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El blog de Angel Arias

Al socaire: La sostenibilidad económica de los planes energéticos

El Consejo Superior de Ingenieros de Minas, y la Asociación de Ex-Senadores y Diputados han llevado a cabo, bajo el título de "Planificación energética sostenible" unas muy interesantes sesiones en el Salón de Columnas del Palacio de Congresos, los días 13 y 14 de noviembre de 2008.

Las ponencias estuvieron, todas, a gran altura, y no es posible resumirlas aquí. Se pasó revista a la problemática actual de la producción y uso de las distintas fuentes energéticas, dedicando, eso sí, mayor énfasis al petróleo, gas natural y carbón, porque no en vano todos los ponentes eran ingenieros de minas. La energía solar y la biomasa recibieron poca atención relativa -José Luis del Valle habló sobre "El papel de las energías renovables", aportando la visión de Iberdrola-, y la energía nuclear gozó de un enardecido a la par que interesado defensor en Antonio González, director técnico del Foro Nuclear Español.

Quisiera, pues, anunciar en este Comentario, y de antemano, el sesgo del mismo, pues no voy a hablar ni de mercados, tendencias de precios y tensiones en el suministro, pues, como muy bien dijo -en mi opinión- José Sierra (Consejero de la CNE), hay que dejar de hablar de vulnerabilidades y más bien de disponibilidad, y oportunidades de suministro. Con otras palabras, la elección de las energías primarias más adecuada está sometida a estrategias coyunturales, en relación con los precios y la estabilidad de los lugares productores, pudiendo afirmarse sin reticencias que la energía no nos ha de faltar en el corto plazo.

En consecuencia, las variables a considerar son otras diferentes a si el barril de petróleo sube o baja de precio -muy interesante la relación entre el precio del barril y la balanza de pagos de cada país productor- o si el gas natural ha de venir con preferencia de los países de la antigua URSS o del Norte de Africa, según la apreciación de la confianza que nos merezcan los proveeedores. Ni siquiera la cuestión central puede desplalzarse hacia la valoración de la seguridad nuclear, entendida también como garantía de que los residuos de alta radioactividad estarán a buen recuado durante miles de años.

La cuestión central la expuso muy oportunamente, tanto en su ponencia como en una pregunta a los parlamentarios presentes, Eloy Ignacio Alvarez-Pelegry (Director de Unión Fenosa) : la necesidad de introducir, sistemáticamente, el coste en el mix energético, para cada una de las propuestas que se estén valorando, y analizar cómo se realiza su distribución o absorción entre los consumidores, para que no queden remanentes de déficit con los que penalizar el futuro.

Pueden adoptarse precios únicos para la electricidad, la gasolina o el gas natural o puede beneficiarse una fuente energética sobre otra, pero sabiendo siempre cuánto penaliza o favorece a la factura energética esa decisión, y, por supuesto, quién habrá de pagarlo. La necesidad de compensar aún los 12.000 o 16.000 millones de euros de déficit tarifario existente es un ejemplo de patata caliente aún en nuestras manos, una muestra indeseable de la constumbre de los políticos de dejar para otros los problemas que no se atreven a resolver en su legislatura.

Desde mi posición de técnico y jurista, añado una segunda variable: la importancia de analizar las consecuencias de cada marco regulatorio que se adopte. Tenemos, en este aspecto, la obligación de mantener dos niveles de atención: el internacional, por el que España está obligada a cumplir los Tratados y Convenios que haya suscrito y a seguir las pautas marcadas por la Unión Europea, y el nacional, que, dentro de este marco jurídico, le permite la incorporación de leyes y reglamentos que permitan favorecer a ciertas formas de producción de energía o estimular a los sectores más eficientes, sin descuidar la solvencia de los destinatarios de tarifas y costes y el efecto sobre su competitividad, en el caso de las industrias.

