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El blog de Angel Arias

Cómo no montar un restaurante: La publicidad (2)

Oportunidades de dedicar dinero a la publicidad no le faltarán, por supuesto. Se ha escrito reiteradamente, por expertos en márketin, que el capítulo de publicidad no es un gasto, sino una inversión. No voy a discutir esta frase, porque como todas las afirmaciones solemnes, admite muchas gradaciones. Generalmente, el dinero que se dedica a la publicidad es, sin embargo, un puro despilfarro.

Porque el asunto no está en emplear una cierta cantidad de dinero genéricamente en este asunto, sino en qué concretamente. Está bien tomar como referencia el 5% (o el 1%) de la facturación real o prevista, y destinarlo a llamar la atención sobre el negocio. Lo más importante es no equivocarse en el lugar en donde deposite esa disminución de su margen empresarial para que no vaya a parar directamente desde su bolsillo a la agencia de publicidad o al propietario del medio informativo, sin ningún retorno que mejore sus ingresos.

Si Vd. tiene un pequeño restaurante  con la pretensión de dar comidas y cenas a los vecinos y empleados de la zona (decisión muy sensata, por lo demás), seguro que le resultará más efectivo –y más barato- apoyar las fiestas locales del barrio, haciendo publicidad en el Boletín de Festejos, que empeñarse en aparecer una vez al trimestre en la relación de los cien restaurantes que costean un cuarto de página en un diario de difusión nacional.

Si Vd. tiene pretensiones más ambiciosas, y desea situar a su restaurante como un local de moda, o dar rienda suelta a sus inquietudes de llegar a ser conocido como una de las referencias culinarias de su ciudad, o -siendo más modesto- sencillamente desea encontrar alguna rentabilidad a su dinero, captando clientes también a base de llamar la atención sobre sus productos, le aconsejo que rechace la tentación de aceptar las decenas de ofertas que le lloverán para poner pequeños anuncios de su restaurante que, sepultados entre miles de reclamos similares, pasarán absolutamente desapercibidos.

No tiene más que echar una ojeada a cualquiera de los sitios en donde se anuncian restaurantes: de comida china, española, de autor, asturiana, alemana, tailandesa, etc, etc. ¿Por qué habría nadie de fijarse en el suyo? Responda con sinceridad, ¿se ha fijado Vd. alguna vez en esos anuncios?...

Si no quiere despilfarrar su dinero y quiere, de todas maneras, publicitarse en algún medio, reúna una cantidad suficiente para destacarse verdaderamente de todos los demás anuncios, y hágalo, con preferencia a una publicación de restauración, en un medio que puedan leer o escuchar sus clientes potenciales o su grupo de clientela preferida. Vale más, mucho más, media página o una página entera en una revista económica, en un periódico empresarial, ...una inserción específica en un programa de radio dentro de un programa de audiencia, aunque le cueste un ojo de la cara.

Y, eso sí, estudie sin apasionamiento el efecto sobre el incremento en la clientela. Ni qué decir tiene que habrá de estar preparado para dar el mejor servicio a los que acudan bajo el reclamo de su publicidad. Porque, desde luego, aquellos que haya captado se podrán convertir en bombas de relojería de efecto devastador sobre su imagen si no consigue estar a la altura de las expectativas generadas.

(Más información en mi libro "Cómo no montar un restaurante", del que esta y otras Comunicaciones en este blog constituyen únicamente un extracto)

Cómo no montar un restaurante: La publicidad (1)

Como consecuencia del tiempo que Vd. lleva madurando el propósito de abrir un restaurante, se habrá hecho una idea del tipo de clientela que desea captar. Ejecutivos y funcionarios de alterne recíproco; señoras en el descanso post-compra; parejas de enamorados; empleadillos con ganas de atiborrar el estómago en la única comida caliente del día; jóvenes de paso hacia el estadio del equipo rival; jovencitas de visita turística a ver lo que cae; etc. No tiene caso que vuelva aquí sobre temas que están tratados en el capítulo correspondiente, con la atención que merece.

He tratado de convencerle de que renuncie –al menos, en su primera aventura en el sector- a tener un “restaurante de autor”; Vd. ha decidido por su cuenta –y no me parece mal, al contrario- huir de la opción de obtener una franquicia en la que sus clientes puedan disponer de un alimento en formato y precios predecibles.

