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El blog de Angel Arias

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Al pairo. Bombas atómicas para todos y autonomía para Angel Arias

Al pairo. Bombas atómicas para todos y autonomía para Angel Arias Los norcoreanos han realizado un experimento para probar su bomba atómica, parece ser que con gran éxito, aunque algunos observadores -siempre con ganas de fastidiar- se han permitido dudar si no habrá sido todo una simulación. Yo creo que no, que la bomba es de verdad. Al fin y al cabo, hay miles de científicos por el mundo que saben cómo dominar la energía nuclear, con fines pacíficos o guerreros. Los elementos radioactivos no entienden de esas minucias, que se sepa. 

Sea como fuere, el gobierno de Bush se ha enfadado bastante, y ha pedido a la ONU que se adopten medidas sancionadoras de inmediato. Como consecuencia de intensas negociaciones, se ha dictado la resolución 1.718 (parece increíble la cantidad de papeles que genera este Organismo), por la que se va a estrechar un poco más el cerco económico sobre los coreanos del norte, congelando sus activos financieros en el exterior y prohibiéndoles que importen armas convencionales, aunque no veo la relación directa con los experimentos nucleares de su gobierno. El embajador de Corea del Norte ha reaccionado muy gallardamente, expresando que si los demás países (y, en especial, Estados Unidos) incrementan la presión sobre el suyo, lo interpretará como una declaración de guerra. No se qué estudian ahora en las escuelas de diplomacia, pero deben saltarse la mayor parte de los programas.

Animado por este éxito, el gobierno iraní del cosmopolita Almadineyah, que cuenta con la ayuda económica de otro pobre actuando de nuevo rico, el venezolano Chavez, ha reiterado su deseo irrenunciable a proseguir sus investigaciones sobre la energía nuclear, que, aunque auspiciado bajo la bandera de la paz, por supuesto, no se detendrá hasta realizar las pruebas que les conducirán en un par de años a tener su propia bomba atómica. Entienden que es el deber patriótico de cualquier país, equiparse, y de la manera más rápida posible, con mecanismos nucleares de gran alcance, ante la creciente amenaza imperialista.

Obviamente, ningún mandatario pretende convencer al resto del mundo de que esos lanzacohetes nucleares se utilizarán para atacar. No. El argumento común es que, tal como están las cosas, disponer de medios nucleares es la manera más segura de proteger al propio territorio de la posibilidad de un ataque de los países más desarrollados tecnológicamente, y en particular, de los Estados Unidos o sus aliados.
 

Tiene sentido, pues, prepararse para la gran hecatombre. En las actuales condiciones, la superioridad del Ejército de Estados Unidos –cuente o no con el apoyo simbólico del del Reino Unido, España, Ecuador o Bangla Desh- es evidente. Ha sido puesta de manifiesto, de forma incuestionable, en Irak. No sabrán qué hacer en la postguerra, pero en la guerra, son invencibles. De nada vale engañarles, porque te descubren si vas de farol. No hay más que recordar lo que le pasó a Saddam Hussein, cuya megalomanía tiranoide era evidente, cuando pretendió engañar a los inspectores haciéndoles creer que tenía armas nucleares. Con eso no se juega. Por culpa de eso, Irak está inmerso en una guerra civil, sumergido en mayor pobreza e inestabilidad, aunque, eso sí, con sus pozos de petróleo a buen recaudo. 

No se me ocurren argumentos mejores que los ya expresados. Si Kim Jong-Il puede tener una bomba nuclear, los demás, también pueden, sean o no democráticos. Corea del Norte no es un país precisamente democrático, pero tampoco China y Pakistán son ejemplo de pluralidad, y tienen su bomba. En consecuencia, bombas para todos.

Personalmente, ya estaba convencido de que no hay posibilidad de instalar la cordura entre los dirigentes de los dos centenares de países del mundo. No les vale que la inmensa mayoría de la población mundial estemos a favor de que lo que hay que hacer es eliminar de la forma de pensar del ser humano el miedo, el rencor, el odio, la explotación del otro, y clamemos que ya es hora de decidirse de una vez por construir una humanidad basada en el apoyo recíproco, en el avance tecnológico conjunto, en la paz y la tranquilidad. 

Por eso, en el ejercicio de mi libertad de expresión, anuncio mi independencia de la forma de pensar imperante oficialmente entre los dirigentes del mundo. Por mí, pueden matarse unos a otros. También comunico que no tengo nada especial que reivindicar para mí. No tengo armas, carezco del menor impulso terrorista, mis convicciones se tambalean a la primera de cambio. Nací en Asturias, pero no me veo defendiendo que el bable es idioma y que con la independencia, recuperaríamos la oprimida cultura asturiana y nuestra libertad colectiva, machacada por la metrópoli madrileña, las directivas de Bruselas y el superior control gringo. Sobre todo, no voy a matar a nadie, ni siquiera es posible que le vaya a dar un bofetón cuando me convenza de que el que tengo delante es un imbécil.

Me gusta pasear, pensar, escribir. No soy precisamente un intelectual, pero creo que para progresar, necesitamos tranquilidad, no bombas nucleares. Eso sí, si me cortan la energía eléctrica por falta de pago -lo cual no es improbable dado que, por mi edad, no parezco ser útil a la sociedad-, utilizaré paneles solares. Cada vez uso menos mi coche.Y si me impiden comunicarme con el teléfono y el ordenador con mis amigos, ni siquiera intentaré hacerles señales de humo quemando papeles reciclados. Volveré al envío de cartas por correo convencional. Intentaré comunicarme telepáticamente con seres inteligentes, me atrevo a barruntar que, mayoritariamente situados en otras galaxias.

Porque, debe haber alguien más por ahí, ¿no?
 

A sotavento: Esteban Carreño, Oviedo, el agua

A sotavento: Esteban Carreño, Oviedo, el agua

Me llamó por la mañana Alfredo Menéndez Carreño que trabajó conmigo en  Fomento de Construcciones y Contratas. El mensaje era tan escueto como impactante. “Mi tío Esteban ha muerto”.  

