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El blog de Angel Arias

A barlovento: La naturaleza de la caza y la de José María Blanc

A barlovento: La naturaleza de la caza y la de José María Blanc

Hace un par de horas, en el salón de actos de la Fundación Gómez Pardo, se presentó un libro de José María Blanc, con el título "De la Naturaleza y de la Caza".

José María Blanc es un personaje de excepción, respetado por gentes de todas las ideologías, con una cultura en la que no se ven lagunas ni tierras de nadie. Abogado de élite, laureado en mil batallas dialécticas, miembro del Club de Roma, vicepresidente del Club Español de Medio Ambiente, (...), es un amante de la naturaleza como no conozco a nadie que lo sea más y a muy pocos que lo sean tanto, y un cazador apasionado, que defiende la caza sostenible desde las asociaciones (Federación Española de Caza), el sentido común, y un inteligente respeto hacia los animales.

José María no habló, salvo para agradecer las intervenciones de quienes fueron, por el estilo del acto, sus hagiógrafos, todos convencidos de lo que decían. Yo estaba en primera fila, al lado de mi querido compañero Emilio Llorente, y aproveché para hacer fotos, como si estuviera encargado de la cobertura oficial del evento.

Los intervinientes estuvieron muy bien, entreteniéndonos, contando anécdotas sobre las actividades de la Fundación que lleva el nombre del escritor homenajeado y sobre su cariño a los animales y a la naturaleza. Destacó, donde era muy difícil destacar, por su simpatía y buen decir, la charla de José Baragaño, actual Director de la Fundación Blanc, que nos ilustró sobre la gran capacidad de trabajo de su jefe, al que definió como una combinación de alondra y búho, capaz de mantener el ritmo tanto de día como de noche.

La intervención de Ramón Tamames, se desarrolló en otra galaxia. Fue el comentarista principal, y se tomó el tiempo que le pareció bien, para deleite de todos. Estuvo erudito a la par que cariñoso con José María. Empezó hablando del Homo sapiens, se refirió a Carl Sagan y a su Calendario de la vida ("estamos viviendo los últimos nanosegundos de una historia de 14.000 años"), citó a Montagut y leyó a Ortega y Gasset. "La vida es un gran cazadero en el que se mezclan cazadores y piezas", recordó. Hasta tuvo tiempo para decir algo de los vascos y los bosquimanos del Kalahari ("la lengua en la que mejor se cuenta la historia del cazador")

Ramón Tamames nos contó la historia de la Humanidad desde la perspectiva de la caza, en sabias pinceladas. En esa historia de hombres recolectores primero y luego cazadores, que habían aprendido el método de la observación de los animales, la caza ha pasado a ser un privilegio y, por tanto, debe sujetarse a reglas en las sociedades democráticas. Para poder conservarla, para proteger a las especies de su aniquilación, es necesario regular el ejercicio de la caza, y proteger a los cazadores, que no tienen el derecho a cazar, sino que deben comprarlo.

"El furtivismo no tiene reglas, y por eso, el Homus Keniata ha puesto en peligro de extinción, con la prohibición absoluta de cazar, a los animales y a su propia especie. En cambio, en Botswana, con una legislación reguladora de la caza, se ha creado riqueza, empleo, y los animales prosperan en buena salud".

Ramón Tamames se sentó a mi lado cuando se proyectó la película con la que se conmemoraban los 25 años de la Fundación José María Blanc (había un sitio libre), ya para finalizar el acto, realizada con un guión al estilo de "Planeta Tierra". Cuando casi terminaba el documental, después de las terribles escenas de destrucción en Doñana y las palabras amargas con las que el narrador se refirió al desastre de Aznalcóllar, que destruyó la joya de la corona de la labor proteccionista de José María Blanc, -la zona de Lucio del Cangrejo, que fue utilizada como balsa de contención de los lodos-, Tamames me susurró: "Se entiende que José María leyera por las noches a Nietzsche" (José Baragaño nos lo había contado antes). Han pasado diez años, y aún no se ha recuperado Doñana del todo, pero la pujanza de la obra de Blanc se muestra en muchas otras realizaciones, actividades, documentos. El documental refleja ese optimismo, inherente al ciclo de la vida.

