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El blog de Angel Arias

Ambiente frío en la Conferencia del Clima en Cancún

Por decirlo brevemente, la Conferencia sobre el Clima que se celebra en Cancún, México, desde el 29 de noviembre de 2010, tiene todas las papeletas para constituir un fracaso.

¿Las razones? No será por no haberlas expresado muchas veces. Los grandes actores de la contaminación a la que se dice causante del peligro del calentamiento del planeta no están dispuestos a renunciar a sus posiciones de privilegio y los países que habíamos considerado emergentes hasta que se colocaron al tanto de la tecnología para explotar masivamente sus recursos naturales, no quieren sacrificar su potencial de desarrollo, y, desde luego, no tolerarán que se les obligue a no quemar todo lo que pueda arder, igual que hicieron los predecesores, sin que se les compense con largueza.

Ya pueden haberse esforzado los expertos en Cambio climático en publicar tan brillantes como intrincados informes sobre lo mal que va a irnos a todos. En realidad, no se les cree. Ni los líderes de los países más poderosos en la actualidad ni -seguramente, incluso menos- los líderes de los países que serán las más poderosos mañana mismo.

Porque, sí, razonan, en extensas y prolijas intervenciones cara a la galería, hay que hacer algo. Luego, a puerta cerrada, no se ponen de acuerdo, porque para tomar una decisión que afecta a todo el Planeta habría que contar con la autoridad de alguien que mandara por encima de todos, y aquí no manda nadie.

Así que en Cancún se quedarán andando por las hojas. En convenir que  es verdad que hemos contaminado bastante y hay que hacer algo lo antes posible, pero también es cierto que en unos sitios hemos ensuciado y producido más anhídrido carbónico que en otros, y, además, subyacerá la convicción  de que la cuerda puede aguantar un par de generaciones más y, entre tanto, ya se les ocurrirá a quienes vengan algo mejor o serán acuciados por una necesidad más apremiante y verificable.

Los expertos tecnológicos de hoy habrán convencido a los líderes a los que asesoran -con mandato temporal, señalado por unas elecciones siempre demasiado próximas- de que no hay mucha prisa, de que no hay previsión de daños graves para el propio país y que hay tecnología a punto para incorporar masivamente nuevas formas de producción de energía limpia, si hiciera falta. Solo sería cuestión de pulir un poco algunos costes y ciertos procedimientos, que las multinacionales del ramo conocen muy bien y, además, se podría recurrir masivamente a la tecnología nuclear si fuera necesario, pues existen reservas que pueden proporcionar un siglo de fríos y calores controlados.

Y no faltarán otros o los mismos asesores que expliquen, por supuesto, que si fuera realidad que la temperatura media de la Tierra aumentara 3 o 4 C y que los niveles del agua de mar en las costas fueran a subir unos pocos centímetros, o quese presentarán aún más huracanes e inundaciones, sabemos en los países más ricos cómo protegernos y -oigan y miren lo que nos ha llevado hasta áquí- la ciencia y la técnica acuden siempre.

Es también comprensible que los países más desarrollables -por ejemplo, China, India y Brasil- estén abiertos a nuevas propuestas para resolver cualesquiera dificultades. Como indicó el embajador brasileño Luiz Alberto Figueiredo Machado. “Sabemos que se todos os países se agarrarem a suas posições, é impossível ter um resultado, que dirá um bom resultado”.

Uno de los atolladeros en los que se encuentra el tema de un nuevo acuerdo está siendo la forma de contribuir y gestionar el fondo climático, que deberán aportar los países más ricos y ser transferido a los que se apunten a contener su desarrollo de entre los que hoy contaminan menos. Un fondo que se ha cifrado en 100.000 millones de dólares anuales hasta 2020, que habría de ser claramente vinculante para los países que firmen el nuevo Tratado que sustituirá al de Kyoto, cuya vigencia termina en 2012.

