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El blog de Angel Arias

Problemas de identidad (7 a 8)

7

Entraron solo dos ingleses. Pelo corto, traje grande y corbatas elegidas con el pésimo gusto anglosajón para encontrar los complementos. Se parecían. Oyó cómo la secretaria empezaba el interrogatorio de la hermosa voz, y, al tiempo que saludaba, Sergio se acercó a la puerta, cerrándola suavemente.

“-Siéntense. ¿Dónde están los demás?” –preguntó en español. “-Aún no llegan. Ayer trabajamos tarde”. –contestó el que parecía ligeramente mayor, falseando algo con el idioma. “-¿Cómo va la cosa?” (Le hubiera gustado hacer la pregunta más personal, pero no recordaba sus nombres). “-Tenemos el asunto terminado. Sólo falta poner punto final a los hallazgos sobre las contingencias detectables”. (Lenguaje pedantuelo cercano a lo ininteligible, pensó Sergio). “- Desgraciadamente” –enrojeció para decirlo- “fue necesario indicar anotaciones en nuestro informe. Algunas, en modesta opinión, graves. Very serious.”

Casi salta del asiento. ¿Cómo se atrevían a calificar aquellos imberbes de otra forma que no fuera “excelente” o “magnífico” a lo que sucedía en Derivados? “-¿Cómo cuánto de graves?” –estuvo tentado de vociferar, aunque se contuvo en el último momento, cuidando el tono. Miró a los ojos inexpresivos del que acababa de hablar, y, antes de obtener respuesta, lanzó una segunda pregunta:”-¿Qué dice Duarte?”  “-Sobre eso también queremos comentar”. Ahora era de más joven quien tomó la palabra: “- La forma de registrar las figuras contables es bastante desastrada. Desde algún tiempo, no están ajustados los asientos a las prácticas de buena contabilidad. No coinciden valoraciones de almacenes. Overrated, perdón, sobreevaluadas, las mercancías en proceso de fabricación, y también cambia el criterio de las amortizaciones. Hay asientos duplicados y algunos ingresos y gastos están confusos.”

Se detuvo, y el otro pareció subirse a la enumeración de desperfectos, tomando carrerilla: “-En la caja pequeña se encuentran vales por cantidades importantes que se renuevan, con la única firma del cajero. Tenemos la impresión que ha existido un falseamiento de la contabilidad, y que los estados financieros son equivocados. ”

Sergio se levantó, y no evitó dar un puñetazo sobre la mesa: “-¿Pero qué están diciendo? ¿Cómo se atreven? ¿Qué significan esas majaderías? ¡Modificar nuestras cifras de cierre por una impresión! ¡Hemos sido auditados todos los años, desde antes de que Vds. nacieran!”

Lucía abrió la puerta: “-¿Quieren Vds. un café?” –ofreció amablemente. “-¿Dónde c… está Duarte? –gritó- ¡Lo necesito aquí!". Lucía, sin perder la sonrisa, contestó: "-Viene inmediatamente". La visión del sereno rostro, le tranquilizó algo. Para volcar la atención hacia otro lado, haciendo ver que no le importaba demasiado lo que estaban discutiendo (pero cómo disimularlo) preguntó a la secretaria: “-¿De quién era la llamada?”. “-Querían conocer su dirección particular” –contestó ella- “Les he dicho que tengo instrucciones de no dársela a nadie. Pensarían en enviarle un regalo por Navidad. 

-“Dos cafés con leche, por favor, si no es molestia”, se oyó la voz de uno de los presuntos iconoclastas, que proseguía con la perorata, experto en suplicio de la gota malaya. “–Hemos sido debidos a informar inmediatamente a la oficina de Osaka. La facturación de este año cayó un treinta por ciento. Estamos asegurados que las correcciones de los estados contables anularán perspectivas de beneficios. El asunto afecta al precio pactado en el C.A., eeh, en el Confidential Agreement. Pero es solo una recomendación. La decisión final es de Japón”.

