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El blog de Angel Arias

Articulos de actualidad

Al socaire: Recetas de cocina para aficionados a seducir

En cada uno de los viajes que voy realizando con motivo de mis quehaceres profesionales, vuelvo a casa con un par de libros de cocina. Así me he hecho con una colección de algunas decenas de muestras de la cocina popular de los más dispares puntos del planeta. Pongo énfasis en el adjetivo, porque me interesa sobre todo lo que cocinan las amas de casa de los pueblos del mundo, que es la consolidación local del saber cocer, asar o quisar, los animales y las hortalizas próximas a uno.

No todos los muestrarios de recetas de que dispongo son colecciones realizadas por las Nieves, Virtudes o Doña Paquitas de la ancha tierra. También tengo sofisticados recetarios de maestros de la nueva cocina, elucubraciones de novísimos, y narraciones desorientadoras de charlatanes, así como cuentos de nostálgicos de lo que se perdió en el campo.

Entre los más curiosos libros que incorporan a las recetas otras sabidurías, guardo el escrito por Heinz Maier-Leibnitz (Kochbuch für Füchse, Piper, 1980). El autor es un afamado físico alemán, que fue director del Instituto Max von Laue en Grenoble, y presidente de la Academia de Investigación alemana. Una eminencia profesional en la física de neutrones.

Su incursión por las ciencias culinarias, cuyo título traduzco libremente como "Libro de cocina para avisados", recoge unas cuantas recetas, minuciosamente descritas -no podía ser menos, dado el autor-, en las que se mezclan los datos del proceso del laboratorio químico físico instalado en la cocina, con anécdotas y comentarios acerca de los comensales reunidos en torno a la mesa del salón, sus expectativas y, en fin, consejos sobre la manera de tratarlos para que se encuentren bien en nuestras manos.

Conozco a unos cuantos personajes de otras artes que disfrutan invitando a sus casas a los amigos, para que degusten sus especialidades. Sin citar sus nombres, pero sí apuntando a sus producciones, he tenido el placer de comer magníficas fabadas asturianas, cocidos maragatos, potes alsacianos, carpas al hinojo, enchiladas y moles poblanos, corderos con cuscús y otras delicadezas, cocinadas con primor por expertos y expertas que habían conseguido su fama sin tener nada que ver con los fogones.

No estoy a la altura de esos especialistas del mimo a la cacerola, porque, aunque me gusta cocinar, he caído en la esclavitud de lo que en mi casa llaman "cocina a lo John Wayne". Para mí, todo guiso comienza pochando en aceite de oliva de primera calidad cebollas y pimientos verdirojos, más o menos finamente picados, con unos dientes de ajo sin pelar, a los que acabo añadiendo tomates y algunos trozos de las verduras que encuentro en la nevera. Conformo con ello una base a la que, según el estado de ánimo, puedo añadir patatas cuadradillo semifritas, un par de puñados de guisantes tiernos; las justas verdinasya cocidas, unos trozos de carne guisada, o lo utilizo para acompañar como picadillo a unos fettuccini al punto.  

Ni qué decir tiene que el caldo de ese pote nutricio lo habré conformado y ligado con vino blanco, agua de Vichy o cerveza, y salpicado con un chorrete de vino de Jerez o de un Porto al hilo, porque una de las gracias de este guiso de cowboy es que todo esté más bien caldoso.

Estoy seguro de que no mereceré figurar en ninguna enciclopedia de maestros de la cocina, ni siquiera entre los chapuceros. Pero, puedo asegurarles que, en el otoño, cuando vuelvo a casa con la carga de níscalos que tal vez tuve la suerte de encontrar, y preparo con ellos una cacerolada de setas a lo John Wayne con vino tinto y patatas -por favor, supríman en ese caso los pimientos- noto cómo mis papilas gustativas y jugos gástricos se han venido preparando para hacerme pasar uno de los mejores ratos de mi pequeña historia.

 

Al socaire:¿Triunfo exigüo de López Obrador en México?

Me está pareciendo que López Obrador ganó en las elecciones en México, pero por muy poquita diferencia. Tan escasa, que nunca va a ser detectada en las urnas, por mucho que recuenten y vuelvan a recontar.  

Los votos que  le faltan puede que estén perdidos en muchos miles cajas, y será mucha suerte encontrar esos 240.000 entre los otros 60 ó 70 millones, que es como buscar una aguja en un pajar, y si pones la vista en una esquina se te van las vainas por la otra. Es muy cansino andar peleando por un margen tan estrecho.

