Blogia

El blog de Angel Arias

Al socaire: Movilidad sostenible en Madrid

Al socaire: Movilidad sostenible en Madrid

El 13 de septiembre de 2010 se presentó en La Casa Encendida de Madrid (bello y enigmático nombre) un librito sobre Movilidad Urbana Sostenible (70 pgs., editado por Caja Madrid, Obra Social, 2010).

El acto se llevó a cabo en la terraza del edificio, a la soleada hora de las 12 del mediodía, y los asistentes -escasos, trajeados- soportaron impertérritos las educadas alocuciones de quienes hicieron de padrinos de la criatura.

No tiene el librito, con pretensiones de ser guía, autores declarados. Realizada la publicación, según se indica, en vísperas de la Semana Europea de Movilidad (16 al 22 de septiembre) presenta el aspecto de obedecer a una improvisación, un mandato político oportunista, y haber sido confeccionado recortando y pegando de aquí y de allá párrafos e ideas-por supuesto, sensatos- sobre esa cuestión espinosa del transporte en las grandes urbes. (Las más de 50 referencias bibliográficas vendrían a avalar esta apreciación).

En el acto, Antonio Lucio Gil, Director de la Fundación Movilidad, "experto en movilidad urbana" -como lo definió José Antonio Mijares, Director del Departamente de Proyectos de Medio Ambiente de la Obra Social Caja de Madrid-, reconoció que el punto de partida del librito es el Libro Verde europeo de la Movilidad Urbana.

Tres son, en fin, según el conferenciante en su escueto discurso -el acto duró apenas 20 minutos- los ejes de la mejora de la movilidad urbana: a) conceder la importancia adecuada a la educación sobre las buenas prácticas del transporte; b) propiciar la evolución de la concienciación de los agentes sociales, creando liderazgos entre ellos; c) reconocer la importancia de los proveedores sociales, invitándoles a que profundicen en nuevos negocios e iniciativas, como el car-sharing.

La presentación terminó con unas palabras de Carlos López Jimeno, el muy activo Director General de Industria, Energía y Minas de la CAM que, como acostumbra en sus alocuciones, aportó cifras y datos sobre la cuestión, en un discurso más técnico que político -lo que, en mi opinión, le honra-, lanzando un brindis por el "papel fundamental" que "ahora toca al vehículo eléctrico".

No hubo cóctel, ni café, ni coloquio. La austeridad ha llegado con plenitud al gobierno de Esperanza Aguirre. El escaso público, "enfundó la espada, caló el sombrero -imprescindible, por la caló- , fuése y no hubo nada".

Algunas reflexiones sobre el decreto sobre visados y la supervivencia de los colegios profesionales técnicos

El 6 de agosto de 2010, el Gobierno español ha promulgado el anunciado (y temido por los Colegios profesionales) Real Decreto sobre visados obligatorios.

Los ingresos por visado son una de las fuentes -junto a las cuotas de colegiación- principales de ingresos, si no únicas, de los Colegios profesionales, especialmente de los técnicos. Hasta ahora se venían rigiendo por baremos que cada Colegio disponía más o menos libremente.

Ya me he referido en este blog a la grave situación que se crearía, por lo que me remito a lo escrito, para no repetirme.

La nueva disposición, de obligado cumplimiento a partir del 1 de octubre ha puesto patas arriba la tranquilidad colegial, puesto que los Colegios verán ahora muy mermados sus ingresos, ya que, a salvo de un reducido (y bastante estrambótico) número de situaciones, los visados no serán obligatorios.

Los Colegios profesionales técnicos habían argumentado, profusamente, las razones de su desacuerdo con el borrador del Decreto. No se les ha hecho el menor caso.

Ni las apelaciones a la idea de que cualquier proyecto técnico implica, en alguna medida, afección a la seguridad de personas o instalaciones, ni, tampoco, las cuestiones relativas a la necesidad de realizar un control sobre los proyectos que garantice, además de la identidad del firmante y su cualificación, el cumplimiento de las normativas legales y disposiciones técnicas generales, sirvió para doblegar la intención preconstruída del Gobierno, decidido a acabar con los Colegios profesionales.

