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El blog de Angel Arias

Compuesto y sin premio

Compuesto y sin premio

Aunque no suelo presentarme a Concursos ni de literatura ni de pintura, lo hice al Certamen de Ingenieros de Minas Escritores y gané un primero y un segundo premios por sendos relatos en las dos últimas convocatorias. Animado por este éxito, me animé a presentar dos acrílicos al Certamen de este año de Ingenieros de Minas Pintores, que convoca, como es el caso del anterior, el Colegio del Noroeste.

Hace un rato que el secretario de esta institución, que lo es también del Jurado, me comunicó que no había obtenido ni premio ni mención con mis cuadros. Agradezco a Vicente de la Pedraja el detalle de avanzarme la decisión del Jurado, ahorrándome la frialdad de una carta, indicándome que mis expectativas quedaban arrumbadas.

El ganador fue, una vez más (lo ha ganado varias veces) mi compañero Santiago Esteban Cadierno, al que, por cierto, encontré hace un par de días paseando su temprana jubilación por las calles de Madrid.

Enhorabuena, Santiago. Y enhorabuena al Jurado -formado por los críticos de arte Rubén Suárez, Evaristo Arce y José Antonio Fernández Castañón, a los que conozco desde niño- y a los organizadores, porque estoy absolutamente seguro de que el nivel de los participantes ha sido muy alto.

(PS. No tengo fotos de los cuadros que presenté al Certamen, de formato relativamente grande para mi tipo de pintura. Para compensar, incluyo una fotografía de uno de mis dibujos, con técnica mixta de lápiz, acuarela y pastel)

Cómo no montar un restaurante: El peligro de los expertos

He venido dando por supuesto que Vd. no tiene la menor idea de a lo que se enfrentaba cuando se decidió a montar un restaurante. Me refiero, obviamente, a las dificultades reales. En este capítulo pretendo ilustrarle de alguno de los riesgos más comunes en relación con los "expertos" que encontrará en su camino y que, o anda listo para evitarlos, o le supondrán seguros extracostes, amén de quebraderos adicionales de cabeza.

El primer grupo de falsos expertos lo encontrará entre los que se postulen como socios, alegando sus conocimientos en la materia. Pocos serán quienes tengan las ideas claras del negocio. La mayoría, estarán preocupados por alguna, o todas, de estas ideas inútiles: "Debemos de crear un restaurante singular, sin escatimar en costes, porque la gente sabrá apreciarlo"; "No hace falta tener un guadarropa, porque los clientes pueden poner sus prendas en las sillas"; "Es conveniente poner colonia en los servicios"; "Tengo un amigo que nos aconsejará sobre las bebidas que más se venden"; "Mi primo está buscando trabajo y sabe mucho de gestión y, aunque no estuvo nunca empleado en un restaurante, nos vendrá de perillas"; "Hay que gastar dinero en la decoración: el arquitecto-diseñador que me reformó la casa nos hará a buen precio una decoración singular"; "El contratista que me arregló los aseos de casa se podrá encargar de la reforma del local".

Todos esos propósitos enmascaran, salvo honrosas excepciones que no conviene ni comprobar, un sonoro fracaso económico. No hace falta emplear mucho dinero en la decoración: la clientela estará encantada con los ladrillos y las conducciones vistas, cuatro aperos de labranza recogidos en el pueblo de su pariente colgados en las paredes y, desde luego, lo que hay que atender es a la funcionalidad del diseño para facilitar una cómoda estancia y un mejor servicio.

Le desaparecerán de los servicios los jabones, los frascos de colonia y hasta el papel higiénico. No me pregunte porqué la clientela (mirada en conjunto) aprecia esas minucias como recuerdo, pero así es. Le llevarán los ceniceros, los cubiertos y hasta las vinagreras. No le estoy diciendo que ponga candados en todos los utensilios, sino que cuente con una cantidad destinada a resarcirse de esas périddas.

Los arquitectos-decoradores que le recomienden sus socios o amigos bien intencionados, lo más probable es que no tengan la menor idea de cómo diseñar un restaurante. Se concentrarán en tonterías -sillas caras, bancos de difícil acomodo para los clientes, puertas de una sola hoja para comunicar la cocina y el restaurante propiamente dicho, etc.- y no sobrán cómo dirigir un equipo de trabajadores contratados para la ocasión que se equivocarán la colocación de la tarima, taparán las puertas de emergencia, o se olvidarán de ubicar correctamente los armarios de apoyo al servicio-. Le costarán una fortuna y es posible que no quieran entregarle factura.