Lo que necesita, desde luego y sobre todo, es público. Más que público, clientela. Pero ambos términos están relacionados, porque -atienda a ésto- el segundo grupo no es sino un subgrupo del primero. Si su restaurante está en un descampado, ya puede cocinarse allí como los ángeles. No digo que no acaben descubriéndolo, pero ese término fatídico en palabrería financiera, que es el período de maduración del negocio, se habrá dilatado lo suficiente para vencer su paciencia y, obviamente, su economía.

Un principio general que Vd. hubiera debido aplicar es que no debe pretender que la gente se desplace a su restaurante, sino que Vd. debe acercar su local allí donde la circulación de la gente ya existe. Pero es demasiado tarde. Su inexperiencia, como la mía, le ha llevado a elegir un local con encanto, en un sitio relativamente bien situado, en una calleja sin atractivo, por la que no pasa ni dios.

Ay, amigo mío. Influir sobre los instintos borreguiles del personal, que se obstinan en seguir una y otra vez el camino trillado por otros, es muy difícil. Pero no imposible. Si Vd. ha abierto su tenderete con el imaginable cariño en un lugar por donde no se acerca más que –prácticamente- el barrendero por la mañana temprano y un grupo de desarraigados al anochecer, necesita una estrategia publicitaria. Allá vamos.

El plan de promoción que le propongo tiene dos planos: el directo, con actuaciones sobre el propio espacio en donde se ubica el restaurante; y el indirecto, con inserciones publicitarias en los media.

Por supuesto que la información boca-oreja (no me acostumbro a admitir que pueda hacerse también boca a boca, aunque no le niego atractivo en algún caso), es muy importante. Lo que comenten sus clientes acerca de cómo se come y lo bien que se pasa en su restaurante es, sin duda, uno de los pilares en los que se asentará su opción de hacerse rico algún día.

Pero, entretanto, le aconsejo que participe en todos los foros de internet especializados en restauración (con nombres supuestos y frases descuidadas) afirmando urbi et orbe que en el restaurante –aquí el nombre del suyo- se come muy bien y barato aunque la añada del Rioja que le sirvieron era solo muy buena y no excelente –o cualquier otra estupidez por el estilo que haga pensar que el autor es un pijo de solemnidad pero entiende del buen vivir-

Jugando en corto: La virgen del Pilar y la Expo

Acabo de llegar de Zaragoza en donde, invitado por la revista Tecnoambiente y el Instituto de Ingeniería de España -a través del Comité de Ingeníería y Desarrollo Sostenible-, tuve ocasión de presentar mis ideas sobre los Indicadores de sequía y su utilidad para la planificación hidrológica en épocas de estrés hídrico.

Un privilegio encontrarme entre ilustres colegas, tanto del CIDES como de las Confederaciones Hidrográficas. El acto estuvo presidido por Rafael Fernández Rubio, batallador infatigable y una de las autoridades reconocidas en el sector de la hidrogeología, que me honra con su amistad y me enorgullece con el aprecio que sé que me profesa.

Estaban allí también, Rafael Ceballos, actual presidente del CIDES, Milagros Couchoud -siempre valiente y cualificada en sus opiniones-, Enrique Fagúndez, presidente del Comité de Defensa del Instituto de la Ingeniería y Guillermo Castañón, Dr. Ingeniero agrónomo con el que tengo pendiente un libro de autoría compartida sobre Cómo ahorrar agua, dirigido a enseñantes y discentes; y otros compañeros y amigos. Como siempre, Vicente Lara y Sagrario Vidales ordenaron el Congreso con una ilusión que merece el premio del reconocimiento geneal.

En otro momento haré -si el tiempo no me arrolla- la reseña del Congreso. En estas líneas quiero referirme a mi preocupación porque la Expo de Zaragoza, con fecha de inauguración ya inminente, no llegue a tener todo listo para ese momento, incluso en aspectos sustanciales. Me consta el esfuerzo que está desarrollando Roque Gistau -compañero en varias batallas acuosas- y todo su equipo.

La preocupación no proviene de la altura del trabajo que se está desarrollando, para mí indiscutible, sino de la cantidad de cosas que aún quedan por terminar y las dificultades de coordinar intereses y empresas, algunos contrapuestos.

Zaragoza tiene en la actualidad un déficit hotelero terrible, y la ciudad da el aspecto de estar un tanto patas arriba, con multitud de obras a medio hacer: puentes, viaductos, edificios, los propios futuros pabellones de la Expo, muchos aún solo en proyecto.

