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El blog de Angel Arias

Jugando en corto: Renovación en el COIMCE

Comprendo que, para los seguidores ocasionales de este blog, el título de esta entrada resulte críptico. Pero, como en una anterior me referí a mi presentación como aspirante a vocal del Colegio de Ingenieros de Minas de Centro de España (COIMCE), quiero completar aquella indicación con esta otra: he sido elegido por mis colegas profesionales de la demarcación de Madrid como uno de sus dos representantes en la Junta directiva.

Vuelvo, pues, a la Junta de la que dimití, hace seis años. Por la puerta grande, desde el apoyo al ganador especial de estas elecciones, el nuevo decano del COIMCE, Angel Cámara, también expedientado injustamente en su día, igualmente dimisionario por aquel entonces.

Lo hacemos, como expresamos ayer de madrugada, sin ánimo de revancha. No solamente no somos rencorosos, sino que no queremos perder tiempo en naderías. Aunque pocos sabrán lo que yo sufrí -mi familia y amigos, desde luego que sí-, es decir, lo que me hicieron sufrir con aquel injusto expediente disciplinario que los anteriores miembros de la Junta me incoaron y que llevaron, -a pesar de la declaración de nulidad de pleno derecho realizada en recurso de alzada por el Consejo Superior, y con expreso reconocimento de la improcedencia absoluta de cualquier sanción, ...-, ¡hasta el Tribunal Supremo!.

Hay tanto que hacer, que no merece la pena consumir tiempo en mirar hacia un pasado, que, además, duele. Miraremos hacia el futuro.

A Rafael Monsalve, nuevo Tesorero, y a Carlos Macías, nuevo vocal por Madrid, enhorabuena. Y un fuerte abrazo y los mejores ánimos a Angel Cámara, que aportará un nuevo talante, del que tan necesitados estamos en algunas instituciones que no son privilegios para nadie, sino servidumbres de quienes se han ofrecido a actuar en beneficio de todos.

A barlovento: Elecciones para renovación de la Junta en el COIMCE

El 11 de diciembre de 2008 -mañana- se celebrarán las elecciones para renovación parcial de la Junta del Colegio Oficial de Ingenieros de Minas del Centro de España (COIMCE). Más de 700 colegiados ya han votado por correo o han presentado sus opciones personalmente en la sede de la Entidad, en Santa Engracia, 151, en Madrid.

¿Qué me va en ello?. Como ingeniero de minas ejerciente, y habiendo estado siempre -desde que terminé la carrera, al menos- vinculado a la proyección de la ingeniería, el buen trabajo de los representantes técnicos me parece importante para que la sociedad entienda mejor lo que son los ingenieros y lo que significan en un mundo muy tecnificado, pero -duele decirlo- deshumanizado.

Hay un tipo de ingeniero sensible a su entorno, interactivo, con el que me siento plenamente identificado, que debe ser más tenido en cuenta. Aquí y en Pernambuco. Son muchas las decisiones que tienen como responsables directos a los ingenieros y como destinatarios a cientos, miles de personas, para bien y para mal: infraestructuras, tunelaciones, explotaciones mineras, plantas de producción energética, transporte, etc.

Se debe hacer llegar esas voces a los escenarios adecuados, en un mundo que está plagado de ruidos de quienes no saben, pero gritan. Temas ambientales, jurídicos, sociales, técnicos, económicos, esperan la contribución al enfoque multidisciplinar de la ingeniería; sin estridencias, sin torpes protagonismos, sin petulancias.

Pero, además, me presento a vocal de ese Colegio profesional español. Ya lo he sido antes, en otra legislatura. También lo fui en el Colegio del Noroeste. ¿Por qué? ¿Vocación de figurar? Que otros lo interpreten, si quieren, así.

Para mí, representar uno de los Colegios profesionales a los que pertenezco es una satisfacción, un orgullo y, desde luego, la oportunidad de defender en todos los foros en donde haya ocasión, la imagen de los profesionales que pagan sus cuotas y visados y esperan que su Colegio profesional les apoye y represente.