Huya de los expertos en gestión que nunca hayan trabajado en un restaurante. Le pedirán un despacho para sí, llegarán al trabajo cuando el servicio de comidas ya esté empezado, se le irán a los pocos meses, cobrarán un potosí por decirle que su restaurante está mal ubicado y crearán malestar en el personal al emitir órdenes a los que no encontrará pies ni cabeza.

¿Y qué le voy a contar de los consejos respecto a los mejores distribuidores alimentarios, las bodegas más convenientes o los productos más adecuados?. Ni caso a lo que digan. El mismo día en que empiece a hacer alguna obra anunciando que en el local se va a montar un restaurante, harán cola los suministradores, ávidos de contarle entre sus clientes. Pida precios, exija muestras, comparece calidades. No se preocupe por encontrar los mejores. Le vendrán a la mano. Y si tiene dudas, entérese de quiénes son sus clientes y su grado de satisfacción.

 

Jugando en corto: Obama, premio Nobel de la Paz

La comisión que otorga los premios Nobel, ha concedido el 9 de octubre de 2009 el Premio Nobel de la Paz al presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Se puede considerar que ha sido una concesión a priori, reveladora de las expectativas que la comunidad internacional tiene depositadas en el líder más carismático de que dispone la comunidad internacional.

Son muchos los temas abiertos que exigen la intervención decidida del flamante Premio Nobel. La situación en Palestina es uno de ellos. El cierre de Guantánamo, otro. La solución a los conflictos de Afganistán e Irak, dos ejemplos más.

No son los únicos ni siquiera los más importantes, aunque a los interesados en ellos les hayan parecido especialmente significativos para hacerle merecedor de este galardón, tradicionalmente prestigioso y, en la actualidad, con marcadas señales de obsolescencia.

La Autoridad Nacional Palestina (ANP) confía en que la paz en Oriente Medio suponga llevar las fronteras de Israel hasta los territorios que tenía en 1967, devolviendo lo conquistado a golpe de invasiones, y se pueda devolver a Jerusalén la capitalidad de ese Estado.

Por supuesto, los talibanes han expresado su rechazo a la concesión del Premio Nobel a quien ha manifestado la prolongación de la permanencia de los efectivos en Irak, en una ocupación realizada por el anterior mandatario estadounidense que ha significado una ayuda para la economía del país más rico del planeta, pero ha sumido en el caos a uno de los territorios claves para la estabilidad de la zona.

Con todo, el problema mayor de Obama es liderar la recuperación de la crisis económica mundial, que es simultánea a una gravísima crisis ambiental, que amenaza con destruir una parte sustancial del futuro en que la humanidad occidental creía haberse sustentado con estabilidad.

Personajes de Asturias: Enriqueta Carrio

Tal día como hoy, un 3 de octubre, hace más de cuarenta años, moría Enriqueta F. Carrio, mi madre. Podía escribir que moría tras una larga y penosa enfermedad, y sería verdad. Pero, sobre todo, Maruja Carrio moría después de una corta vida llena de ejemplo, sabiduría, entrega y buen hacer.

Licenciada en químicas y maestra, tuvo siete hijos, a los que crió con una dedicación de las que dejan huella para siempre en ellos. Nos enseñó a respetar a los demás, a distinguir la falsedad y el oropel de las virtudes, sobre todo las ocultas. Sacrificó su vida y una carrera profesional que hubiera sido brillante por emplearse en hacer destacar lo ignorado y lo pequeño, dándole el valor de ponerlo sobre la mesa, bajo la luz.

Hija y nieta de emigrantes, inmigrante ella misma por causa de la guerra incivil, pasó penalidades cuando podía haber llevado una vida regalada, porque nadie le regaló nunca nada. Incluso le arrebataron cuanto tenía.

No la oí quejarse jamás. Nunca pidió nada para sí, y siempre pareció que tenía de sobra, porque apreciaba cuanto tenía porque le permitía repartir. Aunque fuera poco, sabía multiplicar los panes y los peces y guisarlos como la mejor cocinera del mundo. Cada día le parecía el regalo de un Dios en quien creía firme, serenamente, y que solo le mandaba hacer el bien, y hacerlo bien, y, además, sin preguntar para qué ni a cambio de qué.