Como diría un mañico: "Virgen del Pilar, échales una mano, porque, a ojo de buen cubero, la impresión es de que no van a llegar. Con el tinglado que hay allí montado. O, por lo menos, haz que me equivoque en esta apreciación." "Que azí zea", parece que contestó un sevillano que pasaba por allí. "Pero pídele también que zus ayude despuéz, que ezo fue lo que ze noz orvidó pedirle a la Vírge de Triana"

Jugando en corto: ¿Tiene la política sitio para la técnica -y lo temperamental, acomodo para la razón-?

Jugando en corto: ¿Tiene la política sitio para la técnica -y lo temperamental, acomodo para la razón-?

La pregunta seguramente ofende (no lo pretendo, desde luego), pero la respuesta, no. Política y técnica deberían estar bien avenidas, porque su raíz común no puede ser otra que la de procurar el máximo bienestar al ciudadano. Algún tecnicista enamorado de su ombligo habrá llegado a decir que, si se aceptaran los postulados de la técnica, no necesitaríamos que los políticos tomaran decisiones, porque lo razonable técnicamente no admitiría discusión.

Sin arriesgar convertir este Comentario en un muestrario de obviedades, parece poco cuestionable que en estas elecciones que acabamos de vivir en España, los impulsos temperamentales han superado ampliamente a los razonamientos técnicos. El efecto natural ha sido que (casi) todo el mundo, independientemente de su formación personal, ha podido involucrarse en la campaña con triviales afirmaciones mayestáticas: me gusta, no me gusta; lo quiero, lo detesto. Los izquierdosos impresentables y la derechona zafia, en fin, según el color del cristal con que se mira.

Esta campaña dirigida por los cuidadores de imagen de ambas facciones del modo de deformar la realidad, ha tenido premio. El equipo de Zapatero ha ganado las elecciones, pero también el equipo de Rajoy puede jactarse de haber mejorado en lo cuantitativo y mantenido la distancia en lo cualitativo, a pesar de los pesares. Las dos Españas están ahí, incólumes, más fuertes si cabe. Por cada sonrisa confiada en que las cosas se han hecho bien, hay una mueca de reproche convencida de que lo han hecho mal y que lo podría hacer mejor. Incapaces contra intolerantes, en fin.

La bipolarización de las alternativas y su simplicidad expositiva ha tenido una consecuencia lateral lamentable: los partidos minoritarios se han convertido en másnoritarios y, a salvo de la opción incombustible de CiU, han pasado a ser objetos de museo sociológico. El juego del debate político se ha concentrado para la próxima legislatura, en el enfrentamiento entre dos partidos, cuyas opciones políticas -nostalgias históricas aparte- sucumben ante la personalidad de sus líderes y sus entornos directos, responsables de crear un entramado de cantos de sirena y patadas en los ijares del contrario, en el que sucumben las formulaciones técnicas que permitirían encontrar soluciones a lo que nos debería importar.

Por los que nos mantenemos al margen del debate político, pero obviamente nos interesa, y por los que hemos consumido muchos años de nuestra vida en formarnos para dar soluciones técnicas -siempre en debate, nunca impuestas-, me constituyo, sin que nadie me lo hubiera pedido, en portavoz. Lo que desearíamos es que los dos partidos mayoritarios -hoy, casi únicos- afrontaran, sin miedo, la solución técnica a algunos de los debates abiertos, para los que el consenso sería tan necesario.

Técnica no significa, para mí, ingeniería únicamente. Hay cuestiones técnicas jurídicas, administrativas, biológicas, médicas, económicas,... que merecerían la apertura de los melones correspondientes. El PSOE tiene la palabra. Buena suerte.

A barlovento: Las opciones políticas de las minorías con ganas de participar activamente

Escribo desde la emoción de saber que Eta ha querido intervenir en la campaña, para reforzar -dicen- su mensaje de abstención activa, matando a un socialista, Isaías Carrasco, en Mondragón, Euskadi. Hace cuatro años, otros terroristas, de Al-Qeda en aquel caso, también habían querido intervenir en la elección a Presidente de Gobierno, y puede que indirectamente lo consiguieran; entonces, aquellos otros cuyas raíces comunes con éstos son, sin duda, su desprecio hacia las vidas de los demás- eligieron la fórmula fácil de bombardear a desprevenidos ciudadanos en Madrid.