Ah, pero esta vez, la cuestión no depende solamente de lo que yo piense. El COIMCE está ante la oportunidad única de cambiar de decano. No voy a entrar en este cuaderno a la crítica de lo que se hizo hasta ahora -cosas válidas, otras muchas, perjudiciales y lesivas, incluso personalmente para quien esto escribe-.

Mi voto ha sido para Angel Cámara, la alternativa al actual decano. Con él formo candidatura y con él, los demás compañeros de la Junta y con el apoyo de todos los colegiados ingenieros de minas, vamos a renovar el COIMCE, sus contenidos, sus modos, su proyección en positivo,..., y estimular la unidad colegial, ese elemento difuso que no tiene que ver con la defensa de prebendas sino con la búsqueda de la armonía y la solidaridad ante los objetivos concertados.

Suerte, pues.

Cómo no montar un restaurante: Lo frío y lo caliente; lo salado y lo soso; lo crudo y lo cocido

Podía referirme en este capítulo a glosar los argumentos del célebre antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, que teorizó sobre los tres estados básicos en los que se presentan los alimentos a la especie humana:crudo, cocido o podrido.

Podía incluso adentrarme en los magníficos sabores que se derivan de saber aguantar hasta que llegue ese instante mágico en el que la degradación de los aminoácidos, provoca la aparición de amoníaco y cadaverina que, entre otras sustancias activas, transforman la carne en algo sublime, y que todos los buenos carniceros y cocineros saben esperar con fervor casi religioso.

Apetece, por supuesto, repetir aquí el mecanismo descomponedor que está en la base del faisandage, esa fórmula ancestral de cocinar la caza por la que, antes de hacerla pasar por la olla, deberá esperarse pacientemente a que la carne del animal difunto inicie de su putrefacción. Cómo no hacer mención a esa espléndida receta de Brillat-Savarin, tantas veces imitada, en la que aconseja colgar al techo por sus cabezas las perdices, codornices, tórtolas y, si hubiera espacio, hasta avestruces y cocerlas o guisarlas únicamente cuando, de forma natural, se caigan al suelo, descabezadas.

Un truco magistral solo comparable a aquel otro que, para no equivocarse en el punto de cocción o asado de un pescado, ordena mantener los ojos de las piezas, y solo sacarlas del horno o de la sartén cuando se vuelvan blancos, signo inequívoco de que la carbe está en su punto si, por supuesto, la cabeza y el tronco han aguantado las mismas calorías.

Podría, incluso, aprovechar la ocasión para esmerarme en presentar las excelencias de ese genial producto de la putrefacción/fermentación que es el insuperable queso de Cabrales, que los franceses se han obsesionado en copiar, dándole nombres tan sonoros como Camenbert, sin conseguir llegarle a la altura del tufillo inconfundible de esa trilogía láctea unificada del saber quesero pasada por cuevas con dípteros eficacísimos...

Pero, no. Mis vuelos serán más bajos. Voy a comentar aquí algunos trucos para contentar al cliente, por pejiguera que sea su condición.

Y empiezo afirmando la dificultad de transmitir de forma eficiente las palabras surgidas desde su boca hasta cocina, pues entre ambos se interpone un intermediario creativo, que siempre querrá tener razón, que es el maitre o jefe de sala, secundado, cómo no, por los camareros puestos a su disposición que, por motivos que el restaurador nunca llegará a saber, comerán en su mano si hiciera falta. Aclaro ya: no es que el maître (pronúnciese, métr) sea el enemigo de sunegocio, pero actuará como tal a poco que se descuide, por razones que he explicado en el capítulo correspondiente.

Imaginemos una escena posible, en la que nuestro cliente haya solicitado un modesto bistec a la plancha. Las normas de restauración exigen que se le pregunte cómo lo desea, es decir, en qué estado quiere que la carne llegue a su plato. La respuesta más habitual de un cliente sabio es "normal", lo cual deja toda la gama de posibilidades abiertas a cocina, pero que se resolverá sin conflicto, salvo excepciones.

