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El blog de Angel Arias

A barlovento: Monster e Imaste se unen en la mejor Feria Virtual de Empleo

Con una actualidad escasa en buenas noticias, encuentro varias razones para comentar desde este blog una excelente: el lanzamiento, el 13 de octubre de 2008, en la dirección http://www.monster-edays.fr/ , de la Feria de Empleo Virtual tecnológicamente más avanzada que se ha ofrecido hasta el momento. La aplicación estará abierta a visitantes hasta el 22 de este mes.

Monster ha elegido Francia como plataforma para ofrecer un incisivo concepto renovado de encuentro entre las empresas y los demandantes de empleo. El escenario para ese meeting-point es la red por excelencia, -el mundo de las webs-, y el decorado que se ha dispuesto es impresionante: un gran edificio conceptual de imágenes e información con el que las empresas pueden presentar sus poderes, para seducir a los mejores y convencerlos, en una visita virtual, de que trabajen para ellas.

Para visitar esa Feria no hay que pagar entrada, ni moverse de casa. No se necesita solicitar vez para que te entrevisten, ni se recorren a ciegas los stands de empresas desconocidas pilotados por azafatas que no saben ni lo que venden. No tropiezas con otros curiosos para recoger a hurtadillas un catálogo. No hay pins ni pim-pam-pums.

Las empresas ofrecen posibilidades trabajo y, como quieren captar a los mejores, a los más adecuados, porque son  líderes de sus sectores y quieren incluso mejorar su competitividad, se esfuerzan en presentar sus rostros más atractivos. ¿Con qué herramientas?. Las que ha elegido ellas, en un soporte virtual  que deja al visitante entendido boquiabierto (dumbstruck) y al lego, estupefacto (flabbergasted)...

El candidato, elige el momento en que desea ser entrevistado, con la persona responsable de las empresas que más le guste, después de haberse dado una vuelta -corta o larga, a su gusto- por la Feria, chateado con quien le apeteció, y de haberse leído o visto la información que le pareció para hacerse la mejor idea del objeto de sus deseos.

El avance tecnológico de esta feria respecto a otras que podrían parecer similares en cuanto al nombre es abrumador.

El mérito del desarrollo del software es de una empresa de alta tecnología española, creada hace ya cinco años por tres ingenieros de la Universidad Politécnica de Madrid ("La UPM"). Hoy da empleo a más de 30 personas, y el éxito seguro de este primer hito en la cooperación con Monster, la firma líder en el empleo, significará para ella un espaldarazo definitivo.

Como mi hijo Miguel es uno de esos tres ingenieros, me pidió que hiciera de conejillo de indias para detectar posibles fallos en las pruebas de rodaje.

Por eso puedo darles una enhorabuena adelantada.

He disfrutado recorriendo la Feria aún en montaje virtual, ayudando a hacer comprobaciones que permitieran ajustar el óptimo funcionamiento de los programas. Contesté y planteé preguntas en los chats -viendo, si así lo elegía, a mis interlocutores-, miré aquellos vídeos que me apeteció de entre los cientos -o miles, no sé- que están disponibles, recogi información personalizada de varias empresas, participé de diferentes maneras en las actividades programadas del día, dejé mi currículum a algunos jefes de personal y, en fin, pude moverme a la velocidad de un guiño de párpados de stánd en stánd.

La Hora de la verdad de la Feria Virtual más avanzada del momento, Le Salon Virtuel du Recruitement, ha llegado. Es vuestro turno, jóvenes. A la vôtre santé, la jeunesse.

A barlovento: Más de un año de Alsocaire

Hace ahora algo más de un año -fue el 21 de septiembre de 2007- decidí abandonar por un tiempo la introducción sistemática de comentarios en este Cuaderno, para abrir otro, AlSocaire, con el que recoger de forma más libre mis ideas sobre los temas que me interesan especialmente: el ambiente, la energía, el derecho, la sociología...y todos los relacionados con ellos.

Han sido casi cuatrocientas entradas las realizadas hasta ahora. Inicialmente concebido como una posibilidad de recoger ideas de un colectivo, la idea fracasó -en este sentido- desde el principio. Fue siempre, a pesar del empleo de la primera persona del plural, una obra personal. Mi satisfacción, transcurrido este tiempo, es que escribir en AlSocaire se ha convertido en un hábito para mí. Esté donde esté no he dejado casi nunca de encontrarme cada día conmigo mismo, y, a veces, con sus pocos lectores.

