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El blog de Angel Arias

Poesias de Angel Arias

Poema de Encargo (XXVI)

XXVI

  

Si pudiera elegir, me quedaría

con un atardecer junto a tu tiempo, y el regusto

del contacto de una mano de niño confiando en las nuestras,

y puestos a pedir, tener siempre algo especial,

bellas cosas por decirte.

 

Y para el caso de un viaje largo lejos de angustias y desgracias

quiero guardar siempre a punto un frasco de te quieros,

de me siento feliz de me gustas más que otras,

y tú que te lo creas, te conformes.

 

Esa imagen tan bella me acompaña

antes de dormir cuando no te tengo al lado,

es mi canción de cuna favorita,

nana para viejo peleado,

que a rienda suelta me conduce en un suspiro

hasta el sueño más profundo,

donde solo estoy yo, a trancas y barrancas

con lo poco que es mío.

 

Paz llena de alivios que querría tener a flor de labios

cuando me empiece a doler la herida del costado,

y deseo que me ayude a tragar cuando me toque

pasar a no ser, hacerme de la nada,

tragarme la última pastilla.

Poemas de encargo (IX a XI)

IX

  

Al cumplir la edad, pido una prórroga

a quien mande aquí.  Me avala algarabía,

la costumbre de tratar con buenas gentes

que a falta de un héroe

confiarán en mi capacidad para montar el espectáculo.

 

Si quieres un profeta del caos, me has encontrado.

Tengo el perfil adecuado, llevo tiempo

ensayando caídas por la escalera,

con finales del todo aparatosos. En las peleas

salgo siempre maldito con vendas en las manos

y mucha sangre en la cabeza.

 

Tomo el mando, letrado, deja sitio.

Es mi turno, anillo al ruedo, tengo oficio

y aunque a ratos me fallen las fuerzas

sabré sostener el estandarte,

conduciré a este pueblo,

en un último acto de amor,

con  rancio pulso firme,

hasta estrellarlo contra la pared.

 

Dáme esta última oportunidad,

aunque viejo capaz

de disfrutar a mandíbula batiente

con una buena paradoja:

ser útil a la tesis contraria, honesto yendo

con la verdad siempre por delante,

culpable también para el verdugo,

leal a la palabra dada

hasta la muerte sin abrir esta boca,

es mía

la máxima atracción para concitar

los odios de una tribu sin ley,

ser molesto rival fácil de vencer

para el cacique

y, en fin,  para la soga,

cuello.

  
  

X

  

La necesidad de vivir podrá ser una fuerza banal

que aflora en todas partes, carcoma que perfora

el cerebro, las ingles, el estómago.

 

Sus avances se notan.

 

Perderíamos tiempo

en confirmar lo evidente: que nos vamos,

que cuanto más disfrute, menos queda,

que pueden más las lágrimas.

 

Al mirar de cerca nuestra obra maestra,

detectamos

cuánta debilidad persiste en lo que hacemos muy bien,

y qué peligro tiene mostrar a los otros fortaleza;

de nada sirve claudicar ni vencer,

si bien comunicar estas carencias

nos permite un poco de descanso.

 

Cuando miro a otros lados

veo que me muevo junto a chinescas sombras ciertas

que mueren dando a luz,

y a pesar de todo voy poniendo huevos

con los mismos efectos destructivos

que la madurez causó en nosotros,

infectando todo cuerpo extraño

con ilusiones, ganas, postres y canciones

y esperando, muerte, el resultado.

  

.

 
  

XI

  

Qué voz de seductor, qué cánticos rasgados,

qué arias de agudos tan sabidos que producen

emociones de puertas encontradas,

qué cauto el cazador, astuto carnicero

que con la presa ocasional retorna al nido

y allí la despluma montaraz, experto cocinero

que prepara el condumio con pizcas de ajo y sal,

sin que los gritos y ayes de la víctima

promuevan su perdón, (más bien  lo excitan),

que infortunio mayor no hay como el suyo.

 

Desoyendo los aires de clemencia,

apartando con las ansias de matar, entre las otras,

las razones de prudencia y honor,

compartimos su gusto complacientes admitiendo

qué música tan grata el fuego que crepita,

qué paciencia demuestra revolviendo bien las ascuas

hasta dorar la piel del trofeo por igual por todos lados,

y qué silencio más sórdido aquel con el que ahora vuelca

en la escudilla de raíz de brezo, a riesgo de quemarse,

conseguido el color asado que los hace tan apetitosos,

los íntimos despojos de la pieza

que ahora digo que cazamos furtivos

esta misma mañana en la tierra de nadie que es futuro.

