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El blog de Angel Arias

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Al socaire: Más sobre el Estatuto Básico del Empleado Público (Proyecto de Ley)

Hace un par de días, realizaba algunos comentarios generales sobre el Proyecto de Ley del Estatuto Básico del Empleado Público. Quisiera hoy resaltar las modificaciones más importantes definidas en el mismo, aprovechando también para completar mi visión personal sobre el mismo.

El Estatuto dice tener en cuenta la descentralización administrativa española, en la que la mitad de los empleados públicos trabajan en las autonomías. La Administración central, que tiene incluso menos empleados que la local, ha consolidado así su carácter residual.  Para la coordinación de ese complicado aparato administrativo, la Ley opta por la Conferencia sectorial de la administración pública y crea la Comisión de Coordinación del Empleo Público, dependiente de ella (art.s 99 y 100) suprimiendo el Consejo Superior de la Función Pública, al que califica de escasamente operativo.

Ligeramente confuso aparece el capítulo en el que se definen las clases de empleados públicos, divididos en funcionarios de carrera e interinos, personal laboral y eventual, (Título II), al contener un subtítulo I dedicado al personal directivo (art. 13), cuyo régimen jurídico se dice que "se podrá establecer por leyes de Función Pública que se diceten en desarrollo de este Estatuto". 

Esta nueva figura del "personal directivo" que "está llamada a constituir un factor decisivo de modernización administrativa", es la única que aparece claramente sometida a criterios de eficacia y eficiencia, responsabilidad y control en función de los objetivos. Puesto que los objetivos quedarían fijados por los escalones superiores de la Administración pública, que son los estamentos políticos, resultar ser ésta una categoría vulnerable a las veleidades partidistas. El procedimiento de selección de este personal directivo, que podrá ejercer potestades públicas, reservadas en el art. anterior de la propia Ley "exclusivamente a los funcionarios públicos", será realizado atendiendo a "criterios de mérito y capacidad" y a "principios de idoneidad", en un procedimiento con publicidad (ar. 13,2).

La "evaluación del desempeño" (art. 20) se quiere ligar en el estatuto a la carrera profesional. La Ley es muy prudente a la hora de introducir este elemento, cuyo establecimiento difiere en términos de futuro, indicando que "se adecuarán, en todo caso, a criterios de transparencia, objetividad, imparcialidad y no discriminación", pero también que "se aplicarán sin menoscabo de los derechos de los empleados públicos". Abre así, en mi opinión, un amplio frente de conflictos: el párrafo 4 de ese mismo artículo, por ejemplo, vincula "la continuidad en un puesto de trabajo obtenido por concurso" a la evaluación del desempeño.

 

 

A sotavento: Comentarios al Proyecto de Ley del Estatuto Básico del Empleado Público

El pasado 8 de septiembre, La Mesa de la Cámara del Congreso de Diputados español encomendó a la Comisión de Administraciones públicas aprobar el Estatuto Básico del Empleado Público que, como proyecto de Ley, se somete ahora a un período de enmiendas que terminará el 26 de septiembre de 2006. El texto completo puede encontrarse en el Núm. 94-1 del BO de las Cortes Generales de ese día, págs. 1 a 37.

El Estatuto viene a llenar el hueco legislativo abierto desde la Constitución del 78, cuyo art. 103.3. establecía que "la ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos". La Ley de Funcionarios Civiles del Estado, de 1964 y la Ley de Bases 109/63, aunque modificadas parcialmente por diversas reformas legales (entre ellas la Ley 30/1984 de Medidas para la Reforma de la Función Pública), permanecía como el referente final, dentro de un maremagnum legislativo al que estamos acostumbrados en este país, tanto por el afán legiferante y regulador, como por la multiplicidad de autoridades competentes y la dificultad de consensuar entre partidos. En 1999, como es sabido, el PP intentó tramitar un Proyecto de Ley con el mismo fin, y el propósito reventó por varios costados.

He leído el documento, consciente del gran interés e influencia que poseerá para un colectivo numeroso de trabajadores. Pero también, preocupado por ver si respondía al deseo de muchos ciudadanos de contar realmente con una Administración pública motivada, diligente, moderna y que, aunque provista de la imprescindible autoridad para el correcto ejercicio de sus funciones relativas con el control general, no apareciese refugiada en sus privilegios, algunos tan injustificados como antiestéticos.

Quise por ello, buscar en el documento las líneas de conexión entre la sociedad civil y el funcionariado, como elementos que se alimentan recíprocamente, aunque no se pueda dejar de tener presente que es la sociedad plural y democrática la que decide, en última instancia, lo que quiere hacer y cómo desea que se controle, cuando delega el control, la eficacia de sus mandatos.

En este primer comunicado, me voy a referir a dos aspectos que no encuentro suficientemente tratados en el Estatuto, y que considero fundamentales: la posibilidad de incorporar profesionales provenientes de la experiencia privada a la función pública, y la deontología de los funcionarios.