Los marcos jurídicos creados recientemente en España han favorecido la generación de mercados atípicos, extemporáneos o inestables, en torno a algunas nuevas formas de generación de energía. Otras formas eficientes no han sido analizadas en profundidad, porque se ha temido la reacción pública. Ya he dicho que se puede ser ecologista y defensor de la energía nuclear. Se debe, incluso. Máxime cuando hay casi 500 centrales nucleares desparramadas por el mundo y los técnicos españoles están (¿estaban?) al más alto nivel en esta tecnología.

No deseo, en fin, destacar en particular a ninguno de los ponentes, todos excelentes profesionales y entrañables compañeros de profesión, pero me voy a permitir dedicar las líneas finales a felicitar a dos ingenieros singulares. Pedro Martínez Arévalo, decano Presidente de los ingenieros de minas, motor de las jornadas, imparable en su dinamismo, y a José Luis Díaz Fernández -hoy Presidente de la Asociación para la Economía Energética-, relator de excepción de las Jornadas, que hizo un resumen acertadísimo de todas las ponencias, confeccionado casi sobre la marcha, que evidenció a un tiempo su capacidad de síntesis y el  conocimiento completo del temario energético.

Y termino con un apunte: me sorprendió que ninguno de los ponentes ni intervinientes expresara la mínima duda respecto a las previsiones de evolución de clima del Panel Intergubernamental, y aceptaran como un axioma la necesidad de reducir drásticamente las emisiones de CO2 equivalente. Aunque esta cuestión será motivo de otro comentario.

A sotavento: Los españoles no tenemos la culpa, latinos

Sería conveniente que algunos presidentes y capitostes latinoamericanos no confundieran tanto el culo con las témporas, por decirlo llanamente. Los españoles no tenemos la culpa del atraso que sufren. (A nivel colectivo promedio, me refiero, que a niveles individuales, nos dan a los españoles en casi todos los sectores, sopas con ondas)

No sé si, ahondando en los comportamientos de los que se fueron de la Metrópoli a descubrir las Indias, se podría encontrar en aquellos esforzados alguna culpabilidad desde la perspectiva actual. Mirada desde la perspectiva de sus propios credos y situación de la que partían, desde luego, ninguna.

Pero es que, además, quienes vivimos actualmente en la piel de toro, no tuvimos nada que ver con la presunta imaginada opresión que dicen haber sufrido algunos de los actuales habitantes de Latinoamérica. Me refiero, en especial, a aquellos que utilizan el argumento del expolio de las riquezas americanas por los conquistadores españoles para justificar algunas de sus actuaciones contra la Mamá Patria, o que argumentan cuando les da la gana que, ya que les robamos hace cinco siglos, ahora es tiempo de su revancha.

Pues sucede que esos listillos de la historieta con dibujos animados, no  deberían confundirse al enjuiciar la estirpe de los culpables, para lo que simplemente tendrían que mirarse en el espejo. Ellos son los auténticos descendientes de aquellos exploradores, o de los que se fueron después de la llamada conquista a repoblar América y se mezclaron con los indios nativos o tuvieron hijos, hijastros y retoños naturales, juntándose con los colegas o las esposas de sus colegas que se desplazaron desde Europa.

Los que quedaron aquí, ya mezcladas sus sangres con los bereberes, suevos, fenicios, alanos, hunos y otros estrambotes, hicieron lo que pudieron para seguir existiendo, siguieron con sus hambrunas, guerras intestinas, revoluciones, descalabros, penurias y algunos éxitos de alcoba, y, ay, les guste o no, a quienes tratan de enmendar la Historia en su provecho, de esos `polvos, dicho sea con perdón, provenimos la mayor parte de nosotros, los españolitos de hoy en día.

Así que, si tienen algo que reprochar, por favor, que se den un par de puñadas en su propio rostro, pero que busquen otros argumentos contra nosotros. Ellos sí pertenecen a su odiado linajillo de los explotadores, son descendientes seguros de aquellos -para mí, esforzados- que se liaron la manta a la cabeza para adentrarse en un mundo desconocido. Los que andamos por estas tierras, salvo concretas excepciones, nada tuvimos que ver con esos hipotéticos crápulas, porque la mayoría no sabemos siquiera ni quienes fueron nuestros tatarabuelos.

