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El blog de Angel Arias

Al socaire: Buscando una fórmula para evitar conflictos

Como podría colegir cualquier lector de este blog, a mí lo que me pirriaría sería disponer de una columna diaria en un medio escrito desde la que pudiera comentar la actualidad. Me puedo imaginar muy feliz repasando las noticias, con una selección de periódicos desparramada sobre la mesa, un ojo puesto en internet (que da tanto juego, en especial para los que conocemos un par de idiomas), y una taza de café al alcance de la mano.

En jornadas como las de hoy, escoger el tema que llevar a la publicidad presentaría una dificultad por sí mismo: ¿Aventurarse a hacer una reflexión sobre la Cuba después de Fidel Castro, aprovechando para teorizar sobre lo pernicioso que resultan los clanes familiares, aunque sin parecer descortés con las familias reales?. ¿Expresar una opinión sobre el envío de militares españoles como componentes de la "fuerza de pacificación" en el conflicto del Líbano (es decir, con el conflicto provocado por Israel), sin ahondar en la crítica al despropósito que supone aceptar que gentes que pretenden ser civilizadas resuelvan los incidentes fronterizos a cañonazos, sin importarles con ello provocar una crisis internacional y mandar al garete por una larga temporada cualquier proyecto de alianza de civilizaciones que involucre al mundo árabe?.

A escala nacional, los temas son también calientes. ¿Quizá hacer una incursión en el terreno árido del trasvase de unos hectómetros cúbicos desde un exangüe Tajo a unas zonas de Murcia y Alicante, en donde, además de cultivos muy rentables en terrenos que la naturaleza hace siglos dejó en secano, ahora puede estar en peligro el abastecimiento a poblaciones que agrupan casi dos millones de personas?. ¿Podría también opinar sobre los nuevos Estatutos autonómicos, en el contexto de una Europa cuya única opción de supervivencia como proyecto conjunto es la de una unidad regional, máxime si se atiende a que integra ya en la actualidad países que son más pequeños y mucho menos activos económicamente que casi todas nuestras autonomías?

Si atiendo, en fin, a mi formación académica, ¿no debería decir algo acerca de la lentitud de la jurisprudencia para resolver sus casos pendientes, mientras algunos de nuestros jueces estrella se preocupan por ahondar en la aplicación de unas leyes de derecho penal internacional que otros países con más medios e intereses han dejado para mejor ocasión?. ¿Habría que comentar la creciente actitud beligerante, especialmente en el terreno de los conflictos civiles en una sociedad que parece cada vez más incapacitada para entenderse sin acabar a garrotazos?.

En este contexto tan variado, del que renuncio por el momento a aportar nuevos ejemplos, me acuerdo de una frase que oí a mi madre varias veces. "Si dos no quieren, uno no puede". Aunque la conseja popular estaba inicialmente destinada para preservar a los adolescentes ardores de las tentaciones de la carne, me parece que se puede aplicar a casi todas las circunstancias de la vida en la que entran dos intereses en conflicto.

Ahí veo yo el origen de nuestra incertidumbre. En la dificultad de que el otro se deje convencer, porque las verdades -eliminados del debate los principios religiosos, abolidas o discutidas las leyes imperativas, denostada toda autoridad, perdida o nunca entregada la mayor parte de la educación que es base del respeto por la historia y por la verdad de los otros- todos quieren tener razón, y nadie está dispuesto a dar, no ya el brazo, sino el dedo meñique a torcer. Qué digo torcer, a que le pinten las uñas de color,

Con tan corto bagaje, mientras tomo el café de media mañana, pienso en cómo podría aplicarse la fórmula al conflicto entre Israel y Hezbolá, a la disputa por el resultado de las elecciones mexicanas, a la controversia del PP al respecto del Estatuto, a la posición de la Iglesia respecto a la decisión civil de autorizar el matrimonio homosexual, a la expropiación forzosa del gobierno del cholo Evo Morales sobre Repsol-YPF. ¿Quiénes no quieren? ¿Porqué no pueden?.

Al socaire: A FCC le importa el tamaño y aprovecha el buen tipo para incursionar en tierra ajena

La compra del 80% de la empresa constructora austríaca Alpine por el grupo Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) confirma la voluntad de la empresaria Esther Koplowitz de hacer más grande el grupo que controla, incrementando su presencia internacional, para compensar el agotamiento de los filones nacionales.

Esta dieta de engorde se viene haciendo sin variar apenas el rumbo del paquebote empresarial, que se mantiene dentro de los sectores de construcción y servicios, que son las aguas en donde se mueve bien la empresa. La compra de Alpine significa, además, en una lectura concreta de lo que se pretende en ese área hasta ahora poco trabajada, una apuesta de calado para mejorar el posicionamiento de FCC en los mercados centrouropeos, con el objetivo de crear una plataforma de desarrollo hacia la Europa del este, que en los próximos diez o quince años disfrutará de una coyuntura que se espera similar a la que se tuvo en España con la entrada en el Mercado Común europeo.
 