El proceso de selección de funcionarios que, en todas sus formas -ya sean Administraciones centrales o locales, Universidades u Hospitales-, se ha consolidado en la sociedad española, por democrática que la adjetivemos, con una buena dosis de nepotismo, endogamia, proselitismo, favoreciendo una valoración curricular muy específica, destinada a favorecer la incorporación de candidatos formados en los grupos de poder internos. Eso es así, y no puede ser rebatido más que con la presentación de concretas estadísticas de los currícula, genealogía, ideolgía e interrelaciones entre funcionarios. Como no las hay, yo me guío por mi apreciación personal y mi conocimiento, sin duda sesgado pero afirmo que desapasionado, de la situación.

Me parece que un Estatuto de la Función Pública moderna debiera reconocer la experiencia profesional de los candidatos, tratando de sustituir las pruebas concursales por las de valoración de méritos. En primer lugar, no puedo entender que si la reforma universitaria ha servido para generar una proliferación de títulos y especialidades, no se haya aprovechado la oportunidad para reconocer créditos curriculares de acuerdo con las disciplinas seguidas en las diferentes carreras, ya sean de máster o de grado.

No se puede admitir que la propia Administración pública no quiera reconocer el valor de la formación universitaria, obligando a los aspirantes a funcionarios a estudiar un par de centenares de temas, antes de encomendarles cometidos específicos que, en general, poco o nada tendrán que ver con esos programas.

¿No sería mejor, en fin, apoyar la creación de una Escuela Superior de la Función Pública, obligando a todos los que quieran ser funcionarios de carrera a pasar por ella? ¿No se podría reconocer, de acuerdo con la formación universitaria previa de los aspirantes, distintos créditos? ¿Da lo mismo estar licenciado en Derecho o en Economía que en Geología o Historia del Arte?. O, en otro orden de cosas, pero en la misma dirección, ¿Por qué se siguen planteando sistemáticos problemas de competencia entre las ingenierías -pongo por caso- a la hora de cubrir las vacantes públicas? ¿Ha de seguir utilizándose la valoración de la formación universitaria, tan obsoleta, como único baremo de calidad?

Me parece interesante, además, que los funcionarios puedan pasar a la empresa privada para conseguir mas experiencia, sin necesidad de perder su condición,  y, por supuesto, que la experiencia conseguida en la empresa privada sea tenida por mérito. Igualmente, es importante profundizar en la posibilidad de que los funcionarios puedan cumplir misiones en otras Administraciones por necesidades generales, definidas a través de acuerdo entre las mismas, estableciendo escalas de méritos por esas misiones especiales.

Es igualmente imprescindible el nombramiento de una Comisión de Control de la Deontología, con objetivos y formas de actuación claras, y que tenga la capacidad para emitir informes de compatibilidad, vinculantes y eximentes de responsabilidad para el funcionario que haya seguido sus dictados. La fijación de un período suficientemente largo (al menos, de cinco años) para aquellas personas que hayan tenido responsabilidades públicas de alto nivel, debiera suponer una garantía de incompatibilidad entre las funciones de responsabilidad y control públicos y la actividad privada, de forma que la información conseguida por el alto funcionario en lo que debe redundar en beneficio de todos, no sea utilizado de forma particular.

Pero también comprendo la posibilidad de mantener por un período limitado la compatibilidad entre la actividad pública y la dedicación del funcionario a la creación o apoyo a una empresa en un sector que nada tenga que ver con su responsabilidad pública, siemrpe que disponga de la correspondiente autorización para una dedicación parcial a esa actividad particular.

Me hubiera gustado, en fin, ver en el Estatuto Básico del Empleado Público un deseo de mayor participación de los agentes sociales en la definición de sus actividades, en su control, selección y promoción. Lo que no me impide reconocer que se ha hecho un gran esfuerzo -con los habituales vicios de técnica legislativa de dedicar demasiado espacio a las razones y fundamentos, algunos de los cuales no se reflejan en el articulado, de repetir innecesariamente principios generales o normas en el articulado, sin remitirse a las leyes originales y, en fin, dejar abierta, con fórmulas "en blanco", la interpretación de algunas cuestiones (entre otras, la definición de daño grave, la valoración de las faltas leves, etc).

Volveré con más detalle sobre el Proyecto de Ley en los próximos días.

Al pairo: Campeona de salsa

Que en nuestra Feria de Vanidades el dinero se reparte y concentra con criterios bastante diferentes de los de la capacidad y el trabajo, no admite mucha discusión. En cómo ganarlo, consumimos la mayor parte de nuestro tiempo, porque nuestras necesidades superan siempre a los ingresos. Para algunos desgraciados, sin embargo, el problema es cómo gastarlo.

