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El blog de Angel Arias

¿A qué nación se atribuye la Fiesta Nacional de los toros?

Una corrida de toros posee una estética indudable.

La plaza, entre luces y sombras, con los tendidos abarrotados de tensión y sensualidad. El acto en sí, aunque provisto de un ritual rígido, goza de la emoción de lo imprevisto. Para unos pocos, una faena memorable; para muchos, qué se se yo, que puedan decir que estuvieron allí, que el torero resulte empitonado, que la faena haya sido memorable, que tenían que acompañar a unos extranjeros para que viesen en vivo y en directo una corrida de toros, la fiesta nacional por excelencia.

Se puede disfrutar ya desde toriles, analizando los colores, testuces, cornamentas, portes y caracteres de los bichos. Cuando suena el clarín, anunciando la apertura oficial del festejo, es un deleite visual contemplar el vistoso paseíllo de los figurantes que, salvo los destinados al sacrificio, -que permanecerán enclaustrados-, desfilan con un aire inequívoco de los gladiadores romanos en los circos, que tanto hemos visto en las películas.

Allá van, entes propicios a ser descritos en su cabalgata heroica por el magistral Rubén Darío, el de ya se oyen los claros clarines, la espada se anuncia con vivo reflejo. Precedidos por el alguacilillo con las llaves de los toriles, se alinean los toreros, ataviados con trajes de colorines, monteras y capotes, ordenados por cuadrillas y antigúedades, y están luego los rorondos picadores aupados en sus bien empetados caballos cuarterones, tal vez disfrazados aquellos de sanchopanzas rutilantes.

Luego vienen, igualmente altivos a pesar de lo humilde de su condición en esta fiesta, los subalternos y monosabios, tal vez con sus escobillas de barrer y sus recogedores de boñiga, con las boinas airosamente caladas y sus fajas bien apretadas, portando de los ronzales las mulillas enjaezadas con penachos, cintas y campanilas.

Terminado el desfile preliminar, las expresiones de belleza plástica alcanzan puntos álgidos con las salidas de los animales de toriles, saliendo enfervecidos porque están recién marcados en sus crestas con la divisa de esa ganadería que tanto los mimó en el campo y ahora los entrega al espectáculo El silencio se hace espeso de admiración al primer parón  de la descompuesta embestida, quizá a puerta gayola, que realiza el torero-matador, conteniendo con un ademán de poderío y valentía, la furia ciega del berraco.

Siguen luego, en ordenada cadencia, más pases con la intención de templar, con el capote desplegado como una bandera, y no faltarán los volapiés y adornos que ceñirán el trapo sobre el bravo torero hecho mástil, vestido el postulante a la heroicidad inenarrable como si fuera un figurín homosexual, mientras el toro-macho, aún masticando su perplejidad de semental hecho de furias, vuelve el testuz al pasar, bufando sorprendido.

¿Se queda aquí el placer estético?. En realidad, ni mucho menos. Hasta los más defensores de la improcedencia del maltrato, han de reconocer belleza plástica que se compone en las sucesivas suertes. Está primero el profesional agujereado del toro, realizado con maestría y cánones, pues no se debe escarbar en las carnes abiertas,  ni hay que encelarse en el castigo.

Por ello, se puede incluso gozar de la pureza de los chorreones rojizos de la sangre del astado deslizándose camino abajo por los costillares potentes, goteando acaso la arena antes impoluta. Es bello, firme, el sentimiento de saber que el animal ha sido herido en lo alto del solomillo por la acerada pica, pero es preciso notar la bravura con la que el irracional se defiende, apelando a su inconsciencia, de quien cree ser su enemigo, una especie de centauro de naturaleza imprecisa, y cómo puja para quitárselo de encima, batiendo con las astas los cencerros, para contento de entendidos.