Hay que leerse las anotaciones de José María Blanc, escritas entre 1976 y 1994. Todas son actuales, de ayer mismo. El tiempo no ha pasado por ellas, porque él siempre ha tenido las ideas muy claras, y sobre todo, las ha puesto en práctica. Los nombres de quienes vociferaron sobre lo que había que hacer y no hicieron nada, o destruyeron lo que otros estaban haciendo, no están en ninguna memoria, ni merece la pena rescatarlos del olvido.

Personas como José María Blanc son un regalo para sus coetáneos: persona de exquisita educación, amplia cultura, cálida hospitalidad desinteresada. Que, además, haya sabido hacer dinero, disfrutar de la vida, tener un montón de sinceros amigos, y mantenerse sonriente ante las dificultades, es una prueba menor de la naturaleza de ese estupendo ser humano que es José María Blanc.

 

Al socaire: Encontrada una solución definitiva para las pintadas en monumentos nacionales

Al socaire: Encontrada una solución definitiva para las pintadas en monumentos nacionales

Se está ensayando en varias ciudades, todas las cuales tienen como elemento común el ser emplazamiento de edificios y monumentos caracterizados como Patrimonio de la Humanidad, lo que me parece una brillante idea para suprimir, o al menos, paliar, el efecto pernicioso de las pintadas o graffiti.

El procedimiento consiste en cubrir las fachadas de los monumentos públicos y otros edificios singulares (también se podría, en una segunda fase, ampliarlo a todos los edificios de la ciudad), con unas láminas de plástico o papel de estraza, que reproduzcan fotográficamente el edificio que se desee proteger. En el caso de los monumentos, puede optarse por una caja prismática de cartón, adecuada al tamaño del mismo, que lo cubra completamente, incorporando en cada lateral las fotografías de la obra escultórica o de la imaginería, tomadas desde el ángulo correspondiente.

Este tipo de soluciones ya se utilizan, en realidad, para cubrir los edificios de las ciudades mientras se les rehabilita, o se decide si merece la pena su rehabilitación o dejar que se caigan de puro viejo. En su caso, se usan también para cubrir huecos de solares vacíos o disimular ruinas sin valor arquitectónico. En España fueron utilizados, entre otras  circunstancias singulares, con ocasión de la boda de los Principes de Asturias, para ocultar las obras permanentes de la Plaza de Ramales y algunas otras que se encontraban en el itinerario de la cabalgata principesca, y así no aparecieron feas imágenes de Madrid en la retransmisión televisiva.

Según los estudios realizados, la mayor parte de los turistas no se da cuenta de la diferencia, y fotografían las reproducciones en papel con la misma frecuencia que si se tratara de las fachadas originales. En el caso de los graffiteros, se ha comprobado igualmente que éstos tampoco perciben la diferencia entre la realidad y la reproducción. Para los amantes de la cultura y del Patrimonio, supone un alivio sicológico, ya que no resultarían afectados en su sensibilidad, y los graffiteros pueden pintar a su antojo en los papeles, con calma, completando sus obras para que reflejen exactamente lo que desean.

También, por supuesto, pueden usar estos lienzos, los intelectuales de alto, medio y bajo pelo, como plataforma para expresar sus ideas, además de servir para incorporar las clásicas inscripciones del tipo "Tonto el que lo lea", "Jorge ama a Luli" y los habituales insultos y descalificaciones a personajes públicos, o dibujar esvásticas y otros signos grupales.