Nos podemos imaginar la situación, y, para entrar en sinrazón, interpretarla como embarazosa y cruel. Independientemente de cuanto se haga, no importa cuanto se idee para consumir algo de esa fortuna que el destino puso en nuestras manos, nuestras cuentas corrientes crecen sin parar. Acumulamos réditos, revalorizaciones, rentas, vales, intereses...las ampliaciones de capital gratuitas nos aturden...los regalos de promoción de las entidades de Crédito se amontonan sin abrir... Sencillamente insoportable.
 

Ese problema parecía tenerlo Monica Wong, 61 años, viuda, hija de un magnate de Hong Kong que se había forrado en la construcción naval. Había pasado algunos años de insulsa viudedad, haciendo obras de caridad a desconocidos e intercambiando recetas de cocer arroz que nunca pondría en práctica, cuando comprendió que debería dar un mensaje al mundo. Después de pasar revista a distintas posibilidades, decidió que lo que mejor correspondía a sus cualidades, era llegar a bailar perfectamente salsa.

Para ello, contrató a la mejor pareja mundial de profesores, y les ofreció un bonus de 6 millones euros por su exclusividad, mantenida durante 8 años. Trabajarían solo para ella; en contrapartida, ella sería alumna únicamente de la pareja. Garnor Fairweather, ex campeón mundial de danza latina  y su esposa Mirko Sakani aceptaron el reto. La señorita Wong fue una alumna aplicada y, sin duda, poseía, a pesar de su edad, capacidades para el baile.

Tomó parte en competiciones internacionales (matizo, de mi cosecha, que destinadas a seniors)  y ganó el deslumbrante título de “Chica Guay de Oro”(Top Gold Lady)  en los Angeles,  en 2003, en el concurso Baile Esmeralda.
 No consta con quién hacía pareja la millonaria, o si se presentaban los tres a los concursos abriendo así nuevas opciones al ritmo trepidante. Miro la foto de Monica Wong y la encuentro igual a tantas otras orientales: bella con edad plastificada en un intrigante aspecto juvenil, ojos pequeños y algo tristes, sonrisa de sumisa disposición, seductora apariencia sugiriendo placeres consentidos. No tengo la instantánea de Mirko Sakani, pero apostaría que ambas deidades son intercambiables.

En cualquier caso, la relación del trío era óptima, acumulando clases y éxito. Sus vidas proseguían, dedicados en cuerpo y alma a llevar a Monica Wong a la perfección en ese baile sublime que a otros mortales nos seduce igualmente, aunque no a tales cotas.

Hasta que un día, cuando la clase se desarrollaba en un restaurante –no se aclara la modalidad de salsa que estaban practicando en el lugar, aunque pudiera tratarse de la difícil salsa bearnesa, siempre proclive a cortarse...¿o sería quizá la salsa rubia, que tantas variedades tiene?- el Sr. Sakani- Fairweather la llamó “vaca burra perezosa” y le exigió que “moviera el culo”.
 

Esta humillación insoportable en lugar público movió a la alumna, doctamente asesorada, a llevar a sus profesores a los tribunales, por insultos y a rescindir inmediatamente el contrato, alegando que había perdido la confianza en sus mentores y que la vejación sufrida le imposibilitaba en adelante para recobrar el talante necesario para seguir buscando la perfección salsera.

Los maestros del baile alegaron, por su parte,  que no había tal intención, sino que pretendían estimular a la madura danzante, porque la notaban algo remolona. Y, para animar el cotarro, pusieron una contrademanda, exigiendo el pago de los 3 millones de dólares que restaban. El asunto está pendiente de decisión judicial, pero yo ya tengo el veredicto: Si el diablo cuando no tiene nada que hacer con el rabo espanta las moscas, las tai tai lo aprovechan bailando salsa sobre la tumba de sus difuntos.
 

Tai tai : 1.  A term used in Chinese circles for  supreme wife (implying situation where a man is  wealthy enough to have several "wives')  but no longer strictly interpreted.  Term now applies to citizens of the world with an Asian viewpoint  who have bounds of time and money.   A Tai Tai is a privileged lady of means.  
2.   Supreme of the Supreme is its literal translation. 
The term  implies respect.  To qualify as a Tai Tai, one has to have lots of leisure time, lots of money to spend and lots of gossip to exchange. 

(más en: http://www.geocities.com/hellotaitai/ )

Al socaire: Las modelos de pasarela y la teoría del valor

Al socaire: Las modelos de pasarela y la  teoría del valor

En un programa de una cadena de televisión española que no sigo habitualmente (porque, en verdad, no sigo programa alguno), pero de cuyas peculiaridades fui informado inmediatamente para ponerme al tanto, varias candidatas a modelos de pasarela se dejaban cortar, peinar y maquillar por expertos. La gracia consistía en que las chicas soportaban la operación con los ojos cerrados, y solo cuando la transformación estaba ultimada, se les descubría el antifaz para que valoraran su nueva imagen.