Viene luego la suerte de las banderillas (mala suerte en todo caso para el toro), bellísima en la carrera del encuentro entre el hombre y el toro, citándolo aquel a éste de lejos, como debe ser, a pecho descubierto, entrando en concordancia disímil contra las querencias del bicho, y apreciar, con juicio que ha de atender a la posición en que quedan, tras el alzar de los brazos, la juntura de los pies, el salto estético, sitas en el lomo, en todo lo alto y juntos si es posible, uno tras otro, hasta tres pares de banderillas, que serán incluso de más castigo si en el animal no se ha apreciado la bravura hasta ese momento en que todo iba de tiento, es decir, de prueba y mentirijillas.

Qué decir del paroxismo que ha de llegar presto. Las variadas opciones de pasar por alto, de pecho, al natural, de espaldas o rodillas, a una mole de más de quinientos kilos, arrimándose y embadurándose ambos -torero y toro- de sus recíprocas sangres, en una comunión llena de advocaciones a lo sublime. Venga Velázquez y lo vea. Tantos artistas han plasmado con grafismos este evento, que huelga profundizar en el arte que toda esta parafernalia encierra.

Qué bello, en fin, es ver morir al toro, después de una estocada certera, hasta la bola, en manos del que lo cuadró para entrar a matar, sustituyendo el engaño de madera por una verdad acerada, resuelto a la postre para terminar de redondear una faena cuando le notó al bicho sin capacidad para dar más juego de vueltas o revueltas, o convencido de que la faena está cumplida y le espera al héroe la recompensa del aplauso y más dinero en la próxima corrida.

Ver al vacuno cayendo, destrozado de ser factible su corazón, tambaleándose hasta arrimarse a las tablas, es una emoción que, aunque solo puedan entender en su plena salsa los verdaderos taurinos, presenta igualmente para el profano color, emoción, y fuerza sin parejos. Y, desde luego, será culminación de placeres ver al héroe alzarse con el trofeo de una o las dos orejas cortadas, calientes los apéndices todavía, del que apenas hace un par de minutos era un prodigio de músculos y fuerza.

No hay que regalarlas, no; hay que merecerlas, reclamarán los entendidos, que desprecian la facilidad con la que el vulgo concede trofeos a los matadores, caído en las trampas de lo que no vale tanto, porque no es arte, sino engañifla, debido a las argucias que tienden a los tendidos los que quieren pasar por la plaza, sin arriesgar, ganar su pan sin poner las gónadas al aire. 

El día 10 de julio de 2009, en el encierro del día, dentro de las Fiestas de San Fermín, que atraen a cientos de miles de personas a Pamplona, murió, corneado por un toro de los que se lidiarían por la tarde, un joven de 27 años que hasta entonces venía corriendo, año tras año, en esta y otras ferias, delante y detrás de muchos animales. Unos con cuernos, la mayoría sin ellos; unos, cuerdos y descansados; la mayoría, insomnes y borrachos; unos, sabiendo lo que hacían, preparados para correr rizando el rizo de ver la muerte de cerca pero creyendo que no les iba a tocar la mala suerte; la mayoría, arriesgando la vida propia, pero poniendo en peligro la de los demás con su ignorancia, en tropel insensato.

Hacía 14 años, o tres, o cuatro días, dicen las crónicas, que no había muertes por razón directa de los encierros. Magulladuras, sí, muchas; heridas graves y leves por asta de toro, puede. Escoceduras, roturas, lesiones por pisotones y tropiezos, desde luego.

Tampoco ha habido muchas muertes de toreros, si se relativiza respecto al número de corridas y practicantes del oficio. Ha habido, algunas cornadas graves, de esas que levantan la emoción del espectáculo y confirman que frente a un irracional la partitura tiene que ser tocada en fino y conlleva su peligro. Una buena parte de los matadores llevan en sus cuerpos las señales de las astas, costurones que son el trofeo no deseado que imprime casta al oficio.

En todas las plazas es, desde hace tiempo, obligatorio un servicio médico de urgencias para atender a los percances de la lidia que afecten a las personas. Los partes de los galenos son profesionales y, por repetidos, predecibles: Herida por asta de toro con doble trayectoria, de 20 centímetros, muy grave, pero no mortal, salvo complicaciones posteriores.

Los que se mueren, prácticamente siempre, -escasísimos han sido los indultados- son los toros.