Téntense pues la ropa, latinos, cuando gocen ilustrándonos de que, desde el siglo XV o XVI pueden trazar su árbol genealógico; apriétense los machos cuando se complazcan en recordar la liberación que les hizo Bolívar y se hagan lenguas de cómo veneran a los que, traicionando sus lealtades y orígenes, se separaron de la Metrópoli para no pagar impuestos ni dar cuentas de lo que producían al otro lado del charco. Ustedes son los herederos de esa hipotética ignominia.

Hagamos ya la paz, señores. Dedíquense a trabajar por mejorar el mundo, y en concreto, sus países, que mucho y duro es lo que les queda por hacer. Sin empujar en esta dirección, amigos, porque aquí no están sus enemigos.

A barlovento: Obama somos todos

He vuelto a leer el discurso de Barak Obama, cuando comunicaba en Chicago que había ganado las elecciones para Presidente de los Estados Unidos. Me gustó, me gusta mucho. No se si había una gran pantalla oculta desde la que leía lo que estaba diciendo, pero,aunque fuera así, revela muchas cosas. La primera, que es un gran comunicador, capaz de despertar emoción con lo que dice.

Como no hablaba para un círculo de amigos, ni siquiera para todos los norteamericanos, sino que era plenamente consciente de la importancia de sus palabras para todos los demás ciudadanos de este mundo convulso, hay que agradecer su espíritu, su talante, y lo que indica.

Indica, línea a línea, la transmisión de un sentimiento y una voluntad con la que es prácticamente imposible estar en desacuerdo. Refleja la historia, aún muy reciente, de una marginación y una opresión injustas que, de pronto, y por mayoría abrumadora, han quedado superadas, arrumbadas, vencidas. Es muy difícil no sustraerse a la emoción que provoca esa victoria que es -lo reconoció también el presidente Bush, atinadamente en este caso- la victoria de los afroamericanos, de los que se vieron desplazados por ser negros, esclavizados y vejados, incluso hasta hace muy poco y, porqué ocultarlo, lo son todavía hoy, por el color de su piel.

Ningún pueblo está libre para pretender tirar su primera piedra o poner su pica en Flandes alardeando de que la marginación del semejante no le afecta.Nuestra sociedad está llena de marginados que aún esperan su redención, que aguardan el triunfo de uno de los suyos, para demostrarse y demostrar que están ahí, que tienen el mismo derecho a su sitio que los otros. Se pueden llamar gitanos, sudamericanos, musulmanes, judíos, tusis, armenios, palestinos, agnósticos, pobres de solemnidad, inmigrantes, minusválidos, mujeres con o sin burka (mucho más si se les obliga a llevarla, desde luego), prostitutas, oprimidos, perseguidos por sus ideas, color de la piel, creencias, inteligencia, ... Cada pueblo tiene sus marginados, espera a su Obama.

No sé cómo va a conseguirlo, cómo logrará mover tantas resistencias, vencer todas las inercias. Puede que ni siquiera pretenda, porque la labor es de Hércules, cambiar más que unas pocas cosas. Pero lo que trasluce con ese discurso es el talante de un visionario, un héroe, un convencido.

Me ha gustado incluso que apelara a Dios al final de su discurso. Suena a arcaico, aunque también resulta valiente y tranquilizador, porque refleja una ética, una postura moral.

Hay que felicitar al pueblo norteamericano, y felicitarnos porque al país más rico y más influyente de la Tierra haya llegado a su cumbre un hombre con esa determinación. No me puedo olvidar, sin embargo, de que Obama es negro, no rojo, como muy atinadamente se ha recordado. Pertenece a la élite norteamericana, sus apoyos en la economía real han de ser financieros para que el sistema al que defiende no se desplome, y tanta ilusión incontralada implica un gravísimo riesgo.

Sigamos atentos cómo evoluciona para aproximarse a la realidad. Son tantos los peligros de que toda esa ilusión se desbarate, que no basta protegerlo con admiración, devoción y cariño.

Mas, pero, empero, sino, sin embargo, Gracias, Norteamérica. No esperábamos que se nos pudiera hacer un regalo de esta magnitud, en este momento en que nos estaba invadiendo la tristeza. Bonjour, la joie de vivre.