No faltarán, sin embargo, demandantes que rechacen, por demasiado crudo o demasiado cocido, lo que se le presente a la mesa. Sin embargo, para tranquilidad del restaurador, estos mismos clientes se quejarían del producto, cualquiera que fuera su forma de presentación.

Aunque no parezca problemático, no es tan fácil resolver la cuestión del "poco hecho"  o del "muy pasado".   Los que piden la carne muy hecha, suelen ser personas que son carnívoros solo por obligación, y son los mismos que piden un solomillo abierto en mariposa y, cuando se les pregunta qué carne prefieren, se van corriendo a la pechuga de pavo o nos hablan que la mejor carne es la de oso del Cáucaso.

"Cocina" les suele castigar dándoles un filete torrefacto, el mismo que suele ser entregado cuando el cliente devuelve un biftec que pidió al punto y que estima, cuando le ve los jugos, que lo quiere un poco más pasado. "Te vas a enterar" de lo que es la carne quemada, parecen haber pensado los que andan presos entre fogones.

(sigue)

 

A sotavento: Ignacio Uria Mendizabal, asesinado por ETA

No suelo dedicar las páginas de este Cuaderno a comentar noticias que el lector puede encontrar en otros medios, siempre mejor informados.

Pero me acabo de enterar que ETA acaba de asesinar a Ignacio Uría Mendizábal, cuando se disponía a comer con unos amigos, en Azpeitia. Fue a la una de la tarde de hoy, 3 de diciembre de 2008.

Supongo que el empresario vasco, un hombre de 71 años que había dedicado sus mejores esfuerzos, por lo que conozco de su biografía, a impulsar a su país y a crear empleo en su tierra, se habría negado a pagar el impuesto revolucionario con el que la banda terrorista sigue pagando a los asesinos que viven de amedrentar, en la mentirosa difusión de que están haciendo algo por la libertad de Euskalerría.

Puede también que lo hayan asesinado porque la empresa de Uría, Altuna y Uría, fue adjudicataria de uno de los tramos del tren de alta velocidad que conectará mejor al País Vasco con el resto de España.

Lo mataron, simplemente, porque era una presa fácil, era un hombre tranquilo, salía sin escolta de su casa y era una persona conocida y querida.

Ya se ha dicho muchas veces, lo repetiremos los demócratas hasta que se enteren los asesinos. Están solos. No crean que quienes les arropan ahora, quienes les ocultan o le han preparado el camino para la huída, comulgan lo más mínimo con sus ideas.

No hay nadie detrás de su negocio, solo ellos, con su ánimo despreciable de estimar que una vida humana puede ser un objeto en sus manos.

Ignacio Uría Mendizábal, descansa en paz. Nosotros no podemos, mientras haya suelto un solo asesino de la justicia, de la democracia, de esa paz que queremos disfrutar sin necesidad de estar muertos, sin que nos asesinen los que no se quieren enterar de que son un estorbo para nuestro deseo de ser algo más felices con el esfuerzo de todos..

Jugando en corto: El reto es saber con qué prioridades actuar

Se ha inaugurado hoy por la mañana, día 1 de diciembre de 2008, bajo la presidencia de Elena Espinosa, Ministra del Ambiente y de los medios rural y marino, el IX Congreso Nacional de Medio Ambiente (Conama). El salón de actos del palacio de Congresos de Madrid, en el Recinto Ferial, presentaba una considerable presencia de público variopinto a una hora difícil -las 10 de la mañana-, todos reunidos por el poder de convocatoria de ese mago del ambiente, físico de profesión, que es Gonzalo Echagüe, creador del invento.

