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El blog de Angel Arias

A sotavento: Salmón noruego contaminado y vacas locas inglesas, pruebas superadas. Caballo en pista: Gripe aviar.

A sotavento: Salmón noruego contaminado y vacas locas inglesas, pruebas superadas. Caballo en pista: Gripe aviar.

La aparición de un brote de gripe aviar en uno de los mayores productores británicos (Bernard Matthews) del apreciado (hasta ahora) pavo y derivados, ha desatado una serie de reacciones de prohibición a las exportaciones de carne de volátiles provenientes de esas islas. Rusia, Japón, Corea del Sur, Hong Kong  y Africa del Sur son los primeros en la lista de países que desconfían de los controles de calidad ingleses. 

Así que todo el mundo parece haber caído otra vez en situación de pánico, en este momento debido a la cadena H5N1 de la gripe aviar que aunque no ha mutado para alcanzar a los humanos, está al parecer a solo dos pasos de hacerlo. 

Las heridas abiertas en el asunto de las vacas locas están aún supurando para los restaurantes, carniceros, ganaderos y granjeros británicos que sufrieron la drástica condena de sus productos, antes apreciados. Toda Europa padeció, en mayor o menor medida, de grandes pérdidas, no totalmente cubiertas por subsidios y, en todo caso, con dinero salido de los contribuyentes. Si entonces los sesudos cerebros que asesoraban a los Gobiernos europeos había predicho miles de muertes por la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, salvo algunos resultados aún discutidos, no sucedió nada de particular, y lo cierto es que se perdieron millones de euros en la decisión de liquidar todas las cabañas bovinas sospechosas. Por eso ahora se está recclamando que, antes de tomar medidas drásticas, debería esperarse y se alienta a los británicos y a todos los europeos de buena voluntad a comer carne de pavo de la multinacional Bernard Matthews, en prueba de solidaridad y como defensa ante lo que se cree una maniobra con turbios intereses. 

No me importaría participar en la campaña a favor de la calma, pero ya que estamos en una guerra comercial continuada, utilizando lo que los políticos mejor suelen hacer, que es atemorizar a la gente con fantasmas de todo tipo, propongo intercambiar nuestros cromos: los ingleses deben permitirme entrar en su país sin imponerme condiciones en sus aduanas, incluído el pasar con mis preferidos jamones de pata negra en la maleta. 

Por cierto, mi organismo debe estar lleno de sustancias peligrosas. Cuando la central nuclear de Chernobil explotó dejando un rastro de conmoción en la Europa del núcleo duro, yo andaba por Italia, visitando algunos productores de fibra de vidrio reforzada. Era la temporada de fresas, y los productos agrícolas, de aspecto muy apetitoso, se ofrecían en los mercados a precios de risa. Después de un rápido conciliábulo de autoridades, mi amigo y colega Héctor y yo, nos autoconvencimos de que no había riesgo alguno, y después de limpiar con la mano los posibles restos de tierra del producto, nos engullimos en aquellos días, kilos y kilos de apetitosas fresas de Liguria. Sin reacción conocida, al menos hasta hoy, tanto para Héctor (a quien ví hace unos días en Oviedo, y gozaba de buena salud), como para mí, a salvo -en mi caso- de los achaques de la edad: pérdida de neuronas y apetitos, y creciente malhumor incontrolado.

A lo largo de mi vida me he convencido de que el mayor enemigo de la salud humana es el efecto pánico sobre las neuronas más débiles de nuestro organismo.

A sotavento: El sistema educativo necesita una revisión urgente y profunda

A sotavento: El sistema educativo necesita una revisión urgente y profunda

Por si alguien discrepa por principio, quiero comenzar indicando que, según mi información, la preocupación por la pérdida de calidad del sistema educativo no es cuestión exclusiva de España. En toda Europa se están oyendo voces de juiciosa proveniencia (con independencia de sus orientaciones ideológicas) que reclaman una revisión de los esquemas que se han probado en los últimos 20 o 30 años.

Cuando se analizan en conjunto los resultados de las múltiples reformas educativas que se han implementado en esas dos o tres décadas, se está de acuerdo en que, de la mano de la tolerancia, la permisividad en los controles y la falta de adecuación de los programas a las necesidades de la formación posterior, amparándolos en una mal entendida libertad de cátedra, se ha propiciado también una disminución de la calidad y cantidad en los conocimientos de los egresados de las escuelas públicas, y, paralelamente, creándose un desbarajuste formativo de variado pelaje, que supuso una pérdida en la transmisión de conocimientos relevantes, la falta de homogeneidad en las titulaciones universitarias y la aparición de mayores cuotas de desánimo en docentes y discentes.
 

En las Universidades y Escuelas Técnicas Superiores y Medias, la falta de acomodación de los planes de estudios a la evolución tecnológica y a la demanda empresarial, ha aumentado el desfase entre los conocimientos impartidos y las necesidades reales del mercado, dando como resultado que las empresas confían más en tests psicotécnicos que en currícula universitario, o limitan su oferta a ciertas Facultades y Escuelas, ignorando a las demás.

Parece, pues, llegada la hora de que se analice en profundidad qué es lo que está pasando, y adoptar medidas contundentes, en lugar de continuar ignorando el problema o minimizando los lamentos de lo poco que saben ahora nuestros jóvenes, del crecimiento generalizado de la despreocupación juvenil por la lectura, las artes o lamentando sul desinterés por la cooperación social, por ejemplo.

Es cierto que una parte importante de los jóvenes parece obsesionada por orientarse preferente hacia la consecución de dinero rápido y cómodo, menospreciando esfuerzos futuros en beneficio del disfrute inmediato.
 Pero no será solamente la culpa de los jóvenes, sino de la orientación que les estamos provocando, incluso con nuestra indulgencia.

