Blogia
El blog de Angel Arias

Temas de cultura

Jugando en corto: Reflexiones después de las Olimpiadas de Pekín

No ha ganado España tantas medallas como hubiéramos deseado, pero se estuvo cerca, y las conseguidas, fueron todas de calidad. Pero lo más importante de esta participación ha estado, en mi opinión, en dos circunstancias muy especiales, que, por lo que hemos visto, pueden haber pasado a ser estructurales de nuestro deporte:

1. Hemos demostrado, en los deportes colectivos, entrega, ilusión, y capacidad de esfuerzo comunitario. Es un ejemplo para los jóvenes que seguía las actuaciones de sus ídolos. Contrariamente a aquella idea tan extendida y evidenciada de que nuestros deportistas eran genuinos representantes de la "furia española", elementos individuales que podían desmelenarse guiados por la rabia, esta otra furia que se ha colocado en el tapete es la de la cohesión colectiva, el trabajo en equipo, trasmitiendo la alegría de participar conjuntamente y saberse capaces de vencer, de poder ser los mejores. Lo han puesto de manifiesto nuestros deportistas en balónmano, en jókey, en baloncesto, en gimnasia rítmica,... Se había ya conseguido en fútbol, en los campeonatos europeos. Se nota en el ambiente, se transmite.

2. Hemos presentado un elenco de individualidades fuera de lo común -no tantas como creíamos o creían desde la Secretaría de Deportes y, desde luego, con fallos notables en varias disciplinas-. En algunos casos, el deportista destacado llega arriba en un deporte en competencia con representantes de países con mayor población y tradición deportiva. En ténis, tenemos hoy la primera raqueta mundial, un Rafa Nadal que, además de un atleta de excepción, es ejemplo de modestia, y bien parecido. Gerva Ferrer es un batallador seguro, firme, entregado a su oficio, sufridor y jovial a un tiempo. Mengual o De Cal -por no citar a otros- son otra muestra de esa combinación de constancia, sacrificio  y sencillez que conducen al éxito y a la admiración. Hay que incluir también a Pau Gasol, a Barrufet, a Llaneras,  a todos, en fin, los que han dado un rostro al deporte español con aspecto de dignidad, coraje, trabajo y preparación acertadas, y, también, con su voluntad de vencer llevando la camiseta de España.

Por supuesto que hay claroscuros en nuestro deporte, que hay mucho que mejorar, que en bastantes deportes no tenemos representantes de élite o no se ve continuidad. Pero ahora, viendo el resumen de estos juegos, hay que felicitarse de lo alcanzado. Porque al felicitar a esa representación, podemos sentirnos orgullosos de captar que, por ese camino, avanzamos.

Poco, pero algo hemos avanzado. Mañana, será momento de otras reflexiones.

Al pairo: Que nos pongan un monumento

No sé cuántos somos, pero sí estoy seguro de ser uno de ellos.

Estas son nuestras credenciales (Escribo para españoles, pero seguro que cada país puede hacer su propia catalogación de méritos):

Hemos nacido entre 1940 y 1962, por lo que ahora tenemos (admito ciertas holguras) entre 68 y 56 años. No hemos vivido la guerra, pero hemos nacido en la postguerra, cuyas escaseces, temores y esperanzas hemos mamado en razón inversamente proporcional a la distancia al 36-39.

Fuimos muy aplicados; los que veníamos de una herencia de teóricos vencedores, porque había que ser bueno, trabajar duro y estudiar mucho para llegar a ese algo que era como la tierra prometida sin que nunca supiéramos qué era lo que se había ganado; los que veníamos de una estirpe de reales perdedores, porque había que romper con los estigmas, convivir con las represalias y vejaciones, olvidar el pasado y soportar ocultaciones, vergüenzas y mentiras.

Tuvimos muchos hermanos; nuestos padres se habían dejado convencer de que había que repoblar la tierra, y de que el pan no faltaría.

