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El blog de Angel Arias

Jugando en corto: ¿Estamos latinizándonos?

Empezaré pidiendo al lector que desprovea este Comentario de cualquier supuesta intención peyorativa. No la tiene ni la puede tener. He viajado por toda Latinoamérica, tengo buenos amigos en casi todos los países de aquellas tierras hermanas y, como se podría deducir del tenor general de este Cuaderno, la característica principal de mi posición personal, en este momento vital, es la del escepticismo.

¿Estamos latinizándonos en España? ¿Qué quiero decir con ello?.

Ante todo, la visibilidad de los ciudadanos latinoamericanos que nos honran con su presencia duradera, es evidente. Ocupan la mayor parte de los trabajos de servicio y cuidado de haciendas y personas, se les ve haciendo de porteros, de sirvientas, de acompañantes y cuidadores de ancianos. Están de dependientes en los hipermercados, de barrenderos en las calles, de ocupantes de parques y jardines en fiestas tumultuarias los fines de semana.

Conducen con diligencia y nerviosismo -en excesivas dosis, para mi gusto- los vehículos de reparto y mudanzas, trabajan, en dura competencia con ciudadanos del este, en la reforma de viviendas y en los planes Ere que ere. Se los encuentra en las salas de espera de los ambulatorios y en las de urgencia de los hospitales, copan las ayudas por maternidad, agotan las oportunidades de nuestra jurisdicción social, con demandas de indemnización, acusaciones de mobbing y pretensión de despidos improcedentes o contrataciones irregulares.

Por supuesto, están defendiendo nuestros colores (los colores del sonrojo de la idea de patriotismo que se nos ha colado en nuestra actual idiosincrasia cómoda) en las misiones de Afganistán, Irak o en las milicias que se preparan para las próximas ayudas humanitarias.

Obviamente, latinos son los que hacen malabarismos ante los semáforos en donde se agolpan los autos de nuestras ciudades, a la espera de una ayuda, los que tocan instrumentos variados en el metro y en nuestras plazuelas, los que ostentan anuncios de se compra oro y joyas.

Naturalmente, son latinos los que utilizan mayoritariamente nuestros servicios públicos, los que se agolpan en infraviviendas en donde desvegonzados propietarios hacen su agosto.

Son también mayoritariamente latinos los que van ocupando nuestras repletas cárceles por delitos menores, los que son acusados de maltratos de género, los que protagonizan una parte significativa de los casos de homicidio de mujeres culpables de amar a otro.

Son latinos los que venden chucherías en kioskos que parecen improvisados, los que están detrás de muchas furgonetas de venta y reparto clandestino, los que conducen coches que no han pasado la itv y te pitan y chillan cuando no arrancas de inmediato al cambiar la luz roja en los cruces, los que apuran el ámbar, los que giran en dirección prohibida o pilotan las motocicletas destartaladas que se entreten entre los vehículos, arriesgando su vida y la de otros.

Nuestras ciudades van tomando, en estos últimos años, un aspecto similar a las de las de Latinoamérica.

Los colmados venden yuca, quinoa, plátano macho, papaya. Las calles se llenan de gentes dicharacheras y gritonas. Por zonas, hay trasiego de tipos aparentemente sin rumbo, ellos y ellas vestidos con prendas deportivas y carnes gordezuelas.

Les debemos mucho a estos latinos. Nos han traído frescura, ganas de asumir los trabajos que no queremos. Han aportado movilidad y frescura a nuestras calles. Estamos latinizándonos, nos van a conquistar con esas sonrisas de niños buenos mientras hacen lo que les da la gana cuando no los vemos.

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