En las Facultades universitarias, la prolongación de la falta de disciplina en las aulas, que es moneda común en las escuelas de formación primaria y secundaria, y la dramática desigualdad en los comportamientos y resultados académicos de los grupos del alumnado -traducido en aumento de distancia entre los decentiles más y menos eficiente- , alcanza proporciones que no pueden ser menospreciadas. 
 
La permisividad de algunos sectores respecto al comportamiento y aptitudes de los jóvenes y la prudencia en la crítica que ejercen ciertos mayores cuando se trata de juzgar a sus hijos y pupiles, ha permitido contraponer, considerándolas tan fundadas como ellas, opiniones como las que acabo de expresar con otras, contemporizadoras, que alegan de que se olvida que el sistema educativo sido dando jóvenes con magníficos resultados, que nunca hubo tanta información al alcance de la mano de cualquiera como ahora, y que, en fin, siempre ha sido visto con recelo por el poder establecido, el espíritu de contestación y la frescura juveniles. 

La nostalgia de cualquier tiempo pasado estaría en el origen de aquellos juicios críticos, por tanto, para este segundo grupo de opiniones.
 No tiene nada que ver con el síndrome de la juventud perdida, en mi opinión, el correcto análisis de lo que está pasando.

Igual que no se trataba de negar el cambio climático, cuando hay ejemplos del deterioro que sufre la naturaleza delante de nuestras narices, no habrá que esperar a que nos lo digan estadísticas oficiales para concluir que la media de los jóvenes que ahora tienen menos de 20 o 25 años, en la sociedad europea, y en España en particular (pero no de forma más grave, supongo) están peor educados, saben menos, tienen menos motivación, gozan de más títulitis y poseen menos conocimientos prácticos efectivos.


Digámoslo ya: el sistema educativo actual hace agua por múltiples costados y, por desgracia, no parece que se haya organizado el debate de forma suficientemente amplia, sincera y práctica para corregirlo de inmediato. 

Es buena hora. La sociedad, los padres y los políticos debemos decidir qué papel queremos para nuestro sistema educativo. Está muy bien que queramos que la cultura alcance a toda la sociedad, y, por supuesto, no se discute que todos deben tener igualdad de oportunidades, pero se hace imprescindible seleccionar.

Si el proceso educativo ha de servir para seleccionar a los mejores y más capaces, dándoles sucesivamente las herramientas y los conocimientos que necesitarán utilizar en las empresas y en las Universidades, el camino es uno. Si queremos, por el contrario, la promoción a ultranza de la igualdad, permitiendo que los sistemas educativos lleven a todo el mundo hacia el final de una supuesta formación, cerrando los ojos ante las deficiencias y los déficits de conocimientos alcanzados, el camino es otro.

Las dos posiciones son incompatibles, porque si se quiere seleccionar a los mejores, habrá estudiantes que deberán ser rechazados, lo que debe ser asumido por la sociedad, por los padres y por los propios estudiantes.  

Las Universidades japonesas y norteamericanas están siguiendo otro esquema, que permite la selección de los graduados y dotarles de la formación adecuada, en lugar de convertirse en el coladero y paraíso torpemente educacional en el que han caído la mayor parte de las Universidades europeas, cuya calidad es ahora muy deficiente.
 No es cuestión de número, sino de calidad.

He leído estos días un comentario de un ciudadano británico, en relación con este mismo tema, en el que se defiende la idea de que, “igual que la mejor manera de evitar una guerra nuclear sería prohibir la fabricación de bunkers para que los gobernantes y sus familias pudieran esconderse en ellos después de apretar el botón, la mejor manera de mejorar los estándares educativos  sería obligar por ley y sin excepción a que todos los políticos, educadores y líderes locales envíen a su descendencia a la escuela pública (o a la Universidad, añado yo) más cercana a su domicilio." Porque la mejor manera de concentrar la mente en la búsqueda de soluciones es ser expuesto directamente a las consecuencias de las propias acciones.

Son mayoría los padres que han debido confiar la educación de sus hijos al Estado, desde la Escuela pública, incapaces de pagar escuelas privadas, o superar los enigmáticos procedimientos que a menudo rigen la admisión en los centros concertados. Al principio, sufrimos un espejismo o una ilusión pasajera. La combinación de una escuela pública con profesores motivados, practicando una enseñanza abierta, mixta, y reforzado el mensaje con padres ilusionados que tenían tiempo para sus hijos al final de su jornada y, por supuesto, durante los fines de semana, pareció muy prometedora. En realidad, triunfó durante unos años, y dió algunos ejemplares de excepción en la generación de los que ahora tienen entre treinta y cinco y veinticinco años. 

Esos tiempos pasaron, sin embargo. No se puede culpar a un solo factor, sino a varios, que solamente a título de ejemplo, me permito citar aquí: llegada masiva de inmigrantes, con otros valores sociales y otros objetivos educativos, abandono del cuidado y tutela formacionales por progenitores ahora estresados, que buscan más intensamente su propio placer y están menos dispuestos a sacrificios, pérdida de motivación por una buena parte del profesorado, modificaciones erráticas en los sistemas educativos, etc. 

El Estado, por su parte, ha contribuido a devaluar el factor educador de la familia, concediendo igual valor al matrimonio heterosexual que al homosexual o a la oferta monoparental. Supongo que se me entenderá que no estoy hablando de replicar contra la igualdad de las parejas de hecho o la posibilidad de matrimonios homosexuales, ni tiene que ver mi aserto con la incorporación de las parejas de hecho, mixtas o no, a las ventajas fiscales y hereditarias  Pero es necesario valorar la educación mixta, en la que ambos progenitores -hombre y mujer, obviamente- contribuyen al refuerzo de la educación del infante, y le enseñan una visión heterosexual de la convivencia.

