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El blog de Angel Arias

A sotavento: ¿Miseria heterosexual?

Hace un año escribí en este Cuaderno algo que, supongo, sigue siendo válido. Este fin de semana, una vez más, miles de orgullosos homosexuales saldrán a las calles, disfrazados de sus peculiares maneras, como demostración exultante -al parecer- de su determinado comportamiento sexual, elevado a categoría definitoria de la persona en esta época en la que, en efecto, o te distingues por pertenecer a un grupo, o no existes.

Me sigue trayendo al pairo la orientación sexual de cada quisque: me da lo mismo que se dirija al sol que más calienta o al frío de la soledad más gélida. Pero no me da lo mismo que, ante mis narices, se haga ostentación o se alardee de lo que uno hace con su cuerpo entre las sábanas.

Será cosa de la educación o del pudor. Igual me pasa con esos tipos graciosetes que, a poco que nos descuidemos, nos ilustran con sus performances sexuales, o nos cuentan chistes para imberbes en donde se baten todos los récords de lascivia.

Por estas tierras, hemos olvidado esa expresión tan sabia por la que antes se cerraba la boca a todo impertinente: dime de lo que hablas, y te diré de lo que careces.

Me siento normal, un tipo medio, sin ninguna opción a la estridencia ni dotado de característica por la que sentirme especialmente orgulloso.

Es más, como quiero suponer que habría de sucederles a los demás congéneres que estén dispuestos a presentarse sin coturnos ante los demás, mi trayectoria como heterosexual pertinaz es más bien misérrima.

No es que me haya mantenido encerrado en el armario, pero es que me enseñaron ya desde la cuna a no hacer ostentación de lo evidente, y a no presumir de lo que no se haya conseguido, con el correspondiente esfuerzo, en Salamanca. De las cosas que da natura, tararura.

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