De buscar, seguro que son más las intenciones que nunca llegaron a plasmarse como votos.Y esas, quién los encuentra. Los que se quedaron en casa por miedo, los que no supieron, los que jugaban a la espera. Allí cuentan también los que se quedaron en las manos de los cientos de personas a las que no dejaron votar en Veracruz, los que no llegaron por el cierre anticipado de las casillas en Morelos; qué se yo, los que se perdieron cuando se cayó el sistema en varios pueblos de Sinaloa o se esfumaron con las boletas que faltaron en Puebla.
 

Andrés Manuel López Obrador, AMLO, como le llaman muchos utilizando sus iniciales, ya está acostumbrado, en realidad, a perder de aquella manera. Lo hizo cuando se presentó a la presidencia de Tabasco, animado por Cuahtémoc Cárdenas, entonces desde las filas del PRI, y le dieron con la puerta en las narices, en lo que dicen los suyos fue un pucherazo en toda regla.

Ahora AMLO, desde el Partido de la Revolución Democrática (PRD), representa una izquierda moderada, de las que seducen a las gentes de buena voluntad, y busca el apoyo de los humildes de bolsillo, y de los intelectuales de corazón, a los que ha querido atraer con el eslogan de la campaña: «Por el bien de todos, primero los pobres».  

También sabe AMLO, claro, lo que es ganar. Por estrecho margen, pero suficiente (cinco puntos) ganó en julio del 2000, las elecciones por la alcaldía de México DF, derrotando al candidato del Partido de Acción Nacional (PAN) y sellando una enemistad duradera con el presidente Vicente Fox, que estuvo sin duda entre las razones que impulsaron la acusación de recibir sobornos y la retirada de la inmunidad durante un tiempo.

A López Obrador le conocen también como 'el Peje' , el pez lagarto que vive en las aguas de Tabasco, donde aquél nació, un animal correoso con el que se preparan  empanadas y el chirmol, un platillo con semillas de calabaza y tortilla quemada. Como experimentado político, el peje López Obrador, defienda que se haga un re-escrutinio voto a voto, sabe que no va a ganar. Sabe incluso que no merece la pena ganar con un margen de solo un puñado de papeletas favorables, para embarcarse en un programa como el suyo, como lo esperan al menos la mitad de los mexicanos.

Los López Obrador, como los Albert Alnord Gore jr –y algunos otros- saben/sabemos lo que es dejar el campo libre para mejor ocasión, habiendo vencido solo por los pelos. Porque la historia demuestra que con un programa renovador hay que ganar por mayoría limpia y suficiente.

Los que se han afincado en el poder, defenderán desde él con uñas, dientes y patadas, desde el control del carro al que están subidos, que nadie les mueva de allí. Con la sartén agarrada por el mango, se encargarán de marcar la diferencia, habrán procurado impedir que voten los que estén en contra; habrán hecho lo posible por anular los votos que no les fueran favorables; no descuidaron, seguro, controlar y nombrar entre los afines a los miembros de las Comisiones electorales, que acaso habrán incluso presidido ellos mismos. Conocemos casos.

Los que quieran el cambio de verdad,  tienen que ganar con tal limpieza que todo el mundo acate su victoria. Si no es así, lo más sensato es retirarse de la batalla renunciando a generar más crispación, sabiendo que la fruta está casi madura, pero que es preferible no apurar hasta romperla, tal vez, la baraja con que se ha jugado y conociendo que había varias cartas marcadas. Nadie piense que es por cobardía. Pura gallardía es, saber esperar para robustecer con la espera la ocasión de ganar por goleada.

Mi consejo: dejar el hálito de la victoria en el espacio, y plantear mejor aún la próxima elección. Para la presidencia en México, habrán de pasar seis años, quizá menos. Mucho tiempo, pero hay que estar en la oposición usando toda la fuerza que da esa casi mayoría. Surgirán oportunidades de demostrar cuanto vale quién manda solo con una mitad y qué puede sino cuenta con la otra.

Y, entre tanto, hay que saber también guardarse las espaldas. No se puede descartar que, al darnos la vuelta, haciendo como que nos quieren abrazar, los poco-vencedores nos intenten clavar la cuchillada.

No estoy sugiriendo que ese propósito esté en el ánimo de Calderón, no vaya nadie a pensar tal desatino. No  hablo ahora de nadie en particular. Recojo de otras experiencias, simplemente.

