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El blog de Angel Arias

Nueva Tertulia en AlNorte, el 3 de julio.

El próximo 3 de julio, a las 21h 30min, tendrá lugar la cena-tertulia sobre el tema: La libertad de expresión: sus contenidos. Lugar: restaurante AlNorte, en San Nicolás, 8 /Madrid. Máximo, 30 personas en torno a una mesa rectangular, Los interesados en asistir pueden consultar la web del restaurante: www.alnorte.es . Se agradecen sugerencias, comentarios y aportaciones que ayuden a obtener una visión amplia y constructiva.

Guión Propuesto para la cena tertulia: "La libertad de expresión: sus contenidos"

Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículo 19º inciso 2º):"Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión; este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección."  

-El Estado como garante, limitador o enemigo de la libertad de expresión: Un repaso histórico.
-Casos actuales de restricciones a los contenidos de la libertad de expresión.
- Dimensión individual y colectiva del derecho.
-Qué hay que expresar: Prioridades, agentes, destinatarios. La formación de la opinión.
-El Derecho a la información y el derecho de la información
-Por qué y para qué expresar libremente. La información como elemento de desarrollo personal, de satisfacción, de construcción de una opinión.
-Puntos de controversia habituales respecto a los contenidos prohibidos o limitantes: pornografía, odios xenófos, nacionales o políticos; la intimidad, el honor de la persona. Etc
-La neutralidad de los contenidos  y el derecho a la información.
-Información e ideas. El enfrentamiento de las ideas. Formas de profundizar en la selección de lo que es mejor.
-La tolerancia, el respeto a las ideas del otro. El interés por el pensamiento del otro.
-La facultad vs. la posibilidad de difundir opiniones.
-Pluralismo en los medios de comunicación. Necesidad.
-Democracia y libertad de expresión. Caminos teóricos y realidad.
-El poder judicial, y la reglamentación civil y penal. Su papel respecto a los contenidos.
- La radio y la televisión como servicios públicos esenciales
- La libertad de prensa, limitaciones internas. La misión democrática de la prensa.
-La influencia  de la estructura económica de la sociedad sobre los contenidos del derecho.
-Las televisiones públicas, el empleo del tiempo de información, los programas.
-La ideología de los media y su influjo sobre el derecho a la información.
-El autocontrol. Autocontrol ejercido por el poseedor de la información y por la propia sociedad.
-El  control desde las instituciones públicas y privadas: control empresarial, social, etc.
-Lo que no conviene difundir, y lo que se prefiere difundir.
-El secreto profesional, las cláusulas de conciencia. El miedo.
-La provocación y la polémica. Los beneficiarios de la difusión de cierta información; los perjudicados.
-El derecho de rectificación: valor, alcance, opciones

-Etc

Acrílico: Joven matarife de una historia compleja (2002)

Acrílico: Joven matarife de una historia compleja (2002)

He pintado este Cuadro, de gran formato, sobre una plancha de madera de las que se utilizan embalar maquinaria, recuperada de un contenedor y tratada con una base de imprimación.

Editoriales de ENTIBA: Agujas de catedrales y canteras

En Mayo de 1997,  en la revista del Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste de Asturias, en la que el autor de este log había sido Vocal de la Junta Directiva y fundador de la revista ENTIBA, se publicó este Editorial. Ha pasado mucho tiempo, pero el hilo de los argumentos parece subsistir.

Algunas cosas han cambiado, y mucho, para el editorialista. Trasladado a Madrid por motivos de trabajo, y de nuevo particípe en la Junta Directiva del Colegio de Ingenieros de Minas del Centro, hoy me encuentro defendiéndome en los Tribunales de Justicia de la enemiga de algunos (muy pocos, válgame Dios) sedicentes compañeros. Pero, en todo caso, nadie podrá privarme de compartir ideas con los amigos.
 
La selección de una política industrial para la región asturiana viene basculando entre dos conceptos yuxtapuestos, defendidos con pasión por cualificados agentes socioeconómicos. Los unos, pertrechados en general con la autoridad que les confieren sus cátedras o títulos,  y disimulando un perceptible aroma oportunista, demuestran, proponen e ilustran acerca de las ventajas de la iniciativa privada. Los otros, alimentados por la historia reciente, defienden no ya un puesto de trabajo (el suyo), sino que ese puesto esté precisamente en el sector público. De nada vale a éstos que la realidad evidencie que el sector se desmorona, al menos en los campos del acero, de la guerra y del carbón, que dieron trigo en el pasado pero ahora no sirven para pipas. De menos importa a aquéllos que las cifras de creación de nuevo empleo privado desconsuelen, por mucho que se adornen y mimen. Todos se empecinan. 

Corrientes tan diferentes, han encontrado el modo apropiado de expresión. Aquéllos, dan conferencias y participan en foros donde se les escucha obligatoriamente con respeto e interés sobre las excelencias de la libre competencia, y lo pernicioso que resulta soportar con subvenciones a los sectores que ya ha sancionado (dicen) el mercado, sin que les importen los insultos y befas con los que les bautizan quienes están en la política contraria. Estos, se manifiestan con paraguas para tapar mejor la calle, queman cosas de diverso valor para provocar reflexiones a los que obligan a detener sus coches frente al fuego, y, si son de naturaleza trepadora, suben últimamente a las agujas de las catedrales, sin conceder atención a que los sitios laborales que desean mantener o a donde quieren auparse, huelen a humo y, por ello, parecerían lugares de alto riesgo para acampar a gusto. 