Recuperada del susto que significó la alianza estratégica con Vivendi Universal, FCC tiene excedentes en caja de los años de bonanza y suficiente crédito bancario para alimentar su ansia de crecer, que algunos envidiosos pueden interpretar como huída hacia delante, pero que parece más coherente analizar como consecuencia del propósito de la familia propietaria y sus fieles ejecutivos, de aprovechar las oportunidades de comprar en el extranjero, mientras se cumpla que las adquisiciones no deterioren los ratios de la empresa matriz, los objetos de compra estén bien posicionados en las ramas de construcción, agua o residuos en sus países, añadiendo proyección a otros mercados y, por supuesto, siga habiendo dinero disponible.

La información difundida explica que la operación ha supuesto para FCC el desembolso de unos 480 millones de euros, asumiendo una deuda adicional de 130 Mill. de €, por lo que se ha valorado la compañía en unos 730 Mill. de €. Como Alpine espera facturar 2.000 millones de euros en 2006 y tiene un ebitda (beneficio bruto de explotacion antes de amortizaciones intereses e impuestos) de 115 mill de euros, FCC está pagando un ratio un Valor Empresa/ebitda de 6,3, lo que no está nada mal, y mejora el del grupo comprador.

Con esta adquisición, FCC superará los 8.000 millones de euros anuales en este Ejercicio, y es casi seguro que su EBITDA alcance los 1.200 Mill de €. La mayor empresa española del sector, ACS, anda por cifras de beneficios brutos de explotación similares,  con facturaciones anuales de 13.500 Mill de euros.  

FCC se consolida así como uno de los grupos mundiales con mayor creciemiento dentro del sector. Ha aprovechado muy bien las ayudas que la Unión Europea proporcionó para potenciar la construcción de viviendas, la coyuntura de los bajos intereses de los últimos años, y las amplias inversiones del Estado para la construcción de autovías, vías férreas, depuración de aguas residuales o mejora de los regadíos, entre otros elementos clave del actual desarrollo español. 

Alpine es el caramelo final de un frenesí de adquisiciones que llevó en los ultimos dos meses a FCC a comprar, además,  por 2,05 mill de euros la Waste Recycling Grouyp británica, a tomar el control de la cementera Uniland por 1,1 mill de euros y a tragarse de un bocado a la empresa de agua checa SmVAK por 169 milll de euros .


Por otra parte, en prácticamente todos los casos, FCC se ha comprometido a mantener los actuales equipos directivos, por lo que las operaciones tienen un sello fundamentalmente financiero y no supondrán movimiento de directivos españoles, siempre reacios a viajar.

En el caso de Alpine, el paquete que compró FCC aglutinó las acciones del 66 %, que pertenecia a la familia Pappas,  con las del Erste Bank y las de Otto Mierl. Como socio,  permanece el antiguo presidente de Alpine,  Dietmar Aluta, que retiene su 20,73%. Aluta fue, según se cuenta, la fuerza motriz del acuerdo, y  con toda probabilidad reasumirá el mando de Alpine, que perdió después de haber estado proscrito por los Pappas por haber sido condenado a dos años en libertad provisional y a pagar una multa de 1,8 Mill. de euros, en un caso de sobornos, que él se permitió describir, actuando en su descargo, y para escándalo de propios y extraños, como "habituales en el mercado".  

Aluta está casado en segundas nupcias con una serbia, de familia bien relacionada en los negocios de la zona.  La compra de Alpine refuerza la estrategia de compra seguida por FCC en Austria, que en marzo pasado compró por 229 Mill de euros la empresa de residuos Abfall Service Astria ASA. 
   

Si la vida de las empresas fuera tema de una novela de amores y desamores, la historia reciente de FCC optaría al lugar de los best sellers. Vinculada hasta hace poco al gigante que se revelaría con pies de barro, Vivendi Universal (hoy travestido en Veolia Environnement), el grupo francés pasó de ser un compadre estratégico a considerarse como un apestado, aunque FCC mantiene la relación en Latinoamérica y norte de Africa.

Pocos se acuerdan de aquellos tiempos en que el fenómeno mediático Jean Marie Messier, era un empresario de éxito arrollador, que deslumbraba al mundo con sus compras, y al mismo tiempo que elogiaba la belleza e inteligencia de Da. Esther con el mejor espíritu donjuanesco, llevaba al borde la bancarrota al grupo francés y estuvo a punto de arrastrar en la caída a FCC, hoy salva, aunque más experimentada.

Linkweak: Historias de un antihéroe: Conexión a PDF

Linkweak: Historias de un antihéroe: Conexión a PDF

Las historietas del antihéroe Linkweak  se podrán ver mejor en formato PDF, por lo que las he trasladado a la página:

http://www.alnorte.es/linkweak.php

Tengo ya más de cien tiras dibujadas, y puedo adelantar que las vicisitudes por las que me decidí a movilizar a mi personaje de cómic, pretenden ilustrar sobre varias cuestiones, que juzgo, por supuesto que pretenciosamente, de interés general para nuestra sociedad. A saber:

-los problemas de la reinserción laboral de las personas de más de cincuenta años, que no han decidido voluntariamente retirarse del mercado.

