Blogia

El blog de Angel Arias

Exposición colectiva en Oviedo sobre Erotismo

Exposición colectiva en Oviedo sobre Erotismo

Con ocasión de la ampliación del espacio en la Galería Angulo, en el Hotel Reconquista de Oviedo, he presentado cuatro de mis obras. En el contexto de una Exposición colectiva sobre Arte Erótico, cuyo comisario es mi admirado colega en las cosas de la pintura y sobrevivir, Carlos Sierra.

Tienen así los aficionados y coleccionistas de arte, la ocasión de ver una muestra de alta calidad, en el marco excelente de una dinámica galería, muy bien capitaneada por dos incansables: Chusca Morán y Arancha Osoro.

Y tienen también mis seguidores, que me han dispensado una inolvidable acogida en la reciente exposición individual que realicé en Oviedo (Fundación BBVA), la oportunidad de hacerse, a muy buen precio, con alguna de mis obras.

Mucho éxito a la organización y a los participantes en esta muestra que, inaugurada ayer, obtuvo un lógico apoyo de asistencia y crítica.

El día 23 se leerán varios poemas eróticos. En mi faceta de escritor, he cedido varios poemas que serán recitados ese día, en la voz de prestigiosos locutores, como Carlos Rodríguez. 

Os esperamos.

Las elecciones al Parlamento europeo como termómetro de las crisis

Jaime Mayor Oreja disertó sobre las crisis (económica, moral, política) en el escenario de la Fundación Rafael del Pino, después de una cariñosa presentación de María del Pino, en la que le machacó el leit motiv de la plática: "estamos ante una crisis de valores y económica y de confianza en las instituciones".

Su comedido repaso a los males de este país y la Unión Europea y el mundo, obtuvo un caluroso elogio posterior de un entregado Amadeo Petitbó, que dijo sentirse encantado por haber oído decir a un político las verdades, que él se encargó de concretar en cifras: el déficit público agregado puede llegar al 10%, más de dos millones de parados nunca encontrarán la ocasión de un trabajo asalariado y vamos camino de 4 milllones de parados.

Puede ser que la crisis en España "sea más preocupante" y que "algunos han querido hacer una España irreconocible, como si desearan una nueva transición". Puede que "sea una crisis de decencia" y que haya que leer el libro, recomendado por el conferenciante. "La crisis ninja y otros misterios de la economía actual", de Leopoldo Badía.

Puede incluso que "hayamos perdido la confianza en nosotros mismos" (y era inevitable pensar en las similitudes del mensaje con el que habían lanzado, también con intenciones adoctrinadoras, desde otros púlpitos ideológicos -suponemos- los ponentes de la Jornada de la AEC y el Gobierno de España un día antes- .

Estoy, por supuesto, de acuerdo, en que "la crisis aumenta las desigualdades, el riesgo, los conflictos sociales". Lo ha dicho también el secretario general de Comisiones Obreras, Ignacio FernándezToxo que, desgraciadamente, por ello, está de enhorabuena: Tiene "más visibilidad", más trabajo (acaba de reconocerlo en una entrevista por RN1) .

Lo que ya no está tan claro es que "tener creencias y principios es la solución fundamental para la crisis", aunque le haya servido a Mayor oreja para encontrar el eslogan de que "la cultura del todo vale, no vale". Pero estoy de acuerdo en que "si no te instalas en la masa dominante, no tienes sitio" y que, ya puestos al trabajo, habría que "hacer una Carta Universal de Obligaciones", como la crisis del 29 provocó, tardíamente, una Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948.

Para Mayor, esta regeneración colectiva  euopea, sería para España, de rectificación. "Hay que recuperar el concepto de nación como solidaridad" y "necesitamos una Unión Europea más real, menos virtual".

No me sorprendió que, para terminar, Mayor Oreja citara a Kennedy, (J.F.), con aquello tan bonito, que mi madre me había ya hecho decir en uno de los discursitos que, como aprendiz a repelente niño Vicente, me hacían pronunciar en el Colegio Auseva en los sesenta: "No preguntes lo que la nación puede hacer por tí, sino lo que tú puedes hacer por América"

En fin, como soy disciplinado, pregunto: ¿Qué puedo hacer yo por América?