Esteban era una institución en torno al agua de Oviedo. Ingeniero Técnico de una generación inolvidable de entregados a los servicios municipales, no creo desvelar ningún secreto si confieso que nos desbravó a unos cuantos en relación con un tema para el que sabíamos poco. En todo caso, lo poco que se aprende en los libros. El sabía, sobre todo, por la práctica. Y por haber sabido rodearse de un grupo de profesionales que, de día como de noche, solo tenían un objetivo: dar el mejor servicio a los usuarios. Porque, entonces, no había clientes del agua.

Recuerdo, por ejemplo, la excursión que hicimos siguiendo la vieja traída hasta los manantiales de Riosa, (era a principios de los 80) en la que  fuimos convenientemente ilustrados de la mucha agua que se perdía por aquella conducción que pedía a gritos una renovación. Estaba entonces de concejal de aguas Enrique Pañeda, y de alcalde Antonio Masip. En la expedición figuraba Ricardo Robles Montaña –infranqueable ex-portero de futbito en el colegio Auseva-, que era  alto cargo en el Ministerio de Defensa con Gustavo Suárez Pertierra, y el geólogo Javier Alvarez Pulgar, hoy catedrático de Geodinámica, y entonces experto en detectar todos los deslizamientos de aquellas laderas.

El embalse de los Alfilorios, por fin, era una realidad. Había mucho que enseñar de aquel servicio de aguas.
 Organizamos, bajo la erudita dirección de Esteban, las Jornadas del Agua, en 1985-86, bajo el lema "Oviedo, el agua", y con la colaboración de Nostromo, en donde campeaba Nacho Manjón.

El entonces recién llegado Goyo Abril se esforzó en presentar una historia bien documentada -y algo plúmbea, por tanto- sobre las vicisitudes del líquido en la ciudad. Con aquel pretexto lúdico-técnico auspiciado por AEAS (la patronal del agua)  pusimos a Vetusta patas arriba, y a su catedral, boca abajo, con un póster magnífico de José Vivancos. No nos dejaron pintar una raya azul sobre las aceras, para que los visitantes supieran por dónde ir mejor, e Ignacio Noriega se quedó sin publicar un magnífico turistario, del que guardo una copia como oro en paño.

Pudimos convocar –porque todos eran amigos de Esteban- a lo más granado de los sabios del agua de España y parte de Europa: Urbano Arreguui, Urbistondo, José Valín,  Dirickx,  Díaz-Caneja, Félix Cristóbal, José Luis Prats, Curro Moreno,... Cuánto me ayudó aquello...

Esteban se batió para defender los intereses de Oviedo en el marco de un invento, el Consorcio de Aguas de Asturias (Cadasa), que empezaba a tomar cuerpo entonces, y en el que tuvimos que batirnos con otro amigo, Pedro Piñera, que pasaría después a dedicarse a las setas.

Nos encontramos muchas veces. En alguna ocasión, pocas, lo tuve enfrente, como cuando él defendía intereses de Aguas de Barcelona y yo andaba de director general de Seragua. Pero siempre estuvimos al mismo lado del cariño por las cosas bien hechas, por la bonhomía, por la amistad sin reservas.
 

Cuando estuve de gerente en Aguas de Vigo, Esteban me introdujo a Pedro Reboredo, otro clásico del agua, y por amistad trasladada, me encontré encajado en su mundo de sabidurías y afectos. Por entonces, Esteban veraneaba en Nigrán, y su hospitalidad y la de Angelines, su mujer, acompañados de un elenco de sabias mujeres –hijas, suegra, tías-, eran una garantía de veladas inolvidables. 

Ha muerto una excelente persona. Estará siempre aquí, conmigo, mientras yo siga en este sitio, el de bregar y dar caña. Echaré de menos los cafés de la mañana en Oviedo, los paseos discretos por la calle Uria (Esteban padecía de juanetes), su conversación sabia y distendida. Pero tengo mucho Esteban con el que recordar los buenos tiempos del agua, cuando era escasa, bastante más barata, y conseguirla, llevarla a las casas, cuidarla, un trabajo de guevos, sudor, cosas de titanes.

Al socaire: Demos más seguridad a nuestras ciudades, y si los ingleses no quieren que se fume en las suyas, allá ellos

En el Reino Unido, el Gobierno se  plantea la posibilidad de prohibir fumar en las calles, creando zonas de exclusión, libres de humo de tabaco, a propuesta del concejo de Westmister. Si te pillan encendiendo un cigarrillo en esos sitios concretos, te multarán.

Aunque la noticia que yo he leído, y que me sirve de base para este comentario, no precisa las razones, supongo que es debido a que fumar es perjudicial para la salud, contamina el aire y significa un mal ejemplo para los jóvenes.
 Aseguran que la medida no va a prosperar, pero que siempre está bien abrir el debate ciudadano sobre la posibilidad, para hacer boca.

Estamos muy lejos en España de que una medida como esta pueda plantearse, ni siquiera como sensibilización sobre lo importante que es tener aire puro para respirar sobre el asfalto, y mentalizar al ciudadano que no basta poner ozonopin en el vehículo.

Para que tenga sentido abrir un debate de primer nivel, hay que superar varias etapas ganando los campeonatos de segunda división en eso de los derechos cívicos. Aunque no hay que descartar que, dado el afán político de aparecer como que estamos a la última, igual de pronto nos hacen saltar varios peldaños y nos prohiben fumar hasta en el water. Que a algunos -no fumadores, incluso- nos ha parecido harto desproporcionada y a destiempo la medida de separar a fumadores de no fumadores en restaurantes y bares, cuando en este país el yantar y beber juntos es la manera que tenemos de hacernos más amigos. 

Poca credibilidad tendría en estos predios abrir un debate sobre la contribución de los fumadores, incluso empedernidos, a contaminar el aire de las ciudades. Asumo así que la razón principal de prohibir fumar en la calle, habría de ser que el que ahúma, contamina, porque ya me dirán si a alguien le importaría que los otros se maten a nicotina, o como les peta, mientras haya guerras por el mundo.