Se abre así otro frente de malestar frente al Ejecutivo, que permite aventurar una alta litigiosidad. Las Asociaciones profesionales ya anunciaron su beligerancia; los Colegios individuales preparan, además de las demandas por inconstitucionalidad frente al Decreto, nuevas fórmulas para aumentar sus ingresos, paralelamente a la reducción de sus gastos, lo que redundará en pérdida de su capacidad de actuación, con perjuicio para sus colegiados y, no debe olvidarse, para la sociedad civil.

La redacción del Decreto, al margen del desacuerdo frontal que ya han manifestado los Colegios respecto a su contenido, incluye varias inconcreciones que preludian graves dificultades de aplicación e incongruencias en la misma. Señalo solo algunas:

1. Los reducidos ámbitos de visado obligatorio se ven aún más restringidos por la disposición del art. 4.1. que dice, literamente: "Cuando en aplicación de la normativa sobre contratación pública, alguno de los trabajos previstos en el artículo 2 sea objeto de informe de la oficina de supervisión de proyectos, u órgano equivalente, de la Administración Pública competente, no será necesaria la previa obtención del visado colegial. Dicho informe bastará a efectos del cumplimiento de la obligación de obtención del visado colegial.

Esta obligación supondría que las Administraciones deberán dotarse de los medios adecuados para identificar y comprobar la cualificación del firmante de los proyectos, en casos que afectan sustancialmente -según el propio espíritu del decreto- a la seguridad, adquiriendo, además, el funcionario que realice el informe de supervisión responsabilidades nuevas.

2. La línea de colaboración que abre el Decreto con los Colegios es, más que una ayuda, un nuevo elemento de confusión. Dice el art. 4.2. "Asimismo, las Administraciones Públicas contratantes podrán eximir de la obligación de visado a los trabajos objeto de un contrato del sector público que no se encuentren en el supuesto del apartado anterior, cuando a través de sus procesos de contratación, de conformidad con las normas que los regulan, realicen la comprobación de la identidad y habilitación profesional del autor del trabajo y de la corrección e integridad formal de la documentación del trabajo profesional de acuerdo con la normativa aplicable."

Varias interpretaciones se abren ante una redacción tan confusa: ¿Se refiere el Gobierno a las Aministraciones que no tienen oficina de supervisión? ¿Cuáles son, entonces, esos procesos de contratación "regulados"?¿Quién se responsabiliza, entonces de esas comprobaciones que se juzgan imprescindibles? ¿Se está previendo un acuerdo con determinados Colegios al respecto, para facilitar, en bloque, el cumplimiento de la disposición?

3. El art. 5 es, por sí mismo, una joya de mala dicción normativa. En el art. 5.1 se indica: "Cuando haya varios colegios profesionales competentes en la materia, el profesional podrá obtener el visado en cualquiera de ellos. "

¿Ha de interpretarse que el firmante principal de un proyecto puede dirigirse a cualquier Colegio, aunque no esté colegiado en él ni tenga que ver con su profesión? (Por ejemplo, un proyecto de explotación de carbón redactado por un ingeniero de minas que llevara aparejada la construcción de una central eléctrica de ciclo combinado, por ejemplo, redactada por un ingeniero industrial y que dispusiera de una memoria ambiental emitida por un ingeniero de montes: ¿el ingeniero de minas firmante del proyecto principal podría dirigirse con el proyecto global a, digamos, el Colegio de ingenieros de montes, exigiendo que se le vise allí?)