Cabría colegir que, como es más fácil opinar desde un sillón que desde lo alto de una torre, estamos más dispuestos a dar simpatía a los que despliegan sus razones encaramados en arriesgado equilibrio que a los que hablan a las ocho de la tarde en un salón y para amigos. Pero no hay que engañarse: ninguna de las dos corrientes de opinión tiene la solución para el colectivo de los que los miramos desde abajo. Lo que necesitamos son empresas, iniciativas que creen riqueza y  puestos de trabajo, y en número importante. Eso es harina de otro costal, y los que la llevan ni leen revistas académicas ni les interesa el arte gótico.

Por tanto, hay que admitir, que tanto los que están en las empresas públicas como, desde luego, los que pugnan por entrar en ellas, defienden sus intereses, aunque los revistan -y se agradece- de amor a la región, pero no están mejorando posiciones a lo nuestro. Por el otro lado, los que cantan los primores de la iniciativa privada, pero no tienen más dinero para invertir que el que les da para comprar una casuca con prado colindante como segunda residencia, defienden  también sus intereses, que son, por supuesto, muy legítimos, pero tampoco nos sirven de consuelo. Todos los que no invierten su dinero en producir bienes para el mercado, lo único que arriesgan son ideas o el vale de comida, pero con esas cosas de la mente y del estómago, no se crean puestos de trabajo para otros. Así que, tantas voces, no favorecen el que aquí se asienten quienes pueden ayudarnos a mejorar el percal, que son los empresarios, tanto si se llaman Estado como si responden a iniciativas más privadas. Al contrario, con los gritos, han creado para esta región el consenso exterior de que Asturias ha dejado de cumplir funciones estratégicas, y de que no somos capaces de ponernos de acuerdo ni para decidir lo que queremos, por lo que los de fuera, en lugar de venir a salvarnos las castañas, entran a hacer fotos.
 Saquemos, pues, el humor tan asturiano. De las dos posturas antedichas, la que resulta más vistosa,  es la de subirse a la catedral y desplegar una pancarta.

Este ejercicio contra el vértigo tiene muchas posibilidades como procedimiento generalizado de protesta. La forma de reivindicación, entronca con las corrientes estagilitas y, salvando las distancias, compite con ventaja con la esquina del Hyde Park donde se lanzan espontáneos para hablar de aquello que les pete.
 Trepar a lo alto de la aguja catedralicia ovetense con un trapo podría convertirse en el símbolo de las protestas asturianas, pasando a formar parte del paisaje urbano. Ya que desde hace meses resulta imposible llevarse un recuerdo de la iglesia gótica flamígera sin pancartas y símbolos de la decadencia de Asturias, saquémosle partido a la miseria. Cuando se acabe esta protesta, hagamos otras, no menos vigentes. Utilicemos permanentemente la torre más preciada de la región para que cada uno pueda manifestar lo que bien quiera. Todo con el permiso de Don Gabino (no el nuestro, el de la iglesia), y si fuera necesario, hasta pagando. Si faltan aguerridos para encaramarse en lo más alto, cabría utilizar servicios de especialistas escaladores que estuvieran dispuestos a subir esos tantos metros y desplegar el anuncio, como hacían aquellas avionetas que daban vueltas mientras llevaban tiras colgando o echaban volutas por la popa. 

Cosas por las que protestar, ideas que expresar, nunca faltarían, dada la capacidad inventiva de astures y adoptados. Para hacer boca, saquemos un motivo de la declinante pero rentable CSI. Después de las fortísimas inversiones realizadas para hacerla competitiva, debatidos  múltiples planes de desarrollo que fueron desde diversificarla para hacer tornillería hasta manejar la posibilidad de recuperar la potencialida de esa  zona de mariscos, se sabe ahora que lo único procedente es vender la rosa a la siderúrgica francesa, que anduvo más fina con lo suyo. Así que colocaríamos un desplegable que dijera: “Bienvenus”.

Se podría hacer preparar el discurso de recepción a cualquiera de los cuatro técnicos que aún se mueven, solícitos, por los escombros de Ensidesa y Uninsa preparando papeles para las consultoras encargadas del caso y hacer que se arroje desde la misma torre, hechos coffetti, los informes pasados.
 Para Hunosa cabría organizar otro acto con pancarta por lo alto. Los que trepen esta vez, tiznados con la hulla para dar más credibilidad a su momento,  cantarían en coriquín algún corrido, y tras recordar viejos tiempos  y beberse unas sidrinas, lanzarían por la borda un trapo violeta que dijese: “Adiós”, y, si hay más quórum, un segundo tafetán algo más largo: “Los sindicatos no te olvidan”, o algo parecido. Con el atractivo despertado, llegarían muchos otras agrupaciones, colectivos de afectados, con intenciones de hacer manifestaciones de protesta o dar su opinión por este medio. Valga un nuevo caso: si estuvieran de humor, los diferentes gobiernos regionales que aquí han sido, podrían ocupar su lugar en las arribas, con pancarta, en tonos azulgranas o con aspas rojiverdes, que dijera : “Asturies siempre con les comunidades históriques”, que tal vez habría que poner en otras lenguas para que se entendiera sin errores. No vayamos a ser, a estas alturas, mal interpretados. 

Pero como no se trata de dramatizar, y hablando en positivo, Asturias va bien. El tiempo acompaña, las carreteras dan placer, las rentas fluyen todavia. Hasta se encuentran muchos fines de semana a algunas gentes de otras regiones que vienen a visitar nuestros museos, captan imágenes típicas al uso y duermen en una casa rural el par de noches. Se les distingue bien, porque andan de sport, llevan el vídeo y, cuando reposan, echan la sidrina sin escanciar y piden rodaballo en los restaurantes que aconseja una guía que traen en la guantera. Si, nostálgicos, decidimos ir de discotecas, las encontraremos llenas de jóvenes sin curro que, por la tarde, habrán cuidado el buen humor de los abuelos para que les den el dinero de la pensión para ir de juerga. No quedemos ahí. Salgamos al campo, y se nos dirá que hay exceso de demanda de cotos de pesca debido a tanto jubilado, que buscan complementar su necesidad de ejercicio cuando no pasean sus perros por las muchas zonas verdes. Desde este año, además, se puede recorrer en un plis-plas la región de cabo a rabo, yendo, por ejemplo, a comer a Cudillero y,  de camino,  tomar el cafetín en Gijón o en Luarca, (según ruta),  para dormir ya en Santillana o en Burela, que están, como se sabe, en predios del vecino. 