  
 

Poema: (Del Libro Absueltos de todo don)

                         1  

Primera Precisión de la Forma Máxima 

No imaginable ni asible, justa forma enigmática.

Silenciosa como un gato, vigila
y prepara el porvenir con libertad impasible;
no hay riesgo ni le tiembla por eso la mano,
ni la muerte atormenta el pedestal de su furia. 

La forma divina contempla, se la advierte trazando,
pero qué imposible conquista será verle la cara.
¿Quién no nota su peso? ¿A quién no preocupa?

Ante esta forma más alta, todos nos inclinamos,
los de la cabeza y los de la cola. 

Reconocible por su aliento, por su huella se sirve
y sin testimonio o disculpa, desgarra o construye
con voluntad que no es de este mundo de formas. 

Esta forma es el riesgo que todos corremos,
pero qué hermoso reclinar la cabeza convocándola ahora,
suponiéndola encima, tutelando lo que creemos crear. 

Poemas de Libro: Sin herencia precisa

Mi libro de poemas "Sin herencia precisa" (1996), empieza con estos versos:   

                                                                          1  
Asomada al precipicio de mi otoño,
entre silencios incrédulos, asistes insolente
al comienzo de mi ruina desde el sólido teorema
de tu curiosidad juvenil,
y mientras ya presiento los fríos en la espalda,
se me van cayendo ilusiones a destajo,
te cuento que encuentro cada vez más a menudo
dudas, pelos y sangre en el lavabo,
tú mantienes la sonrisa al pasar,
tomas el aire
de quien no necesita comprender,
ningún fallo perdonas.
 

Hoy noto mejor cómo mis ojeras se perfilan
contra tus firmes mejillas sonrosadas,
sorprendo a mis manos ocupando con torpeza
su último lugar en tus senos seguros,
mañana será la tos la que delate el contraste
con tu bella canción de cuna adolescente;
me haces fiestas,
y cada vez que me pides un favor,
que intente abandonar esta tristeza,
entran a raudales tus nuevos maestros y amigos,
mis verdugos.
 

Sé que me abandonas,
cuanto más necesita mi cuerpo arrugado
el desnudo de espaldas de tus nalgas rotundas,
hace tiempo
que veo cómo aumenta el desfase
entre tu juventud,
-las cosas que tú haces-, y mi utopía:
la de cosas que ya no puedo hacer. 

Aterrado del alcance que puedes dar a mis palabras,
rendido a tu amor, perdido y tosco,
me hago el loco
a la verdad aplastante de tu vida,
mientras te enseño lo poco que aun no sabes
de dibujo y geometría.
       



                                                                      
2
      

                                                                       
I
  
Conservo mi oficio juvenil, hacer del riesgo
un placer de helados y limones,
te explico mientras vamos
cogidos de la mano,
levanto susurros de voces que dicen
pero no se qué dicen,
quiero enseñarte qué bien,
que lo domino,
oigo jaleo
de movimientos confusos muy torpes
muy polutos
pero que muy aparentes;
voy pisando pasado
no pienso no perdono,
evoco un exorcismo de pasados comunes,
ordeno el alma donde en trampas soy más rico,
te advierto no detengas el paso,
no hagas caso no persistas, 
hasta que, cayendo a los hechizos, aprovechas un descuido,
y, entre besos, colocas en mis sábanas
la inquieta pregunta,
qué es lo que deja el pasado entre las manos. 

La explosión me rompe el cerebro
en mil mitades,
trocea la ilusión, me mancha el traje blanco;
para cuando quieres rectificar, está todo perdido,
asomados al mar, entrelazados nuestros gritos y sus voces,
contemplamos cómo las respuestas
se hacen en tu cuerpo más preguntas,
naufragan las palabras en corchetes abiertos,
cáscaras de nueces con muñecos que agitan sus banderas,
galeones con flores que encallan en barrancos
muy profundos,
rocas donde se astillan las balsas que parecen 
papel entre las olas
y en cada trozo forman nuevas respuestas
imperfectas,
así que brotan ríos de ansias en tus manos,
se te hacen inciertas las piernas,
tu vientre amado es un pozo de amargura,
mis labios son el lápiz rojo sangre
de tu lengua callada.
     