Mucha tela que cortar, y en la que falta la voluntad de los sastres mayores, los que manejan la tiza de marcar y las tijeras. Algunos representantes de los países menos relevantes al caso se mueven en torno al paño con las tijeras para las uñas, haciendo trajes que resultan más bien adecoados para jugar a las muñecas que para vestir el desaguisado ambiental que seguimos componiendo los humanos, a pesar de nuestras manifestaciones de sostenible amor por la naturaleza.

¿Un ingeniero de minas como futuro Presidente de Asturias?

En la mañana del 23 de noviembre de 2010, Javier Fernández, candidato por el PSOE a la Presidencia del Principado de Asturias en las elecciones autonómicas que tendrán lugar en la primavera de 2011, recibió la alternativa simbólica del actual Presidente, Vicente (Tino) Alvarez Areces, en un frugal desayuno al que más de un centenar de simpatizantes, obligados y curiosos, fuimos invitados por Economía Forum, en el Hotel Ritz.

Tiene Javier, a quien conozco desde hace más de 30 años, aunque no lo he tratado apenas, un tono comedido para un discurso creíble, sin apenas piruetas imaginativas, y que él mismo definió como continuista respecto a quien gobierna en Asturias. (Más o menos literalmente, según mis anotaciones: "No me parece mal la continuidad, aunque mi actuación será distinta, no solo por ser distintos, sino porque el momento lo será")

No cabe hacer, desde luego, siendo secretario de la Federación Socialista de Asturias y candidato del PSOE a la Presidencia regional, muchas matizaciones al programa realizado por quien es propietario de una de las carreras políticas más longevas del Principado, solo comparable seguramente a la de otra antigua conocida, Paz Felgueroso, también presente en el desayuno, alcaldesa de Gijón desde que Areces dejó vacante la plaza, aunque no las raíces.

Para las crónicas sociales, allí estaban también, junto a la flamante ministra Leire Pajín, Toño Trevín, Luis Noval, Miguel Munárriz y otras muchas caras conocidas del empresariado y la política regional, desplazados la mayoría desde Asturias para arropar al candidato y escuchar su adelanto del programa.

No hay muchos ingenieros dedicados a la política y a mí me parece una lástima, porque los técnicos aportan pragmatismo a la gestión y, en época de crisis profunda, como en la que definitivamente se reconoce que estamos asentados -esperemos que no para quedarnos- las ideas surgidas de una cabeza fría y unos pies en la tierra son muy deseables.

Por eso también, y desde una posición de independencia ideológica que ha aprendido a mirar a los candidatos y a sus colaboradores más que a los desiderata, a menudo conformados como señuelo para atraer votos, de los programas, me parecería un regalo para Asturias, para su futuro, que el candidato del otro gran partido con opciones de asumir la Presidencia regional, fuera Francisco (Paco) Alvarez Cascos, a quien también, por supuesto, conozco.

Un debate técnico -que no tecnológico- para la región asturiana sería muy interesante, y ayudaría a clarificar, superado ya el pelo de la dehesa en el que la sumieron por varias décadas avideces empresariales cortoplacistas, reivindicaciones sindicales centradas en mantener como fuera los puestos de trabajo y un aura -parcialmente injusta, pero, también, y por eso, parcialmente atinada- de región subvencionada, si el nuevo esquema regional es sólido y aguanta con soltura los embates furiosos de la tempestad del archiconvocado "cambio de paradigma", y que yo sigo sin saber qué puede significar exactamente.

No tiene aún perfilado su programa el candidato Javier Fernández, aunque afirmó no ser partidario de bajar impuestos para reactivar la economía, y centrar su preocupación principal en el foemnto del empleo y activar la ciencia y la tecnología.