Dado el grado de contaminación de nuestras ciudades, perseguir a los fumadores controlando el aire que expelen, sería querer eliminar los decimales en una cifra de millones. Tengamos inversión térmica o no, para limpiar el aire por lo mayor habría que sacar de las ciudades los automóviles privados -y redescubrir el placer de pasear-, amar los árboles -y no llamar así a los arbustos o al césped inglés-, controlar el uso y el maluso de calefacciones y aires acondicionados -y volver a construir las casas con criterios de ahorro de energía-, perseguir, en fin,  con firmeza las acciones de particulares, industrias y comercios que queman dónde y cómo les parece. Por no hablar de pirómanos vocacionales o lde subproductos de la siquiatría de puertas abiertas que aprovechan sus asuetos para quemarnos un bosque, como quien sale a tomarse unas cañas.
 

Siendo más realista, c
omo el próximo año va a haber elecciones municipales, me propongo indicar en este cuaderno algunas prioridades que podrían figurar en los programas de los que se postulen para alcaldes. No he hecho ninguna encuesta de opinión, pero tengo por seguro que, de poder constearme el hacerla, los resultados confirmarían  estas apreciaciones intuitivas. 

En primer lugar, sugiero a quienes quieran representar al grupo de ciudadanos del que me constituyo en portavoz improvisado, que tomen interés por mejorar la seguridad de nuestras calles. La seguridad es un concepto polivalente, que tiene como núcleo el objetivo de hacer más habitables las ciudades, especialmente, el centro de las grandes.

El centro de una ciudad es la tarjeta de visita de una colectividad, lo que no dejan de ver los forasteros, donde se concentra la historia de un pueblo, allí donde nació, en donde quedan monumentos y restos del pasado. Estamos frescos. Cada vez más sucias, más inhóspitas, más desoladas, más impresentables, nuestras ciudades se mueren por el centro, que es por donde debía llegarles la savia.

Es imprescindible contar en ellas con mayor presencia policial, pero no para nuestros agentes que se pasen el tiempo del turno charloteando y riendo de sus cosas en corrillos. Muchas veces, se les ve con tal disipación que se podría creer que forman parte de un grupo de jóvenes disfrazados; da reparo acercarse a ellos incluso para preguntarles por una calle, porque temeríamos interrumpirles su fiesta.

Hay que dotar de movilidad a estos números, poniéndoles las pilas de su verdadero cometido, obligándoles a que recorran sistemáticamente la zona que se les haya asignado, y actúen. Son agentes, no pacientes. Que peinen su zona, vamos.

No es tan imprescindible que consuman su celo en denunciar a los coches que hayan superado en un par de minutos el límite marcado del parquímetro, y sí que traten de evitar con su presencia vigilante los hurtos y robos en las calles, que se han convertido en tarjeta de visita de nuestras ciudades para los turistas, causa de pavor para los ancianos, y temor experimentado para los noctámbulos. Queremos una policía que denuncie y acoja con profesionalidad las denuncias ciudadanas, que las documente con diligencia y las tramite con eficacia, y que, como tarea constante, cuide de que se mantenga el orden y se respeten las leyes y ordenanzas, etc.

Esa policía, por ejemplo, ha de saber qué hacer con los borrachos que producen altercados en la calle, no ha de temer enfrentarse a los violentos con firmeza, no mirará  para otro lado cuando se tope con desarraigados estropeando mobiliarios urbanos o ensuciando la calle. Interpretando correctamente la democracia, sabrá distinguir lo que es un ciudadano normal, de un antisistema; un exaltado, de un drogata; una mala tarde, de un alcohólico crónico; sabrá qué hacer con un gamberro, un grafitero, un alborotador, un tironero, un navajero, un fichado, etc.

A esa policía también le habrán dado instrucciones sobre cómo comportarse con los llamados sin techo que ocupan plazas, soportales, zonas públicas y privadas, para pasar el día y la noche. A veces pienso que la misión que les han encomendado es arropar a estos -desde luego- pobres desplazados, muchos de ellos, alcohólicos, desquiciados, heridos de muerte por la vida. Pero, yo me pregunto, cuando nos veo pasar por entre grupos de desharrapados malolientes que hacen sus necesidades en la acera y amontonan litronas junto a las cajas de cartón donde pasarán la noche. ¿Queremos una ciudad dominada por fantasmas, cocidos de alcohol y drogas, preparándose sus latas de sardinas al fuego de unos muebles viejos, delante de nuestros, por lo demás, legalmente protegidos, monumentos nacionales? ¿Lo vamos a consentir mientras prohibimos a los, digamos, ciudadanos de orden, fumar en esas calles?... Uff

Al pairo: Polimerasas a favor de la mutación genética

El principio de la selección natural de las especies ha contado siempre con la resistencia encarnizada por parte de esta especie singular, llamada a dominarlo todo –incluso por mandato divino-, a la que pertenecemos los humanos.

No estoy abogando, por supuesto, a favor de practicar la eutanasia o eliminar a los más débiles. Me refiero únicamente a la forma obstinada en que algunos representantes de nuestra especie, cuando adquieren poder, defienden su carácter superior frente a los demás congéneres.

El deseo de proteger a la propia descendencia, procurando garantizarles una existencia cómoda, ha llevado a ciertos progenitores, aprovechándose de la credibilidad de que gozaban entre sus coetáneos, a atribuirse y atribuir a sus hijos y descendientes cualidades mágicas, cumplimiento de designios divinos, visibles o invisibles marcas especiales de superioridad que garantizarían bienestar para los que acataran sus órdenes, etc.

Por diversas razones, surgidas en general, al abrigo de alguna oportunidad histórica, los congéneres de estos espabilados, convertidos en aquiescientes y sumisos súbditos, han admitido que el mantenimiento de esas dinastías en el poder era lo mejor que podía pasar a una colectividad.
 