                                                                             II   

Son solo poros, compañera,
pero qué múltiples los huecos,
y al movernos nacen sin cesar más huecos más hondos más 
sinuosos,
entre tus pezones identifico historias viejas
disfrazadas de nuevas pesadillas;
loco de ansias escribo sobre tu piel cuentos inacabados,
sinfonías completas de alumno de primero de solfeo
donde los personajes somos nosotros son los otros,
gigantes transformados en pigmeos que,
alardeando de saberlo todo,
ignoran nombres,
calzan guantes para proteger sus manos       
pegajosas,
y sonrientes nos prometen entre dientes muchos premios,
enseñan un programa de falsas variedades,
mientras nos aplastan sin piedad cada vez que nos movemos. 

No les prestes atención, no pienses no preguntes,
sálvate tú al menos de sus uñas y dientes,
mientras caigo me consuelo mientras te prevengo,
escápate de aquí, no los toques no preguntes no te muevas,
porque cuando caemos en sus redes, los duendes del pasado
nos destrozan el presente, nos alzan de aquí, ya ves,
se ríen impíos de nosotros,y nos hacen volver a vivir la mala suerte.     


                                                                                        III  

Qué es lo que deja el pasado entre las manos,
diapositivas de cuerpos dormidos entre muerte,
escenas de falsa ilusión con olor a tristeza,
rota calma, rabia almacenada. 

Hay una lágrima risas
hay sarcasmos
dispuestos al corro, vándalos,
sueltos por mi mente
cuando escarbo en el tiempo y tiendo la mirada
sobre el lienzo en blanco donde habita el olvido.   
               

Poema (del Libro: Absueltos de todo don)

Primera Precisión de la Forma Amada 

La forma que preside las cosas
es la forma que amamos, cáliz tan frágil
donde la mano justifica su empeño.

Anfora de su alma desnuda, el único escollo
que nos separa de alcanzarla del todo.

Al recorrerla a diario, la mano la crea,
modela su carne con los trazos precisos,
la abarca, descubre los pliegues más íntimos,
y al estarla queriendo comprende
y predice con la serenidad de un profeta.

Esta forma tan suave perfecciona la mano. 

(Publicado en Edit. KRK; 1989; "Absueltos de todo don. Diversas intimaciones a las formas", Angel Manuel Arias)

Poemas: Que nos proteja al caer (1997)

Del libro "Que nos proteja al caer" (1997), inédito

8. Apuntes de un Congreso internacional 

Traducido al inglés no tiene más sentido,
watch the step el tiempo que me pasa
por los ojos, sin que pueda agarrar ni por los pelos
lo que dice este ruso con los auriculares del revés,
promoclu do costei,mojado hasta los huesos. 

En japonés la perfección roza la rima
porque expreso una duda razonable
qué han hecho con lo mío,
do itoshimashite, colega, se me queda mirando
atónito las manos,
pero yo salgo a calentar
el magín por los pasillos.
 

Después de la pausa, las pastas y el café,
siguen discutiendo a gritos lo que dije
pero ahora mis próximas palabras se refieren al baile
encima de las mesas, como creo que hacían las vestales
antes de caer al suelo destrozadas,
y, como no quieren danzar con estas pintas,
les mando a hacer puñetas
en alemán, zum Hell, zumba badana,
que para lo que estoy a contar autorizado
me parece el idioma más adecuado,
pues resuelve el matiz jugando con los verbos
al final,
están ustedes, incautos, avisados. 

Un colega ruandés
me pide copias de seguridad para repartir de mi ponencia
en los campos de refugiados de infortunios
y cuando salimos al patio soleado
los gozosos congresistas de este evento,
expertos en destrozar los temas más urgentes,
con la cámara de bolsillo hacemos fotos,
cumpliendo las consignas impartidas,
y a mí me da por sonreír, dando por supuesto
que esta cumbre ha sido un éxito.

Poemas de Encargo (Fragmento, poemas XIII a XIX)

XIII

Me intriga si aún me servirá
el traje de fiesta el gorro de capitán
invencible
que guardo en el armario
junto a las palabras de amor,
el alcanfor y la esperanza.