Por lo demás, la falta de competencia y motivación en ciertos docentes y de disciplina en las escuelas es dramática.  El número de certificados de estudios emitidos, o el creciente número de universitarios y postgraduados no se ha traducido proporcionalmente en un incremento de los conocimientos de la colectividad, ni se puede decir que existan más patentes propias, más investigación en las Universidades o mayores éxitos científicos, salvo las excepciones bien conocidas.

Los padres creen ahora  que la educación se debe recibir únicamente en las escuelas, y tienen poca intervención sobre los planes de estudios y vigilan aoenas la educación que reciben sus hijos. Se consideran una víctima más. Es un error, en mi opinión, porque no se puede abandonar, y ahora menos que nunca, la educación de la descencendencia en manos de quienes no saben claramente cómo hacerlo bien. El debate debería abrirse, porque, independientementemente de que parezca que yo tenga o no razón, la realidad es que las voces de alarma están sonando en muchos sitios y en algunos de ellos hace tiempo que se apresuran a tomar soluciones correctoras.

Al pairo: Peligro: malhumor a bordo

Al pairo: Peligro: malhumor a bordo

El individuo que estaba sentado en el 12-B cuando llegué con mi mejor disposición viajera para ocupar el 12-C, asiento que la compañía aérea me había asignado, parecía haber sido presa de un ataque de nervios. Daba fuertes golpes al asiento delantero y lanzaba duros improperios contra Iberia, contra la dirección de esa compañía y su sistema de checking on line.  Por lo que colegí de su furia incontinental, le habían tomado el pelo, a él, que no se lo tomaba nadie. Comprendí inmediatamente que, como consecuencia de la sádica combinación de las fuerzas vivas de la compañía insignia española para amargarle el viaje a mi vecino circunstancial, yo parecía destinado a ser co-sufridor.

El día tenía que haber pintado muy mal para mi desesperado colindante, pensé, mientras, le indicaba con una voz de padre coadjutor recién llegado a una parroquia del Chinguistán, que, por favor, retirara sus libros de mi asiento. La acumulación de adrenalina en la forma humana sobre el 12-B subía por momentos, imparable. Una azafata con cara de estar a punto de enviarle a la guardia nacional pero actuando de forma profesionalmente educada, le ofrecía, por enésima vez -decía- el libro de reclamaciones, pero el tal energúmeno transitorio no cejaba en su disgusto, e incluyéndome dedidamente dentro del campo de sus iras, no solamente amenazaba mi integridad física con los movimientos de su brazo derecho, utilizando como punto de apoyo el separador entre los asientos que ocupábamos ambos, acercando a mis narices sus puños de lanzador de bolos, sino que me incluyó en su réplica, con un "¿A quién quiere que reclame, a este señor, al que no conozco de nada?". 

El interés general que suscitaba aquella incontenible explosión de ira, atrajo incluso a un sobrecargo que, en una solución seguramente extrema,  le ofreció uno de los asientos libres en la salida de emergencia, lo que también rechazó el infortunado, con el argumento de que ahora no le apetecía moverse en absoluto. Aproveché aquella confesión para utilizarla en mi provecho, y viendo que tenía poco que hacer allí, tomé mis bártulos y obsequiando con una sonrisa triste que pretendía ser condescendiente a la azafata-mártir, me senté varias filas más atrás, aunque respetando la salida de emergencia, por si mi ex-vecino cambiaba de parecer y aceptaba la propuesta que le habían hecho. 

Supongo que el viajero impertinente habría pagado su billete uno de los precios más altos que se pueden elegir para un mismo vuelo si lo compras por Internet. En verdad, siempre me intrigaron las ofertas de las compañías aéreas, pues aunque siempre admití que en un mismo avión viajaran personas que habían pagado por el mismo billete cantidades que podían variar del cero al infinito, no supe hasta recientemente que uno puede tomar la decisión de pagar mucho o poco en unos minutos, o sea, que uno mismo puede ser el paganini de todo el pasaje, en el supuesto de que eso le haga ilusión.

Incluso, contrariamente a mi construcción lógica (iba a escribir a toda lógica, pero me contuve), aparentemente, cuantas más escalas y más largo sea el viaje, más barato resulta éste, hasta el punto de que prácticamente puede salirle a uno gratis dar la vuelta al mundo, con la sola condición de que lo que verdaderamente te importe sea conocer aeropuertos, que también  tiene su morbo, porque no hay nada más cutre que contar los países en los que uno dice haber estado por la realación de tierras de despegue y aterrizaje en donde ha debido hacer escala.

Ya sentado en el que iba a ser mi asiento para el vuelo, colocadas mis cosas en el portaequipajes y revisada la lista de venta a bordo para ahuyentar cualquier tentación futura, mientras miraba por la ventanilla las urracas que viven en las pistas del aeropuerto, me asaltó una intriga intrascendente. ¿Por qué razón se habría colocado a tres pasajeros en una misma fila, estando más de la mitad del avión completamente vacío?. Algún/alguna sádico con intenciones de dañar la imagen de la compañía figuraba esa mañana al tanto de los ordenadores. 

Por cierto, conocer aeropuertos del mundo da mucha cultura. Se puede comprobar, por ejemplo, la influencia de la idiosincrasia en los controles aduaneros y de seguridad. A mí me gusta mucho viajar, pongo por caso, vía el aeropuerto de Roma, que tiene un aire de aeropuerto provinciano encantador, con los guardias y las azafatas de tierra, mar y aire siempre riéndose y dándose cariñosos empellones, con mostradores de información casi permanente vacíos y gentiles señoritas que, cuando por fin los ocupan, resulta que no son las encargadas de darte esa información, porque pertenecen a otra compañía, estaban de paso o son viajeras ellas también.