No faltó. Pero, como las carencias eran tantas, la duda fue siempre solo entre el huevo frito y la tortilla, el bocadillo de mantequilla con azúcar o la onza de chocolate, jugar con pelota de trapo y muñeca de cartón o quedarse en casa castigado el fin de semana por haber sacado malas, buenas o regulares notas.

 La diversión, sin embargo, era intensa. Aguardaban los milagros de Fátima, la guerra fría, el fin del mundo, el cometa Halley, el comunismo y mucha mala ostia escondida.

Para evitar pecados, no teníamos a disposición apenas cines, y, en los que había, nos prohibían ir a ver la espalda de Sofía Loren en Los cañones de Navarone hasta los dieciséis años, y si lo intentábamos, unos sabuesos nos pedían el carné como si les fuera la vida en ello y te apartaban de la fila. Había películas de ·3-R y hasta 4-R que no deberían verse por nada del mundo debido al gran daño moral que casusaban (y que hoy ponen en la tele en los programas infantiles). Ibamos a ver la televisión en blanco y negro al piso de arriba, con unos vecinos a los que iba bien.

En nuestras casas, siempre escaseaba el dinero y al fin de mes la escasez era carencia. Nosotros lo sabíamos y nos angustiábamos por ello; dábamos clases particulares, hacíamos recados para la tienda de la esquina, esperábamos como agua de mayo la visita de la tía soltera y  leiamos los libros de texto (heredados o prestados) a la luz de una bombilla de 20 w. Muchas veces, en todo el barrio o en la ciudad no había agua, porque habían roto las tuberías o tocaba sequía; teníamos la solución:  se guardaba el líquido en la bañera y se lavaba uno menos.

Pero lo más importante, y por lo que nos hacemos, en mi opinión, merecedores del monumento, es porque nos han engañado. No era clave estudiar mucho porque nadie lo iba a valorar, y era estúpido guardar ninguna creencia de las que se esforzaban en transmitirnos, porque eran falsas o infundadas. Las abstinencias de todo tipo -no ya las sexuales- a las que nos forzaron no eran sino el reflejo de la cortedad y carencias de los mayores.

Nunca pudimos reclamar nuestro sitio, porque ya estaba ocupado o se lo cedimos con largueza a otros más viejos -ahora, más jóvenes-, que decían tener más méritos, o que había llegado su momento, y, luego, que había pasado el nuestro.

No tuvimos niñez y nos acortaron la madurez hasta hacerla irreconocible, catalogándonos de amortizados cuando esperábamos nuestro turno, atónitos al  reconocer que las fórmulas por las que quienes se estaban alzando con santos y peanas, no eran los más listos, sino los listillos, no tenían que ver con las enseñanzas recibidas , sino con delitos o pecados. Y eso que nos habíamos forjado superando miles de pruebas, con una nebulosa consciencia de haber hecho varios mayos del 68, y del 70, y del 72, y del 78... No teníamos visiones, ni siquiera los que se pasaban de mano en mano, uno para decenas, los canutillos de grifa envueltos en tarjetas de visita. Fuimos visionarios.

 Nos cambiaron de planes de estudio cuantas veces les salió de las pelotas. Sabemos, por eso, de casi todo, y bastante bien. Sobre todo, cosas ahora inútiles: escribir con corrección, latín, historia, geografía...A los que hicimos carrera académica, nos costó otra carrera paralela de obstáculos: exámenes de ingreso, iniciación, adaptación, extinción, cursos puente...ni nos acordamos.

A los que habían hecho los planes anteriores al nuestro, siempre les daban algo por la gorra: les hacían doctores, titulados con acceso directo, profesores numerarios...Desde luego, los que conseguían el galardón, ya se ocupaban de hacernos más difícil el camino. Para que madurábamos, decían. Hicimos servicios sociales, milis y aguantamos putadas como nadie, para hacernos mujeres y hombres de provecho.