Aunque, en general, las jóvenes no se mostraron muy contentas con el cambio, las cámaras se cebaron especialmente con una de las aspirantes a top-model, a la que habían cortado el pelo "a lo garçon" y que, cuando se vió en el espejo, rompió a llorar desconsolada. Entre sollozos, argumentaba que no podía entender porqué le habían hecho eso a ella, que tenía un pelo tan bonito, que se veía mucho más fea. y que no le gustaba nada, pero nada, la imagen que le habían prefabricado los expertos.

Mientras trataba de imaginarme el tipo de consentimiento que habían firmado las jóvenes para dejarse manipular, y elucubraba mentalmente acerca de la naturaleza del impulso que les habría llevado a poner su cabeza en manos de desconocidos, oí con asombro creciente cómo ex-modelos y otro personal experimentado en esas lides, argumentaban que las chicas deberían entender que se trataba de obtener rostros singulares con sus materias primas y que, ya que iban a dedicarse al mundo de la moda, tendrían que acostumbrarse a ser vehículo y no conductoras. No lo decían exactamente así, pero así lo entendí yo y de esa forma puede expresarse lo que exteriorizaban.

Dejé mi inmersión en el programa (en el momento en que las jóvenes deambulaban medio desnudas realizando pruebas que probaban no se qué otra faceta de su capacidad de sufrimiento), y comprendí que, al ritmo en que nuestra sociedad está cada vez más idiotizada, algunos van perdiendo grados de respeto a la persona. Nunca entendí las razones del éxito económico de las variaciones hasta el agotamiento que el mundo de la moda realiza con los pocos elementos que utilizamos para  vestirnos, y que conducen, a la postre, a la llamada moda de los años 20. No sé porqué a algunas modelos se les ha de pagar millones por fotografías en las que aparecen deslumbrantes, con sus rostros angulosos, sus cuerpos efébicos demasiado delgados y harto andróginos, todas prácticamente idénticas para este profano al que le gustan -es natural, pienso yo- otros cánones de belleza femenina que a los homos que, mayoritariamente, controlan el cotarro.

Ahora entiendo menos. Se trata de seleccionar a jóvenes que, cuando no estén arregladas para la exhibición, cuando nos cruzamos con ellas por la calle en nada se diferencian de las otras. Se busca materia prima básica para que los expertos puedan perfilar con ella sus ideas paradivinas de lo perfecto. A despecho de lo que opinen los seres humanos que se hayan sometido a sus manos, buscando hacer carrera.

Hay un peligro. Sospechábamos que los que controlan el mundo de la moda, determinan como un clan, lo que está bien y mal, deciden lo que es chic moviendo una industria con ingentes medios y poderes de presión, no tenían escrúpulos para absorber la personalidad de los modelos, jugueteando con la imagen que les hacían proyectar al exterior. Ahora sabemos que si se atreven a cortan el pelo al cero y a ciegas a las chicas que se someten a sus manos en la búsqueda de un empleo, es solo para probar su capacidad de ser impersonales, dóciles, anónimas. 

Me ha asustado imaginar que estos seres privilegiados que deciden por los demás, no estén solo en el mundo del fashion, se estén colando por todas partes. Sin que nos demos cuenta, porque, de momento, solo nos están rasurando el terreno de las ideas, para implantarnos tranquilamente luego sus criterios, en una nueva y peligrosísima teoría del valor.

 

(El dibujo que ilustra este Comentario se titula: "Viajeros devorando oportunidades"; tiene tamaño DIN A5, está dibujado a lápiz y acuarela y lo realicé en octubre de 1998)

Al socaire: López Obrador, el mal empecinado

Solamente desde mi cariño hacia México, un país cuya estabilidad política juzgo imprescindible en el delicado contexto de las relaciones internacionales, quiero volver en este cuaderno sobre los resultados de las elecciones por la presidencia de México.

El anuncio de Andrés Manuel López Obrador, candidato del Partido por la revolución Democrática (PRD), perdedor por una exigüa diferencia, ratificada ahora por la instancia del Tribunal Electoral mexicano, de no acatar el veredicto que rechaza su impugnación y declara válidas las elecciones presidenciales del pasado 2 de julio, es una grave decisión personal que proporciona un golpe bajo al sistema democrático mexicano y anuncia una crisis política que pasará una tremenda factura al país, en un momento en el que México debiera dar en el contexto de los países latinoamericanos ejemplo de madurez y tranquilidad.

El Tribunal Electoral ha puesto de manifiesto que durante el proceso electoral se cometieron algunas irregularidades, pero que no se consideran de total relevancia como para cuestionar el resultado. En su Informe, afirma que las graves denuncias presentadas por la coalición Por el Bien de Todos no pudieron ser comprobadas por el tribunal o no perjudicaron más al PRD que al PAN. En particular, la injerencia del presidente Vicente Fox, descalificando al candidato del PRD durante la campaña, se entiende como la mayor irregularidad detectada, pero no se juzga absolutamente determinante para invalidar la elección.