Gracias, desde luego, a los que siguen estas y aquellas elucubraciones. Gracias a los que recomiendan mis blogs a los que aún no los conocen. Yo, como todo bloguero que se precie, pongo ahora siempre por delante mi condición. Son ya muchas horas expuesto, hay mucho de mí en tantas páginas.

Sigo. No busco, claro, reconocimiento por este trabajo -¿de quién y a cuenta de qué?: soy mayor, escéptico y crítico, por lo que se bien lo que son esfuerzos baldíos-. Tal vez, la creación de oportunidades para contrastar ideas. Atractivo recorrido entre el despilfarro  y la temeridad, como aquel maravilloso paseo entre el amor y la muerte que nos atrajo otrora a los cinéfilos.

Jugando en corto: ¿Gestión pública o privada? ¿Dónde?

La crisis económica que estamos padeciendo, de límites aún imprecisos -pero, desde luego, muy grave- ha puesto nuevamente sobre el tapete la cuestión de si la gestión privada es mejor que la pública o viceversa. En relación con este tema, se replantea igualmente la eficiencia del mercado para la asignación de recursos.

Claro que la respuesta no es única, pero la experiencia anima a proponer la adopción de unos cuantos postulados generales:

1. La Administración pública, es decir, la ciudadanía a través de quienes ha designado como garantes de sus derechos, no debería jamás renunciar al control final ni a la supervisión indirecta.

Independientemente de que la forma de gestión elegida para un sector o una actividad sea pública o privada, la supervisión última que confirme que la tarea se realiza de acuerdo con las leyes y los objetivos marcados, habrá de ser pública, -en el sentido de independiente- y, por lo tanto, los depositarios de esa función de control, removibles y sujetos a mandato finito. De cualquier otra forma, se acabarán convirtiendo en un poder independiente: los poderes corrompen y el poder absoluto corrompe absolutamente.

2. Los funcionarios públicos no deben perpetuarse en el ejercicio de sus funciones de administración y control.

¿Cómo evitarlo?: la mejor manera, sería sometiéndolos a contrato laboral similar a los demás trabajadores. Pero, al menos, la movilidad, la evaluación y la formación continua, han de ser servidumbres ligadas al puesto. Aunque se han defendido las ventajas de la categoría laboral de funcionario como garantía de su independencia, si no existen otros controles, la afirmación es una ingenuidad. La falta de competitividad y la dejación del control sobre la eficacia de la tarea encomendada, hace que se degenere en el ejercicio de las funciones, cayendo en la rutina y en el deterioro, cuando no en la corrupción. Esto vale tanto para los que desempeñan actividades de control de otros, como para quienes desempeñan un servicio público o su trabajo se realiza en una empresa cuyos gestores y responsables máximos son designados por sus filiaciones o simpatías políticas.

3. El mercado es eficiente para la distribución de recursos únicamente cuando la oferta y la demanda gozan de similar libertad para establecer sus intereses.

En otro caso, vencerá, sesgando la eficacia, quien controle más grados de libertad o tenga más poder para definirlos. Una asociación de consumidores puede distorsionar, desde luego, el mercado, reduciendo márgenes a los oferentes y arruinándolos; pero lo más frecuente es que los más poderosos de la oferta se agrupen, de forma generalmente subterránea, para concertar prácticas abusivas. Solo una administración pública vigilante, y con información directa, puede vencer tales vicios de comportamiento, y para ello, hay que crear mecanismos independientes, estructuras de control flexibles y leyes y reglamentos con sanciones disuasorias para los que infrinjan la normativa.

Al socaire: Alvaro Delgado y el premio de la longevidad para un pintor

A Alvaro Delgado, pintor vocacional nacido en 1922, le exponen alguno de sus últimos cuadros -pintados en la década reciente- en los Salones de la Delegación del Principado de Asturias en Madrid. Artista consagrado, ampliamente laureado desde la primera juventud, es un gozo oirle hablar, con sincera modestia, rechazando elogios, definiéndose como un pintor que trata de aprender, de reflejar la vida, lo que le interesa. Sin parar.

Alvaro Delgado ha pintado mucho, pero, por supuesto, no demasiado. Advierto en sus cuadros actuales una mayor tendencia a la ironía. El título del cuadro da, por lo general, la clave imprescible para entender lo que, en un principio, podría parecer como una mancha. Así destaca de pronto la razón de la flor del farero, la gaita en los gaiteros de Aristébano o el porqué de los retratos de ramirenses.