Trabajamos mucho, desde pronto. Los viernes por la tarde, los sábados por la mañana; a turnos, haciendo guardias, con solo una semana de vacaciones y con miedos al volver, sin complementos ni pluses. Cotizamos como jabatos, con esfuerzo cruel, a un invento que se llama todavía Seguridad Social y, aunque a algunos les tocaron con las varitas de magicas de las prejubilaciones  que nunca pidieron, a la mayoría nos dicen ahora que puede que no quede dinero, que los últimos quince años son los que valen, que tal vez haya que trabajar hasta los setenta para reducir el gasto social.

Qué coño con el género. Si varones, hemos respetado a todas las mujeres como ninguna generación lo había hecho nunca; fueron y son compañeras, amigas, colegas, sin que alardeáramos de nada más que de la satisfacción de tenerlas a nuestro lado y disfrutar del placer de contar con ellas, siempre más apegadas a la tierra, igual de laureadas en las universidades, pero sin empleos suficientes para todas. En lo sexual, desde luego, cada conquista era un triunfo; lo sigue siendo, aunque ya, solo para soñar despierto.

Si mujeres, han cuidado a todos los varones de la casa y hasta de otras casas, privándose siempre de los primeros bocados, comiendo muchas raspas y restos, abandonando muchos estudios para que los hermanos o los primos pudieran hacer su carrera, y han vivido y viven satisfechas con sus parejas, a las que idolatran, porque se saben vencedoras. Siempre fueron más listas, siguen haciendo lo que han querido. Las que quedaron solteras -o viudas-, lo del sexo han tenido difícil y se les ha convertido en imposible; dicen, para consolarse, que la soledad es lo mejor, pero sacan la boca pequeña.

Lo que hicimos de puta madre -perdón por la exprésión- fue educar a los hijos. Libres, sin privarlos de nada, sacándonos el bocado de la boca para darles confianza, diciéndoles a las claras de lo poco que valía la pena, previniéndolos de oscuros peligros y talantes, para que no tropezaran en las piedras en donde nos habíamos roto las cabezas. No sabemos el caso que nos habrán hecho, porque hablan poco de eso con nosotros. Pero los que se fueron, van volviendo. Creemos interpretar que nos admiran, entre las críticas que nos hacen por nuestra tendencia natural  al pesimismo.

No sigo... Para qué, si cualquiera puede concluir que lo tenemos archimerecido. Los que hicieron la guerra, ya tienen su Ley de memoria histórica. Nuestros padres están muertos o con Alzheimer. Quedamos nosotros de aquella historia. Que nos pongan el monumento, carajo.

Eso sí, hecho de nubes, para que nadie tenga la intención de pagar a un amiguete, con el dinero de todos, el grupo escultórico en el que se nos represente a nostros, en pelotas, riendo.

Jugando en corto: ¿Los guardias civiles, jueces y otras autoridades, tienen sexo, o solamente género?

La pregunta es, por supuesto una boutade. Una guardia civil con el traje verde bien apretado a las caderas, puede despertar admiración por su contorneado cuerpo. Una juez atractiva, aunque nos falle en contra, podrá suscitar mayor secreción de feromonas, haciendo el castigo más soportable. No es lo mismo que te ponga la multa un guardia de aspecto adusto que una policía con la blusa ajustada y, tal vez, parcialmente desabotonada.

Y, aunque estas visiones son realizadas desde la perspectiva masculina, es perfectamente imaginable, incluso para los más redomados machistas, que en las mujeres se despertarán impulsos de autoconsolación similares. No hace mucho oía a una periodista decir algo del "paquete" de un futbolista y a otra aquello de "no hay que perderse la visión de XX en calzoncillos".

Los políticos deberían ser elegidos entre los guapos, hacer gimnasia, y cuidarse el cutis. No es lo mismo que te hable de la crisis Zapatero o Carme(n) Chacón que Rubalcava o la vice, aunque la competencia profesional no guarde pareja con la física. Obama tiene las de ganar a McCain, y aún no me explico cómo Segolene Royal sucumbió ante Nico Sarkozy, salvo por la picardía del segundo de hacerse acompañar de bellas especímenes, casadas o solteras.