Hizo ademán de querer sacar unos papeles de la cartera, pero Sergio le hizo el gesto de que se detuviera. Su vena yugular estaba hinchada.  “-No puede ser cierto que Vds. hayan enviado alguna información a Osaka sin haberlo comentado antes conmigo. Soy el gerente de esta empresa y represento al  30% de la propiedad. Han tenido el atrevimiento de sugerir un cambio en una operación que está pactada y cerrada hace tres años, amparada por su correspondiente due diligence.” Tuvo, sin embargo, que oír: “-Sr. Ferrer, no queremos enjuiciar la profesionalidad con la que fue hecha la auditoría antigua, pero se han incumplido normas contables internacionales. Las evidencias son totales. Hubiéramos querido comunicar a Vd. estos hechos ayer, pero era madrugada cuando concluimos, y desconocemos el teléfono de su hogar. Le llamaríamos de haber sabido localizarle. Pero, dado el tiempo, y la gravedad del sujeto, se lo comunicamos a Tokio. Estamos seguros de no habernos equivocado”.


8

Lucía entró con los dos cafés. “-¿Se puede saber dónde está Duarte?”, preguntó Sergio.-“¿Por qué no viene de una p…vez? “-No se le encuentra.”. “ -¡Así que no estaba localizado!”.”-En su departamento creian que estaba a punto de llegar, pero había dejado una nota. No vendrá en toda la mañana por un asunto particular. Lo llamé al móvil y no contesta”. “-Bueno, pues sin Duarte no hay caso. Recojan sus cosas y vuelvan al hotel con el resto de su equipo. Ya les mandaré aviso. Aprovechen para recordar a Londres que la responsabilidad de lo que se hace aquí sigue siendo mía. Y si alguien en Japón imagina que con trucos contables van a conseguir que la empresa les salga más barata, está listo. Tengo el trasero pelado contra este asiento para dejarme tirar de la silla.”

“-No nos interprete mal. Nosotros estamos del lado de la verdad, Sr. Ferrer. No somos contrarios ni sus enemigos”. El que hablaba movía con seguridad la cucharilla por el café, como si los anteriores improperios no fueran contra él. “-Japón siendo nuestro cliente, Mr. Sakumara nos pidió que le informáramos el primero.  Está enterado de nuestro trabajo en tiempo real”. “-Pues informen a Osaka en tiempo real de que les he mandado a ustedes a tomar por el c… Díganle al Sr. Sakumara que no se puede revisar lo pactado, abusando de mi buena fe y que no consentiré que se mancille el honor de mi familia…Y tengo algo para Vds... Voy a revisar con lupa sus notas de gastos, y si encuentro en ellas una mota de polvo, no se las conformaré.  Ahora, por favor, váyanse de mi despacho.” Les señaló la puerta.

“-Se confunde, Sr. Ferrer. De corazón se lo digo. Osaka Derivates son ahora muchos propietarios. Nuestro trabajo no tiene relación con el honor de su familia. Su vieja empresa es parte de una multinacional  que la desea bursatilizar, y hay que despertar intereses nuevos “. El jovenzuelo pronunciaba "multinacional" con veneración. Cuando Sergio oyó "bursatilizar", aún se indignó más. ¿Dónde había aprendido este inglés a hablar español?

Ambos auditores se levantaron. Tomaron el resto del líquido que quedaba en sus tazas y se fueron, algo pálidos. Quedó un silencio de hielo en el despacho. Lucía reapareció entonces, inocente, con una carpeta con la contestación a varias cartas y la programación de las reuniones del día. En su borrador de posibles respuestas a los asuntos comerciales de costumbre, seguía una plantilla, y procuraba no repetirse. Alternaba los “Adjunto encontrará Vd. la información de su interés solicitada " con los “Ruego me comentes el informe que remito". Sergio firmó los papeles sin prestar atención. Advirtió con preocupación que su mano temblaba.  “-¿Qué se sabe de Duarte?”, preguntó. “-Poco. En su departamento comentó ayer que pasaría el día en el Hospital”.  Empezó a temer que se hubiera esfumado al saberse descubierto. “-Que lo localicen aunque esté en el infierno. Inmediatamente”.

(continuará)

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