 Por cierto, en España, en unas elecciones presidenciales, no creo que Obama hubiera sacado muchos votos con su Programa: lo que preconiza y propone, ya lo tenemos aquí desde hace décadas. Su ideología está incluso a la derecha del Partido Popular, lo cual demuestra que el liderazgo sociológico no está precisamente por aquel lado del Atlántico, aunque por estos sitios hayamos aplaudido a rabiar el aire fresco de su talante y el atisbo de apertura para su estrategia internacional.

A sotavento: Un regalo de cumpleaños envenenado

La periodista Pilar Urbano, personaje de la farándula mediática, con la capacidad de convicción que se atribuye a las serpientes y otras formas del maligno, ha hecho un regalo de cumpleaños a SM La Reina Sofía que no será tan fácil de olvidar.

No cabe atribuir inocencia a ninguna de las partes. Ni una avezada profesional, especialista en intentar desentrañar misterios, para dejarlos aún más ocultos -Con la venia de Garzón y el amanecer del 23-F-, puede ser calificada de ingenua, ni la Reina, modelo de prudencia hasta este momento -y para seguir-, puede entenderse que haya caído en una trampa teñida de artificios, haciendo unas declaraciones cuyo propósito fuera generar polémica, con el pretexto de acercar su figura al pueblo llano.

Me inclino, pues, a afirmar, que la Reina ha dicho lo que piensa que se puede y debe decir -o lo ha mandado transmitir por intermediarios de confianza cualificada- y que la periodista ha seleccionado de lo que le han traslucido como pensamiento de la Reina, aquello que le pareció con más enjundia periodística, para perfilar aquellas características del personaje que le interesaba resaltar.

Es decir, se trataba de presentar a Doña Sofía como alguien sensible a los problemas actuales, inteligente y serena.

Las opiniones particulares de un personaje que representa al Estado, y de una forma tan firmemente tasada por la Constitución que, prácticamente, la convierten en un elemento de ficción, tienen el atractivo de desvelar que, por debajo de los oropeles y ropajes, se mueve un ser humano.

El retrato conseguido por Pilar Urbano cumple, pues, el objetivo de dejar entrever un poco de piel bajo la coraza del protocolo. Aparece o se adivina un ser humano culto, un tanto antañón, obviamente clasista pero preocupado por los temas sociales, el ambiente, la familia (en especial, las cosas que atañen a la propia)...

No se ha pretendido ser original, pero tampoco simple. La diferencia de la Reina con los demás humanos no está en su forma de sentir dolor, placer, sangrar o hacer sonrisas, sino en la repercusión que sus actos tienen para la inmensa mayoría, que los tomará como referencia.

Nada de lo que dice o se le hace decir en el libro causa sorpresa en relación con el perfil que se debe atribuir a un personaje de tal alcurnia´y tradición. Es lógico que no le guste el matrimonio gay, aunque tenga tolerancia hacia las posiciones homosexuales, que no esté a favor del aborto, y que la muerte asistida -aunque la llamen eutanasia, dice- le parezca una justificación para el homicidio.

No es sorpresa que tenga en algunas cuestiones discrepancias con su esposo el Rey y que le dé náuseas ver a un tipo -democráticamente elegido, sí, matiza- sentado en un despacho del palacio del país que fue de su padre.

Son tamañas las obviedades, que solo habrán de sorprender y generar polémica a los que quieran sacarle punta en provecho propio a una situación constitucional: tenemos Reyes como Jefes de Estado, y no los elegimos por votación, sino porque hemos decidido creer que nos va mejor tener una abeja reina para las monedas de euro que andar cambiando cada cuatro o seis años en ellas la efigie de un tipo del bigote.

A mí -y a muchos- la Reina me cae bien. Si no fuera por la diferencia de escalones, me gustaría poder contarla entre mis amigos. Soy de ligera tendencia republicana, pero me atrae polemizar con monárquicos convencidos y quién podrá ser más monárquico que un Rey o una Reina.