De la perspicacia del Cavalieri Berlusconi para hacernos olvidar sus implantes capilares y sus desplantes verbales con ministras sacadas de la pasarela, no cabe ni dudar.

La belleza tiene un efecto adormecedor, disminuye el dolor, y nos conduce a lamernos las heridas con menos lástima hacia nosotros mismos.

Se atribuye a Emilio Alarcos esta anécdota, que si no viene al pelo, le anda cerca. Dicen que en un besamanos que se formó al tomar posesión de la plaza el nuevo obispo de Oviedo, un devoto de los del pelotilleo, le comentaba (eran tiempos de Régimen): "¿No se acerca Vd. a besarle el anillo a Su Eminencia?". A lo que el futuro académico, con su seco carácter, le espetó: "No. Y no hace falta que emplee Vd. el diminutivo".

Cuando se autoricen obispas, las colas serán más largas, seguro.

Jugando en corto: La Universidad española, Bolonia y el fútbol

El Comisario de la Unión Europea Jan Figel fue telonero de lujo de la presentación del Cuarto Estudio sobre la Situación de la Universidad española, que cofinancian las Fundaciones CYD  y Rafael del Pino. Por eso, el marco fue el Salón de Actos del Edificio Fortuny, que posee la Fundación que guarda memoria del creador de Ferrovial, y María del Pino hizo la introducción de los intervenientes, todos ellos perfectamente conocidos.

Como la nueva Ministra Cristina Garmendia se prodiga aún poco, el salón estuvo lleno de empresarios, catedráticos y funcionarios de pro, que iban, también a escuchar sus ideas. Por culpa de la apretada agenda de Garmendia tuvimos que esperar media hora a que empezara el acto, pero mereció la pena: no todos los días se tiene ocasión de compartir tiempo de trabajo -de 12 a 14h30- con tanta gente guapa.

La presentación del Libro la hizo Martí Parellada, que dibujó los claroscuros de la actual situación; por supuesto, con más claros que oscuros, porque no se trata de dar más palos que zanahorias desde una Fundación que se llama Conocimiento Y Desarrollo, y en la que Angel Gabilondo, sucesor en la CRUE de mi colega en Económicas de Oviedo, Juan Vázquez, es uno de los soportes intelectuales.

Todos cuantos hablaron lo hicieron bien. Me gusta siempre lo que dice Ana Patricia Botín- presidenta de CYD-, sensata e inteligente como pocas de nuestras mujeres en la élite. María del Pino, reciente la muerte de su padre -falleció el pasado 15 de junio-, estuvo, sobre todo, evocadora de su imagen; a veces a punto de saltársele las lágrimas desde el afecto.

Angel Gabilondo, habló de la "y" que da nombre a la Fundación auspiciadora del Libro, defendiendo una Europa universitaria diversa, homogénea, pero no uniforme. Gabilondo está a favor de los acuerdos de Bolonia, que propiciará la movilidad de los universitarios en el espacio europeo. (A los únicos que parece perjudicar este engendro bien intencionado es a los ingenieros superiores españoles, sucumbidos ahora en beneficio de los todavía llamados ingenieros técnicos y en perjuicio de la calidad global de nuestros futuros ingenieros "master"y de su capacidad para asimilar y conectar con una tecnología que se hará aún más sofisticada.)

Garmendia también se declaró partidaria de Bolonia, y de la necesidad de adaptar la educación universitaria a las necesidades sociales. Defendió la misnistra la urgencia de un Plan de modernización para la Universidad, que basó en los siguientes puntos:

-mejor financiación, eliminación de ineficiencias en los gastos y correlación entre financiación y consecución de objetivos; aumentar el nivel de competencia, facilitando la movilidad de profesores e investigadores (Nueva Ley de la Ciencia y la Tecnología);

-impulso a la proyección internacional, con nuevos incentivos (Fundación para la Proyección Internacional de las Universidades);

-incremento del valor del conocimiento generado en la Universidad, incentivando actitudes emprendedoras y la colaboración entre Universidad y la empresa;

-mayor compromiso de la Universidad con los retos sociales, económicos y ambientales.

