese camino, podrá llamar lenguado a la platija, al fletán y cuantos peces planos encuentre en su camino por la plaza. Llame a su preparación lenguado grillé o menier, delicias de lenguado al citron y le auguro que, aunque no le garantizo que llene el local, si atraerá a más clientes que si pone en el tablón de anuncios: fletán a la plancha.

¿Cómo decir pollo al ajillo?. No voy ahora con rodeos, si quiere ser moderno, llámelo pularda a los ajetes tiernos. Nadie le molestará con preguntas insidiosas acerca de su conocimiento impreciso de los animales comestibles, y a sus clientes les sabrá mejor el guiso, creyéndolo elegante. 

Ya irá sabiendo de mí, por el resto del libro, que no siempre he seguido mis propios consejos, entre otras cosas, porque yo he adquirido mi experiencia como restaurador precisamente por no cumplir de pleno con las normas. Estas que ahora, pretenciosa pero honestamente, le indico, han sido, en muchos casos, trasladadas de otros libros que tengo a la mano.

Mi posición privilegiada como consultor de restauración es fruto de muchos años de sufrimiento. ¿Qué es un asesor?. La mejor definición que encontré es algo extensa, y no figura en el diccionario, pero es atinada. Está escrita en tono de fábula, además.

Dicen que en un prado había un hermoso grupo de vacas pastando alegres, y que dos toros, uno de ellos entrado en años y el otro apenas un eral, las contemplaban, viciosos. Les separaba una alambrada de espinos, de terrible catadura. El mayor de los toretes animaba al más joven: "Venga ya, chaval, no lo dudes. Toma carrerilla, salta la alambrada y podrás solazarte a gusto con esas bellas hembras".

Convencido, el novillo crecido puso distancia respecto a la alambrada para superarla de un brinco, pero viendo desde esa perspectiva los espinos en toda su magnitud, le preguntó al otro, sintiendo un respingo: "Oye, ¿y qué sucede si al saltar la alambrada se me quedan mis partes enganchadas en ella?".

El vetusto miró al imberbe y, encogiéndose de espaldares, le espetó: "Pues nada, hombre. Si pierdes los güebos en el empeño siempre podrás defenderte en la vida como yo, de asesor"

Cuadro comentado: Paisaje sobre el río Pigüeña

Cuadro comentado: Paisaje sobre el río Pigüeña

Había decidido volver a la Meseta, después de cumplir con mis compromisos en Asturias, siguiendo un camino nuevo, aunque supusiera dar un rodeo. Me dirigía hacia Pola de Somiedo, por la ruta del Belmonte asturiano, y acababa de dejar el lugar de Aguas Mestas, en donde se unen en Narcea y el Pigüeña, lugar de "pescatas" inolvidables, agrandadas en el recuerdo con el paso del tiempo y la imposibilidad de repetirlas.

El día estaba inestable y empezaba a cundir el otoño; amenaba, por momentos, tormenta, pero -el tiempo juguetón de las Asturias- al rato el sol se atrevía entre las nubes. Caía la tarde.

Tuve de pronto el imparable deseo de pintar aquella sensación. Aparqué el coche en uno de los pocos lugares en donde se puede hacer en aquella tortuosa carretera, y cogí una de las tablas que llevaba en el maletero, los botes de pintura, los pinceles. De rodillas en el suelo, pinté este paisaje, con arrebatos de impresionista apresurado.

Este es uno de los cuadros que expongo en Oviedo, (del 13 de julio al 3 de agosto). Por lo que tengo oído de los visitantes a la Exposición, estos paisajes gustan. Llevé solamente tres; tal vez me decida a hacer una muestra solo de paisajes. No hay misterio en este tipo de cuadros (acrílicos con retoques posteriores de óleo, casi todos). Qué digo, sí que lo hay: la fuerza de la naturaleza tomando al asalto mi sensibilidad, mi deseo repentino de domeñarla, queríendola.