Pero, si tuviera oportunidad de hacerle un regalo, no le haría el presente de un libro con sus opiniones y una edición de varios miles de ejemplares, con la seguridad de que la voy a meter en una polémica tribal.

Le regalaría algo que le hiciera ilusión. Un rosario de plata, la reproducción facsímil de un libro griego antiguo, una copia autenticada de una diadema de un antepasado, un reclinatorio con los signos reales, o, mejor, una novela de aventuras que le permitiera un par de días de libertad. Nunca el regalo envenenado de una manzana-libro para fastidiarle su cumpleaños.

Feliz cumpleaños, Majestad. Ya se habrá dado cuenta de que en España somos así, Señora.

Jugando en corto: Asturias es España y lo demás, depende

Los asturianos estuvimos diciendo durante mucho tiempo, a quien quería escucharnos, que "Asturias es España, y lo demás, tierra conquistada". Se aceptaba que la conquista había sido realizada a los moros, huestes invasoras que, guiadas por los míticos caudillos Tarik y Muza, se había topado en Covadonga con Pelayo y los suyos que, lanzándoles piedras desde lo alto y con ayuda de la virgen local -"La Santina"-, les hicieron poner los pies en polvorosa.

Hace ya algunos años que  algunos se empeñan en demostrar que los moros no eran tales, que no venían a conquistar sino a rapiñar lo que podían, que no entraron por el centro de la Península, sino que se acercaron siguiendo la costa, y que nunca hubo la batalla de Covadonga. Es un terrible infundio, porque, además, la batalla de Covadonga se libra casi cada día. Contra los moros, contra los infieles, contra los fieles, y contra el resto del mundo.

El día 24 de octubre de 2008 se repartieron los Premios Príncipe(s?) de Asturias, ahora más asturianos que nunca (los Príncipes), ya que el futuro Rey de España elogió a una de las hijas de nuestra hidalga tierra para fundar una familia, despreciando todas las candidatas de sangre azul y otras muchas de sangre menos clara, pero adaptadísimas. Ergo, algo tendrán nuestra agua y nuestras mozas cuando las bendicen.

La ceremonia en sí, como no podía ser de otra manera, fue una combinación atinada de coñazo y espectáculo. Mucho mejor organizada que, por ejemplo, la Ceremonia de los Oscar, toma de ésta algunas líneas generales, pero no tiene comparación el que este reparto de galardones asturianos a gentes de por ahí, sea presidido por un Príncipe y tome la característica inconfundible de un acto de Estado.

Cierto es, sin embargo, que la escasez presupuestaria -a pesar de que, por lo oído, el Banco de Santander esté detrás del evento- obligue a SAR D. Felipe a asumir el papel de telonero y glosador de los premiados. La culpa la tiene la ausencia de la previsión de proyectar en una pantalla gigante, los méritos y jugadas más interesantes de los galardonados, todos ellos meritorios secundones de la élite mundial -salvo, por cierto, en el caso de Rafa Nadal, Premio de los Deportes, del que la presentación de un par de reveses y varios liftados hubiera sido muy de agradecer y más entretenido.

Aunque la secretaria de la Fundación Príncipe de Asturias ya había realizado un pase por los currícula de los premiados, no debió de parecer suficiente a los que prepararon el speech que habría de leer quien tenía tanto la presidencia de honor, como la fáctica, del acto.

En su discurso de más de media hora, mezcló D. Felipe nanopartículas, leds, infografía, materiales ultraresistentes, citas a Camus, elogios al Ejército colombiano, petición de reforma de la solidaridad internacional, deseos de recuperación para Seve Ballesteros, convicción de que la malaria tendrá vacuna en dos años, exhibición de conocimiento exhaustivo de Margaret Atwood y su inmensa obra, posesión de fino oído musical y vocación de fan del bueno de José Antonio Abreu, y otros miles de detalles que avalarían una cultura enciclopédica y le garantizaría un puesto de primera línea entre los eruditos que pretendieran hacer la competencia a Google (incomprensiblemente, uno de los premiados).