Qué bien. Pues : A trabajar!. Como dijo Figel (además de la frase afortunada: "University puede ser el acróstico de Unity in diversity"): "España está en cualificación universitaria en el tercer grupo de las cuatro categorías europeas; en fútbol, está en la élite. ¿Por qué?", -se preguntó, para responderse-: "Porque a los españoles les gusta el fútbol, lo apoyan, y pagan muy bien a los jugadores".

Aunque el grueso de su discurso lo realizó en inglés, el Comisario europeo invitó, en un español leído con evidente esfuerzo, a "no dormirse en los laureles".

Cristina Garmendia no parece correr, desde luego, ese peligro. No perdió comba de ninguna de las intervenciones y tiene el rostro amable pero firme de quien está atent@ a lo que le sugieran, pero hará lo que le parezca mejor en cada caso.

Al socaire de Alsocaire

Este Cuaderno ha cumplido dos años el 3 de junio pasado, que es una edad muy aceptable para una aventura informática. Ha tenido un momento de descanso (falaz) entre septiembre y diciembre de 2007, período en el que este ya añejo aprendiz de sabelotodo ha alimentado con persistente regularidad otro Cuaderno más informal, que titulé Alsocaire.

No todos los amigos seguidores de este Cuaderno han asumido aún -lo digo por las entradas que tienen uno y otro- que también hay algo de mí en ese otro hijo de mi afición a escribir, al que invito a visitar y criticar desde el blog que lleva mi nombre.

En http://alsocaire.blogia.com puede encontrar el lector curioso, y bajo la común denominación de "Sobre (algo)..." centenares de ideas, comentarios ligeros y más serios sobre los temas que me interesan más: lo ambiental, lo social, lo jurídico, lo político...

Debo, pues, agradecer a internet haberme dado la posibilidad de expresarme libremente y al alcance de todos cuantos tengan curiosidad de conocer cómo pienso, y, por supuesto, deseo agradecer a mis seguidores, el ánimo que diariamente me producen con sus visitas a mis cuadernos, diciéndome que están ahí, que mantienen su curiosidad por lo que escribo, que me quieren.

 

A barlovento: Juan Bautista de Toledo engañó a Felipe II

A barlovento: Juan Bautista de Toledo engañó a Felipe II

La historia que voy a contar data de hace más de cuatrocientos años (la cifro entre 1561 y 1567), y la protagoniza Juan Bautista de Toledo, autor de la traza original del Monasterio de Escorial, que, a su muerte, construiría y reorganizaría Juan de Herrera, respetando, sin embargo, sus líneas básicas.

Algo más adelante en el tiempo, en 1905, Luis Ceballos Medrano -a la derecha, según se mira, en la fotografía-, que por entonces era catedrático de Topografía y Geodesia en la Escuela de Montes, trazó la meridiana astronómica delante de la explanada del aparatoso Monasterio agustino, tenido por una maravilla arquitectónica, en la que todo debía haber sido cuidadosamente estudiado antes de colocar una sola piedra.

El ejercicio era una de las prácticas de la asignatura, pero aquella vez estaba encomendada por el mismísmo director de la Escuela

De estos trabajos rigurosos, resultó inequívoco que la fachada principal tiene una declinación al oriente de 12º 16´19"66. Dos placas ante la misma, discretamente colocadas en el suelo de la plaza cuando se cumplían cien años de su nacimiento, recuerdan al muy laureado ingeniero.