-el desprecio hacia la experiencia adquirida en el trabajo profesional, en beneficio de lo aprendido en las escuelas de negocios, a base de "case study", en cursos no siempre impartidos por gente experimentada, sino por alumnos aventajados de las propias escuelas.

-la defensa del corporativismo profesional y del inmovilismo empresariales frente a las opiniones críticas, negativas como positivas.

-los, a veces, misteriosos mecanismos que producen la rentabilidad de las empresas, desconocidos incluso para sus empleados de cierto nivel directivo.

-el parecido entre el funcionamiento de la administración pública y las grandes corporaciones.

Por supuesto, Linkweak se encuentra también con elementos positivos:

-La solidaridad inesperada de algunos a quienes había apenas tratado.

-La consecución de algo parecido a un rejuvenecimiento personal que le lleva a resolver sus nuevas dificultade con inesperada imaginación y otros recursos.

-Una manera lúdica de revisar lo que le habían parecido los problemas más importantes.

Pero no adelantemos acontecimientos.

Linkweak: Historias de un antihéroe (tiras 13a 16)

Linkweak: Historias de un antihéroe (tiras 13a 16)

Más sobre el personaje. Despedida de Clearmind y otras reflexiones.

Linkweak: Historias de un antihéroe (tiras 9 a 12)

Linkweak: Historias de un antihéroe (tiras 9 a 12)

Más historietas del antihéroe: encuentra a un antiguo compañero en la cola del paro; descubre que no tiene derecho a cobrar las prestaciones.

Dibujos de Angel Arias: Familia de saltimbanquis y ninfas (2004)

Dibujos de Angel Arias: Familia de saltimbanquis y ninfas (2004)

Dibujo a la acuarela y lápiz, formato DIN A2.

Cuentos de pareja: Un puente largo

De mi libro: "Cuentos de pareja", extraigo hoy este relato sencillo, para los seguidores de este cuaderno.  

Llegó a la estación con tiempo, como le gustaba hacer todas las cosas. No quería improvisaciones, odiaba los imprevistos. Despreciaba esa urgencia por conseguir aquello que siempre había costado mucho esfuerzo y que era -según él- la característica de la época moderna, una obsesión prendida en el alma de los más jóvenes, que ni sabían lo que buscaban ni para qué lo hacían.  

El, naturalmente, no era así. Había preparado su viaje con calma, concienzudamente. Antes de salir de casa había comprobado que la buena Matilde había metido en la maleta las camisas y mudas correspondientes para cada día, el pantalón de recambio, los útiles de afeitar, la colonia y las pastillas contra la tensión, los boletos de reserva del hotel en Sevilla y el bono del coche de alquiler. Deseaba disfrutar intensamente de estas vacaciones del puente largo, lejos de lo que le preocupara durante la semana.  

Se sentó en el asiento 4 C, en la hilera izquierda del vagón de clase preferente del AVE que hacía el recorrido Madrid-Córdoba-Sevilla. Momentos antes, había recogido la prensa del carrito que la azafata estaba preparando ("Perdone, señor, pero vamos a distribuir los periódicos por los vagones inmediatamente después de que el tren se ponga en marcha", le dijo la chica uniformada, aguantando por toda contestación su inexpresiva sonrisa). Se dispuso a leer los periódicos con tranquilidad mientras el vagón de no fumadores se iba llenando con rapidez. Eran casi las seis en punto y el asiento frente al suyo continuaba vacío. Empezó a abrigar serias esperanzas de que no se hubiera cubierto esa plaza. "Mucho mejor así", pensó.

Había dado por supuesto que la agencia le acomodaría en la hilera de asientos individuales; desde luego, orientado en el sentido de la marcha. Se lo había explícitamente indicado al encargado. Aunque su deseo se había cumplido, no contaba con que fuera a tener un compañero sentado justo frente a frente durante todo el viaje. No quería ser objeto de observación para nadie. 

Oyó la señal de partida. El asiento continuaba vacío, así que respiró aliviado. Solo. No conocía a nadie en el vagón, por lo que le esperaban simplemente un par de horas de relax, de suaves atenciones, de bendita independencia. Era la manera adecuada de empezar un viaje de placer. Estaba dispuesto a poner durante tres días borrón y cuenta nueva en el ajetreo de unas jornadas financieramente complicadas. Lo necesitaba. Aunque seguía aparentando una actividad plena, frenética, sus ganas no eran ya las mismas. No tenía hijos, no tenía familia. No tenía creencias que le justificaran adecuadamente dejar su pequeña fortuna a una comunidad religiosa, ni siquiera a las caritativas monjas que le habían acogido como inclusero, hacía ya tanto tiempo. ¿Existirían acaso?.  

La semana había sido pletórica. Había ganado bastante dinero, sí, aunque fueron momentos en total dependencia de las comunicaciones con Nueva York, Ecuador y Colombia. Siempre el mismo juego. La diferencia de horarios le había obligado a cambiar el ritmo, pero en cualquier caso el desgaste era muy inferior al de otros años, cuando se desplazaba personalmente para controlar la negociación sobre el terreno. Con todo, a pesar de la lejanía y de la ausencia física, llegó a sentir la tensión de forma importante. Por algunos momentos creyó que el acuerdo sobre el precio del café se había roto.
En realidad, sucedía así todos los años, pero no era posible acostumbrarse a que en unos días se jugasen los resultados de todo el Ejercicio.