No solamente no estoy hablando del pasado, sino que los ejemplos de esa perpetuación los encontramos en nuestra historia contempóranea. Seguimos estando en tiempo de sagas. Desde familias que, a trancas y barrancas de revoluciones y reveses, y en democracias de modelo, mantienen que su sangre es azul porque se conoce, casi sin error, quienes fueron sus antepasados hasta la el final de la Edad Media, hasta visionarios de nuevo cuño que defienden que están más capacitados que ningún otro de sus connacionales para dirigir el destino del país.

Mejorada la información y la cultura básica del pueblo, ya no les hace falta, en general, argumentar que tienen señales divinas o son reencarnaciones o avatares de ningún ser extraterreste. N
o estoy ahora hablandode monarquías, sino de repúblicas. La realidad contemporánea nos permite presentar sin esfuerzo que puede haber familias especializadas en ser presidentes de Estados Unidos, como los Bush o los Kennedy, y seguramente los Clinton.

La competencia familiar de algunos clanes no exige apelar a oscuras metodologías de acceso al poder ni a complicadas ciencias y maneras que pudieran estudiarse en prestigiosas universidades. Sirven igual revoluciones, suplencias, testigos recogidos por asesinato del progenitor o del amigo, etc: Se pueden así incoporar a la feria de las vanidades a los Castro en Cuba o los Bubarak en Egipto, los Assad en Siria, por poner solo algunos ejemplos de países menos desarrollados, demostrativos de que también existe, una predisposición genética para alcanzar el poder y mantenerlo entre los países más pobres.
 

Dados los avances de la genética, y la ya amplia historia de la Humanidad, no hay que pensar en coincidencias. Estamos ante la constatación de que se está dando una mutación en la especie humana, por la que algunas familias privilegiadas tienen genes que les proporcionan habilidades para controlar a sus congéneres, y demostrarles que son óptimas para dirigir sus mortales destinos.

 El que, en una ciertos casos, coincida que las mismas familias acumulen masas importantes de capital no hay que considerarlo como una perversión del sistema, sino como una consecuencia lógica más de los efectos de la selección de las especies que se opera en ellas. 

No me sorprende, en fin, que el conocimiento extendido de que los talentos intelectuales, patentes como soterrados, se hereden, esté provocando movimientos mundiales en el cmapo de la genética aplicada. Es bien sabido que los centros de inseminación artificial seleccionan a sus candidatos y candidatas entre los jóvenes universitarios. Se pretende así garantizar que el hijo o hija nacido con ayuda de las probetas, supere ampliamente la capacidad intelectual de sus padres. 

Animo a estos especialistas de la inseminación a que se carguen de probetas con el semen de los líderes, oligarcas y visionarios de nuestra era. Nada de universitarios, especie que estaría bien demostrado que no tiene ningún especial valor que aportar a nuestra sociedad, máxime en países como el nuestro donde, con paciencia y una caña, todos pueden obtener un título rimbombante.

No. Acudamos a los Kornberg. Ellos sí que saben, La demostración más evidente (y, en mi opinión, muy atractiva) de la fuerza de los genes, la han protagonizado ellos. No es su apellido verdadero, al menos, no el que correspondería al fundador moderno de la saga, que se llamaba Queller, y tuvo que cambiar su nombre, tomándo el apellido prestado de otra persona, para librarse de hacer el servicio militar y aparentar así estar incapacitado.

Roger Kornberg consiguió a principios de octubre el premio Nóbel de Química por haber conseguido crear una maquina microscópica compuesta por 50 proteínas que puede leer los genes humanos. La pieza central del invento  es la enzima ARN polimerasa.  Su padre, Arthur, también fue premio Nóbel en 1959,  compartido con Severo Ochoa, por aislar la enzima ADN-polimerasa, descubriendo el mecanisco que actúa en la síntesis biológica de los ácidos ribonucleicos y desoxiribonucleicos.
 

Pregunto:
¿Dónde estábamos los mortales de a pie cuando se repartieron los talentos y dones? ¿Es que solo nos va a tocar aplaudir en nuestra aparición fugaz por el planeta?

Al pairo: La sociedad tiene miedo que le hagan daño los violentos

La sociedad occidental tiene cada vez más miedo, y su crisis de pavor no parece encontrar cauces de contención, más bien se estimula, haciendo el caldo gordo para beneficio de violentos, sádicos, maltratadores, inanes y estúpidos de baba, saña y cuento.

Uno de los últimos ejemplos comentados fue que la Opera de Berlin ha retirado de su programación Idomeneo, la operilla de Mozart, por temor a herir la sensibilidad de algunos islamistas, preparados para realizar actos violentos -según la policía alemana- contra la seguridad de espectadores e intervinientes.

La culpa de la metafórica agresión a la imagen del profeta, al que se corta la cabeza en escena, junto con la de otros símbolos religiosos más señeros y de más antiguo venerados en el mundo, no la tiene Mozart. El genio de la música nos cuenta las desventuras de un héroe que promete sacrificar a Neptuno, tan pronto pise tierra firme, a la primera persona que encuentre, como agradecimiento por haberse librado de un naufragio. Para su desgracia, quien primero le da la bienvenida es su propio hijo, y, juiciosamente, en lugar de matarlo a él, le corta la cabeza a la efigie de Neptuno.

La decisión de hacer cortar en el teatro las cabezas de Jesús de Nazareth, Buda y Mahoma es, por lo tanto, únicamente del escenógrafo, que buscó así darle un toque de escándalo al libreto, haciéndolo más del gusto de estos tiempos, en los que, como todo lo tenemos visto, hay que echarle ketchup a la fabada.

Otro ejemplo: En España, la conmemoración de la Reconquista, celebrada tradicionalmente en varios pueblos valencianos, como enredos y gestas de mocerío en las que el personal se viste de moros y cristianos de pacotilla, y que acababa en muchos lugares con la cabeza de Mahoma estallando en mil pedazos, tuvo que sufrir ciertos retoques, para no herir la sensibilidad de los amigos musulmanes. Supongo que, si hay que seguir dando cuerda al personal, la que estallará será la cabeza de Santiago.  