 

 

A sotavento: Qué hacer con el dinero

La intensa paralización de la vida económica que estamos viviendo en España -ya, ya; no solo aquí- tiene su origen principal en la detracción del consumo, motivado, tanto por el temor de los particulares a que la recesión sea aún más profunda, como por la nueva aversión al riesgo como prestamistas de las entidades financieras. En consecuencia, hay menos dinero en circulación y, como fruto de la menor actividad y hasta que no se recupere la confianza, la crisis seguirá agudizándose.

Si observamos el comportamiento seguido por uno de los más preclaros termómetros del optimismo colectivo de cuantos disponemos, la Bolsa, sacaremos la conclusión de que su extrema volatilidad, incluso intradía, y el poco volumen de las transacciones, evidencia la desconfianza del dinero respecto al próximo final de la caída. "Cuando las acciones de los Bancos encuentren el camino de las subidas regulares, es el momento de entrar en la Bolsa" es la regla del pulgar que algunos preconizan.

Lo anterior mantiene validez con independencia de que, como siempre, haya hábiles agentes especuladores que se aprovechen de la facilidad de mover los índices con poco dinero, para obtener ganancias rápidas con los incautos que, confiando en que todo está arreglado, pongan sus ahorros en circulación en ese juego para mayores.

La reflexión que aventuro hoy es la siguiente, orientada a la inmediata insuflación de dinero al sistema: ¿Por qué la obsesión desde las instancias económicas del Gobierno en amedrentar a los poseedores de dinero B con controles acerca de los billetes de quinientos y hasta doscientos euros, en esta época de crisis acentuada? ¿No sería mejor dejar que los aflorasen libremente, para que generasen actividad y puestos de trabajo?.

O mi capacidad de análisis ha quedado disminuída por la edad, o esa masa monetaria detraída a la circulación, mantenida bajo los colchones, ha salido de la voluntad del Estado, está contabilizada y respaldada por él, y tenerla a raya al margen de la economía real no sirve más que para crear el pernicioso efecto de reducir el dinero en circulación.

Y, por otra parte, ¿Por qué/para qué mantener los rígidos controles a la entrada de dineros que se mantienen -generalmente, en dólares- cuentas extranjeras por parte de antiguos emigrantes que han retornado a España, aunque no con la mayor parte del resultado de sus trabajos?

Repito el estribillo: O mi capacidad de análisis ha quedado disminuída por la edad, o esa masa apetitosa de dinero cuyos propietarios son españoles o residentes en España, está respaldada por las reservas y el compromiso de respaldo de Bancos estatales de otras Administraciones y traerlo aquí, cambiándolo por euros, aliviará nuestra necesidad de divisas, introduciendo, además, capacidad inmediata de gasto e inversión por parte de quienes, a buen seguro, no tardarán en poner ese dinero en circulación efectiva.

Hago ambas preguntas, que dejo sin contestar plenamente. Y realizo el comentario desde el punto de vista de lo que es útil en época de crisis, no de lo que preferiría desde mi posición ética e incluso estética... que ya habrá tiempo para volver a levantar barreras y controles cuando hayamos superado la situación que nos aflige.

Porque, como se verá, no estoy hablando del control de las inyecciones financieras al sistema, generadas con vueltas al rabil de hacer dinero, sino de recuperar para la circulación una masa monetaria dormida o inefectiva para nuestra economía.

Jugando en corto: Varios perfiles del paisanaje de Asturias: Sergio Alvarez Requejo

Ya hace más de dos años que Sergio Alvarez Requejo anda moviendo sus proyectos por sitios en donde hay que suponer que a las buenas ideas no les ponen zancadillas. El 7 de enero de 2007 se murió de cáncer y tuvo, cómo no, en San Juan el Real de Oviedo, una despedida multitudinaria.

Sergio jugaba muy bien al dominó y en el Club de Tenis de la capital del Principado participaba en una tertulia casi muda -cierro al dos, te colgué el seis doble, no llevo pitos- de prejubiletas y funcionarios en la que era difícil conseguir que pagase los cafés. Como yo estaba viviendo en los Madriles, no fui jamás vencido por esa afición tardía y, para mi mayor pesar, tampoco pude asistir a darle el último adiós.