Estaba rememorando una de las últimas conversaciones con Sánchez, el intermediario que había desplazado a Guayaquil. "El muy cabrito se ha ganado a pulso su comisión", dijo para sí mismo, incapaz de concentrarse en el periódico abierto.
Esa distracción respecto al entorno no le permitió advertirla hasta que la tuvo a su lado. Después de haber colocado con esfuerzo una pesada maleta en la estantería de la cabecera del vagón, una mujer le miraba con disgusto, detenida ante él con su tiket en la mano. Con tono resuelto, le dirigió la palabra. 

-Perdone, pero está usted sentado en mi asiento. 
El levantó la vista, y, educadamente, se puso en pie con dificultad, porque ella no le dejaba mucho sitio para moverse y tuvo que doblar la bandeja en una postura incómoda, por lo que uno de los periódicos se deslizó hasta el suelo. 
-No puede ser, este es mi sitio.

Mientras hablaba, buscaba en el bolsillo su billete, pero no lo encontró. Como le sucedía a menudo, un movimiento maquinal habría servido para esconder el cartón en alguno de los bolsillos ahora menos accesibles. 
-Es.
Dijo ella, esbozando una sonrisa de indulgencia, que a él se le antojó orgullosamente acompañada del pensamiento: "Todos los hombres son iguales, se creen en posesión de la verdad".  

Era una mujer de apenas cuarenta años, alta, atractiva, aunque vestida con cierto desaliño. A pesar de la pesada maleta que había dejado a la entrada, aún arrastraba un gran bolso de viaje, que levantó con presteza y dejó caer sobre el asiento que el hombre acababa de dejar vacío.

El estaba acostumbrado a tratar con la agresividad coqueta de las mujeres, así que no se dejó impresionar. 
- Mi asiento es el 4-C, en la dirección de la marcha, del vagón de no fumadores. Ahí debe estar su error. El suyo debe corresponder al otro vagón, al de fumadores. Lo siento.
-Este asiento es exactamente el mío. Compruebe usted mismo.

Ella le mostró su billete, poniéndoselo casi bajo las narices. No estaba dispuesta a dar su brazo a torcer.  Normalmente, el no hubiera discutido en absoluto y hubiera cedido su asiento con galantería. Pero estaba de vacaciones. Tenía un cierto deseo de comportarse de otra forma, se sentía sin obligaciones. Libre.  
-No quiero ser descortés, señora, pero me temo que el asiento a que Ud. se refiere es el de enfrente. Vea: 3-C. Esto lo aclara todo.  

La azafata, que esperaba para distribuir una bandeja con refrescos, se acercó: "¿Puedo ayudarles?". "Este señor estaba sentado en mi sitio. Ha sido una equivocación, pero ya lo hemos arreglado." Así que, apartando la bolsa de viaje bajo el asiento, se sentó. "Es fundamental para mí viajar en el sentido de la marcha. De otra forma, me mareo.", aclaró, quién sabe si como disculpa.  

El hombre, vencido, ocupó la plaza frente a la mujer, si bien no dudó en bajar la bandeja colocada entre ambos.
Aprovechando la aparente indiferencia de ella, ocupada en colocar más cómodamente la bolsa, la estudió con curiosidad. Los asientos estaban muy juntos y las piernas de ambos eran bastante largas, así que no pudieron evitar el rozarse. El encogió las piernas instintivamente. 

-Perdón. El asiento es un poco corto.
-Sí. Está proyectado para personas condenadas a entenderse. 

El miró para todos lados, buscando algún asiento libre, pero el tren viajaba lleno. Ella no aparentaba sus cuarenta años. De porte resuelto, ligeramente entrada en carnes, iba vestida con una blusa escotada y pantalones vaqueros. Llevaba una cruz con esmeraldas al cuello, colgando de una cadena de oro. No estaba pintada, salvo los ojos, que destacaban, grandes, en una cara bronceada. Podría ser latinoamericana, por ciertas señales: el cabello negro rizado, la atrevida combinación de colores de la blusa, la ropa demasiado ceñida. "Tiene ese toque de sensualidad que tan bien utilizan las mujeres del otro lado del Atlántico.", pensó el viajero. No pudo evitar fijarse en el comienzo de los senos y le pareció que no llevaba sujetador.  

Eran dos horas y media de compañía las que tenía por delante. Desde luego, hubiera podido sentirse intrigado por aquella bella señora que viajaba sola, pero prefirió digerir primero su pequeño disgusto. Observó que ella aceptó beber una copita de fino en tanto que el pidió, por contraste, una naranjada. De haber estado solo, habría solicitado el vino frío, pero -incomprensiblemente- se advirtió deseoso de señalar alguna diferencia. Cuando se notó masticando las almendras y sorbiendo el zumo, comprendió que era ridículo haber reaccionado como un chiquillo con rabieta: ¿por qué no había pedido lo que le apetecía?. ¿Pretendía fastidiar de ese modo a la bella pasajera?. 