Tengo la ocasión de lucirlo

hoy que me han llamado de Palacio

creyendo que ella todavía vive aquí,

y no encontré fuerzas para decir que no,

que hace mucho tiempo

que vivo solo

que yago abandonado.

Finalmente decido no asistir,

que cumplan otros, me disculpo,

alegando como suelo,

dolor de ingles, viajes o jaqueca.

 

 

XIV

  

Ya está bien, ya está bien.

No todo es fantasía.

Aquí y allá veo huellas

de mazazos y pisadas.

 

¿Producto de la imaginación,

si estas heridas sangran,

acaso esta boca no ha perdido dientes?

 

Que no responda nadie, por favor,

dejadme disfrutar del dolor de este momento,

todo lo que se nos ocurra

me lo habrán dicho antes,

y además no soy nada rencoroso.

 

Quizá fui yo mismo quien me inflingí

estos daños.

 

  

XV

 

Devuélveme la paz,

que no vea preciso calentarme en otro fuego

que el que crepita en el hogar de la rutina

o la desgana.

 

Ese ánimo debería servirme de consuelo por las tardes.

 

Pero a medida que va entrando la noche,

haciendo en el aprisco la comprobación de mis ternuras,

creyendo que así no tengo nada que hacer

me acerco al muelle donde se halla el pantalán

de la aventura.

 

Parte, pues, barquilla mía,

y que todos vean lo de prisa que vamos,

desbarata mi razón hasta dejarla desnuda,

ponle jarcias, banderolas y remos

al deseo de ser querido que llevo por timonel.

.


 

   

XVI

El azar nos guiará a ciegas entre peñascos y rocas,

hasta quedar desarbolados

y aunque nos rompan el palo mesana,

el timón y las traviesas,

con las últimas olas gigantes llegaremos

al remanso de las aguas esmeraldas de los cuentos

en donde se pescan a mano exóticos peces de colores,

y hay fiestas y aquelarres permanentes,

idóneas para disfrutar como cuando era parvulario

con la excursión de cada jueves.

 

Puede no ser, mas cuento con alivio que, agotado,

pasados unos lunes, las corrientes de resaca me devuelvan

a este sitio de origen, incólume desde lo insano y peligroso,

vivo al fin entre los jirones del naufragio,

convencido y desarmado por una larga temporada

de que no hay por qué ir, ni a dónde que merezca,

ni existen paraísos por descubrir con atolones,

que la vida pasará quiéralo o no,

doblando al cabo la suerte que buscamos

y esta estela que me queda en el alma,

aunque marcada con sutiles hilos de babosa,

es el camino singular, la diferencia,

que, en medio de otras singladuras

(que no están registradas en bitácora,

porque, fáciles de seguir, engarzan

unas con otras nuestras vidas),

nos hace a ratos algo más dichosos.

 


 

   

XVII

 

El día en que me caí del caballo,

pensé, por lo mucho que había leído,

que otro dios vendría a salvarme la impaciencia

con su raudal de explicaciones,

permitiéndome hacer borrón y cuenta nueva

de toda mi existencia.

 

Después de esperar en vano muchas veces

a que alguien me levantara la moral,

cuando ya no vendría nadie, llegaste tú

y a pesar de que yo estaba muy cansado,

tuviste fuerzas para salir conmigo

de aquel atolladero.

 


 

  

XVIII

 

Me dijiste nuevos bríos,

prohibiéndome con besos el teatro.

Fuiste mi diosa y mi Talía,

aunque el fulgor se te agotaba

a ojos vistas. Carecíamos

de lo más mínimo

para mantenernos en pié,

y sin tiempo para improvisar unas muletas,

no llegaste a curarme del todo.

 

En mal momento descubrí

que reclamabas tu atención

cuando era justo

lo que yo pedía para mí.

Sospechando lo peor,

advertí que ponías tus carencias

en mis mismos vacíos,

y hacías trabajar mi inspiración

en donde no había nada que hacer,

por tenerme ocupado.

 

Te mandé marchar

para no contagiarte. Estaba claro

que dos almas gemelas

con rabias de aprender

necesitaban saber, para salvarse,

acentos extranjeros.

 

Pasó más tiempo y sin saber de ti,

volví al teatro,

creí que estabas muerta,

pero ahora vuelvo a montar a tientas a caballo.