El si fue a despedirse a mi restaurante, en una de esas falsas recuperaciones en las que se convencía o se dejaba convencer de que ya estaba curado. Vino acompañado de Rosa Elisa y algunos de sus hijos. Yo tampoco estaba aquel dia. Con su temperamento exquisito, alabó todo lo que le sirvieron, no aceptó la invitación y, cuando lo llamé para darle las gracias por la visita, me dejó unas palabras algo enigmáticas en el libro virtual de los honores del restaurante: "Te falta solo plantar un par de manzanos en la terraza y traer el Cantábrico a la Almudena para que desde este sitio no eches de menos a Asturias".

Como otras veces, la perspicacia de Sergio me había dado en el clavo de la sensibilidad. A la caída de la tarde, cuando aún no habíamos abierto para el turno de la cena, no faltando el humor, yo me sentaba en la terraza de aquel falso negocio que concebí como la prolongación del salón de mi casa, y, en la calle peatonal sin ruidos ni voces, me creía transpuesto a la tierrina.

Fueron muchas las veces en las que Sergio y yo nos encontramos en la vida de ambos, y por muy variados motivos, profesionales y personales. Siempre mantuve con el y con los suyos una sintonía sin fisuras.

Son lazos imperecederos que se construyen, en las ciudades pequeñas, sin necesidad de verse todos los días. Solo con sentir con el otro está ahí, que te aprecia, que lo quieres.

Su querida hija Beatriz fue secretaria del Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste cuando yo era vocal de aquella Junta que creó Entiba y otras iniciativas de interés. Elena Carantoña, hija de Cruz Alvarez Requejo y del también desaparecido Paco Carantoña, director del mejor El Comercio, fue compañera inquieta y sabihonda en los tiempos de mis escarceos políticos con el Principado. No voy a citarlos a todos, pero con muchos miembros de esa familia grande de Sergio tuve y tengo relaciones sin precio.

Las crónicas de su sepelio hablan de que asistieron cientos de antiguos compañeros de las múltiples tareas en las que se involucró, de hoz y coz, como siempre hizo, Sergio.

Gentes del campo que también se cultiva en los despachos, como el director del Instituto de Desarrollo Rural, Santiago Alonso, pero a las que no les importa mancharse las botas de boñiga y barro cuando hace falta. Amigos de la música, como Jaime Martínez -con cuyo hermano, Alfredo, compartí durante algunos años un despacho en la Investigación Operativa de Ensidesa- o como Jaime Alvarez-Buylla, entonces presidente de la Filarmónica de Oviedo.

Y estaban también en San Juan, juntó al párroco Fernando Rubio, el de la voz tronante y el corazón almohadillado, los fundadores de aquel invento genial que duró tan poco y acabó tan mal, que fue la UCD asturiana, junto a Sergio,  como Alvaro Vega, Luis Riera y Adolfo Barthe-Aza, gentes de las que ya quedan pocas.

Y estarían muchos otros, de los que las crónicas no hablan, pero que yo sé que apreciaban a Sergio como a alguien de los suyos.

Sergio hizo como ningún otro por la manzana asturiana y, sobre todo, por la manzana de sidra. Inventó de la nada la Pomológica de Villaviciosa y la Fiesta de la manzana -dicen que a partir del modelo del Apple Blossom, de Washington, pero a mí me parece que fue al revés, que lo copiaron-. Estudió y seleccionó cientos de tipos de manzanos y otros frutales -y era un gozo ver aquella finca, destacando sobre todas las de Asturias-, pero no se quedó ahí. Nunca se quedó ahí.

Ingeniero agrónomo de convicción, estuvo metido en prácticamente todos los proyectos que tenían algún interés, real o potencial, para el campo asturiano, experimentando, probando, impulsando, dando opinión, siempre sincera pero, aún mejor, siempre técnicamente fundamentada.

Yo lo tuve (como otros que sabíamos de su esplendidez y la utilizábamos, porque él era dadivoso con todo lo que tenía, aunque para eso había que caerle bien, es decir, ir de frente y sin recovecos) de consejero particular en los temas del campo y de la ganadería, cuando me pusieron en las manos el proyecto titánico de crear nuevas actividades para Asturias que sustituyeran al carbón y al acero, que ya estaban cayéndose a toda velocidad.