(seguirá)

 

Cuentos para solitarios: La oportunidad pedida (parte dos)

(Esta entrada es la segunda parte del relato "La oportunidad pedida")

II

Confiaba en que nuevas risas le guiaran hacia el lugar donde, suponía, se encontraría la joven. Quizá, pensaba mientras avanzaba, sería un grupo de mujeres que estaban lavando en el arroyo. Puede, incluso -su ímpetu sensual se acumulaba- que se tratara de excursionistas que habían encontrado una poza en la corriente y se estaban solazando, tal vez desnudas.

Pero, cuanto más caminaba entre helechos y zarzas, pretendiendo alcanzar aquella vía natural de agua que, mientras se hallaba pintando, le hubiera parecido tan real y próxima, solo descubría la consistencia de un bosque descuidado, por momentos impenetrable, enigmático y sombrío, que se estiraba al mismo tiempo que lo recorría, reproduciéndose en nuevos árboles muy similares.

Resultó, a la postre, que se había perdido. Cierto que había tratado de permanecer bajando, pues no dudaba que el curso de agua -si hubiera existido- debería encontrarse en una vagüada, pero el bosque estaba tan descuidado, la maleza tan enrevesada, que había tenido que subir laderas y, perdida la orientación entre aquella tupida maraña de copas de árboles y matorral punzante, no estaba seguro de volver al sitio en donde había dejado el caballete y las pinturas.

Desengañado de encontrar respuesta al origen de aquellas risas y ya más bien preocupado de volver lo antes posible al lugar de donde había partido, siguió el consejo más directo ante una situación similar y, sin detenerse ante el castigo de las hirientes zarzas, bajó en línea recta hasta cortar la carretera. Cuando lo hizo, se sorprendió al encontrarse en un paraje desconocido.

Por suerte, después de caminar otro trecho por el asfalto, se cruzó con un hombre que llevaba del ronzal un caballo.

-Perdone usted -le atajó- ¿Por dónde puedo ir a Ravísec?

El otro detuvo la acémila y le miró con curiosidad. Aquel joven desconocido, sudoroso, con la cara y los brazos ensangrentados y la ropa rota, parecía realmente perdido.

-¿Ravísec?. Creo que está a unos cincuenta kilómetros de aquí, al otro lado de las montañas. Pregunte en la aldea que encontrará al doblar la próxima curva.

Y, luego, le preguntó:

-¿Se le ha estropeado el coche? Porque en ese pueblo no podrán ayudarle. Allí nadie sabe de mecánica.

-No, no. En realidad, he llegado hasta aquí a través de la montaña. He dejado el coche al pie de Ravísec y me he desorientado.

Sujetando del ronzal al caballo, que se mostraba inquieto ante el extraño, el campesino sonrió compasivamente.

-Ya veo. No es usted el único que aparece por este lado. El año pasado tuvimos que salir en búsqueda de un excursionista que, al parecer, había venido a buscar setas a nuestro bosque.

El joven se sorprendió al encontrar una expresión de lástima en el rostro curtido.

-Tardaron varios días en avisarnos y lo encontramos muerto, parcialmente comido por los lobos. Su rostro estaba desfigurado. Desgraciadamente, había caído en una trampa para jabalíes que alguien había ocultado entre la maleza. En este bosque hay muchas alimañas y se ha convertido en impenetrable, incluso para los de aquí. Está abandonado desde que la madera no tiene valor.

No pudo disimular un gesto de horror. Desde luego, no deseaba por nada del mundo volver a aventurarse por un paraje tan peligroso. ¿Cómo diablos se le habría ocurrido venir a pintar naturaleza a las montañas de Ravísec?

-¿No podría alquien acercarme adonde dejé el coche? No me siento con fuerzas para andar otros cincuenta kilómetros. Y mañana tengo que volver a mi trabajo.

-Supongo que mi hija no tendrá inconveniente. Acérquese al pueblo y pregunte por la casa de Andrea. Soy yo -explicó-. Ahora no puedo acompañarle, porque debo recoger unos sacos de pienso en Morgabia. Mi hija tiene un vehículo y bastaré con que le abone la gasolina.