-Es mi primer viaje en este tren.
A él le pareció que ella estaba dando una explicación gratuita.
-
 Me voy a Córdoba, donde he sido invitada a dar una conferencia sobre microorganismos, por la Universidad de Biología.
-Ah.
Replicó el, pretendiendo dar a entender que no estaba en absoluto interesado en profundizar en una conversación trivial.

Pero en realidad, estaba empezando a interesarse. Al mover los labios, la desconocida mostraba una boca sensual, muy atractiva. Con cada palabra, se deshacía en mohínes graciosos, descomponiendo la cara en multitud de gestos con los que su rostro cobraba una vitalidad que le pareció llena de encantos. Confirmó que era latinoamericana: colombiana o chilena quizá, aunque su tono de voz no tenía ningún acento que pudiera identificar.  

Mientras hablaba, ella también lo miró. Se trataba de un hombre de unos cincuenta años, con el pelo entrecano, bien cortado. Su contextura era delgada. Por su aire cuidadoso, se adivinaba una persona muy pulcra con una mujer detrás, atenta a cuidarle los detalles. Llevaba una camisa a rayas y un jersey ligero que, a pesar de la delgadez del cuerpo, dejaba adivinar las espaldas anchas de un hombre que había hecho deporte en su juventud y que todavía sabía cuidarse. 

-No creo que estas conferencias vayan a tener mucho público, pero lo he preparado concienzudamente. Es un curso de verano para especialistas en alimentación. Ya sabe, se han puesto de moda en España.
-Sí, en estos tiempos, hay obsesión por adelgazar. No hace mucho leí algo de unas pastillas que, en realidad, contenían huevos de solitaria y que unos sudamericanos vendían sin escrúpulos.

Su comentario no podía evitar un tono hiriente hacia la supuesta extranjera que le había hurtado su asiento. "Seguramente es una de esas locas por la dietética, que venderá un régimen imaginario para gordas incautas. Una combinación de prótidos y lípidos acompañados de un placebo de las que regularmente son desacreditadas por miembros del Colegio de Médicos", pensó.

-Oh, no. A mí la dietética no me interesa en relación con el adelgazamiento. Lo que me preocupa son los modos de alimentación que avivan la inteligencia de las personas. Esta confesión le inquietó: "Dios santo, es argentina, ¿cómo no me  di cuenta antes?. Pertenece a ese subgrupo de aprovechados que venden cuatro ideas apoyándose en títulos que les han tocado en una tómbola. Me espera un viaje a tono."

Por eso, el viajero, con un aire que pretendió tajante, pero que en verdad evidenciaba que estaba ya dejándose vencer, espetó:
-No puedo creerme que la inteligencia se tome en pastillitas, por mucho que avancen las cosas.
-Pues en el futuro puede ser así. Existen unos microorganismos que activan las reacciones del cerebro. En nuestro cuerpo viven millones de pequeños seres que tienen vida al margen de la nuestra y cuyas reacciones no controlamos. Bacterias, hongos, virus. Aparentemente, todos cumplen una función subordinada a nuestro ser superior, pero también se aprovechan de nuestro organismo para vivir su vida y hacer de las suyas. Para ellos, somos un macrocosmos.
-¿Y qué tiene que ver eso con la alimentación y el funcionamiento del cerebro? 

Ella sonrió. Los pendientes que colgaban de sus orejas se bambolearon, mientras recogió coquetamente el pelo hacia atrás. 
-Todavía no se sabe muy bien. Algunos científicos pensamos que los contenidos de la base alimentaria favorecen el crecimiento de determinados microorganismos cuya actividad celular está ligada a las reacciones químicas que potencian el ritmo cerebral.  El estaba seguro que pretendía tomarle el pelo, así que adoptó un tono sarcástico. 
-¿Unos bichitos que se introducen en el cerebro y lo colonizan? Qué peligro. Me asustaría andar metiendo cosas en el cuerpo como si fuera una fábrica de animales. Me suena a ciencia ficción de las que acaban mal.
-No, no deje volar su imaginación, señor. En realidad, nadie mete microorganismos en el cuerpo. Están allí, viven con nosotros. Lo que hacemos es comprobar sus mecanismos, y utilizarlos para mejorar nuestra capacidad.
-Si le digo verdad, me interesa poco todo eso -musitó el caballero.- Me da miedo tanta intervención sobre el pobre cuerpo humano. Además, creo en Dios.
-No se trata de eso. 

Dándose cuenta de que no se habían presentado todavía y de que, al parecer, ella estaba dispuesta a mantener la conversación durante todo el viaje, dobló nuevamente el periódico, resignado a no leerlo de momento, y dijo:
-Mi nombre es Marcos López Arconada. Soy importador de café.
-Sonia de Lima. Encantada. Yo soy química.