Ha sido reiteradamente comentado en esta campaña que el bipartidismo forzoso a que nos ha conducido nuestra Ley electoral, ha puesto de manifiesto la debilidad de nuestra democracia en este contexto específico, pues la necesidad de establecer diferencias en temas sustanciales, para marcar publicitariamente el terreno, ha forzado diferencias en puntos en los que se debiera estar totalmente de acuerdo.

El bipartidismo es aceptable en democracias consolidadas y antiguas, pero deja a los votantes con pocas opciones cuando hay temas sustanciales que aún parecen tener que debatirse para conducir lo sustancial de la vida en convivencia, y las llamadas de atención de los partidos minoritarios aparecen como demasiado simples frente a los temas cruciales que ocupan el centro del escenario.

Combatir unánimemente al terrorismo, sin matices, sin diálogos, conscientes de que los terroristas no representan ninguna opción democrática, no debiera haber sido un tema de discrepancia en la campaña, y lo ha sido. Si hay algunos ciudadanos que pretenden defender con las armas, y específicamente con el asesinato de los representantes democráticos o de los guardianes del Estado de Derecho, sus hipotéticas ideas, la posición incontrovertible de los pacíficos ha de ser su marginación absoluta, su negativa a negociar con quienes los amparan y ocultan.

Hay otros temas, posiblemente de menor empaque, pero muy importantes, que tampoco deberían ofrecer margen para fisuras. Defender el medio ambiente, desde la unidad del Estado y la solidaridad, eligiendo  aquellas opciones que sean más favorables desde el punto de vista energético y realistas en lo económico, no debiera haber ocupado el sitio preferente entre las discrepancias, y lo ha ocupado.

La opción de la desalinización del agua de mar como fórmula menos gravosa de afrontar la escasez de agua y el mantenimiento de la energía nuclear como forma necesaria de mantener nuestro mix energético , no debieran haber sido motivo de discrepancia, por bonito que puede parecer defender opciones ecologistas, la belleza del medio ambiente o las energías alternativas. Lo ha sido.

Defender que la inmigración, saludable en general para todos -alóctonos y autóctonos- cuando está controlada y viene a cubrir una necesidad de ambas partes, está causando ciertos desequilibrios a nuestros servicios sociales y a nuestra economía no debería estar en el debate electoral, y lo ha estado. Por supuesto que la inmigración legal es bienvenida, pero que nos hayamos convertido en refugio de los ilegales de Europa, por mucho que nuestros nacionales prefieran cobrar el subsidio de paro antes que asumir ciertos empleos, no puede más que causarnos daño a las economías. Lo está causando, creando inflación y ayudando a mantener bolsas de precareidad laboral y provocando el flujo de dinero negro, preludiando tensiones más graves a medio plazo.

Pretender que nuestro sistema impositivo no tiene la solidez suficiente es algo que debiera ser debatido, y no lo ha sido. No es cuestión de rebajar impuestos o devolver parte de lo recaudado porque nuestro Estado de derecho, al parecer, no saber qué hacer con los excedentes. Es una vergüenza que solo 100.000 personas declaren ganar más de 84.000 euros al año, y pone en evidencia las bolsas de fraude existentes, en especial, entre los no asalariados. Se debe aumentar la inspección fiscal, sin más, antes que debatir sobre los tipos únicos o la eliminación del impuesto de sucesiones.

Creo que en estas elecciones hemos vuelto a echar en falta el afloramiento de partidos, por la izquierda y por la derecha, que amplíen el campo de opciones políticas y, dentro de los partidos mayoritarios, que se construya un auténtico debate social sobre lo que conviene hacer, desde la pluralidad, el entendimiento sin crispaciones, el conocimiento de la realidad técnica y económica, la tolerancia ideológica, el laicismo de la sociedad, el apoyo al desarrollo de los pueblos, la integración plena en la cabeza de Europa, y una postura internacional perfectamente asumida por todos, cuyas raíces han de ser la tolerancia, el respeto a la autonomía de los pueblos, la cooperación internacional, la investigación y la ayuda para salir de la pobreza.

No son exactamente, en el fondo, cuestiones de izquierda y derecha, son de sentido común. Y, obviamente, en los partidos minoritarios, despreciados y vituperados por los grandes, hay muchas ideas que son plenamente asumibles. Votemos, pues, y pensemos en la bondad del pluralismo, analizando todas las opciones, incluso (o en particular) las que no han gozado del ímpetu mediático.