(Tengo que agradecer muchos comentarios a mis cuadros y a la Exposición. Quiero destacar especialmente, porque está hecho por alguien que no me conoce personalmente, pero con el que me une una gran simpatía, surgida de la blogosfera y de las afinidades, el comentario de Chus, de Parada del 2. )

 

 

A barlovento: Elucubrando sobre el futuro de Cuba

"Los concepciones y métodos son superados por la vida". Así, más o menos, se expresó Raúl Castro, el presidente en funciones de Cuba. Con una visión pragmática, se comprometió a revisar la política económica y agraria, favoreciendo el principio de premiar más a quienes más trabajen, axioma bíblico (o sea, viejo como en el mundo) que no puede olvidar ni el marxismo más ortodoxo.

Tomando igualmente inspiración en la Biblia, y repitiendo a su hermano, volvió a ofrecer una rama de olivo, tendiéndosela esta vez al previsible nuevo gobierno -demócrata, I imagine- del gigante norteamericano que les ha hecho la vida, sino imposible -hasta ahí podíamos llegar-, más difícil.

Porque hay dos sucesos que tienen mucha probabilidad de suceder en el 2008: que los demócratas vuelvan al poder en Estados Unidos y que, -el azar no lo quiera-, Fidel Castro se muera o que -reconociendo desde su atenuado Alzheimer que el mundo seguirá después de él-, desaparezca de la vida política para irse a su Yuste particular y prepararse, ya que es cristiano, para la inmortalidad .

Una nueva generación entrada en años tomará entonces el poder en Cuba. ¿Significará esto que, de pronto, se liberalizará su economía, se cerrarán nuevos lazos de cooperación internacional, las multinacionales del turismo instalarán más hoteles en sus preciosas bahías (oh, por favor, que se las controle bien), resurgirán las dotes para la actividad empresarial, (propias y ajenas,  que hicieron de Cuba la perla del Caribe), los muchos paladares ilegales serán convertidos en restaurantes de verdad, etc?. No lo creo así, pero debería ser así.

Cuba ha permanecido durante estos 54 años, desde el asalto al cuartel Moncada, en un aislamiento del mundo occidental que ha castigado, sobre todo, y muy duramente, al pueblo cubano. Para los estómagos satisfechos que contemplan, sin capacidad de decisión y sin ganas para provocar reacciones, la situación, Cuba significa, bien la imagen de un Paraíso económico destruído, un destino sexual, un lugar de referencia para encontrarnos con gentes pobres, pero felices, o una demostración viva de que la llama del socialismo revolucionario alimentará eternamente el santuario de otro mundo posible.

En estos 54 años han pasado muchas cosas en el mundo, pero pocas han sucedido para Cuba. Los jóvenes universitarios que en el 68 presumían de revolucionarios y querían cambiar el mundo, se han aposentado en él, y son, en la mayoría, gentes de mucho orden, que han acomodado sus vidas en la tranquilidad de los valores eternos: dinero, familia, bienestar, escepticismo.

Muchos personajes y algunos personajillos se han acercado a Cuba, en estos años, para hacerse fotos con el símbolo viviente y recoger su caja de Cohibas. Casi todos hablaron bien del monstruo peludo, de su carácter afable, de su capacidad inagotable de trabajo. Otros de los que recurren a los tópicos con la facilidad del que no analiza las razones, siguen creyendo que Fidel Castro representa los males de este mundo, y el pueblo cubano es un sufridor oprimido por un canalla dictatorial.

No puedo analizar con objetividad a Fidel Castro, porque él, ché Guevara y Cuba forman parte de mis referencias fundamentales, como John F. Kenneddy, el 600, Mickey Mouse, la madre Teresa, Salvador Allende, Puig Antich, el 23-F, Felipe González, el rock-and-roll, el cáncer, García Márquez, el preservativo, la muerte de Dios, el ADSL,...

Pero sí puedo elucubrar sobre lo que debe ser el futuro del pueblo cubano. Incorporación plena al mundo global, sin interferencias sobre la elección de gobierno que, libremente, expresen los ciudadanos de la isla.

Debe levantarse de inmediato cualquier tipo de embargo, han de concertarse ya acuerdos de cooperación con Cuba, especialmente desde la Unión Europea, y ese magnífico grupo de inocentes que han conservado la sonrisa a trancas y barrancas, y que algunos se obstinan en tratar como imbéciles, es decir, todo el pueblo cubano, han de ser ayudados a encontrar sus conexiones con el resto del mundo.

