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El blog de Angel Arias

La dimension europea del agua

(Editorial publicado en abril de 2005 en la revista Tecnoambiene)
 

Alonso Quijano no fue a Zaragoza, enfadado por lo que se contaba de él en la segunda parte apócrifa de sus aventuras, pero tuvo amplia relación con el río Ebro, “y el verle fue de gran gusto a don Quijote, porque contempló y miró en él la amenidad de sus riberas, la claridad de sus aguas, el sosiego de su curso y la abundancia de sus líquidos cristales, cuya alegre vista renovó en su memoria mil amorosos pensamientos.”

 

La exposición internacional de 2008 que tendrá por título “Agua y Desarrollo sostenible”,  y que se ubicará –no sin polémica- en el Meandro de Ranillas, pretende integrar de forma definitiva el río en la ciudad, recuperando sus amenas riberas y, de paso, aprovechará para hincar la bandera aragonesa sobre las claras aguas. Aunque el programa de actividades del evento es amplio y variado, será difícil evitar que una parte del debate gire en torno a la transferencia entre las aguas del bajo Ebro y las cuencas internas de Cataluña, Júcar y Segura, desaparecida entre los preceptos de la Ley 10/2001 que recogía el último PHN, derogados por el R. D. Ley 2/2004.

 

La polémica sobre el agua conduce generalmente de las cuestiones técnicas a las económicas, y viceversa, y dada la diversidad de opciones, pocas veces se resolverán por consenso. Tampoco cabe esperar que las partes en litigio reconozcan ecuanimidad a quien pretenda dirimir en los conflictos que afectan a colectividades con intereses contrarios. Porque los trasvases y los embalses modifican las condiciones naturales. Porque ni el hipotético donante será tan excedentario ni el supuesto receptor así de necesitado. Se esgrimirán legítimas (junto a las que no), pero sesgadas, visiones parciales. Si existiera consenso no haría falta regulación, y no sería necesaria en estos predios la Directiva 2000/60/CE, conocida como Directiva Marco del Agua, cuyo énfasis está puesto sobre la necesidad de conjuntar las valoraciones ecológicas y las económicas del agua en la Unión Europea

 

Es decir, que aunque es imprescindible fijar un precio al agua, su valor económico no puede establecerse por la libre competencia y el mercado. Lo que no habrá de impedir que antes de 2010 deberán haberse incorporado al precio del agua, todos los costes correspondientes al ciclo del agua. El que contamina, debe pagar por el deterioro que causa.

 

Pero, desde la perspectiva ecológica, la protección de las aguas de la Unión deberá permitir alcanzar una buena calidad para todas ellas antes del 2015, determinada no solo por su composición químico-física, sino también por sus elementos biológicos y ecológicos. En muchos casos, no se podrá contaminar, ni pagando.

 

Considerar todos los costes y atribuirlos a sus causantes provocará, obviamente, un fuerte incremento de los precios del agua. Por su parte, la protección de los humedales, ríos y lagos de la Unión Europea, restringirá sus usos y supondrá el empleo de importantes desembolsos adicionales, que tendrá que soportar la colectividad.

 

Para celebrar el Día del Agua, la Comisión Europea ha difundido este 22 de marzo un documento realizado por cuarenta expertos en el que se concluye que el cambio climático está teniendo un impacto significativo sobre las aguas europeas. El nivel del mar ha aumentado entre 0,8 y 3 mm/año, y se teme que ese ritmo se duplique en el siglo XXI. El cambio de las líneas costeras, la salinización de acuíferos y humedales, y la modificación de los hábitats biológicos, traerá duras consecuencias sobre las poblaciones, no solamente humanas. El mismo Informe recoge que las precipitaciones en la cuenca mediterránea se redujeron en el período analizado un 20%, y es previsible que la escasez de agua generará fuertes tensiones entre los afectados.

 

El trabajo propone que la Unión Europea legisle con nuevos enfoques que tengan en cuenta las características de las diferentes regiones. En particular, aconseja que se analice la competencia por el agua entre las poblaciones y la agricultura, considerada como la actividad más vulnerable en condiciones climáticas desfavorables.

 

Habrá que seguir alimentando de sensibilidad, prudencia y solidaridad el cauce tormentoso de los intereses por el agua, aunque no estoy muy seguro de que resurjan siempre amorosos pensamientos. A salvo de lo que opinen Don Quijote y Sancho si se acercan esta vez, como yo les aconsejaría,  a Zaragoza.

 

Carta desde Europa : Imanes, juegos de azar, dulcineas y santas

Este articulo fue escrito para El Imparcial de Oaxaca el 26 de diciembre de 2004.

 Mi querida amiga, me permitirá que hoy dedique mi correo, además de a Vd.,  a todas las mujeres. No pretendo con ello compensar agravios ni recuperar cuotas mínimas. Mis razones son prosaicas y tienen su seguro origen en que pasé la Nochebuena solo, leyendo a saltos el Quijote y meditando sobre el papel que la mujer juega en mi vida.