Nos dejó cuando teníamos la sensación de que era inmortal porque nos resultaba imprescindible, conscientes de que no podríamos vivir igual sin ella. Sobrevivimos, pero no fue lo mismo. No hemos sido capaces (al menos yo) de seguir su ejemplo sin tropezar con las zancadillas de la torpeza, pero lo intentamos al menos.

Quiero con este comentario rendir un homenaje a todas esas madres que, dotadas excepcionalmente por la naturaleza para ser líderes, allí donde se propusieran estar, eligieron voluntariamente el camino de entregarse a una existencia sencilla, anónima.

Cuánto te echo de menos, cuánto os echamos de menos, en estos tiempos de fanfarría y de mentira, a quienes como tú, como vosotras, madres que habéis pasado sin gloria pero nos habéis dejado la pena y el consuelo de saber que estáis ahí, en nosotros, formando parte de lo mejor que queremos.

Cómo no montar un restaurante: Factores ajenos al negocio

¿Se ha preguntado alguna vez porqué McDonalds prefiere instalar sus máquinas de expedir hamburguesas en locales singulares? ¿Cree que un restaurante de comida kosher al lado de la catedral de Burgos tendrá el mismo éxito que otro instalado junto a una mezquita?

Puede responder como desee a ambas preguntas y a otras con similar intención, pero lo prevengo que habrá factores ajenos a Vd. que puede hundirle el negocio, de la misma manera que determinadas circunstancias pueden catapultarle a la fama sin haber movido un dedo de más.

Una de las maldades que le proporcionarán innumerables quebraderos de cabeza es la persistente intención de los ediles de casi todas las ciudades de gastarse el dinero público en renovar las aceras o alquitranar las calles, en especial, cuando se avecinan períodos electorales.

Madrid es un ejemplo paradigmático. Mi restaurante, ubicado en una hermosa placita del Madrid de los Austrias, se vió asaltado sucesivamente por una colección interminable de obras que conmovieron los cimientos de mi supuesto negocio. Obras que se realizaron sin aparente coordinación y, desde luego, con resultados perniciosos para mi salud y socavando el atractivo que pretendía dar a mis clientes.

Primero, fue la hipotética rehabilitación de la iglesia que daba a la placita que compartía con mi negocio. Un buen día, sin encomendarse a Dios ni al diablo, una entidad que tenía que ver con la conservación de los edificios singulares, decidió que había que gastarse unos dineros en pintar la fachada de la vetusta casa divina, para lo que un contratista endemoniado tendió unos andamios que ocuparon la mayor parte del espacio de entrada a mi restaurante.

Como surgieron no se qué problemas con la contratación, los pagos al contratista o la voluntad divina, la obrita se prolongó durante meses, el polvo inundaba la terraza y los interiores del local, y, no coincidiendo las horas de descanso con las del servicio de comidas (qué va) el ruido de excéntricas, amoladoras, interjecciones, órdenes gritadas, golpes desaforados, animaba, para desesperación de todos, la placidez de la zona.

Cuando terminaron con aquella obra, surgió en no se qué mente privilegiada, la idea de cambiar el transformador subterráneo que, por todos los santos, se encontraba justamente colindante con la fachada. La conducción del cableado motivó levantar el pavimento de acceso al restaurante, que, siendo de naturaleza inventariada, fue realizado con el conveniente cuidado para que la ejecución del desaguisado durante otro par de meses.

Apenas si se había terminado aquella obra ciclópea, el Ayuntamiento decidió cambiar el adoquinado y renovar los valiosos bolardos que servían de obstáculo insalvable para automóviles y tampa para peatones inadvertidos.

No fue suficiente. El cuerpo incorrupto de Velázquez (o algo así) esperaba, según sesudos estudios de investigadores históricos, en la plaza de Ramales, en la que se realizaba un aparcamiento subterráneo que, por supuesto, no admitió ninguna plaza para un local comercial, ya que estaba destinado solo a vecinos de la zona.