El mantenimiento de este espectáculo cruento basado en la confrontación de dos naturalezas, la de un animal irracional (el toro), que tiende a embestir lo que le irrita, con la cara por delante (pues ve mal por los lados) y la de un animal racional (el torero, vestido de lentejuelas, aunque en otra época las cretenses parece ser iban desnudas), se defiende en que es una fiesta nacional, una tradición secular, incrustada en nuestra idiosincrasia.

Además, se argumenta en que sostiene muchos puestos de trabajo y que, además, los toros están bien cuidados en la dehesa y que es preferible para ellos pasar veinte minutos malos que vivir estabulados toda la vida, cuyo fin será siempre el matadero y venir al plato convertidos en filetes.

No basta con justificar la fiesta de los toros por su belleza plástica. Es también bello, y para muchos, más ver los animales en el campo, sentir la naturaleza libre y a su antojo. Son bellos los crucificados de Dalí o Velázquez, los hermosos cuerpos asaeteados de los San Esteban, los empalados de los Via Crucis. Son, para según que gentes, hermosas las monterías y cacerías de animales salvajes, atraen los accidentes aparatosos, las lapidaciones de adúlteros, las caídas por la escalera de los ancianos, sentimos curiosidad por las desgracias ajenas, organizamos sepelios con multitudes en honor de los vivos.

Y no por ello estamos a favor de repetirlos por el gusto que dan a los mirones. 

¿A qué nación se atribuye la Fiesta Nacional de los toros? ¿A España? ¿A Castilla? ¿A Navarra?. Seguro que podemos vivir sin ella.

Aunque desaparezca la improbable "raza de toro de lidia", aunque los toreros y sus apoderados y demás figurantes de la Fiesta, tengan que ser subvencionados (también) en otros oficios menos aparentes, y aunque esos cientos de miles de enfervecidos sanfermineros tengan que ir a emborracharse a otra parte o, siendo más sensatos, dedican su tiempo de diversión a recuperar algo el paisaje degradado (por ejemplo), leer un libro o parlotear sobre la estética.

Por supuesto, tampoco se perdería nada si los genuinos aficionados taurinos, esos que conocen los detalles de cada movimiento de toreros y toreros a la perfección y hasta les han puesto nombres, y juzgan pases y distancias como si les fuesen en ello las lentejas, tuvieran que desalojar las plazas taurinas y fueran compelidos a gastarse los mismos euros de las entradas en visitar algún museo, aprendiendo así algo más sobre las formas de juzgar otras bellezas y apreciar mejor, con menos saña, los encantos del arte y la naturaleza.

(El toro que corneó a la muerte al joven Daniel Jimeno Romero, Capuchino, de la muy noble y acreditada ganadería de Jandillo, fue lidiado esa misma tarde, y en una memorable faena, el Fandi le cortó una oreja)

Mensajes subterráneos

Mensajes subterráneos

Del 2 al 5 de julio de 2009 (inclusive) se han celebrado en Cantabria las terceras Jornadas de Espeleología Científica, centrada en terrenos kársticos.

El director del Curso, realizado en el marco excepcional de las instalaciones de El Soplao, fue, como en anteriores ediciones, Rafael Fernández Rubio, maestro de muchas generaciones de espeleólogos, tanto como catedrático de Hidrología como por su afición a conocer e impulsar el conocimiento de todo lo referente al mundo subterráneo, especialmente en relación con el agua.

Concebido como un cursillo en el que varios de los técnicos y científicos que trabajan en relación con la peculiar geografía del medio kárstico, ofrecieran a alumnos universitarios, de forma didáctica, sus experiencias profesionales, la realidad de la alta calidad de los ponentes, ha cambiado, en la práctica, sino el objetivo, sí las repercusiones individuales de las Jornadas.

Una buena parte de los asistentes eran, a su vez, profesionales del sector, interesados en actualizar conocimientos y participar activamente en los debates abiertos. Por ello, más que un Curso académico, resultó, en gran medida, un Congreso de especialistas.