Ya el último ejemplo. Como es sabido, SS el Papa, después de su lección magistral de Bratislava, ha expresado sus disculpas al mundo islámico por citar a un emperador bizantino de la dinastía Paleográfos, por miedo a que se extendieran por doquier los ataques de los radicales, que incluso mataron a una pobre monja que vivía haciendo el bien a los pobres de Somalia. Que digo yo, que porqué tienen que padecer siempre los más débiles la cólera de los radicales, y a qué diablos han de ser inmolados los mejores para escarmiento del poder, siempre al tanto del "ahí me las den todas".

Nos sobran muchos miedos. La sociedad civil tiene demasiado miedo, y se le nota. Esta actitud conejil da fuerza a los violentos, hace crecer a los radicales urbanos y rurales, proliferar las bandas de nazis, antinazis y neonazis, sarpullir calvas y skin heads, retoñar Latin killers o Kill latines, y tantas cuantas otras especies de descerebrados estén dispuestos a apalear a quien les apetezca, romper lo que les plazca, no ya porque discrepen, sino por su simple aspecto, porque sí, por divertirse. 

Atenazados por nuestro miedo, los ciudadanos de orden no saldremos en defensa del que se vea agredido, cerraremos los oídos para no atender a los gritos del que sea asaltado, cerraremos las ventanas y puertas para que no nos descrubran los violentos, acurrucados en nuestra indiferencia, que es una forma fiel del miedo. No queremos ver, no osaremos dar nuestra opinión para no disgustar a los que esgrimen pistolas, puñales y manoplas, en el lugar de las ideas.
 

A falta de sus enemigos y contenciones naturales, estos depredadores sociales, negadores del diálogo, campan por ello con más fuerza cada día. A falta de mejores argumentos, incendian autobuses efigies y banderas, lanzan cócteles incediarios contra comercios y casas particulares, matan monjas y mendigos, y escriben terribles amenazas en paredes y muros, ocupando la calle con sus gritos de odio. Sí, también ponen bombas en trenes y autobuses, estrellan aviones contra torres, hacen guerras. 

Parece que la expresión de las diferencias con procedimientos democráticos o en cauces normales, no les sirve a los violentos para contarnos lo que piensan cambiar, y con qué procedimientos. Agrupados, vociferan sus consignas de odio, amenazando de muerte o sacrificio a los pacíficos. Sus desafueros se mezclan, con los asaltos de otras bandas que, amparadas en el ruido y en este caso sin necesidad de apelar a otra ideología que la de su enriquecimiento personal, atacan la propiedad privada, sin temor a asesinar al que se resiste, burlan al Estado.

Los violentos se extienden, contagian, se entremezclan. La raiz común que los sustenta es nuestro miedo. Negocian con las pistolas y las amenazas en la mesa, para incorporarse con ventaja a nuestro Estado de derecho. Tienen como comparsas a los que les provocan con bravuconadas para correr a guarnecerse al poco bajo faltriqueras de otros.

Parecido fanatismo al religioso es el político. Tenemos en España varios ejemplos, pero como este Comentario se hace largo, cito solo uno. Batasuna  reclama la autodeterminacion para Euskal Erria para defender que “la autodeterminación es lo que permitirá encauzar por vías democráticas el conflicto armado”. ¿Cómo hablar a este grupo de violentos de solidaridad, de unión para fortalecer y dar más sentido a lo que queramos juntos, quién habrá de pedirles que tratemos de buscar la forma de avanzar en bloque y no a trompicones ni codazos?. ¿Con quién están en guerra?


No me parece que tengamos que llevar tan bien la cuenta de la sensibilidad de los violentos. Por el contrario, hace falta recuperar una verdad más importante: los no violentos también tenemos sensibilidad, y de más peso. Por eso nos importa que nos critiquen sin argumentos y ridiculicen nuestras creencias, nos preocupa que se mancille la propiedad privada y se menosprecien los talentos y méritos que tanto costó conseguir, nos ofende que se hiera a quienes defienden su razón sin aspavientos.   

Hay que recuperar la voz de los que queremos paz, sosiego, triunfo de inteligencia y de cordura. Que se oiga la voz de los que no nos dejamos amedrentar, no aplaudimos tonterías, queremos unidad y no rupturas.  Porque preferimos estar con Velázquez y con Mozart, antes que aplaudir a Piero Manzoni, o  a Hans Neuenfels  cuando lo que pretenden es solo provocar, llamar la atención de los violentos, para echárnoslos encima.

Al socaire: Carta desde Venezuela

La informática tiene comportamientos misteriosos, desde luego. Al abrir mi correo, encontré lo que a primera vista tomé por un virus informático, y, cuando estaba a punto de borrar el supuesto engendro, comprendí que era una carta. Un documento actual de autor desconocido, -al parecer, profesor universitario-, que estaba dirigido a una mujer. La leí con atención y aunque me parece que tiene un estilo meloso y trasnochado, impropio de esta época activa y agresiva, he créido que su contenido polémico puede ayudar a dinamizar este cuaderno. En cualquier caso, no se me ocurre mejor manera de hacerla llegar a su destinataria que ponerla a disposición de las ondas, allí donde se entremezclan los deseos, las aspiraciones, las ideas, las afirmaciones más sabias y las tonterías más rechazables, en un totum revolutum apasionante.

Querida amiga:

Las vicisitudes de este intrépido profesor universitario que soy me han llevado a Caracas, en donde fui invitado a dar una conferencia sobre Globalización y derecho internacional, que, finalmente, fue anulada porque la atención intelectual del país está desplazada hacia Nueva York.

Le estoy por eso escribiendo disfrutando de un tiempo libre extra, desde el Hotel Tamanaco, que, aunque no es mi lugar de residencia -a los profesores invitados no nos envían a lugares en donde podamos compadrear con representantes del capital internacional que sigue especulando con los beneficios del petróleo- en mi opinión, sigue siendo uno de los mejores del mundo. Qué placer tomarse una Margarita mientras veo el cielo encapotarse, porque acá andamos en esa estación dual que no es sino el anuncio del comienzo del invierno, cuando no se ha dejado aún atrás el verano. Lleva toda esta semana lloviendo a palos, a ratos, y después se queda la atmósfera limpia como el culito de un bebé después del baño al que le sometiera su cuidadosa mamá. Qué chévere, ¿no?.