Tampoco cree, a diferencia de lo que se recoge en otros ámbitos, que Cajastur -cuya cúpula también estaba allí representada- vaya a disminuir su vocación asturiana con los cambios de estructura y enfatizó que "a diferencia de otras, Cajastur no está politizada", resaltando que en su dirección se encuentran catedráticos y expertos en finanzas; recojo esta afirmación sin comentarios personales, pues es seguro que el lector, sobre todo si sigue los temas de Asturias, hará su propia valroación.

Me gustó especialmente la mención al "hecho diferencial de Asturias" en lo que respecta a las posiciones autonomistas o independentistas de que hacen gala, para conseguir movilizar electorado, otros partidos en la balcanizable España, en referencia al análisis que hace otro amigo tecnopolítico, Francisco (Paco) Sosa Wagner.

"En Asturias ese hecho diferencial no dificulta la doble o la triple identidad, porque para nosotros, las identidades se suman", lo que convierte a la región en defensora excepcional del modelo territorial que compatibiliza el desarrollo regional con la subsistencia de un Estado central fuerte.

Hizo Javier Fernández esta aseveración después de haber destacado que los Estados federales -de los que Alemania o Estados Unidos son los socorridos ejemplos- se han conformado aglutinando Estados más pequeños, que conservan sus singularidades, y no como sucedió en España, en donde a partir de un Estado central se han ido desgajando -a zarpazos, diría yo- competencias para las regiones autonómicas, provocando así duplicidades, faltas de cohesión y, por ende, despilfarros económicos y desgastes sociales.

"El mayor riesgo para Asturias" -expresó el candidato-"sería no tener modelo de crecimiento". Hay que saber adónde se quiere ir, manejando un aparato flexible y moderno, y orientado hacia el exterior, y en el que "la tramitación de esta profunda crisis, habrá de hacerse con nuevos elementos", que no podrán descansar, como se hizo para resolver las anteriores, acudiendo a la reforma monetaria, o al impulso a la construcción, sino a reformas estructurales que permitan conservar lo mejor de lo antiguo e incorporar nuevos impulsos.

El debate promete ser, pues, no solo interesante, sino vital para plasmar, en una nueva encrucijada, el modelo de crecimiento que Asturias tendrá que saber conformar para no verse absorbida por quienes, sin mejores argumentos, tienen más voces, chillan más o reclaman, sin saber muy bien para qué, más autonomía en un mundo que, lo queramos o no, ha movido su centro de gravedad muy lejos ya de nuestros ombligos a los que sería una temeridad seguir mirando con complacencia.

Conama 10: Ahora o nunca

Comienza hoy en Madrid el décimo Congreso Nacional de Medio Ambiente (Conama), una actividad bienal cuya cabeza visible es Gonzalo Echagüe, presidente de la Fundación Conama y del Colegio de Físicos.

En la ceremonia de la inauguración intervino Rosa Aguilar, ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, en la primera alocución que escucho de su boca en su nuevo cargo político.

La ministra leyó un discurso sosete, con referencias tibias a la sostenibilidad, a la crisis y al compromiso por el cambio, demostrando que aún le queda rodaje para acertar a lanzar doctrina -la que fuera- de forma contundente, en foros tan atractivos como éste, con la proyección que se consigue cuando se tiene delante a casi mil personas, muchas de ellas, con credibilidad y capacidad de movilización en sus sectores.

El lema del actual Conama es: "Ahora, más que nunca", pero se me antoja poco agresivo y, por ello, me permití darle un tijeretazo para titular este Comentario.

Tengo la sospecha de que el tiempo para adoptar medidas se nos agota, y no precisamente por culpa del cambio climático, en el que no necesito creer para estar tocando todas las alarmas posibles para ratificar que, en efecto, es imprescindible cambiar algunos de los pilares que sostienen nuestro edificio de bienestar occidental, porque ya no aguantan el peso que les hemos colocado encima.

Me gustó especialmente la intervención del representante brasileño, Jorge Miguel Samek, Director general de Itaipú Binacional, por el buen tono vital que transmitió y, también, porque representaba a la nueva generación de líderes mundiales, emergidos de lo que, hasta hace nada, el mundo occidental se complacía en llamar subdesarrollo y ahora habría que llamarlo sentido de la oportunidad.