Y, de cualquier forma, para todos los asistentes, el encuentro resultó un regalo para el espíritu, tanto por las conferencias en sí mismas, como por los momentos de distensión y las bien elegidas clases prácticas.

Si es que se puede llamar "clase práctica" a la oportunidad de realizar una visita excepcional (en realidad, dos) a las oquedades de El Soplao con explicaciones de algunos de los mejores espeleólogos y especialistas en karst españoles, reforzados por el profesor italiano Paolo Forti, y admirar el "karst verde" de la playa de Prellezo en marea baja.

(La foto que ilustra este Comentario, tomada por mí en Prellezo, refleja, más que la belleza de la playa -una de las muy hermosas de Cantabria- el efecto de la vegetación sobre las rocas calizas, fenómeno conocido como karst verde, pues no se trata aquí de las consecuencias de la disolución del agua sobre la piedra, que provocó las cavidades kársticas subterráneas, sino de comprender la tarea combinada de la vegetación arbórea y del mar, que eliminó el manto vegetal en donde se asentaban los árboles sobre los acantilados)

A barlovento: El Banco Popular, una entidad bien dirigida

No corresponde al tono neutral e independiente que pretendo dar a estos Comentarios, la felicitación específica a una institución o a un grupo de ejecutivos. En estos momentos de incertidumbre económica, sin embargo, encuentro que resulta oportuno expresar que, al margen de los brotes verdes que puedan intuirse desde la ilusión por la recuperación, existen fertilizantes que han de servir para revitalizar la tierra quemada.

La Asamblea General del Banco Popular español que se celebró el 26 de junio de 2009 reflejó, en mi opinión, aires saludables, de coherencia empresarial y solidez profesional.

La manifestaron, sobre todo, Angel Ron Güimil, licenciado en derecho, presidente de la entidad desde 2004 y Roberto Higuera, ingeniero aeronáutico, 41 años en el Banco Popular, vicepresidente y principal artífice de la estrategia financiera del grupo, que, por jubilación obligatoria, dimitía como consejero delegado.

Empiezo con un cotilleo. No parecía contarse con gran asistencia, aunque se dijo oficialmente que había 1.675 accionistas presentes, que representaban el 16,97% del capital. El salón del Hotel Hilton Aeropuerto de Madrid, amplio y dotado para la ocasión con fuertes medidas de seguridad, se encontró, a ratos, bastante vacío. Las atenciones a los accionistas no existieron; unas mesas a ambos lados amontonaban varias botellas de agua mineral.

Sea como fuere, el capital presente o representado alcanzó la cifra del 56,27%, según la constatación notarial.

Lo que me pareció más relevante, al margen de la presentación de los resultados de 2008 -1052 millones de euros, un 16% menos que en 2007, en el lugar decimotercero por cuantía de la banca europea-, y de la aprobación de omnímodos poderes para el Consejo, fue la constatación de que el tercer grupo español bancario, con 114.000 millones de euros en el activo y 6 millones de clientes, presenta un atractivo singular para encarar el inmediato futuro.

Tiene liquidez, juega a la transparencia, y cuenta con un equipo directivo serio y competente. El rumbo de la entidad está marcado, según Ron, en ser un Banco "especializado en clientes y no en productos". Con un ratio de core capital del 7,17% de recursos propios, figura entre los mejores de las entidades que no reciben ayudas públicas, "inyecciones de subvención, que, paradójicamente, elevan los estándares del capital".

Porque estamos en crisis, "la mayor que nos ha tocado vivir", como recordaron los dos intervinientes principales. Y España, aunque no estuvo en el origen de la debacle, debido a su crecimiento acelerado, favorecido por la entrada masiva de dinero del exterior, y que estuvo muy focalizada a la inversión en el sector inmobiliario, resultó inevitablemente afectada.  

El enorme déficit por cuenta corriente generado en el exterior, creó gravísimas dificultades a los inversores que habían confiado en las cédulas hipotecarias para rentabilizar sus apuestas de futuro, y los Bancos españoles fueron arrastrados por la penuria. La provisión respecto a la inversión en Continental dejó huellas en el patrimonio del BP, aunque -apuntó Higuero- "conviene recordar que las provisiones no son pérdidas, y si se sabe esperar, pueden convertirse en futuros beneficios".