A sotavento: Pobres y desarraigados entre la opulencia

Van en aumento y molestan desde muchos puntos de vista. No son animales, no parecen feroces ni dañinos, aunque su visión no resulta agradable. Son seres humanos, existen aunque pasemos a su lado sin querer advertirlos, haciendo que ignoramos su presencia, tal vez pasando a centímetros de de su cuerpo tendido en la calle.

También ellos parecen ignorarnos a nosotros. Son un problema inespecífico de Madrid, Barcelona, Washington, París o Berlín. De cualquier ciudad del mundo, sobre todo de las más opulentas. Forman un grupo especial de marginados, son los más desarraigados, los sin techo. Viven en la miseria absoluta, y no tienen más vivienda que la calle. No hablan prácticamente con nadie. Otras características: edad intermedia, independientes. Suelen respetar la propiedad ajena, pero hacen sus necesidades en cualquier sitio, huelen muy mal, a veces gritan, se pelean, cantan o lloran a destiempo, son capaces de morirse en un soportal o a la puerta de un garaje.
 

No pretendo hacer un perfil completo de ese colectivo porque, además de pretencioso por mi parte, resultaría insuficiente. Su número cambia, porque tiene continuas entradas; muy pocas salidas, sin embargo. No hay que confundirlos con los irregulares, con quienes no tienen los papeles en regla. La mayor parte de los que se ven por Madrid (y supongo que sucede igual en otras ciudades españolas) son nacionales; casi todos, ciudadanos de la Unión Europea. Se calcula que puede haber en toda España entre 20.000 y 30.000 personas en esas condiciones de marginación y existencia.  

El concejal de Seguridad de Madrid, Pedro Calvo, sintiendo la presión social desatada a raiz del asesinato hace días de una indigente a manos de otro en la Plaza de Soledad Torres Acosta, a plena luz del día, ha sacado el tema a debate. Anuncia la decisión de llevar un Informe al Congreso de los Diputados y al Gobierno de la Nación. En nombre del Ayuntamiento de Madrid, pedirá la modificación de la Ley de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, con el objetivo de poder obligar a quienes están "degradando y estigmatizando el entorno" a trasladarse a los albergues. Los colectivos afectados serían mendigos, prostitutas y toxicómanos. De ellos, más precisamente, quienes duerman en la calle. 

En el distrito de Centro, en Madrid, están localizados, según el Concejal de esta zona, unos 800 de estos marginales. No son muchos, comparados con el número total de parados, alcohólicos, o reclusos. Toda la gente de orden tenemos nuestro propio archivo mental de algunos de esos desarraigados. Aunque no sepamos sus nombres, hablaríamos del de la cara cortada por una pelea a navajazos, del que canta zarzuela antes de caerse rendido por la borrachera diaria, de los que venden figuritas de hojalata, de la pareja de toxicómanos que duerme frente al edificio de la Panadería, etc.  

Si hemos entablado ocasionalmente conversación con alguno, podremos constatar que no responden a nuestro estereotipo de pobres. Muchos han llegado a esa categoría de desarraigados sin pasar por la pobreza. Un buen día decidieron sumergirse en las profundidades de su marginación. Algunos tienen estudios abandonados, incluso en la Universidad; otros cayeron en esto después de una discusión con los padres, con una esposa. Muchos están entregados a la bebida, varios se pinchan, toman pastillas a destajo. Aunque la mayoría son hombres, hay algunas parejas.  

No suelen quedar en un mismo sitio, prefieren el nomadismo, pero si se encuentran a gusto en un lugar, allí se aposentan, vuelven una y otra vez, mientras nadie les importune. Por las noches recogen algunos cartones de un contenedor o de los embalajes de algún comercio cercano, y se encierran y arropan con ellos. Hay quienes habitan en edificios abandonados, en zonas poco transitadas, sobre las que acumulan (hasta que los servicios de limpieza se los quitan), muebles desvencijados, alfombras deshilachadas, tarteras, vasos. Parece que han construido un remedo de un hogar.  Pocas veces son agresivos. Pero cuando lo son, algunos pueden ser peligrosos, sobre todo entre ellos. Por un lugar más cerca de la luz, por una medalla, por los restos de una botella de alcohol en un cubo de la basura. 

Tampoco suelen frecuentar los lugares de comida gratis, ni los albergues, porque les restan indepndencia. Hacen la calle durante dos o tres horas, para recoger las monedas suficientes para prepararse un par de bocadillos y comprar unos litros de vino, una botella de coñac barato.