Ya hace algún tiempo que no se nada de Vd. (si es que alguna vez vivió en otro lugar que no fuera mi imaginación), por lo que me va a permitir, decididamente, que la traicione, y esta vez, voy muy en serio. No le escribo, pues,  porque le haya conocido en Oaxaca, ni porque Vd. sea la mujer mexicana de la que me enamoré platónicamente por razón de una noche con demasiado tequila en honor de la Guelaguetza. No, qué va.

Le escribo con la licencia de pensar que Vd. se hubiera transformado en una mujer de cualquier lugar del mundo, sin que me importara ni el color de sus ojos ni su estado civil, incluso me da un ardite que se me haya puesto novicia a punto de adoptar órdenes eternas, porque me basta que tenga la sensibilidad suficiente para entender de las desventuras y las alegrías humanas, y que sea capaz de tolerar que un hombre algo cansado se apoye en su regazo maternal, sin permitirme, por supuesto, que me propase lo más mínimo como no sea con los arrebatos de mi imaginación.

Pero necesito contarle cómo me siento hoy, contagiado por este momento tan especial que se está viviendo en esta parte del mapa cósmico, contada desde el puesto espléndido de expectador, no comprometido, pero sensible; crítico, pero condescendiente; alarmado, pero comprensivo.

Le hago un preámbulo tan extenso, porque voy a hablarle de la situación política de Venezuela, y, vaya, si me da la extensión suficiente esta cuartilla, de todo el cono sur americano, e, incluo, si me aguanta aún más el papel con lo que escribo, de todos los pueblos pobres de la tierra, bolivarianos o no, islámicos como católicos, creyentes tanto como agnósticos...

¿Cómo empezar?. Pues admitiendo como premisa que Vd. se hubiera dado cuenta, digamos que por pura sensibilidad femenina, que se está formando una conexión internacional de oposición al llamado imperialismo americano. Aunque no parece probable que esta revolución dialéctica, cuya base ideológica es, de momento, improvisada, vaya a cambiar el orden mundial, ha introducido algunos elementos de crispación que no están ayudando nada a la felicidad de este mundo global. Es más, ni siquiera parece que esté haciendo más felices a los seguidores de este mesianismo, porque yo veo cada vez más ranchitos, más pobres, más jaimas superpobladas, más harapos y miseria.

Por supuesto, querida amiga, que al escribir eso del "imperialismo americano", utilizo las mismas palabras de los que lideran la reacción, sin entrar en valoraciones históricas ni en la oportunidad del término, porque me he convencido hace tiempo que los imperialismos estatales tienen un carácter más nominal que real. Creo mucho más en el poder económico de las empresas multinacionales, que en las decisiones tomadas en los foros políticos por funcionarios no siempre muy motivados. Las empresas se guían por el interés del dinero, utilizan elementos sutiles y emplean a directivos muy bien pagados que saben qué hacer con los códigos deontológicos oficiales. O sea que no voy a  personificar al mal en rostro humano, por apetitoso que parezca a algunos ponerle ingenuamente al diablo la cara de Bush, o pensar que el tío Gilito, el capitán Veneno y el Dr. No dirigen esta fiesta.

Frente al capitalismo americano, se está construyendo una opción que se me antoja muy masculina que pretende construir líneas de apoyo recíproco, intercambiando debilidades entre los países de la tierra, y lanzando bravuconadas confiando en que el primo de Zumosol (¿se emplea por ahí el concepto?) no va darles una sonora bofetada. Para dar al discurso agresivo una coherencia, los nuevos seguidores de esa corriente de ingenuidad internacional que pretende cambiar el mundo haciendo gritar más alto a los pobres, dicen defender los valores de la familia, la devoción religiosa, la abolición de la propiedad, la amistad, mezclándolo con las palabras Patria, Ejército, revolución, Dios, Alá, Corán, Biblia, Bolívar, energía nuclear, petróleo, etc.

Vd. se preguntará: "¿A qué viene todo esto? ¿Tengo que aguantar las elucubraciones seudopolitizantes de este personaje, aparentemente algo beodo, que me larga una tal perorata?."

La decisión es suya. Si cree que esta carta no es para Vd., y no aguanta mi estado de ánimo, mejor la arroja inmediatamente a la basura. Pero es que tengo mucho tiempo para pensar y escribir, y estoy solo en esta ciudad que se me ha llenado de muros por doquier. Desde que llegué a Caracas, la mitad de la gente me aconseja que no asome demasiado la gaita por ahí, que me pueden asaltar a la primera, aunque no tenga cara de gringo ni aspecto de tener muchos chavos, y que, sobre todo, en ciertas zonas de Caracas, ni se me ocurra acercarme a la policía, porque serían, por lo que cuentan, los primeros interesados en saquearme. La otra mitad me insta a que no me obsesione, que haga como si nada, que me mimetice, pero dónde voy yo con esta cara, que parece una invitación a que cualquier descontento enardecido me pregunte en qué lugar del imperialismo tengo mis posaderas.

Veo, pues, mucha televisión, y cuando no estoy en el Museo de Bellas Artes empapándome de realismo histórico decimonónico, tomo taxis hasta para ir al servicio. En la caja tonta bolivariana, nunca había oído citar tantas veces a Simón Bolívar, cuyos escritos vienen a ser como la Biblia de la revolución generada en torno al presidente Chavez.

He tenido ocasión de seguir una buena parte de su discurso ante las Naciones Unidas (a las que ha  puesto, como decimos en mi país, a parir), le he seguido tanto en los elogios propiciados al presidente iraní, al que se le otorgó una banda tricolor que es de gran mérito, y se le llamó hermano y aliado hasta hacerle llorar a él y a su séquito sorprendido. Dá no se qué ver a ese gigante de la representación que es el Sr. Chavez, apretujando al hombre pequeñito y de aspecto de no romper ni un huevo pasado por agua que es el Sr. Mahmun Almadineyah, y que, para mayor debilidad, se vino a Venezuela camino de Nueva York, acompañado de su esposa, que seguro que es muy bella,  pero a la que no pudimos identificar más que por un velo y una túnica negros, enmarcando unos ojos de mirar algo triste.