"No vamos a volver ya al marco de crecimiento", sin embargo, afirmó Ron, y "es imprescindible reducir el apalancamiento. En 2008 se han perdido, en términos de capitalización de la banca internacional, 1 billón de euros, equivalente al pib anual de España".

El BP quiere mantener la liquidez, y basa su fortaleza actual en el ratio de capital respecto a recursos propios, que convierte en oportunidad "la desaceleración económica, con o sin brotes verdes". Porque "crisis, como decía J.F. Kennedy, en chino, se compone de dos palabras, y una de ellas significa oportunidad". (Nota de estudiante de chino: 危机, wéi jin, peligro y oportunidad)

Me gustó mucho la intervención de Roberto Higuera, presentada muy didácticamente, con lápiz rojo y todo. El elegido mejor director financiero de Europa en 2007, es un valor bancario relevante y acumula una experiencia inestimable para el propio Banco. Su explicación a las razones por las que se había decidido acudir al pago de los accionistas con acciones de la autorcartera, respondiendo a la pregunta del accionista Angel Cerejeta, fue una lección de economía práctica de altura.

Tampoco se arredró en añadir explicaciones a las dadas, quizá más política que técnicamente, por Angel Ron a otras cuestiones de los accionistas que solicitaron aclaraciones. Por cierto que, como sucede en estos casos, los intervinientes desde la sala resultan ser casi siempre los mismos, y repiten osotinadamente los mismos argumentos y disquisiciones, adquiriendo su momento de notoriedad para alegrar algo, pudiera ser, su anodina jubilación.

Ron desenmascaró a uno de ellos, con la simpatía del que no quiere hacer daño, pero no quiere que nadie le tome el pelo: "Eso ya lo propuso usted el año pasado, y lo estamos probando, aunque en estos tiempos hay que estudiar con máxima atención la rentabilidad de cada cambio". Se refería a la utilización de los tiempos improductivos de las oficinas bancarias, ampliando el horario por las tardes. "Hay que analizar el tipo de cliente beneficiado, los costes y los beneficios".

Respecto a una intervención añorando los tiempos de D. Luis Valls, en el que se confiaba en el cliente de toda la vida que pedía un crédito, y no se atendía, como ahora, al estudio severo de su solvencia, que el accionista mezcló, además, con el que entendía injustificado orgullo de haber resistido mejor que la media la caída del valor de las acciones, Ron no se cortó un pelo al poner de manifiesto que "nosotros no creamos la coyuntura; vivimos en ella".

A sotavento: ¿Quién es ETA?

ETA ha vuelto a matar, que es lo que sabe hacer; para lo que existe. Para la extorsión y el asesinato.

Por la espalda, a un policía anónimo, a un tipo que tendría amigos, que sería campechano y jovial, que dejará mujer, tal vez hijos. O una novia. O un esposo, unos padres. Amigos, vecinos.

Qué mas les da. Cuando el ser humano se convierte en pretexto para llamar la atención de otros -atención, pagad lo que os he pedido, porque sé como matar-, el futuro asesinado no tiene nombre.

Aunque lo hayan estado siguiendo durante días, anotado sus costumbres. Aunque supieran el coche qué usa. Aunque la noche antes, amparándose en que la gente no suele fijarse en lo que hacen los demás, uno, dos o tres etarras, es decir, individuos sin escrúpulos y sin ideología, le hayan puesto una bomba lapa bajo el coche.

Ahora sí sabemos el nombre del símbolo que hoy eligió ETA para que nosotros, todas las gentes de buena fe, nos viéramos representados en él. Se llamaba Eduardo Antonio Puelles, y era inspector del Cuerpo Nacional de Policía.

Fue en Arrigorriaga, al lado de Bilbao.

Puelles, al parecer, era especialista en temas de ETA. Debía de conocer bastante bien las técnicas de reproducción y apoyo logístico de esos criminales, las preferencias para encubrirse; habría vigilado y ordenado vigilar sus guaridas, seguido a sus secuaces y cómplices. Sabría que estaba amenazado. Hoy habría mirado los bajos de su coche por si había una bomba lapa, algo sospechoso.