Quiere esto decir, que Felipe Calderón ganó las elecciones a la Presidencia de México, y es desde ese momento presidente electo, legitimado para gobernar el país hasta 2012, y que ha de hacerlo por el bien de todos los mexicanos. Resistirse a no reconocerlo así, autoproclamándose presidente en un plebiscito popular anticonstitucional, una Convención Nacional Democrática, como pretende hacer AMLO el 15 y 16 de septiembre, es convertirse en un revolucionario.

México no está para revoluciones. Señalar la división del país en dos Méxicos, concentrando la animadversión entre las regiones más pobres y las más ricas, no es trabajar "por el bien de todos", sino por la guerra civil. Para sacar adelante a la Federación de las desigualdades y superar la marginación de algunas zonas, hay que trabajar desde la unidad de México y dejar actuar al Presidente elegido por las urnas como presidente de todos los mexicanos.

Una fórmula que me vale tanto para Bolivia, para Venezuela, para Colombia, como para cualquier otro país latinoamericano que, con las imperfecciones propias de quienes reúnen en su seno las consecuencias de siglos de explotación interior, de primacía de los intereses caciquiles sobre los populares, de ignorancia, analfabetismo, incapacidad y pésima utilización de los recursos, se encuentran ahora ante la perspectiva de un horizonte mucho mejor.

Una perspectiva en la que los que antes se sintieron explotados pueden hacerse democráticamente con el poder, no con ánimos de revancha, sino presentando un programa mejor. Sin romper la baraja. Porque eso sería empecinarse en la posición revolucionaria antidemocrática que siempre ha conducido a la guerra civil o al levantamiento militar, y ha traído como consecuencia real, profundizar en la marginación y en la pobreza.

Me ratifico, por lo demás, que, en las situaciones de países en desarrollo, y pongo la experiencia de España como ejemplo, la izquierda tiene que ganar por amplia mayoría. Disputar el poder con uñas y dientes, en la idea de propiciar el cambio sustancial en los sistemas sociales y económicos de un país, con una mínima mayoría conseguida arañando un puñado de votos, es demostrar una grave ignorancia de cómo se avanza, de verdad, en democracia. Los grandes cambios hacia la igualdad se consiguen, sí, por la presión de los menos favorecidos, pero tienen que ser asumidos por las posiciones liberales de la derecha. Mi sugerencia modesta sería que López Obrador y sus cabezas de fila estudien más Historia.

 

 

Al pairo: ¡Cuánto cuesta nacer y morir!

En las tertulias que desde hace varios años venimos sosteniendo en el restaurante AlNorte, hay un tema que no me he atrevido a proponer, aunque lo hemos rondado un par de veces: La muerte. En nuestra sociedad, está muy claro que hay algunos temás tabú, y que andamos sobre ellos de puntillas. Este, que es tan principal (innecesario recurrir al tópico de que la nuestra se alimenta de nosotros), ha sido arrumbado en nuestra cultura a un lugar marginal. Vivimos para el placer, y la enfermedad y la muerte nos molestan. Tenemos que estar sanos.

Hace unos días, mientras disfrutábamos en estupenda compañía de una carne a la brasa de vacuno serrano (y después de que el anfitrión nos explicara que hay que pedir el lomo alto al carnicero, a despecho de recortar bastante el género), reconocíamos varios de los habituales contertulios que el asunto había que abordarlo. Llegamos a la conclusión de que, para no asustar al personal, habría que darle otro nombre a la tertulia. ¿Final de la vida, tal vez? ¿Tránsito, Tanatos?.

Hay dos hechos que son consustanciales al ser: el nacimiento y la vida, y a ambos los estamos rodeando de misterio. Lo que significa, y ahí voy, que alguien los ha convertido en buen negocio. Porque donde hay misterio, hay tela.

Me surge este poco habitual pensamiento como consecuencia de un artículo de Rosa Montero, "El desastre de parir" (El Pais Semanal, 13 de agosto de 2006), que toma bríos de un libro escrito por Isabel Fernández del Castillo, "La revolución del nacimiento".  La idea que allí se expresa es que en España se ha convertido el hecho natural de parir, dirigido naturalmente por la hormona oxitocina, en todo un trauma para la parturienta y el nacido: potro obstétrico, epidural, ambiente quirúrgico con casi habitual episiotomía, epidural, gotero... Nadie pare en casa.

