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El blog de Angel Arias

Jugando en corto: Adjetivos poco calificativos

¿Es prometedor el futuro? Desde luego, si nos atenemos a las veces en que ese adjetivo se asocia con lo que podemos esperar del tiempo inexorable que todavía no nos ha atravesado, debemos admitir que tiene para ello casi todas las papeletas. La muy alta probabilidad se transformaría en certeza incuestionable si fuera visto por políticos, empresarios, y en general, por todos cuantos vaticinen sobre que lo nos va a pasar, utilizando la bola de cristal de sus espurios intereses, para convencernos de que les apoyemos, a sus tontos útiles.

La situación actual será siempre, cuando la comentemos, complicada, pero con el esfuerzo común (queremos con ello significar, lo que en realidad es  raro de testículos, que sea conjunto), obtendremos resultados, positivos.
 Pero no nos preocupemos. Si los resultados, cuando llegan, no son los que habíamos prometido, lo más seguro es que el comportamiento (?)  fuera inesperado y los problemas, por tanto, se convirtieran, a toro pasado, en imprevisibles.

Esta explicación será satisfactoria, salvo para los competidores, que juzgarán nuestra falta de previsión, intolerable. Si los resultados son buenos, serán, cuando los presentemos a los nuestros, espectaculares.  Puede que los 
trabajos que realicemos no sean arduos, pero será porque estamos de vacaciones merecidas. En cualquier caso, el futuro es nuestro, la gloria efímera, el dinero propio escaso y la señora ajena en minifalda que se sube al Lamborghini que conduce un vejestorio rijoso o un hortera impresentable, despampanante.

Las jóvenes hijas de los jefes son bellas, pero solo mientras están sus progenitores delante, y las miremos con buenos ojos; porque después, entre colegas, son fieles copias de su padre, sin bigote. Nuestras madres, son buenas, y cuando han muerto, ya santas. Los niños propios son revoltosos y, los de los demás,  insufribles. Los adolescentes han de ser soñadores y los ancianos, cascarrabias. Los torpes mozalbetes (ahora hay formalmente muy pocos), se convierten rápidamente en gamberros maleducados, aunque ellos se creerán siempre divertidos y, lo que es peor, con derecho a serlo, porque nadie se atreverá a decirles que el mobiliario urbano que destrozan lo pagamos con nuestros altos impuestos los sufridos ciudadanos (pocos, quiero decir, los que pagamos).  

Los caballos son fogosos, los perros fieles, el solomillo tierno y las patatas calientes. ¿Cómo olvidar las cosas claras y el chocolate espeso, a pesar de que, en estos tiempos,  las cosas, tanto las excepcionales como las que sustituyen a las palabras que faltan en nuestro léxico, se han colado en todas partes, y las bebidas de moda son a la vez  energéticas y ligeras (o sea, láit)?.

Los pilotos de carreras, son audaces (y los de fórmula uno, además, millonarios), los enemigos de guante blanco, cretinos, y  quienes nos adelantan a toda velocidad, estúpidos y, además, qué se creerán. El futbolista en racha es inteligente, pero cuando falla un gol cantado, pasa a la categoría siguiente, acabado. El gobierno es siempre inoperante para la oposición, incluso en sus mejores momentos. Claro que para el primero, la oposición es poco constructiva y, además, en lo mínimo que construye, desleal.

Nosotros somos unos, pero incomprendidos. Aunque ya se sabe que la gente es molesta y no sabe adónde va ni lo que quiere. Por eso decimos ¡cuánta gente! siempre que nos encontramos con que los demás ha tomado la misma decisión que nosotros. Ellos son unos borregos descerebrados y nosotros unos pobres parias, o sea, paupérrimos. 

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