Juan Carlos Rodríguez-Ovejero -que era director del IFR- y yo lo utilizábamos como mentor, consejero aúlico y, a veces, como paño de lágrimas. Si nos hubieran hecho caso -a él, por lo que decía y sabía, a nosotros por lo que aprendímos de él y trasladábamos a veces a los eriales de la política trapacera- otro gallo nos hubiera cantado en la corrala.

El paso del Iryda a las autonomías regionales privó a Sergio de su puesto de capitán de la entidad malaiya, por culpa de malentendidos con el consejejero de Agricultura, Jesús Arango, que vió en él a un opositor político -dicen- cuando solo era, ni más ni menos, que un independiente con ideas. Eran tiempos del eucalipto, las cuotas de la leche, el no se qué de abandonar el campo.

Sergio supo de tarascadas, de siegas malintencionadas bajo los pies, de empujones, de desprecios a su capacidad y a las buenas intenciones. No desfalleció jamás. Puso su bandera de calidad en cada esquina de su labor, de hombre honesto, cabal, serio en el trabajo, inflexible con la tontería.

Le avisaron de la noche a la mañana que tenía que dejar la Pomológica de Villaviciosa. Anduvo con un disgusto inmenso, porque lo entendió como una cuchillada, no a él, sino a su proyecto más querido, al que llevaba dedicando casi treinta años. Emprendió algunos negocios nuevos y se refugiaba desde entonces en Colunga y Gijón, más que en Oviedo. Andaba algo escapado de los bullicios, escribía para luego.

Los reveses forzados no le habían afectado al sentido del humor con notas  ácidas que tanta rabia causaba a los que pretendían haberle hecho daño, y que adornaba con una sonrisa socarrona que podía interpretarse como de suficiencia, y que era solo de defensa, una antesala para que no le entraran a mansalva.

Alguna vez, mientras tomábamos un café para curarme los malos aires de expatriado, y mientras me ponía al tanto de la familia y de las otras cosas, me contaba chistes. Que me perdone en esto, pero me parecían bastante malos.

Se reía con ganas de las tonterías que preocupaban a otros. Como pueden reirse los gigantes de los enanos, de sus comparsas y sus pajes. Por cierto, que sabía hacerlo en inglés, incluso, porque, a diferencia de tantos otros de su generación, había tenido también tiempo para hacerse entender en otras lenguas.

En la próxima reencarnación lo haremos aún mejor, Sergio, estáte bien seguro. En la paz del espíritu, es donde mejor se aprende.

La nueva Ley de la Ciencia y la crisis de valores en la sociedad española

Los investigadores españoles suponen el 6,7 por mil de la población activa, según afirmó Carlos Martínez Alonso, Secretario de Estado para Investigación, en una conferencia que pronunció ante más de cien personas relacionadas con el mundo de la ciencia y la investigación. La disertación tuvo lugar en el Hotel Ritz, mientras los oyentes desayunaban, como producto de una convocatoria realizada por el Fórum Nueva Economía.

La cifra es solo una anécdota (¿son 300.000? ¿280.000?) y, además, con la disminución de población activa -denominador- que viene provocando de forma acelerada la crisis y dado que la mayor parte de quienes hacen -teóricamente- investigación son docentes universitarios, con plaza fija de funcionarios -numerador-, la afirmación con aire chusco sería que vamos camino de mejorar el ratio.

No sería justo detenerse en minucias puntillistas si se pretende dar noticia de la brillante conferencia del Secretario de Estado, que contaba entre el público a varios rectores, presidentes de Federaciones empresariales, empresarios de a pié, catedráticos, jubilados recientes, junto a gentes diversas que gustan de acudir a hacer bulto a eventos de esta índole, así como algunos de sus propios compañeros de gobierno.

El tema central era trazar la panorámica de la situación actual de la investigación, cuando Martínez lleva justamente un año en el Ministerio de Investigación y Ciencia.

Martínez cree que "cuando el Gobierno apuesta por la investigación, la comunidad responde". Lo avala con las cifras del CSIC, el organismo que presidió durante 4 años, y que incrementó el 200% las licencias de patentes y el 51% de las comunicaciones científicas en revistas internacionales, por ejemplo. En el ránking Simago, España ha pasado del lugar 25 al lugar 13 entre el 2003 y el 2007.