En España hay más de 600 centros de acogida para atender a personas sin hogar, la mayoría gestionados por entidades religiosas, con un gasto anual superior a los 150 Mill de euros. Madrid tiene albergues para 1.900 plazas, y los responsables municipales indican que no es con más camas como se solucionaría el problema de los que duermen en la calle.  Tampoco se solucionaría con más lugares de comedor gratuito la situación de indigencia de este colectivo. Hay 30.000 lugares en las mesas para pobres, suficientes para los que tienen graves problemas económicos. En todo caso, no son frecuentadas por el colectivo del que escribo. 

Quienes están en estado de muerte social, no pretenden ni conseguir un trabajo,  ni desean reinsertarse. Esta población está enferma, síquica y físicamente en muchos casos. La calle es su hospital siquiátrico, y su estado, con el tratamiento que reciben, con la vida que llevan,  claramente irreversible.

Creo que la mayor prioridad es realizar el análisis sociológico y sicológico, incluso siquiátrico, de cada una de esas personas. No me parece que el problema se pueda solucionar trasladándolos a albergues, reponiendo las leyes para vagos y maleantes, ni, por supuesto, será posible confinarlos ni siquiera desplazarlos contra su voluntad, -si no han cometido delito alguno-, como muy bien recuerda Antonio Torres del Moral, catedrático de Derecho Constitucional de la UNED,. Vulneraría el derecho a la libertad personal de circulación y disfrute de los espacios públicos. Con el importante matiz, sin embargo, de que no puede pretenderse ni acaparar el uso de lo público ni allanar lo privativo.

Hay que tratarlos como un subproducto no previsto, pero un hijo legítimo, de nuestro estado de bienestar, de nuestro mundo de entrecortadas libertades, una consecuencia más de nuestra sociedad egoísta y alterada. Solucionar el problema es, en mi opinión,  un trabajo de mediación social, y nos obliga a acercarnos al colectivo con algo más que la Ley en la mano o unas monedas, para entender el momento en el que esos seres humanos, conciudadanos nuestros, aunque no les queramos así, tomaron la decisión de separarse de nosotros, para seguir viviendo a nuestro lado, ensuciándonos nuestras calles y paisajes, mancillando nuestro impoluto estado de bienestar. Algo nos están diciendo.

Al socaire: Información relevante, contenidos e interpretación.

Supongo que en las Facultades de periodismo, una reflexión como la que trataré de desarrollar a continuación será pan de cada día. A riesgo de manejarme en la obviedad, quiero compartir con este cuaderno algunas ideas que preparé para el desarrollo de la tertulia en la que participé ayer en el restaurante AlNorte (www.alnorte.es), sobre "La libertad de expresión: sus contenidos". 

Cada instante se producen billones de acontecimientos, de muy desigual naturaleza, que forman ese universo básico de lo que llamaríamos información potencial. La mayor parte de esos datos no llegan nunca a ser conocidos por nadie fuera de quienes los protagonizaron, y, mucho menos, comunicados a terceros Algunos, desde luego, porque son silenciados interesadamente por quienes los conocen. La inmensa mayoría de los acontecimientos quedan restringidos al conocimiento de sus exclusivos protagonistas, puedan o no interesar a otros.

Lo importante para quienes no viven el suceso como protagonistas, no es lo que sucede, sino lo relevante de la información. Para algunos sucesos la calificación de su relevancia no corresponde a una decisión que pueda tomarse en el ámbito individual (con matices que las Constituciones más avanzadas trasladan a los ámbitos del honor individual, la intimidad, e incluso pueden abocar en ilícito penal).

Algunos sucesos tienen una trascendencia real o potencial que va más allá de quienes los viven en primera persona, y que depende de una combinación de criterios objetivos y  subjetivos, así como de la valoración combinada de circunstancias temporales o sociales individuales y colectivas. No es fácil encontrar ejemplos reales de  información que sean objetivamente relevantes en un momento dado para toda la Humanidad. Podríamos hablar de los efectos del cambio climático, del peligro de una guerra masiva, de la apirición de una amenaza global. 

Es más sencillo encontrar ejemplos de información relevante para colectivos o minorías (el resultado de unas elecciones, el final de una negociación con un grupo terrorista, el descubrimiento de un yacimiento de petróleo). La relevancia de algunas informaciones puede quedar restringida a un nivel local bastante definido (implantación de una empresa en un pueblo, trazado de una carretera por un cementerio, nuevo colector de residuales de un barrio). 