Poco tiempo después, el artista se encontraba camino de Ravísec, en un viejo coche conducido por una joven de risa franca y directa, en la que quiso reconocer la expresión de júbilo que le había confundido aquella misma mañana.

Mientras se frotaba las heridas de los brazos, que le escocían, creyó haber hallado la ocasión pedida.

Pero ese es otro relato.

Cuentos para solitarios: La oportunidad pedida (parte uno)

Cuentos para solitarios: La oportunidad pedida (parte uno)

Por aquel camino antes muy transitado, hacía tiempo que no pasaba nadie. Discurría entre viejos castaños y desgarbados robles, pero el tiempo y la falta de limpieza habían cubierto el sendero de helechos, zarzas y retoños de acebo, serbales y plantas de sotobosque, entre las que se contaban belladonas, angélicas silvestres, borrajas y aquílegas.

Una corza, agazapada entre la maleza, saltó de pronto, asustada al ver al extraño aproximarse a su distancia de seguridad, y se perdió más arriba, entre un ruido de hojas secas.

Quien avanzaba, abriéndose paso con cierto trabajo por la senda, era un joven de apenas treinta años, que llevaba consigo un caballete, un lienzo y útiles para pintar. Cuando llegó al sitio que le pareció adecuado, montó el trípode y preparó las pinturas.

Eran apenas las diez de la mañana de un día de principios de otoño, y la luz se colaba, misteriosa, llenando de sienas, naranjas melosos y oscuras sensaciones el espacio.

Pronto se dió cuenta que, a pesar de la fuerza del paisaje, no estaba inspirado. Había silueteado con carboncillo los elementos principales; su paleta recogía, con la aplicación del brillante alumno de la Escuela de Artes y Oficios que había sido, la amplia combinación de matices. Pero, al traspasarlas al lienzo, la fuerza se escapaba.

El motivo de disipación más importante era el continuo cambio de los brillos y sombras. Por momentos, el follaje de segundo y tercer plano, adquirían el protagonismo que restaba importancia a los árboles de primera fila. A cada minuto, le sorprendían nuevas combinaciones de sensaciones cromáticas que, en su empeño por trasladarlas al lienzo, acabaron emborronando la fuerza de las primeras pinceladas, llenando de ocres y pastosidad lo que, un instante antes, le hubiera parecido logrado.

Había otras razones. La quietud aparente del bosque se rompía, trayendo ecos y susurros que parecían voces. No eran, desde luego, los graznidos de los arrendajos, avisando de desconocidos peligros. Tampoco el roer inquieto de alguna ardilla, encaramada en las copas más altas, invisible con el contraluz.

Ni siquiera pudo atribuirlo al descubrimiento de que, en aquel lugar, circulaba un arroyo, que dejaba un fondo de monótonas cadencias, en su paso sobre presumibles guijarros, alumbrados de rabanillos, potentillas, castañuelas, sátiros y helechos.

De pronto, un golpe de aire le tiró al lienzo al suelo, que se ensució de inmediato con restos de hojas, musgo y tierra, rompiendo las pinceladas y arrastrando la nitidez de los colores. Trató de corregirlos, aunque todo see tornó peor.

Fue entonces cuando le pareció percibir una risa franca, cristalina, abierta. Surgía, próxima, de detrás de la cortina de árboles, allá en el fondo del valle en donde se imaginó que fluía un riachuelo.

Movido por la curiosidad, abandonó el lugar y, con el corazón palpitándole, se acercó adonde entendió que había surgido aquella explosión de humana felicidad.

(continuará)

A barlovento: Esperanza de rescate para los mineros chilenos atrapados en mina San José, Atacama

En la tarde de hoy, 27 de agosto de 2010, (a las 16h:15m) fue entrevistadoen directo por el programa de Luis Herrero, de la cadena Libertad Digital, sobre las perspectivas de rescate para los 33 mineros chilenos atrapados a 700 m de profundidad en la mina de cobre y oro de San José, en Atacama.