 Después añadió, sin solución de continuidad.
- Me gusta mucho el café. Cada día tomo diez o doce tazas. A veces me acuesto tan excitada que no puedo dormir. Mi marido dice que tengo una dependencia a la cafeína. 
"Así que está casada", pensó Marcos, revolviéndose en el asiento 3-C. "No es de extrañar, es una mujer muy sensual. Seguro que el pobre desgraciado que la sostiene es esclavo de la hiperactividad de esta pequeña loca".

Pero ella seguía dando explicaciones:
-Por su culpa casi llego tarde a la estación. Tuve que esperar a que apareciese la persona que se va a encargar de cuidarlo durante estos días.
-Deduzco que su esposo es una persona exigente. Lo que se llama un varón fémino-dependiente. Le echará de menos.
-No es lo que Vd. se imagina, desgraciadamente. Hace unos meses sufrió una hemipléjia. Se ha convertido en un fantasma de sí mismo. Depende prácticamente de otra persona. No quería haberlo dejado solo, pero este curso es muy importante para mí, necesito méritos para mi curriculum.
-Perdone, yo no sabía.
-Tengo necesidad de cambiar de aires. La enfermedad de mi marido se convierte en algunos momentos en una circunstancia apabullante. Para él, tener que estar siempre dependiente de otra persona, es terrible. El era antes muy activo. Ahora se ha convertido en un corderito y quiere que yo esté siempre a su lado, hablándole, leyendo historias, tocándole.
-¿Qué edad tiene su esposo?
-Es mucho mayor que yo. Cumplió ya setenta años. Me casé con el cuando yo tenía dieciséis, a los pocos meses de conocerlo. Era el catedrático del departamento de química técnica en el que mi padre trabajaba. Un día que estaba enfermo, mi padre me encargó que le llevase una muestra con un preparado a su casa. Al subir las escaleras, no advertí que el suelo estaba resbaladizo, así que me caí y el tubo de ensayo se rompió.
-No alcanzo a ver qué tiene que ver una cosa con la otra.
-Llegué a su casa llorando desconsoladamente, con los trozos de cristal en la mano. Si le digo la verdad, no comprendo por qué me dió por llorar así. No tenía sentido, no se trataba de ninguna prueba irrepetible. Pero me abrumaba tener que dar explicaciones de mi atolondramiento a un hombre tan importante, del que mi padre hablaba siempre con tanto respeto.
-Cosas de niños.
-El trató de calmarme, me decía que había de qué preocuparse, que mi padre reproduciría fácilmente la preparación. Esa comprensión hacia mí me hizo enamorarme de él, perdidamente. Era ordenado, pulcro, serio. Tan distinto a mí. 

Pasaron los minutos, y ella no dejaba de hablar de cosas que le atañían muy directamente, así que el viajero estaba entrando cada vez más en el interés por aquella mujer que tenía tantas ganas de hablar, de mostrarse a sí misma.
La tarde había ido cayendo dulcemente, y por la ventanilla, el veía pasar el paisaje a toda velocidad, a contrapié, pero muy hermoso. Con la luz del atardecer dándole en el rostro, sus ojos verdes parecían cobrar destellos imponentes, y él pensaba a veces en los microorganismos que reaccionaban en su cerebro y otras en el café y las más en que, al cabo de muy poco tiempo, aquella mujer desaparecería para siempre.

El tren estaba llegando a Córdoba, en donde ella tenía que apearse, así que él le dijo: 
-¿Por qué no viene hasta Sevilla?. Yo tengo allí un coche de alquiler y le puedo acercar después de cenar hasta Córdoba. Incluso le puedo ayudar a preparar su conferencia. Sevilla es una ciudad muy bonita y a principios de otoño tiene una fuerza especial. Y yo, como público, soy excelente.
-No le digo que no me apetezca, pero hemos avisado a amigos de mi marido. Además, él espera mi llamada.
-No serán esos los problemas. Diga más bien que no le apetece mi compañía.
-No tengo billete.
-Haremos el resto del trayecto mientras tomamos una copa en el bar. Nadie se dará cuenta. 

Ella volvió a repetir que, sintiéndolo mucho, debería bajar en Córdoba, que no podía cambiar su viaje aunque le apeteciera disponer de un anfitrión de Sevilla tan agradable y tan conocedor de la ciudad como sin duda él debía ser.

Así que, cuando el tren se detuvo, la ayudó a bajar sus dos maletas, y se despidieron con un apretón de manos.   
Volvió para sentarse en el asiento que había ocupado ella y, a través de la ventanilla, comprobó que nadie había venido a recibirla. Seguramente le habría mentido. Viéndola de espaldas, su porte decidido le pareció muy atractivo, y se le agolparon algunas de las frases que había pronunciado en aquél viaje que había transcurrido como un suspiro. 

Entonces, ella dió la vuelta y miró hacia el tren. Fue tal vez la señal que esperaba porque, justo antes de que el jefe de estación levantara la bandera para dar salida al tren, se encontró bajando al andén -casi tropieza en el estribo- y, después, se puso a correr como un chiquillo detrás de Sonia de Lima.