Les será fácil, cuando les dejemos abrir nuestras puertas y ventanas, comprender que del castrismo, como de mayo del 68 quedan solo algunas cenizas que sus nostálgicos se sacuden de vez en cuando, mientras beben un par de güiskis y, como recuerdo de las épocas de privación, la próstata les juega a los varones alguna mala pasada.

A barlovento: Paisajes con granos de arena y visión de una España fragmentada

Conocía de Wislawa Szymborska algunos poemas sueltos, hasta que descubrí "Paisaje con grano de arena", cuando ya le habían dado el Premio Nobel de Literatura (es decir, con posterioridad a 1996), un libro imprescindible para los que sospechamos que la poesía y la ironía tienen un affaire permanente, aunque ellas no lo confiesen y los observadores no tengan tan fácil reconocerlo.

La traducción de la antología, publicada por la Editorial Lumen, fue realizada por Jerzy Slawomirski y por Ana María Moix, y, para comentar su perfección -desde mi subjetividad inocultable-, me bastará con decir que si yo fuera merecedor de que me tradujesen al polaco mis poemas, me gustaría que se hiciera con la misma sensibilidad, rigor y poesía que lo han hecho ellos. 

Wislawa pertenece a la nueva poesía polaca, en virtud de la alineación grupal que los empeñados en poner nombres a lo evidente se ven con la autoridad de hacer. Todos los poemas -todos- los que he leído de ella, tienen un mensaje vital imprescindible, un brote agreste, cruel e intrigante como la sangre que fluyera de una cabeza decapitada por un golpe certero. ¿Ejemplos?. "No hay peor lujuria que pensar"; "Pido perdón al azar por llamarlo necesidad"; "El eco toma la palabra sin ser llamado";"Sonreir es el deber de los hombres de Estado";... miles.

Pero lo que quiero traer hoy a la palestra es un poema escrito antes de 1972, "Voces", dedicado a las pequeñas naciones: "Hay pequeñas naciones a porrillo,/hasta la saciedad, hasta lo increíble, mi querido Quinto Decio.". Y más adelante: "¡Si no estorbasen!. Pero estorban/ los Auruncios y los Marsios, mi querido Espurio Manlio." Y después: "Las pequeñas naciones tienen pocas entendederas./Nos rodea una torpeza que va en aumento./ Perniciosas costumbres. Leyes retrógadas./Dioses ineptos, mi querido Tito Vilio."

Yo también "me siento amenazado por todos los horizontes". Para entender mejor el sentido de la frase, diré que estaba leyendo El estado fragmentado, de Francisco Sosa Wagner e Igor Sosa Mayor, que lleva ya desde que fue publicado el año pasado cuatro ediciones (Editorial Trotta), lo que da idea del interés despertado. Es un inquieto ensayo sobre la repetición del modelo austro-húngaro en esta España de naciones, tan coherente, que varias veces me sentí tentado a entonar en voz alta, para ver si alguien me escuchaba, algunos párrafos.

Como éste (pág. 155, justamente en las páginas que escribió Igor): "La lengua, citada de carrerilla entre los elementos legitimadores del propio ámbito de poder, aparece con frecuencia en los preámbulos estatutarios. Pero no se termina ahí su papel, pues está llamada a mayores hazañas al asumir también una función activa, función consistente en el reforzamiento de las nuevas identidades autonómicas de los ciuadanos (inexistentes en muchos casos con anterioridad)".

Aquí estamos, pues, en nuestro paisaje con granos de arena, repitiendo, repetiéndonos. Ah, los egoísmos. ¿No es pura poesía esta frase del compañero -jurista- Sosa: "Por esta razón capital el nacionalismo es hoy, cuando existe, asunto -más bien, negocio- de élites políticas." (pág. 197). ¿O fue Igor también quién la escribió?.

La razón capital a la que se refieren Paco y su hijo Igor es el distanciamiento de los ciudadanos de todo lo que suene a posibilidad de enfrentarse para resolver los grandes problemas colectivos. Como si el mensaje fuera ahora: Concentrémonos todos en la lucha final, buscando lo pequeño, lo nimio, lo inútil. Démosle un nombre: Lo nuestro, y además, no renunciemos a darle la proyección temporal adecuada al propósito: lo nuestro de toda la vida.

