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El blog de Angel Arias

Al socaire: De dictadores, sumisos y contestarios

Ha muerto Augusto Pinochet, en el Hospital Militar de Santiago de Chile (que es como decir, en su casa), con su sonrisa sardónica intacta, con los millones de dólares esquilmados a su país a buen recaudo. Lo ha hecho con la muralla de resistencia que habían construído en torno a él sus partidarios y amigos, muy agrietada, pero aún efectiva en protegerlo, aunque ya inequívocamente vulnerable.

Millones de voces, dentro y fuera de Chile, se habían alzado en apoyo de quebrantar su inmunidad, de juzgarle a él y a la cúpula de los que lo apoyaron, por sus actos de genocidio, terrorismo y torturas. Muerto el principal ejecutor, no se acabó la rabia. Por eso, somos bastantes los partidarios de que los procesos abiertos, en cuanto que tienen otros presuntos culpables, colaboradores y cómplices, -varios de ellos, vivos-, deben seguir hasta su final, para cumplir, además de con el fin justiciero ínsito al derecho penal, con el objetivo de ejemplarizar.

Yo me he acordado de Augusto Pinochet muchas veces en estos años. Era imposible no hablar de él en cada viaje a Chile -y he hecho varios-, porque siempre encontraba a algunos partidarios suyos, directos e indirectos, que hablaban de la necesidad de mantener mano dura con las izquierdas, a ciertos tipos cultos y de aspecto digno -generalmente con poder económico- que defendían que los dictadores son siempre hijos de una situación insostenible, y que con ellos los países prosperan, porque el orden es necesario para hacer bien las cosas.

No tiene caso que me refiera aquí y ahora a mis argumentos, porque las convicciones democráticas no necesitan del  pretexto de la muerte de nadie para ser expresadas.
 Pero, además, yo tenía al dictador Pinochet presente, no  por el hecho de encontrar a alguno de sus interesados partidarios, sino porque el hablar de esos años oscuros me traía automáticamente de la mano el recuerdo de un amigo inteligente y sincero. El no quería comentar de sus tiempos allá, recién suprimido Salvador Allende, de lo que había sufrido por estar en el momento inoportuno en un lugar donde se repartían furias a diestro y siniestro a todos los bien intencionados, a los buenos.

Hablo de Francisco Ayala Carcedo, ingeniero de minas, exactamente coetáneo mío, muerto hace apenas dos años en olor de santidad laica, que era becario en Santiago de Chile cuando la revuelta de Pinochet. Lo cogieron, y le torturaron (también lo cuenta otro que andaba por allí, Joaquín Leguina), y solo le salvó la intervención de la embajada española, porque la furia ciega de los militares y de las fuerzas que estaban detrás de Pinochet no hubieran dudado en suprimirlo para siempre, ya que era una víctima posible, un número dentro de los tres mil o diez mil que había que silenciar como escarmiento.
 

Decía Paco Ayala, cuando estaba ya para morir, de un linfoma irreductible, en un correo que me envió en octubre de 2004: "Deseo vayan bien esas  tertulias que tan bien sabes organizar.Yo, como creo te dije, no ando nada bien; de hecho se me ha vuelto a paralizar una cuerda vocal, tengo ataques muy duros de tos y he tenido que empezar a utilizar bastón, así que puedes hacerte una idea de como voy.  Así es la vida. Carpe diem, Angel, que de aquí solo te llevas "lo bailao" como dicen los castizos." 

2 comentarios

Administrador del blog -

He leído, querida Maribel, la página web que recomiendas -escrita con una pasión que solo se alcanza a poner cuando se sufre-, y recomiendo también su lectura a todos los amigos de este cuaderno. Es difícil borrar de la memoria lo vivido, imposible olvidar cuando te han herido, o asesinado a alguien querido, sin otro argumento que el propósito de impedir que la razón y la democracia vivan.

Y, sin embargo, qué gran verdad es que del odio no se vive, que las víctimas no tienen por ello más razón contra el tirano, la hipocresía, la sinrazón. Todos tenemos la misma razón contra los dictadores, participamos del mismo horror y sufrimiento de los mártires. Nos han quitado un trozo de nuestra vida, nos han querido suprimir una parte de nuestra libertad. Pero aquí estamos, dispuestos a seguir defendiendo el derecho de todos a contribuir a hacer más feliz a la Humanidad, y el derecho de la mayoría a despreciar y controlar a los violentos, a los dictadores, a los asesinos.

maribel perez leblic -

Querido Angel, me ha impresionado mucho tu artículo que como es habitual en ti es muy clarividente. Que razón tienes de que una vez muerto este asesino no se acabó la rabia porque a todos los que llevamos a Chile en el corazón y vivimos de cerca aquellas barbaries que el dictador llevó a cabo para librar a su pais del comunismo, nos hubiera gustado verlo pudrirse en la carcel.Todavía quedan Ex- torturadores sueltos en Chile que trabajaron a su cargo como Manuel Contreras Sepúlveda conocido como Condor Uno (operación condor)que cuenta con un trabajo bien remunerado, o un ex-oficial del ejercito apodado "el principe" por los presos del estadio nacional que hasta hace poco trabajaba en el ministerio del trabajo y fue el asesino del cantante Victor Jara. Por eso para los torturadores, asesinos y sus complices ¡Ni olvido ni perdón¡. Un buen amigo chileno y poeta Amado Lascar ha escrito un articulo Memoria civilización y olvido donde hace un analisis muy critico de la situación, si quieres leerlo su pagina web es www.amado-lascar.com. Un abrazo