No soy un experto en temas mineros, ya que mi experiencia profesional como ingeniero de minas me ha llevado por los caminos de la siderometalurgia y la investigación hasta los temas ambientales, que combino con mi formación paralela como abogado.

Sin embargo, y dentro del ánimo divulgativo que pretendo en este blog, trataré de resumir la entrevista, completándola con otra información recogida al respecto, para ayudar a la formación de la opinión del lector.

La noticia de que los 33 mineros se encontraban vivos, después de 18 días bajo tierra, aunque dehidratados y débiles, es una excepcional noticia. Su rescate, que tengo la seguridad de que se producirá con éxito, y que podrá realizarse dentro de unos 60 o 70 días, abrirá un nuevo capítulo de supervivencia de esos esforzados profesionales de la tierra.

Las condiciones de las minas subterráneas excavadas en macizos rocosos primarios son diferentes de las que se padecen en las minas de carbón. En la Mina San José la temperatura es constante, del orden de los 36º C y la humedad, del 98%. Son condiciones duras, pero soportables para el cuerpo humano, si se dispone de agua y de ventilación.

Por fortuna, la cámara en donde se hallan los mineros -y los túneles y galerías circundantes que permanecieron parcialmente accesibles luego del derrumbe que obturó la chimenea de ventilación- disponía de agua (unos 14.000 l destinada a la refrigeración de la maquinaria- y, hasta su descubrimiento, pudieron respirar el aire que quedó atrapado con ellos.

La situación, desde el punto e vista de la supervivencia, ha cambiado felizmente desde que se produjo el contacto con los mineros, ya que, a partir de un conducto de 15 cm se les está pudiendo llevar alimentos (al principio, líquidos isotónicos), medicinas y, no en último lugar, comunicación con el exterior, visual, como acústica.

Desde esta perspectiva, los mineros no se encuentran en condiciones diferentes a los de los secuestrados en una cámara subterránea, o trabajando en un submarino o en una nave espacial. Su mentalización para resistir el internamiento pasa a ser una clave principal para que puedan ser extraídos en condiciones fisicosicológicas aceptables. Deben hacer ejercicio continuado, mantener un espíritu de lucha y de compañerismo, no desesperar. Pensar en que serán rescatados, sanos y salvos.

El procedimiento técnico para conseguir su extracción a la superficie parece el adecuado, también desde el punto de vista de instalar rápidamente un método operativo. La perforadora Strata 950, empleada con éxito en las minas sudafricanas a profundidades superiores incluso a los 1000 m, permitirá avances superiores a los 10 m diarios.

Cuestión aparte la merece el juicio respecto a las condiciones de seguridad con que se llevaba a cabo la explotación minera. Los que llevaron a cabo los trabajos de localización se quejaron de la poca fiabilidad de la cartografía de la empresa. Se ha puesto de manifiesto, también, que la mina carecía de permisos para explotación, retirados como consecuencia de la inspección realizada como consecuencia de un accidente anterior, hace un par de años, que había causado una muerte.

Se han hecho afirmaciones generales sobre la seguridad de las minas chilenas y la tecnología empleada por los ingenieros civiles de minas en las explotaciones del país, que no comparto, al menos, de esa forma descalificadora global.

Tengo constancia de la excelente preparación de los ingenieros chilenos, educados buena parte de ellos, además de en la experiencia de la explotación de muchos años, en las escuelas técnicas españolas, norteamericanas, australianas, canadienses y en la prestigiosa Universidad de Chile. El curso de postgrado sobre Block Caving (la técnica empleada por Codelco en El Teniente, la mayor mina subterránea del mundo, con más de 2.400 km de galerías) es una excelente muestra de su nivel profesional.

Un punto que suscita recelos respecto a las medidas de seguridad que había sido adoptadas en la mina San José es la existencia de una vía de evacuación segura y su independencia respecto a la explotación propiamente dicha. Parece, como se demostraría por las consecuencias del derrumbe, que la vía de evacuación de seguridad tenía puntos comunes con laas galerías de explotación.