También se esforzó en ofrecer credibilidad, aunque los contenidos de su discurso fueran manidos, Abel Caballero, alcalde de Vigo, que actuaba como presidente de la Confederación de Municipios españoles y que ofreció, cómo no, colaboración institucional.

Ana Isabel Mariño y Ana Botella vendieron lo bien que lo están haciendo sus respectivas organizaciones, introduciendo en sus alocuciones porcentajes, hectáreas y otros datos de logros y perspectivas.

La concejala de Ambiente, que estuvo inquieta durante toda la ceremonia, presentó el soterramiento de la calle 30 como un hito en la sostenibilidad de Madrid, una de las ciudades en donde se concentra más del 50% de la población mundial, convertida en esencialmente urbana. La consejera de la Autonomía tiene publicado su discurso en su web, por lo que el lector curioso puede agotar su sed echándole un vistazo, con la ventaja de haberse ahorrado la asistencia al acto.

Seguramente se podría obtener algún rédito chusco comparando sus discursos con los del año pasado, pero no merece la pena.

No hay tiempo para discutir quién debe hacerlo. Sabemos lo que hay que hacer. Ahora o nunca.

Las Autonomías hacen leyes de aguas y el Estado hace aguas

La Administración de la Comunidad Autónoma de Galicia ha publicado su Ley de Aguas (9/2010), que toma como modelo los de otras dos Comunidades históricas, Cataluña y Andalucía y, todas ellas en conjunto, la voluntad de los partidos en el poder regional de arañar esferas de poder a un Estado central profundamente debilitado.

El extenso, y por tanto prolijo, producto jurídico, entrará en vigor, después de un breve período de vacatio legis -30 días-, el 18 de diciembre de 2010.

La lectura del documento plantea algunas dudas respecto a su constitucionalidad, que el legiferante autonómico ha procurado solventar, poniéndose la venda en el ojo antes de que se le produzca la herida, con argumentos detallados respecto a la legitimidad de su proceder.

No tengo muchas dudas de que, como ya ha sucedido en el caso de la Ley de Aguas catalana, el Tribunal Constitucional, (si es que, por ejemplo, los municipios afectados deciden plantear la cuestión de constitucionalidad, una vez alcanzado el difícil quórum preciso -30% de la población y un tercio de las entidades-) ratificará, con puntualizaciones menores, la solidez jurídica del artilugio.

Al fin y al cabo, el agujero por el que el Estado hace aguas no proviene de la voluntad de los administradores autonómicos, sino de una Constitución construída, en el aspecto concreto del poder concedido a las regiones, con una deplorable tolerancia, que, aprovechada por la política insolidaria de los partidos con base regionalista (aunque lleven siglas nacionales), ha conducido a España a su desmembramiento práctico en nuevos reinos -diríamos mejor, repúblicas- de taifas.

La Ley de Aguas de Galicia, a la que debe reconocerse una loable intención general, tiene, sin embargo, dos graves inconvenientes, que lastrarán su aplicación hasta consecuencias que no sabría predecir: a) por un lado, la imposibilidad práctica por parte de una buena parte de los municipios gallegos de ponerse al día en el cumplimiento de las tarifas mínimas que establece (y en su recaudación), y que levantarán probablmente considerable polvareda de contestación ciudadana; b) por otra, la consolidación, en esa parte del mapa hispano, de una nueva singularidad respecto a la gestión del ciclo de las aguas, con una entidad autónoma, un funcionariado y un sistema de recursos independientes, atendiendo a reglamentos, estructura de cánones, inspecciones, y regímenes sancionadores específicos.

Un paso más, en este caso al estilo muñeira, hacia el peculiar naufragio de una eficiente y solidaria política del agua para España, y un nuevo motivo de preocupación a la hora de justificar, desde el Estado, el cumplimiento de las Directivas que emanen desde Bruselas.