Para completar el cuadro, hoy me encontré con un alto miembro de la embajada china, y estuvimos hablando sobre los dos temas predilectos del momento en estas tierras: el temor a salir a la calle y a que te asalten para llevarte la platita, el reloj o vayan a secuestrarte por unas horas, y, por otra parte, lo caro que se ha puesto vivir en Caracas para los que tienen más miedo, -gentes de las multinacionales y delegaciones internacionales, funcionarios de los organismos multilaterales y la clase media-alta veenzolana- porque los alquileres andan por las nubes y los supermercados del centro venden las mercancías al precio que les da la gana.

Pero cuando entramos en la amigable conversación a la cuestión de la heterodoxia marxista de Chavez, el diplomático me dejó solamente hablar a mí, asintiendo con la cabeza, mientras yo le argumentaba que construir una política internacional para Venezuela alejándose de Colombia y México, cuestionando a Brasil, pegando patadas a plena luz pública en las espinillas de Estados Unidos (aunque dicen que hay más entendimiento tras bambolinas), aceptando médicos y ciertas directrices de papá Fidel de Cuba, regalando petróleo para hacer política de alianzas y financiando a los ayatolás de Irán, me parecía algo ... antinatural. "¿Sobrenatural, dice Vd.?... Tampoco hay que exagerar".

En diciembre se producirán aquí unas elecciones presidenciales, y todos dan por supuesto que las ganará Chavez por un amplio margen. La campaña no tendrá cuartel. Para la oposición, que se rehace de las graves heridas infligidas por el popular presidente que maneja la retórica como un guante de cabritilla, la cuestión ha pasado a ser si las promesas de bienestar a la población podrán sostenerse mucho tiempo sin grandes realizaciones. De momento, las palabras y el alto precio del barril de petróleo, ayudan a mantener el discurso, pero poner a andar un país, contando con pocos técnicos cualificados en el gobierno y sin el apoyo del empresariado, es un ejercicio imposible. ¿Qué pasará si el barril baja a 60, a 50$?...

Incluso, con los ltos precios actuales, si los países ricos dejan de comprar petróleo a Chavez -por ejemplo, apoyando los programas de reactivación de la energía nuclear, propiciando el ahorro y las energías alternativas-, y la generación de valores añadidos tuviera que descansar en la productividad nacional, la gente se preguntará de qué vale ser un voluntarista bolivariano revolucionario con ideas de principios del siglo XiX. Se trata de comer y vivir para el ahora.

Estas reflexiones que le escribo mientras apuro la tercera margarita, me llevan a augurar unos próximos años moviditos.

Pero como se me está haciendo tarde, me vuelvo a mi hotel en Chacaíto y ensayaré de aclarar si me dejarán mañana dar la conferencia en la Facultad de Ciencias políticas bolivarianas, aunque sea en el pasillo. No necesito proyector. 

Le doy, en fin, las buenas noches, querida amiga. Pida conmigo a San Simón Bolívar que otorgue mayor sentido práctico internacional y reste agresividad al discurso del presidente Chavez, porque si el futuro de este hermoso y alegre país pasa porque ha de ganar democráticamente las elecciones de diciembre, es mucho mejor para todos que olvide la heterodoxia y se aplique en gobernar para todos los venezolanos, incluso los que tienen el dinero y los que poseen conocimientos para sacarle rentabilidad con proyectos para el siglo XXI..

Al pairo: La prima donna está fingiendo su papel

Günter Grass, el icono del pensamiento antinazi, el fustigador de la conciencia racista alemana, el azote de lo reaccionario y ejemplo de liberalismo y cordura, tenía un esqueleto en el armario. Algo terrible, inconcebible y turbio, que seguro que por las noches le hacía levantar sobresaltado a tomarse un vaso de agua en la mesita: había militado en las SS, y se había codeado con los que enviaban judíos a los campos de concentración, les confiscaban sus bienes, mataban a familias enteras porque ya les habían juzgado de antemano: pertenecían a un grupo impuro, desleal, mafioso, antigermano.

Mi idolatrado Günter estaba mejor calladito. Por supuesto, le creo que era muy joven cuando tomó la decisión de pertenencia a un grupo de descerebrados a los que la pureza de la raza y la superioridad de sus raíces les animaba a conquistar el mundo. También le creí cuando me leía, como otros pertenecientes a la generación de las postguerras, sus alegatos contra la injusticia, su defensa encendida de la solidaridad internacional, su diatriba contra los nazis que, siguiendo sus coherentes argumentos y la más pura lógica, no representaban, ni mucho menos, el carácter alemán.

Como no soy sicólogo, no me siento capaz de analizar las razones liberatorias de su sique que hayan podido causar esta confesión que nadie le pedía. A diferencia del papa Ratzinger, su trayectoria juvenil estaba fuera de toda sospecha. Pero héte aquí que el asesino era él, y al pobre papa los mandamases del Seminario le habían metido en las juventudes hitlerianas junto a todos los educandos para ser propagadores de la buena nueva del amor al prójimo , sin contar con que eran menores, y sin preguntarles ni a ellos ni a sus padres.


Soy de los que opinan que  es mejor que el devoto párroco  silencie a sus fieles sus dudas  acerca de la existencia real de la patrona del pueblo; o que el marido adúltero oculte a su amante esposa sus escarceos fuera del lecho conyugal; incluso es preferible para mí que el político paladín de la lucha anticorrupción silencie que, alguna vez se dejó tentar por beneficiarse de una recalificación de poca monta; por supuesto, defiendo que los escritores se mantengan al margen de sus creaciones literarias, sin crearse un personaje de sí mismos, para que los juzguemos por sus obras escritas y no por sus obras cuando se quitan el gorro de las musas.