Este año, el lema del Conama es "El reto es actuar". En la ceremonia inaugural, todos los intervinientes -fueron nueve, en alocuciones algo plúmbeas, pero es díficil ser original en un tema tan manido- alabaron la pertinencia de este eslógan. Lo importante es, dijeron por activa y pasiva, dejar los análisis y obrar: el ambiente no admite espera; su deterioro es tan evidente que no cabe polémica; etc. Fueron escuchados mientras las primeras filas de butacas leían sus correos y mandaban sms desde sus móviles.

(Por cierto, ¿no sería mejor referirse, simplemente, al medio o a los medios que al medio ambiente?)

Ya. Pero, además, es que hay que saber con qué prioridades. Los ecologistas de sartén y tentetieso dirán, complacidos, que hemos avanzado mucho en la implementación de la energía eólica, que la producción fotovoltaica ha alcanzado antes de lo previsto sus metas o que la concienciación ambiental está ahora más extendida.

Por supuesto, para los ecólogos, esos pesimistas crónicos, preocupados por la falta de sintonía entre los países para adoptar medidas drásticas para contención de ese despilfarro ilícito de la naturaleza, nunca serán suficientes las medidas y, para todos, subsistirá el temor, que persistirá ya durante varias de las próximas generaciones de humanos, de si no habremos llegado demasiado tarde a diagnosticar el problema.

Seamos sin embargo, optimistas aunque cueste. Conscientes de que sigue habiendo dos velocidades en la valoración, dos tendencias que pueden ir en la misma dirección pero cuya distancia relativa es cada vez mayor. Disgustados porque la crisis económica haya puesto al desnudo que, para los que mandan, salvar los dineros está antes que las preocupaciones ambientales.

Optimistas por más que los países menos desarrollados -¿emergentes aún o hundidos todavía?- no parecen estar dispuestos, así como así, a renunciar a su evolución económica si para ello tienen que dejar en desuso su ambiente, que es donde están los recursos. Reclaman su derecho a cortar árboles, contaminar aires y ríos, mantener industrias competitivas aunque para ello tengan que ser menos restrictivos en el control de gases, terrenos y efluentes.

Porque necesitan consumir ambiente para subir algo el poder adquisitivo de los míseros salarios de sus ciudadanos, disminuir la incultura en que están sumidos, y hasta para poner un mínimo de orden en sus administraciones públicas, en donde la corrupción ha hecho brechas que se miraron y se siguen mirando con mucha indulgencia desde el pedestal del desarrollo.

Seamos optimistas y fijemos prioridades. ¿Con qué prioridades, pues, actuar?. Sin duda, la primera prioridad para los países más desarrollados está, hoy por hoy,  en detener su propio dispilfarro, cambiar la metodología, dedicarse más a la investigación que al consumo. Hay que ser mucho más espléndidos con los países pobres. Es necesario, incluso, utilizar la humildad, para sentarse a su lado, no para enseñar dogmáticamente "lo que es correcto", sino también para aprender de ellos, de su cultura, de su pobreza, de sus silencios y gritos de justicia.

La primera prioridad para los países en desarrollo es abandonar la idea de que la felicidad está en el uso individual de la tecnología: menos equipos electrónicos en cada casa, menos aislamiento, y más salir a la calle, comunicar en grupo, disfrutar de la naturaleza sin tocarla, viajar más con la imaginación, amar más al otro. Reexplicar las religiones, desde el agnosticismo, incluso.

Tal vez este Conama nos ayude a comprender cuál es el reto y de qué lado está la verdad. Porque, queridos amigos intervinientes en la mesa -técnicos, políticos de acá y de allá, representantes de las ongs, público en general- es cierto que con la estrategia ambiental se han generado algunos empleos (se habló de 170.000 personas trabajando en esta encomienda, solo en España, solo en agua y depuración...). (1)

Pero no nos engañemos ni nos quieras engañar, apreciada ministra, la preservación y mejora de la naturaleza, genera ingentes costes, que alguien tiene que pagar, y los estamos pagando con más impuestos, cierre de empresas, más paro al hacerles perder competitividad por la internalización de esos costes.