Por la tarde, cuando me acerqué al centro de Madrid para gozar del ambiente, pasé  bajo los arcos de iluminación que la austríaca
Eva Lootz colocó en el Paseo de Recoletos. Las luces componen palabras que, según esta artista plástica, están relacionadas con la Navidad, aunque, en mi opinión, abarcan un muestrario tan variopinto que más bien parecen elegidas al azar de un Diccionario. Los transeúntes pueden escoger entre palabras muy distantes como dignidad y lujuria, estupor y garaje, inútil o serpiente, que, en mi opinión, tienen la misma relación con el espíritu navideño que el culo con las témporas (ninguna de estas dos palabras, por las que me disculpo si le ofenden, están en la propuesta luminosa).  

En estas fechas, yo me vuelvo aún más tradicional, y de haber estado Vd. aquí, o alguien de mi familia, habría preparado unas flores de Navidad con la receta de la Tía Petra, una lúcida centenaria a la que llaman así en Miranda del Castañar, en Salamanca, y que todos los años mezcla siete huevos, un tazón de harina, azúcar y un cuartillo de agua para hacer cincuenta delicadezas comestibles que reparte a los vecinos.  

Mi hija que, como Vd. sabe, anda de excursiones por la India, me ha escrito desde un ciber-café de Nueva Delhi para contarme que ha llegado muy bien y que va a pasar el fin de año en Agra. Un lugar muy adecuado para románticos, y más desde el frío con la que este invierno nos anuncia su presencia,  ya que en esa ciudad está el Taj Mahal, el templo de amor que el emperador Shah Jenan mandó construir a la muerte de su esposa Arjumand Banu, que le dió 14 hijos.  

Pero no creo que el recuerdo de tanta fertilidad ni un marco tan impresionante despierten en los jóvenes de ahora los mismos sentimientos que a sus padres. Lo percibo incluso en los juguetes. Las niñas de mi generación se pirraban por poseer una Mariquita Pérez o un Juanito, con su carita neutral de porcelana. Mi hija y sus colegas han jugado con decenas de Barbies, a las que se pasaban el día vistiendo y desvistiendo.

Pues bien: las niñas de ahora, van a jugar con unas miniaturas de sí mismas, porque sus papás pueden encargar muñecas con el rostro y el corte de pelo de sus hijas. Puedo suponer incluso que, si con el tiempo a las nenas no les gusta la cara del juguete de plástico, podrán llevarla al cirujano y ordenar un remodelado de sus facciones.

Una adaptación correctora que será más barata, y menos arriesgada, que el proceso seguido por
Feng Qian, nombrada a sus 22 años Miss Belleza Artificial de China, después de haber sufrido seis operaciones de cirugía estética, sin encomendarse a Mao ni al diablo. Abro mi boca de estupor ante la estupidez humana. 

El que hubiera estado mejor con la boca cerrada, es el imán de Fuengirola (Málaga), Mohamed Kamal Mostaza, que pasó 20 días en chirona por haber escrito un libro, que además no vió la luz, sobre “La mujer en el Islam”. En él instruía a sus fieles varones sobre cómo castigar a sus mujeres sin dejarles cicatrices ni hematomas. Fue condenado por la Audiencia de Barcelona  a 15 meses de cárcel y a  pagar una multa, pero acaba de ser puesto en libertad porque ya no se le apreciaba peligrosidad social.

En realidad, a la inmensa mayoría de los condenados a penas inferiores a dos años, cuando no tienen antecedentes penales, se les suspende la pena, pero el imán se fue al trullo por el escándalo causado por sus declaraciones. La abogada Maria José Varela, portavoz de decenas asociaciones de mujeres que ejercieron la acusación popular, dice estar “horrorizada” por la decisión de excarcelarlo, que es justamente el sentimiento contrario que expresan
Hamen Salah y Radua Kamal esposa, e hija, respectivamente, del convicto, que desean “empezar una nueva vida”, pero no van a cambiar de presunto torturador, porque “siempre han sido felices con él”.  

Esa interpretación del Corán de que el amor con sangre entra, no es nueva, sin embargo. La Corte de Casación de los Emiratos Arabes Unidos ya había dictaminado que el marido tiene derecho apegar a su mujer para disciplinarla, “siempre que los golpes no dañen sus huesos ni deformen su cuerpo. “

Pero desde nuestra formación cristiana estamos autorizados a tirar la primera piedra. La socióloga mexicana Sylvia Marcos, profesora en la Autónoma de México, editora de un libro sobre Religión y Género y beligerante en la materia, nos ha recordado que “las religiones de base cristiana propagan la animadversión a la mujer, situándolas en una categoría inferior, identificándolas como símbolo de la carne, del pecado y de la tentación.” Hace un par de años –creo que con ocasión de la visita del
Papa Juan Pablo II a México en el 2002-, y al par que criticaba al Pontífice su furor canonizante, Sylvia manifestó su desacuerdo agnóstico con haber hecho santas, y, por tanto, ejemplos a seguir, a Elisabeth Mora y Gianna Beretta. La una aceptó hasta morir recibir “las golpizas de su marido” y la otra ofreció su vida antes que consentir en abortar.