Otra cuestión que me excita (aunque no las papilas gsutativas) es analizar los altos precios de las variadas bazofias, algunas de ellas incluso comestibles, que se ofrecen en las cantinas –a veces llamadas también restaurantes- de los aeropuertos. Se da por supuesto que los viajeros de avión, que han empleado la fuerza de sus meninges hasta la extenuación por conseguir un billete por doce euros que les conectará entre Roma y Milán, por ejemplo, sucumbirán ante la tentación de un combinado de sándwich con algo parecido a una hamburguesa aplanada a mazazos y una cola médium size por solo doce euros. Así que se podrá decir que se pagó un precio de ganga por el billete pero la cantidad jamás imaginada por engañar el apetito.

Ah, en el autobús que nos llevó a la zona de aduanas del aeropuerto de destino, volvió a encontrarme con mi quasi-vecino. Estaba dándole palmadas a otro congénere y me saludó, ya reconvertido a la civilización: "Perdone, joven, pero es que quería sentarme con mi amigo y no sabía cómo librarme de Vd.". Le miré atónito y no sabía si agradecerle que me hubiera llamado joven o que no me hubiera arrojado por la ventanilla paa conseguir su objetivo.

Dibujo: Arboles con formas humanas

Dibujo: Arboles con formas humanas

Algunos de mis cuadros -quizá dos centenares- están en manos privadas, y de ellos guardo apenas una reseña de su contenido. Supongo que otros se habrán perdido, tal vez para siempre. Este que recojo aquí (en una fotografía deficiente) lo tiene en lugar preferente de su salón una buena amiga.

Pertenece a una serie de Dibujos y Acuarelas en las que me recreé en figuraciones de árboles casi humanos, reflejando lo que todos sabemos: que somos parte de una naturaleza, hoy amenazada, pero siempre pujante, que nos sobrevivirá, a pesar de nuestra capacidad para transformarla, incluso para destruirla en parte.

A sotavento: ¿Por qué no una Albania unificada con Kósovo?

A sotavento: ¿Por qué no una Albania unificada con Kósovo?

He tenido la opción, por mi actividad profesional, de conocer Albania, que he recorrido de cabo a rabo en varias ocasiones a lo largo de estos últimos años. Pude hablar con varios albaneses, de forma en general distendida, pertenecientes a diferentes opciones políticas y estamentos sociales. Aunque se me explicó en muchas ocasiones que el carácter de las gentes de los Balcanes es muy diferente según los países, el de los albaneses se parece bastante al arquetipo español pues son extrovertidos y deseosos de hacer amistad con el extranjero. Así que, salvando las diferencias de lenguaje, porque aunque no encontré a nadie que supiera hablar de forma fluída el español, pude entenderme aceptablemente en inglés, alemán o italiano con mis interlocutores, he podido hacer mi personal encuesta sobre ciertos temas.

La mayor parte de la población de Albania es de confesión musulmana, pero me parece que poco ortodoxa, y predomina un pragmatismo religioso que bordea el agnosticismo, y la religión no cuenta entre sus preocupaciones principales. Sí, en cambio, preocupa y hasta obsesiona la situación económica y política, y encontrar la opción adecuada que permita recuperarse de la crisis, así como la forma de atraer inversiones y turismo a la zona. 

Algo de ese mosaico de preocupaciones tiene relación con la respuesta al interrogante que formulo en el título de este comentario, y me aventuro a exponer mis ideas, desde la simpatía e incluso el afecto hacia la población albanesa. El Porqué de una Gran Albania tiene, en definitiva, directa relación con el Para qué de esa opción y la oportunidad actual de trabajar en esa dirección, o fomentarla.

Como es sabido, Kosovo fue utilizado por el régimen nazi como “núcleo duro” para su política respecto a Albania, una vez que Hitler invadió Yugoslavia. En 1941, Italia y Alemania se dividieron como un trofeo la Kosovo yugoslava ocupada, en tres zonas: a Bulgaria se le asignó la parte colindante con Macedonia, Alemania se apropió de Mitrovica (que era el área rica en materias primas) e Italia se quedó con la mayor parte de Kosovo, que fusionó con la Albania de la que se había apropiado con anterioridad.

El comportamiento de los ocupantes con la población autóctona fue muy distinto. Los alemanes permitieron y estimularon la depuración de los serbios en su zona, estimulando con su pasividad el resurgimiento de los rencores subyacentes entre serbios (mayoritariamente católicos) y los albaneses (musulmanes en su mayoría, y en el caso de Kosovo, más rígidos en sus creencias). Por el contrario, los italianos contuvieron cualquier acto violento entre los grupos étnicos de su área unificada.  

En septiembre de 1943, al ser derrocado Mussolini, la Gran Albania fue ocupada por los alemanes, y cuando las fuerzas aliadas se aprestaron a recuperar la zona, utilizando la plataforma de la costa albanesa para avanzar, se encontraron con que los nazis habían construído un baluarte defensivo en Kosovo, por obra del lugarteniente de Hitler, un tal Hermann Neubacher, que utilizó y alimentó en su provecho el odio racial subyacente. En febrero de 1944, Adolf Hitler había autorizado incluso la formación de una sección autónoma de las SS para proteger la “pureza étnica de los albaneses”, alimentando el sueño mítico de la unidad étnica albanesa.

De la época nazi proviene pues la razón de la actual limpieza étnica de que “disfruta” Kosovo. Los aliados, encontrándose con un problema que no tenían ganas de resolver, prefirieron reconocer el gobierno albano en el exilio y, por ello,  la reconstrucción de la Gran Albania quedó para otra ocasión. Solo hasta 1974 con Tito, los albanokosovares recuperarían sus plenos derechos.