Sería temerario pronunciarse desde la distancia y el desconocimiento concreto de la explotación.

De forma general, en lo que se refiere a la legislación sobre seguridad minera en Chile, es reconocido por los profesionales que necesita una revisión y  actualización. Tanto en cuanto al carácter y la metodología en sí -respecto a la mejora de las condiciones de salubridad, higiene y protocolos de seguridad, vías de evacuación y rescate-, como en el endurecimiento de las sanciones y penas a los empresas y directores facultativos que incurran en su incumplimiento.

No pretendo presumir desde aquí de la mayor solvencia reglamentaria de las disposiciones españolas, cuyo RD 863/1985, ha sido actualizado en lo que respecta a la responsabilidad de los directores facultativos y las Entidades Colaboradoras (ECAs) por el RD 249/2010, pero puede constituir una referencia, reforzada, desde luego, con el mejor equipamiento de los servicios de inspección, piedra clave de todo el edificio.

Cuentos para solitarios: Filosofía elemental (segunda parte)

Este Comentario es continuación del anterior, que lleva por título "Filosofía elemental" y forma parte del conjunto "Cuentos para solitarios".

II

Me pregunto qué hago aquí. Estoy por culpa de Alicia, desde luego. Ella me convenció de asistir a esta reunión sobre La ilusión, dentro de un ciclo convocado por el Círculo de mujeres empresarias.

Ni siquiera soy empresaria, ni pienso serlo. Soy únicamente una mujer desorientada. Y sola. Hace ya tres meses que Darío me abandonó por otra mujer. Bueno, en realidad, fui yo quien le dejó. No soporto la traición y fue mi buena amiga Alicia la que me puso sobre aviso.

-Está acostándose con una empleada.

Así que le tendimos una trampa, en la que cayó como lo que es, un ingenuo. Llegó del trabajo con su cara de cansado de cada día, comentando sobre lo duros que se habían vuelto los tiempos para sacar adelante su negocio de venta de pizarra para la construcción. Antes de marchar, por la mañana, me fijé bien en el nudo de su corbata. Por la noche, era evidente que se lo había vuelto a hacer.

Parecía una tontería. Le hubiera sido muy sencillo explicar que había tenido mucho calor en la oficina y se había quitado la corbata, o que, simplemente, no le había gustado el nudo que tenía cuando salió de casa.

Pero cuando le pregunté a bocajarro, haciéndole ver que había descubierto que tenía un nudo diferente al de la mañana, si había estado con otra mujer, se aturdió. Se puso colorado como un chiquillo cogido en falta y, luego, no supo contestar a mi explosión de celos. Discutimos y me marché de casa.

Este tipo que habla de la ilusión me parece, básicamente, un pedante. Aunque puede que tenga razón en que las ilusiones se compran.

Es ridículo que alardee de su capacidad para seducir. No, no me parece feo y tampoco un estúpido. Solo que pretender que puede conquistar a una persona dirigiéndose a un público tan amplio es ridículo.

No entendí tampoco porqué ha comenzado su charla hablando de filosofía. Si lo que pretendía era fijar la atención del público, creo que se equivocó. Al menos, con la mayoría. Alicia me susurró hace un instante, "¿quieres que nos vayamos?".

Reconozco, sin embargo, que a mí me impactó la referencia a Balmes. Mi padre era un entusiasta de este filósofo, y nos leía con frecuencia algunos párrafos de sus libros, proponiéndolos como modelo de comportamiento ético.

Olvidé casi todo de aquellas lecturas y reflexiones, demasiado abstractas para mi inicio de la adolescencia. Quedé huérfana a los trece años. Hay algo que sí me quedó grabado, y es que mi padre me alertaba de los peligros de la excesiva imaginación.