Y, puesta la imaginación a volar, se nos ocurre que los carteles desplegados, doblados con cuidado,  podrían guardarse en una caja a prueba de verdín e introducirse con ceremonia de postín en el mismo castro de Llegú, ahora que su protección ha sido triplicada. La inscripción de la tapa del cajón podría ser, para escarmiento de futuras generaciones: “No nos pusimos de acuerdo en lo que había que hacer”. También es cierto que, en coherencia con lo dicho, como habrá que someterlo a consulta popular, lo más probable es que acabemos cuestionando si merece la pena hacer el gasto, y no haremos nada al fin, que es lo seguro. Así que la naturaleza feraz acabará cubriendo nuestras actuales referencias -la catedral, el Molinón, casa Olivo, la panerona, el LD-3 o el pozo del Entrego- con artos y maleza, y cuando, pasado tiempo, otra máquina de excavar tropiece en cosa dura, los eruditos de entonces pararán la excavación. Se reunirá al Consejo de Defensa del Patrimonio que tendrá su sede en París o en Berlín para decidir si tiene valor el hallazgo de las ruinas y, por la noche, el conductor del ingenio vendrá con su familia, y destruirá a mazazos hasta el último vestigio, no vaya a ser que pierda su puesto de trabajo. Así habrá cumplido la aguja de la catedral de la heroica ciudad de Oviedo en la indómita región asturiana su último destino.  

Carta desde Europa. Micófagos, católicos, presidiarios y homínidos

El 31 de octubre de 2004 el Diario El Imparcial, de Oaxaca, México, publicó este artículo del administrador de este log, con el mismo título. El objetivo de esta serie era trasladar al lector mexicano retazos de la realidad española del momento. Su redacción me ocupó las tardes de los domingos durante 20 semanas consecutivas.

 

En Madrid ha estado lloviendo esta semana casi todos los días, pero en los montes de Guadarrama (puedo verlos cada mañana desde mi despacho) hay pocas setas. Creo haberle escrito ya que soy un micófago convencido, y que soy capaz de mezclar en mi cesta treinta especies, para hacerme una tortilla sabrosísima cuyo único defecto es que me la tengo que comer solo. A mi hija no le gusta ni oir hablar de hongos, y me recuerda cada otoño al médico forense que,  llamado a hacer la autopsia de un muerto por envenenamiento faloidiano, encontró centenares de libros sobre hongos en la biblioteca del desafortunado, reconocido experto y divulgador micófilo.

 

Mi querida amiga, si le cuento esto es, porque a medida que nos vamos conociendo mejor  -es un decir- me siento más cómodo en contarle detalles sobre mí. Pero, por supuesto que no olvido que prometí hablarle de otras cosas. Por eso, debo ejar constancia de que los países de la Unión Europea han firmado el Tratado por el que aprueban el texto de la Constitución Europea. El gobierno español ha elegido para ratificarlo la fórmula del referéndum, que se celebrará el próximo febrero. Curándose en salud, el Consejo de Estado ha propuesto que se consulte al Tribunal Constitucional por si hubiera que reformar la Constitución española, ya que la referencia última de los principios y formas de actuación estaría ahora en Bruselas. Como las reformas de la Constitución española están sujetas a un proceso de extrema rigidez, podría ser necesario hasta disolver el Parlamento. Nadie me ha preguntado opinión, pero yo no veo ninguna contradicción irreductible entre ambos textos,  y entiendo que bastaría con el respaldo político del sí en el referendum.

 

Ha sido una semana con fuerte protagonismo de los temas europeos. El Parlamento Europeo, una institución poco influyente en comparación con la Comisión, ha aprovechado uno de los escasos resquicios en que se le pide opinión, y ha forzado una crisis al amenazar con el rechazo de la propuesta que iba a presentar el presidente electo, Jose Manuel Durao Barroso. Varios comisarios no eran del gusto del Parlamento, pero el que recogió las mayores bofetadas fue Rocco Buttiglioni, previsto para Justicia, Libertad y Seguridad, que había manifestado, en la más pura ortodoxia carca, su desacuerdo con las parejas homosexuales y las madres solteras. No creo que nadie le hubiera pedido tanta franqueza, pero seguro que Josep Borrel, presidente del Parlamento recibió encantado esa moderna caja de Pandora.

 

El laicismo del Estado es uno de los asuntos sensibles de este viejo continente, en el que, a pesar del peso que tiene la Iglesia católica, ganan adeptos los que defienden la aconfesionalidad en la vida política. No está obviamente de acuerdo el cardenal Renato Martino, presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, que presentó en Roma el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, un manual para católicos con ganas de leer –tiene más de 500 páginas-, en el que se pretende dar soluciones a casi todos los conflictos morales del creyente.  Desde la condena a la guerra preventiva, el uso del preservativo, o las parejas homosexuales, hasta la prohibición de la clonación y la inutilidad de la pena de muerte, el Compendio es una colección de propuestas para entrar en segura discusión con los amigos.