Al llegar a la exposición, me topé con la viuda -qué palabra terrible, qué injusta semeja- de otro admirado, Angel González, contemplando el retrato que le hizo Alvaro Delgado al poeta. No la conocía, y, como acostumbro a hacer desde mi petulancia de artista cuando encuentro algo que me gusta (o que no me gusta) y tengo público, comenté en voz alta que "había algo del gran poeta, en el cuadro".

Susana Rivera (me la presentaría poco después Miguel Munárriz) me sonrió, con su hermosa sonrisa de curiosa impenitente. Yo había leído que ella había dicho de su esposo que "había sido inconformista, comprometido social y políticamente". Se casaron en 1993, el año de la jubilación como profesor de la Universidad de Nuevo México de Angel, en donde Susana era y sigue siendo una joven profesora.

La exposición es un éxito. Va a significar también una sorpresa, porque va a permitir a muchos conocer a un pintor joven a sus 86 años. Como se conoce a los artistas, por su obra. Líneas predominantemente curvas, amplias manchas de colores surcadas por líneas recias de otros tonos complementarios o agresivos, en cuadros de formato medio, colocados con cariño y maestría por la comisaria de la exposición, Marta.

Cuando se leen los títulos, todo encaja mejor y hay que volver a mirar los cuadros. Una segunda mirada. Está allí, en ellos, lo que Alvaro Delgado quiso destacar de todo lo que vió, con esa capacidad especial para captar la realidad que tienen los que se han acostumbrado a observarla y, además, saben contarlo. Está también un poco Alvaro Delgado en el retrato de Angel González, del Inquisidor Valdés, del campesino naviego, ... Y seguramente, en otros retratos que no se trajeron, y que habría que ver, para dilucidar el camino que sortea ese añejo pintor desde la fotografía a la caricatura cuando pinta a mujeres que conozco: Laura Ponte, Angeles Caso, ...

Paz nos decía que "Alvaro Delgado trajo más cuadros y quería ponerlos todos". No le dejaron. Otro Alvaro (Cuesta) me escuchaba decir, intuitivo: "No me extrañaría que acabara colgando alguno de los que pinte esta semana". 

Marta me aconsejaba volver dentro de unos días, para ver la exposición en soledad -será difícil conseguirlo, va a atraer a mucha gente-, tal vez sorprenda a este pintor tan longevo como Tiziano y Tintoretto (la comparación es de Gracia-Noriega) pintando lo que se le ocurra en las paredes blancas. Manchas primero, luego líneas aquí y allá que les dan sentido; y el título, para acabar el proceso.

¿Cuál es el premio para Alvaro Delgado a su longevidad?. Tener la satisfacción de que ya no necesitas buscar el reconocimiento por lo que haces. No te hace falta, aunque te lo otorgan sin cesar, hagas lo que hagas. Puedes permitirte decir: "A veces, estoy descontento con lo que pinté. No me gusta". O "No entiendo los elogios, creo que soy un pintor normal".

Puedes permitirte lo que te apetezca, y hacer recuerdo de tus años mozos, o de ayer, y amar al mismo tiempo a Luarca, a Salas, a Madrid o a San Pedro del Horrillo. Te quitan los cuadros de las manos, y ya no necesitas el dinero para nada. 

Quince mil euros, por lo menos, te pagan por "los pequeños"; algo más de lo que gana al año la mitad de la población española que no pinta.

Todos los cuadros de la Exposición de Alvaro Delgado en la delegación de Asturias en Madrid forman, en verdad, un solo cuadro. Encajan como un rompecabezas. En colores, en líneas, en personajes, en mensaje. 

Miré el grupo de asistentes a la inauguración, en animada conversación tomando una copa de sidra El Gaiteru, y dirigí otra mirada al, para mí, mejor cuadro de los que se presentan en la sala: "Campesino de Boal"... y que por alguna razón (¿soy tan singular?) no figura entre los seleccionados para el estupendo Catálogo de la Exposición.

Y me fui. Nos fuimos. Ya habrá tiempo de abrazar a este recio referente de la generación de mis padres, sobreviviendo a la adulación, al tiempo que nos queda, al éxito, a las zancadillas, a los gozos y sombras, y oirle decir con ironía: "Pinto lo que me apetece destacar". De los amigos, de los enemigos, de los indiferentes, de los desconocidos...hasta de los hórreos y de las cebollas.