Si queremos naturaleza, y creo que aunque no la queramos más que para disfrutarla individualmente, necesitamos conservarla para generar una sostenibilidad efectiva, colectiva, total, tenemos que asumir que hay que cambiar de paradigma. No es solo una frase hecha, es la realidad de que, por el camino en que hemos llegado aquí, ni vamos todos juntos, ni el final previsible es lo agradable e idílico que se nos había pronosticado.

Va a ser que el cambio climático era solo una excusa imprescindible para cambiar de metodología.

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(1) Teniendo en cuenta que en el sector de gestión de agua limpia, se puede calcular 1 empleado cada 500 habitantes, es posible que este subsector emplele en España a unas 90.000 personas, en cometidos directos.

Al socaire: Le magicien y la joven ausente

"Le magicien y la joven ausente" es el título de un relato; o, para ser más precisos, de un cuento, una historia inventada. Narra la venganza de una ayudante de mago que, despechada por el ilusionista del que había estado enamorada y al que había entregado su vida y su arte, pasa a ser ella misma la urdidora de un juego de magia en el que hace caer, con estrépito, a la persona con la que convivió durante años.

Se me ocurrió la historia cuando visitaba Frómista un par de días antes de escribir el chisme, en uno de esos recorridos cómodos del Camino de Santiago que hacemos los falsos peregrinos que andamos a uña de caballo (léase, sobre cuatro ruedas) por la vida. Allí, en la reinventada iglesia de San Pedro,  encontré un retablo que me atrajo por su ingenuo dramatismo, a pesar de pesares: faltaban viñetas, estaba en una esquina sin iluminación y se encontraba,parecía, en el sitio equivocado.

Se representaba al mago Hermógenes, convertido al cristianismo por Santiago apóstol, abominando de la magia, y arrojando sus libros de tal arte al mar, desde una barca, en presencia de su discípulo Fileto.

Nada dice la naración, por supuesto, inventada, (porque está archireconocido que Santiago apóstol nunca estuvo, físicamente, en España), sobre la conversión de Fileto. Por tanto, yo también me imaginé algo para completar el mito: que Fileto, una vez que se marcharon los de la escena principal, recogió los libros de su maestro del agua, y siguió ejerciendo, con gran éxito, la magia por su cuenta.

Con un cuento con esa base y dosis de fantasía obtuve el segundo premio del Concurso de Escritores ingenieros de Minas. El autor del que mereció esta vez el primer premio, "Dieciseís en semicírculo", fue Francisco Javier Llera Fueyo, tercer clasificado en el anterior certamen, en el que el mismo Jurado, con "Quince años de viaje sin parar" me dió entonces el primero

Está claro que los títulos con cifras atraen la suerte. Pero, para evitar malentendidos, reconozco, con inmediatez, que el relato del compañero Javier, con el que estuve haciendo algunas risas durante la velada en la que recogimos el diploma y un talón con la pasta por los premios, era bueno. Mejor que el mío, al menos, para el Jurado y para mí.

A barlovento: ¿Hay sitio para una ingeniería militar en el siglo XXI?

Manuel Fernández Cánovas, catedrático emérito de la UPM, investigador durante 25 años en el Instituto Eduardo Torroja, coronel, Dr. Ingeniero de la Construcción, poseedor discreto de un currículum pleno de brillantes méritos, impartió el 19 de noviembre de 2008 una muy interesante conferencia sobre el tema "Lazos históricos entre la ingeniería civil y la militar".

Lo hizo en el Instituto de la Ingeniería de España. Un magnífico salón de actos, en el centro de Madrid (General Arrando, 38) en el que, como es desgraciadamente habitual en esta ciudad dormida, la erudita y entretenida disertación tuvo como público a apenas un par de decenas de amigos.

Presentó el acto el general Ricardo Turrón, escoltado por el Presidente del Comité de Defensa del IIE, Enrique Fagúndez.