Un santo de la casa

San Francisco Arnaiz, un ovetense fallecido en 1938 a los 27 años, después de haber padecido una cruel enfermedad -la diabetes mellitus-, que se agravó irreversiblemente por su obstinada pertenencia a la Trapa, fue invocado en la Catedral de Oviedo, en una ceremonia presidida por el arzobispo, y apoyada por Adoradores Nocturnos venidos de toda España.

San Francisco ha sido elevado a los altares por la decisión estratégica del Papa Benedicto Ratzinger de mover un poco el santoral, aportando nuevos ejemplos a la devoción cristiana.

El consistorio ovetense, en sintonía con esas actualizaciones a la fe, y el lógico orgullo de contar entre su dormida ciudadanía con referentes vitales, ha cambiado el nombre de la callejuela dedicada al hasta hace un año solo Beato, por el de San Francisco Arnáiz. No lejos, por cierto, de otra vía dedicada a un héroe local más conocido, aún no santificado por la Iglesia, aunque sí por clamor popular, el corredor de Fórmula Uno, Fernando Alonso.

No tengo intención alguna de inmiscuirme, y menos con un comentario que puede ser mal interpretado, en las decisiones de las agrupaciones religiosas de consagrar modelos de vida que puedan ser imitados por sus creyentes.

Unicamente me gustaría reseñar el riesgo que supone para la fe elevar a la máxima distinción de la constelación de bienaventurados a personas que han convivido con otros fieles aún vivos, y cuyos familiares, conocidos y amigos, aún están en el valle de lágrimas.

No porque tenga la menor duda de la ejemplaridad de ese joven de bigotito a la moda, de solapa aparentemente censurada, cuyo rostro figura en las estampitas que se distribuyeron en la Catedral, sino porque creía -a salvo de que mentes más doctas me lleven la contraria- que ya teníamos suficientes ejemplos actuales de que la fe mueve montañas en San Marcelino Champagnat (a cuya santificación yo mismo contribuí, seguro, con muchas oraciones, junto a mis compas del Auseva) y en San José María Escribá de Balaguer (que no tuve oportunidad de conocer personalmente, por cierto, y eso que me persiguieron algunos de sus devotos con no menos ejemplar ahinco que el que yo puse en huir para zafarme de sus desvelos).

Blog Action Day devoted to Water

Blog Action Day is an annual event held every October 15 that unites the world’s bloggers in posting about the same issue on the same day with the aim of sparking a global discussion and driving collective action. This year’s topic is water.

He dedicado (y dedico) una parte importante de mi vida profesional al agua, a mejorar la gestión del agua en España y en el mundo. Tanto como gerente de Aguas de Vigo, director de la Actividad Agua en Fomento de Construcciones y Contratas, asesor del servicio de Aguas de Oviedo, responsable de Estudios y proyectos en Proactiva (FCC-Vivendi), director de desarrollo internacional en FCC-Dragados Servicios, consultor externo del Banco Mundial para este sector, y como ingeniero y abogado especializado en temas ambientales, he tenido ocasión de asesorar a varias empresas y entidades públicas y privadas...

Muchos años, muchas experiencias. He podido tratar, con centenares de ministros del ambiente, secretarios de estado, alcaldes, concejales, asociaciones de vecinos y particulares, de varias decenas de países en América, Africa, Asia y, por supuesto, Europa. Países en desarrollo y emergentes; gentes ricas y pobres; mandatarios entregados a la razón de todos y algunos, también, obsesionados solo por mejorar su peculio personal. 

He podido dirigir equipos de muy alta cualificación, con excelentes conocimientos sobre cómo mejorar los procesos de extracción, tratamiento, potabilización, depuración de residuales o desalinización. 

He dado muchas conferencias, en foros internacionales e internacionales, y he tenido la fortuna de poder aprender de los mejores, a hacerlo un poco mejor.