Porque, ¿acaso no hemos pensado a veces que la prima donna finge su papel y aunque canta de primeras, su excesiva dimensión corporal no es la más adecuada al grácil cuerpo que debiera tener la joven enferma que representa ?. La sangre que mana de su pecho, ¿no parece salsa de tomate? ¿Son fingidos sus amores con el barítono y, en la realidad, se pirra por la tiple? . Puede que sí, pero abrir esas interrogantes que no están en el libreto nos distorsionaría el mensaje de la obra, creando un ruido inquietante alrededor de su pleno disfrute, y, por ello, enseguida abandonamos nuestras dudas y nos volvemos a sumergir en la representación.

No toleraríamos que la donna interrumpiese su representación, y dirigiéndose al público, increpara: Imbéciles, ¿ cómo no os habéis dado cuenta de que no puedo ser lo que represento? ¡Soy demasiado gorda para encarnar a una joven asténica!.

La otra opción sería que, si ninguno de los actores que interpretan esta representación mantiene su credibilidad hasta el final, y acaban reconociendo que todo es una farsa, para que nosotros, su público, pasáramos por alto su falta de adecuación a los papeles, yo propongo que subamos nosotros también de vez en cuando al escenario, y que ellos hagan de público. A ver cómo les sienta que les digamos que la admiración que sentíamos por ellos era también pura mentira, que la farsa estaba también de nuestro lado.

Solo queríamos que sirvieran de modelo, que nos ayudaran a ser mejores, que hicieran de ejemplo de valores para los más jóvenes. La actitud iconoclasta de Günter poniendo sobre la mesa su pasado nos hace mucho daño. Le hubiéramos dado otro papel, pero no el que ha representado.

 

Al socaire: Las dos Españas. ¿Hay alguien más ahí?

La imagen del grabado de Goya en el que dos personajes, enterrados hasta la rodilla en el suelo, están ventilando a garrotazos sus diferencias, me ha venido a la memoria varias veces a lo largo de mi vida, que ahora las canas van aceleradamente recordando que se acaba.

También tengo presente aquel otro cuento de los libros de fábulas con los que los niños de mi generación aprendíamos a leer (y, algunos, al mismo tiempo, a pensar): dos cabras se encuentran en direcciones opuestas sobre un tronco que permitía salvar un precipicio, e incapaces de ceder su paso a la otra, se enzarzan en una pelea que termina con las dos cayendo juntas al vacío, hermanadas en su estupidez.

Completa el escenario de mi imaginería respecto al tema del desentendimiento, los conocidos de versos de Antonio Machado: "Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios: una de las dos Españas ha de helarte el corazón". Esta persistencia de las diferencias irreconciliables entre facciones, caracteriza, interna y externamente, este país. Nos caracteriza y nos limita. Subsisten las dos Españas, ciertamente, superponiéndose a la experiencia desastrosa de guerras civiles -y una tan reciente-, a los escarceos de un responsable ejercicio democrático -siempre afectado por odios y afectos personalistas que no tiene que ver con los programas-, al ejemplo de otros países más prósperos.

Una y otra vez, en el trabajo, como en la diversión, como en la política, surgen dos grupos irreconciliables, adversos, siempre dispuestos a decir que no si adivinan que el otro está por afirmar que sí, a negar el color blanco si los de enfrente ya lo han adivinado, a dejarse arrancar un ojo si existe la más remota posibilidad que al otro lo dejen ciego, a morir en el empeño de demostrar que el otro no tiene ninguna, ni la más mínina, razón.

No importará a ese esquema irracional del "envido más", ir de farol, estar fuera de juego o tener las posaderas con síntomas de la descomposición que los acarrota. En ese empeño por no ceder paso al otro, cada grupo que lidera las dos Españas presentará batallar hasta despeñarse con el otro. 

Compro con regularidad  los dos periódicos de mayor tirada en España, porque me he convencido que, en algún lugar entre ambos, está la verdad. Ni El Mundo ni El País han conseguido liberarse, muy al contrario, de unas posiciones que, más que ideológicas, yo califico de sectarias. Defenderá el uno las posiciones del PP como defiende el otro las de la cúpula del PSOE, en el vano de empeño de convencer a sus lectores (me temo que, sin embargo, a priori convencidos), de que la verdad está solamente de un lado.


Valga un ejemplo: El debate sobre los atentados del 11-M se ha centrado en la cuestión de la autoría de los mismos, sin importar que Al Queda los haya reclamado y ETA negado y, lo que es más importante, saltándose a la torera la investigación policial, las conclusiones sumariales o lo que la razón dictaría. A mí me parece más importante el respeto y solidaridad con las víctimas, la solidaridad con sus familiares, la mejora de la seguridad ciudadana, el refuerzo y motivación de las fuerzas de seguridad del Estado, la coordinación única contra el terrorismo. Me interesa muy poco ventilar el grado de verdad de las declaraciones de un delincuente en cuestiones apreciativas o la intencionalidad de unos partidos y otros en la difusión de lo que se iba sabiendo sobre la autoría del atentado.

Vengan otros casos: Me parece importante, siguiendo por el camino de desbrozar algunos de los puntos de desencuentro de los dos partidos mayoritarios, el acuerdo sobre un Plan Energético, en vez de retrasar la toma de decisión sobre el mantenimiento de la opción nuclear (¿Y de dónde vamos a sacar la energía, si no?); me parece necesario, incorporar las estrategias de desalación a las del trasvase y a una política agraria que tenga en cuenta las singularidades y diversidad del territorio español; me parece imprescindible, la persecuciónsistemática de la corrupción en la vida política, tan vinculada a la gestión del suelo municipal, y no solo concentrarla en municipios en donde la alcaldía esté en manos de terceras fuerzas o disidentes de los partidos mayoritarios...

Tal vez me anime a incluir otros ejemplos algún día. Pero la pregunta que hoy me apetece hacer es: ¿Hay alguien más allí?. ¿Estamos todos conformes en que las dos tendencias mayoritarias de este país consuman su tiempo, y el dinero que les pagamos para que nos representen, en profundizar en las diferencias de las dos Españas?.