En febrero de 1996, la UCK comenzó su propia guerra para "liberar" a los albaneses de Kosovo de serbios, macedonios y montenegrinos. Algo que a la OTAN ya no le pareció de buen tono tolerar, bombardeando Yugoslavia en marzo de 1999 y entrometiéndose con sus tijeras de cirujano y aplicando un concepto más propio de despiece de carnicería para resolver la cuestión de las etnias, filias, fobias e intereses que forman parte de la esencia de lo que fue el núcleo del imperio otomano. Aquí se concentran pueblos casi tan viejos como el mundo que ofrecen una historia densa de guerras familiares, odios tribales, disputas por la tierra, la voluntad de los hombres y el control de las mujeres, asuntos que forman parte de la miseria humana. Temas que no se resuelven, en mi opinión, aislando y dividiendo a los que se enfrentan, sino convenciéndolos de que solo crecerán si van juntos, aprovechando especialmente que los jóvenes nacen sin los odios, reparos y recelos que se generaron en sus mayores.

Esta reflexión elemental me ofrece las claves para mi propuesta. Hay que facilitar la relación comercial y las vías de comunicación entre Kosovo y Albania, que tienen una lengua común, pero tampoco hay que obsesionarse por la reconstrucción de una Gran Albania, basándose en este aspecto del idioma; las diferencias de comportamiento, la rigidez de las estructuras, incluso las expectativas económicas y políticas son bastante difirentes,

La cuestión ahora resuelta es que los albaneses que viven en Kosovo, -como los que viven en Macedonia y Montenegro, y como todos los habitantes de la Tierra-, tienen derecho a un territorio en paz y, si ello es base para su mejor prosperidad, a su plena autodeterminación, incluso en este caso si ello comprende el derecho a la secesión de Serbia, pero sin precipitarlo, ni forzarlo, porque la situación ha cambiado mucho y el objetivo ahora común a todos los pueblos de los Balcanes es entrar en la Unión Europea, como garantía de prosperidad y de paz. 

Creo por eso, que las partes en negociación, serbios, albaneses, kosovares, europeos de la UE, etc, no deberían manejar demasiadas dudas al respecto de la postura a adoptar. Los reparos de Serbia tienen, a la postre, un carácter negociador frente a la Unión Europea, en la que se desea entrar cuanto antes. Por mucha nostalgia que sienta Belgrado hacia Prístina, la persistencia de un conflicto en la región kosovar no es plato de gusto en ninguna política interior.

Una Gran Albania no necesita ahora plasmarse sobre como Estado único. La coexistencia de dos Estados de población albanesa, incluso de un Estado y una región con fuerte autonomía, sería la forma de resolver, no ya un conflicto étnico, sino la necesidad que tienen los pueblos de los Balcanes de mirar hacia el futuro, y construirlo juntos, en lugar de empeñarse en reabrir heridas del pasado. Y muchos dejar que se engangrenen esas heridas discutiendo sus razones históricas para odiarse.

En una Europa de las regiones, las fortalezas basadas en las purezas étnicas o en los gloriosos pasados recogidos en los libros de texto para escolares tienen muy poca fuerza, si son vistos desde el presente y ese análisis se hace de forma conjunta, leal y panorámica. En resumen, la respuesta a mi pregunta sería: No es necesario, y sí en cambio, avanzar en la comprensión de la Europa de las regiones, dentro de un proyecto de Constitución Europea que, si va ser revisada, debería dedicar más énfasis a la política regional, pensando también en los Balcanes.

Al socaire: Cómo no montar un restaurante

Al socaire: Cómo no montar un restaurante

Incorporo aquí un extracto de otro capítulo de mi libro "Cómo no montar un restaurante".

Resolviendo un problema sustancial: El nombre de la criatura 


Teníamos que preocuparnos también de cosas más prosaicas. Era imprescindible dar a nuestro proyecto de restauración un nombre, dotarle con una denominación singular, evocadora de delicias culinarias tanto como de paisajes y paisanajes inolvidables. “Hay que encontrar un nombre que la gente pueda recordar, identificándolo con la imagen que queremos dar”. Un cesto fonético en el que colocar nuestros simbólicos huevos.


Pero, ¿qué imagen deséabamos dar? ¿Iba a ser el nuestro un lugar en donde se pudieran tomar platos sencillos, con los comensales de pie o en sillas altas, para conseguir una fuerte rotación de mesas? ¿Preferíamos un restaurante elegante, con cocina de autor, en el que los platos tuvieran nombres que solo cabría interpretar con la ayuda de un diccionario gastronómico?. ¿Serviríamos desayunos, comidas, meriendas y cenas, aprovechando al máximo el local, en el más puro estilo de rentabilizar el espacio disponible, como enseñan las escuelas de negocios?. ¿Para qué público?

 

Mientras pensábamos lo que íbamos a ofrecer a nuestros potenciales futuros clientes, el problema de resolver el nombre y de adoptar el logo pasó a primer plano. Nos preocuparía durante semanas de forma prácticamente exclusiva, a pesar de mis insolentes sugerencias de que también se analizaran otros aspectos, siempre tediosos pero  necesarios. Por ejemplo, las inversiones imprescindibles, las previsiones de facturación, los costes fijos y variables, las  necesidades de tesorería, la selección y contratación de personal e, incluso, la primera relación de proveedores.