 

Tantos acontecimientos europeos nos han servido para distanciarnos algo de las elecciones de sus vecinos del norte, a los que creo que aquí nunca entenderemos del todo bien, ya sea porque nos mintieron en Cuba en el 1898 o por los sustos que nos dieron en tiempos de la guerra fría. Le encontramos defectos tanto a Bush como a Kerry, y la sutil simpatía que se pueda manifestar, apurando, por uno u otro no es sino reflejo de la tendencia a favor del PP o del PSOE de los que hablan. Lo que sí se espera es que mejoren las relaciones de Estados Unidos con la Unión Europea, que es, salvando los sujetos de la frase, lo mismo que desean los mexicanos con el que elijan los votantes. Aunque la preferencia por uno u otro parece que habrá de decidirse tirando una moneda al aire, si hacemos caso de las intenciones de voto previas.

 

Con el cambio de ropa por la nueva estación, también se han desempolvado en la semana en mi país algunos fantasmas del armario, en concreto con la confirmación de la sentencia al que fue secretario de Estado responsable de Interior, Rafael Vera, acusado y convicto de haber utilizado en beneficio propio los fondos reservados. Varios de sus compañeros socialistas, entre ellos Felipe González, que ahora se dedica a diseñar joyas y a pronunciar conferencias sobre cultura general, han pedido al Gobierno su indulto. A mí me produce cierto desasosiego que el antiguo responsable de la lucha contra el terrorismo, confluya en la cárcel con los enemigos del Estado, se lo escribo como lo siento.

 

Pero en un país que está en permanente revisión de sus principios y en el que, como condimento especial, la envidia moviliza parte de las actuaciones, es fácil hacerse enemigos, y encontrarte con el pie cambiado si no estás atento a la música que se toca. La Historia va llena de gentes que dieron con sus huesos en la cárcel después de haber servido celosamente al Estado. No creo, sin embargo, que la obsesión por encarcelar al que se mueva, sea  culpable de que haya ahora más de 60.000 reclusos en las cárceles españolas, tantos como después de la guerra civil. Pero el hacinamiento que esta situación provoca, ha convertido las cárceles en focos de delincuencia y preparación para el delito, lejos de su teórica función de reinserción social. La cárcel de Topas en Salamanca se ha convertido en triste paradigma del problema al descubrirse que en ella se formó un núcleo islamista que planeaba volar la Audiencia Nacional y matar a varios jueces, entre ellos al omnipresente y algo controvertido Baltasar Garzón.  

 

Casi la tercera parte de los reclusos son extranjeros. La razón fundamental hay que encontrarla en el desarraigo, la pobreza y la precariedad del empleo de quienes se encuentran aquí en situación irregular, atraídos por la esperanza en una vida mejor. Por eso me parece una excelente idea, aunque sus objetivos fundamentales sean otros, el  nuevo reglamento de Extranjería que prevé regularizar a casi 800.000 extranjeros. Básicamente, por “arraigo laboral”, para quienes acrediten una permanencia continuada en España durante más de dos años y hayan trabajado al menos doce meses. O, como fórmula transitoria, para quienes estén empadronados desde hace seis meses y presenten un contrato laboral. He pasado cerca de una de las oficinas de extranjería, y he visto una gran cola de emigrantes, deseosos de recoger ya unos formularios que la secretaria de Estado de Inmigración, Consuelo Rumi, ha dicho que aún no están preparados. Pero quién podría poner puertas a la necesidad.

 

Ah, y mire Vd. la casualidad. En mi correo anterior le hablaba de Jorge G. Castañeda, y resulta que estos días estuvo por Madrid. Aquí explicó que anda a la espera de que la Corte Suprema resuelva si le van a dejar presentarse a las elecciones a Presidente del 2006, sin apoyo de ningún partido. No se lo que queda de su relación con el presidente  Vicente Fox cuando estuvo de Ministro de Exteriores, pero habló de aquellos tiempos como ejemplo de apoyo de las inversiones españolas en México.  Sin necesidad de preguntárselo, adivino en este punto su desacuerdo con Héctor Rangel Domene, flamante presidente del BBVA-Bancomer, que quiere sacarle el máximo rendimiento al sector de crédito en México, y que no va a esperar que algo cambie para hacerlo.

 

Permítame el detalle intimista de decirle que por las noches releo la Biblia. Me apasiona especialmente la poesía del Génesis, que me retrotrae a mi niñez, mejor aún que las novelas de Emilio Salgari que saqué del desván.  Al leer las primeras páginas, pensé en la de vueltas que dió la presunta ubicación del Paraíso. Aunque ya casi nadie defenderá que estaba entre el Tigres y el Eufrates, ahora habrá quien crea que ha estado en Indonesia, en donde han descubierto restos de homínidos con más de 18.000 años, contemporáneos de nuestros antepasados, que acaban de descubrir las ventajas de la agricultura. Ando tan despistado con las afirmaciones categóricas, que me intriga lo que querrá decir Chris Stringer,  mandamás del Museo de Historia Natural de Londres, que está convencido de que “el hallazgo desafía el concepto de lo que nos hace humanos”.

 

A mí me hace humano tomarme una cerveza con una buena amiga, o escuchar las viejas canciones que me hicieron vibrar en la adolescencia. Por eso fuí a decirle hasta luego a Joan Manuel Serrat, en el teatro Albéniz, donde anunció que va a operarse de cáncer y que se retira hasta verse mejor. “Lo importante no es lo que te ocurre sino cómo enfrentarte a ello.”, nos lanzó. Yo pensé en Vd. mientras le oí cantar “Princesa”, y por un momento me imaginé que volvía a tener veintipocos años...Querida amiga, algún día tendré que enfrentarme a mi propia realidad e incluso a  la suya, pero hasta entonces, reciba un cordial saludo.

Acrílico: Escorzo de femenina dulzura

Acrílico: Escorzo de femenina dulzura

Este acrílico fue realizado en 2003.