Cada semana, o cuando se estime conveniente, de acuerdo con la frecuencia de uso, se retirarían los papeles viejos, cargados con los graffitti, y se pondrían otros nuevos. Los antiguos, si se creen de valor suficiente, por una Comisión en la que no deberían figurar los graffiteros, podrían llevarse a los museos de arte de la ciudad, o intercambiarse con los producidos en otras ciudades.

(En la fotografía del autor de este Comentario, puede verse la demostración de que los grafitteros no perciben la diferencia entre la fachada natural y la fotografiada. En este caso, sin embargo, al no ser las puertas y ventanas practicables, es posible que los funcionarios que trabajan en el edificio tengan que acceder a él por los sótanos)

Al socaire: La Comunidad de Madrid reduce gastos

Al socaire: La Comunidad de Madrid reduce gastos

Los altos precios de las inserciones publicitarias en los periódicos de mayor difusión, han animado, por lo que parece, al equipo de la diligente Esperanza Aguirre a aprovechar la fachada del edificio de la Puerta del Sol conocido por el reloj desde el que se difunden las campanadas de final de año en España, para colocar en ella el anuncio de la nueva estación de metro abierta en Pinar del Rey.

No es la primera vez que esta excelente plataforma visual, antes conocida como Palacio de Correos, es utilizada por las autoridades. Ya sirvió como soporte para apoyar a Madrid como ciudad olímpica, si bien en aquel caso el mensaje resultó muy empañado por la multitud de obras que se estaban haciendo en la capital, lo que no permitió valorar serenamente la candidatura a los miembros del comité de selección. 

Se espera que con esta sábana informativa, situada justo bajo el balcón principal del edificio, allí donde lucen las banderas oficiales, todos los transeúntes -fundamentalmente, de nacionalidad ecuatoriana y subsahariana, pero también venidos de otros países y zonas- que, por diversas razones, se vean obligados a circular por la deteriorada Plaza central de España, puedan tomar conocimiento de esta ampliación de la red metropolitana, si es que no lo han hecho por otras vías.

No me consta fehacientemente, pero es incluso posible que las empresas que colaboran en las muchas obras que caracterizan la situación actual de Madrid, también alquilen espacios publicitarios en la fachada de la sede de la Presidencia de la Comunidad (y, en sus laterales, si bien la proyección en este caso sería menor).

Se producirían así ingresos extraordinarios en las arcas de esta Administración, que muy probablemente podrían ser empleados para poner en marcha alguna de las iniciativas y propuestas que, por falta de dotación presupuestaria, no han podido ser emprendidas aún, a pesar de la necesidad, y la correspondiente demanda ciudadana.

Acta de la Tertulia: El arte, entre el valor y el precio

Acta de la Tertulia: El arte, entre el valor y el precio

En la dirección:

http://www.alnorte.es/tertulias/Alnorte-arte.pdf

he publicado el Acta de la Tertulia que mantuvimos en el restaurante AlNorte sobre "El arte, entre el valor y el precio" en la que hemos debatido sobre este interesante tema. Seguro que los lectores de este Cuaderno también sabrán disfrutar de lo que allí se comentó.

 

A sotavento: Entre el falso desnudo de Gandhi y el verdadero de Ana María, yo no tengo dudas

A sotavento: Entre el falso desnudo de Gandhi y el verdadero de Ana María, yo no tengo dudas

Leo que hay malestar entre los veneradores de esa figura emblemática de la austeridad que fue Gandhi por la publicación en youtube.com de una sátira visual en la que un cómico desvergonzado se va despelotando hasta quedarse, no exactamente como su madre lo trajo al mundo, sino con ese calzoncillo revirado que usan por aquellas tierras para tapar las partes pudendas y andar más a cobijo.