La información relevante puede serlo para colectivos vinculados únicamente por su localización geográfica, o para colectivos homogéneos pero deslocalizados: la información de Bolsa para los inversores, el resultado de las negociaciones de una fusión para los accionistas, un aprobado general en Geología o Mecánica para los alumnos de estas disciplinas, etc.  

Gran parte de la información que recibimos es irrelevante para organizar mejor nuestras vidas, pero se ha convertido en necesaria para alimentar nuestra curiosidad. Nos interesa conocer lo que ha sucedido, aunque haya tenido lugar a miles de kilómetros, y no nos afecte. Nos interesa, incluso, y ello dice a favor de nuestra sensibilidad, para jusgarlo y, puede ser, para emitir nuestra opinión o presionar sobre los agentes que lo han provocado.

Potencialmente, también nos interesa lo superfluo, el cotilleo, lo inútil, lo que nos entretiene o divierte. Para saciar ese deseo de lo intrascendente convertido en opiáceo, llegamos a interesarnos por el tránsito de un equipo de fúbol en el campeonato mundial, por los beneficiarios del testamento de Rocío Jurado, el vestido que llevaba Charlote Rampling en una gala, el peso actual de la infanta Leonor, o la evolución sentimental de una compañera de colegio. No seríamos capaces, desde la serenidad, de explicar la utilidad de esa información en relación con nuestra felicidad o nuestra satisfacción intelectual o moral. Pero la buscamos.

En el suministro de información irrelevante se desarrolla una buena parte de la actividad mediática. La historia nos demuestra de continuo que la curiosidad puede ser alimentada,  creándonos una cadena de necesidad de satisfacción de informaciones irrelevantes. La prensa del corazón vive de proporcionarnos información inútil para nuestros intereses, que se ha convertido en necesaria para alimentar nuestra curiosidad. 

Me parece, por ello, muy importante que se nos ayude a la generación de una educación de la necesidad de información relevante, ya desde niños. Que se nos eduque para saber seleccionar los contenidos que serán importantes para desarrollar nuestra actividad, para hacer más real nuestra satisfacción, para robustecer nuestra necesidad de comunicación con el entorno, ser útiles a los demás y reclamarles la ayuda precisa para hacer mejor nuestra tarea. 

Generalmente se nos oculta esa información. Los grupos de actividad y poder pueden moverse con desparpajo entre montones de información relevante para otros, pero que no comunican ni hacen transparente. En buena parte, están en su derecho, porque alguna de esa información forma parte de su legítimo fondo de comercio. En otra medida, nos utilizan, usan de nuestra ignorancia en su beneficio. 

No dejaremos nunca de asombrarnos por las toneladas de información que se vierten para mover nuestra curiosidad hacia lugares ineficaces, improductivos, que ocupan nuestro tiempo y nuestra capacidad. A la información que se nos oculta, se añade el lastre de la que nos resta tiempo para incorporar otra que, de haberla conocido, hubiera sido sustancial para tomar mejores decisiones en nuestro pequeño mundo de actividad, clave para nuestra existencia. 

Debemos estaragradecidos a quienes nos ayuden a seleccionar e interpretar, de manera honesta y leal,  y teniendo en cuenta nuestros posibles intereses, la información que tenga mayores probabilidades sernos relevante. Por eso debemos tener localizados a quienes nos ayudarán a seleccionar entre el exceso de información diaria, vertida desde el pedestal de la gloria efímera a la hoguera de las vanidades, separando las noticias creadas e interpretadas con la sola intención de confundirnos. Necesitamos lazarillos que nos señalen direcciones seguras por donde movernos, al abrigo de intereses y razones que no serán nunca las nuestras, y sí actúan de motor en beneficio exclusivo de esos otros.    

Al socaire: Entre Calderones, juegos y propósitos

 

No me resisto a comentar que dos candidatos a la presidencia de organizaciones muy dispares, que se apellidan de idéntica manera, aparecen como electos cuando escribo estas líneas. Podía decir, como en las clásicas presentaciones de veladas pugilísticas, que uno se encuentra a la derecha y otro a la izquierda. Pero sospecho que ambos se encuentran un tanto a mi derecha, lo cual, claro está, no es más que anécdota sin valor de cambio alguno. 