Don Luis, docto en Historia, además de en tantas cosas -así se las gastaba esta subespecie de homo erectus que eran los ingenieros de pasadas épocas- , recuerda en un artículo, al analizar esa desviación, que al estar destinado el edificio a ser morada de Dios, cada una de sus cuatro fachadas debería estar orientada siguiendo los puntos cardinales, cumpliéndose, por lo demás que la nave principal mantuviera orientación este-oeste,  en respeto a las indicaciones de Vitrubio y su Tratado.

El escándalo, en realidad, venía de antiguo. Ya el Padre Ximénez, en 1764, descubierta la orientación del edificio, justificaba los trazados de Juan Bautista de Toledo, elucubrando con que al darle ese ángulo poco ortodoxo, se obtenían para el palacio-monasterio mejores vistas desde las habitaciones regias, mayor protección contra los vientos de la zona y más insolación para las fachadas principales.

En la revista de Montes del año 1905, el Dr. Ceballos atribuye, sin embargo, el desvío, no a decisiones deliberadas de la mente humana, sino a haberse guiado trazador y artesanos por la brújula, y cometido el error debido a que por aquel entonces andaba por los 12 º la declinación de la aguja magnética en sentido oriental, deshaciendo así los argumentos del padre agustino de forma tan severa como contundente.

Mientras leía el artículo, cuya copia nos entregó ayer a varios colegas el nieto del ingeniero ilustre, Rafael Ceballos, y al tiempo que varios amigos disfrutábamos de la belleza de la población y de la hospitalidad de los Zapata, pensé: ¿Y si Juan Bautista de Toledo -o alguno de sus ayudantes- hubieran simplemente querido tomar el pelo al omnímodo Felipe II, dejando un mensaje subliminal para aquél que quisiera interpretarlo entre líneas?.

Ah, el atractivo de dejar en evidencia a los que detentan el poder humano, contraponiendo inteligencia y fuerza.


PD (20 de mayo). Soneto con estrambote.

EN EL ESCORIAL, DO EL ENJUNDIOSO LLAR DE LOS ZAPATA, DIÉRONNOS UN PISTO
ADEREZADO AL GUSTO, CON HUEVOS ESTRELLADOS, QUE AL SER PLATO
EXIGIENDO ESMERADA CONFECCION Y TINO, -AMEN DE LAS VERDURAS-, Y RECATO,
NO CABRIA DEJAR EN MANOS DEL AZAR, YA FUEREN LAS DE CARLOS O CALIXTO,

SINO HAY QUE REALIZAR CON MAESTRIA Y PRECISION,  COSAS QUE, INSISTO,
SUPO DAR A SU MENU CARMEN DOLORES, SABIA MUJER QUE AL HIGADO DE PATO
CON EL QUE NOS EMPEZÓ EL  COMER, -MARCANDO  ASI EL NIVEL A TODO EL RATO-,
AÑADIÓ PERAS AL VINO, RESULTANDO PUES QUE FUE EL YANTAR VISTO Y NO VISTO.

AMBOS ANFITRIONES FICIERON QUE LA TARDE PASARA EN UN MOMENTO,
Y  NO HUBO TIEMPO NI GANAS PARA PAPAR MOSCAS, O ATARLAS POR EL RABO.
FUE TAN SAGAZ LA COMPAÑIA, CORRIO LA CONVERSACION DE TAL CONTENTO,

QUE NI MISMO LOPE OSARA GLOSARLA EN UN SONETO.  Y EN ESTE QUE YA ACABO,
 QUIERO PRECISAR QUE DE HABERSE PREPARADO  LOS HUEVOS DE OTRO TIENTO,
-SEPARANDO LAS CLARAS DE LAS YEMAS, POR EJEMPLO-, AL FIN Y AL CABO,

NO SE HUBIERA HALLADO FORMA CABAL DE PONERLE AL GUISO MAS TALENTO. 

@arias

Jugando en corto:Toledo, la ciudad imperial, necesita atención

Jugando en corto:Toledo, la ciudad imperial, necesita atención

Toledo es una ciudad desconocida, mal y poco publicitada, en la que al viajero se le invita a perderse por sus calles, pero que transmite al visitante una sensación inequívoca de deterioro.