Casi simultáneamente, otro escándalo relacionado con desnudos, ha sacudido los cimientos solidarios de la población gallega de Arcade, la de las famosas ostras. Vive allí una moza que había pasado a la posteridad local y nacional por haber sido maldetenida en México, y conducida a la cárcel de los descendientes de aztecas y españoles, en donde se la retuvo como presunta terrorista (aunque, utilizando una indulgencia digna de asombro y estupefacción, se le permitió estar acompañada, dicen, de su madre): Ana María.

Probado que a la joven le habían gastado una broma o utilizado de elemento de distracción por alguien que le había colado un par de balas de fogueo en su maleta de recién casada, la dejaron libre, le pidieron disculpas, y, en fin, -mal adaptando al poeta-, se caló el sombrero, se enfundó la rabia,viniese, y no hubo nada. Pero ella, que tanta solidaridad y expectación había suscitado, cuando se encontró en seguro, meditó y quiso traducir su notoriedad en algo de pasta.

Comprensible. El cariño y el afecto públicos hacen bien, pero no se compra un piso con ellos. Puesto que una mujer joven y agraciada tiene pocas posibilidades de hacer fortuna en forma rápida de otro modo que dando de comer al morbo de la gente -sensu contrario, las que no cumplen estas condiciones, lo tienen harto crudo-, fuérase a donde más pecado había y púsose delante de una cámara fotográfica, pechos al aire, cual la Libertad guiando al pueblo, de Delacroix. Así aparece, nalgas prietas, con  varias poses, en un número reciente de Interviú, la revista política que sazona los razonamientos de la izquierda moderada con desnudos atrevidos de las hembras más populares.

Por supuesto que a mi no me escandalizan ninguna de las dos opciones de ejercer la libertad de expresión corporal. Aunque si tengo que escoger cuál de los dos desnudos merecería mi voto, no tengo duda alguna. Ana María me suscita muchas más y mejores reflexiones que Mâhatma cuando observo ambos en cueros en la pantalla de mi portátil.

A la hora de valorar el impacto mental que me producen las opiniones de ambos sobre el mundo y sus móviles, la verdad es que mi voto varía completamente.  El líder independentista y maestro de la no-violencia me hace más tilín en el cacumen. "Cuando perdiz, perdiz, y cuando penitencia, penitencia", como escribía Teresa de Avila, antes de ser santa, regalando a la posteridad una conseja que vale tanto para un roto como para una descosida, quiero decir, para una despelotada.

(Nota: Tengo otro collage en el que he pegado la cabeza de Candhi al cuerpo semidesnudo de Ana María, pero he preferido esta composición, porque, de las dos aberraciones corporales, es la que menos hiere mi sensibilidad estética.)



Al pairo: ¿Te gusta comer?

Al pairo: ¿Te gusta comer?

Desde hoy, lunes y hasta el día 18 de enero se celebra en Madrid un encuentro gastronómico para creativos, periodistas, y críticos culinarios, bajo el nombre de Madrid Fusión. Será la Quinta congregación de especialistas de la muy alta cocina, de los elegidos por el qué comerán, por su capacidad para sorprender sabores y mezclarlos para que otros, que puedan pagarlos, los disfruten.

Soy propietario de un restaurante y habrá quien opine que estoy mejor callado. Pero es que mis ganas de comer bien y poder juzgar lo que como vienen desde antiguo, porque mi paladar ha sido educado desde niño. No conocí a Mc Donald´s ni a Pizza Hut ni -perdóname, Señor- a Adrià, Arzak, Santamaría y a otros venerados, ni puse nombre a ninguna cocina, salvo a la de los amigos, - hasta que me hice bastante mayor. Y créeme lector, que me han dado bien de comer en esta vida.

Por eso, estoy convencido que en esto de la comida, como en casi todas las cosas en la que han metido mano algunos intelectuales de medio pelo, para poner énfasis sobre la virtud natural y el empeño por hacer las cosas bien de algunos artesadnos, nuestra sociedad consumista ha llevado la situación hasta el ridículo. Ahora estarán haciendo como que descubren los verdaderos sabores de la tierra, y se maravillarán de las posibilidades de mezclar los gellidium y los phillocodium. Mañana se meterán en la prospección del Sus scrofa y hasta del Sui Generis, se atreverán con el Helix Pomatia y se arrodillarán ante un filete de asturiana de los valles, que sabe mejor si es alimentada  fundamentalmente con dientes de león (Taraxacum officinale) y Avena sativa.