Al socaire: Un esfuerzo por sacar de la mierda a los basuritas colombianos

Al socaire: Un esfuerzo por sacar de la mierda a los basuritas colombianos

Los que trabajamos en proyectos con países en desarrollo, sabemos que hay gentes que viven en la basura. Allí donde van los desperdicios de todos, hay siempre un poblado de chabolistas, y se encuentran niños semidesnudos, corriendo o jugando con los juguetes más sucios que uno haya visto jamás, y hay  también perros flacos y huidizos, y muchas moscas, y centenares de pajarracos sobrevolando, tal vez buitres, cuervos o grajos.

Al llegar las viejas camionetas con su carga pestilente al vertedero, antes mismo de que el conductor accione la  palanca de vuelco, algunas sombras con garfios saltan sobre las negras bolsas abiertas que transporta el vehículo. Otros escarban separando pacientemente plásticos, latas, papeles y cartones. Los llaman pepenadores, basuras, basuritas, pero pocos los conocen, y aunque sabe de su existencia, la mayoría no se preocupa por distinguirlos de los desperdicios entre los que se mueven. Me he cuidado en escribir que no viven de la basura, sino en ella. No pertenecen a ninguna empresa. Son -diríamos en la jerga oficial inadecuada- "autónomos".

La incorporación de camiones compactadores a la recogida de los residuos urbanos y el sellado de los botaderos para sustuirlos por vertederos controlados, condena a esas familias a una vida aún más desesperada. No tienen ninguna formación, no pueden pretender la acogida en una sociedad que los ignora.

Un grupo de amigos muy especiales, de esos que además de tener sensibilidad hacia los que sufren, no quieren volver la cabeza hacia otro lado, han creado una Asociación para ayudar a esos marginados. Nos lo explicaron al atardecer, en Madrid, en un paisaje sobrio realzado por un cielo tormentoso, en una merienda aderezada con música de violitrombón y acordeón y cantos a capela. El proyecto tiene casi dos años de vida, y su objetivo es ofrecer un destino a los niños sacados del reciclaje de Colombia.

Cuando volvía a casa, ya de noche, conduciendo sobre el asfalto mojado por la lluvia, rememoré que, en el cortometraje que nos proyectaron sobre un lienzo improvisado, en pleno campo, una mujer colombiana llamada Juana, mulata, de gesto algo triste, encendió las luces de la ilusión para decirnos que, gracias a la Asociación sus nietos, aunque les seguían llamando basuritas, iban a la escuela. Estaban siendo redimidos.

Hay que ayudar a esta gente, apoyando el esfuerzo de Paco Carmona y Monique, y Ricardo, y ese conjunto de locos desprendidos que están delante de la Asociación Medio Ambiente. Me han autorizado a dar aquí su teléfono: 914292094 y yo incluyo el número de la cuenta corriente de esa ONG. 0182-4003-12-0201549675. No han cumplido dos años y no tienen aún acceso a las subvenciones oficiales, pero los niños y la necesidad no pueden esperar. (CIF: G84736347).

Dibujo: Familia volviendo a casa con trozos de paisaje (2000)

Dibujo: Familia volviendo a casa con trozos de paisaje (2000)

Con la idea central de una familia que retorna a su casa en la ciudad -seguramente después de unas vacaciones-, cargados los mayores con los recuerdos visuales del paisaje en el que han pasado los últimos días, realicé ya varios dibujos y cuadros. Como urbanita forzado, llevo conmigo la nostalgia de las inmensas gamas del verde húmedo del norte español.

Cuentos de pareja: Correo electrónico

 Estaban ya para casarse. Eran colegas de profesión y de trabajo. Habían estudiado los cinco años sentados en el mismo banco, reconocidos como compañeros de Universidad inseparables. Cuando descubrieron que habían nacido casi el mismo mes, que pertenecían al signo capricornio, tuvieron que hacerse investigar los ascendentes para justificarse muy contrarios. Porque la verdad era ésa: tenían diferente talante, aunque su pelaje estaba hecho de la misma condición humana: eran gente de fiar.  

Cuando Ana pensaba en él, no lo veía guapo, la verdad, pero le podía que fuera tan buena persona. Sus opiniones, algo dogmáticas, eran respetadas sin rechifla en el Departamento, incluso cuando teorizaba sobre fútbol o política; se ponía serio hasta para contar un chiste de leperos. En su mundo, todo estaba claro. Las chicas coincidían en que su tono habitual era bastante aburrido, tal vez porque acostumbraba a ser profesoral sin paliativos; a Ana le alababan, para no meterse en honduras, que su novio fuera inteligente y tan formal, pero en su fuero interno entendían que no le vendría mal que alguien le espetara una guindilla.  Antonio la admiraba.

Ella era parecida a una centella: ágil, extrovertida, ingenua y fugaz como pan candeal en una escuela. Podía estar en ebullición permanente. Preparaba fiestas por motivos imaginativos, con la sana intención de sacar al personal de sus casillas. Por San Cornelio, por ejemplo, siendo la razón principal que era un desconocido; no se olvidaba de onomásticas, ni de aniversarios, ni de faustos. Si alguien pretendía zafarse, lo perseguía con empeño. Allá le iban en pos, en general, como una recua, no numerarios, asociados, titulares, catedráticos; hasta le daba por invitar a la francachela al personal laboral, sin más distingos, y se bailaba, en la inevitable continuación de las juergas en una discoteca, una salsa con el conserje más feo de la Facultad; mientras tanto, Antonio apuraba el vaso de naranjada sin dejar de comentar sobre bacterias.
 