Cuadro comentado: Joven descansando en un sofá

Cuadro comentado: Joven descansando en un sofá

La fotografía es mala, y el tono amarillento no corresponde a la realidad del dibujo, realizado en la etapa de Düsseldorf. Tampoco distingo la fecha y el subtítulo, aunque recuerdo que estaba inspirado en el cuadro "El sueño" de Pablo Picasso (1932).

Ha pasado tiempo desde entonces, y el dibujo pertenece en la actualidad a una colección privada. Como no recuerdo el motivo que me sirvió de inspiración, sí quiero detenerme, al comentarlo ahora, en el detalle de analizar los juegos y pretensiones pictóricos a los que, por entonces, me encontraba entregado, a la búsqueda de un estilo propio. En la línea de admiración, a un tiempo, de impresionistas franceses y del post-expresionismo alemán, pero con devoción a Delacroix, Velázquez y Rembrandt. ¿A quién, si no?.

Hoy me encuentro feliz de autodefinirme alineado con una corriente pictórica, de la que ignoro cuántos formamos parte, porque me la he inventado, que llamo de "cultismo neofigurativo".

¿Qué pretendo?. Sentirme, a un tiempo, lejos de lo que entiendo falso arte de Hicks and Co., a su vez heredero complaciente de La mierda de artista de Manzoni y del Opart, y que tanto daño han hecho, me parece, a la creatividad artística y a la percepción del artista; y recuperar la concepción clásica del cuadro, aunque sin necesidad de consumir mucho tiempo en la plasmación de la idea.

Yo, parapetado en mis vivencias y formación, cuento o sugiero historias, pero no me molesto en elaborar mucho el cuadro.. me basta con insinuar lo que quiero decir, esquematizarlo. Eso sí, siempre quiero decir algo: la mancha no me atrae.

También estoy desinteresado por la especulación de los galeristas y críticos de arte a la carta, siempre dispuestos a ensalzar -parece- ante quien no sabe una obra cuyo mayor mérito es haber embadurnado un lienzo. Trabajo discretamente para recuperar la idea como elemento central del arte, y, en especial, de la pitnura.

No estoy solo, pero no somos muchos en la actualidad, porque no estamos en un momento de ideas. A la idea hago sucumbir los demás "detalles" de una pintura, aunque me puedo jactar de que mi formación como pintor no es mala.

Las ideas son, pues, el elemento central de mi pintura. Sobre ellas construyo lo que pinto, tratando de expresar una sensación, generalmente susceptible de diversas lecturas, y en la que, aunque generalmente el punto de partida es la persona, el cuerpo o los cuerpos humanos, los otros aspectos del cuadro -paisajes, mobiliario, incluso las líneas y grafismos del dibujo o de la pintura- vienen a subrayar, poniendo énfasis sobre la idea, que es lo que pretendo reflejar, como una historia, un cuento en clave, que hay que descifrar.

En este dibujo, se ve a una mujer joven descansando, pero también aparentemente concentrada en la búsqueda de su cuerpo, del placer que encuentra en su cuerpo. La evocación del subtítulo "El sueño" -mejor, "Le plaisir", porque el sueño es erótico-, y la devocíón a otro autor, refuerzan la imagen de préstamo. La figura se prolonga y engarza con el sofá; las líneas se entrecruzan formando una sola apariencia escultórica, monolítica, aislada de cualquier otra referencia. Gravita en el vacío, solitaria.

La joven se ha hecho sofá o el sofá se ha constituído en carne humana, invitando al descanso del espectador, que es al que se pretende transmitir, en definitiva, el contagio de laxitud, tranquilidad, reposo. 

Cómo no montar un restaurante: Las tertulias (3)

Las tertulias confirieron al restaurante AlNorte una individualidad, sin duda y nos permitieron a la pareja propietaria -sobre todo a mí, lo reconozco- presumir de restaurador innovador. Sirvieron también, en un Madrid que no permite el encuentro entre conocidos ni propicia las nuevas amistades, especialmente para quienes ya no están en edad de merecer, para que todos ampliáramos el círculo de conocimientos, en personas y en sabiduría.

Esos varios cientos de gentes de variadas profesiones e inquietudes personas que acudieron en algún momento al local para participar en una tertulia, disfrutaron de la ocasión de conocerse, de analizar al otro, y en el mejor escenario posible: mientras cenaban, hablando de lo que les interesaba, o escuchando, que es la más difícil de las opciones, a menudo el grado máximo de manifestación de inteligencia.