La obra, que estuvo paralizada durante años, se complementó adecuadamente con la erección de una Escuela de Música en la que el arquitecto o la constructora, o ambos, habían calculado unos cuantos centímetros de más parra el asentamiento de la fachada, lo que motivó la diligente actuación de la inspección municipal, paralizando la construcción durante otros cuantos años.

Como la terraza del restaurante se encontraba en territorio privado, y el uso de aquel espacio estaba autorizado por los estatutos comunitarios, únicamente para el local, solicitamos el cierre. Presentamos un hermoso proyecto, al estilo de los deliciosos restaurantes que embellecen tantos lugares parisinos, con acristalamiento practicable, que daba un indudable realce a la zona y permitía aislar a los comensales de la vorágine que se tejía alrededor.

Teníamos, además, otras poderosas razones. Siendo un espacio de relativo poco tránsito, algunos de los desarraigados que utilizan el centro de Madrid como lugar de descanso callejero y que habían encontrado en la terraza porticada del restaurante un lugar ideal, utilizaban aquel espacio privado para pernoctar, añadiéndole los usos secundarios que la satisfacción de sus necesidades fisiológicas implicaba.

Todos los vecinos estuvieron de acuerdo en autorizar el cierre, menos un propietario, conocido actor de cine y de teatro, que, sin conocer el proyecto -y, desde luego, sin haber vivido jamás en el barrio-, delegó su contundente negativa en el presidente de la Comunidad.

Tampoco el concejal de distrito se quedó atrás. Comprendiendo las razones que nos asistían, alegó que no podía darnos permiso para el cierre, ya que la zona estaba considerada de alto valor histórico, pero que haría la vista gorda mientras él se mantuviera como responsable municipal.

Felicidades, Elvira y David

(El 12 de septiembre de 2009, se casaron -por fin- Elvira y David; durante la celebración, les leí el poema que figura a continuación.

Está escrito para ellos, pero algunos de los asistentes me pidieron que lo publicara en este blog para poder releerlo, ya que la megafonía no era buena.

Lo que resultó espléndida, por original y divertida, fue la película que Miguel realizó para la ocasión, montando una historieta sobre la pareja con películas y fotografías de su niñez y adolescencia. )

Querido David, hace ya tiempo

que metiste a Elvira en la familia

y, por tanto, puedo decir con fundamento,

que acertaste al ver en ella

la mujer de tu vida.

 

Qué te voy a contar a estas alturas,

que no sepas, qué consejos

te podría dar sobre cuanto no comprendas,

qué recuerdos ponerte en las manos

para  hacernos reír y llorar

que no hayamos juntos, cientos de veces,

desbrozado.

 

Aquí está la mejor constatación de tu pericia,

el  éxito de tu capacidad para desplegar la seducción

empleando las  armas seguras

de  la sinceridad y la confianza:

el amor de Elvira, -no un trofeo, un trueque con el tuyo-,

y al que habéis ido añadiendo con los años,

complicidades, más amor, secretos privilegios

y  otras intensas cualidades que adornan con sus créditos

 el saber decidir de los intrépidos.

 

Querida Elvira, hace ya el mismo tiempo

que te esforzaste en hacerte querer de nuestra parte,

con detalles, con trazos, con intensos afectos,

pero, sobre todo, te agradezco

el habernos sabido transmitir lo mucho que quieres a David,

con la madurez de quien aprecia lo que vale aquel a quien amamos,

sin perder tu razón, para así ayudarle a mejorar,

y sabiendo resaltar a tiempo, cuando tercia, otras virtudes,

para ocultar esos defectos que nos hacen humanos.

 

Qué puedo  revelarte hoy que no veas,  

no hay sorpresa si te transmito que conseguiste sin fisuras,

que te queramos desde esta tu otra familia como si fueras nuestra hija,

que estamos encantados.

 

Porque, desde luego, tienes innumerables cualidades

para justificar que tus padres se sientan orgullosos

y así, de rebote,  nos vemos también nosotros, los padres de David,

orgullosos porque nuestro hijo ha sabido elegir.

 

Enhorabuena a ambos. Sois valientes

para los tiempos que corren. Estáis seguros

para el viento que sopla. Nos habéis hecho testigos

-algunos representando a Dios, ni más ni menos-

de vuestra promesa oficial de compartirlo todo,

de mantener el proyecto, de confirmar vuestro amor,

de la esperanza abierta de que ha llegado la hora

de que a vuestros padres pensaréis en hacernos,

ya, por fin, abuelos.