-Con la reducción de consignación para el Departamento, este año van a eliminar tres puestos de asociado -había razonado en tono lúgubre, no hace mucho, el don Aciago-. Me lo ha comentado Isabel;  pero no te chives, que juré que no lo comentaría con nadie.
-Qué noticia. Todos los años dicen lo mismo, y luego renuevan hasta al gato -replicaba, encogiéndose de hombros, la pequeña Ana- . Y si nos licencian, pues nos vamos al paro, como dijo el profeta, a cortar cupón. De hambre no te mueres mientras haya gordos.
-Eres de lo que no hay. Te da todo lo mismo. Cuanto más espeso es el medio, mejor pareces encontrarte. Los seres normales no pueden vivir con esta incertidumbre.
-Pues a mí me parece que no tiene ningún sentido que se ocupen las plazas de asociados con gente como nosotros que acabamos de terminar la carrera. Pero ésa es la teoría; en la práctica, al que me contradiga le muerdo en una oreja. Nosotros  necesitamos más la pasta, ¿no?. Es mejor que nos den las plazas a nosotros que no a tíos que están ya montados y que vendrían a la Universidad a dar una clase como quien perdona vidas. 

Antonio le miraba los ojos, vivarachos, decididos, y pensaba que un mordisco en la oreja dado por aquella hembra podría suponer, de seguro, que le arrancasen al paciente la mitad del cerebro. Así que sacaba su propia conclusión, traída por los pelos: "-Necesitamos acabar la tesis, ya." Ambos preparaban su tesis sobre temas muy contigüos: la Nocardia y la Nostocoida limícola, bacterias filamentosas que causan estragos en las estaciones depuradoras de aguas residuales. El las alimentaba a rabiar -decía- en medio aerobio, con dosis calculadas de aire forzado, aderezadas con cargas orgánicas y sulfuros, en un viejo reactor de laboratorio; ella recogía las natas con una espumadera, las centrifugaba y las destruía sin compasión en un reactor flamante, aumentando la acidez, negándoles oxígeno, bajando la temperatura de cinco en cinco grados. Ambos debían tomar muestras a intervalos determinados; pero a Ana no le importaba suplir con imaginación virtual los defectos de la información real, llenando de puntos continuos los posibles interrogantes científicos, e inventando resultados adecuados cuando se estropeaba alguna preparación o algo no encajaba. "Después de todo, la ciencia es imperfecta. Que alguien me discuta que desde que se ha sabido que el principio de indeterminación dirige todo, no puede ser verdad cualquier elucubración por espantosa que parezca".  

En todo caso, a pesar de los esfuerzos de uno y la imaginación de otra, no avanzaban mucho. Cuando les parecía que acababan de descubrir algo definitivo, (que la motilidad de los filamentos se debía a la acumulación de azufre en las células, que los crecimientos asociados dependían del bajo oxígeno disuelto), el profesor titular que dirigía ambas tesis, el severo tristón apodado Capullito de Alhelí, les restregaba -con la cara de satisfacción que ponen los imbéciles cuando están seguros de hacer daño- indefectiblemente una comunicación de los Laboratorios de Minworth, o de Madford, o de Standfon, que echaba por los suelos la pretendida novedad que les hubiera servido para el grado. "Hay que ser más sistemático. Os lo advertí. No estáis solos en el mundo"-decía con una sonrisa de dientes para afuera.  

Así que Antonio se hartó de ir a la zaga y consiguió una beca para pasarse tres meses en Inglaterra como limpiaprobetas de uno de aquellos Laboratorios eminentes y se marchó a comienzos de primavera, con una carta de recomendación del Dr. Laviña para el Dr. Rether, un monstruo que sacaba conclusiones como churros de cualquier filamentosa, y al que habían conocido en una convención en Granada bajo el prometedor epígrafe de  I Congreso Mundial sobre el futuro de la investigación teórica. 

-Mira si también puedes solucionar algo de lo mío.
-¿Por qué no te vienes tú?. Puedes vivir en mi apartamento y seguro que te dejan entrar en el grupo de Rether, una vez allí, cuando pidamos permiso.-Si tuviera dinero...Pero en mi casa no estamos para dispendios. Además, mi padre anda mal de la próstata.
-Lástima que sólo hubiera dinero para una beca.
-Sí. Pero no me la hubiesen dado igual. Las chicas no tenemos tanta suerte, y mi inglés no es tan bueno como el tuyo. No llego más que a aquello de Dr. Livingston, I supose.
-I presume. -corrigió Antonio- Eso fué lo que dicen que dijo. Los ingleses distinguen entre suposición y presunción. 

Así eran las conversaciones entre ambos. Ana le miraba con ojos que querían comérselo, rezumando sensualidad incluso después de haber estado recontando por el microscopio electrónico durante horas. El mantenía una mirada azul, inexpresiva, acentuada por unas gafas de borde metálico: 
-Descuida, que buscaré algo de lo tuyo. Aunque destruir es más sencillo.
-Se te está poniendo cara de míster Laviña. Sólo te falta decir que las mujeres hubiéramos sido incapaces de inventar la lavadora. 

Se fué a despedirlo a la estación. Prometieron, al darse un beso, que se telefonearían a diario. Lo primero que haría al llegar a Inglaterra, dijo él, sería llamar para darle el teléfono del apartamento. Ella le vió marchar hasta que el tren se convirtió en un puntito negro. Mientras se dirigía de vuelta al párking de la estación, se vió reflejada en un cristal opaco. Se gustó.  Era pequeña, de pelo moreno y suelto, pero no rechoncha. Estaba llena de vivacidad y expectativas. Intervenía con las ideas más atrevidas en cada discusión. El era sereno. Ocultaba con el peine como podía unas entradas ya pronunciadas, de un pelo rubio, lacio. Tenía un rostro de Quijote sobre un cuerpo alto y serio; todo en él era equilibrio, transparentaba frialdad. 