No la vió. Tenía prisa por empezar su día de trabajo, para seguir poniendo cerco a los criminales de la banda.

Ayer fueron otros: Isaías Carrasco, Ignacio Uría, Diego y Armando. Muchos. Desde el principio, desde la primera víctima, muchos. Demasiados.

Porque cada asesinado, cada herido, cae en nuestras casas. Nos duele en el alma, porque es increíble que una banda de distorsionadores, asesinos, sin ideología, sin causa, ande suelta por ahí. Es inexplicable que cuente con el mínimo apoyo de cualquiera que ame la vida, la razón, la cualidad de ser humano.

Todos estamos contra ETA.

Por eso, le preguntamos a los jefes de Puelles, a la Policía, a la Erzainza, a la Guardia Civil, al Gobierno a todos los representantes de cualquier institución, de cualquier empresa, sindicato, partido, ayuntamiento, agrupación:

¿Quién es ETA?

¿Cuánto falta para que todos los que asesinan y sus cómplices acaben en la cárcel? ¿Se necesitan más medios para acabar con ETA?

(PS. Del día 19 de junio. He visto y oído a la familia de Puelles en su funeral. Impresionantes las palabras de su viuda y de su hermano. Tienen razón. No es una víctima, es un héroe, un nugari nadusia, un gran soldado. Ha muerto por liberar a los vascos, por nuestra culpa, por nuestra ineficacia, por razón de la falta de valor colectivo para denunciar la barbarie, perseguir a los asesinos, aislar y encarcelar a los delincuentes que han hecho de la extorsión un negocio.

Por la libertad de Euzkadi, desde la convicción de que "Eta es un negocio". Lo dijo, esta vez sin ambajes, sin llorar, con orgullo de lo que representaba, Paqui Hernández, la viuda del héroe. La heroína. Te quiero, Paqui, te queremos. Hay que liberar al pueblo vasco, ya.)

Felicidades, Elena y Miguel

La decisión más difícil, compartirlo todo;

los momentos más bellos, desear que el otro

forme parte de uno, y la inalcanzable utopía,

conseguirlo.

 

El beneficio intangible

de perseguir ese logro imposible

lleva implícito

convertir cada atisbo de su felicidad

en nuestros propios instantes de alegría,

forjándolos en la fragua misteriosa

que, sosteniéndola amor,  resistirá

vientos, furias y mareas.

 

Qué tarea irrenunciable para un amante:

querer.

Habrá quien, sin entender,

crea cursi  o estéril el empeño,

tiempo inútil entregarse a un oficio sin rentas

que se puedan poner en el mercado.

 

Ignorantes fatuos. Pobres lerdos atrevidos.

El éxito de los que se aman

está ya en la voluntad de tenerlo.

Qué importa que la incertidumbre sea alta,

que el riesgo de fracasar, exista,

que, con el tiempo, acaso crezca.

 

Quienes viven del amor 

no echarán a faltar otras cosas.

 

No hay consejos infalibles,

ni fórmulas mágicas, potingues,

adivinanzas o misivas bajo puerta.

Habrá que improvisar todos los días,

e incluso, -alguna vez, ay-,

que desandar lo andado.

 

La única referencia que no hay que perder

es la del otro, porque al fin y al cabo

el camino principal de una vida inteligente

está forjado entre dos que se aman,

y  esa distancia ha de recorrerse sin prisas,

tantas veces al día, percibiéndola

como una emoción

creadora, estimulante, inmensa,

y por eso, nada dócil, harto esquiva,

terca, terca, terca.

 

 (13 de junio de 2009; para mis hijos, Elena y Miguel)

 

Cómo no montar un restaurante: Valoración de la competencia

(Este comentario forma parte de mi libro: "Cómo no montar un restaurante", en el que recojo mi experiencia como restaurador, centrada, casi exclusivamente, en el restaurante que con la modelo Laura Ponte y otros amigos, abrí hace siete años. El restaurante se llamó AlNorte.)