A mí me gusta la línea de la claridad y honestidad en lo que como y en lo que sirvo. Llamo comer bien a disfrutar, con una buena compañía, de una buena combinación, sin estridencias, de buenos productos, bien guisados, cocidos o pasados por la plancha con la justa vigilancia del punto, aderezados por un vino noble que, lo juro y lo prometo, siempre hará buen maridaje si el ambiente para degustarlo ha sido construído de forma adecuada.

No estoy en absoluto en contra de las ferias y exhibiciones, que sirven, sobre todo, para llamar la atención del gran público y crear negocio. La vida es breve y la ambición de casi cualquier mortal es hacer dinero pronto, y disfrutarlo a tope. Pero creo que, al igual que hacemos por situar a nuestros cocineros entre los más caros del mundo, deberíamos apoyar nuestra cocina de a pie, la que nos atrae turismo cada día.

(La foto corresponde a unos judiones con almejas y setas que prepararon en el menú del día de AlNorte. Estaban de puta madre, más o menos. El plato se llamaba "Judiones con almejas y setas". Pero también podía haberse llamado "Habas gigantes de los alrededores de Segovia con frutos del mar y hongos de temporada en reducido de verduritas pochadas al toque de vino blanco de Rueda". Eso sí, el sabor, el mismo)

 

A barlovento: Hay más ETA que la que arde.

A barlovento: Hay más ETA que la que arde.

No se puede aceptar la negociación con ETA ni se pueden pactar condiciones con los representantes de los terroristas, porque hay más ETA que la que arde, aunque, si no se tiene en cuenta el sentido de la frase hecha, por mí, como por la inmensa mayoría de los españoles, ETA podía arder entera sin que la echásemos de menos.

No sé cuántos serían los que acudieron a la manifestación de ayer en Madrid. Dicen que PP y Batasuna no apoyaban oficialmente la convocatoria, porque faltaba una palabra en el lema adoptado, y no se qué dirigente expresó que había ambigüedad en los objetivos, y ya no me acuerdo quién estimaba que el protagonismo de los unos era excesivo respecto al de los otros.

Yo no conté ni a los presentes ni a los ausentes. No entiendo, además, de filiaciones. No me interesan las cifras, cuando se trata de contar los adeptos para defender una posición de vida, de paz, de ausencia de violencia.

Por eso, estoy seguro que presentes físicamente o con el corazón, estábamos todos allí. Lo que internamente nos hacía matizar esa presencia, tampoco me parece relevante. Estaban tanto los que creían que la negociación con ETA hubiera significado una oportunidad de llegar a la paz, como los que pensábamos que había sido un error de apreciación y una ingenuidad.

Estábamos comunicando a las víctimas y a sus familiares que nuestra distancia con los asesinos era total, y estábamos expresando a los terroristas que nuestra naturaleza era de otra especie a la suya. Humanidad contra abominación y sangre; cordura, contra insensatez; serenidad y firmeza, frente a odio y enajenación .

Faltaban muy pocos. Faltaban solamente los cuatro enloquecidos que defienden sus propios intereses terroristas, un grupúsculo de fanáticos que, aprovechándose de la tolerancia y de las ganas de vivir en paz que tenemos todos, utilizan el hueco de nuestra hospitalidad para intentar amedrentarnos, colocando bombas sobre las infraestructuras necesarias y costosas y matando, adrede o por casualidad, a cualquiera que no esté del lado del detonador.