 

No se interprete equivocadamente que en aquellos primeros escarceos en los que tomaba forma el proyecto en el que yo habría de empeñar mi patrimonio, dijera que solo hablábamos del nombre. También nos ocupó bastante tiempo la decisión de la decoración, la selección de los terciopelos y cortinajes del local y el signo gráfico que nos distinguiría. Laura, además de neo-restauradora, quería ofrecer desde la plataforma del restaurante su visión como creativa y decoradora. Así que reclamó para sí la posibilidad de crear el logotipo, iniciativa que le cedimos gustosos. Claro que el logotipo debería estar vinculado al nombre, pero aunque nos faltara éste, siempre se podría avanzar en algunas combinaciones de colores y símbolos, que se prodrían después aprovechar.


Atraídos por la posibilidad de una publicidad gratuita, los demás socios entendimos, y sin que hiciera falta expresarlo, que todo cuanto tocara Laura con sus manos podría aparecer difundido en la prensa del corazón sin costar un duro. Para las decisiones estéticas sobre la compleja decoración del local y habida cuenta de que no deseábamos correr riesgos, para lo que no tardó en proponernos un ayudante de excepción, Ramón, un arquitecto-decorador con cursos en Estados Unidos, que había tenido una experiencia frustrada como restaurador y que nos fue presentado, como un aval de fortaleza destructible, como el principal culpable y meritorio de haber decorado la casa que acababa de adquirir nuestra modelo galaico-asturiana.

 

Iniciamos vivas discusiones para hallar una denominación que tuviera gancho, y, sobre todo, convencer a los demás de que nuestras propuestas eran las más atractivas. Cada día, María Jesús, Marcela, Laura y yo –y en menor medida, Javier, ya algo ausente-llegábamos a nuestra reunión con una retahíla de nombres sonoros, algunos de ellos sencillamente imposibles, pero que defendiamos con vehemencia. Guardo los papeles de aquellas incruentas batallas. Decenas de garabatos, combinaciones de palabros imposibles, listas interminables de denominaciones que hubieran resultado suficientes para denominar a todos los restaurantes del orbe, en castellano, inglés, latín o jerga indescifrable.

 

Yo quería utilizar el símbolo de la torre de San Nicolás, que caracterizba a nuestra vecina, la iglesia más antigua de Madrid, y convencí a María Jesús para que propusiéramos conjuntamente los nombres del Campanile y de L@ssiete. Incluso dibujé una torre, con su arco, en un garabato ecléctico que me parecía sugerente. Para reforzar la opción de Lassiete, argumenté –aunque no hacía falta, ya que también mis socios conocían el idioma galo- que significaba “plato” en francés. Pero sobre todo lo que pretendía que el nombre hiciera referencia erudita a los siete fundadores de los servitas, la congregación que regía la vecina iglesia, y en la que, según me había hecho saber uno de mis primos que había sido monje y sabía de estas cosas, se dudó durante algún tiempo si todos habían sido hombres o se les habría colado alguna mujer en el grupo, lo que añadía -a mi entender herético- morbo a la propuesta, y admitía incluir el signo de la arroba, que se me antojaba con la misma fuerza que ponerse bajo la advocación de San Pancracio. No tuvo éxito.

 

Empezó pues una carrera frenética por encontrar un nombre para el local, en la que todos rivalizamos como chiquillos a los que les fuera en el empeño el bocata de la merienda. Como sucede con tantos otros futuros empresarios atraídos por iniciar cualquier actividad a los que había podido conocer a lo largo de mi vida profesional como promotor y analisita de proyectos, nos metimos de lleno en la tarea de hallar una denominación fácil de recordar, no utilizada hasta ahora, sonora, rotunda, simbólica. Todo lo demás, era superfluo. El nombre era la base del negocio, el núcleo del proyecto.


Por entonces nos veíamos prácticamente todos los días, así que las listas que nos intercambiábamos engordaban a ritmo impresionante, y movilizábamos la inventiva de familiares y amigos. Incapaces de abandonar ningún posible nombre, llenamos páginas y páginas. Recojo aquí una pequeña relación de algunos de los nombres barajados: Divina Comedia; La casera de San Nicolás, El Llar de San Nicolás, El gurrinchal (hierro de atizar), La espetera, La tripocha, El notario; La sazón de ser, La huerta de San Nicolás, La asamblea, El refrectorio, El acodo, Trópico de Madrid, Melanio, Blacko, Fusa, El arco de San Nicolás, La travesía, El pensil; Etc.

 

Marcela y Laura completaron también una lista autónoma, con sus propias afecciones, en la que figuraban, ordenadas por orden alfabético: Acebo, Adelfas, Al Norte, Albatros, Alondra, Atlántica, Basilindas, Bel ami, Bienmesabe, Bomaria, Brezo, Caléndula, Caracolí, Colibrí, Corazón, De novela, Destino norte, El Cóndor, Marciana, El milagro de San Nicolás, El mirlo, El premio, El rompeolas, El serbal, El sueño del Norte, El último romántico; Es la pera, Espérame en el cielo; Excelencia, Futuro, Genciana, Génesis, Golfus, Hibisco, Hidromiel, La ballena azul, La eterna, La garza real, La gaviota reidora, La ilustre, La Martínez, La Pontiana, La quimera, La quimera del norte; Lavanda, La divina, Los mirtos, Memorias del Norte, Milamores, Miosotis, Mirlo blanco, Nacional VI, Nomeolvides, Novelería, Orígenes, Otro mundo, Petirrojo, Punto y aparte, realidad, Remember, Renacimiento, Rosa de los vientos, Ser o no ser, Siempre norte, Tendencia, Todonorte, Tribal, Vértido, Vía arcadia, Viaje Al norte, Viento del norte, Vis a vis.

Algunos de estos nombres ya estaban siendo utilizados por otros restauradores, así que, cuando consultaba la disponibilidad de la marca y les hacía notar que ya  estaba registrada una propuesta, la desilusión era grande, como si el nombre eliminado fuera el más apetecible. Los historiadores y curiosos que conocen el final de este cuento, podrán adivinar, entre la hojarasca, el apuntar del que sería, con el paso del tiempo, el nombre elegido, que se habría paso, en un parto incruento, pero trabajoso.