 

   

XIX

  

Puesto en lo peor,

en las tardes con tedio

donde nadie parece darse cuenta

del daño que nos hace

haber superado otro invierno,

hubiera sido mejor

tener a alguien con la misma enfermedad

en la cama de al lado,

esperando la visita del médico

con idéntico desdén,

igual de desahuciados,

ambos inermes,

tercos, ilustrados.

  

 

 

Poemas de Encargo (Fragmento, poemas I a VI)

 El libro Poemas de Encargo (Angel Manuel Arias, 2004) empieza con los siguientes Poemas 

 

I

  

Extraños compañeros de la  realidad

han entrado en mi cama

aprovechando los fríos y tu ausencia.

 

Cada vez que descuido la dosis me seducen,

no por causa de encantos ni por obra

de sutiles redondeces conniventes.

 

A esos monstruos les basta con saber que fantasía

está de vacaciones en tu casa

y que yo soy hombre con hambre ya de días.

 
  

II

  

Con estas trazas no se puede salir a la calle,

me justifico mientras alzas la persiana

y pones de tu parte mesa y mantel a un nuevo día.

 

Así que me dejo vestir con el disfraz de los domingos

(que de cuantos poseo es el que está menos usado),

y dando algunos pasos me sorprendo

buscando entre las ganas de vivir algo que comer.

 

Estoy muy débil para convencer incluso a un partidario,

refunfuño, sostenido en la fuerza que derrochas

en hacerme creer en el valor de lo que hago,

y hasta el aire que alborota mis canas te parece

hijo del impulso que nos hizo llegar hasta aquí.


  

III

  

No voy a discutir la obviedad:

comparado contigo, soy un tipo aburrido.

 

Hace lustros que agoté mi confianza

aunque siempre estuve a punto

de inventar algo definitivo.

 

Sigo creyéndome el mejor,

pero no me quedan ya trucos por hacer.

 

Repasándome, lo he dicho todo,

Dios.

 
  

IV

  

Veo con pavor

que lo has previsto todo, desde yacijas y tálamos

hasta las menores minucias, el condón y las tijeras.

 

Antes de que apareciera por tu puerta

has calculado la íntima satisfacción

que me produciría perder hasta la noción de mi yo.

 

No puedo articular palabra mientras te desnudo

mientras me hablas de lo bien organizada

que está tu ciudad, de lo mucho que falta

para que los demás se den cuenta –obvio-

de que soy tu personaje, de que no valgo más

que puesto en tu regazo,

invento del deseo que habita entre mis piernas.

 

Yo que no me doblego ante nadie

caigo a la primera cuando sopla tu viento,

escorado por las buenas a tu lado.

  
  

V

  

Cuando me notas a punto de desfallecer, desvelas el regalo

que me traes en esa caja de juguetes: tu sonrisa,

la manera de entretener con trozos que pueden ser pasado,

el momento en que otro como yo, con esta carga al hombro,

no tendría más remedio que estallar en semen o en sollozos.

 

No es eso solo, no, son muchas más las veces

en que alternando anécdotas con historias inventadas

-así eras tú, ese árbol plantaste, la huella del jardín

pertenece sin duda a tu zapato- me descubres algo de futuro

rebañando en los bordes de mi plato, avanzando

segura entre precipicios de ambos lados.

 

Bendito seas, lazarillo lleno de voluntad que me salva paso a paso

del riesgo de caer, ciego como voy, renco y muy feo,

en la zanja de tanta profundidad que cruza de lado a lado,

sin señales ni advertencias, destrozándola por la mitad, mi propia calle.

  
  

VI

  

Lo que te tengo dicho, las promesas

con las que te convencí para que me franquearas

las puertas, las buenas razones

para que me confundieras con otro,

todo es falso.

 

Soy un iluso convulsivo,

y esas prendas

las llevo atadas al cuello como un lazo.

Ahora que solo me sirven de lastre.

haré que me tiren al mar, me lo merezco.

 

No temas por mí,

porque sobreviré también a otro naufragio

y aunque haya tragado mucha rabia,

después de haberme recuperado de los golpes,

al curar tendré la osadía de intentarlo otra vez.

 

Velando a tu puerta la ocasión propicia

probaré a vencer tu resistencia

apareciendo de sopetón entre tus calmas

con las prisas del viernes por la noche.