-Las personas con una imaginación muy viva están más expuestas al desorden mental, es decir, a la locura. No es solamente lo que yo crea, querida hija. Lo escribe el gran Jaime Balmes.

¡Vaya! Ahora resulta que ha pedido una voluntaria para hacer un experimento de persuasión y se ha acercado precisamente a mí. Alicia me sonríe. Sospecho que todo está preparado por ella para que yo me retrate como una imbécil.

Me ha cogido la mano, grande y caliente, y nos encaminamos, juntos, al estrado. Las miradas de todas han reposado sobre ambos. Me siento muy emocionada.

 

Cuentos para solitarios: Filosofía elemental

(Primera parte de este Cuento, incluído en mi relación de Cuentos para Solitarios)

Para sazonar una cena, lo mejor es el hambre. No lo digo yo, lo expresó Sócrates. O, mejor dicho, como Sócrates no dejó nada escrito, lo contó así Platón y lo leí por primera vez en un libro de Balmes, su Filosofía Elemental.

Puede que Sócrates no haya existido, o que lo que sabemos de él sea una invención de quienes se definieron como sus discípulos. Esta idea me resulta más atractiva, y encaja mejor con la anécdota de quien, acusado injustamente, decide someterse a la última pena, suicidándose, argumentando su acción con un soliloquio apto para las academias de filosofía, pero ininteligible como expresión de la humana sicología.

La mayor parte de las cosas que nos apasionan, son realidades inalcanzables y, por eso, están al mismo nivel inasequible que cualesquiera otros inventos de la imaginación. Pero nos ocupan mucho tiempo, nos hacen soñar y en absoluto son inútiles. Nos animan para descubrir otras posibilidades que sí están a nuestro nivel.

Pero no voy a hablarles de Sócrates, ni de Balmes, ni es mi deseo aburrirles con comentarios de filosofía para andar por casa. Soy el monitor de esta reunión y mi objetivo es impresionarles. Y, más en particular, me encantaría seducir a una de ustedes, enamorarla.  

Ustedes han pagado para ello, ¿verdad? Para que les enseñe el arte de la conquista.

Empezaré presentándome. Soy aficionado a la astrología, pero mi profesión, aquella de la que vivo, es la de agente comercial. A mis cincuenta y tres años, he vendido casi de todo, aunque ahora me dedico exclusivamente a vender ilusiones. 

Si hiciéramos una encuesta al azar, recogeríamos mayoritariamente la respuesta de que para vender añgo hay que disponer antes de la mercancía, o tener opción razonable de conseguirla. Por eso, si les expresara que mi preocupación diaria es la de conseguir un acopio suficiente, para lanzarme luego a la apasionante aventura de encontrar interesados y que, además, estén dispuestos a pagar por ellas, me entenderían de inmediato. 

Pero este no es el caso de lo que yo vendo. Para vender ilusiones hay que encontrar primero al comprador y, luego, trabajar con la adecuada pericia para conseguir que nos compre lo que él desea, aunque no lo tengamos.

Por eso me he especializado en las mujeres. Puede sonarles a ustedes a cínico, aunque yo voy con la verdad por delante. Y les advierto de antemano, yo solamente ayudo a que tengan hambre; la comida es responsabilidad del cliente.

Para hacerles una demostración, necesito la colaboración de una de ustedes. ¿Alguna voluntaria?...Les advierto que no pretendo hacer un experimento con ningún riesgo. Tampoco les voy a exponer a ninguna prueba. Solo pido que se comporten con naturalidad, que sean ustedes mismas.

Aquella señorita de la quinta fila, la del vestido estampado. ¿Sería tan amable...?