Jugando en corto: El placer de pescar

Ahora que está a punto de abrirse la temporada de pesca de algunos salmónidos, no estará de más hacer la alabanza de ese deporte que tiene tantos aficionados. El pescador de trucha, en especial, merece atención como una subespecie no siempre bien comprendida.

Hélo ahí, levantándose de madrugada, para llegarse al tramo de río que habrá escogido como lugar de antñas pescatas inolvidables. Un amigo recordaba que los santos de cierta iglesia deberían haber sido pescadores, pues sus posturas recordaban, manos y brazos abiertas, las posiciones que esos esforzados del río utilizan para magnificar sus hazañas. A medida que van pasando los días, la imaginación de los pescadores es capaz de convertir una jornada lluviosa con apenas un par de mordidas, quizá fallidas en resultado, en una memorable historieta de éxitos.

Las truchas son animales, en realidad, muy poco sagaces. En los momentos en que estos animales están en el río, cuando bullen las aguas porque se estén cebando ante cualquier eclosión de efímeras, estos alargados animales morderán cualquier cosa que se mueva, con tal de que se les ofrezca al alcance de su lugar de caza.

Ya sé que habrá algunos pescadores que, en la misma jornada y en el mismo tramo de río, serán capaces de engañar a varios animales, en tanto que los inexpertos cosechrán un rosco. Me he pasado horas, días, meses, observando las evoluciones de las truchas, en desembocaduras, pozos, riachuelos de ancho menor de un metro o en ríos  en los que nadie osaría adentrarse. He pescado en aguas quietas y turbulentas. También, por supuesto, he vuelto a casa con las manos vacías muchas veces.

Para pescar, lo fundamental es encontrar un tramo de río en el que los animales no estén resabiados. Y ofrecerles, preferiblemente, un cebo vivo: lombriz, maravallo, mosca. La lombriz –pequeña, recién cogida, enhebrada de forma que deje la colal libre para que pueda moverse en el agua, es infalible. Hay que arrastrarla con mimo cerca de las orillas, en los pequeños pozos, una y otra vez, sin desanimarse. Y cuando la trucha muerda, no hay que apresurarse, hay que dejarla tragar.

Para pescar a mosca, conozco quien prepara pacientemente los más variados señuelos: estos aficionados de altura, eligen anzuelos, brincas, plumas, lastres, caparazones de látex e hilos, tratando de reproducir o imitar las moscas y las ninfas naturales. El placer que produce engañar con una mosca artificial realizada por uno mismo es infinito. Pero, junto a reproducciones maestras, he tenido igualmente éxito con burdas imitaciones, apenas un plumón atado torpemente a un anzuelo, moviéndolo desesperadamente en el río.

Hace ya tiempo que no me llevo nada a casa. Mi satisfacción es, simplemente, engañar al animal, para después, soltarlo, cuidando de hacerlo con las manos húmedas. La secreción de adrenalina es similar, la satisfacción, inmensa. Y tiene la ventaja de que, cuando llego a casam no tengo que explicar a nadie si he tenido o no un buen día de pesca; siempre ha sido bueno, por definiciòn.

A sotavento: republicanos, divididos, neoecologistas e ingenuos

La serie de calificativos que se recoge en el título del Comentario no servirá para definir a los partisanos de Izquierda Unida, pero le son aplicables. Al menos, en el sentir de muchos de los que siguen las evoluciones, amenazadoramente de aspecto terminal, de esta formación política.

El asentamiento de la democracia en España ha traído varios efectos colaterales y uno de los más interesantes es la progresiva extinción del espíritu comunista. Aunque se dice que la izquierda del PSOE tiene una clientela fiel de casi 1,5 millones de votantes, la Ley d´Hont, las luchas intestinas y la falta de un programa político pragmático, han convertido en testimoniales a los partidos de la izquierda irredenta, en los que habían probado sus dientes muchos de los que luego poblarían las primeras filas del socialismo.

Para mí, el eje fundamental de la izquierda no gobernante en nuestro país, en este momento, podría ser la cuestión ecológica. Son muchos los temas abiertos en este asunto trascendental, que no pueden ser resueltos desde una perspectiva contemporizadora, a la que, por razones obvias, se tienen que ajustar los partidos mayoritarios. Ser ecologista o verde y ser marxista son cuestiones completamente diferentes.