¿Por qué escribo así? ¿Para darme autobombo?. Ni mucho menos. Para denunciar que hay más de mil millones de personas que no tienen acceso al agua limpia; que hay casi dos mil millones que no obtienen la adecuada captación, y aún menos, la depuración imprescindible para sus residuales; que hay otros millones de personas, viviendo en países que se dicen desarrollados que piensan que el agua debía ser gratis o que es muy cara; que se despilfarra, malusa y deteriora impune e irresponsablemente el agua -en el campo, en la industria, por los particulares y por las entidades-.

El agua y la energía están íntimamente ligadas, y su futuro está ligado al nuestro, al de todos los seres humanos.

Por el agua. Por el cuidado del agua. En el Blog Action Day, dedicado, este año, al Agua. A los que no la tienen, sobre todo; y a los que no saben lo que vale, también.

Quince minutos con Mario y varias horas con Vargas Llosa

No van a descubrirnos ahora a los buenos escritores vivos en lengua española los eruditos de la Academia Sueca que concede los Premios Nobel, pero es un magnífico aldabonazo de atención sobre nuestro idioma, el que Mario Vargas Llosa haya dejado de ser el aspirante para tener su nombre escrito entre los que han obtenido este galardón.

Entre las satisfacciones que me produjo haber sido propietario de un restaurante está la de haber conocido a Mario Vargas Llosa personalmente. Yo fui para él un restaurador, tal vez el jefe de sala respetuoso y un tanto pesado que le acercó el libro de prestigio del restaurante para que firmara en él.

Vargas Llosa escribió: "Gracias por la buena hospitalidad y enhorabuena por la magnífica cocina. ¡Volveremos muchas veces!". Fue en febrero de 2002, y había sido traído/atraído a AlNorte por Juan Cruz, que escribió, más abajo: "A mi me da vergüenza decir lo mismo que el maestro, pero es que (siempre) digo lo que dice el maestro, cuando él tiene razón".

Vargas Llosa, formaba para mí -como para otros miles de antiguos adolescentes que habíamos sido iniciados en la literatura sensitiva con descripciones evocadoras de preciosistas extranjeros que escribían en una lengua que era la nuestra pero que aparecía como infinitamente más rica en matices-, junto a García Márquez, Lezama Lima, Ernesto Cardenal, Pablo Neruda, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, ...un muestrario de maestros venerados, de cimas excelsas del idioma.

Con él y Pantaleón habíamos contratado visitadoras, atendido a las pasiones ocultas de tía Julia, conversado en la catedral, o paseado por los Andes con Lituma. Como comentarista de actualidad, valoré, más tarde su neutralidad intelectual, reputada de reaccionario por los intransigentes y de izquierdista por los retrógados, siempre impregnada del sabor de lo bien escrito. Muchas horas con Mario, desde luego.

Un año más tarde, la casualidad hizo que María Trujillo Ricart, visitara también mi restaurante, acompañada de unos amigos, y también les entregamos el libro de visitas, para que escribieran algo. La memoria de La fiesta del chivo estaba presente, sin duda, porque, después de hojear las páginas anteriores, la nieta del dictador dominicano escribió: "El lugar, la comida, la atención, ¡magníficos! Algún escrito cliente ¡un horror! Por no caer en palabras mayores...o menores"

Debo reconocer que la palabra horror puede confudirse, sin esfuerzo, dada la caligrafía un tanto desigual de la autora de la frase, por "honor".

Mario Vargas Llosa, haciendo honor a su palabra, volvió varias veces a mi restaurante -casi siempre con su esposa, Patricia Llosa (1)-, y siempre apareció como un cliente discreto, amable con el personal, sin complicaciones en el gusto.

También lo hizo Juan Cruz, pero todo eso ya pertenece a otras historias, de las que doy cuenta en mi libro "Cómo no montar un restaurante".