Nacer cuesta hoy mucho dinero, para beneficio de un floreciente negocio en el que la medicina recreativa con la que algunos facultativos hacen su agosto toma asiento, haciendo de lo natural un templo del misterio... No tengo ni qué decir que en muchas de esas clínicas de maternidad, previstas más como hotel que otra cosa, cuando surge la menor complicación hay que llamar a una ambulancia para que se lleve a la madre o al neonato, a ritmo de ululante sirena, al Hospital público más cercano, en donde disponen de otros medios.

El negocio empieza a organizarse mucho antes, en realidad. Surge ya incluso antes de la concepción de la criatura. Cualquiera con la mínima curiosidad puede advertir cómo proliferan las clínicas para fertilización in vitro. Los anuncios que pretenden estimular, sobre todo, a las donantes de óvulos no admiten desperdicio: se buscan jóvenes universitarias, de talante desprendido, que para ayudarse en sus estudios o permitirse algún capricho, donen algunos óvulos que, una vez fertilizados en probeta con semen del varón de la pareja deseosa de paternidad, traerán la alegría -si todo sale bien- a la casa de los estériles, quizá bajo la forma de trillizos.

También, si el estéril es él, las clínicas a las que me refiere proporcionan la cesión de semen juvenil, con buen pedigrí aunque obligadamente anónimo, para inseminar a la futura madre esperanzada. Aunque la Ley prohibe pagar por los servicios a los donantes, se ha inventado la fórmula de compensar "el daño y las molestias causadas", recompensando con 3.000 o 4.000 euros a las estudiantes (y algo menos a ellos, que el riesgo es menor en estos casos) 

No tengo qué decir que la técnica está más que probada desde la amplia experiencia veterinaria. Por eso, algunas clínicas de postín cuentan entre sus expertos a diplomados veterinarios, que saben mejor de qué va la cosa. Era yo un niño, y ya andábamos en Asturias mejorando la raza de las frisonas con semen de sementales norteamericanos de los que se conocía a los abuelos y por los que se garantizaba hijas con magnífica producción de leche.

Desde el reconocimiento más completo hacia la medicina que nos cura, hacia el buen médico, creo que habría que desmitificar de una vez esa escasa ciencia médica que hace negocio de lo natural. Ni partos rodeados de teatro, ni alimento comercial a una obsesión moderna por tener hijos como sea, incluso a destiempo o contrariando a natura. Pero, sobre todo, no hagamos negocio de lo que es, sin más, un proceso simple, con escasa o nula innovación, con poca técnica.

Vivir y morir merecen, en mi opinión, todo el respeto.

Al socaire: Los radicales y fanáticos también van a la Universidad

La noticia publicada por The Sunday Telegraph y difundida por toda la prensa internacional de que la conspiración para colocar varios explosivos en aviones que partirían de Heathrow había tenido por cuna de gestación las Universidades británicas pone un nuevo énfasis en el análisis de lo que hay detrás de las actuaciones terroristas de inspiración extremista islámica.

Uno de los arrestados es Waheed Zaman,un estudiante de bioquímica de 22 años, y presidente de la  Islamic Society en la London Metropolitan University. Grupos radicales islámicos habían sido detectados en los últimos 15 años en decenas de instituciones universitarias, incluídas las escuelas politécnicas. Es decir, el fundamentalismo ha crecido al abrigo de prestigiosas academias y ha gozado de su apoyo económico.
 

Una contribución anónima ha traído a este blog, en uno de los comentarios a uno de mis anteriores artículos, la interrogante acerca del tipo de misterioso explosivo líquido que hubiera podido ser introducido en los aviones, e, indirectamente, ha puesto la cuestión de cómo detectarlo. También se plantea el delicado asunto de los móviles que puede haber detrás de la intención de alimentar el miedo de la población ante el riesgo de un atentado masico.

Aunque no soy experto en explosivos, ni mucho menos, puedo contestar, utilizando mis conocimientos profesionales básicos, que, en efecto, es posible disponer combinados líquidos (o sólido-líquidos) que pueden tener un fatal efecto destructivo –muy en especial, dadas las circunstancias en que se encuentra un avión en vuelo-, y que resultarían indetectables por los procedimientos actualmente utilizados en los aeropuertos. 

El tema se convierte, en fin, para mí en otro. El problema a resolver es cómo controlar, para eliminarlo de raiz, la difusión del odio del hombre contra el hombre. Detectar las causas de los fanatismos que no surgen ni se propagan –como podría pretender un cándido análisis- en mentes de personas sin cultura o en gentes que no tienen nada que perder.  No, también se han afincado entre las aulas en donde mayor ejemplo de tolerancia cabría dar: en las Universidades, en los templos de difusión de lo que más apreciamos de nuestras culturas, en los sitios en donde deberíamos enseñar a tejer los mimbres más valiosos del futuro de la Humanidad.

Paralelamente, en España, en donde estamos viendo con horror que estamos perdiendo una parte sustancial de nuestros montes bajo el fuego, acabamos de descubriri que una buena parte de los incendios han sido provocados. Por eso quiero entrecruzar dos reflexiones aunque el fondo y los móviles sean distintos.

