Se muestran los artículos pertenecientes al tema Relatos de A. Arias.
Papeles comprometidos (Cuentos de Pareja)
Como regalo de Navidad, obsequio a mis lectores con este Relato de mi Libro: "Cuentos de Pareja". Ojalá os guste.
Escribió con bolígrafo en una hoja atrasada del calendario de la cocina: "Tienes tortilla en el horno", dejó el papel sobre la mesa del comedor y se acostó. No estaba cansada, pero quería demostrarse que no iba a permanecer indefinidamente esperando por él. Ella no era reposo del guerrero de nadie.
Al poco tiempo, volvió a encender la luz. Nerviosa, exploró en el montón de revistas de moda y ecos de sociedad, que se habían ido amontonando durante meses, y encontró un libro cuya presencia había olvidado. Acostumbraba a dejar material de lectura junto a la cama, para entretener las horas hasta que le vencía el sueño. También era un pretexto con el que acallaba su necesidad de acumular defensas a su lado del dormitorio.
Fragmento de la Novela Contra Elias (Capítulo de Esperanza)
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La casa de Esperanza en Sevilla creo yo que le será fácil de encontrar, sobre todo si no conoce hoy bien la ciudad, porque las cosas de las que se tienen pocas referencias son menos esquivas a los que las pretenden. Así que, una vez traspasado el Puente de Triana, le bastaría por ejemplo girar en la plaza del Altozano, entrando por el camino de San Jorge, y continuar luego paralelo al canal, en dirección al río, hacia el recinto que fue de la Exposición.
Claro que también hay otros modos de llegar hasta allí, y tal vez hubiera sido mejor tomar la autovía del Alamillo, pero en fin.
Cuentos de pareja: Un puente largo
De mi libro: "Cuentos de pareja", extraigo hoy este relato sencillo, para los seguidores de este cuaderno.
Llegó a la estación con tiempo, como le gustaba hacer todas las cosas. No quería improvisaciones, odiaba los imprevistos. Despreciaba esa urgencia por conseguir aquello que siempre había costado mucho esfuerzo y que era -según él- la característica de la época moderna, una obsesión prendida en el alma de los más jóvenes, que ni sabían lo que buscaban ni para qué lo hacían.
El, naturalmente, no era así. Había preparado su viaje con calma, concienzudamente. Antes de salir de casa había comprobado que la buena Matilde había metido en la maleta las camisas y mudas correspondientes para cada día, el pantalón de recambio, los útiles de afeitar, la colonia y las pastillas contra la tensión, los boletos de reserva del hotel en Sevilla y el bono del coche de alquiler. Deseaba disfrutar intensamente de estas vacaciones del puente largo, lejos de lo que le preocupara durante la semana.
Se sentó en el asiento 4 C, en la hilera izquierda del vagón de clase preferente del AVE
... (siga leyendo)Novela: Contra Elias (fragmento del capitulo Primero, Sección 3. "Esperanza")
Esperanza acabará encontrando en algún sitio del apartamento, en el frasco con el sucedáneo del azúcar, debajo de la cama no porque utiliza una especie de jergón directamente sobre el suelo, ay mis huesos, una fotocopia de un papel arrugado que a lo mejor para ella no tiene ningún valor, porque estas niñas que no han nacido son difíciles de imaginar, pero la quiero con las piernas muy rectas, y un culito redondo y terso y unas tetillas ni grandes ni pequeñas.
Si ves el papel y te fijas en lo que hay escrito en él, querida amiga de mi vejez, hallarás cosas que una vez le dediqué a otra mujer. También ella tenía la melena alborotada y morena, y parecía recatada aunque acept&oa... (siga leyendo)
Cuentos de pareja: Correo electrónico
Estaban ya para casarse. Eran colegas de profesión y de trabajo. Habían estudiado los cinco años sentados en el mismo banco, reconocidos como compañeros de Universidad inseparables. Cuando descubrieron que habían nacido casi el mismo mes, que pertenecían al signo capricornio, tuvieron que hacerse investigar los ascendentes para justificarse muy contrarios. Porque la verdad era ésa: tenían diferente talante, aunque su pelaje estaba hecho de la misma condición humana: eran gente de fiar.
Cuando Ana pensaba en él, no lo veía guapo, la verdad, pero le podía que fuera tan buena persona. Sus opiniones, algo dogmáticas, eran respetadas sin rechifla en el Departamento, incluso cuando teorizaba sobre fútbol o política; se ponía serio hasta para contar un chiste de leperos. En su mundo, todo estaba claro. Las chicas coincidían en que su tono habitual era bastante aburrido, tal vez porque acostumbraba a ser profesoral sin paliativos; a Ana le alababan, para no meterse en honduras, que su novio fuera inteligente y tan formal, pero en su fuero interno entendían que no le vendría mal que alguien le espetara una guindilla. Antonio la admiraba.
Ella era parecida a una centella: ágil, extrovertida, ingenua y fugaz
Cuentos de pareja: Residencia para ancianos
Los macarrones no le gustaban. Los preparaban sin ninguna gracia; aquéllos estaban duros como peñas, y los trozos de carne de cuarta sabían a plástico envuelto en tomate frito liofilizado. Qué tiempos en Italia, que fidellini a la impronta napolitana preparaba el dilecto Giorgino, siempre al dente, perfectos. ¿Sabría siquiera la cocinera de esa residencia para ancianos lo que era hervir las pastas al dente?. Claro que no.
Rememoró las bellas canciones que se oían al atardecer, como producidas por sirenas y neptunos, ascendiendo intrépidas hasta la recoleta Taverna del Porto, donde había un mirador para curiosos impertinentes. Las empinadas luces de Sestri reflejándose caprichosas en el quieto mar de Ligure se conservarían para siempre en su retina, como lo estaba en su sentido del tacto la sensación del calor de aquellas manos de hombre que apretaban las suyas. Emilio se llamaba aquella cálida añoranza.
Este salón, por el contrario, era patético, decorado sin gusto; los sillones, tapizados con un estampado de flores descomunales, estaban asimismo ilustrados con manchas amarillas en casi todos los asientos, producto evidente de sesiones de incontinencia de aquella panda de ancianos, generación de viejos puestos a morir. Eso era lo peor. La casa estab
... (siga leyendo)Contra Elias (fragmento)
Este es un fragmento de la novela del autor de este log "Contra Elías" /1992)
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Erika es grande, alta, ha sido hermosa. Sentada ante la máquina de escribir, en el reducido despacho iluminado sólo con una lámpara halógena, tiene el aire de una tigresa enjaulada, pero de vez en cuando se levanta, arregla con decisión los papeles, moviliza carpetas, pregunta a voces como se escribe vendimia, rastrojo y verdejo, y su cuerpo toma una dimensi&oacut
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