 

Tratando de avanzar, una tarde construí una lista que pretendía sintetizar las propuestas de todos, pero, mientras la estaba haciendo no me resistí a incorporar varios latinajos, extraídos de la erudición que me había proporcionado mi carrera de Derecho. Había también palabras que reflejaban con lectura fonética palabras anglosajonas, lo que si ahora me parece algo cutre, entonces tenía la intención de dotar de carácter cosmopolita a un invento bastante casero.

La lista fue: La herejía, Denébola, Berenice, Amaltea, El tupungato, La mensa, Endimión, El Campanil, Call and come, Marilia, El enerldo, El capricho, La gaviota reidora, El alcaudón, La arcea, La parpadela, El alcotán, El eneldo, Pecata minuta, Noso, La quimera, Sombra anhelada, La mandrágora, El lauredal, Nostra domus, Hibisco, Genciana, Nortiana, Miosotis, El acodo, La tripocha, Beatus Illae, Sensu contrario, Dies fasti, Dicito dotis, Fide bona, Favor libertatits, Ficitio legis, Insula barataria, Ipso iure, Bonae fides, Iuris tantum, Patria potestas, Ius divinum, Ius vital, Latini prisci, Lez commissoria, Mos, Naturales ratio, Sic estantibus, Nemu patitur, Of course, Foréba, La suegra, Hielo Submarino, Gran moda, Softguere, Tanta locura. 

Apenas presenté aquel papel sicrético, mis socias sacaron de su refajo una nueva lista, y Laura, que estaba aquel día un tanto autista, incluso se dedicó a añadir sobre el papel y a toda marcha, algunos nombres nuevos. Había estado en Nueva York y venía entusiasmada con el look de esa gran ciudad, que siempre confesó que le encantaba. Traía incluso una carta del restaurante Lock, en negro, austera y elegante y se mostró persuasiva de que esa debería ser nuestra dirección estética.

Inspirado de que habría solo una forma de acabar con el galimatías, propuse inmediatamente sistematizar el proceso de elección, recogiendo todos los nombres que cada uno quisiera presentar a votación, sugiriendo que los caracterizáramos con una puntuación variable de 1 (no me gusta nada) a 5 (me gusta mucho).  

A barlovento: El balance energético, la energía nuclear y el riesgo de esconder la cabeza

A barlovento: El balance energético, la energía nuclear y el riesgo de esconder la cabeza

 

La falta de una decisión política respecto al balance energético español, está propiciando movimientos especulativos por parte de  grupos empresariales potentes del sector, y esa toma de posiciones guiada por simples intereses mercantiles, complica, en mi opinión, la adopción posterior de una estrategia consistente y equilibrada, corriendo el riesgo de que se aumenten a corto plazo los precios que deberán pagar los usuarios por la energía y puede suceder que hasta se comprometa la estabilidad del suministro.

En el debate energético, los temas abiertos no se resuelven con el paso del tiempo, sino que se emponzoñan, agrían y empeoran. La demora en aceptar lo que para los expertos del sector es evidente, y es la necesidad de prolongar la vida de las centrales nucleares existentes y autorizar la instalación de dos o tres más, definiendo, por otra parte, la ubicación adecuada para el almacenamiento de los residuos nucleares de mayor actividad, no ayuda en absoluto a clarificar el panorama. No será con ayudas apuradas a la investigación de energías alternativas o con subsidios desmesurados a las energías eólica y solar, aprovechados hasta ahora hábilmente por eléctricas y bancos, como se va a despejar el panorama, porque los consumos crecen y nadie está dispuesto a ahorrar comodidades.

La posibilidad de que E.ON se haga con el control de Endesa, una vez que Gas Natural ha anunciado que se retira de la puja por la antigua empresa pública, debería obligar a realizar un análisis serio y completo de las consecuencias para la estrategia energética española. Ya.

Me sorprende la escasez de opiniones fundamentadas acerca de ese tema, y mi sentido profesional me lleva a estar en desacuerdo a que el asunto se demore o se encubra con silencios más o menos conniventes, al estilo de lo que ha sucedido en otras ocasiones y en otros temas importantes. Pretender que el mercado es una panacea que va a resolver las contradicciones o indecisiones del panorama político, jamás se ha evidenciado como una teoría inteligente, desde la perspectiva de lo que es mejor para mantener una capacidad de decisión aceptable en los temas importantes para el país.

Me permito citar, en apoyo tangencial de esta tesis, la reciente la compra por Mittal de la mayoría de control de Arcelor (después de diferentes etapas de integración en la que la siderúrgica española, concentrada internamente tanto en la producción como en la distribución, pasó por un período de gestión  a manos francesas y luxo-belgas, con una testimonial presencia de ejecutivos españoles). El inexplicado intento de dejar caer el grupo siderúrgico en manos de su competidor ruso Severstal "antes que dejarlo en las manos especuladoras" del magnate indio, argumento empleado por su antigua cúpula, según cabe deducir ahora, con el solo objetivo de aumentar el precio de venta, es una muestra de los factores fundamentales que dominan los productos estratégicos cuando se confía a intereses privados.

Muchos son los ejemplos del efecto de un mercado revuelto en torno a las mayores empresas españolas, algunas de ellas con importantes fondos de comercio y atractivos flujos de caja. Los movimientos especulativos sobre las empresas constructoras,  de servicios o de distribución españolas, muchas de ellas ahora bajo estricto control extranjero -que no hay que confundir con control privado, por favor-, son muestras evidentes de que, al abrigo de las palabras mágicas liberalización y mercado, los más avispados grupos internacionales han ido tomando posiciones. Creer que "nuestras" empresas están bien colocadas en esa carrera tiene un componente sustancial de utopía, pues su crecimiento y consolidación escalonada, está siendo observado con interés y contenido placer fagocitador por las mayores multinacionales, atentas a que engorde su pieza.