No llamó, pero al cabo de tres días, al encender el ordenador del departamento, vió que tenía un largo mensaje en el correo electrónico. Era de Antonio. Contenía algunas explicaciones por haberse demorado en dar señales durante estos tres días, en los que ella había estado navegando sin éxito por los teléfonos de la Universidad de Standfon, preguntando por un becario español que se había incorporado recientemente; le colgaban siempre al cabo de un minuto de espera. Leyó: "Como puedes suponer, no tengo teléfono en el apartamento. El viaje, asqueroso. Nos tuvieron siete horas en la estación de Dunquerque. Por el contrario, el ambiente para la investigación es adecuado. Son gente muy seria. Ayer me presenté al Dr. Rether, porque el primer día me hicieron análisis de sangre y todo eso. La Universidad es impresionante. Nadie conoce a nadie. El Dr. Rether no me hizo mucho caso. Se habla de él con gran respeto. En cinco minutos le dije que estaba estudiando las interacción de los hidrocarburos sobre el epitelio de la Nocardia sp pectans. No parece que le interesen mucho los hidrocarburos. En su opinión, los fenómenos de bulking se aceleran por la interacción de la Nocardia sp. y la presencia de Microthrix parvicella. No estoy seguro de haberle entendido bien. Búscame información sobre la Parvicella. Aquí me da vergüenza consultar una cosa que a todos les pueda parecer elemental".  Seguía una página entera, y otra, y otra, pormenorizando razonamientos biológicos y químicos sobre la acumulación de espumas y la putrefacción de fangos activos.

Ana bostezó. Hasta incluía la fórmula de la descomposición de un hidrocarbonado. Aunque le agradaba saber cosas de él, lo que contaba no despertaba su interés. Llegó al final de las cuatro hojas, buscando la despedida. La leyó varias veces, aunque era totalmente formal: "Creo que en tres meses tendré casi ultimada la tesis, Ana. Antonio". Le gustó ver los dos nombres tan juntos. Pero, ¿no podía haberse dignado a escribir algo así como un beso muy fuerte, o te echo de menos, o te quiero?.
 

Le contestó aquella misma tarde, cuando casi todos (menos el cátedro, que tenía tutorías) se habían ido: "Mi muy querido Antonio: He pensado mucho en nosotros estos tres días. Te tengo tan presente... Aunque no estés a mi lado, no puedo olvidar lo que hemos sentido juntos. Me acuerdo de tus besos, de la manera tan agradable que tienes de querer. Me gustaría que terminásemos de hacer estos trabajos estúpidos sobre las bacterias que forman bloques, para poder concentrarnos en nosotros y hacer cosas que merezcan la pena. ¿Y si nos vamos fuera?. Qué sé yo, a Africa, a China. Aquí no hay campo más que para estudiar chorradas, cuando en realidad más de la mitad del mundo está por hacer. Ayer me encontré con Marta y Santiago. Se marchan a Salvador. Van muy ilusionados, porque creen que podrán ayudar a curar enfermedades elementales, que aquí despreciamos pero allí son una plaga. Nos preocupamos por cosas que no valen para mejorar la vida de los demás ni la nuestra, como si esto fuera a durar infinito, mientras que en otros lugares la gente lucha por subsistir. Me noto vacía, y todavía más desde que tú no estás. Sobre todo a partir de las siete de la tarde. Quizá porque cualquier cosa que hagamos juntos me parece magnífica. Me apetecería que estuvieras aquí junto a mí para sentir el roce de tus piernas junto a las mías." Envió la nota, con una cariñosa despedida, al numero del correo. E-mail: ustfbm@eal.uk. Destinatario: Antonio Hernández.

El recogería ese mensaje a las seis de la tarde, justo antes de irse a casa.
 Estaba mirando por la ventana, deleitándose en que la primavera venía ya muy adelantada, cuando le entró la duda de si no habrá confundido una de las letras del correo electrónico. ¿Era bm o mb?. Padecía de una ligera dislesia, y cometía este tipo de errores con alguna frecuencia, sobre todo cuando se atolondraba. Volvió a reabrir el fichero en su ordenador y comprobó, con el comprensible disgusto, que había enviado su carta, incluída la atropellada declaración de amor, a un desconocido de la compleja e ignorada Universidad de Standfon.

Se quedó mirando la pantalla unos instantes, con mirada estúpida, sin sacar consecuencia alguna. Pero se tranquilizó. Después de todo, no había porqué rasgarse las vestiduras. El/La erróneo destinatario con total seguridad no entendería el castellano, miraría la carta sin comprender su contenido y, dándose cuenta de que no era para él, la tiraría al cesto de los papeles. Incluso, si estuviera próximo al departamento de biología molecular y conociera a Antonio (que ya era casualidad), podría entregársela, sin más, con una sonrisa.
 Así que reenvió la carta a la dirección correcta, y se propuso olvidarse de la historia. 

Al encender al día siguiente su ordenador encontró que tenía dos mensajes. Uno era de Antonio. Proseguía en su tono doctoral, sistemático: "No utilices el correo electrónico para enviar comentarios personales. Ya te llamaré a casa si hay algo importante. Nunca se sabe quién podría interceptar nuestros mensajes. Sería ridículo. Las posibilidades de completar el trabajo son infinitas. En condiciones de bajo contenido en nutrientes y altos niveles de sulfuros la ecuación de Monod se incumple. El Profesor Dr. Leaton es experto en la Thiotrix, y me invitó a pasar por su apartamento. Creo que está dispuesto a dedicarme especial atención. Le gusta España. Dice que puede ser interesante hacer una siembra de bacterias metanotróficas como sensores, tales como la Flagellata sp. Nos hemos impuesto que en el margen de una semana intercambiemos un resumen de nuestros trabajos". Antonio proseguía pormenorizando las líneas de la exposición que pensaba hacer, y le recordaba la petición de información sobre la Parvicella. Eran dos páginas de detalles, de erudición. Tediosas. Mandaba recuerdos para los compañeros del Departamento: “a todos les vendría bien pasar por aquí”. Esta vez no hacía mención especial a Ana; era una carta impersonal. Parecía una comunicación para una revista científica. 