(1) Anda por ahí una historieta, para mí increíble, por la que Patricia habría sido la causa del puñetazo que un celoso Mario Vargas le habría largado en 1976 a Gabo García Márquez, quien habría actuado de confidente cuando el primero se lió la manta a la cabeza para tener una aventura con una azafata sueca. Yo solo puedo dar fe de que formaban una pareja encantadora y aparentemente muy unida, casi 30 años después, lo que no es moco de pavo.

A sotavento: Cambio crisis en estado maduro con pasado glorioso por buenas vistas al futuro en país sin desarrollo

Escribo este comentario en relación con los dos que he publicado recientemente en el blog Alsocaire, en los que expuse algunas de las notas que recogí durante las conferencias que pronunciaron Juan Miguel Villar Mir, Miguel Boyer y Juan Antonio González-Adalid en el Instituto de la Ingeniería de España, el pasado 27 de septiembre de 2010.

Aquí me voy a detener en los elementos surgidos en el coloquio, glosándolos a mi particular manera. El título puede no resultar, por tanto, relacionado directamente con lo expresado en él, sino con mi personal apreciación de lo que debieran ser las enseñanzas claves de esta crisis que aún sufrimos -y lo que nos queda-, desde la perspectiva de un país intermedio como España.

1. España es un país menos desarrollado tecnológicamente que los que lideran el control de la crisis y es necesario adoptar una estrategia distinta. Villar Mir lo expresó con claridad: "Hemos creado muchas industrias que están pagando por tecnologías exteriores, que tienen ratios de productividad más débiles y que son más intensivas en mano de obra".

Boyer indicó por su parte (respondiendo a otra pregunta del auditorio): "Hemos subido 8 puntos en el porcentaje de exportaciones, hasta el 26,5 %, muy cerca de Alemania, que incrementó en 10, desde la introducción del euro. No somos tan torpes. Y a diferencia de los alemanes, no nos aprovechamos de una moneda débil (el euro, frente al marco) y hemos aumentado nuestro consumo."

2. España necesita clarificar el modelo energético, eliminando la cuestión nuclear, como un falso problema, y abaratando el coste de la electricidad para no restar competitividad a las empresas.

Todos los ponentes son pro-nucleares. Miguel Boyer: "La energía nuclear es la más ecológica, aunque decir eso no les guste a los ignorantes. Alemania ha levantado el tabú, como también los suecos. El tema del carbón no puede continuar así; se está argumentando por algunos que hay que mantener la producción por motivos de seguridad nacional. La seguridad mayor sería que no se sacara ahora el carbón, dejarlo donde está, para ponerlo en mercado si hay una hecatombe".

También intervino Manuel Acero, como experto en este tipo de energía: "Cada vez que se instala una central nuclear, resurge la industria. Y ya no se necesitan ocho años para ponerla en funcionamiento."

Juan Miguel Villar Mir: "Los costes de la energía en España son un hándicap para el crecimiento." (Lo enuncia, desde la autoridad práctica de ser accionista mayoritario de Ferroatlántica, el 3er. consumidor español, tras Alcoa y Arcelor-Mittal). "La energía eléctrica nos cuesta aquí más del doble que en Francia." El grupo Villar Mir consume del orden de 2.500 millones de Kwh/año y reclama un tratamiento diferencial.

3. La Administración pública necesita una reforma profunda.

Para Miguel Boyer, esta es una condición para reducir los gastos generales. "Los recortes en el número de funcionarios no han de hacerse con el argumento de que son beneficiosos para la economía, sino que son imprescindibles para conseguir el crédito. Es vital para España mantener el flujo de caja -en los presupuestos públicos- en nuestra economía para crecer, a diferencia de, por ejemplo, Estados Unidos y Alemania, cuyo dinamismo interno es suficiente."