También opina Martínez que las crisis ayudan a avanzar. Cita que la segunda gran guerra fue la responsable de los grandes avances biomédicos (que me perdone, pero el ejemplo es muy malo, ya que los estragos de la guerra propiciaron que se realizaran experimentos de campo forzados con jóvenes y población civil mutilados o heridos por acontecimientos excepcionales, cuya ocasión no cabe sino lamentar y desear no se repita jamás).

Pero, en fin, tenemos hoy instaladas, dijo, cuatro crisis, o sea, que tenemos material sobre el que actuar: la crisis alimentaria, la energética, la ambiental y la financiera.

El ministerio de Investigación y Ciencia tiene -dijo- como pilares de su actuación la enseñanza superior, la innovación y la investigación. "Hay que crear conocimiento", glosó el secretario de Estado, recordando a Mayor Zaragoza, presente entre los desayunantes. Y hay que crearlo antes de que el diagnóstico sea completo  y seguro. "Porque el mejor diagnóstico es la necrosis", pero no ayuda ya al enfermo. También fue frase pronunciada en su discurso.

La nueva Ley de la Ciencia creará, supliendo la antigua de 1986, "insuficiente ya por los cambios extraordinarios que han tenido lugar", un nuevo marco. Definirá los criterios para planificación y coordinación con las Comunidades Autónomas, de las que 10 de ellas ya disponen de su propia Ley de la Ciencia. "Los jóvenes no están optando por la investigación como salida profesional, y necesitamos ingenieros, científicos y tecnólogos. No los tenemos ni los formamos", fue su diagnóstico-.

La Ley se dirige también a generar movilidad entre los organismos públicos y las Universidades, apoyando la creación de iniciativas de capital riesgo, impulsando el mecenazgo. Servirá para reorganizar los organismos públicos de investigación, dentro del programa Prometeo 2000, y pondrá en marcha los programas Universidad 2015 y Campus de Excelencia.

En otro lugar me refiero a los sectores preferentes que apoyará la política ministerial. Me interesa resaltar ahora que me pareció que el secretario de Estado tiene un trabajo difícil. La crisis de valores de nuestras sociedad afecta, también, a la búsqueda de un dinero fácil y sin complicaciones por parte de los jóvenes, a quienes no atrae el dedicarse a un trabajo, como el de investigador, mal remunerado y de poco relieve social.

Somos muchos los doctores, aún en edades de crear y producir, que no hemos encontrado los cauces adecuados -a su tiempo- para que nuestras inquietudes investigadoras se puedan desarrollar.

En mi caso, puede objetarse -y lo admito- que la culpa es fundamentalmente mía, pues ni en la Universidad ni en la empresa supe encontrar los nichos apetecibles para seguir con los diversos trabajos de investigación que inicié y que, en algún caso, (siempre por supuesto como mérito de equipos y no de individualidades), estaban sirviendo para extraer conclusiones interesantes.

Pero mi anécdota no es ni única ni resulta anticuada. Solo hace falta interesarse por conocer las motivaciones y medios con que cuentan quienes se dedican a la investigación y quiénes y porqué obtienen los réditos a un trabajo generalmente oscuro, desconexo y tantas veces falto de los cauces y reconocimientos que motivan al ser humano. Incluso aunque dispongan de la dura piel sentimental que se presupone a los investigadores.

Al socaire: Los optimistas ven medio llena la botella vacía

Siempre me resultó extraño que se pretendiera definir a un optimista como a aquel que, ante una botella en la que el líquido ocupa la mita de su capacidad, la ve medio llena, en tanto que el pesimista la vería como medio vacía. Es evidente que ambas personas están definiendo correctamente la realidad y, por tanto, si alguien quiere ponerle algún calificativo a su forma de comportarse, es él quien tiene problemas y no los sujetos observados.

Los optimistas ven medio llena la botella vacía, o ya prácticamente llena la que solo está mediada. Un optimista de ese tipo en épocas de vacas flacas no tiene mucho peligro, porque pocos le harán caso. Sin embargo, en épocas de bonanza, un optimista suele llevar al estrellato a los que le sigan (estrellato en el sentido de estrellarlos).

En los velatorios, siempre hay alguien -evidentemente, alejado de la línea familiar que le vincula directamente con el muerto, o que no guardaba buenas migas con él/ella- que cuentan chistes, y no faltan otros pocos que se los ríen. Habrá quien piense que son gente simpática, optimista, jovial, que saben encontrar el punto divertido incluso a las situaciones más tensas y tristes. Gente que ve la botella medio llena.