El conferenciante trazó un panorama apasionante, cuajado de referencias, nombres de ingenieros y protoingenieros, detalles eruditos y divertidos. Desde las ruinas de Dresde y Erytra (5.000 a.dC.), con sus terraplenes concéntricos en torno a una empalizada central, hasta nuestros días, hubo desfile de fortificaciones, puentes, acueductos, ingenios armamentísticos y obras monumentales para mayor gloria de Dios o de algún hombre.

Allí se cruzaron anónimos precursores de la ingeniería militar -hasta tribus perdidas de la Amazonía fueron convocadas para testimoniar la vigencia de la combinación de arte e ingenio. , con excelsos constructores griegos (Eupalinos de Megara, Tratos, Sostrato), persas (Madrocles de Samos, Dinócrates), oromanos (Vitrubius, Sixtus Julius Frontinus, Apollodonus de Damascus, Cayo Quirino, Cayo Julius,...).

Se pasó luego por sus discipulos árabes (Halaf, Alli Pullate), y se hizo un entrenido caminar entre maestros alarifes, monjes cluniacenses y cistercienses o esforzados militares que fueron coadyuvantes del deseo conquistador de Fernando III el Santo, patrono de los ingenieros...

No se dió respiro Manuel Fernández Cánovas, -ni nos lo dió a quienes, absortos, asistíamos a tan diverso como divertido despliegue- que siguió por la senda de Bernardo Swatz, pasó de la mano de mosén San Martín, recordando la creación de la artillería, se fue luego a Diego de Vera y Ramiro López, y se trajo del brazo falconetes, arcabuces y bombardas, para poner acento al tren de artillería que Carlos V instaló en 1552 en Valladolid.

¿Sabré resumir tanto como dijo?. Por supuesto, que no, porque no se limitó a traer nombres, sino que les puso a todos música e ideas.  Tuvo su momento, Leonardo da Vinci (1452), que  impulsó el armamento moderno, creando, entre miles de artificios, el cañón de alma rallada y el primer revólver; no faltó Juan de Herrera, quien  no solo fue el arquitecto genial que veneramos por el Escorial, el Puente de Segovia o la fachada de la catedral de Valladolid, sino que ejerció de ingeniero militar, y trabajó con Juan de Oviedo, primer director de la Real Academia de Artillería...

El propio conferenciante confesó que tenía material para varias horas y el tema daba para varios libros. Allí estaba la dificultad, en resumir, y la venció. Lo hizo con un tono ameno, cordial, didáctico. Dejo para otro comentario las referencias más modernas, a partir del siglo XVII.

Sí recojo ahora que le pregunté al final, en tiempo de coloquio, aprovechando un silencio, si los ingenieros de armamento no habían perdido sustancia en estos tiempos en que todas las ingenierías han invadido los campos del de al lado, y teniendo en cuenta que hemos renunciado a hacer guerras por nuestra cuenta (alabada sea la cordura) y las armas y otros ingenios mortíferos son creaciones de otros ingenierose ingeniosos de más allá del Atlántico y, en fin, para complicarlo más, lo que nos parece a algunos que faltaría a los jóvenes educandos a ingenieros es, tal vez, que se les impusiera más espíritu de practicidad, disciplina y amor a esas cosas etéreas pero nobilísimas de la Patria y la solidaridad que se enseñaban en las escuelas técnicas del Ejército y en las viejas ingenierías.

Una pregunta tan retórica, claro, no se me entendió, y la respuesta fue por los cerros de la alta cooperación actual entre las ingenierías, y la realidad de que, en el comité de Defensa del instituto, hay incluso, ingenieros de Minas. Como José Manuel Torralba, catedrático en la Carlos III, y que, por cierto, andaba por allí, haciendo, como yo, de número en la clac.

