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El blog de Angel Arias

En torno a las Jornadas de Exaltación de la Verdura de Tudela

Me da mucha pena que se mate a los animales para comérnoslos, pero me resisto a convertirme en vegano por la misma razón desvergonzada de todos los carnívoros: están muy ricos.

A lo que nunca llegaré -aunque, en estos tiempos, resulta más arriesgado que en otros afirmar que de un agua no beberé y hasta jurar que no hay relación directa genealógica con un cura desde que se admiten las pruebas de ADN incluso con cadáveres- es a lo que, desde hace ya casi dos décadas, se han encaramado los han llegado los tudelanos: la exaltación de la verdura.

Las verduras de Tudela (Navarra) tienen fama de ser las mejores de España, como también la tienen las de Nájera (La Rioja) y las de Aranjuez (Madrid). Habiendo sido tierra agrícola durante siglos, no es de extrañar que también tengan esa fama las de Lorca (Murcia), Lérida (Cataluña) y, por supuesto, las de la huerta del Narcea (Asturias).

En esto de las verduras, sucede, pues, lo mismo que con las vírgenes. Que cada pueblo quiere tener la suya y defiende que es la más milagrera.

Pero así como a las vírgenes se les puede, y debe (según creencias) exaltar, lo que, según el diccionario de la RAE, encajaría dentro de algunas de las acepciones de la palabra, no atino a ajustar el significado que cabría dar a la exaltación con lo que se puede hacer con las verduras, que están hechas para comérselas.

Me hubiera gustado encontrar, en lo mucho que se ha escrito sobre estas Jornadas dedicadas a la huerta de ese pueblo navarro, la explicación de porqué se están exaltando sus verduras, atribuyéndoles, pues, cualidades que corresponderían a los seres animados o, al menos, venerados por encontrarse por encima de los mortales.  

No hallo nada y me veo, pues, en la necesidad de improvisar. Quienes idearon esta celebración tuvieron que caer en el mismo sopor o arrebato incontrolable que quienes, al probar un guiso, encuentran que las manos que lo cocinaron debieron ser angelicales.

Expresiones, que todos hemos pronunciado alguna vez, tratando de ser amables, como "Esto me sabe a gloria" o, de forma más rebuscada (solo justificable, después de haber comido unas habas algo prietas en casa de la futura suegra)  "Después de comer esta fabada me siento transportado al paraíso", no son, en realidad, más que licencias.

Así que, mientras los tudelanos caen en el vicio pecaminoso de idolatrar a sus verduras, como paso previo a engullírselas -seguramente, con connotaciones que se podrían juzgar de sacrílegas-, los demás ensaltecedores de lo propio tendremos que esperar a que les pase el sofoco, metiéndonos entre pecho y espalda, como siempre en estas fechas, una menestra de esas que no se las salta un gitano.

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