 

A sotavento: Conversación imaginada, desde el respeto a la institución de La Corona

A sotavento: Conversación imaginada, desde el respeto a la institución de La Corona

Al socaire: Altura de las viviendas, urbanismo y política

La novísima ministra de Vivienda, Carme Chacón, a la que la oposición ha calificado de Ministra florero, porque no tiene competencias, se ha estrenado en la palestra mediática con una dura crítica a la exótica (extravagante, ha dicho ella) decisión del gobierno de Esperanza Aguirre de obligar a que las nuevas viviendas que se realicen en la Comunidad de Madrid tengan, como máximo, cuatro alturas y ático.

Es, desgraciadamente, cierto, que en el inclemente despojo de competencias desde la Administración central a las organizaciones regionales, el Estado central tiene poco que decir en el campo de la Vivienda. Las críticas de la recién llegada "ministrina" a las disposiciones autonómicas del Gobierno de Madrid (sección autonomía regional) se enmarcan, por tanto, dentro de los fragores de la contienda política, pero no pueden entenderse como surgidas de la aplicación del principio de autoridad, y ni siquiera de la invocación del bienestar general o de las reglas previstas para solucionar un conflicto de competencias.

Lo nuclear del tema es, en mi modesta opinión, otra cosa, y no es asunto para hoy. La responsabilidad en la ordenación del territorio, que han asumido por imperativo legal, las administraciones regionales, se ha venido concretando en el terreno de la praxis, con la aplicación preferente de dos criterios peligrosísimos, que no están en ningún catón de las buenas conductas políticas. A saber, a) la ignorancia, la tolerancia e incluso el menosprecio a los planes urbanísticos de las administraciones locales (práctica del avestruz), y b) la extrema y exótica rigidez de algunas medidas puntuales (práctica del hámster), por las que se obliga a paralizar proyectos en pretendidas aras de la protección ambiental o de la conservación de patrimonios presuntamente valiosísimos, todo ello en beneficio de no se sabe muy bien de qué o de quienes, aunque alguna sospecha se va clarificando.

La falta de normas urbanísticas generales y, por ello, la ausencia del necesario control desde el origen, ha traído monstruos, ahora muy difíciles de destruir, hacia el sector. A muchos nos parecería excelente que para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, se construyeran viviendas de pocas alturas, con terrazas orientadas al sur en la zona norteña y hermosos recovecos umbríos, con tililantes fuentes, si la edificación se lleva a cabo en el sur hispano. Preferiríamos, además, que las casas tuvieran todas ático soleado y, ya puestos, vistas al mar o a la montaña.

La realidad urbana que hemos (han) construído en los últimos cincuenta años (por poner una limitación temporal) es muy otra, y se han primado los intereses más egoístas y utilitarios. Se ha desquiciado y agotado el disfrute pacífico de la costa, incluso las muy queridas por mí -y por otros, desde luego- de Llanes y Salas (Asturias) y de San Antonio y San José (Ibiza), plantando primeras líneas cada vez más próximas al mar, a despecho de toda previsión legislativa, control social, inspección policial y lógica urbanística. Hemos (han) dejado caer o demolido con la piqueta del oportunismo, hermosos palacetes, edificios singulares y casas de solera y, por el contrario, hemos  (han) protegido estúpidamente, fachadas sin el menor interés arquitectónico, paralizando sine die edificaciones y equipamientos necesarios. Hemos (han) rebuscado en las ruinas subterráneas descubiertas justamente porque hace menos de cien años no tuvimos (tuvieron) empacho en destruir joyas arquitectónicas, no se qué vestigios de valor histórico muy cuestionable...

Por favor, políticos. Ábrase completo el botellón del debate del urbanismo, no solamente el frasquito de las viviendas deseables. Concentráos, si así os parece percibir que lo que demanda el pueblo sensato -como creemos algunos-, en mejorar la forma de vivir la ciudad, y no os lancéis dardos envenenados sobre la conveniencia de las casas de cuatro pisos o los chalets con piscina, por alto que estiméis el nivel de vida de vuestros súbditos. Por cierto, habría que explicar los matices de vuestras preocupaciones cuando estos debates se realizan en el mismo territorio en que se han autorizado rascacielos de cuarenta pisos con aire de espútnik barato.