Mejor llamar al pan, pan; al vino, vino; y a la botella vacía, botella. A ver si la llenamos, si sabemos y podemos llenarla.

A sotavento: ¿Más control o controladores más cualificados?

Ante la recesión, de cuya magnitud no se duda pero sobre cuya superación se han dado muy variadas opiniones, casi todos los analistas proponen un mayor control del mercado. Más transparencia, mejor supervisión, una más amplia dotación para los posibles impagados y quiebras del sistema.

¿Más control? A la vista de la multitud de incongruencias, fraudes, evasiones, corrupciones, que van saliendo a la luz, como elemento seguramente sustancial del llamado comportamiento cíclico de los mercados, hora es que los más sabios revisen lo poco que saben del manejo de las grandes magnitudes, y nos lo cuenten a sus discípulos y espectadores y, sobre todo, a quienes han confiado en que el sistema funcionaba adecuadamente.

Sin embargo, lo que creo que se necesitan, sobre todo, son mejores controladores. Más cualificados, más libres, más honrados.

Repasando las consejas, normas, indicaciones de los gurús que han llenado páginas y sus bolsillos con previsiones (hoy no solamente fallidas, sino falsas) a las que adornaron de explicaciones prolijas (hoy no únicamente erróneas, sino presuntamente interesadas), lo que se me ocurre es proponer que los mecanismos de control, desde luego, imprescindibles, sean ocupados preferentemente por profesionales capaces, independientes y trabajadores.

Si nos fijamos en quiénes ocupan la mayor parte de los puestos en los organismos de control -y no voy a citar ninguno; no hace falta para el lector inteligente-, veremos que lo que se ha premiado con ellos no es una trayectoria de éxitos y sabiduría, sino que son utilizados como un complemento de honorarios para premiar viejas docilidades, servilismos partidistas, amiguismos inexplicables al resto de la sociedad.

No he oído ni leído aún, en ningún foro, que se reclame la elección democrática, libre y, por supuesto, revocable, de controladores más cualificados.

Sin que nos dejemos impresionar por brillantes currícula repletos de supuestas capacidades idóneas -sabemos a estas alturas del guión qué fáciles son de completar con el beneplácito de la voluntad auto-reproductora del sistema-, hora es de que pasemos revista a los exactos comportamientos de quienes han estado ocupando las poltronas de los organismos de control.

Ellos han dejado pasar, sin aparentemente mover un dedo, a los elefantes y camellos cargados con los productos de la rapiña de lo que deberían haber custodiado, como presuntos guardianes incorruptibles de nuestros esfuerzos y ahorros colectivos. ¿Son los mismos que reclaman más organismos de control, más medios, más seguridades?

En el día Internacional de la Poesía, 2009

Hoy se celebra el Día Internacional de la Poesía. La poesía se lee, se escribe, se siente. Se presiente.

Rindo mi homenaje personal a los que escriben poesía y en especial, a los que la leen.

A todos los que saben buscar entre las fronteras de lo real y la imaginación, allí donde las palabras encuentran nuevos significados, tratando de sorprendernos.

Creo que sí, que claustro es la palabra

que buscaba; de gótico flamígero

y un pozo con brocal de piedras berroqueñas

y naranjos en flor y un aljibe con aguas irisadas;

las columnas, con gárgolas, cenefas y escenas de calvarios

entremezcladas con los goces más prohibidos.

 

Ese patio,

rendido al atardecer con las luces y sombras del estío precoz,

conducirá a través de puertas secretas,

provistas de aldabas y goznes de bronces percolados

a austeros refectorios donde ojos de núbiles gacelas

acechan con ardores juveniles, atisbando

entre los huecos de sus manos delicadas y hermosas

nuestros movimientos que solo en la imaginación cobran sentido.

 

En ese claustro ahora vacío, irrumpe en un antojo

un jolgorio de mirlos, estruendo de vencejos,

el escándalo soez de las grajillas, y, violando los rezos,

unas risas se oyen, contenidas, con aleteos de pasos que se esconden,

y una madre sin hijos reclama silencio

mientras cierra el pórtico de gloria

donde se recogen las siervas del altísimo

en busca de íntimo reposo.

 

(Poemas de encargo)