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El blog de Angel Arias

A sotavento: ¿Por qué no una Albania unificada con Kósovo?

A sotavento: ¿Por qué no una Albania unificada con Kósovo?

He tenido la opción, por mi actividad profesional, de conocer Albania, que he recorrido de cabo a rabo en varias ocasiones a lo largo de estos últimos años. Pude hablar con varios albaneses, de forma en general distendida, pertenecientes a diferentes opciones políticas y estamentos sociales. Aunque se me explicó en muchas ocasiones que el carácter de las gentes de los Balcanes es muy diferente según los países, el de los albaneses se parece bastante al arquetipo español pues son extrovertidos y deseosos de hacer amistad con el extranjero. Así que, salvando las diferencias de lenguaje, porque aunque no encontré a nadie que supiera hablar de forma fluída el español, pude entenderme aceptablemente en inglés, alemán o italiano con mis interlocutores, he podido hacer mi personal encuesta sobre ciertos temas.

La mayor parte de la población de Albania es de confesión musulmana, pero me parece que poco ortodoxa, y predomina un pragmatismo religioso que bordea el agnosticismo, y la religión no cuenta entre sus preocupaciones principales. Sí, en cambio, preocupa y hasta obsesiona la situación económica y política, y encontrar la opción adecuada que permita recuperarse de la crisis, así como la forma de atraer inversiones y turismo a la zona. 

Algo de ese mosaico de preocupaciones tiene relación con la respuesta al interrogante que formulo en el título de este comentario, y me aventuro a exponer mis ideas, desde la simpatía e incluso el afecto hacia la población albanesa. El Porqué de una Gran Albania tiene, en definitiva, directa relación con el Para qué de esa opción y la oportunidad actual de trabajar en esa dirección, o fomentarla.

Como es sabido, Kosovo fue utilizado por el régimen nazi como “núcleo duro” para su política respecto a Albania, una vez que Hitler invadió Yugoslavia. En 1941, Italia y Alemania se dividieron como un trofeo la Kosovo yugoslava ocupada, en tres zonas: a Bulgaria se le asignó la parte colindante con Macedonia, Alemania se apropió de Mitrovica (que era el área rica en materias primas) e Italia se quedó con la mayor parte de Kosovo, que fusionó con la Albania de la que se había apropiado con anterioridad.

El comportamiento de los ocupantes con la población autóctona fue muy distinto. Los alemanes permitieron y estimularon la depuración de los serbios en su zona, estimulando con su pasividad el resurgimiento de los rencores subyacentes entre serbios (mayoritariamente católicos) y los albaneses (musulmanes en su mayoría, y en el caso de Kosovo, más rígidos en sus creencias). Por el contrario, los italianos contuvieron cualquier acto violento entre los grupos étnicos de su área unificada.  

En septiembre de 1943, al ser derrocado Mussolini, la Gran Albania fue ocupada por los alemanes, y cuando las fuerzas aliadas se aprestaron a recuperar la zona, utilizando la plataforma de la costa albanesa para avanzar, se encontraron con que los nazis habían construído un baluarte defensivo en Kosovo, por obra del lugarteniente de Hitler, un tal Hermann Neubacher, que utilizó y alimentó en su provecho el odio racial subyacente. En febrero de 1944, Adolf Hitler había autorizado incluso la formación de una sección autónoma de las SS para proteger la “pureza étnica de los albaneses”, alimentando el sueño mítico de la unidad étnica albanesa.

De la época nazi proviene pues la razón de la actual limpieza étnica de que “disfruta” Kosovo. Los aliados, encontrándose con un problema que no tenían ganas de resolver, prefirieron reconocer el gobierno albano en el exilio y, por ello,  la reconstrucción de la Gran Albania quedó para otra ocasión. Solo hasta 1974 con Tito, los albanokosovares recuperarían sus plenos derechos.

En febrero de 1996, la UCK comenzó su propia guerra para "liberar" a los albaneses de Kosovo de serbios, macedonios y montenegrinos. Algo que a la OTAN ya no le pareció de buen tono tolerar, bombardeando Yugoslavia en marzo de 1999 y entrometiéndose con sus tijeras de cirujano y aplicando un concepto más propio de despiece de carnicería para resolver la cuestión de las etnias, filias, fobias e intereses que forman parte de la esencia de lo que fue el núcleo del imperio otomano. Aquí se concentran pueblos casi tan viejos como el mundo que ofrecen una historia densa de guerras familiares, odios tribales, disputas por la tierra, la voluntad de los hombres y el control de las mujeres, asuntos que forman parte de la miseria humana. Temas que no se resuelven, en mi opinión, aislando y dividiendo a los que se enfrentan, sino convenciéndolos de que solo crecerán si van juntos, aprovechando especialmente que los jóvenes nacen sin los odios, reparos y recelos que se generaron en sus mayores.

Esta reflexión elemental me ofrece las claves para mi propuesta. Hay que facilitar la relación comercial y las vías de comunicación entre Kosovo y Albania, que tienen una lengua común, pero tampoco hay que obsesionarse por la reconstrucción de una Gran Albania, basándose en este aspecto del idioma; las diferencias de comportamiento, la rigidez de las estructuras, incluso las expectativas económicas y políticas son bastante difirentes,

La cuestión ahora resuelta es que los albaneses que viven en Kosovo, -como los que viven en Macedonia y Montenegro, y como todos los habitantes de la Tierra-, tienen derecho a un territorio en paz y, si ello es base para su mejor prosperidad, a su plena autodeterminación, incluso en este caso si ello comprende el derecho a la secesión de Serbia, pero sin precipitarlo, ni forzarlo, porque la situación ha cambiado mucho y el objetivo ahora común a todos los pueblos de los Balcanes es entrar en la Unión Europea, como garantía de prosperidad y de paz. 

Creo por eso, que las partes en negociación, serbios, albaneses, kosovares, europeos de la UE, etc, no deberían manejar demasiadas dudas al respecto de la postura a adoptar. Los reparos de Serbia tienen, a la postre, un carácter negociador frente a la Unión Europea, en la que se desea entrar cuanto antes. Por mucha nostalgia que sienta Belgrado hacia Prístina, la persistencia de un conflicto en la región kosovar no es plato de gusto en ninguna política interior.

Una Gran Albania no necesita ahora plasmarse sobre como Estado único. La coexistencia de dos Estados de población albanesa, incluso de un Estado y una región con fuerte autonomía, sería la forma de resolver, no ya un conflicto étnico, sino la necesidad que tienen los pueblos de los Balcanes de mirar hacia el futuro, y construirlo juntos, en lugar de empeñarse en reabrir heridas del pasado. Y muchos dejar que se engangrenen esas heridas discutiendo sus razones históricas para odiarse.

En una Europa de las regiones, las fortalezas basadas en las purezas étnicas o en los gloriosos pasados recogidos en los libros de texto para escolares tienen muy poca fuerza, si son vistos desde el presente y ese análisis se hace de forma conjunta, leal y panorámica. En resumen, la respuesta a mi pregunta sería: No es necesario, y sí en cambio, avanzar en la comprensión de la Europa de las regiones, dentro de un proyecto de Constitución Europea que, si va ser revisada, debería dedicar más énfasis a la política regional, pensando también en los Balcanes.

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