Pero con actos así, Asturias demuestra ahora que es España, y que siente el orgullo de formar parte de una nación que llenó páginas de historia, reales o bien inventadas, y que está presta a continuar haciendo un buen papel en el futuro. Y, como la puerta está abierta, quien quiera pertenecer a esa aventura, sea bienvenido; y los que no quieran, pudiendo, pues peor pá ellos, van aviáos.

 

Jugando en corto: Gansterismo en la gestión de las redes telefónicas

Puedo tener comprensión hacia la realidad de que problemas más graves están transtornado la economía española, pero la situación provocada por las compañías responsables de los servicios de comunicaciones en España es, en mi opinión, un gigantesco fraude que sufrimos, con sensación de práctica indefensión, el colectivo de usuarios.

Las compañías telefónicas se están aprovechando en su exclusivo beneficio, de la ignorancia de los usuarios, de unos mecanismos para cambiar de proveedor lentos y viciosos, y, desde luego, de la necesidad de que nos presten el servicio.

Como se encuentran inmersas en una batalla campal para captar clientes, no tienen ningún escrúpulo en engañar con sus prestaciones, ponerse zancadillas entre ellas cuyos sufridores son los usuarios, y dejar sin servicio durante días, meses, a quienes hayan cometido la osadía de pedir la "transportabilidad", estúpida palabra que equivale al suicidio telemático del improdunte que haya decidido cambiar de compañía. En cualquier país, incluso de los tenidos por subdesarrollados, se podrá cambiar de proveedor en el mismo día. Aquí se nos envía al limbo de la inoperancia por tiempo indefinido.

En las conversaciones entre usuarios de telefonía y adsl, en los foros de internet, en España, en cualquier ocasión en la que se comente acerca de las conexiones de telefonía e internet, sean de banda ancha, corta o raquítica -qué más da-, se detecta idéntica instatisfacción, parecidos ejemplos de tomadura de pelo, las mismas sensaciones de impotencia.

El usuario puede tratar de quejarse a la compañía proveedora -teórica- de los servicios fallidos, pedir que se resuelva su problema. Debo decir, ante todo, que la contratación oral, que es la que se realiza en la mayoría de los casos, está llena de deficiencias y oscuridades: no se indica el día de comienzo de prestación de los servicios, se miente acerca de los precios y contenido de los mismos, se deja en la inopia la clarificación de los derechos del usuario.

Con tan precarios mimbres, la posibilidad de que algo vaya mal es altísima. Hay que llamar a uno de los números proporcionados como tabla de salvación: un 902, de coste nada despreciable.

Después de minutos -siglos- de espera, de rellamadas, de ridículos caminos entre tocatas de teclas y repeticiones hasta la saciedad de la propia identificación, varias voces interviniendo sucesivamente con retahilas aprendidas , generalmente con acento iberoamericano -y esto, por favor, no implica juicio de valor respecto a la disposición de los comunicantes, sino sospechas acerca de la cortedad de los medios disponibles por ellos y la distancia respecto a quien llama, a coste alto-, le indicarán o que no saben, o que no pueden, o que le pasarán con otro departamento que tratará de solucionarle su problema, con alta probabilidad de que la comunicación se pierda y, al llamar de nuevo, aparezca un nuevo Rogelio, Amanda, o Sisebuto al que explicar todo desde cero.

Lo más grave surge en aquellos casos en que, guiados por engañosa publicidad, los cándidos usuarios, puedan haber pretendido el cambio de una compañía a otra. Disponiendo de sus datos, ruines en la consciencia de que el usuario medio es un inepto que lo único que quiere es que le den el servicio prometido, se acumularán facturas por servicios nunca prestados, por calidades nunca conseguidas, y las horas de fallo de los servicios llevarán a la exasperación a los incautos "clientes".

Basta ya, señores de Telefónica, Orange, etc. Caiga la ira de los usuarios sobre Vds. Como abogado, como ingeniero, como usuario despechado, promuevo la canalización desde la red de una demanda colectiva por fraude, por mala calidad de los servicios, por cobros indebidos, y solicito a todos los que quieran adherirse que lo manifiesten así, para obrar en consecuencia.