Lo que no le perdono a Sylbia es que haya dudado de la existencia de
Juan Diego, porque por ese camino acabaremos negando la existencia de la Virgen de Guadalupe. Con tantas dudas respecto al ideal femenino, comprenderá Vd. que me haya inclinado en esta Nochebuena por la abstracta contundencia de una campesina como Dulcinea del Toboso, preparando ya que el próximo año se celebrará el cuarto centenario de su nacimiento literario. El Quijote, que no prodigaba halagos, dijo de ella que “en ser hermosa ninguna le iguala y en la buena fama, pocas le llegan”.

Aunque si tuviera que elegir un modelo de carne y hueso, me inclinaría hoy por
Pilar Manjón, cuya mirada muy triste nos recuerda a todos que perdió a un hijo en el atentado vergonzoso del 11-M. Contando  su verdadera historia, aprovechó su comparecencia en la Comisión Parlamentaria que investiga los entresijos de esa masacre fundamentalista, para poner a caldo a los políticos, que, en su opinión dolorida, siguen comercializando votos con el dolor de las víctimas. Solo salvó de su denuncia genérica a tres mujeres: Trinidad Jiménez, Inés Sabanés y Matilde Fernández, todas ellas con la misma orientación izquierdista de la compungida madre.

Como yo quiero ser neutral, voy a añadir por mi cuenta y riesgo en la chalupa salvadora a
Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, y afiliada al PP, que, a pesar de las bombas y de la violencia, quiere mantener como máxima seña de identidad de Madrid, “estar abierta a todos y a todo.” 

Usted sabe que había creyentes de que el premio gordo de la Lotería de Navidad tocaría este año en Madrid, pues se pretende detectar una tendencia en el azar para compensar la desgracia con los premios del Bombo. Pero no ha sido así, y la suerte ha vuelto a visitar sin razón social la expendeduría de La Bruja de Sort, en Lleida. Pero si me sigue en el secreto, yo explico en parte tanta suerte porque allí han vendido este año más de 150.000 billetes, superando a Doña Manolita, en la Gran Vía de Madrid, que apenas llegó a los 94.000.

Teniendo en cuenta que el sorteo más famoso de España consta de 66.000 números y que de cada uno se hacen 195 series, resulta que ese pueblo leridano es responsable del 1% del total jugado en toda España. Una inversión, de todas formas, productiva.
 Pero hay quien prefiere llamar a la casualidad para hacerse rico, imprimiendo papeles con las propias palabras,  como Joanne Kathleen Rowling, que ha terminado su sexto Harry Potter, en lo que será un nuevo éxito de las aventuras del niño mago y sus amigos del colegio Hogwarts. La vida de esta escritora, Premio Príncipe de Asturias de la Concordia el año pasado, es un ejemplo de resistencia a la adversidad. Escribió su primer libro en una cafetería, con su hija mayor en brazos, porque, recién separada y pobre, no tenía otro sitio donde calentarse mejor.  

Le voy a confesar, sin embargo, que a mí me gusta más como escribe Elfriede Jelinek, la austríaca que fue designada Premio Nobel de Literatura en el 2004, y que no se acercó a recoger el galardón en Estocolmo el 10 de diciembre, coherente con su desprecio al fulgor de cualquier recompensa por escribir, que no sea la del aprecio de los lectores. Feminista sin pelos en la lengua, como lo demuestra en sus novelas Deseo o Las amantes, (las dos que yo he leído), es una radical defensora de los derechos humanos,  que protesta de paso por la desaparición del lenguaje en la literatura, porque deja de ser lenguaje cuando se negocia con ello. 

Como de literatura voy servido, esta noche me voy a acostar después de escuchar a Desdémona en la voz de lírico spinto de la desaparecida Renata Tebaldi. Mientras lo hago, trataré de comprender por qué María Callas, cuando le pidieron que opinara sobre ambas, dijo que “no se podía comparar el champán con la Coca Cola”. Pero me temo que no descifraré el enigma. Como me gustan las dos, supongo que de haber conocido mejor a Santa Teresa, tal vez la divo de peor genio hubiera afinado un poco más y repetido sencillamente aquello de “Cuando perdiz, perdiz, y cuando penitencia, penitencia.” No siendo además celoso, ni tampoco buen crítico, y sin capacidad ni ganas para interpretar a Otelo, me soñaré sentado al lado de Verdi, con la cabeza de Vd. apoyada en mi hombro.

Así imagino mi feliz entrada de año, mi buena amiga.

Poemas de encargo (IX a XI)

IX

  

Al cumplir la edad, pido una prórroga

a quien mande aquí.  Me avala algarabía,

la costumbre de tratar con buenas gentes

que a falta de un héroe

confiarán en mi capacidad para montar el espectáculo.

 

Si quieres un profeta del caos, me has encontrado.

Tengo el perfil adecuado, llevo tiempo

ensayando caídas por la escalera,

con finales del todo aparatosos. En las peleas

salgo siempre maldito con vendas en las manos

y mucha sangre en la cabeza.

 

Tomo el mando, letrado, deja sitio.