No exactamente de abandono, porque la mayor parte de los edificios históricos tienen andamios externos e internos que revelan que se está practicando en ellos algún tipo de restauración, pero los que conocen mejor la ciudad, saben que esas obras se eternizan, prisioneras de la falta de presupuesto, de las complicaciones relacionadas con el obsesivo análisis del Patrimonio cada vez que se levanta una piedra -demasiadas tesis doctorales en curso-, de la discrepancia de criterios o competencias -. Toledo es también víctima de la dualidad politica entre "buenos y malos" que nos acogota tanto...

La ciudad recoge cada día miles y miles de turistas desilustrados que recorren en manada -perdón por lo ofensivo del término, tan sugerente- el camino que va desde la plaza de Zocodover a la catedral, visitan el palacio museo de Santa Cruz y, tal vez, si el horario lo permite, se acercarán a ver el cuadro del Entierro del Conde Orgaz, para luego atropellarse en el Parador -en reformas- y contemplar tal vez la ciudad a la atardecida desde el montículo de enfrente, como hizo el Greco con pinceles en la mano. De ese itinerario de agencias dejan constancia, of course, en sus digitales adminículos.

Toledo necesita, con urgencia, sacar defintivamente a los coches del casco histórico, para lo que hace falta, desde luego, arbitrar soluciones para los residentes y para la distribución de vituallas y mercancías . Necesita más comercio, y no solamente el dedicado a la venta de espaditas, mazapanes, botas de vino y armaduras forzadamente oxidadas.

Necesita potenciar aún más su restauración, pero, sobre todo, crear muchas más plazas hoteleras, que muy perfectamente podrían ser favoreciendo la transformación de viejas  casas en hostales, ayudando así a poblar el centro de la ciudad. Toledo necesita mejores guías turísticas, mejor indicación de los itinerarios y explicaciones serias pero desprovistas tanto de cultismos como lugares comunes, para ayudar a fijar en el viajero apresurado, algunos de sus gloriosos momentos e historia.

Necesita más y mejor vida cultural, pensada no ya en sus habitantes, sino en sus visitantes. Debe hacerse el esfuerzo por vincular al turismo a su noche, al ocio culto, instruído, pero también sabiendo focalizarlo hacia la diversión, facilitando lugares de encuentro entre lugareños y forasteros.

Y, desde luego, Toledo necesita ser terminado, reconstruído de una vez. La ciudad ha sufrido mucho por el abandono de los tiempos, las guerras, el desprecio de Madrid y de España. Desde los 80 del siglo pasado el objetivo es inmenso, y se nota el esfuerzo. Pero hay que darse más prisa.

La joya citadina por excelencia de este país no puede seguir dando una apariencia de ciudad ruinosa, con cientos de edificios abandonados que son hábitat de ratas y palomas, con sus ventanas abiertas por donde se divisan los escombros, calles que exiben impúdicas la suciedad, zonas que transmiten sensación de miseria almacenada, proclamando siglos de abandono oficial por nuestra historia.

La ciudad imperial luce placas inequívocas de su inmediato pasado franquista, con  recuerdos a generales invictos en esa cruzada de antaño que hoy trae mala memoria, y a líderes de ideologías que se estudian hoy como ejemplo de lo que no cabe hacer. A mí, no me molestan; quizá a muchos pasen desapercibidas. Pero, tal como se han puesto las cosas, sobran.

Toledo necesita dinero, y más ganas de acabar lo necesario. Se han hecho cosas importantes en estos últimos años, pero no basta. La escalera mecánica de acceso al casco histórico desde el párquin del paseo de Recaredo (obra de Martínez Lapena y Torres Tur) , un modelo -a pesar de que el automovilista corre riesgo de dejar trozos de carrocería en las estrechas sendas. El ave y su estación, un regalo. Hay también otros magníficos ejemplos de recuperación de particulares: La abadía, Los alfilerillos, El café de Zocodover,...