Defender el patriotismo empresarial no está de moda en el contexto europeo, obsesionado oficialmente por defender los valores de comunidad, integración, mercado único, globalización. La experiencia ha demostrado la habilidad de los gobiernos dominantes en la Unión Europea, y de sus principales empresas nacionales, -que no hace falta definir como estratégicas para tratarlas como tales- en cantar en un lado y poner los huevos en otro. Un documento tan necesario para robustecer la Comunidad como es la Constitución europea no ha merecido la aprobación de un "convencido" defensor de la unidad de mercado europeo, como es Francia, por ejemplo.

En este contexto, se ha de entender que la oferta de compra de Scottish Power por Iberdrola haya generado una fuerte preocupación en el Reino Unido. Se han desatado las opiniones respecto a los riesgos de comprometer la autosuficiencia, o de externalizar un mercado en el que están ya muy introducidos los grupos alemanes E.ON and RWE, y la francesa EDF. El Grupo de Usuarios de consumo intensivo energético (EIUG) del Reino Unido, que representa los sectores industriales acero, químicos y papeleras, opina que la consolidación del mercado energético allí  ha ido demasiado lejos. No denuncian la propiedad extranjera de las empresas, sino a la concentración del mercado en pocas manos, es decir, apuntan a la insuficiencia del propio mercado para garantizar un suministro fiable y a buen precio.

Los altos precios de los servicios de agua, electricidad y residuos que pagan los europeos y las altas tasas de cobranza (prácticamente del 100% en la UE)  han provocado que las compañías de servicios europeas tengan un músculo financiera muy sólido. Por agrupaciones y fusiones las empresas han ido consolidando y ampliando su poder adquisitivo, y se ha aumentado la voracidad de los grupos mayores hacia los pequeños, buscando optimizar sus estructuras de capital. En el mercado alemán la situación actual no permite considerarlo como un ejemplo de liberalización, y la inquieta E.On controla las tuberías que llevan el gas ruso a otros países, incluído el Reino Unido.

En fin, el precio de la energía en España es barato en comparación, y eso aporta muchas opciones atractivas de incrementar la carga recaudatoria sobre los usuarios de servicios imprescindibles, como ya se hizo con el agua por parte de las empresas francesas, cuando se repartieron el mercado español. La tarifa media eléctrica de los consumidores españoles es el 0,83 de la de Francia, el 0,70 de la de Alemania y el 0,57 de la del Reino Unido. La razón de esa diferencia de precios hay que verla en la mayor proporción de la energía nuclear o hidroeléctrica en relación con los que utilizan gas o carbón casi exclusivamente (El Reino Unido, por ejemplo,  utiliza el 40% de gas en su mix). La perspectiva de un aumento de tarifas a corto plazo, con el objetivo de "uniformizar precios en la UE", la puede comprender cualquier observador.

Los movimientos de Iberdrola y de E.On son apenas una muestra del interés de las mayores compañías eléctricas europeas en consolidarse dentro de los mercados europeos. Pero la voluntad de ambas empresas de crecer parece tener ritmos y dimensiones muy distantes. E.ON, ya había hecho un acercamiento fracasado a Scottish Power, y no tuvo ningún problema en presentar a Gas Natural como un caballo blanco de intereses gubernamentales españoles. Por el contrario, cuando la italiana Enel se aproximó a Suez, inmediatamente intervino el gobierno francés para apoyar una fusión entre GDF y Suez para hacer al grupo galo impermeable a cualquier oferta de terceros.

Parece que la costumbre en Europa es tratar los temas con diferentes raseros, pero en España seguimos con la armadura de Quijote encasquetada, bajo un sol de castigo y con la vista puesta en los molinos de viento. Interpréteseme bien la imagen, por favor, que viene al pelo.

(La fotografía que ilustra este comentario se la tomé prestada a mi amigo e ilustre colega Rafael Fernández Rubio y, para curiosos, es también el avatar que utilizo en esa diversión del mundo de la webmanía que es Menéame.net)

Poema (Del libro: "No tenemos a nadie", 1996)

Como ya dejé expresado en este Cuaderno, tengo varios libros de Poemas terminados, y uno de ellos, publicado, aunque en edición ya agotada. Nunca me han dado un premio importante. Lo que no me impide considerarme, como, por lo que tengo constatado, casi todos los poetas, uno de los mejores poetas en lengua española. Así que en eso, tampoco me diferencio de la mayoria.

Obras de reforma en otro yo 

La principal reforma social que se me ocurre
es destrozar la pared que comunica el baño con la alcoba,
pero he llenado con mi currículum las calles de la ciudad
y estoy tan seguro de que me van a contratar
que dejo un mensaje de destrucción en el contestador;
a estas horas de la noche es poco posible que me llame alguien decente
pero por si hay un alma gemela que pena por ahí
le voy a entregar mi último diagnóstico: hermano,
no quiero que me den más competencias,
qué razón tenías: cuanto más pones más pierdes,
y
no enseñes el culo jamás a quien no te lo vaya a tapar,
y, para colmo, te desvelo mi preciado secreto, soy un impostor,
el verdadero yo aún no ha nacido,
lo que no me impide que en este acto solemne
lo nombre mi sucesor de todo lo que sé
por más lejos que esté.

Le dejo la brocha de pintar al más pintado,
cediéndole por señal de buena suerte
la grapadora, las ganas de borrar
y un bote con bolígrafos y  flores,
los trastos de crear estas historias.