Es mi turno, anillo al ruedo, tengo oficio

y aunque a ratos me fallen las fuerzas

sabré sostener el estandarte,

conduciré a este pueblo,

en un último acto de amor,

con  rancio pulso firme,

hasta estrellarlo contra la pared.

 

Dáme esta última oportunidad,

aunque viejo capaz

de disfrutar a mandíbula batiente

con una buena paradoja:

ser útil a la tesis contraria, honesto yendo

con la verdad siempre por delante,

culpable también para el verdugo,

leal a la palabra dada

hasta la muerte sin abrir esta boca,

es mía

la máxima atracción para concitar

los odios de una tribu sin ley,

ser molesto rival fácil de vencer

para el cacique

y, en fin,  para la soga,

cuello.

  
  

X

  

La necesidad de vivir podrá ser una fuerza banal

que aflora en todas partes, carcoma que perfora

el cerebro, las ingles, el estómago.

 

Sus avances se notan.

 

Perderíamos tiempo

en confirmar lo evidente: que nos vamos,

que cuanto más disfrute, menos queda,

que pueden más las lágrimas.

 

Al mirar de cerca nuestra obra maestra,

detectamos

cuánta debilidad persiste en lo que hacemos muy bien,

y qué peligro tiene mostrar a los otros fortaleza;

de nada sirve claudicar ni vencer,

si bien comunicar estas carencias

nos permite un poco de descanso.

 

Cuando miro a otros lados

veo que me muevo junto a chinescas sombras ciertas

que mueren dando a luz,

y a pesar de todo voy poniendo huevos

con los mismos efectos destructivos

que la madurez causó en nosotros,

infectando todo cuerpo extraño

con ilusiones, ganas, postres y canciones

y esperando, muerte, el resultado.

  

.

 
  

XI

  

Qué voz de seductor, qué cánticos rasgados,

qué arias de agudos tan sabidos que producen

emociones de puertas encontradas,

qué cauto el cazador, astuto carnicero

que con la presa ocasional retorna al nido

y allí la despluma montaraz, experto cocinero

que prepara el condumio con pizcas de ajo y sal,

sin que los gritos y ayes de la víctima

promuevan su perdón, (más bien  lo excitan),

que infortunio mayor no hay como el suyo.

 

Desoyendo los aires de clemencia,

apartando con las ansias de matar, entre las otras,

las razones de prudencia y honor,

compartimos su gusto complacientes admitiendo

qué música tan grata el fuego que crepita,

qué paciencia demuestra revolviendo bien las ascuas

hasta dorar la piel del trofeo por igual por todos lados,

y qué silencio más sórdido aquel con el que ahora vuelca

en la escudilla de raíz de brezo, a riesgo de quemarse,

conseguido el color asado que los hace tan apetitosos,

los íntimos despojos de la pieza

que ahora digo que cazamos furtivos

esta misma mañana en la tierra de nadie que es futuro.

  
 

Dibujos de Angel Arias: Paisajes singulares (2001)

Dibujos de Angel Arias: Paisajes singulares (2001)

Al socaire: Recetas de cocina para aficionados a seducir

En cada uno de los viajes que voy realizando con motivo de mis quehaceres profesionales, vuelvo a casa con un par de libros de cocina. Así me he hecho con una colección de algunas decenas de muestras de la cocina popular de los más dispares puntos del planeta. Pongo énfasis en el adjetivo, porque me interesa sobre todo lo que cocinan las amas de casa de los pueblos del mundo, que es la consolidación local del saber cocer, asar o quisar, los animales y las hortalizas próximas a uno.

No todos los muestrarios de recetas de que dispongo son colecciones realizadas por las Nieves, Virtudes o Doña Paquitas de la ancha tierra. También tengo sofisticados recetarios de maestros de la nueva cocina, elucubraciones de novísimos, y narraciones desorientadoras de charlatanes, así como cuentos de nostálgicos de lo que se perdió en el campo.

Entre los más curiosos libros que incorporan a las recetas otras sabidurías, guardo el escrito por Heinz Maier-Leibnitz (Kochbuch für Füchse, Piper, 1980). El autor es un afamado físico alemán, que fue director del Instituto Max von Laue en Grenoble, y presidente de la Academia de Investigación alemana. Una eminencia profesional en la física de neutrones.

Su incursión por las ciencias culinarias, cuyo título traduzco libremente como "Libro de cocina para avisados", recoge unas cuantas recetas, minuciosamente descritas -no podía ser menos, dado el autor-, en las que se mezclan los datos del proceso del laboratorio químico físico instalado en la cocina, con anécdotas y comentarios acerca de los comensales reunidos en torno a la mesa del salón, sus expectativas y, en fin, consejos sobre la manera de tratarlos para que se encuentren bien en nuestras manos.

Conozco a unos cuantos personajes de otras artes que disfrutan invitando a sus casas a los amigos, para que degusten sus especialidades. Sin citar sus nombres, pero sí apuntando a sus producciones, he tenido el placer de comer magníficas fabadas asturianas, cocidos maragatos, potes alsacianos, carpas al hinojo, enchiladas y moles poblanos, corderos con cuscús y otras delicadezas, cocinadas con primor por expertos y expertas que habían conseguido su fama sin tener nada que ver con los fogones.

