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El blog de Angel Arias

A sotavento: Los españoles no tenemos la culpa, latinos

Sería conveniente que algunos presidentes y capitostes latinoamericanos no confundieran tanto el culo con las témporas, por decirlo llanamente. Los españoles no tenemos la culpa del atraso que sufren. (A nivel colectivo promedio, me refiero, que a niveles individuales, nos dan a los españoles en casi todos los sectores, sopas con ondas)

No sé si, ahondando en los comportamientos de los que se fueron de la Metrópoli a descubrir las Indias, se podría encontrar en aquellos esforzados alguna culpabilidad desde la perspectiva actual. Mirada desde la perspectiva de sus propios credos y situación de la que partían, desde luego, ninguna.

Pero es que, además, quienes vivimos actualmente en la piel de toro, no tuvimos nada que ver con la presunta imaginada opresión que dicen haber sufrido algunos de los actuales habitantes de Latinoamérica. Me refiero, en especial, a aquellos que utilizan el argumento del expolio de las riquezas americanas por los conquistadores españoles para justificar algunas de sus actuaciones contra la Mamá Patria, o que argumentan cuando les da la gana que, ya que les robamos hace cinco siglos, ahora es tiempo de su revancha.

Pues sucede que esos listillos de la historieta con dibujos animados, no  deberían confundirse al enjuiciar la estirpe de los culpables, para lo que simplemente tendrían que mirarse en el espejo. Ellos son los auténticos descendientes de aquellos exploradores, o de los que se fueron después de la llamada conquista a repoblar América y se mezclaron con los indios nativos o tuvieron hijos, hijastros y retoños naturales, juntándose con los colegas o las esposas de sus colegas que se desplazaron desde Europa.

Los que quedaron aquí, ya mezcladas sus sangres con los bereberes, suevos, fenicios, alanos, hunos y otros estrambotes, hicieron lo que pudieron para seguir existiendo, siguieron con sus hambrunas, guerras intestinas, revoluciones, descalabros, penurias y algunos éxitos de alcoba, y, ay, les guste o no, a quienes tratan de enmendar la Historia en su provecho, de esos `polvos, dicho sea con perdón, provenimos la mayor parte de nosotros, los españolitos de hoy en día.

Así que, si tienen algo que reprochar, por favor, que se den un par de puñadas en su propio rostro, pero que busquen otros argumentos contra nosotros. Ellos sí pertenecen a su odiado linajillo de los explotadores, son descendientes seguros de aquellos -para mí, esforzados- que se liaron la manta a la cabeza para adentrarse en un mundo desconocido. Los que andamos por estas tierras, salvo concretas excepciones, nada tuvimos que ver con esos hipotéticos crápulas, porque la mayoría no sabemos siquiera ni quienes fueron nuestros tatarabuelos.

Téntense pues la ropa, latinos, cuando gocen ilustrándonos de que, desde el siglo XV o XVI pueden trazar su árbol genealógico; apriétense los machos cuando se complazcan en recordar la liberación que les hizo Bolívar y se hagan lenguas de cómo veneran a los que, traicionando sus lealtades y orígenes, se separaron de la Metrópoli para no pagar impuestos ni dar cuentas de lo que producían al otro lado del charco. Ustedes son los herederos de esa hipotética ignominia.

Hagamos ya la paz, señores. Dedíquense a trabajar por mejorar el mundo, y en concreto, sus países, que mucho y duro es lo que les queda por hacer. Sin empujar en esta dirección, amigos, porque aquí no están sus enemigos.

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