 

Enhorabuena a Ramón Calderón, abogado ya camino de los sesenta, que, a falta de que se dilucide la pertinencia o no de la anulación de votos por correo, se ha autoproclamado vencedor. El proceso electoral del que emerge se ha convertido en un delicado asunto jurídico desde queotro candidato, Villar Mir, ha conseguido meter el pié con sutil toque en la cancha de las judicaturas de este país tan judicializado. Si se confirma lo que desean él y 8.000 socios, será Presidente de uno de los negocios del tiempo libre más lucrativos del planeta, el Real Madrid. Pero solo 240  votos presenciales le separan del segundo clasificado, Juan Palacios y como expresa el catedrático de derecho civil López-Vilas, (valga el argumento de autoridad para lo obvio) como el auto de la juez ha suspendido cautelarmente el voto por correo, hasta que no se resuelva este asunto, no será posible decidir quién ha ganado.

 

Enhorabuena y también con mucho tiento a Felipe Calderón, candidato del PAN,  abogado en la cuarentena, que defiende el liberalismo económico para uno de los países con los vecinos más desequilibrados económicamente de la tierra, México. 300.000 votos (un 1% de los votantes) le separan del otro candidato, López Obrador. Aunque el Instituto Federal Electoral se ha declarado incapaz para decidir un triunfador hasta hacer un completo recuento de los votos, lo que no se terminará hasta el miércoles, el Calderón mexicano se ha autoproclamado vencedor, aunque en este caso su antónimo ideológico ha tomado el mismo rumbo de decir urbi et orbe que las elecciones fueron suyas.

 

La victoria de ambos, si finalmente se confirma, se parecerá, en cualquier caso, a la mayor parte de los éxitos que se producen en tiempos de democracia y crisis, siempre que haya varios candidatos que peleen por ganar con parecidos argumentos y credibilidad, ante votantes que en lugar de persuadidos están más bien cansados y, faltos de iluminación escatológica, no alcanzan a ver meridianamente claro quién les llevará mejor hacia delante, que es el sitio en donde todos desearíamos que pusieran nuestro futuro.

Un resultado que, dilucídelo quien quiera, con la autoridad que se le quiera conceder, no será en absoluto perfectamente claro, no alcanzará jamás a ser victoria abrumadora. Será exigüa, incómoda. Satisfactoria para el que venza y seguidores, sí, pero feúcha.

 

De hacerla aún más incómoda se encargará, habrá que darlo por seguro, el candidato derrotado por tan corta diferencia, que reclamará haber sido despojado de su victoria, al habérsele anulado injustamente los pocos votos que le hubieran llevado a ese triunfo mínimo del que disfruta el otro. Tal vez pasen meses en que las fuerzas se empleen en demostrar frente a los otros que se ganó, por los pelos, sí, pero por un poco suficiente. Muchas energías perdidas en sacar los palos de los ejes.

 

En mi opinión, para los Presidentes  que ganen como para los candidatos que pierdan, tanto si se trata de un país (en el que no sobra nadie en la urgencia de más riqueza y distribuirla bastante mejor), como de una sociedad deportiva (de cuyo buen espectáculo disfrutaremos todos), no cabrían dudas de cual ha de ser el objetivo. Se trata de conseguir, vencedores y vencidos, que los que no les han votado, al paso de poco tiempo, hayan olvidado de quién era su candidato, y aplaudan lo que haga el Presidente de todos con el mismo talante enfervecido de sus seguidores de hoy, que, por cierto, no estará de más desear que no se pierdan.

  

Al pairo: La fusión de Arcelor y Mittal

Se trata de una noticia importante, sin duda, y que afectará de manera significativa al mercado siderúrgico español, y muy especialmente a las instalaciones que la antigua Ensidesa posee en Avilés y Veriña, muy centradas en productos de poca transformación, y que forman parte del mix de producción sustancial de estas fábricas.

Son muchas las reflexiones que surgen al hilo de los comentarios -de cuya incomprensible naturaleza errática alguien de la cúpula de Arcelor debería dar alguna explicación más allá de la simpleza de afirmar ahora que "es bueno para la empresa" lo que hasta unas horas antes del acuerdo había venido fundamentando una dura campaña mediática contra la "posición hostil" de Mittal.

Para quienes hemos tratado de vender, durante los años en que España aún no pertenecía a la Comunidad Europea,  en el rígido mercado comunitario,  los perfiles, la chapa gruesa y las vigas de ala ancha de Ensidesa, sometidas entonces a un desmesurado control de cuotas y precios, es inevitable sentir la nostalgia de aquella idea de empresa que hoy ha perdido su identidad, para regirse por otras coordenadas, determinadas muy lejos de los intereses nacionales y, por lo que se va conociendo, poco transparentes.