No estoy a la altura de esos especialistas del mimo a la cacerola, porque, aunque me gusta cocinar, he caído en la esclavitud de lo que en mi casa llaman "cocina a lo John Wayne". Para mí, todo guiso comienza pochando en aceite de oliva de primera calidad cebollas y pimientos verdirojos, más o menos finamente picados, con unos dientes de ajo sin pelar, a los que acabo añadiendo tomates y algunos trozos de las verduras que encuentro en la nevera. Conformo con ello una base a la que, según el estado de ánimo, puedo añadir patatas cuadradillo semifritas, un par de puñados de guisantes tiernos; las justas verdinasya cocidas, unos trozos de carne guisada, o lo utilizo para acompañar como picadillo a unos fettuccini al punto.  

Ni qué decir tiene que el caldo de ese pote nutricio lo habré conformado y ligado con vino blanco, agua de Vichy o cerveza, y salpicado con un chorrete de vino de Jerez o de un Porto al hilo, porque una de las gracias de este guiso de cowboy es que todo esté más bien caldoso.

Estoy seguro de que no mereceré figurar en ninguna enciclopedia de maestros de la cocina, ni siquiera entre los chapuceros. Pero, puedo asegurarles que, en el otoño, cuando vuelvo a casa con la carga de níscalos que tal vez tuve la suerte de encontrar, y preparo con ellos una cacerolada de setas a lo John Wayne con vino tinto y patatas -por favor, supríman en ese caso los pimientos- noto cómo mis papilas gustativas y jugos gástricos se han venido preparando para hacerme pasar uno de los mejores ratos de mi pequeña historia.

 

Eutanasia, premios, huracanes y bodas (Carta desde Europa)

Esta fue la Segunda Carta desde Europa, qu escribí el 11 de septiembre de 2004, para el periódico El Imparcial de Oaxaca. Ya sabéis la historia: un profesor español enamorado platónicamente de una mujer casada mexicana... y todo lo demás

   No me podía imaginar que mi promesa fuera a tener los pies tan frágiles. A los pocos días de enviarle mi primer correo en el que me comprometí a escribirle regularmente cada domingo, mi ordenador me abandonó. Se vió atacado por un implacable ejército de virus informáticos, de esos aviesos, muy retorcidos. Me hicieron creer que mis mensajes llegaban normalmente a sus destinatarios, y no tuve sospechas de que nada funcionara incorrectamente, mientras parece que se intentaban apropiar de la información de mis cuentas bancarias, mis números secretos, mis direcciones de correo y hurgaban en mis intimidades.

Me salvó de la catástrofe total lo que creía que era mi condena, un mensaje que sonaba a despedida, porque la pantalla se colapsó: “Has realizado una operación errónea y tu sistema se apagará”.
 Lleno de pánico, llevé el ordenador a una prestigiosa clínica informática. Realizado prestamente el diagnóstico (“qué mala pinta tiene esto”), y después de mantenerme dos semanas sin ordenador, los especialistas concluyeron que el mal era incurable y me propusieron, en fin,  reformatear el disco duro.

Cuando reconocí que no guardaba copias de seguridad de la mayoría de mis cosas, y que en ese trozo de hierro estaba la mitad de mi vida, no levanté la menor compasión, sino que se me miró como a un insensato. Me vi en una situación de completa desazón, y, negándome a hacer irreversible la pérdida de cuanto guardaba, como el familiar del difunto que confía en que todo vuelva a la situación anterior, volví a casa con mi yerto portátil en las manos.

Por fortuna, en el ascensor le conté a mi vecino mi desgracia, y me envió a su hijo para que le echara un vistazo al desahuciado. Lo llevó consigo y al día siguiente reapareció con una sonrisa de oreja a oreja para decirme que había conseguido recuperar la mayor parte de mis documentos y archivos. Entre ellos, querida amiga, su dirección de correo electrónico.
 

Me tiene que disculpar ser tan prosaico, tan poco romántico, pero estoy seguro de que se podrá imaginar que, para un profesor universitario, perder su ordenador es similar a perder un trozo de cabeza. Pero quién se va a molestar en hacer todos los días un back-up de algo que parece indestructible y al que ha protegido con un montón de caros programas de defensa anti-virus que se actualizan automáticamente a diario.

Ahora imagino como será el Apocalipsis. El anticristo es el Gran Virus. Nos hemos hecho dependientes del coche, el teléfono y el ordenador. Sin ellos, somos otras personas, qué digo, no somos nadie.  
 He ido a ver Mar adentro, la última película de Alejandro Amenábar, éxito de taquilla desde su salida, y premiada ahora por la crítica en la Mostra de Venecia, la bella ciudad que parece estar siempre de vacaciones. Este joven director fue discípulo y protegido de Jose Luis Cuerda, quien quedó impresionado al leer el guión de Tesis, escrito cuando aún era estudiante en la Escuela de Cinematografía.

Dicen que la idea le surgió como su venganza del profesor de Realización, que le había suspendido. Aquella primera obra se inspiraba en los snuff movies, que Vd. sabe son películas que registran a personas realizando actos sexuales, que acaban siendo asesinadas.