Vamos a tratar de poner orden a esos gigantes que, desde el parapeto de su mala fe y avaricia, estultos en su falta de profesionalidad y confiados en nuestra ingenuidad, nos roban. No encuentro otro nombre para calificar penalmente su actitud, ni hallo la calma para soportar el daño que, en el siglo de las comunicaciones, nos causan con sus mentiras, sus promesas de calidad, sus pases de pelota lavándose las manos de su incompetencia, mala fe y desidia.

A sotavento: Consejos para abrir o revisar una cuenta bancaria

La crisis económica mundial, provocada por la falta de solvencia y la amenaza de perderla, de algunas de las antaño más prestigiadas entidades financieras y bancarias, aconseja la profunda revisión de los criterios que juzgan la capacidad económica.

Está claro que las verdaderas entidades de riesgo no son los cuentarrentistas o quienes disponen de sus ahorros en una libreta bancaria, sino los Bancos, Corporaciones financieras y otros inventos de captación de pasivo, que disponen de instrumentos fieles para generar credibilidad, que puede ser pura fantasía en ciertos casos. 

Es imprescindible, por ello, que los ahorradores analicen con extremo cuidado, sin dejarse guiar por ningún índice, clasificación de solvencia o ratio de liquidez, , posiblemente manipulados o enmascarando riesgos, los bienes que tienen de verdad para responder de la devolución de nuestros préstamos, esas compañías que se nos`presentaban con solidez financiera a prueba de bombas y no han sido capaces de resistir una desaceleración.

Por ello, propongo que los que deseen abrir una cuenta bancaria en la que depositar sus ahorros o domiciliar su nómina y, por supuesto, quienes tengan sus dineros prestados a las entidades financieras, cualesquiera que sea su naturaleza y presunta solvencia, les hagan cumplimentar el siguiente cuestionario:

Capital y fondos propios de la entidad. Cantidad de depósitos en cuenta corriente.Obligaciones a corto, medio y largo plazo.Nóminas de la alta dirección, detalladas individualmente y masa salarial total. Bienes inmuebles de los accionistas principales, y constitución de una primera hipoteca a favor del cuentarrentista, para responder de la cuantía del dinero depositado y de las eventuales reclamaciones judiciales, así como de los intereses de demora, en caso de retraso en la puesta a disposición del dinero en cuenta, superior a una hora. Compromiso irrevocable, ante notario, de devolución de todos los ingresos percibidos como directivo por la entidad bancaria, incluídas gratificaciones por asistencia a consejos, en caso de que la misma incurra en suspensión de pagos, cualesquiera que sea su origen o naturaleza.

Bueno, es solo una idea, de momento. Pero el objetivo del comentario está claro. Hacernos reflexionar sobre el principio de que quienes tienen más probabilidad de riesgo no somos nosotros, los cuentacorrentistas de a pié que hemos cumplido siempre con nuestras obligaciones con los prestamistas y, quizá, ya estamos libres de deudas, sino los grandes Bancos y sus inventos financieros, que han estado jugando, según se ha demostrado, a la ruleta rusa -o norteamericana- con nuestro dinero. 

Y resulta que, cuando les ha explotado su elucubración de mala matemática financiera entre las manos, las heridas del desbarajuste tenemos que pagarlas los que no hemos hecho en nuestra vida más que aguantar el sistema con credibilidad, trabajo serio, consejos honestos, austeridad y extrema voluntad de ahorro.

Vamos, que si pudiéramos apearnos del sistema, nos bajábamos ya en esta estación.

A sotavento: No solo la avaricia, también la mentira

¿ Cuándo los valores que cotizan en las Bolsas pierden valor, adónde van los dineros? ¿Se esfuman?

Es es la pregunta que se hacen bastantes de las personas que desconocen o conocen poco de lo que significa la capitalización bursátil. Y es una muy buen pregunta, sin duda. Pero para responderla, hay que conocer cómo se generan las cotizaciones en Bolsa y, para ello, permítaseme detenerme en la Bolsa española.