Estamos, sí, en un mundo global, en el que la facilidad de acceso a los mercados ha aumentado, y la competitividad tiene cada vez menos trabas. Pero las grandes fusiones empresariales, que, en el fondo, persiguen la reconstrucciónde monopolios que restrinjan la competencia, no hacen sino poner continuamente sobre el tapete la cuestión de lo que se pretende queriendo ser el más grande: reducir la aplicación de las reglas del mercado libre, controlar a su antojo las producciones y los precios, conseguir el máximo poder para obtener la capacidad de decisión total en la obtención del mayor beneficio posible. Lejos los tiempos de la autarquía, pero también la defensa del mantenimiento de los puestos de trabajo locales. La economía será global, sí; las necesidades de empleo y actividad económica tienen una componente local insoslayable.

En este contexto, parece ingenua la posición apurada de la Comisión Europea para proclamar que no se prevé que el mercado interior del acero en la Unión se vea afectado decisivamente. Somos todavía muchos los que pensamos que la producción de acero al carbono y de sus transformados es estratégica para el producto interior bruto español (y, obviamente, del asturiano). No nos gustaría conocer en poco tiempo que se anunciarán nuevas reducciones de empleo y actividad en la ya muy castigada economía regional.

Al pairo. A vueltas con el principio de Dilbert

 Me gustaría creer que el mercado de méritos selecciona a los más capaces para ocupar los puestos de  relevancia en la sociedad occidental.  Pero la observación del panorama empresarial permite hacerse una idea distinta acerca de cómo funcionan los mecanismos de las organizaciones  para seleccionar a quienes llegarán al poder y se mantendrán en el.

Aunque resulta atractivo como idea rompedora, el principio de Dilbert presenta serias fisuras. No es un principio, desde luego, en sentido matemático; puesto que Scott Adams se esforzó en demostrar su vigencia con numerosos casos prácticos, (contradiciendo así la esencia de lo que debemos entender por principio). Pero, analizando sus ejemplos, casi todos cuentan con ese tufillo inevitable de lo que parece inventado para hacer sonreir. Y las empresas son cosa seria, porque no hay otro medio mejor de distribuir el salario y la riqueza en nuestro mundo civilizado.

En segundo lugar, aunque podría ser que algunos sistemas empresariales prefiriesen promocionar a sus directivos incapaces a lo más alto, -porque, siguiendo a Adams, es allí donde harán menos daño a la organización-, una decisión de este tipo solo cobraría verdadero sentido en el caso de una empresa familiar. En ella podría ser necesario incorporar a la nómina al hijo o a la sobrina del  dueño de la mayoría de las acciones, si el propietario se empeña en que su protegido debe conocer por dentro la firma causante de su alto estánding. Todo el mundo estará de acuerdo en que será mejor que el pariente poco dotado por la naturaleza se siente en el Consejo de Administración, que no dejarle que destroce la contabilidad analítica como jefe de sección en el departamento financiero.
 

Tampoco el viejo principio de Peter, por el que las organizaciones permitirían el ascenso de sus directivos hasta situarlos en su nivel de incompetencia, parece tener validez, al margen también de provocar unas risas. Para que su empresa esté salvaguardada de los riesgos del mercado, no será necesario creer que los consejeros concentren su costoso tiempo en la organización de la limpieza de sus despachos y no en definir la estrategia corportiva internacional. Este efecto lo consiguen, simplemente, dejando que la inercia rija la actuación del día día de las empresas y confiando en que los jefes intermedios hagan bien su trabajo, proque ellos sí suelen ser elegidos por su competencia.   

La selección de los directivos de alto nivel en las empresas, en mi opinión, se adopta con base en un principio muy diferente. Esteprincipio básico es la “fidelidad al sistema.” Si los candidatos al ascenso no demuestran esa fidelidad, de la que sufrirán pruebas en diferentes etapas sucesivas de su carrera, los capaces serán marginados dando ventaja a los más fieles, aunque sean más torpes. Llamo aquí, como es habitual, sistema, al poder ya consolidado.

No hay, desde luego, ningun interés por parte del sistema en incorporar a nuevos directivos. Pero, cuando es estrictamente necesario,  el sistema hará la prueba de la fidelidad a sus candidatos, en una verdadera prueba de sangre de la capacitación empresarial.
 La cualificación, la competencia, serán tenidas como un hándicap, o como un elemento sospechoso; la antigüedad será un valor, solo comparable al desconocimiento absoluto del personaje, eso sí, siempre que venga recomendado por alguien de confianza.