Las películas de Amenábar  están narradas desde una sensibilidad especial –se ha confesado homosexual, pero obviamente no me refiero a las consecuencias de esa inclinación-, y una parte sustancial de su corta filmografía gira en torno a la muerte.  La película cuenta la historia real de  Ramón Sampedro, un pescador gallego tetrapléjico desde los 25 años, después de tirarse de cabeza en la peligrosa playa de As Furnas, que estaba al lado de su casa. Durante casi 30 años estuvo defendiendo su derecho a morir, a suicidarse. Dada su incapacidad física, sin embargo, necesitaba la ayuda de otras personas, por lo que su deseo se transformaba en una solicitud de eutanasia. Perdida la batalla legal, acabó distribuyendo meticulosamente entre sus amigos y simpatizantes las actuaciones que llevaron a su mesita de noche un vaso de agua con cianuro, que bebió –ante una cámara fija- con una pajita que alguien había puesto en su boca. Miles de personas reconocieron haberle ayudado a morir.

La difusión de su historia, con el dramatismo de las imágenes de su final, en que justificaba una vez más las razones  y se confesaba único responsable de su muerte, abrió una polémica sobre la eutanasia que no se ha cerrado en absoluto, y que la película replantea de forma muy inteligente.
 La interpretación de Javier Bardem es excelente, como la de todo el equipo. Al actor le han dado la copa Volpi como mejor actor. Sampedro-Bardem son seres vitalistas, seductores, y la identificación del actor con el personaje real es tan perfecta que a uno le extraña verle moverse con naturalidad después de haber representado una muerte tan creíble. Nos gustaría reencontrarnos a un Sampedro vencedor, para confesarle que nos ha impresionado.

Al ver la película, me pareció entender que la decisión de querer morir nos afecta a todos, de alguna forma. Nos acecha el momento en que seremos conscientes de que no será posible hacer aquello que más deseábamos. Estamos todos en riesgo de pertenecer a alguna categoría de desalentados. Parados, olvidados y marginados, desengañados, ancianos, locos, enfermos incurables, los muy lúcidos…
 

El presidente del gobierno español, Jose Luis Rodríguez Zapatero, ha tenido que opinar sobre si hubiera ayudado a morir a Sampedro, y ha dicho que no lo hubiera hecho, aunque comprende su decisión. Por cierto, Juan Jose Millás, uno de los mejores periodistas de acá, le hace un seguimiento de varios días que recoge El Pais semanal. Ya se puede imaginar que el político tiene una agenda agotadora, y uno, tan frágil o tan vago, por más que lo vea joven y de buena salud,  cree que le resultará difícil mantener durante toda la legislatura.

Los políticos parecen vivir en un estado de hiperexcitación cuando llegan a un cargo público.
 Me despertó especialmente la curiosidad lo que el periodista escribe sobre la capacidad de la seducción del Presidente. Justamente acabo de asistir invitado a una tertulia en un restaurante de Madrid en el que un grupo de amigos hemos comentado sobre las relaciones duales entre seductores y seducidos. Hemos hablado de que durante siglos, la cualidad determinante del político fue la seducción por la palabra, su elocuencia, su retórica. Es decir, el modelo Cicerón. Los contertulios estuvimos de acuerdo en que los políticos no seducen ya con la palabra,  no les hace falta. El pueblo prefiere elegir como representante al hombre de la calle, a alguien que no destaque en especial, cuya capacidad de verbalización sea incluso vulgar.

Zapatero seduce, eso sí,  con su gesto de desvalimiento al meter las manos en el bolsillo cada vez que se encuentra en una situación nueva, desviando así –dice Millás- la atención de sus titubeos verbales.
 

Estoy siguiendo con interés y alarma las noticias sobre los huracanes que están asolando la zona de las Antillas. Con razón el nombre se ha tomado del vocablo maya para llamar al diablo. Recuerdo bien las imágenes de aquel Gilbert en 1988, el mayor del siglo pasado. No tenemos aquí experiencia alguna de esos fenómenos, y cuando un vientecillo supera los 100 kilometros/hora las autoridades declaran ya máxima alerta. Me impresiona ver las escenas de gente resignada claveteando tablas en puertas y ventanas tratando de impedir que los terribles vientos, no entren en sus casas y lo arrasen todo.

Cuando le escribo esto,
Iván, uno más de la serie de hermanos demoníacos nacidos en este septiembre, ha bordeado Cuba y se encamina hacia Florida. Con su permiso y mi frivolidad, como estoy convencido de que la furia se desvanecerá al rozar las costas mexicanas, yo le propongo ir con Vd., utilizando nuestra imaginación, a la Playa del Amor, en Puerto Angel, a contemplar el oleaje.  