Hagamos la vida de las ciudades más agradable, reorganizando y acomodando el transporte, peatonalizando, dotando de verdaderas zonas verdes cada barrio, dinamizando la vida urbana de proximidad con comercios, lugares de diversión y recreo, comunicaciones digitales, ofertas para el trabajo doméstico intelectual.

Y, claro está, abaratemos la vivienda, para lo que habrán de deslocalizarse las ciudades y crearse infraestructuras urbanas con visión de futuro.

¿Qué significa ésto?. Que hay que incentivar que las aglomeraciones grandes se adelgacen, recuperando espacios públicos, y apoyar el crecimiento de las ciudades intermedias y períféricas. Unido todo ello, por supuesto, a la protección del habitante del territorio, que es aquel que lo habita (perdón por la redundancia terminológica), o sea, que es quien trabaja y vive en él, no quien utiliza el espacio para fagocitárselo en sus días de asueto y dejarnos a los autóctonos las inmundicias de su ocasional disfrute.

A sotavento: Déficit en infraestructuras

El 23 de julio de 2007, Barcelona no se quedó a oscuras, porque la avería en la red eléctrica tuvo lugar por la mañana, ni tampoco exactamente in albis, pero sufrió una seria llamada de atención respecto a lo que puede pasar si nos quedáramos sin energía, que no se debería olvidar.

Los detalles del accidente son hoy bastante conocidos: un cable de distribución provocó un cortocircuito en una subestación y la sobrecarga repentina de tensión sobre otras cuatro subestaciones, desencadenó un efecto cadena que dejó a 350.000 abonados sin corriente eléctrica durante varias horas. La ciudad estuvo al borde del colapso, porque no funcionaron ni líneas de metro, semáforos, hospitales, centros de trabajo, restaurantes, etc.

En otras ciudades están algo más acostumbrados. En Madrid, por ejemplo, las subestaciones eléctricas sufren de vez en cuando sobrecargas y se queman y queman las casas circundantes, circunstancia desafortunada que es aprovechada para que enterados analistas nos digan que lo que sucede es que tenemos un déficit de infraestructuras.

¿Déficit de infraestructuras?. ¿Nos faltará dinero?. Yo creía que sobraba pasta en este país.

Son tantos los ejemplos de nuestra bonanza, que deberíamos dudar que, sin nos falta algo, es más bien planificación y orden que recursos. Analizando la multitud de carreteras, vías rápidas y algo más lentas, que surcan de cabo a rabo nuestra geografía, adornada ahora con multitud de rotondas, pasos elevados, puentes atirantados, diques de contención, etc, nadie diría que anduviéramos escasos de presupuesto.

Adivirtiendo la profusión y frecuencia con la que se cambian los adoquinados, bolardos, alcorques, en las ciudades y pueblos, jamás habría pensado que la vida municipal no nadara en la abundancia. Notando la dedicación con la que conservamos las fachadas de insulsos edificios del siglo pasado, o vaciamos como si fueran cascarones, arquitecturas sin mayor mérito, para realizar en el interior costosísimas "reformas", ni lo hubiera imaginado. ¿Y qué decir de los casos de corrupción, tan difíciles de detectar, por lo que parece, pero que deben ser soportados por los dineros de alguien?

Estoy escribiendo esta crónica desde un ordenador público, rodeado de jubiletas que consultan sus inversiones o escrutan en sus posesiones catastrales. Todo es magníficamente gratuito. La iluminación del edificio, interior como exterior (son las 10 de la mañana) es completa y esplendente. Fuera, decenas de gentes sin prisa van de un sitio a ningún otro, para hacer la gestión que justificaría la mañana. Adivino entre ellos a pensionistas, prejubilados, parados cobrando sus subvenciones, inmigrantes de acogida, de desplazamiento  y de efecto llamada, etc. 

Tenemos déficir en infraestructuras, seguramente. Pero andamos sobrados de todo lo demás.