Es muy fácil quemar un monte. Cualquiera puede hacerlo, y, además, escudarse en el  anonimato, disfrutando malévolamente del vicioso placer de haber causado muchas pérdidas, incluso víctimas humanas. Es igualmente relativamente sencillo provocar una explosión en pleno vuelo de una aeronave. A cualquier ignorante de los principios de la química-física se le pueden proporcionar los elementos precisos para que los combine sin dificultad, y tampoco hace falta necesariamente que esté dispuesto a inmolarse junto a sus víctimas.
 

Desde el respeto absoluto a la vida, desde la convicción de que jamás puede justificarse la muerte de un semejante –ni siquiera, en mi opinión, que es la de muchos, desde la autoridad máxima que hemos prestado los individuos al Estado-, la manera de combatir esta ola de odio y desprecio hacia los otros, no tiene, para mí, más que una fórmula.

Tenemos que cuidar con la máxima atención la educación de nuestros jóvenes, para que se consiga transmitirles los valores de la tolerancia, de solidaridad y cohesión, que son la fuerza para mejorar la especie humana.

Tenemos que detectar y neutralizar, dándoles la adecuada medicina de la ley, a quienes pretendan intoxicar a los jóvenes con ideas de odio y destrucción.  En particular, debemos vigilar, con los precisos mecanismos de control social, a los malos educadores, a quienes utilizan el prestigio de las aulas para emponzoñar la mente aún no formada de sus discentes.

Tenemos, en fin, que detectar a tiempo, medicándolos y tratándolos como sea preciso, para que se curen, o confinándolos en los centros adecuados si no hay posibilidad de recuperarlos, a aquellas mentes enfermas que no tienen consciencia del daño que pueden causar con sus actos. 

Tenemos, por supuesto, que perseguir y castigar a los instigadores, tanto a los responsables dolosos como a los imprudentes culpables, que, amparándose en la tolerancia de nuestras sociedades y en nuestros valores democráticos, pretenden destruirlas. 

Con coherencia. Hay una peligrosa combinación de fanáticos, locos, ignorantes y desalmados pululando por ahí. La sociedad civil no puede cruzarse de brazos. Reconstruyamos los principios. Los Estados no dirimirán sus diferencias a cañonazos. Las potencias económico-políticas del mundo no avasallarán los derechos de otros pueblos con guerras o invasiones preventivas.

No voy a construir un improvisado decálogo. También las noticias del día nos proporcionan otro ejemplo flagrante de desequilibrio: se conviene un alto al fuego a dos días vista para aprovecharlos para destruir aún más al otro.
  

Al socaire: Los efectos del riesgo de un ataque terrorista sobre las Bolsas y sobre las vacaciones

Al socaire: Los efectos del riesgo de un ataque terrorista sobre las Bolsas y sobre las vacaciones

Quienes ayer iniciaban o terminaban sus vacaciones en el aeropuerto Heathrow vivieron la desagradable sorpresa de forma especialmente molesta, aunque todo el mundo sufrió una conmoción. La policía londinense, en colaboración con la paquistaní había apresado durante la noche a 24 sospechosos de terrorismo que, según parece, formaban parte de una banda criminal que pretendía causar explosiones en al menos 10 aviones que iban a partir de la ciudad. En consecuencia, se cerró el tráfico aéreo hasta que la situación de peligro se despejara.

Viajar en avión ya no es desde hace algún tiempo, ni tan rápido ni tan cómodo, aunque es cada vez más barato. Las ofertas para moverse por el aire son tan baratas que llevamos camino de que las tasas de aeropuerto sean superiores a las del precio del billete mondo y lirondo. Porque las tasas suben, y no porque las maletas lleguen más rápidamente a nuestras manos una vez que el avión ha aterrizado. Supongo que suben, sobre todo, porque los mecanismos de control y seguridad son cada vez más sofisticados.

La emoción de desplazarse en avión tiene en la actualidad una doble vertiente: el miedo a volar no está relacionado tanto con la remota posibilidad de que un fallo humano o mecánico complique la placidez del viaje, sino con la probabilidad de que un enviado de Al Qaeda o de alguna otra facción descontenta con el mundo en general seleccione nuestro medio de transporte para demostrar que Dios es justo. Puesto que el acto pretendía ser ejemplar, las líneas afectadas fueron, ayer, las United, American and Continental, que unen  New York, Washington y California, en donde se concentran los más necesitados, según la teoría de esos radicales islámicos, de recibir la citada prueba irrefutable.

El perfil de los presuntos terroristas se aleja, cada vez más, del prototipo imaginario de fanático con barba y chilaba, extranjero y desarraigado. En Londres, el grupo desenmascarado comprende unos cuantos que, según la policía, son gente de clase media, nacida en Gran Bretaña y con título universitario, identificativos, según entiende cualquier lector (en especial, inglés) de la gente de bien.