Estamos en el tercer aniversario del atentado del 11-S de Nueva York y han pasado seis meses desde que sufrimos en Madrid el 11-M. Apenas hace unos días, en la ciudad de Beslan, en Osetia (Rusia) otros terroristas eran la razón de centenares de muertos en una escuela donde se celebraba el comienzo de curso. Todos estos muertos, y tantos otros, han sido elegidos como emisarios del odio del hombre frente al hombre. A medida que me voy haciendo mayor (no, por favor, no me venga ahora con que me ha visto muy joven) aumento mi escepticismo.  Me preocupa mucho el aumento de los terroristas, y no me importa que sean bandas a sueldo o guiadas por fanatismos religiosos.

Un historiador británico,
Timothy Garton Ash, opina estos días que no es posible defender la tolerancia sin  luchar y que una buena parte de los terrorismos son explicables, en el sentido de que tienen causas, que son las que hay que eliminar. Conocemos muchas causas, desde luego: la pobreza y las desigualdades, la lucha por las materias primas y fuentes de energía, la ignorancia o el abuso de poder, la intolerancia, la respuesta a la agresión previa, etc.

Por otra parte, los pueblos viejos perdemos mucho tiempo en discutir los pasos previos, las formas, al fin y al cabo, lo menos trascendente. Valga un ejemplo. En el Ministerio de Defensa de mi país están ocupados por examinar las consecuencias mediáticas del rechazo de un aspirante a soldado,  transexual nacido mujer pero actualmente varón según su DNI, que, después de haber superado todas las pruebas de acceso, incluso las psicotécnicas, dejó evidente en el examen médico que sus órganos sexuales seguían siendo femeninos. Así que es posible que tengamos una división transexual, para un Ejército cuya utilidad tantos se plantean.
 

Otra polémica ardiente, ésta en Francia, reside en decidir si las jóvenes estudiantes musulmanas estrictas pueden ser autorizadas a llevar el velo en clase, tal como su religión les prescribe. Usted y yo podemos pensar que hagan lo que quieran, como no nos atreveríamos a opinar si es mejor o peor que otros alumnos vayan con minifalda, pasamontañas, lleven piercing, tatuajes horribles u ofrezcan sus ombligos al aire.

No crea que en España estos problemas de la observancia religiosa nos son ajenos, ya que el número de inmigrantes ha subido de manera impresionante, y alcanza los 3 millones de personas, de los que se cree que 1 millón son irregulares, y las diferencias culturales y, por tanto, religiosas, empiezan a hacerse sentir. El Gobierno ha creado la vía del “arraigo social” para legalizar a los extranjeros que demuestren que llevan un año trabajando ilegalmente, si denuncian a su empresario, buscando el “borrón y cuenta nueva”.
 

Me han comentado en Secretaría de la Facultad donde doy clase que este año aproximadamente un 10 % de los alumnos inscritos son musulmanes, y que varias organizaciones han protestado por la celebración religiosa confesional católica del comienzo de curso, y que demandan la suya. Yo preferiría que las celebraciones públicas se hicieran aconfesionales. Reconozco el magnífico boato de una boda religiosa, pero también debo decirle que las bodas civiles han mejorado muchísimo. He asistido recientemente a una en la que se leyeron escritos muy ocurrentes sobre los novios, se distribuyó una copa de cava por el Ayuntamiento y el concejal improvisó una magnífica homilía sobre la fidelidad y la vida en común que no tenía nada que envidiar las que hubiera podido prenunciar el mismo padre Feijoo.  

Se casa Laura Ponte, una de nuestras top modelos, con un hijo de la infanta Doña Pilar, hermana del Rey. Los miembros de las familias reales están consolidando su tendencia a casarse con plebeyas, demostrando sus gustos eligiendo hermosos ejemplares de la raza, con las que antaño se limitarían a ejercer su derecho de pernada . El príncipe Felipe, al haberse casado con la ahora también princesa Letizia Ortiz, periodista asturiana, abrió las puertas del cuento de hadas a las familias normales (con su muestrario de matrimonios fracasados, padres separados, abuelos taxistas, estudios en escuela pública, veraneos en el pueblo, partidas de tute.  etc).

Lejos los tiempos en los que la sangre azul buscaba a miembros de otras familias reales para fortalecer vínculos de Estado y defender el status. Ahora los vástagos de las monarquías, en indudable decadencia, no se recatan en reconocer que persiguen los mismos ideales que los demás humanos, repitiendo que son iguales a nosotros. Supongo que son conscientes de que nos están poniendo en evidencia, pues no parecen saber en qué consiste su papel de ser abejas reina de nuestra colmena. Nos dicen también que el mejor sitio para aprender a ser príncipe o princesa, son las Universidades. En lo demás, como escribiría
Andersen, no les importa que el pueblo vea que van desnudos.  

Confio en que mi ordenador no se vuelva a estropear, y pueda enviarle mis correos todos los domingos, sin problemas, a partir de ahora. Ya sabe que no espero su contestación, pero unas palabras, unas simples palabras, me harían pensar que me lee, que aquellas magníficas noches en Oaxaca no fueron un sueño ni un delirio de mi imaginación. Espero que no le haya molestado, sino al contrario, que esta mi segunda carta sea tan larga. Tengo tantas cosas que decirle… Suyo afectísimo.

Al socaire:¿Triunfo exigüo de López Obrador en México?