Jugando en corto: Varios perfiles del paisanaje de Asturias (III): Julia Ibarra

Julia Ibarra era una desconocida hasta que se murió Ignacio de la Concha (reconocido como D. Ignacio por propios y extraños desde que obtuvo la cátedra, lo que había sucedido, según se comentaba, a los 22 años). Para aquella mujer bella, ligera, discreta, que revoloteaba como una sombra en torno a la personalidad ciclotímica, pero arrolladora, de uno de los mejores docentes extraaularium que pasaron por Asturias, solo parecía existir su esposo.

Yo sospechaba ya algo de su inteligente andadura, ya desde las pocas veces que acompañó al laureado catedrático y a su grey en alguno de los Itinerarios Históricos de un llamado Seminario que, en parte financiado por Ignacio Herrero y en parte por Cosmen Adelaida y el propio de la Concha, nos permitía a algunos bienaventurados, viajar casi de papo por España para conocerla muy bien. Formábamos parte de un grupo selecto de  secreyentes mejores estudiantes de primero de Derecho en la Muy Ilustre Universidad de Oviedo, facción revoltosa en la que sobresalían el inquieto Luis Arias y el disciplinado Gustavo Suárez Pertierra, del que resultaron ministros, catedráticos, profesionales de mérito y algún descarriado, entre los que me cuento para que no haya dudas.

Julia escribía muy bien, con un conocimiento de las situaciones desde una perspectiva algo decimonónica, pero llena de sutilezas. Julia conocía la Historia de Roma como nadie, y supo crear un personaje de carne y hueso, Sasia, la viuda, e incrustarla en aquel pasado sin utilizar ningún tunel del tiempo.
Julia era una amante de la pintura y una entendida en literatura. Julia sabía de cocina y concinaba como los ángeles. Julia se había pertrechado desde un montón de amigas de una altura intelectual, ética y un espíritu crítico abierto que era un soplo de bienventuranza, y del que ella era la capitana indiscutible. Julia...

Son muchas las cosas que hice para Ignacio de la Concha, que era un gran despilfarrador (como yo), desde una posición privilegiada de falso discípulo predilecto ya que nunca fuí su alumno académicamente hablando.
Ordenamos e identificamos decenas de miles de fotografías de monumentos y lugares dispersos por la geografía hispana, perdidas hoy en algún mal archivo de la Facultad de Derecho. Dibujé por indicación suya el anagrama y logo para el Seminario de Itinerarios Históricos que, de forma seguramente insólita, llevaba el nombre de su creador. Preparé con él varias ponencias, organicé a su lado múltiples itinerarios, escuché impávido sus peroratas en las que había perlas valiosísimas, tomé nota de alguna de sus ideas, creé con él otras, nos reímos, aguanté sus lágrimas, lamentamos juntos por España y la decadencia mundial, asistí a misas por Unamuno, me presentó a Fernando Ledesma, a Joaquín Ruiz Jiménez, a...

Por Julia, que, con el paso de los años, se hizo pronto amiga de mi esposa, no hice nada, en realidad. Cuando le comenté, ya fallecido Ignacio, que tenía unos dibujos que estaban basados en la melodromática historia de Carlota Leopolda, (una muñeca y un afecto de niña olvidados en un desván, y descubiertos al cabo de los años, y que debían tener algo que ver con el propio cuento vital de Julia), me los pidió y decoraron la edición que hizo Marta Magadán desde Septem.

Los dibujos fueron publicados en blanco y negro, y algo deformados, para abaratar la edición y encajarlos en el formato de la página, supongo. Como lamento que haya sucedido con la historia verdadera de Julia Ibarra, una mujer de pleno color y talla gigantesca, que el ambiente pueblerino de Asturias, encajó en formato blanco y negro y rebajó de dimensión, para embutirla en una página de la historia local.
Catedrática de Latín, escritora de mérito, sutilísima conversadora, organizadora de tertulias que animaba como nadie con dosis abundantes de inteligencia, canapés y simpatía, líder en la sombra, pertenece al grupo selecto de mujeres que aunque sacrificaron mucho de su proyección personal para hacer que las candilejas de la vida iluminaran a su pareja, todavía tuvieron de sobra para brillar con luz propia.