Confusamente, cayó en la cuenta de que empezaba a improvisar su viaje. 
Madrid, 10 de septiembre de 1995  

Una Carta desde Europa: albaneses, otomanos, comunistas y contrastes

Mi querida amiga:

Le estoy escribiendo desde Tirana, la capital de Albania, y ya le advierto desde ahora que el ordenador que estoy utilizando no tiene la posibilidad de poner tildes a las enes (es decir, no estoy dispuesto a hacer una prospeccion por el conglomerado de equivalencias y signos que seguro el Sr. Windows ha previsto para eventualidades como esta). Tampoco voy a poder escribrirle con acentos, asi que le pido que haga un esfuerzo especial por comprenderme.

Claro que tengo dudas del esfuerzo que se le pueda pedir a una persona imaginaria, en un escrito surgido desde una posicion creadora igualmente inventada. Ni usted ni yo existimos, pues. No quiero con esto ponerla sobre aviso, pero me va a permitir que no le escriba pensando que esta usted en Oaxaca, ni en Madrid, ni en Ciudad del Cabo, ni en otro lugar cualesquiera del mundo. Ni mucho menos pretendo traerla hasta la fuerza hasta Tirana -por supuesto a la sombra-, porque lo que voy a imaginarme es que estoy escribiendo a cualquier mujer, con la condicion. eso si, de que sea mayor de edad. Tampoco se alarme, no voy a introducir en esta carta ninguna groseria, ni se me ocurriria proponerle nada indecente. Simplemente, pretendo cerciorarme de que es usted lo suficientemente madura como para tomar la responsabilidad de leerme, particularmente si no se trata (como secretamente deseo) de alguien puramente imaginario.

Al grano: mientras en varias partes del mundo, y especialmente en la frontera entre Israel y Libano, una fraccion no suficientemente representativa de seres humanos se empenan en resolver sus diferencias demostrando su capacidad para matar inocentes y destruir las mas costosas infraestructuras del otro, yo le propongo a usted que abandonemos este mundo. Calma. No le estoy insinuando que nos quitemos de en medio a lo bonzo de forma concertada, sino que hagamos un esfuerzo por abstraernos.

Tirana es una ciudad muy adecuada para ello. Se trata de una ciudad de contrastes, que es una manera muy versatil de anunciar que aqui la convivencia entre ricos y pobres, entre lo bello y lo deplorable, lo sucio y lo sublime, se produce en los mismos espacios. Por ejemplo, si vamos a caminar sin un objetivo preconcebido, tendremos que andar con ciudado para no sufrir un tropezon que nos vaya a costar el juego de un tobillo en alguno de los muchos agujeros abandonados en las aceras. No habra que asustarse por la basura amontonada en los mas variados sitios, incluso al lado de recolectores a los que les faltan, indefectiblemente, las ruedas y las tapas.

Como supongo que usted ni yo hablaremos albanes (aunque yo me he provisto de un diccionario italo-albanes que nos puede servir para sacarnos de un apuro), nuestro paseo tendra una componente fundamentalmente visual. Yo no me voy a callar, sin embargo, y espero que usted de vez en cuando me aporte al menos una sonrisa, todo lo timida o resuelta que le venga bien al caso.

A ello nos ayudara tambien el esfuerzo del alcalde de esta ciudad, Edi Rama, que pinta mas que bastantes alcaldes, porque se lleva esforzando desde hace tiempo en dejar su huella en esta ciudad, distribuyendo botes de pintura y esquemas de como deben pintarse algunos de los edificios mas representativos o mas aparentes de la ciudad. No se ha atrevido todavia (o no le dejan) a pintar los edificios en donde se asienta el gobierno central (hoy el Presidente Moisou y sus ministros), pero, como vera usted, la ciudad cobra un alegre y peculiar aspecto con esas pinturas de colorines, caprichosas y elementales, haciendo que se fije en ellas la vista mas que en otras fachadas, en donde los desconchados, grietas y deterioro, serian mas aparentes, si no compitieran en desventaja.

Desde hace unos dias, Espana ha abierto en Albania una embajada, segun anuncian los periodicos de aqui. Esta situada provisionalmente en el hotel Sheraton, en un espacio del primer piso. He pasado a saludar al embajador, Manuel Montobbio, y lo encontre hablando por telefono con un informatico acerca del funcionamiento de la red de comunicaciones. No creo que haya muchos espanoles por aqui, y de ser yo uno de los pocos, voy en parte inventado. Pero este embajador no tiene nada de virtual, y aunque le falta completar su equipo y que le terminen el edificio donde se instalara definitivamente la embajada, ofrece una simpatia y cordialidad que se agradecen, y me han permitido hablar en espanol con alguien, despues de tanto tiempo.

Pero usted y yo no necesitamos, para lo nuestro, mas indicacion ni compania. Despues de tomar una cerveza (usted una cola light, ya me lo estaba imaginando) en alguno de los agradables lugares del Blloku, -tal vez en la calle dedicada a Ismail Qemali,- la invito a darnos un paseo tranquilo por el Parque cercano, y acercarnos a curiosear cuadros de artistas locales en una de las dos aceras que discurren a lo largo de un canal que -afortunadamente a aceptable distancia- conduce una mezcla de rio y aguas residuales hasta destino desconocido. Elija una de las dos, porque los coches aqui no respetan los pasos cebra y no quiero exponerla a un atropello. Como vera (yo se lo cuento) los bordes del canal perfectamente verdes y bien segados, cuidados cada corto trecho por unas mujeres-jardinera,  cuya unica ocupacion parece mantenerlos limpios como patenas, a juego con los coches Mercedes que de forma desconcertante para el nivel economico del pais, pululan por estas calles, recien lavados en cualquiera de los Lavazhem que malgastan el agua de un servicio publico no muy eficiente.