 

Así que, puesto que apenas pasaron unos días

desde que celebrábamos con Elena y Miguel y otra familia,

el  acierto que, con ellos de protagonistas

tenía reflejos de los mismos cariños,

músicas de iguales tonos, emociones de similares vibrantes sinfonías,

esta fiesta vuestra viene, para mí, a cerrar el capítulo de la vida

que nos acaban los hijos cuando, con todo su petate,

crean un nido propio y toman un vuelo ya del todo libre,

haciendo suyo el centro.

 

Volad, pues. Hacedlo alto.

 

Desde mi visión de padre, pero sobre todo,

con  la experiencia de hombre cauto

y la sensación de amanecer a diario algo más viejo,

os deseo con la razón que sigáis así de unidos,

que no os asustéis ante nada,

ni  se os arrugue el empeño ni las ganas

como no sea para saltar con más brío sobre el obstáculo interpuesto;

que sigáis madurando, porque el camino por hacer es inagotable,

y vuestra fuerza mucha, pero siempre habrá ocasiones

de advertir que os tenéis aún más confianza,

que sois aún más del otro,

que estáis compartiendo todo en uno, sin recelos, sin trabas,

sin que nadie lo pida.

 

Lleváis entre los dos las andas de una garantía: querer ser felices,

y para este viaje en el que no se necesita dinero ni la suerte,

os basta solo con lo que ya tenéis:  la voluntad de compartir,

el goce de estar juntos, la certeza de disfrutar con lo puesto

cuando se ve reflejado en los ojos del otro.

 

Vendrán días mejores y peores

(ya  sé que es una simpleza recordarlo):

habrá que superar tristezas cuyo atisbo tal vez nos sobrecoge,

discutiréis por tonterías y por cosas importantes,

surgirán distancias que parecerán insalvables

y reconciliaciones que os harán derramar lágrimas de felicidad.

 

Nada que no sepáis. Nada que no pueda imaginar

quien ha demostrado ya sobrada inteligencia.

Tampoco, ay, nada que no se pueda mejorar

si hubiera una segunda vuelta.

No os miréis en el ejemplo de nadie,

no caben imitaciones

porque solo la voluntad del que persiste con razón es infalible.

 

Vuestra vida seguirá siendo, entre dos, mucho más intensa,

cuando  en esa fortaleza habiten nuevos brotes.

Ojalá un día podáis agradecer a nuestros nietos

 emociones  como las que nos habéis dado a nosotros.

 

Felicidades, hijos.

Cómo no montar un restaurante: La esencia del negocio

Puede que Vd. haya decidido adentrarse en la aventura de convertirse en restaurador solo o en compañía de otros. Si quiere hacerme caso, hágalo solo. Ahorrará muchos disgustos, horas de discusiones inútiles y aumentará las opciones de recuperar su dinero, e incluso, con un poco de suerte, de obtener beneficios.

La gente que no ha tenido nunca un restaurante piensa que se trata de un negocio del tipo win-win. Vamos, un juego en el que todos ganan. No suele ser así: los que ganan seguro son los empleados, el casero (si es que el local está de alquiler) y los proveedores (si es que no ha conseguido convencerles de que le vendan al fiado, después de un par de meses de pagarles puntualmente).

Ah, no quería dejarlos en el olvido. Sus clientes son, independientemente de cómo le vaya a Vd. con el negocio, también seguros ganadores. Especialmente si, como suele ser habitual al principio, Vd. se ha equivocado al calcular todos los costes, los verdaderos costes, en que incurre su restaurante.

Porque es muy difícil calcular exactamente los ingresos, por muchas simulaciones de comportamiento futuro que haga. Pero equivocarse en la estimación de los gastos no tiene perdón de Dios y se penaliza con increíble rapidez.

En fin, que el que tiene las posibilidades de perder, y, si no anda listo, de perderlo todo, es Vd.

La razón de esta opción no es objetiva, sino que tiene un culpable: su propio concepto del negocio, si se empeña en anfdar por el camino equivocado. Porque es muy difícil que pierda dinero si actúa con seriedad, prudencia y profesionalidad (no necesariamente la exigible a un restaurador avezado). Pero es muy fácil perder hasta la camisa si no atiende más que a su idea de lo que le apetece hacer, o, aún peor (es decir, más seguro) si deja el asunto en manos de sus socios o sigue ciegamente el consejo del primer experto en calentar motores que se le ponga delante de las narices.