Me parece indecente que se dude  de la unidad de los demócratas en defender la paz, la seguridad, la libertad y la vida. Es que ni siquiera tiene que ver con la democracia, sino con el sentido común, con la ética, con la esencia del hombre, que es su inteligencia. Todos los sensatos queremos vivir en paz y en buena compañía.

Para los asesinos de ETA, como para todos los asesinos, la lógica es otra, es la simulación, el engaño, para que los inocentes -sus víctimas- les tomen por lo que no son. Por eso, los asesinos de ETA y los partidarios de negociar con las pistolas sobre la mesa, quieren disimular sus condiciones. Llevarán una vida lo más discreta posible, harán como que entienden y compartennuestros argumentos de paz, y, puesto que sus ideales son otros, se sentirán libres para salir de sus guaridas de falsa honestidad para recibir instrucciones, recoger armas o bombas, ponerlas en los lugares elegidos o para matar a sus víctimas. Después, se pondrán sus capuchas y nos contarán desde su oscuridad mental frases incoherentes para explicarse porqué lo han hecho.

Estoy con los que defienden que no se puede negociar con los canallas, que no se puede tener tregua con ellos, y que la única negociación posible es la de que entreguen las armas, abandonen cualquier idea de lucha que no sea la dialéctica, y que, los que hayan cometido delitos y hayan sido indentificados como presuntos autores, se sometan a la disciplina del Estado de derecho. La justicia ha de juzgarlos, y absolverlos o condenarlos en juicio justo, con las garantías que nos hemos esforzado en consolidar para proteger nuestros ideales comunes.

Porque si no se hace así, el mensaje de la sociedad hacia los terroristas quedará adulterado. No se entenderá cómo ese mismo Estado encontrará la coherencia para aplicar la ley al que roba unos cientos o miles de euros, al que defrauda al Fisco por un par de declaraciones mentirosas, o al que atropella a un peatón y se da a la fuga. Ya se, son solo ejemplos al azar. Pero si instauramos la filosofía de la negociación con el delincuente, no podremos pretender que defendemos el estado de derecho, y, por supuesto si los delitos de terrorismo, asesinato o pertenencia a banda armada admiten negociación con sus autores, la sociedad civil perdería autoridad para  estimar la justa proporcionalidad entre los delitos y sus penas.

Ayer, en las manifestaciones que se celebraron en España, estábamos todos. Solo faltaban cuatro descerebrados, que no pertenecían ni al PP ni a Batasuna, ¿no queremos creerlo así? ¿no es mejor así?

Al socaire: Madrid consolida su atractivo para desarraigados

Al socaire: Madrid consolida su atractivo  para desarraigados

Favorecida, sin duda, por el clima más suave de toda Europa en la actualidad, España se está consagrando como el lugar preferido para los desarraigados de Europa.

Tengo que aclarar de inmediato, para los que leen deprisa, que no me estoy refiriendo a quienes vienen en cayucos, carromatos, autobuses, fondos de camiones o charters con billete unirideccional, desde las lejanas Bolivia, Ecuador, Brasil Bangal Desh, China o Colombia, o las vecinas Marruecos, Mauritania, Sudán, ... ni siquiera a los provenientes de Ucrania, Rumania o Kazakstán, ... ni en general a todos cuantos llegan aquí con una mano delante y otra atrás, pero con buena disposición para trabajar en aquellos puestos que los españoles ya no consideramos que están a nuestra altura, y que conforman una inmensa bolsa de ilegales hasta la próxima regularización. Todos esos ciudadanos que se ocupan de los enfermos y ancianos, realizan labores de jardinería y guardería, son criados y porteros, camareros u obreros de la construcción y chapucillas varios...., son base fundamental de nuestra economía sumergida y seguramente ya no podríamos vivir sin ellos

No. Me refiero a los desarraigados genuinos, una buena parte de ellos, españoles, pero últimamente también venidos de todos los lugares de la Unión Europea. Son muchos los que, atraídos por la llamada de los ya presentes, se incorporan cada año para llenar de una nota folclórica, maloliente, cutre, -no estoy hablando de falta de dignidad humana, sino de higiene física- nuestras calles más céntricas y nuestros lugares más emblemáticos.