Se llama capitalización bursátil al resultado de multiplicar la cotización de la acción de una empresa en la Bolsa por el número de acciones en que está dividido su capital. Una empresa en el que los accionistas originales hayan suscrito 1.000 de acciones de 100 euros, tendría un capital social de 100.000 euros.

Pero si, por los buenos resultados de la empresa, se ha generado una gran confianza en su futuro, puede que haya personas que estén dispuestas a comprar algunas de esas acciones de 100 euros a 150 euros, por ejemplo. Estos inversores calcularían la rentabilidad de su inversión, no ya por los resultados de la empresa, sino por la rentabilidad que obtendrían a partir de los dividendos que se distribuyan. Y puede ser que los beneficios sean tan altos que permitan una remuneración aceptable.

Los 35 valores que configuran el índice de referencia de la Bolsa española han llegado a tener una capitalización bursátil de, aproximadamente, 500.000 millones de euros. La disminución de un 30% de su valor promedio, ha supuesto, por tanto, la pérdida de 150.000 millones de euros por parte del conjunto de quienes han invertido sus ahorros en la compra de acciones de estas empresas, si lo hubieran hecho  al valor que tenían en el momento en que tuvieron la mayor cotización.

Puede suceder que las buenas expectativas de las empresas sean magnificadas por hipotéticos momentos de bonanza. Puede que sean falseados los resultados, engordándolos con fraudulentos -pero ocultos- hinchamientos de los fondos de comercio, de los activos tangibles e intangibles, generando falsas bolsas de resultados en las participadas y filiales.

Se genera así una pelota de difícil control, sobre todo en las empresas grandes y complejas, inflando una burbuja de ilusiones futuras fundamentada en la fantasía. Los inversores foráneos, incapaces de saber la realidad de lo que está pasando en realidad dentro de las empresas, seguirán metiendo dinero comprando acciones a precios muy por encima de lo que en realidad valdrían, y los beneficios para sus inversiones llegará un momento en que ya no puede mantenerse. Una versión algo más sofisticada del timo de la pirámide.

La única manera de conocer si una capitalización bursátil está sobredimensionada es referirse a los resultados reales de las empresas, y relacionarlos con ese valor total de la empresa. Si una empresa tiene unos beneficios de 1.000 millones de euros anuales para una capitalización bursátil de 100.000 millones, no resultará divertido a muchos inversionistas saber que están siendo remunerados al 1 por cien anual. Si invirtió cien mil euros -en realidad, da igual la cantidad que haya invertido, obviamente-, y contando con que no hubiera inflación alguna, harían falta cien años para recuperar la inversión, sin rendimiento...

Por eso, la única esperanza de ganar dinero para quienes inviertan en empresas con alta capitalización bursátil -a menudo con per de 30 o 50, (per es el acróstico de price to earnings ratio, precio de acción dividido por beneficio)- es encontrar a otro crédulo mayor que crea que va a mejorar ese ratio, y no tendrán que esperar tantos años a que les devuelvan su dinero...

No solo la avaricia, estimado Joaquín Almunia, también la falsedad o la mentira,son culpables de la crisis financiera internacional. Con nombres y apellidos.

Porque esos 150.000 millones de euros que ahora se presentan como perdidos, son los ahorros de millones de personas a los que, poquito a poco, cuidadores profesionales de inversores más sabios, han ido convenciendo que debían sustituirlos en el riesgo.

Contaron con el inestimable apoyo de las informaciones y análisis bursátiles de gestores bien pagados, expertos financieros, gansos capitolinos, ruidosos analfabetos, patanes crédulos, economistas masterizados y ciertos estudiosos bien intencionados -que de todo hay, e híbridos suyos- que crearon el tiempo necesario para que las grandes fortunas cambiaban de escenario.

No se sienten culpables, porque ellos no generaron el pánico general al saber que, una vez más, este rey iba desnudo. Y una estampida es siempre difícil de parar. Hay que esperar a que los cornudos se cansen de correr despavoridos, o lanzar tiros al aire desde varios sitios, para que la manada se reconcentre sobre sí misma. Ambas propuestas están siendo analizadas por los gobiernos de los países desarrollados, aunque con otras palabras, imagino.