Recuperó la segunda carta de su correo. Miró la pantalla y sintió como un escalofrío, cuando comprobó que también venía de la Universidad de Standfon. Pero no era de Antonio. La firmaba un tal Steeve, y escribía en español casi perfecto: "He recibido tu carta en mi correo electrónico. Me hubiera gustado que sería para mí, pero me doy cuenta que estarías pensando en otra persona. Admito que me impresionó. No creía que habría mujeres que podrían llamar la atención con solamente una carta. Conozco un poco de España, aunque nunca tuve ocasión de hacer amistad con chicas españolas." Seguían muchas palabras. Le pedía que mantuviesen correspondencia por aquél medio tan simpático. Para mejorar su español. Para conocerse mejor. Le hablaba de cómo era la primavera en Standfon, de cómo los brotes de los prunos se estaban ya rompiendo con toda la fuerza de la naturaleza. Concluía con algo que le hizo sentirse especialmente intrigada: "Me gustaría tenerte aquí cerca para invitarte a pasear por esta bella ciudad. Por las noches, como siempre llueve en la tarde, las calles son húmedas y se refleja mucha luz de los farolas. Te enseñaría en especial la parte antigua, donde los estudiantes toman copas y comentan las clases. Tendríamos muchos motivos para hablar, porque me encanta contar cosas, como tú." Firmaba Steeve Pienazek. ustmb@eal.uk. 

Imprimió las dos cartas, y las estuvo mirando, pasando la vista de una a la otra. Adivinó dos caracteres muy diferentes. Se puso a escribir la contestación para Antonio, pero pensaba en la carta de Steeve. Le atraía. Evidenciaba una persona extrovertida, jovial. No se refería para nada a su trabajo: ¿qué haría en la Universidad? ¿qué significarían las siglas de mb?, ¿tal vez microbiología?. No, no podía ser, porque hubiera comentado algo sobre las bacterias. Parecía romántico y no muy académico. Bueno, y si era el conserje, ¿qué?. 

Surgió en ella el aspecto travieso. Enviaría la misma contestación a las dos direcciones. Podría siempre explicar que se había vuelto a equivocar. "Me ha hecho mucha ilusión recibir tu contestación. Sé que la primavera en Standfon es muy agradable, con hermosos tonos de verde que animan a dar largos paseos. Especialmente me apetecería estar allí por las noches, para conocer el ambiente estudiantil, hablar con la gente de las cosas más variadas. Por ejemplo, compartir ideas felices. Una idea feliz que compartiría es que algunas personas son como el vino de solera y otras como el malta. Hay quien mejora con el paso del tiempo y quien se queda así como está cuando se le embotella. Esta noche pasada he pensado en tí leyendo tu carta. Me excitó, lo reconozco. Debe ser porque mi temperamento de científica flaquea ante mi condición de mujer."

Escribió mucho más, a vuela pluma. Hablaba de cómo le gustaría organizar una vida sin limitaciones, cómo le agradaría haber hecho el viaje juntos, cómo se aburría con el trabajo mecánico y la preparación de las clases, que era como hacer una comida para la cocina económica. Sabiendo que la iba a leer también el otro, no tuvo, sin embargo, reparo en terminar con unas palabras que sólo podrían ir destinadas a Antonio:"Te quiero, te deseo, me descontrolas. Ana".
 Se arrepintió de la travesura. ¿A dónde quería llegar?. Habría un pobre Steeve que iba a recibir una segunda carta para la que no era destinatario y que no iba a entender nada del juego. Lo suyo era exhibicionismo. No de otra forma se podría interpretar ese deseo de encender la pasión de un desconocido, despertar más curiosidad a alguien que había interceptado un correo de amor, que estaba a muchos kilómetros de distancia y a quien no iba a ver nunca. Se fué para su casa y en la televisión vió el habitual programa de preguntas y respuestas. 

Al día siguiente su correo tenía dos contestaciones. Una era de Antonio, de tres páginas, que no le despertó mayor curiosidad, así que recuperó primero la de Steeve. Parecía haber hecho alguna exploración acerca de los españoles, porque hablaba de un compatriota de Ana que había llegado a la Universidad para hacer un trabajo sobre una bacteria de nombre ininteligible y que andaba "como una pulpa en el garage". Así que sacó la conclusión de que Steeve no estaba interesado en las bacterias. Más adelante escribía que estaba terminando la licenciatura en románicas. Se sorprendía de que Ana se hubiera vuelto a equivocar en el directorio, y le sugería que revisara su módulo de transferencia de textos. Explicaba que mb eran las iniciales de modern bookshop, es decir, librería moderna (para distinguirla de la antigüa) y que en su misma Universidad existían los directorios mm (mid-term microcomputing), bm (biology and microtechnology) y bb (brigitte bardot). Todo porque los ingleses no habían desarrollado mucha imaginación, y la mayor parte de las palabras inglesas empezaban por esas dos letras, y -ampliaba con sentido del humor- el correo electrónico estaba subvencionado. 

Podría ser mucho más larga la historia. Hubo, desde luego, más cartas que fueron enviadas simultáneamente, y con el mismo texto, a las dos direcciones de la Universidad inglesa. Las contestaciones divergían siempre, distanciándose cada vez más. Así que Ana empezó a preocuparse de los comentarios que debía hacer directamente a Steeve y le escribía diariamente cartas largas y sentidas, como si fueran conocidos de toda la vida. A Antonio lo despachaba con páginas copiadas del libro Wastewater Microbiology. Un buen día, se encontró escribiéndole a Steeve que sacara el billete para Leeds y que fuera a esperarla al aeropuerto. No le dijo nada a Antonio, así que su correo electrónico se acumuló durante varios días.