La reflexión de Villar Mir fue en el mismo sentido: "Las autonomías absorben el 50% del gasto público, con duplicidades e ineficiencias manifiestas", y la decisión habría de ser, como expresó Boyer,  "tener bastantes menos funcionarios y mucho mejor pagados".

4. Es necesario hablar claramente acerca de las posibilidades reales de creación de empleo por nuestra estructura productiva.

En realidad, con los tres primeros puntos termino la reseña del coloquio, de la que he tenido que omitir bastantes cosas, por no hacerla aún más larga.

Pero voy a permitirme completar este comentario con la referencia a una cuestión que no se plantea en los debates sobre la crisis y su evolución, y tampoco lo fue en esta jornada. Y es imprescindible, en mi opinión, crear cuanto antes la sensibilidad socioeconómica para hallar la decisión que resulte pertinente, sin esperar a que se nos eche encima todo el peso del problema.

El punto de partida es reconocer que la evolución tecnológica ha restringido brutalmente las posibilidades de generación de empleo en los países desarrollados. Podemos desear, desde la perspectiva egoísta, que el crecimiento que experimenten los países emergentes nos proporcione algunos elementos paliativos, pero la solución que vendrá de allí no será ni general, ni satisfactoria a medio plazo (diez años, por ejemplo).

El potencial tecnológico que han obtenido los líderes de nuestro actual desarrollo y la globalización de su difusión ha provocado una dicotomía, visible en todos y cada uno de los países, ya sean pobres o ricos, desarrollados o no.

En todos, la polarización es evidente entre las empresas de alta cualificación, (con demanda de trabajadores muy cualificados, seguramente muy bien remunerados, pero con un número de puestos de trabajo reducidos, y en las que los márgenes brutos económicos pueden ser muy elevados), y los centros de producción que se dedican a cubrir las necesidades básicas permanentes de la sociedad (en los sectores agroalimentario, construcción, servicios de sanidad, educación y transporte, ocio, etc. , que demandan trabajadores con poca o nula cualificación, y cuyos márgenes económicos son pequeños e, incluso, pueden caer a valores negativos, por la fuerte competitividad de sus mercados específicos).

¿La solución? Además de pretender paliar la crisis económica, aplicando la fórmula histórica que han empleado siempre los países más fuertes, dedicando las nuevas tecnologías tanto a explotar los recursos de los menos desarrollados y creando en su población necesidades que no tenían (y pintando la operación con los colores que las circunstancias les permitan: invasiones, colonialismo, ayuda al desarrollo, cooperación estratégica, etc.), hay que volcar el análisis sobre lo que más importa: la remuneración al trabajo como forma de distribuir las plusvalías colectivas entre la población.

Si no hay trabajo suficiente para todos, hay que propiciar sistemas de ayuda social suficientemente eficaces -y cada vez más complejos- para los que no lo tengan, y cuyo coste solo podrá cubrirse desde el Estado, aumentando la presión fiscal sobre las empresas que obtengan mayores beneficios y sobre los ciudadanos que obtengan rentas más altas.

Otra opción sería inventarse trabajos serviles e incluso los inútiles, aumentar ficticiamente las jornadas laborales, incrementar los salarios basura, la ineficacia y la falta de productividad para que casi todos tengan acceso a un modus vivendi, aunque sea de subsistencia. Pero no es eso. No se trata de poner adoquines para pavimentar las calles, sino de construir torres con las que disfrutar del logro de haber conseguido un mayor bienestar de la humanidad.

Y a mí me sigue pareciendo más importante disfrutar de una buena comida con los amigos o la familia que poder viajar al Tibet con una máquina digital provista de n superzoom y me conmueve más oir a un desconocido tocar en su viejo bandoneon un tango que sé tararear que seguir en una Tv de alta definición un macroconcierto sicodélico ofrecido por un conjunto musical surgido de la publicidad.

Y me parece sustancial premiar la eficacia, el trabajo bien hecho, el riesgo correctamente asumido, la gestión sin trampas. Por el bien de todos.