El debate toledano, en estos días, se centra  en si habría que hacer o no dos procesiones del Corpus, otrora la fiesta religiosa por excelencia de la España oficialmente católica. Hablan de repetir la procesión el domingo, para que puedan acudir más turistas y esas gentes devotas o curiosas que este próximo jueves trabajan (porque, horror, el Corpus Christi no es festivo común en toda España desde 1990, por culpa de los descreídos preocupados por la productividad).

Se podría hacer de Toledo, desde luego, una representación teatral continuada. Al fin y al cabo, en Semana Santa, las cofradías ocupan toda la semana en muchas ciudades españolas, con sus manifestaciones de fervor, exhibiendo bastantes elementos que no tienen mucho que ver con la fe y sí con el ego de los que pasean tras las andas, con el dinero del comercio cortoplacista o del folclór que tanto gusta al que ya no volverá por aquí.

Pero Toledo no necesita de ese teatro para salir airosa. Es una ciudad irrepetible. Lo que hay que evitar es que se caiga más, que se siga cayendo a trozos, para placer efímero de los turistas de zapatilla y bocata, que hacen a miles lo que creen serán las últimas fotos de un desastre anunciado, para contarlo a la vuelta desde su sillón de orejeras de plástico.

Jugando en corto: Moscosos, victorinos, chicuelinas y otras danzas

Javier Moscoso y yo compartimos un buen amigo, y a través de ese testimonio ocasional pude enterarme de uno de los motivos de felicidad del ilustre jurista, que fue ministro de la Presidencia con Felipe González. A este sesentón con fama de socarrón, le enorgullece que su apellido haya pasado a formar parte de los palabros que la Real Academia Española de la Lengua admite como correctos: moscoso, perpetuando así la genealogía familiar por los vericuetos de gramática.

Y es que hace la friolera -que es como hay que referirse al tiempo cuando se quiere hacer notar que pasa deprisa- de 25 años (en 1983), Javier Moscoso se sacó de la manga una instrucción para conceder a los funcionarios seis dias extras de permiso, de libre disposición que, hasta 2005, de forma coloquial, todo el mundo denominaba "los moscosos" y que, a partir de esa fecha, merced al beneplácito de los académicos, pasaron a ser moscosos sin comillas, con toda la fuerza de una ley gramatical autorizada.

Comprendo la felicidad del ex-ministro, aunque imagino su retintín, al hablar de ese motivo de felicidad. Puedes hacer por este país muchas cosas, pero, al final, lo que queda de verdad, es la fuerza de los estómagos agradecidos. Salvo que te dediques a la tauromaquia, me parece, que en este arte controvertido, se ha dado por poner nombres de cada uno de los posibles movimientos del capote al primer torero que se lució con ellos.

Porque ni siquiera en cosas de toros, el fervor popular pondrá tu nombre si el asunto no tiene que ver con la muleta. El Cordobés se inventó el salto de la rana, pero a ese ejercicio de agilidad, nadie dió en llamarlo ni beniteceña ni cordobesina. Aunque ahora que lo medito mejor, hacer el Don Tancredo, viene de un zapatero valenciano de ese nombre que para saciar el hambre se quedaba quieto en el ruedo sobre un pedestal. Murió, se cuenta, de un bacinillazo, porque en el siglo XIX aún no se registraba a los asistentes a los espectáculos públicos.

Seguro que el Gobierno de Zapatero que ahora comienza, podrá propiciar la incorporación de bibianas, chaconeras, vegueras, bermejeras al lenguaje popular. Promesas en trámite de cumplimiento, ya hay unas cuantas. Aunque a mí, me da en la nariz que la que tiene más éxito de prosperar es la bernatina. Una bernatina sería la metedura de pata en aceite de girasol ucranio, pasada por el recuerdo del bichito sanchorofsiano que si se cae de una mesa, se mata, el pobre.