 

A barlovento: Aforismos y Refugios: Jaime Herrero y Gonzalo Suárez en Asturias

Con el pretexto de la presentación de un librito ("El secreto del cristal. Aforismos y desafueros"), en el que se recopilaron algunas frases más o menos lapidarias, expurgadas por Anne-Hélène -su hija- y Salvador Foraster de lo mucho escrito por Gonzalo Suárez, -el polifacético cineasta ovetense-, se reunieron en la Delegación del Principado de Asturias en Madrid un par de centenares de los admiradores del autor de "Remando al viento" .

Miguel Múnárriz, el delegado, hizo de anfitrión del acto, que se celebró el 18 de noviembre de 2008, y en el que leyeron algunos aforismos, con su empostada voz de seductores, Carmelo Gómez y Pastora Vega. Hubo antes y después un coloquio, dirigido por Javier Rioyo, en el que lució la socarronería y la simpatía de Gonzalo Suárez, que se dirigió a todos como si estuviera entre amigos, recibiendo aplausos y risas.

("Todos tenemos la fuerza suficiente para soportar la desgracia de los demás"; "Es el libro que menos trabajo me costó escribir" "Entre los aforismos se coló uno que no es mío, pero el autor (de la Rochefoucauld? Lichtenberg? Hipócrates?...qué más da) ya está muerto y no reclamará derechos"; "Has puesto el dedo en la llaga...pero sigo buscando", contestó a una asistente impertinente que le preguntó si no le parecía que después de Remando al viento no había hecho ninguna otra película a la misma altura)

En la misma sede, en las otras salas de Exposiciones del amplio local, el gijonés Jaime Herrero tenía colgadas unas treinta obras con un título común: "Refugios". Con el carácter de consistencia casi etéreo al que los años han dotado de un aura blanca, el pintor más envidiado y admirado en Asturias y parte de la tierra conquistada, por más de un par de las últimas generaciones de pintores de la tierrina, andaba por los espacios, buscando como al descuido los vacíos, supongo que para observar desde allí todo lo demás.

Los últimos cuadros de Jaime Herrero, ya entrado en esa peligrosa edad que son los setentayalgo, rezuman inquietud y tristeza. El me dijo que había decidido reducir el mensaje, para hacerlo totalmente inteligible. Ignoro si la cosa va por ahí, porque me contestó con evasivas y mucha cortesía. Con predominio de blancos y negros, el elemento conceptual común a bastantes de esos grafismos es una maraña de elementos indescifrables (¿rostros de ausentes, monstruos, vermes?) que se conectan a una bolsa de luz por medio de un hilo umbilical o una línea recta.  ¿De qué tenemos que refugiarnos,?, le pregunté.

Pero la respuesta era obvia. Después de oirle comentar, como quien cuenta la sesión que tuvo con su sicoanalista, porqué había pintado la desaparecida tienda de juguetes que estaba en la calle donde vivían de niño -con su caja de muelles, y las pequeñas piezas extraídas de ese cajón en donde guardábamos los chismes rotos-, o aclarar que, en efecto, la figura sentada en el jardín era él mismo fumando un cigarrillo y, con desmesurada cortesía, asentir al comentario de María Jesús de que, quizá, el cuadro más esperanzado era aquel del amanecer desde el estudio, le espeté sus cuadros de los ochenta me resultaban menos inquietantes y me sugerían, por ello, más.

"Puede que tengas razón", condescendió, "Pero la técnica es la misma. La inspiración es hija del alcohol y las vivencias".

Quizá el aforismo no fue exactamente así, y yo reinterpreto a Jaime Herrero. No tengo más autoridad que los muchos amigos comunes y el tiempo que pasamos juntos, yo mirando sus cuadros y él, ausente de la sala. Tampoco estoy seguro de que fuera Gonzalo Suárez quien firmaba autógrafos en el libro que su hija y aquel amigo le habían hecho, encaramado sobre el atril de la entrada a la delegación de Asturias. Un cartel precisaba que los ejemplares se vendían a 12 euros. Pero las cosas gratas son impagables.

Salimos a la calle y Madrid nos absorbió de inmediato. Atrás quedaba Asturias, la nostalgia, el credo.