Ha de estar con los ojos muy abiertos para atender a los primeros síntomas de desequilibrio -económico, que no mental, aunque también- y, como hacen los jugadores habituales de ruleta, imponerse un tope máximo para las pérdidas. Cuando llegue a él, apéese. Traspase su negocio de restauración, pónga en venta el local, salve los trastos, y retírese a lamer las heridas a los cuarteles de invierno.

La esencia del negocio de restauración es conseguir un beneficio razonable dando de comer a terceros. Si cree que está en la satisfacción de tener una cocina de excepción, en que los clientes seleccionen el suyo como el local de mejor calidad-precio de la ciudad, o  que, de vez en cuando, tenga la satisfacción de que le reserven una mesa para dos los vecinos ilustres de la casa de al lado, va aviado.

Tampoco veo mucha opción en tener el único restaurante de comida ucraniana de un pueblo de diez mil habitantes, o traerse a un cocinero italiano de cuatro estrellas para montar una pizzería en el barrio.

Los que hacen dinero con la restauración se preocupan especialmente de llamar la atención a la mayor cantidad de gente posible para que entren en su local y  llenarles el estómago con materiales más o menos digestibles, a un precio que no tiene demasiada relación con lo que ha costado lo que se les ha puesto en el plato. Basta con que el coste de lo que se da a comer y beber sea lo suficientemente bajo para que el saldo diario en caja sea manifiestamente positivo.

Le he aconsejado en otro lugar que, para tener una primera aproximación de cómo calcular los precios de venta de la carta, multiplique por 3 los que le resulten del escandallo. Una tercera parte para la renta o amortización del local, otra tercera parte para el personal. ¿Y para Vd?. ¿Un 20% de beneficio? No parece desorbitado. ¿Un 50%? Excelente.

Haga el siguiente ejercicio. Recórrase las cercanías del lugar en donde se va a ubicar o está ya situado el restaurante, y anote los precios de las cartas de todos los restaurantes y lugares de comida de un radio de acción, digamos, de unos 250m. Gaste algo de dinero en comer en algunos de ellos (los que más le llamen la atención y, en especial, los que tengan más clientela). No se fije solo en lo que Vd. haya pedido, sino en lo que estén comiendo o bebiendo a su alrededor.

Y calcule, con su intuición o experiencia, lo que puede costar cada plato, refieriendo luego esa cantidad al precio de la carta. 

Felicidades, Noelia y Antonio

(Antonio y Noelia se casaron hoy, en ceremonia civil, en el Ayuntamiento de La Orotava (Tenerife). Yo les envié hace un par de días el Poema que figura a continuación. Antonio me telefoneó ayer para pedirme que se lo leyera por teléfono, para lo que me llamarían, si encontraban la ocasión, bien durante la ceremonia o antes de acudir al restaurante.

Estuve esperando esa llamada, y como el tiempo ha pasado, entendiendo que esa oportunidad no se presentó,  lo incluyo en este Comentario, con mis deseos de Felicidad para estos amigos)

A Noelia y Antonio

 

Puedo imaginarlo.

 

Habréis subido como tantas otras veces

por las empinadas cuestas,

hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento.

 

Puedo imaginar

un día soleado e intenso

y aventurar que la noche se abrirá de par en par

para que salga a espuertas vuestra generosidad

sin competencia.

 

Puedo imaginar que ya hace un rato

que estarán dispuestos,

como si lo hubieran ensayado a hurtadillas,

luciendo sus mejores galas, con sonrisas de ala ancha

y corazón de mieles,

ese montón de vuestros  familiares y amigos

que podrán acompañaros en la ceremonia.

 

Será un día de fiesta en La Orotava.

 

Puedo imaginarlo.

 

Os lo he dicho antes en prosa,

con y sin palabras, Noelia  y Antonio,

mi secreto a voces: que os  quiero.

 

Y quiero que sigáis siendo así, con la pacífica ironía

que lucen  a diario los inteligentes y los tímidos,

seres capaces de vencer  sin luchar,

que saben llenar con afectos,

complicidades, silencios y confianzas

los momentos que se pongan a su alcance.