Lo que al sistema ya no le importará es que, una vez que el neófito toma asiento en el clan de consejeros, se comporte de la misma manera que las abejas reina una vez que eclosionan de sus crisálidas. Estos animales gregarios, como es sabido, matan sin piedad a las demás competidoras, que hayan sido alimentadas también con jalea real por las obreras. En el mundo empresarial, la forma habitual de dejar fuera de juego al candidato rechazado es utilizar una combinación de maledicencia y sarcasmo, ridiculizando o despreciando en los momentos oportunos al candidato más inteligente, pero cuyo superior sentido ético -su capacidad crítica con el sistema- le habrá hecho más débil. 

Esa fidelidad al sistema es una ley de rango muy superior a las del mercado.  Protegiendo sus sancta santorum, los grupos empresariales mantienen así bajo control sus bienes más preciados, esos que no cotizan en los mercados de valores. Que los secretos a salvaguardar de las empresas tengan que ver posiblemente con la ética, la legalidad y su posible vulneración es, sin duda, una de las lacras más duras de asimilar de nuestro mundo occidental. 

No es algo que pueda enseñarse en las escuelas de economía, pero los ambiciosos deberían conocerlo.
 

Al socaire: Un esfuerzo por sacar de la mierda a los basuritas colombianos

Al socaire: Un esfuerzo por sacar de la mierda a los basuritas colombianos

Los que trabajamos en proyectos con países en desarrollo, sabemos que hay gentes que viven en la basura. Allí donde van los desperdicios de todos, hay siempre un poblado de chabolistas, y se encuentran niños semidesnudos, corriendo o jugando con los juguetes más sucios que uno haya visto jamás, y hay  también perros flacos y huidizos, y muchas moscas, y centenares de pajarracos sobrevolando, tal vez buitres, cuervos o grajos.

Al llegar las viejas camionetas con su carga pestilente al vertedero, antes mismo de que el conductor accione la  palanca de vuelco, algunas sombras con garfios saltan sobre las negras bolsas abiertas que transporta el vehículo. Otros escarban separando pacientemente plásticos, latas, papeles y cartones. Los llaman pepenadores, basuras, basuritas, pero pocos los conocen, y aunque sabe de su existencia, la mayoría no se preocupa por distinguirlos de los desperdicios entre los que se mueven. Me he cuidado en escribir que no viven de la basura, sino en ella. No pertenecen a ninguna empresa. Son -diríamos en la jerga oficial inadecuada- "autónomos".

La incorporación de camiones compactadores a la recogida de los residuos urbanos y el sellado de los botaderos para sustuirlos por vertederos controlados, condena a esas familias a una vida aún más desesperada. No tienen ninguna formación, no pueden pretender la acogida en una sociedad que los ignora.

Un grupo de amigos muy especiales, de esos que además de tener sensibilidad hacia los que sufren, no quieren volver la cabeza hacia otro lado, han creado una Asociación para ayudar a esos marginados. Nos lo explicaron al atardecer, en Madrid, en un paisaje sobrio realzado por un cielo tormentoso, en una merienda aderezada con música de violitrombón y acordeón y cantos a capela. El proyecto tiene casi dos años de vida, y su objetivo es ofrecer un destino a los niños sacados del reciclaje de Colombia.

Cuando volvía a casa, ya de noche, conduciendo sobre el asfalto mojado por la lluvia, rememoré que, en el cortometraje que nos proyectaron sobre un lienzo improvisado, en pleno campo, una mujer colombiana llamada Juana, mulata, de gesto algo triste, encendió las luces de la ilusión para decirnos que, gracias a la Asociación sus nietos, aunque les seguían llamando basuritas, iban a la escuela. Estaban siendo redimidos.

Hay que ayudar a esta gente, apoyando el esfuerzo de Paco Carmona y Monique, y Ricardo, y ese conjunto de locos desprendidos que están delante de la Asociación Medio Ambiente. Me han autorizado a dar aquí su teléfono: 914292094 y yo incluyo el número de la cuenta corriente de esa ONG. 0182-4003-12-0201549675. No han cumplido dos años y no tienen aún acceso a las subvenciones oficiales, pero los niños y la necesidad no pueden esperar. (CIF: G84736347).