Me parece que me acaba de preguntar que es eso del Blloku, y me apresuro a contestarle que se llama asi desde los tiempos en que el presidente Enver Hoxha prohibio el acceso a esa parte de la ciudad a todos los ciudadanos que no fueran funcionarios de su gobierno. Aqui la elite del partido comunista vivia a cuerpo de rey, en lujosas mansiones. Por eso se llamo y llama zona bloqueada, de entrada prohibida. Cuando Albania se recupero de su dictadura paranoica (Hoxha levanto las lineas de tren de la frontera albanesa, para garantizar mejor el aislamiento con el exterior), esa zona del centro de la ciudad fue abierta a todo el mundo, y las embajadas y las entidades de ayuda multilateral, ademas de los restaurantes, bares y cafes, ocuparon el espacio y los antiguos palacetes. La embajada italiana, que durante los ultimos anos fue la representante conjunta de los intereses de los paises de la union europea en Albania, esta tan defendida, casi, como la de Estados Unidos en Madrid.

Despues podriamos irnos a la Galeria Nacional de Arte, en donde nos encontraremos, tengalo por seguro, como unicos y exclusivos visitantes. Las guardesas de esas obras de desigual calidad, iran encendiendo y apagando las luces a medida que avancemos, modificando su aire aburrido por una sonrisa en cuanto nos vean. A mi gusta en especial la coleccion de iconos del siglo XVI, situada en el piso primero, y esa mezcla desigual de pintura monumentalista, la mayoria con inequivoco aire religioso a pesar de estar hechas durante una dictadura atea, y cuyo objetivo seria ensalzar el amor al trabajo, la union familiar o reflejar escenas de sociedad, en tiempos en que seria dificil encontrar alguien sonriente que no estuviera en el gobierno. Hoy por hoy, el museo que nos provocara la sonrisa es el antiguo Museo Enver Hoxha, abierto en 1988 por la hija del dictador, a tres anos de su muerte, y que, despues de haber sido una disctoteca, albergar un batiburrillo de comercios y oficinas bancarias.

Despues de nuestro erratico paseo, supongo que habremos recalado junto a la estatuilla de la madre Teresa (que da tambien nombre al aeropuerto de Rinas, Tirana), en un lateral de la Universidad que alberga las facultades literarias. Esta buena mujer, que dedico su vida a ayudar a los mas necesitados, no debe, sin embargo, tener demasiado que ver (al menos aparentemente) con las preocupaciones inmediatas de los estudiantes de Albania. Los jovenes que pueblan las calles centrales de Tirana, con comportamientos similares a los de las demas ciudades europeas, estan mas ocupados en lanzar senales al genero contrario. Su objetivo esta claro: que sus instintos encuentren el necesario acomodo en la complacencia de los otros, lejos de ganar ningun otro cielo que el de la carne, y menos sacrificando nada. El modelo de los chicos, aqui como en Oslo (por decir) esta mucho mas cerca de Ronaldinho, a quien acusan de no haber estado a la altura en el Mundial de futbol por haber gastado demasiadas energias haciendo el sexo, cada noche, incluso en el pasillo del hotel. Pues yo le daria un premio a la versatilidad y a la froma fisica.

Pero puestos a denegar, estoy convencido que en este pais ni siquiera es modelo Ali Pasha Tepeleni, que fue lider de los tiempos de la dominacion otomana, y que vivio entre los siglos dieciecho y diecinueve. Hoy da nombre a un agua de mesa y a varios locales comerciales. Dicen que en aquella epoca floreciente para algunos hay que buscar el fundamento por el que Albania se dice uno de los mas musulmanes de los paises europeos, con una mayoria de la poblacion siguiendo las directrices del Islam. Ha de ser en una forma moderada esa version de una religion tan pudorosa con las exhibiciones de la carne, observando a las bellas jovenes albanesas la gracia con la que ensenan el color de su ropa interior (y del comienzo de sus nalgas), exactamente igual que sus coetaneas suecas lo hacen en Oslo, ahora que alli tambien estan teniendo altas temperaturas este verano.

Aunque no me he separado de la realidad para contarle todo esto, quisiera hacer votos con usted para terminar nuestra paseo imaginario, para que los representantes reunidos en Roma encuentren la forma de convencer a isralies y a libaneses (version Hezbola) que dejen de inmediato de utilizar las armas. Esas armas que los paises mas civilizados les han venido suministrando. Y que, como no creo en la ingenuidad de quienes dirigen nuestros designios desde aqui abajo, fueron siempre conscientes de que las acabarian utilizando.

Me llaman por telefono. Tal vez sea usted. Le ensenare otros sitios.