 

Por eso puedo presumir ante otros amigos

que sé mucho de vosotros,

porque se cree saber siempre casi todo

de aquellos que queremos.

 

Por ejemplo, sé de ti, Noelia, que no eres

de las que vuelven así como así la vista atrás,

porque,  intrépida amazona de las prisas,

 te interesa seguir indemne hacia delante.

 

Pero hoy os habrá sido imposible no mirar atrás

para subir hasta aquí,

y el premio fue poder disfrutar nuevamente las maneras

del mar intenso que orla Tenerife,

presentir las olas que lamen con suavidad arenas negras,

fuerzas mágicas que tocan con pudor los palmerales y cañizos,

inundando  cientos de lugares secretos,

y aportando, espléndido,  la calma que buscan

 los que crean ensueños de las brisas.

 

También sé, Noelia, que no te dejarás influir

por nada ni por nadie que no te convenza,

porque tienes claro que en tu vida pintan los azules

y que si Antonio se empeñara en decorar el espacio

con colores más duros o más agrios,

le tendrás preparado un plato de delicias

con los mejores detalles del futuro,

en el que habrás siempre dejado algunos huecos

para que él ponga su improvisación y tú la cercanía.

 

Sé de ti, Antonio, que de nada servirán

los consejos y advertencias que no hayas pedido,

pero que recibirás siempre atentamente

 los que te regalen sinceramente los amigos y los sabios,

y, en especial, estarás permanentemente abierto

a los que Noelia te ponga,  entre sonrisas,

entre los brazos.

 

Sé muy bien que a vosotros, Noelia y Antonio,

la torpeza no conseguirá  jamás  interrumpiros el camino

y que, al avanzar, saborearéis cada ventaja

de haber aprendido a fondo de las razones del pasado,

gozando  lo desconocido si  promete gustar,

y sin dejar de probar la fragilidad de una teoría.

 

Sé también que sabréis muchas cosas del otro,

porque os conozco culpables

de no haberos regateado los esfuerzos

para veros como sois, estupendos y sagaces,

y porque, gracias a ese juego de sana transparencia,

también todos cuantos os queremos

podemos presumir de la complicidad de conoceros.

 

Hay más: los que estamos con vosotros en este día especial,

tenemos en común la voluntad de competir

para considerarnos el mejor de todos vuestros amigos,

y donde no sois transparentes, sí que sois generosos,

por lo que estamos convencidos, de que nos veis tan perfectos

como hemos deseado ser.

 

Por el sitio elegido, hay aquí testigos de altura,

como el Teide, a una vez imponente y accesible,

perfecta referencia, símbolo impecable

para cuantos sueñan con metas alcanzables,

concretando utopías.

 

Estarán con él, los vientos, los misterios y las pausas.

Estarán los silencios que unen a los que se aman

con ese ímpetu de lo que a nadie,

salvo a ellos solos, pertenece,

desde el principio del amor

que fue en vosotros.

 

Y allí estaremos también, presentes o en las brumas,

vuestros compañeros.

 

Noelia y Antonio  se han propuesto que hoy

no sea un día cualquiera,

ni para ellos ni para nosotros,

y los veintinueve de agosto de los próximos años

tendremos, no importa si declarados agnósticos

para tantas otras cosas,

la sagrada obligación de recordarlo.

 

Presumo que lo vuestro durará

hasta extasiaros, seguro sin dudar

de que el sosiego inteligente de Noelia

traerá nuevos gérmenes

a la imaginación desbordante de Antonio,

y que vuestra creatividad conjunta producirá muchos frutos,

(algunos de carne y hueso, supongo).

 

Os deseo toda la felicidad

que quepa en vuestras calmas.

Para disfrute de vuestros amigos

y de cuantos os vayan a conocer en el futuro,

para que surjan muchos éxitos

 de vuestro trabajo y vuestros sueños,

concretando las innumerables certezas

que jalonarán, encantadas,

vuestra intensa existencia.

 

Os quiero y os requiero

a declarar ante testigos que vuestra suerte

será estar decididos a no agotar jamás

la capacidad de asombro del otro,

a amaros siempre como hoy os amáis;

tal sea vuestra fuerza.

 

Este es mi regalo.