Así que el restaurante dejó de ser el capricho de una top-model -y un anónimo emprendedor-, para convertirse en un sitio de moda cuya diferenciación se había colocado en dos ejes, a saber: era el local en donde mensualmente se reunían representantes variados de la sociedad española -incluso con aditamentos extranjeros- para contemporizar en plan amistosa y era también un restaurante romántico, discreto, elegante, al que se puede ir con la pareja, situado en el Madrid céntrico pero menos conocido, para confesarle amor antes de pasar a mayores.

De lo romántico, debo confesar que el mejor cliente de la famosísima mesa 24, de origen tan espurio como logrado -recuerdo al lector que la creé reduciendo la entrada a los servicios, pues me parecía un despilfarro de espacio y acabó siendo la única mesa del mundo que tiene dedicada una poesía y escenario de múltiples declaraciones de amor- no fue una pareja estable.

Una bella dama cuya profesión nunca supe, aunque no tardé en imaginármela, reservaba con encomiable regularidad aquella mesa 24, en la que los comensales quedaban al abrigo de miradas indiscretas pero podían examinar al que pasaba. Su acompañante nunca era el mismo, si bien la escenografía y el menú se repetían: arrumacos, menú romántico, toqueteos bajo la ménsula y champán francés. Pagaba, por supuesto, siempre él . Mis colaboradores en la Sala se hacuían lenguas de las buenas propinas que solían aparecer cuando se iban en la libreta de cuero con la que presentábamos la factura, de importe poco usual para épocas de crisis.

Las tertulias tenían tanto éxito y me ocupaban tanto tiempo -preparación, captación de tertulianos, dirección de la charla, confección del acta, consecución de aprobación, corrección de errores, difusión en la página web, etc- que, de cuando en cuando, comentaba con algunos amigos que necesitaba árnica. ¿Por qué no hacer de la necesidad, virtud, y trasladar las tertulias a otro local, más adecuado, en el que las periódicas reuniones no tuvieran que trastocar el espacio del restaurante?

(sigue)

 

A sotavento: Las minas huérfanas y sus padres adoptivos

El 5 de noviembre de 2008 el Club Español de Medio Ambiente, del que soy desde hace años vocal de su Junta Directiva -por sublimación condescendiente, desde los tiempos en que fui su gerente-, organizará la III Jornada sobre Temas Varios Ambientales. Lo hace en colaboración con la otra Escuela de Minas, la de Madrid.

Ese cajón de sastre, como lo evidencia el título, en el que se han venido reuniendo intervenciones singulares, pero interesantes,  sobre el Ambiente, presentará con esta ocasión las ideas sobre "Las minas huérfanas"  de Gonzalo Martín Morales de Castilla, Jefe del Servicio de Asesoramiento Jurídico Administrativo de la Consejería de Industria y Empleo del Principado de Asturias.

Gonzalo es hijo de Paco Martín Diego, compañero de varias fatigas -y éxitos- en el Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste, y de Mari Carmen Morales de Castilla, un soporte inteligente y sensible para una familia que ha producido magníficos frutos, entre los que se cuenta, también, nuestro colega Francisco jr., Director General de Energía en Duro Felguera.

Como hacen en los programas de televisión, aprovecho para saludar a Juan Carlos Torres Inclán, presidente de D-F, un grupo asturiano que está pasando por un bache que espero recupere ritmo, por el bien de mi economía, ya que tengo algunas -pocas, obviamente- acciones en el invento que creó ese paladín del desarrollo local que fue Pedro Duro.

Las minas huérfanas -vocablo que, proveniente de Canadá, ha hecho fortuna- son las antiguas explotaciones mineros que, hoy, no tienen dueño, porque dejaron de ser rentables y fueron abandonadas por sus dueños. No son una res nulius, sino un pasivo ambiental, a la espera tal vez de tiempos mejores.

Los años han hecho de las suyas, y las han convertido en un peligro y una amenaza para los curiosos, además de pasar a la categoría de destrozo paisajístico. Se han ido depositando sobre ellas, polvo, maleza, tierras, combinados con caídas de testeros y mampostas, rotura de castilletes, anegamiento de pozos, rapiñas de hierros, y otros deterioros. Muchas de ellas quedaron muy visibles, como niños de la calle que reclaman atención inmediata, muestras de pasados más espléndidos y de iniciativas voluntariosas que sucumbieron en manos del progreso.