Recuerdo bien que, como habíamos empezado la casa por el revés, me pasé días, después de terminar mi trabajo, anotando la ubicación de todos y cada uno de los restaurantes de la zona, sus cartas, los precios de las mismas y del menú del día, y la clientela que podía detectar, según la hora del día.

¿Qué quiero decir con empezar la casa al revés?.  Pues que habíamos comprado el local antes de estudiar la competencia y, sobre todo, sin haber atendido a la directriz principal que ningún restaurador puede obviar: el local debe estar en el sitio por donde pase la gente, jamás se debe tener la ilusión de que el público se sentirá atraído por nuestra oferta.

Claro que nosotros teníamos un as bajo la manga. Nuestra socia era una conocida modelo, y las revistas del corazón se encargarían de proporcionarnos publicidad gratuita.

Como cuento en otro lugar, el local que habíamos adquirido necesitaba una profunda reforma. El diseño debía ser singular, puesto que queríamos destacar como restaurante de cierta elegancia. Hubiera sido mejor, por la zona, abrir un local para comidas rápidas y baratas (la proximidad a la Puerta del Sol y al Palacio Real resultaba determinante del tipo de público), pero nos dejamos seducir por la idea de un restaurante a lo niuyorquino, o algo así.

La zona de influencia del restaurante estaba bastante abadonada. Aunque ubicado en una plazuela con encanto, de los pocos que aún quedan en Madrid,  pertenecía a un área que la gente desconocía. Había varios restaurantes, desde luego, que malvivían en dura competencia, algunos de ellos regentados por su propietario-maitre y su esposa-cocinera. Ofrecían menús muy baratos y muy dignos. Sin estridencia alguna, sin especial novedad, pero apetitosos.

Gasté dinero en probar sus comidas. Me convencí de que la calidad era más que aceptable, en general. Un poco más allá del área de influencia directa, había las representaciones de las cadenas que ofrecían hamburguesas, pizzas o bocadillos de jamón y tortilla. Nada que hacer contra ellos.

Tampoco cabría competir contra los bares, provistos de televisión panorámica, permanentemente encendida, que cada miércoles, y viernes, por lo menos, ofrecían interesantísimos partidos para una clientela que tomaba un par de cubalibres o un vinazo mientras se manchaba algo los pantalones con la grasa del magnífico chorizo de pueblo con el que les obsequiaba el patrón. 

Jugando en corto: El Ambiente está contaminado, ¿quién lo descontaminará?

Jugando en corto: El Ambiente está contaminado, ¿quién lo descontaminará?

He leído el Comentario que publiqué, para conmemorar esta efemérides, hace dos años y, de momento, no se me ocurre nada mejor.

Felicidades, Ambiente. Dejemos para los ambientalistas el sufrimiento.

A sotavento: La energía nuclear aporrea la puerta con un bagaje conveniente

Los responsables de las empresas eléctricas con intereses en la energía nuclear están nerviosos. La incertudimbre respecto a la estrategia energética del gobierno socialista tiene fecha concreta. El Consejo de Seguridad Nuclear hace ya algún tiempo que tiene preparado su informe sobre el estado de la central de Santa María de Garoña, y aunque no está obligado a entregarlo hasta el día 5 de junio, todo el mundo sabe que propone prolongar su vida útil por diez años.

Pero no hay seguridad de que el presidente Zapatero asuma la propuesta, porque la decisión es, se dice, política. Y la Fundación Ideas ha lanzado una andanada en la línea de flotación de las expectativas, al indicar que las energías llamadas renovables una manera posible y mejor de garantizar el idílico futuro ecológico con el que soñaron los creadores de la niña Heide y su abuelo. Ellas solas serían capaces de producir el 100% de la energía, siguiendo las directrices de los informes de Ecologistas en Acción y la letra pequeña de un informe del IMT de 2003.