Me está pareciendo que López Obrador ganó en las elecciones en México, pero por muy poquita diferencia. Tan escasa, que nunca va a ser detectada en las urnas, por mucho que recuenten y vuelvan a recontar.  

Los votos que  le faltan puede que estén perdidos en muchos miles cajas, y será mucha suerte encontrar esos 240.000 entre los otros 60 ó 70 millones, que es como buscar una aguja en un pajar, y si pones la vista en una esquina se te van las vainas por la otra. Es muy cansino andar peleando por un margen tan estrecho.

De buscar, seguro que son más las intenciones que nunca llegaron a plasmarse como votos.Y esas, quién los encuentra. Los que se quedaron en casa por miedo, los que no supieron, los que jugaban a la espera. Allí cuentan también los que se quedaron en las manos de los cientos de personas a las que no dejaron votar en Veracruz, los que no llegaron por el cierre anticipado de las casillas en Morelos; qué se yo, los que se perdieron cuando se cayó el sistema en varios pueblos de Sinaloa o se esfumaron con las boletas que faltaron en Puebla.
 

Andrés Manuel López Obrador, AMLO, como le llaman muchos utilizando sus iniciales, ya está acostumbrado, en realidad, a perder de aquella manera. Lo hizo cuando se presentó a la presidencia de Tabasco, animado por Cuahtémoc Cárdenas, entonces desde las filas del PRI, y le dieron con la puerta en las narices, en lo que dicen los suyos fue un pucherazo en toda regla.

Ahora AMLO, desde el Partido de la Revolución Democrática (PRD), representa una izquierda moderada, de las que seducen a las gentes de buena voluntad, y busca el apoyo de los humildes de bolsillo, y de los intelectuales de corazón, a los que ha querido atraer con el eslogan de la campaña: «Por el bien de todos, primero los pobres».  

También sabe AMLO, claro, lo que es ganar. Por estrecho margen, pero suficiente (cinco puntos) ganó en julio del 2000, las elecciones por la alcaldía de México DF, derrotando al candidato del Partido de Acción Nacional (PAN) y sellando una enemistad duradera con el presidente Vicente Fox, que estuvo sin duda entre las razones que impulsaron la acusación de recibir sobornos y la retirada de la inmunidad durante un tiempo.

A López Obrador le conocen también como 'el Peje' , el pez lagarto que vive en las aguas de Tabasco, donde aquél nació, un animal correoso con el que se preparan  empanadas y el chirmol, un platillo con semillas de calabaza y tortilla quemada. Como experimentado político, el peje López Obrador, defienda que se haga un re-escrutinio voto a voto, sabe que no va a ganar. Sabe incluso que no merece la pena ganar con un margen de solo un puñado de papeletas favorables, para embarcarse en un programa como el suyo, como lo esperan al menos la mitad de los mexicanos.

Los López Obrador, como los Albert Alnord Gore jr –y algunos otros- saben/sabemos lo que es dejar el campo libre para mejor ocasión, habiendo vencido solo por los pelos. Porque la historia demuestra que con un programa renovador hay que ganar por mayoría limpia y suficiente.

Los que se han afincado en el poder, defenderán desde él con uñas, dientes y patadas, desde el control del carro al que están subidos, que nadie les mueva de allí. Con la sartén agarrada por el mango, se encargarán de marcar la diferencia, habrán procurado impedir que voten los que estén en contra; habrán hecho lo posible por anular los votos que no les fueran favorables; no descuidaron, seguro, controlar y nombrar entre los afines a los miembros de las Comisiones electorales, que acaso habrán incluso presidido ellos mismos. Conocemos casos.

Los que quieran el cambio de verdad,  tienen que ganar con tal limpieza que todo el mundo acate su victoria. Si no es así, lo más sensato es retirarse de la batalla renunciando a generar más crispación, sabiendo que la fruta está casi madura, pero que es preferible no apurar hasta romperla, tal vez, la baraja con que se ha jugado y conociendo que había varias cartas marcadas. Nadie piense que es por cobardía. Pura gallardía es, saber esperar para robustecer con la espera la ocasión de ganar por goleada.

Mi consejo: dejar el hálito de la victoria en el espacio, y plantear mejor aún la próxima elección. Para la presidencia en México, habrán de pasar seis años, quizá menos. Mucho tiempo, pero hay que estar en la oposición usando toda la fuerza que da esa casi mayoría. Surgirán oportunidades de demostrar cuanto vale quién manda solo con una mitad y qué puede sino cuenta con la otra.

Y, entre tanto, hay que saber también guardarse las espaldas. No se puede descartar que, al darnos la vuelta, haciendo como que nos quieren abrazar, los poco-vencedores nos intenten clavar la cuchillada.

No estoy sugiriendo que ese propósito esté en el ánimo de Calderón, no vaya nadie a pensar tal desatino. No  hablo ahora de nadie en particular. Recojo de otras experiencias, simplemente.

Linkweak: Historias de un antihéroe (Tiras 5 a 8)

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La Historia de Linkweak prosigue: le comunica a su mujer que le han despedido; sus compañeros hacen conjeturas sobre las razones; asiste a su cena de despedida, y le regalan un tarjetón emotivo.