Ni siquiera la religiosidad de los terroristas tiene raíces profundas. Todos son musulmanes, pero alguno se convirtió al islamismo hace muy poco. Ignoro cómo han hecho la constatación, pero no dudo de la seriedad de la investigación. No nos encontramos ante desarraigados, iluminados ni desesperados de la vida. Porque la pintura se completa indicando que los que no tienen carrera univesitaria, disfrutan de posesiones importantes, y hasta hay en el grupo una mujer embarazada de varios meses.

Más información: El grupo no ha sido desmantelado por completo. Aunque Scotland Yard ha detenido a las principales cabezas de la conspiración, otros miembros, aún no detectados, están ocultos en Pakistán o en la propia Gran Bretaña. Lo que están haciendo o preparando, puede imaginárselo cualquiera.

Contribuye de manera muy eficiente a aumentar la inquietud que provoca la noticia, el saber que el procedimiento elegido esta vez para hacer estallar los aviones, era muy simple, e imposible de detectar con los más sofisticados detectores de metales, porque no se trataba ni de armas, objetos punzantes ni de los explosivos habituales. Los presuntos asesinos pretendían hacer explotar bombas líquidas, confeccionadas en pleno vuelo, basadas en peróxido de no se qué y camufladas en botellas de bebida refrescante.

Las personas normales podemos concluir sin problemas que el mundo se ha vuelto loco, fanático, intolerante, y que lo que se busca es generar miedo incontrolable. No solamente lo buscan los terroristas, también los gobiernos; no únicamente los delincuentes, también los perseguidores del crimen. Se persigue el caos desde muchos ángulos, se actúa sin meditar plenamente las consecuencias. Las variaciones que toma el despropósito son de amplio espectro. 

En el terreno de la tensión internacional, bastaría lanzar los nombres de Irak, Israel, Irán, Balkanes, Afganistán, Guantánamo...: la supuesta prevención de un mal mayor ha generado situaciones de gravísima inestabilidad. Estamos ante el fracaso permanente de la diplomacia internacional, de la cooperación entre los pueblos. Tiene más credibilidad el aumento del odio y el apoyo a la destrucción que la defensa de la calma, del entendimiento, de la razón.

Si los terroristas de Londres buscaban crear el caos, en gran medida este efecto se consiguió sin que nada explotase, pues las obvias decisiones preventivas en relación con la seguridad de los viajeros, provocaron numerosas anulaciones y retrasos en los vuelos que conectaban con los destinos afectandos, cancelándose muchos, y afectando a miles de otros vuelos y aeropuertos. Hasta el Sr. Blair, contribuyó, creo, a la incertidumbre y a la intranquilidad, afirmando que el asunto era "el recordatorio que de que la nación británica está en guerra contra los fascistas islamicos, que pretenden por todos medios destruir a quienes amamos la libertad."

 

Los efectos económicos de estas crisis merecen un análisis aparte. Por el momento, resulta muy tranquilizador la respuesta disciplinada que los mercados bursátiles vienen dando a los atentados terroristas, demostrando que los inversionistas han asimilado el factor riesgo, incorporándolo a sus cálculos de rentabilidad. En el ataque a las Torres Gemerales, el Dow Jones necesitó tres meses en recuperarse, a pesar de la inyección de casi 100.000 millones de dólares de la Reserva Federal. El Ibex 34 tardó solo 4 días en recuperarse de la caída de slo un 7,2%, y el atentado de Londres ni siquiera afectó al FTSE 100. Es cierto que con la última amenaza las compañías directamente amenazadas han sufrido fuertes pérdidas en sus cotizaciones, pero vaticino que muy rápidamente se recuperarán, si no se produce ningún incidente en los próximos días. 

A las raíces de nuestra economía no parece afectarles demasiado, el terrorismo físico. Al menos, mientras no quede afectado el mercado de derivados, un sector de desproporcionado crecimiento en el que se han aposentado con avidez todos los grandes Bancos. Las ofertas para tomar dinero prestado del sistema han significado cambios profundos en el sistema financiero, poco analizados. Esa concentración de riesgos hace fácil la desestabilización,  que aparece vulnerable a pequeñas variaciones en los tipos de interés y que afecta a prácticamente todas las familias.

Una intuición me ha llevado a sospechar que estas actuaciones de terrorismo físico, estas amenazas de destrucción indiscriminada contra las que jamás cabrá una defensa completa (ni por el número de potenciales autores, ni por sus medios, ni por su fanatismo que les hace proclives a la autoinmolación en muchos casos), ayudadas inocentemente en la difusión del miedo por parte de quienes quieren protegernos, están tanteando el perfeccionamiento de un terrorismo económico que no persigue explotar aviones en pleno vuelo, sino hacer estallar nuestra economía de bienestar.