La línea argumental de las empresas eléctricas con intereses en el sector nuclear, especialmente, Endesa, es muy otra. Utilizando como ariete el Foro Nuclear , cuenta con el apoyo masivo y en su mayor parte, desinteresado, de prácticamente todo el sector profesional, tanto técnico como económico, de España. Que todo el mundo entienda del tema, es, por supuesto, harina de otro cantar; pero ya nos hemos acostumbrado a que no haga falta saber bien para gritar muy alto.

La energía nuclear ha sido presentada en estos últimos meses, en un esfuerzo muy bien orquestado, como una forma de energía totalmente controlada, rentable, con máxima seguridad de funcionamiento, en vías de solución a los problemas bien conocidos que plantean sus residuos de alta radioactividad, etc.

Una energía producida por empresas nacionales bien imbricadas en el sector industrial, generadoras de empleo y alta tecnología, de suministro garantizado y estable, con ventajas, aunque compatible con otras energías más simpáticas, pero de más elevados costes de producción.

Se comprende el enfado de Juan Velarde Fuentes, brillante expositor de la reciente Historia tecno-económica de España -desde la llamada revolución industrial-, en el foro que le brindó la Cátedra Rafael Mariño, de la Universidad de Comillas.

En el coloquio de la mesa que le tocó moderar, dos espectadores se empeñaron sucesivamente en hacer resaltar que no teníamos en España mineral de uranio y que su extracción provocaba graves efectos a los esforzados mineros del Africa profunda (Níger), amén de que la proliferación de centrales en construcción acabaría creando subidas de precios y problemas de suministro.

Velarde se enfadó y trató de reventadores a los demandantes, con voz tronante y ánimo convulso. Con un tono apacible, y sin haber oído las razones de quienes mantienen que las centrales nucleares no tienen garantizado el suministro a largo plazo, en la clausura, Carlos López Jimeno, el director regional de Industria y nergía, expresó que "en España tenemos uranio en abundancia, y lo puedo afirmar porque soy ingeniero de minas".

No digo que no, pero con menos contundencia, pues no quiero ocultar mi ignorancia, casi esférica, sobre el tema. Aunque también soy ingeniero de minas, aprecio a López Jimeno, y anduve metido en eso de la extracción de minerales cuando era algo más joven.

Apunto solamente hay que encontrarlo y, después, extraerlo de forma rentable. De momento, Enusa tiene su explotación de Saelices clausurada y las empresas canadienses  que estuvieron realizando sondeos en Extremadura y Salamanca -entre otros lugares- parecen haber tenido resultados contradictorios y, en todo caso, no comunicados a la opinión pública.

Las perspectivas de que se encuentren compuestos de uranio en las cantidades y condiciones adecuadas son, según tengo leído, halagüeñas, pues existen múltiples puntos en la geografía española en donde se encuentran mineralizaciones.

Tal vez, por fin, como apuntó Velarde, cuando estaba más tranquilo, la naturaleza no se muestre esquiva con España en este siglo y se tenga, al fin, la oportunidad de sanear nuestra deteriorada balanza de pagos con el apoyo de una energía barata.

Con energía nuclear de tercera generación, por supuesto, para las nuevas instalaciones. Y con la prórroga de la vida útil de las centrales existentes, claro. Empezando desde mañana mismo, para que los cedros crezcan cuanto antes.

Cuando cierro los ojos, puedo soñar en mundos imposibles, con ahorros de energía importantes, alta participación de la energía solar, centrales de ciclo combinado distribuídas de forma equilibrada por la geografía y no apelotonadas en unas pocas regiones con las poblaciones más sufridas.

Pero, cuando me despierto, no puedo evitar utilizar la razón y atender al sentido de oportunidad. Entre otras cosas, prefiero una central nuclear controlada por técnicos españoles -o europeos- que no en lugares lejanos, regidos por gobiernos corruptos y sistemas jurídicos inseguros, regidas por técnicos egresados en Universidades de excelencia desconocida y con aficiones, acaso, a ingerir cantidades excesivas de bebidas alcohólicas, antes, durante y después de comenzar su peligroso trabajo, sometido a estrictos controles de seguridad que pueden saltar por los aires por un "fallo humano".

El bagaje de la energía nuclear es conveniente; el inconveniente está en que la necesitamos.