Claro que no hay que pensar únicamente en las minas de carbón, sino también en las metálicas -scheelita, magnesita, caolín, wolframita, pirita, rejalgar, ...- Y no hay tampoco que limitarse a las explotaciones subterráneas, sino también a tajos a cielo abierto, canteras, cortas, etc.

Esas minas huérfanas reclaman análisis específico para su recuperación paisajística, y pudieran ser incluso adaptadas para su contemplación segura por el visitante curioso o para ser convertidas en parques de recreo o puntos de enseñanza. Martín Morales de Castilla tiene un plan y, por ello, se ha convertido en el padre adoptivo de muchas de las que quedaron en Asturias, como testimonio de tiempos mejores para ellas.

He leído varias de las conferencias y escritos sobre el tema de este alto funcionario de la región asturiana, y me atraen sus propósitos. Hay que darle medios, para que se pueda completar el inventario, seleccionar los objetivos y ponerlos en valor.

Cómo no montar un restaurante: Las tertulias (2)

(Este comentario es continuación de otro publicado hace días, y forma parte de mi libro "Cómo no montar un restaurante")

Las tertulias empezaban a las 21h30min y duraban, siempre dos horas. Al día siguiente, la mayoría de los asistentes tenían que currar, y no convenía quitar horas de sueño a quienes tenían responsabilidades. Por eso, independientemente de cómo se encontrara el debate sobre el tema, de quien estuviera hablando o de lo que quedara por discutir, se levantaba la sesión.

Cuando llevábamos realizadas unas veinte cenotertulias, descubrí que uno de mis colegas ingenieros, Rafa Ceballos, era uno de los mejores magos de España y estaba dispuesto a hacernos el regalo de tres o cuatro juegos de magia de cerca, relacionados con el tema de la tertulia. Reduje, por ello, algo el tiempo de discusión para incorporar su actuación a la sobremesa.

La convocatoria a las reuniones se hacía por correo electrónico, enviando un mensaje a todas aquellas personas que habían manifestado deseo de asistir a alguna de ellas. El menú era, teóricamente al menos, rígido, y preestablecido por mí. Se trataba de encajar su precio en 24 euros -que tuve que subir al cabo de tres años, a 30 euros por persona (incluído iva y bebidas).

Los contertulios podían disfrutar de una cena original, el espectáculo de magia, y, por supuesto, expresar sus opiniones y conocer las de otras personas interesadas o curiosas por el tema. Yo tomaba notas frenéticamente de lo que se decía, hacía preguntas, forzaba comentarios. En los días siguientes, trasladaba al papel lo que se había dicho, procurando reflejar el tono informal.

Las actas de las tertulias, publicadas regularmente en la página web del restaurante, llegaron a tener más entradas directas que el propio menú del día o la carta de estación. Algunos asistentes me acusaron de inventarme parte de lo que habían dicho, y pudiera ser. Pero eran quejas benignas, porque siemrpe procuré dejar a todo el mundo en buen lugar, y, desde luego, lo merecían: las reuniones eran no solo interesantes o divertidas, sino que algunas tuvieron saludable altura intelectual.

Lo que no conseguían las tertulias era activar el negocio de los lunes, y hasta tuvieron ciertos efectos negativos, si bien nada graves.

Cocina acabó hasta las narices -aunque no me lo confesaba expresamente, pero notaba sus reticencias- de mis elucubraciones e inventos culinarios, algunos muy forzados, para encajar platos especiales con los posibles contenidos de la charla.

Sala tenía que cambiar sus turnos de trabajo cuando había tertulia, pues eran imrpescindibles tres camareros para atender a una clientela selecta de más de 20 personas, especial en algunos deseos: había quien era alérgico a los pimientos, vegetarianos, quienes llegaban tarde, preferían el vino blanco o, simplemente, se habían olvidado de reservar un lugar en el riguroso turno que limitaba a 26 los asistentes idóneos, y aparecían con cuatro amigos.

Por eso, unas veces fuimos 12 asistentes y otras 36. Y los lunes con tertulia, los ocasionales clientes que entraban en el restaurante con intención de una cena tranquila, huían ante aquel grupo de vociferantes culturetas o, apresados entre sabios, se quejaban apesadumbrados del ruido intelectual que provocábamos.

Aunque también hubo quien pidió incorporarse a la próxima tertulia, después de haber escuchado con manifiesto placer las elucubraciones de un debate al que no habían contado con asistir.

(sigue)