La defensa de los intereses de los trabajadores ha pasado a mejor vida en una situación de relativa prosperidad económica, en la que un 11% (o más) de los empleados trabajan como funcionarios para el Estado, teniendo un puesto de trabajo fijo, y en el que los parados y subempleados del sistema tienen muy difícil organizarse, además de ser relativamente pocos, en comparación con los asalariados que, aunque no lleguen a fin de mes con holgura, andan en utilitario y veranean veinte días laborables.

Una explicación interesante respecto a lo que sucede, en estos momentos, con los izquierdosos, se puede encontrar en relación con la ostentación del espíritu republicano, que es, y no hay porqué justificarlo de puro evidente, característica intrínseca de la defensa de las igualdades. No cabe identificar, sin embargo, a republicanos y marxistas, pues esa respetable forma de Gobierno que rechaza la genética como llave de acceso a la cúpula del Estado, no tiene color ideológico.

Pero sucede que este carácter reivindicativo, con su bandera incluída, está en las esencias de la izquierda española, ahuyentando así votos de los que asocian el cambio a la forma de gobierno República desde la Monarquía con una revolución. Tal vez IU, después de estas elecciones -en las que vaticino un fuerte retroceso- se anime a recapacitar sobre las esencias de la izquierda de un partido mayoritario que ha secuestrado, para bien, los ánimos reivindicativos de la mayoría de los trabajadores.

Jugando en corto: Rajoy y Zapatero tienen difícil convencer a quienes no son sus partidarios

En el debate que está a punto de terminar cuando escribo estas líneas, los dos candidatos a Presidente del Gobierno de España han demostrado que saben nadar y guardar la ropa, que es cualidad fundamental para un político.

No han tenido empacho alguno en descalificarse mutuamente, de la manera más directa que puede hacerse: "Usted no merece presidir este país", dijo Zapatero a su contrincante en estas elecciones. "Usted no tiene ninguna idea de la nación española", había dogmatizado poco antes Rajoy, refiriéndose al actual Presidente del Gobierno.

Fue una magnífica confrontación de conocidas posiciones -apelación a solvencia frente a crispación, recíprocamente lanzadas para descalificar al contrario- , pero no resultó motivador para quienes no estaban previamente convencidos. Los dos candidatos presentaron idéntica capacidad de persuasión, misma firmeza, un parecido talante. Si se hubiera tratado de dos testigos aportados por las respectivas partes en litigio, habría que concluir que nada añadieron a la credibilidad de los argumentos, porque ambos pudieron el mismo énfasis en repetir sus versiones, completamente diferentes aunque los hechos que deberían enjuiciar eran, por supuesto, los mismos.

Parecía que ambos se manejaban con informaciones complementarias, y que los datos se pudieran acomodar al antojo para argumentar tanto el pro como los contras de las cuestiones que se dilucidaron. Zapatero y Rajoy son, al margen de sus ideologías, muy parecidos. Tímidos, serios, nada divertidos en su imagen pública: uno no se los imagina contando un chiste, sino sonriendo aquiescentes a las palabras de su interlocutor, menos dados a la polémica enardecida que a la tranquilidad de un paseo por el monte en grupo.

Su currículum los evidencia como dos personas con una amplia experiencia política, que no se arrugarán, por tanto, ante la contundencia del contrario y que saben muy bien que el éxito de una intervención está en poner énfasis en las palabras más que en las cifras, porque los que escuchan, y han de votar, se van a guiar por el tono, por la música y no por la letra.

Algo ha de ser motivo de tranquilidad para los que voten como para los que no lo hagan. Cualquiera de los dos tiene bagaje para ser un buen Presidente de Gobierno, o va a intentarlo al menos. En mi opinión, Rodríguez Zapatero ya lo ha demostrado. En eso, lleva ventaja. Yo, lo que echo de menos es verdadera confrontación de programas, no un debate singular con aires de gran derby que, por su misma naturaleza, no va a servir para que se desequilibren los previsibles resultados electorales de PSOE y PP.

Las terceras fuerzas políticas, por el centro, por los regionalismos o por la izquierda, tienen, pues, sus opciones, no solamente intactas, sino a máxima temperatura. Ellas ganarán las elecciones, porque el debate de los partidos mayoritarios, para los que no estaban convencidos, sigue en tablas.