En especial, Madrid ocupa un sitio preferente, superando con mucho la posición que antes mantenía París. A la anteriormente citada cualidad climática, se añade la estupenda variedad y cantidad de locales abandonados, la excelente pasividad del personal y la solícita atención de la policía municipal, que, en estricto cumplimiento constitucional de la libertad de circulación y residencia, se encarga de que nada perturbe el sueño de estas personas que, por razones no siempre comprensibles, han decidido hacer de la calle el salón de su casa, y de la intemperie su aire acondicionado.

Todavía quedan algunos sitios muy aceptables, pero está claro que los más atractivos ya se encuentran adjudicados. No tengo la más remota idea de cuál es el precio medio del alquiler de un metro cuadrado de baldosa, pero, por algunas peleas callejeras que a veces sorprendo, hay lugares por los que parece merece la pena enzarzarse en una disputa a navajazos.

Así, en la Plaza Mayor y sus alrededores mora un grupo estable de unos quince vagabundos, que se aprovechan de las estupendas vistas de ese lugar emblemático de la capital, y que, como lugar de residencia marginal, cuenta con especiales ventajas. Dispone este rectángulo de oro de un gran tránsito de público, y sus amplios soportales ofrecen huecos protegidos del ocasional vientecillo de madrugada; y, para más comodidad, se ubican en la zona multitud de tiestos de los restaurantes de la meca gastronómica de la villa del oso y del madroño, con plantas de variadas especies, que siempre agradecerán un poco de abono natural.

En la zona del conocido mercado de San Miguel, en importante remodelación urbana, para potenciar ese enclave del Madrid modernista, los interesados pueden tomar conocimiento, obtener fotografías, dar limosna y hasta discutir con violencia, con un grupo mixto e incluso heterogéneo y multinacional de desarragaidos, que integra diferentes animales de compañía. Con alguno de sus componentes -si el estado mental lo permite, lo que dependerá de la hora del día- se podrán intercambiar ideas sobre la situación mundial, la política en general, el pasado que fue mejor o las posibilidades de compra de bebidas alcohólicas o droga.

Son muchos los lugares que ya están ocupados, siendo muy solicitadas las clásicas cabinas bancarias, resguardadas de miradas curiosas, las entradas a los portales y garajes (aunque deberían tenerse en cuenta las posibilidades de ser arrollado por algún vehículo), y los solares a la espera de la autorización para ser rehabilitados. Ningún barrio de Madrid (como de otras ciudades españolas, pero me refiero a la capital por su singularidad), en especial, los llamados residenciales, deja de tener sus inquilinos callejeros, y, aunque no me dedico a hacer estadísticas ni censos de esa población (que no es flotante, aunque algunos flotan), su número aumenta regularmente.

En fin, debemos felicitarnos todos por convertir, con paso firme y seguro, la capital de España en un excelente refugio para borrachos, drogadictos, desarraigados, locos, y enfermos mentales de todo tipo. La tolerancia y consideración ciudadana hacia estos congéneres de categoría (digamos) B es ejemplar, y destaca, entre todos los habitantes de categoría A (es un decir), la ciudad de Madrid, por su completa apatía respecto al problema, su absoluto desprecio hacia lo que está sucediendo, su perfecta asunción de que el problema es de todo punto insoluble.

Nadie parece haberse dado cuenta que esos personajes que forman parte de nuestro paisaje urbano, y a los que vemos como animales de la calle, y a los que, cuando se ponen pesados, tiramos unas monedas, son seres humanos y cada uno de ellos, con certeza, tiene un problema verdadero y cada uno de ellos, por supuesto, tiene una solución.