(seguirá)

Cuentos para solitarios: Pasión por la lectura (Parte 2)

(sigue de la entrada anterior: Cuentos para solitarios "Pasión por la lectura")

Debí imaginarme que el maravilloso local en donde servían una horchata como las de antes, estaba cerrado por vacaciones. Pude suponer, -aunque la veloz carrera en un equilibrio que se me antojaba precario sobre la moto me había dejado bastante aturdida-, que el sitio recomendado estaba justo al lado del piso de mi colega de patología quirúrgica, en el que, naturalmente, había amplio acopio de bebidas refrescantes y, por añadidura, la ocasión de escuchar el último cd de Sandra Polop.

-Sube solo un ratito, mujer. Arriba estará mi madre, que andará ya preocupada por mi tardanza. Tomamos un refresco y escuchamos esas canciones dedicadas al amor y a la soledad, que te prometo que te gustarán. Si es que hasta te pareces algo a la Polop...aunque tú eres más bonita.

-Pero es que yo...

La mamá podría estar preocupada por su hijo, pero no se hallaba. Según me explicó, seguramente había salido para no perderse el rosario -¿de la mañana?-, como cada día. El salón estaba amueblado de forma acogedora y había un tresillo en el que uno de los sofás, según el experto, se encontraba situado en una posición estratégica:

-Desde aquí se escucha mejor, porque el sonido es plenamente cuadrafónico; es como si estuviéramos en un concierto.

Mientras se iba a la cocina por los refrescos, aproveché para husmear en su biblioteca. Junto a algunos volúmenes relativos a técnicas quirúrgicas, había varios ejemplares de entomología y, entre ellos, manifiestamente descolocado, un tomo de la novela Ana Karenina, que tomé en mis manos.

-¿Lo has leído? -me preguntó, acercándome un vaso de naranjada en el que, al primer sorbo, noté el sabor del vodka, que, a su antojo, había mezclado en él-. Me entusiasma ese personaje. Representa, para mí, la fuerza de lo femenino. Lo encuentro fascinante, muy útil para conocer las peculiaridades del alma de la mujer.

-No deja de ser una visión masculina -repliqué-. No entiendo los remordimientos y los celos enfermizos de esa mujer. Y, desde luego, no comparto la decisión de que se suicide. Es un truco de Tolstoi para forzar un mensaje moralizante, una torpe advertencia para pecadores.

En el aparato sonaba la letra de El Secreto de Alex, "Mi cielo" : "Desperté sin saberlo en la cara oculta de la luna; me quedé en ese invierno discutiendo con mis dudas".

No sabría precisar en qué momento él se sentó a mi lado, sobre el brazo del sofá. El setter se fue, dócil, a la terraza.

Supe de inmediato que pretendería besarme, y, sin que probablemente fuera oportuno, esbocé mi opinión:

-Prefiero, con el mismo argumento, una película que me ha emocionado recientemente. "Io sono l´amore", con una actriz que me encanta, Tilda Swinton.

Sus labios sabían también a vodka con naranja, mi bebida preferida. Al torcer la cabeza, mientras él se deslizaba sobre mi regazo, advertí que en la esquina del salón, en el ángulo más oscuro, había un piano.

Pasó toda la tarde; se hizo tarde la noche. Llegué aquella noche a casa, muy a destiempo, conducida otra vez por el sidecar, y más apretada esta vez al cuerpo del otro. Todo estaba en silencio. Cuando me levanté para desayunar, dije a mis padres que esperaban alguna explicación, que había ido a ver unos fuegos artificiales con unos amigos y me habían entretenido.

-Ya era hora de que alguien te sacara a pasear a la luz de la luna, jovencita -comentó mi padre, sin que, en mi opinión, su observación viniera a cuento-. Ah, y ha llamado un profesor de la Facultad para completar tus datos; dijo que necesitaba tu teléfono móvil para recomendarte al Mir.

Me sonrojé como una novicia y me oí decir, en un sueño:

-Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía. Mientras haya un misterio para el hombre.

Y, en ese momento, sonó el aviso de entrada de un mensaje en mi teléfono móvil.

Esperé para leerlo a encontrarme sola en la habitación, con el corazón palpitándome, y esta vez no por mi pasión por la lectura.